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20/2/2018 Antonio Escohotado: «La utopía, además de una memez, es una inmoralidad»

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Antonio Escohotado: «La utopía, además de una memez,


es una inmoralidad»
El autor de la famosa «Historia de las drogas» publica el segundo volumen de su ensayo «Los enemigos del comercio»

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Antonio Escohotado en su casa de La Navata, a las afueras de Madrid - VÍCTOR LERENA

ALFONSO ARMADA

04/11/2013 00:00h - Actualizado: - 04/11/2013 13:22h

Antonio Escohotado lleva con una mezcla de irónica dignidad que


siempre se le reconozca por su influyente «Historia de las drogas».
Pero este ensayista polémico no ha dejado nunca de buscar el
lado más provocativo de la vida. Lleva 14 años enfrascado en una
ambiciosa trilogía dedicada a estudiar el lado oscuro del comunismo.
Acaba de publicar en España el segundo volumen de «Los enemigos
del comercio. Una historia moral de la propiedad». Nos recibe en su
casa de La Navata una suave tarde de octubre, con un leve horizonte de
perros y Lucas, uno de sus tres gatos. Se les ve saludables a ambos:
«Está por ver quién va a leer más, porque tenemos la misma edad. Él
tiene 14 tacos y yo 72». Nunca deja indiferente. Va por libre. Adalid del
liberalismo, se despacha con perlas como «Las ganas de matar son
mayores en Marx que que Stalin», o «La utopía, además de una
memez, es una inmoralidad».

¿Qué le llevó a enfrascarse en esta ciclópea trilogía «Los enemigos del


comercio»?

Fue elemental ser comunista de joven, cuando empezaban la


dictablanda de Franco, la ETA, las Brigadas Rojas, la Baader Meinhoff,
el FRAP algo después... Luego corrieron los años y me di cuenta de
que había pasado por una etapa donde anduve desorientado sobre el
sentido y el valor de la vida, tanto propia como ajena. Decidí entrar a
fondo en la cuestión cuando compuse «Caos y orden» (1999), y asumí

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el compromiso de demostrar que el orden de grano fino podía sustituir


al de grano grueso que suele presidir las investigaciones. Era el
momento de hacer una historia adaptada a las enormes ventajas de
internet.

¿Por qué una historia moral de la propiedad?

Ética es norma individual, moralidad norma colectiva, reino de las


costumbres. Está especialmente claro en inglés, para describir lo
impersonal y colectivo de nuestros valores y actos. La distinción sirve
también para separar moral de moralina, que es el campo de las
prohibiciones innecesarias y por eso mismo contraproducentes (como
desterrar el librepensamiento, el cultivo de la magia, la idiosincrasia
sexual, el menú farmacológico oficial). La moralidad no desborda los
diez mandamientos, donde quizá solo sobra el de no fornicar, porque
amar a Dios sobre todas las cosas bien puede traducirse por el
kantiano sapere aude: «atrévete a saber», equiparando Dios y
conocimiento.

¿Qué queda de la proclama proudhoniana de «la propiedad es un


robo»?

Curiosamente, Prouhon defendió siempre la propiedad


privadaCuriosamente, Prouhon defendió siempre la propiedad
privada. Empezó así aquel libro para provocar al bienpensante e
ironizar a costa de aquello que más detestaba: el victimismo de los
primeros cristianos. Quienes realmente empiezan a considerar que la
propiedad es un robo y el comercio su instrumento fueron los esenios,
una secta de ebionim («hombres pobres») entre cuyos fieles más
destacados estuvo Juan Bautista. Su primo hermano Jesús resultó
incorporado a ella a través del bautismo precisamente.

Este segundo volumen se abre con una hermosa cita de Hegel, que
habla de un ciego que recobra la vista, la claridad deslumbrante, y
cómo con la llegada de la noche el sol externo ha ayudado a crear un
sol interno. ¿En qué medida Hegel sigue agitando el pensamiento
europeo aunque no se lea?

