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La Forma de Relacionarse de Jesús - por David E. Carlson p.

LA FORMA DE RELACIONARSE DE JESUS:


LA BUSQUEDA DE UNA PERSPECTIVA
BIBLICA PARA LA CONSEJERIA

David E. Carlson
Trinity College

Haciendo eco de la actual polémica en torno a los modelos bíblicos de


consejería, este estudio trata con los diversos problemas a resolver antes de que
pueda alcanzarse la integración entre los puntos de vista bíblico y psicológico.
Así, se explora el repertorio del rol cumplido por Jesús como una posible fuente
de modelos bíblicos de consejería. Este estudio propone que la forma en que se
relacionó Jesús proporciona una variada gama de modalidades de intervención-
redención en la ayuda a las personas. Se nos presenta un continuo integrado de
roles de consejería que van desde el profético-confrontativo y pastoral docente al
sacerdotal confesionario. El artículo termina hablando de las consecuencias y
provecho de tener un repertorio de roles de consejería.

En nuestra calidad de profesionales en el campo de la salud mental, hemos sido separados unos de otros
a causa de nuestras diferentes preparaciones académicas y orientaciones teóricas. Pero esto es sólo parte de la
triste historia. Más importante aún, es que hemos sido separados de aquella gran parte del cuerpo de Cristo que
teme a la psicología.

Este artículo es una contribución a la tarea de salvar la brecha existente entre las diversas profesiones de
ayuda y está destinado a comunicarse con aquellos que en la iglesia se sienten amenazados por nosotros. La
mayor tarea que enfrentamos es la integración entre las diversas profesiones de salud mental y entre los
terapeutas cristianos y la iglesia cristiana. Es en este contexto (de la necesidad de integración) que ofrezco estos
pensamientos acerca de la forma de relacionarse de Jesús.

Harry Blamires (1953) sostiene que no existe una mentalidad cristiana es decir, no existe un punto de
vista colectivo a partir del cual los cristianos puedan conversar unos con otros respecto del punto de vista
cristiano tocante a los mayores problemas de nuestro tiempo. Creo que la presentación de conferencias y
artículos son un punto de partida en el establecimiento de una mentalidad cristiana colectiva. Pero tenemos
unos cuantos obstáculos que sortear antes de poder salvar la brecha existente entre las dos culturas, la teológica
y la científica.

El Conflicto Cultural

El primer obstáculo que debemos enfrentar es el problema del conflicto cultural. Históricamente el
cristiano ha debido hacer frente a desafíos a la fe. A menudo estos desafíos han provenido de dentro del
cristianismo. A través de la historia estos desafíos han sido presentados por cristianos que se han sentido
incómodos con la ambivalente postura de "estar en" el mundo pero no "ser del" mundo. Como cristianos
evangélicos todavía luchamos con una relación insegura con la cultura. Richard Niebuhr (1951) llama a esto la
posición Cristo en contra de la cultura. Si hemos de hacer una realidad de la integración, debemos encontrar las
formas de llegar a un entendimiento con esta posición anticultural. Algunos de nosotros hemos cerrado los ojos a
este problema haciendo una división entre nuestra consejería y nuestra fe cristiana. No creo que esta sea una
buena forma de responder al desafío. No hacer caso de la controversia entre Cristo y la cultura no es una
posición más satisfactoria que la posición separatista. Necesitamos afirmar y demostrar que Cristo no está
necesariamente en contra de la psicología, la sociología, el trabajo social y las perspectivas de la salud mental.
Necesitamos encontrar las formas en que la iglesia haga frente a los puntos de vista del mundo que se presentan
amenazadores y desafiantes a su posición. Estoy convencido de que para alcanzar la integración necesitamos
reformular el asunto de la relación entre Cristo y la cultura. Esto nos llevaría a no confundir a Cristo con la
cultura o la evangelización cultural con la cultura cristiana (Dolby, 1972).

De modo entonces que el corazón del problema de la integración del cristianismo y la salud mental se
haya la necesidad de reintegrar nuestras dos culturas, la teológica y la científica. Hay quienes han abandonado
del todo la empresa considerándola imposible, sin sentido o anticristiana. Pero enfrentamos todavía el problema
de cómo establecer una relación entre la revelación y la investigación científica. Me parece que necesitamos
intentar algo que Constantino y Calvino procuraron y lograron hacer con resultados discutibles, ir más allá de la
teología y la psicología. Necesitamos desarrollar una perspectiva cristiana de la salud mental.
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Desarrollar un modelo integrado será únicamente posible adoptando una posición totalmente distinta de
la perspectiva Cristo contra la cultura. Si bien necesitamos mantener un compromiso con la autoridad e
inspiración de las Escrituras y seguir creyendo en la influencia corruptora y destructiva del pecado en el
pensamiento del hombre, no podemos mantener por mucho tiempo la vitalidad de una cultura o comunidad
renunciando a todo lo que tiene origen en el pensamiento o investigación extrabíblica. Supongo que la mayoría
de nosotros se somete a la antigua cultura evangélica de rehusarse a investigar aquello que por quedar fuera del
conocimiento y placer que aceptamos, no constribuye a nuestra salud espiritual y mental (Rieff, 1968, p. 254).
Me parece que nuestros esfuerzos podrían tomarse como intentos personales o de comunidad por estabilizar la
propia relación ambivalente con nuestra fe.
Debemos tomar conciencia de la existencia de un vacío en la continuidad de la cultura evangélica y la comunidad
cristiana a fin de proceder a su restauración y sanidad.

