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ALUMNO: REYES REYES RODRIGO

LICENCIATURA EN TEOLOGÍA

LA VIRGEN MARÍA EN LA VIDA DE LA IGLESIA

Dentro de estos relatos veterotestamentarios se presentan muchos personajes modelos de


obediencia en la fe dentro los cuales destacan dos de manera particular el primero es
Abraham, que, sometido a prueba, tuvo fe en Dios y siempre obedeció a su llamada; por
esto se convirtió en padre de todos los creyentes

El segundo modelo es María, donde se cumple la larga historia de fe del Antiguo


Testamento, que incluye la historia de tantas mujeres fieles, comenzando por Sara, mujeres
que, junto a los patriarcas, fueron testigos del cumplimiento de las promesas de Dios y del
surgimiento de la vida nueva.

María, quien ha realizado del modo más perfecto, durante toda su vida, la obediencia en la
fe después de haber meditado en su corazón da una respuesta sin vacilar: hágase en mi
según tu palabra. Esta palabra de Dios que fue dirigida a María, fue tomada para que tomase
carne ella y naciese como luz para los hombres. Ella ha dado la vida al mundo y por tanto es
reconocida y venerada como verdadera Madre de Dios y del Redentor.

Maria participa en esta vida al mundo concibiendo a Cristo, engendrándolo, alimentándolo,


presentándolo al Padre en el templo, padeciendo con su Hijo cuando moría en la cruz,
cooperó en forma enteramente impar a la obra del Salvador con la obediencia, la fe, la
esperanza y la ardiente caridad con el fin de restaurar la vida sobrenatural de las almas.

El evangelista Lucas que relata el anuncio del Angel a Maria y la visitacion a su prima Isabel,
habla de la memoria de María, que conservaba en su corazón todo lo que escuchaba y veía,
de modo que la Palabra diese fruto en su vida. La Madre del Señor es icono perfecto de la
fe, como dice santa Isabel: “Bienaventurada la que ha creído” por tanto se convierte en el
apostol por excelencia.

El Padre de la misericordia quiso que precediera a la encarnación la aceptación de la Madre


predestinada, para que de esta manera, así como la mujer contribuyó a la muerte, también
la mujer contribuyese a la vida.

La Bienaventurada Virgen María es Madre de la Iglesia en el orden de la gracia, porque ha


dado a luz a Jesús, el Hijo de Dios, Cabeza del Cuerpo que es la Iglesia. Jesús, agonizante en
la cruz, la dio como madre al discípulo con estas palabras: «Ahí tienes a tu madre»

La comunidad primitiva en sus inicios, llevados de un mismo afecto, se reuni ́an alli ́ para la
oración, en compañ i ́a de algunas mujeres y de Mari ́a, la madre de Jesús, y de los hermanos
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de éste. Las circunstancias dignas de tenerse en cuenta son las siguientes: se trata de una
Iglesia anterior a Pentecostés, que espera aún la magna venida del Espi ́ritu; como
protagonistas de los acontecimientos son nombrados los doce apóstoles; Mari ́a se
encuentra entre la comunidad reunida sin apartarse de ella, pero no como persona
privilegiada ni en un aislamiento mi ́stico. Mari ́a es hermana en la comunidad y disci ́pula del
Señ or ensalzado. Maria nunca ceso de ser creyente.

La vida terrena de Mari ́a hemos de contemplarla en analogi ́a con la vida de la Iglesia,


contemplándola a ella, la toda santa, ya glorificada en cuerpo y alma, la Iglesia ve en ella lo
que la propia Iglesia está llamada a ser sobre la tierra y aquello que será en la patria celestial.
Ya desde el siglo II , la Virgen María es presentada por los santos padres como la nueva Eva

Definido por Pio XII el 1 de noviembre de 1950; siendo nuestro redentor hijo de María como
observador fidelísimo de la ley divina, ciertamente no podía menos de honrar, además de
su Padre eterno; a su madre querisima.
Y declara textualmente lo que sigue: Por la autoridad de nuestro señor Jesucristo, de los
bienaventurados Pedro y Pablo y nuestra proclamamos, declaramos y definimos ser dogma
divinamente revelado : Que la inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, cumplido
el curso de su vida terrestre, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial.

Con todo, debe ser llamado Reina la beatisima Virgen María, no solo por razon de su
maternidad divina, si no tambien porque por voluntad divina tuvo parte excelentisima en la
obra de nuestra salvacion Solo Cristo tiene el derecho propio y particular de dispensar
aquellos tesoros que son el fruto exclusivo de su muerte. María por aquella comunion de
dolores y de angustia “merecio” ser dignisimamen hecha reparadora del orbe perdido es
decir el cuello a través del cual la cabeza se une al cuerpo

La Virgen Santísima, por el don y la prerrogativa de la maternidad divina, que la une con el
Hijo Redentor, y por sus gracias y dones singulares, está también íntimamente unida con la
Iglesia.

La Iglesia, contemplando su profunda santidad e imitando su caridad y cumpliendo


fielmente la voluntad del Padre, se hace también madre mediante la palabra de Dios
aceptada con fidelidad, pues por la predicación y el bautismo engendra a una vida nueva e
inmortal a los hijos concebidos por obra del Espíritu Santo y nacidos de Dios. “Y es
igualmente virgen, que guarda pura e íntegramente la fe prometida al Esposo, y a imitación
de la Madre de su Señor, por la virtud del Espíritu Santo, conserva virginalmente una fe
íntegra, una esperanza sólida y una caridad sincera
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El modelo perfecto de esa vida espiritual y apostólica es la Santísima Virgen María, Reina de
los Apóstoles, la cual, mientras llevaba en este mundo una vida igual que la de los demás,
llena de preocupaciones familiares y de trabajos, estaba constantemente unida con su Hijo,
cooperó de un modo singularísimo a la obra del Salvador

Como María, son exhortadas a vivir con coraje y serenidad sus desafíos familiares, tristes y
entusiasmantes, y a custodiar y meditar en el corazón las maravillas de Dios. La esfera del
ministerio eclesial y la esfera de la plenitud de gracia de Mari ́a son, por tanto, dos esferas
distintas e incom- parables. El ministerio sacerdotal es «superior» a Mari ́a en cuanto
representa la potestad de Cristo; la gracia de Mari ́a es «superior» al ministerio eclesial en
cuanto que es una gracia personal suya y no solamente ministerial.

Bibliografía

Catecismo de la iglesia católica


Concilio Vaticano II
Amoris Laetitia, Papa Francisco
Lumen Fidei, Papa Francisco
El magisterio de la Iglesia, Heinrich Denziger Peter Hünermann, Herder.