Es el gran filósofo realista, que por una serie de circunstancias


extrañas a su pensamiento -la densidad de su estilo, la radical escasez
de lectores efectivos, y el sesgo de Marx- pasa por idealista. Dedico un
capítulo a intentar demostrar es el filósofo de la finitud y la muerte, lo
más real, y también el único maestro multidisciplinar comparable con
Aristóteles, así como el primer cristiano que no comulga ya con
fantasías como la resurrección de la carne.

¿Es la izquierda la hija de malas lecturas de Hegel y Marx?

El fruto de ignorar a Hegel, y suponer que la dialéctica amo-siervo


caduca desterrando el derecho de propiedad. [Se ríe]

Dice al inicio del libro que median cinco años entre el primer volumen
y este, y que el tiempo le ha hecho matizar algunos conceptos. ¿En qué
ha habido mesura y reconsideraciones?

Un cuadro sin terminar es como una percepción desenfocada. Nuevos


flujos información no solo precisan los perfiles de las cosas, pues si
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seguimos con esa metáfora la nitidez descubre, por ejemplo, que


aquella figura del fondo a la derecha no era un gato sino un oso
hormiguero. La experiencia me convence de que basta estudiar para
que las brumas retrocedan. Careciendo de inspiración alguna, este
libro la suple con un trabajo sostenido durante 14 años, sin fines de
semana ni otra vacación que estar un rato con los seres queridos, algo
de ejercicio sano y jugar online al ajedrez.

Habla de la fábula del Nuevo Testamento como campeón del


abolicionismo. ¿No están aquí exégetas como San Pablo enmendándole
la plana a Jesucristo, matizando sus proclamas más incómodas para el
poder?

San Pablo le dice al esclavo que el hecho de serlo le acerca al favor


divino y al cielo, mientras de paso le manda cumplir las órdenes del
amo «de corazón». El cristianismo fue el apoyo providencial para la
sociedad esclavista, y falsificamos toda la historia antigua olvidando
no solo esto, sino que dicha sociedad era entonces una creación
reciente, impulsada por tres culturas concretas (asirios, espartanos y
romanos). Solón y Hesiodo advierten que una sociedad donde el
trabajo no sea remunerado será siempre ruinosa, y la manifestación
más clara de que la cultura antigua ni conoce ni admite esclavos en
sentido romano es el edicto de Ciro el Grande en el siglo V a. C., que
los prohíbe en todo su Imperio. Sin el mensaje cristiano de
resignación, añadido al dogma de que todo poder terrenal viene de
Dios, el Imperio romano habría colapsado mucho antes, y jamás el
mercado de abastos habría sido sustituido indefinidamente por el de
«herramientas humanas» (Aristóteles), como ocurrió hasta la
revolución comercial del siglo XII. La letra de cambio, la contabilidad
por partida doble y el derecho mercantil coincidieron con la
posibilidad amurallar los burgos, y solo desde ese momento fue posible
vivir de la maestría profesional, de la tenacidad y la honradez. Lo
previo había sido un mundo reducido a guerreros y clérigos, donde ni
siquiera hay medios para procurar techo, comida y alimento al esclavo,
que se transforma por eso en siervo de gleba, obligado a regalar tres
días de la semana a lo que mande su amo.

¿Por qué le gusta tanto el siglo XIX?

No hay grandes guerras, y queda claro que la población puede


cuadruplicarse sin perder capacidad adquisitiva. La enorme masacre
acontece en el siglo XX, y también en siglos precedentes, sobre todo en
el Renacimiento. El XIX es un siglo inventivo, matriz de todas las
creaciones que ahora florecen. El hombre empieza a aceptar que gran
parte de su principales obras –el derecho, el proyecto científico, la
sintaxis, el dinero, el mercado, el civismo- no son cosas controlables
por decreto, sino cristalizaciones de una inteligencia objetiva que
trasciende la voluntad de cualquiera. Son obras nuestras pero no fruto
de designio subjetivo. Manan de la cooperación en buena medida
inconsciente de infinitos individuos a lo largo de espacios muy largos
de tiempo. Esa cura de humildad deslinda al sabio del voluntarista.