El Retraso Cultural

Un segundo problema que enfrentamos aquellos que nos interesamos en la integración es el del retraso
cultural. Las técnicas y herramientas con que ayudamos a las personas están más adelantadas que nuestra
teología. Diría que tenemos una teología del siglo XIX y una metodología para ayudar a las personas que
corresponde al siglo XX. Me apresuro a señalar que entiendo la teología como una interpretación cambiante de la
verdad escritural. Es decir, la teología no es un punto de vista estático de las Escrituras. Tengo un compromiso
con una verdad proposicional inmutable, pero pienso que nuestra forma de entender la verdad va cambiando. Lo
que necesitamos es una interpretación contemporanea de las Escrituras que se relacione con el progreso y
alcance de los puntos de vista contemporaneos sobre salud mental.

Por sobre esto hay una dificultad más, hasta donde sé, no ha habido ningún teólogo sistemático que haya
tratado el problema de integrar las profesiones de ayuda con la verdad bíblica. Hay literalmente cientos de
psicólogos, psiquiatras, trabajadores sociales y otros que han tratado de conectar su disciplina con el
cristianismo. Pero ¿Dónde están los intentos de los teólogos por lograr la integración? Supongo que habría que
reconocer en Tillich y Niebuhrs tendencias a la interrogación de parte de la teología radical. Dentro del campo
evangélico podría reconocerse algunos intentos de integración en Carnell, Buswell y Henry. No obstante, la
mayor parte de los teólogos parece tener poco interés o preparación para discutir la integración con aquellos que
nos encontramos en el campo de la salud mental. Esto ha resultado en que la mayoría de nosotros hayamos
tenido que desarrollar por nosotros mismos el fundamento escritural y teológico para nuestra práctica de
consejería a través de educación de seminario informal o formal. Como profesionales cristianos estamos en una
posición curiosa; puede vérsenos como profesionales en las profesiones de ayuda y amateurs en teología o como
profesionales en teología y amateurs en la teoría de ayuda. En esta era de especialización necesitamos
avocarnos a un diálogo, estudiar y aprender el uno del otro. La tarea de la integración es sin duda demasiado
grande para una persona que tiene que desarrollar competencia en ambos campos.

Aquellos que estamos intentando integrar la teología cristiana con la teoría terapéutica tenemos que
enfrentar sin vacilaciones nuestras limitaciones teológicas y psicológicas. Tenemos que estar dispuestos a
reexaminar nuestro modelo de integración. Tenemos que rechazar la tentación de defender nuestra posición por
medio del uso de textos bíblicos trillados utilizándolos como si fueran las únicas palabras importantes que Dios
haya hablado. Dejaré que cada uno piense en sus propias ilustraciones para este problema, no sea que se me
critique de estar dirigiendo dardos en contra de alguien. Lo que me interesa señalar es que debemos estar
dispuestos a abrirnos a la controversia y al debate puesto que es en este proceso que nuestra teoría y práctica se
enriquecen, modifican y corrigen.

Autoridad

Un problema clave con el que se enfrentan los interesados en la integración es el asunto de la autoridad e
importancia de las Escrituras. El problema puede definirse de diferentes modos. En un primer nivel la
controversia se presenta en el concepto que de las Escrituras se tenga como fuente única de verdad o como
fuente final de verdad. En un segundo nivel la controversia tiene que ver con la relación entre la revelación
especial y la revelación natural. A menudo quienes mantienen este punto de vista tienden a confundir la
información escritural con la interpretación teológica. Es decir, no toman en cuenta la necesidad de descubrir,
estudiar e investigar el significado de la revelación especial y natural. La controversia puede plantearse aun más
específicamente por medio de tres preguntas:

(1) ¿Cuáles son los límites permitidos a la creatividad del hombre en la teoría y técnica de la consejería más
allá de lo que encontramos en la biblia? Es decir, ¿Se permite al hombre crear teoría y técnica más allá
de la que definen las Escrituras?
(2) ¿Son únicamente las Escrituras nuestra legítima fuente de información acerca de la consejería?
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(3) ¿Cuál es la interrelación existente entre la revelación y la investigación? ¿Cómo deberían (podrían) éstas
informarse y enriquecerse mutuamente?

Dentro de la comunidad evangélica muchos se ponen a la defensiva cuando se trata de aprender de


fuentes extrabíblicas y de personas no cristianas. A menudo esta actitud lleva a una serie de afirmaciones de lo
que la biblia dice que resultan distorcionadas y exageradas.

Estas personas tratan de descubrir una base o metodología bíblica para la consejería que excluye los
datos clínicos y experimentales. Otros han adoptado un punto de vista de la consejería que excluye cualquier
aporte bíblico o teológico. Personalmente me intereso en ambos grupos. En aquellos que han adoptado con
entusiasmo la consejería como una metodología legítima de ministerio, pero que sigue rechazando las fuentes de
la teoría de la consejería como necesariamente anticristianas. Y estoy interesado también en aquellos que
adoptan la teoría y práctica de la consejería sin ser crítico frente a sus presuposiciones o consecuencias
teológicas.

Hermenéutica

Existen por lo menos otros dos grandes problemas para la integración a los cuales posteriormente me
referiré más específicamente en este artículo. Un obstáculo en la integración es el problema de la hermenéutica
selectiva, es decir, la elección únicamente de aquellos pasajes que apoyan nuestro particular punto de vista de la
consejería. El otro obstáculo para la integración tiene que ver con la personalidad del consejero, la que puede
estimularlo o proclamar a Jesús como la respuesta en un sentido inmediato a todos los problemas. En el corazón
del problema se encuentra la pregunta, ¿en qué sentido es Jesús la respuesta a los problemas en forma inmediata
y final?

