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DERECHO CONSTITUCIONAL

“TIPOLOGÍA DE LA CONSTITUCIÓN”

GENERALIDADES.

García Pelayo dice “... la Constitución forma diversos nexos con la vida
objetiva de la sociedad por los cuales se vinculan todos los sectores de la
realidad política, jurídica, sociológica, etc. De allí que la palabra
“Constitución” va casi siempre acompañada de un adjetivo y se habla de
“Constitución Jurídica o Real”, “Constitución Política o Normativa”,
“Constitución Material o Formal”...”

CONCEPTO GENERAL:

La Constitución material tiene dos (2) acepciones:

1. En sentido estricto: Se refiere a la organización y estructuración de los


órganos superiores del Estado; y,

2. En sentido amplio: A las relaciones de los ciudadanos con el Poder


Estatal, es decir, los derechos y deberes que tienen los ciudadanos dentro
del Estado.

Se habla de Constitución formal para establecer la diferencia entre un


grupo de leyes que requieren de un procedimiento especial para su reforma y
otro grupo de leyes que no lo amerita (leyes ordinarias).

El concepto formal de Constitución es importante para distinguir dentro de


la función legislativa cuando es legislación ordinaria y cuando es legislación
constitucional. (Art. 202, 341 y 343 C.R.B.V.)

CONCEPTO RACIONAL NORMATIVO:

Las normas que establece la Constitución son elaboradas de una vez y


para siempre, caracterizando la “despersonalización de la soberanía y la
afirmación de la Constitución como soberana”, puesto que, la soberanía es la
facultad de mando sin excepción y si el poder de mando es expresión y se
desenvuelve en el ámbito de la Constitución, hay que afirmar que la
Constitución es la soberana, puesto que todos los poderes de mando lo son
en virtud de ella.

Si los órganos e instituciones del Estado existen por la Constitución y


derivan de ella sus poderes y competencias, no pueden ser a la vez
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creadores de la Constitución. Lo primordial, lo esencial de la Constitución es


regular la forma de actuación del individuo dentro del Estado y el hecho de
que los poderes constituidos no puedan modificar por sí mismos los
esquemas constitucionales.

Las normas constitucionales, por ser el fundamento de todo


ordenamiento jurídico, son las que expresan la licitud de un precepto o de un
acto jurídico y han de tener una mayor garantía de estabilidad que las
normas o leyes ordinarias.

El Concepto Racional de la Constitución viene aunado a la realidad


social que adquiere su verdadero sentido dentro de esa realidad y que la
pierde cuando esa realidad se transforma. Es importante para el concepto
racional de la Constitución establecer la diferencia entre Poder Constituyente
y Poder Constituido. Al Poder Constituyente le corresponde decidir sobre la
Constitución como totalidad o sobre sus reformas parciales; el Poder
Constituido, viene a ser el Gobierno, que en un momento dado y en un
sistema determinado existe en una Nación apegado a la Constitución y
demás principios enervadores de esa Nación.

Entonces, el Concepto Racional Normativo de la Constitución concibe la


Constitución como un complejo de normas establecidas de una sola vez que
de manera total, exhaustiva y sistemática establecen las funciones
fundamentales del Estado, regulando sus órganos y sus relaciones entre sí y
entre ellos y los individuos.

CONCEPTO HISTÓRICO TRADICIONAL:

Surge, en contraposición al Concepto Racional Normativo, en la época


del liberalismo burgués, o sea, el Concepto Histórico Tradicional de
Constitución surge como una ideología del conservatismo frente al
liberalismo. Sus principios eran: mientras el conservador cree en el pasado
como inmutable, el revolucionario cree en el pasado en función del presente
para un futuro mejor.

La Constitución de la República de 1961 consagraba este espíritu en


sus artículos 245, 246 y 250, y la de 1999 en los artículos 202, 341 y 343
tratando de evitar los errores del pasado y los del presente en un futuro.

La esencia de este tipo de Constitución viene a ser el historicismo. La


historia se compone o se forma de situaciones que fueron una vez, pero que
ya no serán, en un devenir permanente, evolutivo, transformador; pero, en
esa transformación constante es que radica su continuidad, porque sólo así
podemos explicar el presente en función de un pasado y lo que posiblemente
sucederá en el mañana. De aquí pues que el historicismo concibe que la
Constitución de una Nación, de un pueblo, no es el producto de la razón, sino
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el resultado de una lenta transformación histórica, en la que intervienen los


usos y las costumbres de esa Nación que con el tiempo se hacen constantes.