Una corriente muy seductora de los historiadores se abraza a los ciclos,


y dicen que se abrazan así a la realidad. ¿En qué medida esa historia
cíclica es una falsificación y en qué medida su historia se ciñe a la
realidad?

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La teoría del devenir cíclico, formulada por Ibn Jaldún en 1377, es una
variante del eterno retorno. En cierto momento un pequeño grupo
logra lo que llama «cohesión tribal» (asabiya), crece hasta crear un
Imperio y luego se desintegra. A continuación la asabiya migra a otras
latitudes, donde vuelve a desplegarse como un organismo que florece y
acaba pudriéndose. Jaldún es un genio admirable, a cuya estela se
acogieron desde Vico y Gibbon hasta Spengler, Toynbee y Spengler, o
últimamente Paul Kennedy, pero su núcleo es ajeno a la dinámica
evolución-involución. ¿Avanzamos, retrocedemos? Lo imposible es
quedarnos en algún sitio. Gibbon dedica seis colosales volúmenes a la
decadencia y caída del imperio romano, espléndidos por erudición y
prosa, si bien atribuye la caída a haber asimilado el cristianismo, y con
esa frivolidad a lo Voltaire omite que sin el cesaropapismo se hubiera
desintegrado mucho antes. Que los historiadores ulteriores se
conformasen con tal simpleza apunta a lo cómodo del esquema cíclico,
que reduce el devenir a sucesivas norias. La historia evolutiva, que
nace con Hume, pasa del círculo a la espiral. Puede correlacionar tanto
la tendencia ascendente como la descendente de cada civilización sin
paralizarse en esa obviedad, como cuando descubrimos que los ciclos
económicos componen también ondas o superciclos. Hegel comienza
sus lecciones sobre filosofía de la historia recordando: El mundo
asiático piensa que solo uno es libre, el grecorromano que algunos son
libres, y el germánico que todos son libres. He ahí otra ventana a la
evolución.

¿Marx está sobrevalorado como economista e infravalorado como


escritor, en una suerte de simetría con Freud y el psicoanálisis?

A mi juicio solo destaca como primer historiador del pensamiento


económico, y por afirmar que el capitalismo no puede ser eterno, si
bien su teoría económica es –en palabras de Schumpeter- «un sistema
esencialmente equivocado, incapaz de no violentar los hechos». Como
escritor nunca publicó nada que no estuviese editado por su familia,
por Engels o por Kautsky. Sus manuscritos combinan unos pocos
asertos con invectivas y sarcasmos, mientras el hilo se pierde cada
pocas líneas. Ordenar esos materiales fue siempre obra de otros.

Sin Engels Marx no hubiera sido Marx¿Es decir que sin Engels Marx
no hubiera sido Marx?

Absolutamente. Este volumen aborda dicho asunto con gran lujo de


detalle.

¿En qué se equivocan los que siguen sirviéndose de Marx para analizar
el capitalismo y nuestra época?

(Se ríe). El concepto nuclear de Marx -la plusvalía o plusvalor- se


acuña para explicar los precios, pero fracasa estrepitosamente. De
hecho, esa acepción de la plusvalía es un malentendido, cuya fuente es
la lectura de Ricardo hecha por Robert Owen, un lego total en teoría
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económica. Owen tomó de los Principles la hipótesis de que los precios
podían calcularse “también“ por las horas empleadas en hacer tal o Cultura ABC
cual cosa, y al comprobar que no era así –por ejemplo, una patente
inventada en minutos o segundos valía tanto como cien mil horas de 1 Así es la letra del
himno de España de
trabajo no especializado- dedujo que el operario estaba siendo objeto Marta Sánchez
de estafa. Su surplus value no deriva de identificar un factor concreto
en un proceso concreto, sino de que decidió calcular los precios por
2 Marta Sánchez
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unidad de tiempo, y como eso no funciona la irrealidad resultante se emociona en el