La Integración: El Problema Básico

Siento que estamos en una posición curiosa, atrapados entre aquellos cristianos que tratan de huir de la
cultura y los profesionales de la salud mental que tratan de huir de Cristo. Me parece que los profesionales
cristianos nos encontramos entre quienes transforman la psicología en teología y quienes transforman la teología
en psicología. Como yo lo veo, el proceso y problema de la integración es totalmente diferente. Entiendo la
integración como el adquirir conjuntamente consciencia de los aspectos que componen la psicología y la teología
sin violar la autonomía o identidad que éstas tengan por separado ni negar la existencia de conflictos, paradojas
y misterios. Visto así, la integración es algo más que santificar la psicología con textos escriturales o alinear la
psicología y la teología para observar sus puntos de correlación y convergencia.

Como sugerí antes, la integración es de interés únicamente para los cristianos que están dispuestos a
entender una relación de carácter informativo, correctivo, expansivo e intrinsicamente interrelacionado entre las
revelaciones especial y natural. De ésto dije que era algo más allá de la teología y la psicología.

Como yo lo veo, la pregunta básica en el desarrollo de un modelo de integración es, ¿Cuál es la relación
entre los antecedentes bíblicos y los antecedentes no bíblicos?. Debemos procurar respuestas que vayan más
allá de decirnos en qué sentido las Escrituras y estas disciplinas académicas se relacionan, se contradicen o son
compatibles. Necesitamos pasar de la correlación y convergencia a la confluencia y congruencia. La integración
es algo más que una armonía entre las Escrituras y la investigación humana. Integrar es construir sobre el
concepto básico de que toda verdad, donde quiera que se descubra, es una verdad de Dios. Si se supone que la
relación entre el cristianismo y la cultura es necesariamente antitética, la integración debe darse entonces por
imposible. Adoptar la postura Cristo contra la cultura impide hacerse la crucial pregunta, ¿Existe una realidad o
todo mayor del cual disciplinas como la teología, psicología, psiquiatría y trabajo social sean simples
componentes?

Me gustaría proponer un modelo que presenta la posibilidad de integrar contraposiciones doctrinales y


teóricas sin rechazarlas como contradicciones dogmáticas. Si tengo algunas suposiciones no manifiestas, creo
que éstas son: (a) que Cristo es el acuerdo vivo y operante entre las distintas disciplinas, que Cristo engloba esta
realidad mayor (Colosenses 2:4), que Cristo más que la teología de alguien, es el principio orgánico por el que la
teología nos ha llevado más a menudo de lo que quisiéramos a una posición anticultura; (b) que la teología y la
ciencia son compatibles en tanto ambas orienten su búsqueda hacia lo que existe, y en tanto ambas sigan
postulando la posibilidad de encontrar alguna teoría y sistema armonioso de descripción, explicación y
predicción.

La Búsqueda de un Estilo de Consejería en Jesús


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Supongo que para los evangélicos es inevitable preguntarse en cuanto a si Jesús tuvo un Estilo de
Consejería. Teniendo tan alto concepto de las Escrituras, es lógico que tengamos reticencia a aceptar un punto
de vista o metodología de consejería sin antes confrontarlo con nuestra regla y norma absoluta de fe y práctica.
Hay algo autoritario, sino poético, en pretender que nuestro estilo de consejería es bíblico y se acerca a la forma
en que nuestro Señor trató con la gente. No obstante, la búsqueda de un estilo bíblico de consejería tiene sus
dificultades. Por ejemplo, decir que tal metodología es bíblica puede llevar a una aceptación a crítica de la
posición. Por otra parte, pensar que se pueda definir el estilo de consejería de Jesús con más precisión que la que
es posible definir la iglesia del Nuevo Testamento sería pecar de optimismo. Finalmente, no debemos olvidar que
Jesús fue más que un hombre. Cualquiera haya sido su técnica de consejería, poseía algo absolutamente
peculiar, el poder, visión y entendimiento divino.

¿Tuvo Jesús un Estilo de Consejería?

¿Tuvo Jesús un estilo de consejería? Al principio había titulado a mi artículo El Estilo de Consejería de
Jesús. Debí reconsiderar la idea a causa del uso tanto bíblico como corriente de la palabra "consejería". Pienso
ahora que es más correcto hablar de la forma de relacionarse de Jesús. La Palabra consejería jamás se usa en la
biblia. En las ocasiones en que se utiliza la palabra consejo, se entiende nada más que el ofrecer o recibir una
advertencia. La palabra consejero se utiliza tanto en el Antiguo como Nuevo Testamento. En las tres ocasiones
en que se utiliza en el Nuevo Testamento (Boulutees, Marcos 15:43; Lucas 23:50; Sumboulos, Romanos 11:34) se
describe el rol de una persona como asesor. En el Antiguo Testamento se presenta con el mismo significado
(Véase Proverbios 11:14; 15:22; 2 Crónicas 25:16; Isaías 1:26; 9:6).

Hablando estrictamente, el concepto de consejería de nuestro siglo era desconocido para los escritores
del Nuevo Testamento. Según se le define corrientemente en el campo de la salud mental, la consejería va más
allá de ofrecer un consejo describiendo extensamente una variada gama de estrategias de intervención. En este
artículo prefiero no entrar en el debate sobre las diferencias entre consejería y psicoterapia. El concepto de
consejería lo uso más bien en su sentido genérico. Es decir, la consejería describe una gama amplia de
relaciones interpersonales de intervención destinadas a producir cambios en otra persona. Por lo tanto, dado el
amplio uso actual y el restringido uso bíblico, concluyo que es más preciso hablar de la forma de relacionarse de
Jesús sin limitarla al sólo dar o recibir consejo.