Cada Nación o pueblo es una individualidad y su ordenación


constitucional ha de responder al carácter nacional, no siendo posible su
extensión a otros países. En estos aspectos, sostiene García Pelayo, se
pueden distinguir dos argumento:

1. Los que consideran la constitución como una situación puramente


histórica y la historia como un campo rebelde a la razón y planificación
humana, sea por motivos inmanentes a ella, sea por considerarla como
ejecución de una providencia divina. Para los defensores de esta Teoría, la
legitimidad de la Constitución se encuentra en el pasado ya que la misma
nació y se formó en tiempos que nadie recuerda, la prescripción es el más
sólido de todos los títulos, no solo en materia de propiedad, sino también
en los que asegura a esa propiedad: El Gobierno.

2. Los que consideran que la razón es capaz de moldear la historia en cierta


medida, de planificar el futuro dentro de los datos de una situación
histórica, o de llegar, en fin, a una armonía con ella. Esta posición
establece que la Constitución no necesariamente necesita ser escrita en
su totalidad como si lo exige la racional normativa, sino que la costumbre
ha de tener en ella toda la dignidad que le corresponde en una Teoría del
Derecho sobre base historicista.
La Constitución no es, en manera alguna, una creación de las normas
jurídico legales, por el contrario, los actos constitutivos o las leyes
fundamentales escritas no son jamás otra cosa que títulos declaratorios
de derechos anteriores, de los que no se puede decir sino que “existen”,
pues hay siempre en cada Constitución algo que no puede ser escrito.

Aquí no hay distinción formal entre leyes constitucionales y leyes


ordinarias, puesto que si la historia es un constante acaecer de nuevos
hechos, de acontecimientos que fueron una vez, no tiene mayor sentido darle
importancia a obligaciones que surgieron en una actividad. Así pues, la ley no
crea la Constitución, es expresión de ella, pero no ya la única, ni siquiera la
principal expresión, pues junto a ella actúa la costumbre, e incluso alguno en
un principio cae fuera de la normatividad escrita o consuetudinaria, a saber:
una serie de convenciones o sobreentendidos, que adaptan la antigua
estructura a nuevas situaciones ideales y reales.

El concepto Histórico Tradicional de Constitución es aquel que sostiene la


tesis de que todo el pueblo debe tener una Constitución concebida para sí y
por sí mismo, ya que todo pueblo tiene una personalidad definida e
individualizada que los distingue de los demás.

CONCEPTO SOCIOLÓGICO:
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La concepción sociológica de la Constitución, tiene su fundamento en el


pensamiento socialista y surge, al igual que la concepción histórica -
tradicional, para enfrentarse al concepto racional normativo, pero en lo que
se refiere a sí misma hay coincidencias inevitables entre los conceptos
históricos y sociológicos de la constitución; pues por una parte, es difícil, si
no distinguir la sociología de la historia, distinguir la realidad social de la
realidad histórica, ya que aquella tiene lugar en el marco de éste y en un
tránsito de lo precedente a lo futuro; en segundo lugar, lo que interesa a un
concepto histórico de constitución, son siempre determinadas estructuras de
poderes sociales concretos o de conciencias colectivas insertas en ellas. Por
consiguiente, se hace necesario fijar de una manera precisa, que
entendemos por concepto sociológico en su doble oposición al racional y al
histórico, y expondremos de inmediato:

1. La Constitución es una forma de “SER” y no el “DEBER SER”.

2. La Constitución siempre debe estar unida al presente.

3. La Constitución no se sustenta en una forma trascendente, sino que la


sociedad tiene su propia “legalidad”, rebelde a la pura normatividad e
imposible de ser dominada por ella; no de ayer, sino de hoy. Tiene su
propia estructura, de la que emerge o a la que debe adaptarse el deber
ser.

4. Mientras el concepto racional normativo gira en torno a la validez de


las normas, el histórico tradicional lo hace con la legitimidad y el
concepto sociológico con la vigencia de la norma.

Si podemos ver que la concepción sociológica parte de la idea de


Montesquieu, cada pueblo tiene su propia Constitución la cual se adapta a la
realidad del ser del pueblo. Una Constitución, cuando es racional y conforme
a los verdaderos descubrimientos de la ciencia social, debe garantizar lo que
existe, pero al mismo tiempo debe preparar los medios de reformarse hasta
llegar a ser lo que debe. Por lo que es característico del concepto sociológico,
entender que su Constitución no es la creación de una normatividad, sino
expresión de una infraestructura social, y que si tal normatividad quiere ser
vigente, ha de ser expresión y sistematización de aquella realidad social
subyacente.

El Concepto Sociológico de la Constitución parte de la idea de que cada


pueblo tiene su propia Constitución, que se adapta a su realidad de ser,
establece además que la Constitución es la suma de los factores reales de
poder que rigen en el país.