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UNIVERSIDAD NACIONAL FEDERICO VILLAREAL

El vértigo del crecimiento del PBI

Historia económica

Luis Alexander Orrego Ferreyros


Lima, 27 de enero de 2018

Resumen del capítulo 8 “El vértigo del crecimiento del PBI” del libro “El Perú nuestro de cada
día” de Carlos Amat y León.
El vértigo del crecimiento del PBI

El capítulo se divide en tres secciones demarcadas. En la primera, el autor expone sobre


aspectos positivos que se han desarrollado en el Perú en el campo económico a partir del 2002
en adelante, teniendo como indicadores al PBI, el cual ha mostrado un crecimiento sostenido
con tasas de 4.7%, y a la inflación, la cual se ha mantenido en una tasa del 3%. Asimismo,
explica sobre las condiciones probables que apoyarían la consolidación del crecimiento de la
economía peruana, como que los precios de las materias primas que exportamos se
mantengan, mayores inversiones en la exploración de petróleo y de gas, nuevos
megaproyectos mineros, desarrollo del ecoturismo y agroexportación. Finalmente, en esta
primera sección se concluye brindando datos que reflejan la consolidación del sistema
financiero peruano, como la acumulación record de reservas internacionales netas, el
incremento del saldo de bonos privados y públicos, la apertura en comercio y finanzas
internacionales (TLC), la estabilidad relativa de los precios, depreciación del dólar y
revalorización del sol, reducción de la deuda externa , con un consecuente menor riesgo-país,
lo que brinda mayor confianza a los mercados internacionales.

En la segunda sección, el autor hace una reflexión sobre si este equilibrio macroeconómico es
suficiente para el desarrollo de la sociedad peruana. Claramente, la respuesta es no, persiste la
estructura económica y social de un país subdesarrollado. No se puede medir el crecimiento
del país solo con el crecimiento del PBI, la baja tasa de inflación, el aumento del valor de las
exportaciones y la acumulación de reservas internacionales, aunque sean condiciones
indispensables para el desarrollo, debido a que no son toda la economía ni reflejan el
desarrollo y bienestar de toda la sociedad.

Si bien el nivel de PBI per cápita es el indicador más utilizado por los organismos
internacionales, al ser un indicador expeditivo porque mide la capacidad de una economía
para producir bienes y servicios finales durante una año y de este concepto se infiere el nivel
de ingreso real por habitante, por la heterogeneidad del sistema productivo peruano es muy
engañoso limitarse a medirlo y observarlo para probar que estamos aumentando el ingreso de
la población. Las razones que se exponen al respecto son las siguientes:

1. Los bienes y servicios finales que están a disposición de las personas se producen
principalmente en el sector informal.
2. Los precios que pagan efectivamente los usuarios difieren de los precios que se consignan
en las tiendas.
3. La extensa red de transferencias y donaciones que se da entre familiares y compadres
entre provincianos residentes en las grandes ciudades y sus parientes en los lugares de
origen. Asimismo la existencia de mercados clandestinos.
4. La disponibilidad y calidad de los bienes y servicios y su valorización varían mucho entre
diferentes usuarios y regiones del país.
5. Para estimar el ingreso nacional hay que restar del PBI la depreciación de los bienes de
capital, para deducir el Producto Nacional Neto y luego sustraer los tributos indirectos,
los subsidios y las transferencias. Aquí sería importante depreciar la pérdida de stock de
capital natural (la naturaleza).
6. Ante la realidad de acontecer desastres naturales por nuestra ubicación geográfica, es
necesario considerar el gasto público y privado en la reconstrucción de la infraestructura
perdida ante ellos.
7. Es necesario también contabilizar como producción negativa los desechos, emanaciones y
vertimentos originados por los sistemas productivos mineros, industriales y agrícolas. Los
daños que ocasionan los paga la sociedad con mayores gastos en salud y menor
productividad. Debería deducirse del PBI.
8. Se ha de considerar las epidemias producto del crecimiento de algunas actividades
productivas, ya que para prevenir o curar a los enfermos se ha de aumentar el gasto
público en salud.
9. La inseguridad en las ciudades y en el campo obliga a las familias a modificar su
presupuesto para solventar sus gastos en seguridad y cambiar costumbres y estilo de
vida.
10.No se ha considerado al narcotráfico que si bien es un sector productivo muy rentable que
dinamiza toda la economía, socava la calidad y la efectividad de las instituciones,
corrompe a la personas, extiende la delincuencia y aumenta el número de drogadictos, con
lo cual se deteriora el capital humano y la calidad de vida de la sociedad.
11. No somos menos ricos que países con alto PBI porque producen otros bienes relacionados
con su latitud geográfica.

En ese sentido el uso del PBI como indicador para medir el ingreso real, el consumo y el
bienestar de la población debe ser utilizado con cautela.

En una tercera sección, el autor plantea soluciones, como la utilización indicadores


complementarios para medir la situación de las personas, a los que denomina indicadores de
necesidades básicas, como estado nutricional, nivel de escolaridad, características de la
vivienda, acceso a servicios de agua, desagüe, energía y tipo de ocupación. Estos indicadores
servirán para una correcta formulación de políticas públicas con modificación de métodos
educativos, vigorización de gobiernos locales, propiciar cadenas productivas, mejorar la
infraestructura, fortalecer las instituciones, establecimiento de normativas laborales,
tributarias, administrativas y de resolución de conflictos.

Finalmente, para evaluar el verdadero crecimiento de la economía menciona que se debería


medir el número de nuevos trabajadores que se incorporan a las empresas formales, y a la
masa de trabajadores informales organizarlas en empresas formales con productividades que
les permita ser rentables y competitivas en los mercados y capaces de crear mejores
condiciones de trabajo y de pagar mayores ingresos. Esta decisión, menciona, que implica una
decisión no solo de recursos financieros sino de recursos humanos con una voluntad política
enérgica, masiva y tenaz.