Sin embargo, en el actual debate entre evangélicos frecuentemente se pretende que Jesús tuvo un estilo
de consejería. Adams (1967, 1973, 1974) y Solomon (1975) se encuentran entre aquellos que afirman
abiertamente que el estilo de consejería de Jesús se basaba en dar órdenes, confrontar y predicar. Uno de estos
autores describe su estilo de consejería supuestamente inspirado en el modelo de Jesús diciendo, "Simplemente
procuro decir la verdad y enfrentar los hechos" (Jabay, p. 44). He comenzado a llamar a esta posición "consejería
profética".

Por otra parte tenemos aquellos autores (Hulme, 1956; May, Lake y Clinebell, 1966; Hiltner, 1945, 1959)
que afirman que su consejería es cristiana e implícitamente sugieren estar siguiendo el modelo de Jesús. A este
enfoque lo he calificado como "consejería sacerdotal". Con el fin de verlo más claramente he bosquejado las que
a mi parecer son las mayores diferencias entre estos dos enfoques:

Acercamientos en la Consejería Cristiana

Profético Sacerdotal

convenciendo consolando

confrontacional confesional

predicando entrevistando

enseñando escuchando

pensando por pensando con

hablando a hablando con

proclamando la verdad reconociendo la verdad

intranquilizando al tranquilo tranquilizando al intranquilo


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En términos generales, estos dos enfoques básicos, independientemente de si pretenden o no ser


distintivamente cristianos, podrían describirse como consejería directiva y consejería no directiva. Si bien he
llegado por mí mismo a esta concepción de enfoques de consejería cristiana en las categorías de "profético" y
"sacerdotal", se puede apreciar cierta similitud con los dos tipos de métodos terapéuticos de Frank (1963, pp.
147-148), directivo y evocativo. También presentan grandes paralelos con las categorías reeducativa y
reconstructiva de Wolberg (1967). Por supuesto, esta distinción en las posiciones de consejería tiene sus raíces
en los años 40, mucho antes de que los cristianos aceptaran la consejería como un ministerio legítimo.

En general, los terapeutas cristianos han reconocido esta distinción en sus escritos. Sin embargo, y esto
lo esencial del asunto, algunos consejeros, cristianos o no cristianos, consideran que estos enfoques divergentes
de consejería constituyen un continuo integrado. Por ejemplo, en su generalidad los consejeros cristianos abogan
o por un enfoque ecléctico o por un enfoque dicótomo. Por un lado se enfatizan las similitudes de los enfoques de
consejería y por otro se enfatizan las diferencias. A menudo el punto de vista ecléctico resulta ser un esfuerzo
por unificar los pensamientos cristiano y secular, con el resultado de que el pensamiento cristiano pasa a
segundo plano. El punto de vista dicótomo es muchas veces un intento por preservar la autoridad de las
Escrituras frente al pensamiento secular, con el resultado de que el pensamiento secular llega a calificarse en
términos de algo casi diabólico.

Un Punto de Vista Bíblico para la Consejería

Los enfoques profético y sacerdotal se presentan en contraposición y a menudo se afirma que el uno está
en antítesis al otro. Sin embargo, yo diría que estilo de consejería de Jesús contuvo estos dos enfoques
divergentes. Para ayudarme en la presentación de mi argumento he utilizado el concepto sociológico de rol. Para
aquellos que no estén familiarizados con este concepto, "rol" podría definirse como la conducta que se espera de
una persona que mantiene un status (posición) social determinado.

Comienzo mi exploración a la pregunta de cuál es el estilo de consejería de Jesús, buscando en los


evangelios cuál haya sido la forma en que trató Jesús con la gente. Lo que encuentro es esto: la forma en que se
relacionó Jesús con gente era diversa, no única. Si bien puede decirse que Jesús usaba la confrontación, es
igualmente correcto calificar como consoladora la técnica que usó para relacionarse con las personas. La forma
en que Jesús se dirigía a la gente era multifacética, es decir, enseñaba las Escrituras, escuchaba, presentaba
ilustraciones, hacía preguntas y contaba historias de las que pedía a los oyentes sacaran sus propias
conclusiones. En el grado en que consideremos todo el consejo de Dios comenzaremos a descubrir que Jesús no
se limitó a una forma de relacionarse.

Al hacer un recuento de las formas en que Jesús trata con la gente, aparece una interesante relación
entre el rol que Jesús escogió cumplir y su forma de relacionarse. Por ejemplo, cuando adoptó el rol de "profeta",
predicó, enseñó, confrontó y llamó al arrepentimiento. Cuando adoptó el rol de "sacerdote", escuchó, perdonó,
medió y llamó a la confesión. Cuando asumió el rol de "rey", se presentó como tal, legisló y llamó al
establecimiento del reino. Cuando escogió el rol de "cordero", se sacrificó, aceptó el ridículo y el rechazo, y llamó
a los pecadores a que se sanaran por medio de sus heridas. Cuando se sometió al rol de "siervo", lavó los pies,
sirvió alimentos, dio de sí mismo y llamó a la humanidad. Cuando cumplió el rol de "pastor", alimentó, crió y
protegió a su rebaño, y habló de hallar a los perdidos.

Tabla 1

El Repertorio del Rol de Jesús

Status Rol

Profeta Predica, enseña, confronta, llama al arrepentimiento.


Sacerdote escucha, perdona, media, llama a confesión.
Rey Se muestra como rey, legisla, llama al establecimiento del reino.
Cordero Se sacrifica, acepta el ridículo y el rechazo, llama a los pecadores a ser sanados.
Siervo Sirve alimentos, lava los pies, cuida, da de sí mismo, llama a la humildad.
Pastor Alimenta, protege, llama a los perdidos a ser hallados.

Si tenemos la intención de seguir el modelo de Jesús en nuestra consejería o en nuestra forma de


relacionarnos, al igual que Jesús deberíamos cumplir una gama variada de roles de intervención al relacionarnos
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en forma redentora con las personas con problemas. Propongo que el punto de vista bíblico de la consejería es
multifacético. Si mi análisis de las escrituras es correcto, me parece un error decir que alguna forma de
relacionarse sea distintivamente cristiana o bíblica. Sería un error en por lo menos dos sentidos: primero, a
causa de que se basa en una lectura e interpretación selectiva de las Escrituras, y segundo, a causa de que limita
la movilidad de las reacciones esenciales para la terapia. "Una de las formas de medir la competencia del agente
de cambio tiene que ver con la habilidad que éste tenga para reemplazar un modelo por otro cuando se hace
necesario" (Seifert y Clinebell, 1969, p. 54).

Un punto de vista dicótomo de la consejería cristiana es por lo tanto inaceptable. Pero también lo sería
un punto de vista ecléctico que tienda a ignorar la paradoja y el conflicto. Yo propondría un punto de vista bíblico
que sea continuo en vez de dicótomo e integrado en vez de ecléctico. El modelo de consejería que a mi parecer
describe en forma más exacta que lo que lo hacen los puntos de vista dicótomo o ecléctico el estilo de
relacionarse de Jesús podría conceptualizarse sobre la base de un continuo status-rol. Nótese que roles y
técnicas se relacionan estrechamente pero sin que la técnica quede limitada a un rol exclusivo. Adviértase
también que he agregado un tercer término descriptivo, el cual me parece ser una conclusión necesaria a partir
del trasfondo bíblico.
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Tabla 2

La Forma de Relacionarse de Jesús

Consejería: Un punto de Vista Continuo

Status profético pastoral sacerdotal

Crítica, predicación, enseñanza, interpretación, mediación, confrontación, convicción, corrección,


confesión, amonestación,
ROLES defensa, sostén, apoyo, ilustración, consejo, alivio de cargas, oídos atentos, reprobación,
advertencia, ayuda, consuelo, perdón.

Por medio de este modelo estoy proponiendo que nuestros roles de intervención puedan ser el resultado
de un entrenamiento y obligación profesional o características y capacidades personales. Idealmente, la gama de
respuestas terapéuticas representa una integración del rol profesional y personalidad del consejero, de modo que
éste no sólo cumpla un rol particular de ayuda sino que posee realmente las actitudes y sentimientos de ese rol.
Como se puede ver a partir de este continuo status-rol, los terapeutas tienen muchas posibilidades de roles de
intervención. Cualquiera sea nuestro rol primario de consejería, profético, pastoral o sacerdotal, siento que
necesitamos ampliar nuestro repertorio de roles de intervención y respuestas terapéuticas que incluye estos tres
modelos de rol y se convierta en un estilo de consejería que con justicia pueda llamarse bíblico.

Sostengo que los roles profético, pastoral y sacerdotal son diferentes pero no antagónicos en la
consejería. En las Escrituras cada rol se relaciona con otro y es parte integral de la red mayor de roles llamada
cuerpo de Cristo (Romanos 12; 1 Corintios 12). Existe una relación orgánica y funcional entre estos roles (Efesios
4:11-16). Los documentos del Nuevo Testamento describen estos roles como dones necesarios para el desarrollo
de cada persona en la comunidad cristiana. De modo que llego a la conclusión de que la forma de relacionarse
de Jesús utilizó un repertorio de roles ahora presentes en la iglesia.

Quien le haya puesto el nombre de "Paracleto" a la revista de la Asociación Nacional de Cristianos en


Trabajo Social, entiende mi argumento. El verbo correspondiente a esta palabra griega se traduce a menudo
"exhortar", pero como observa John Carter (1975), "el concepto es lo suficientemente amplio para apoyar las
diversas técnicas terapéuticas existentes, desde la intervención en crisis hasta la terapia profunda, se trata de un
don dado a la iglesia claramente distinto al don del profeta o maestro. Otro estudiante (Ulrich, 1976) ha
observado, "este don del Espíritu tiene que ver con las muchas formas de relacionarse, desde la paregórica
(consoladora) y animadora hasta la exhortativa (amonestadora)".

¿Qué Podemos Aprender del Ministerio de Roles Diversos de Jesús?

¿Qué podemos aprender del ministerio de roles diversos de Jesús?. Primero, la integración del rol
terapéutico es posible si se toma en cuenta todo el consejo de Dios. Los roles específicos pueden ser
diferenciados y distinguidos unos de otros, pero no pueden ser lógica o bíblicamente segregados unos a otros.
Existen muchos roles de intervención de entre los cuales puede escoger el consejero cristiano. Los roles de Jesús
no se excluían mutuamente, pero cobraban supremacía sobre la base tanto de quién era la persona con quién se
relacionaba como del por qué se establecía esta relación. Jesús demostró flexibilidad y diversidad en el
cumplimiento de su rol. Las consecuencias que esto supone para nuestra consejería cristiana se basan en el
hecho observado de que Jesús se relacionó con las personas donde quiera éstas estuvieron. Jesús jamás estuvo
atado a un esquema dicótomo, teniendo que escoger entre los roles profético, pastoral o sacerdotal. El consejero
cristiano puede ser tanto directivo como no directivo por ejemplo. El no necesita optar por un tratamiento
directivo dogmático, quiero decir, al punto de no ser capaz de escuchar en qué y por qué están afectadas las
personas. Puede escuchar sin eliminar la posibilidad de enseñar. El consejero cristiano puede ser profético sin ir
en detrimento de la atención de las necesidades sacerdotales de la persona afectada. Puede reprobar, corregir e
instruir, pero al igual que los profetas bíblicos debe ser a la vez portador de un mensaje de consuelo y perdón.

Concedido que las Escrituras definen una diversidad en las relaciones redentoras habrá consejeros con
dificultades para alcanzar flexibilidad en su rol principalmente por dos razones. En primer lugar, por no estar
correctamente adaptados al uso de otros modelos de intervención terapéutica. En segundo lugar, puede que el
consejero sea incapaz de alcanzar flexibilidad a causa de la rigidez de su personalidad.
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El primer problema puede superarse por medio de educación y entrenamiento adicional, pero el segundo
plantea una mayor dificultad en la consecusión de cambios. Si la identidad, autoconcepto y ego ideal propio
tienen su apoyo exclusivamente en uno de los modelos de rol, habrá entonces una tendencia a mantener a toda
costa aquel rol particular. Estoy diciendo que la integración de los roles es posible únicamente si la personalidad
del consejero es integrada. En otras palabras, la integración entre Cristo y la cultura se alcanzará en la sesión
terapéutica sólo si el consejero presenta una personalidad integrada.

Segundo, de la forma de relacionarse de Jesús podemos aprender que se puede "saber" cuáles son los
problemas y las soluciones, y no obstante estar dispuesto a escuchar y a entender. El hecho de que se tenga
conocimiento no elimina el deseo de escuchar y comprender. Tampoco esto supone que el consejero deba
ignorar sus ideas preconcebidas de cuáles sean las necesidades del aconsejado. Significa que debe explorarse
sin explicar demasiado y confrontar sin provocar innecesariamente una actitud de defensa en el aconsejado. Los
profetas entregan al hombre un mensaje en representación de Dios. El mensaje tiene relación con lo que la gente
vive y hace. A diferencia de los profetas bíblicos, el "consejero profético" recibe su información de la persona a la
que sirve en lugar de recibir información privilegiada de Dios sobre su aconsejado. Los sacerdotes también dan
un mensaje al hombre de parte de Dios, pero a este mensaje de perdón sigue la confesión que el hombre hace a
Dios, a saber, el mensaje del sacerdote a Dios. Al igual que los sacerdotes bíblicos, los consejeros sacerdotales
deben recordar que el solo escuchar jamás es suficiente. AL perdón debe seguir la confesión. Y en muchas
ocasiones las instrucciones en torno a la restitución serán también parte del rol del consejero sacerdotal.

Tercero, la forma de relacionarse de Jesús indica que un consejero puede demostrar autoridad sin ser
autoritario. El estilo de consejería en sí no constituye un peligro en la consejería profética tanto como lo
constituyen las necesidades de personalidad del consejero. El enfoque profético se presta para aquellas personas
que necesitan la consejería para poner en evidencia su autoridad. Por otra parte, pueda haber quienes sean
atraídos a un estilo sacerdotal con el fin de evitar el uso terapéutico de su autoridad. Lo que se deduce es que la
autoridad es un elemento intrínseco a cada uno de los roles de consejería y para que ésta sea eficaz no debe
evitarse el usarla.

Cuarto, la forma de relacionarse de Jesús demuestra que se puede tener la razón sin exigir que el
aconsejado lo acepte y reconozca. La mayoría de los profetas no fueron escuchados, pero aquello no fue una
evidencia de que su mensaje fuera incorrecto. Muchas veces el problema del consejero no tiene que ver tanto
con la demostración de que está en lo correcto como con la confirmación de su dignidad personal. Agregaría que
este es también a menudo el problema de nuestros aconsejados. La verdad es la verdad independientemente de
que el otro la acepte. En la mayoría de los casos es más fácil guiar a alguien a la verdad que enfrentarlo con ella.
Aunque como consejeros podamos conocer la verdad, para la otra persona nuestra verdad no puede cambiar su
conducta antes de que llegue a ser "su verdad". Es decir, el aconsejado debe escuchar la verdad y apropiársela
antes de que ésta produzca efectivamente un cambio en su conducta.

Quinto, el estilo de consejería de Jesús plantea el problema del consejero que se apresura en sus
confrontaciones e interpretaciones. Jesús compartió ideas, consejos y soluciones sin esperar que su auditorio las
escuchara antes de estar preparados. A menudo el consejero en su rol profético es alguien que espera que las
personas cambien al decirles las palabras adecuadas sin consideración a si están preparadas o dispuestas.
Cierto pastor confesó, "Cuando comencé mi ministerio, tenía una convicción bastante firme en cuanto a que la
biblia posee la respuesta a cada necesidad y problema del hombre. Para mí todo lo que un consejero tenía que
hacer era presentar los versículos pertinentes al problema y éste quedaba de inmediato resuelto. En el crisol del
ministerio cotidiano aprendí muy pronto que los problemas no se resuelven tan fácilmente ni se cambian tan
simplemente los sentimientos". Luego dijo, "Esto no significa que haya perdido confianza en la autoridad que las
Escrituras tengan para hacer frente a las necesidades del hombre. Significa que perdí mucha de la confianza que
tenía en el enfoque y método que estaba usando. Me di cuenta de que éste era ineficaz y demasiado simplista"
(McDill, 1975).

Jesús nos enseña también que pecado y culpa son asuntos igualmente importantes en cada rol de
consejería. Podría creerse en el pecado y en la importancia de tener conciencia de él sin necesariamente cumplir
el rol de profeta. En muchas ocasiones los aconsejados dolorosamente conscientes de su pecado y error buscan
a alguien que les ayude a tratar con su culpa y con las consecuencias negativas de su conducta. Llegan al
consejero anhelando la intervención de alguien de confianza que les ayude a salir de sentimientos y
circunstancias contra las que aparentemente nada se puede hacer. Estas personas vienen no porque necesiten
que se les confronte con su pecado sino porque necesitan confrontar su pecado por medio de la confesión y el
arrepentimiento. Esta es la diferencia fundamental entre un consejo profético que proclama la verdad antes
desoída y rechazada y un consejero sacerdotal que confirma la verdad que a la persona afectada le cuesta
enfrentar. No obstante, siempre que la confrontación sea necesaria, ésta será algo más que decir la verdad. Para
el consejero cristiano confrontar es decir la verdad en amor (Efesios 4:15). "Sea vuestra palabra siempre con
gracia, sazonada con sal" (Colosenses 4:6).
La Forma de Relacionarse de Jesús - por David E. Carlson p. 9

Además de lo anterior, la consejería profética debe convencer en lugar de condenar. El paracleto, ya sea
Jesús, el Espíritu Santo o algún hermano, ha de convencer. De modo que el aconsejado experimentará
aceptación no obstante ser reprobado y corregido. A nuestros aconsejados creyentes especialmente podemos
decirles, "Ahora pues, ninguna condenación hay que para los que están en Cristo Jesús" (Romanos 8:1). Sin
embargo, es muy importante recordar que si bien la verdad es liberadora (Juan 8:32) en primera instancia puede
producir un gran malestar. Me he encontrado también con que cuando el aconsejado experimenta condenación,
ésta puede provenir de él mismo, de la acción de Satanás, o ser el resultado de la intervención de familiares y
amigos que están ayudando al Espíritu Santo en su rol. El Espíritu convence; la gente y Satanás condenan (Véase
Juan 16:8). Cuando una persona está dolida sea que sienta convicción o condenación, es hora de que el
consejero sea más sacerdote que profeta.

Finalmente, de la forma de relacionarse de Jesús aprendemos que el rol de consejero sacerdotal es para
mediar entre lo divino y lo humano. El es un representante del hombre frente a Dios. En la consejería esta
función sacerdotal mediadora cobra la dimensión adicional de ayudar al aconsejado creyente a ser su propio
sacerdote, a desarrollar sus propias capacidades sacerdotales. Queremos que el aconsejado vaya perdiendo
dependencia del terapeuta y ganando dependencia de Dios en la consecusión de su salvación. Hulme sostiene
que el consejero "jamás debe violar las prerrogativas sacerdotales" que sus aconsejados tienen de ser sus propios
sacerdotes (Hulme, p. 120-121). Aún cuando el consejero puede mediar en favor de su aconsejado, este no debe
ser el propósito de la interacción terapéutica. La relación de consejería debe ser el medio que lleve a un fin, el
medio de ayudar al aconsejado a ser su propio mediador, el medio de desarrollar su propia relación de oración y
confesión con Dios. "Si se obstaculizara la función sacerdotal del aconsejado, la tarea (del consejero) no consiste
en ir en auxilio y mediar por él sino en (ayudarle a) quitar el obstáculo de modo que pueda seguir siendo él su
propio mediador". (Hulme, p. 130).

Conclusión: Ventajas y Afirmaciones

He abogado por la integración de los roles terapéuticos. Pienso que existen varias ventajas en el hecho
de expandir nuestro repertorio de roles de intervención. Habremos de evitar dos riesgos importantes. El peligro
para el consejero sacerdotal no directivo consiste en su tendencia a jamás pronunciar las palabras de consuelo,
perdón y sanidad. El peligro para el consejero profético directivo consiste en su tendencia a jamás escuchar, a
emitir juicios apresurados y a decir las palabras de Dios antes de que la persona esté preparada para
escucharlas. Bonhoffer hace una importante sugerencia tanto para el consejero profético como sacerdotal: "Para
poder hablar las palabras de Dios debemos escuchar con los oídos de Dios" (p. 99).

Otra ventaja de adoptar este modelo de consejería la tenemos en que por su intermedio puede facilitarse
el diálogo entre los que nos encontramos en los puntos extremos del continuo status-rol. Necesitamos conversar
unos con otros. Necesitamos terminar el debate en torno al punto de vista bíblico de la consejería admitiendo
que en las Escrituras se presentan muchos enfoques. Pero debemos hacerlo yendo más allá de una
hermenéutica exclusivista que limite la creatividad del hombre en el perfeccionamiento de metodologías de
consejería. Necesitamos insistir en que la obra creadora de Cristo debe legítimamente ser continuada por su
creación, el hombre. Insistamos en que la creatividad y cultura humana son buenas cuando se presentan con la
intención de honrar y glorificar a Dios (Colosenses 3:16-17).

La tercera ventaja de este modelo integrado se encuentra en su potencial de conducir a la investigación.


Un asunto de importancia clave en la investigación es: ¿En qué momento del proceso terapéutico son más
eficazmente utilizados los diversos roles de intervención? Necesitamos aprender a conocer cuándo confrontar,
consolar, hablar, escuchar. Paul escribe: "En toda su complejidad, la pregunta hacia la cual debe en última
instancia apuntar toda la investigación es la siguiente: ¿Qué tratamiento llevado por quién será más eficaz para
este individuo con este problema específico en aquella circunstancia particular?" (Patterson, 1973, p. 539).
Propongo fervientemente que terminemos la discusión sobre si existe o no un punto de vista bíblico de la
consejería. Necesitamos continuar investigando qué intervenciones específicas ocasionan qué cambios
específicos en qué aconsejados específicos por medio de qué tipo de terapeuta.

Un segundo tema de investigación tiene que ver con el desarrollo de un modelo integrado de consejería
que esté clínica y empíricamente probado. He tratado de demostrar que es posible tener un modelo integrado.
Al igual que Rogers, pienso que las divergencias en consejería sólo "aparecen irreconciliables a causa de no haber
aún desarrollado un esquema de referencia que siendo más amplio contenga las opiniones extremas". Como bien
lo dijo Allport, "el problema con nuestras actuales teorías no es tanto con que estén equivocadas cuanto con que
son parciales" (Patterson, 1973, p. 532).
La Forma de Relacionarse de Jesús - por David E. Carlson p. 10
La forma de relacionarse de Jesús propone una amplia gama de enfoques redentores en la ayuda de las
personas. Lo que he tratado de sugerir en este modelo de consejería es un repertorio y gama de roles de
consejería que legítimamente puedan calificarse como bíblicos. El interés de este artículo se ha centrado más en
los diversos roles que pueden cumplir los consejeros cristianos y en sus presuposiciones acerca de Cristo, la
cultura y las Escrituras que en la técnica de consejería en sí. He abogado por el reconocimiento de un repertorio
de roles de consejería que pueda describirse sobre el continuo status-rol tanto profético como sacerdotal. Desde
una perspectiva cristiana la consejería asume un gestalt de conjunto, un punto de vista holístico que reconoce,
acepta y utiliza los diversos roles en el proceso de asistencia psicológica. Se entiende que Cristo y la cultura son
distinguibles (separables) pero no necesariamente irreconciliables (en contraposición). Se reconoce que el amor,
la sabiduría, la bondad, el interés son virtudes cristianas en el campo de las relaciones personales y
denominadores comunes a los enfoques de consejería profético y sacerdotal. Es decir, la forma de relacionarse
de Jesús sugiere que los principios de la consejería serán aplicados atendiéndo más al espíritu que al método de
los mismos. Este modelo de consejería entiende que una de las formas de medir la competencia del consejero es
su capacidad para adoptar un rol distinto cuando la disposición y necesidad del aconsejado lo indica.

A medida que vayamos saliendo del laberinto de tratamientos llamados "consejería cristiana",
reconozcamos que las diferencias entre las diversas metodologías de consejería se producen a menudo a causa
de lo que se desconsidera más bien que por conflicto propiamente tal. Reconozcamos que existen "diferencias"
entre los métodos de consejería: diferencias en los principios teóricos, diferencias en las palabras con que se
expresan conceptos y términos, y diferencias en las mecánicas de ejecución de las diversas estrategias. Sin
embargo, al considerarlas en una perspectiva más amplia estas diferencias resultan casi siempre
intrascendentes. Tal vez la verdadera diferencia se encuentre en el consejero, en que entienda algunos métodos
mejores que otros, y a causa de su estilo y comodidad emocional propia, aplique algunos métodos mejor que
otros (Peoples, 1975, p. 372). Perls llega a la misma conclusión, "desde el punto de vista lógico, por lo general las
diversas teorías no son incompatibles... a menudo son casi suplementarias e indirectamente se verifican una a la
otra" (Patterson, 1973, p. 523).

Aparte de esto, al tomar en cuenta las divergencias y convergencias de las teorías y técnicas de
consejería, desde una perspectiva cristiana es importante tener presente que los dones espirituales del consejero
también influyen en el estilo que decida utilizar. Doy como un hecho que no hay consejeros que posean toda la
gama de dones de "paracleto". Cuando los dones espirituales de un consejero son pocos, se vuelven sumamente
importante obtener el concurso de otros en el cuerpo de Cristo como coterapeutas.

Insistamos hoy en que la metodología no es suprema ni suficiente en la consejería cristiana. ¿Qué es lo


importante? Usted y yo en nuestra calidad de consejeros. ¿Cómo debemos presentarnos? ¿Qué bien nos
relacionamos? Truax y Carkhuff (1967) nos enseñaron hace ocho años atrás que la forma de tratar a la persona
no es el elemento más importante en la consejería. ¿Cuál es entonces? Las características personales del
consejero tales como un buen grado de empatía, una calidez no posesiva, sinceridad y armonía en lo que se
expresa.

Si bien la importancia del relacionarse pueda no reconocerse igualmente importante en las técnicas
directivas (profética) y no directiva (sacerdotal), el relacionarse se presenta como denominador común en estos
enfoques de consejería divergentes. Patterson, resumiendo las teorías de consejería divergentes, llega a la
conclusión de que el relacionarse en la consejería "se caracteriza no tanto por las técnicas que use el terapeuta
como por lo que el mismo es, no tanto por lo que hace como por la forma en que lo hace" (Patterson, 1973, p.
536).

De modo que el estilo de relacionarse de Jesús se basa más en lo que Jesús es que en lo que dice o hace.
Siempre que Jesús cumplió un rol, ya sea como profeta, sacerdote, pastor, rey, salvador, él es Cristo. Cada vez
que enfrenta a personas afectadas y pecadoras, es Cristo. Siempre que en consejería adoptamos un rol o
enfoque imitemos todo lo antes dicho acerca del carácter de Jesús más bien que su técnica. dependamos
además del "Cristo en nosotros" (Colosenses 1:27) que estamos presentando.

La forma de relacionarse de Jesús proporciona un modelo para nuestro tiempo, pero no necesariamente
una norma. En ninguna parte de las Escrituras se nos manda a imitar el estilo de consejería de Jesús. Lo que sí
se nos manda es a ser como Jesús. "Por tanto, si hay alguna consolación en Cristo, si algún consuelo de amor, si
alguna comunión del Espíritu, si algún afecto entrañable, si alguna misericordia, ...haya pues, en vosotros este
sentir que hubo también en Cristo Jesús" (Filipenses 2:1-5).