salva con una segunda irrealidad: que la diferencia entre coste de Teatro de la
Zarzuela al cantar
producción y precio es la medida del hurto consumado a costa del el himno de
trabajador. Pero antes decidió no incluir en los costes de producción al España... con su
propio empresario, y devolver los créditos pedidos para poner en propia letra

marcha el negocio, como si las empresas surgiesen y se mantuviesen 3 Ramoncín, sobre el


sin ambos elementos. Algo idéntico al plusvalor marxista introdujo el himno de Marta
Sánchez: «Ha
éter en la cosmología de Newton, y el flogiston en la química de Boyle. evidenciado un
En los tres casos la construcción se desploma sin añadirle una entidad conflicto sin
solución»
imaginaria.
4 Valerie Solanas, la
Es un malentendido que ha generado toneladas de palabras y mujer que quería
«cortar en pedazos
acontecimientos inauditos... a los hombres»

5 Penélope Cruz ataca


El más asombroso del siglo XIX y parte del XX, hasta que se el machismo de los
desvaneció con la fe en una economía política planificada. Estuve como cuentos infantiles:
«Que le jodan a
un año estudiando incompartidamente a Ricardo y a James Mill, su Cenicienta»
colega, junto con Owen y la sección correspondiente de El Capital, para
poder hacer esta afirmación en términos categóricos, y el libro va Publicidad

detallando paso a paso la construcción de ese equívoco.

Dice que ni el operario rural ni el urbano muestran menos apego por la


propiedad que otros estratos sociales y que solo cerrando los ojos al
pasado y al presente se puede pensar que el comunismo es un
movimiento cebado por la fuente de ingresos. Pese a la tragedia del
comunismo realmente existente, o realmente aplicado, ¿por qué sigue
atrayendo a muchos seres humanos?

Los últimos serán los primeros seduce intemporalmentePorque «los


últimos serán los primeros» seduce intemporalmente. Dicha operación
no puede ser más arbitraria, ni exigir tampoco un uso más sistemático
de la violencia, pero reúne a todos cuantos están disconformes, unos
con el éxito ajeno y otros con el estado de ánimo propio. «Benditos
sean los pobres de espíritu, los humildes y los afligidos», como
anuncia el Sermón de la Montaña, podía en principio limitarse a una
consolación del desfavorecido. Pero dos milenios de historia occidental
demuestran que propende a lo dicho ya por el primer apologeta
evangélico, el romano Quinto Tertuliano: «¡Qué placer sentiré viendo a
Platón, Euclides, Aristóteles, Sófocles y otros ricos de espíritu
tostándose eternamente en las llamas del infierno!». Ese ánimo da
para los siglos de los siglos.

¿Entonces una de las claves del comunismo es el resentimiento...?

Está usted empezando a adelantar las conclusiones del tercer volumen.


Dejémoslo ahí, porque el resentimiento no agota en modo alguno sus
fuentes de reproducción.

¿En qué medida se equivocan quienes aseguran que la idea del


comunismo es buena, que su aplicación es lo que se ha hecho mal?
¿Está el totalitarismo en Marx y Lenin antes que en Stalin o Mao, los
grandes aplicadores?

Las ganas de matar son mayores en Marx y Lenin que en StalinLa


misantropía –o si prefiere- las ganas de matar son mayores en Marx y
Lenin que en Stalin. Alguien podría asombrarse, pero el tomo III
demostrará con todos los pormenores debidos que Stalin mata para
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protegerse de su personal delirio persecutorio. Marx y Lenin quieren


matar al rico como Hitler al judío, atendiendo al mismo plan
eugenésico. Ya la Epístola de Santiago había advertido a los prósperos:
«Habéis engordado para el día de la matanza».

¿Mostraron los padres fundadores de la democracia americana un más


exacto conocimiento del alma y la condición humana a la hora de
poner contrapesos al poder, a la hora de fundar un nuevo sistema
político?

No padecieron la arrogancia de pensar que todo es solucionable


silenciando al disidente. Compare a Franklin y Jefferson con Marat y
Robespierre, dos neuróticos guiados por la auto-importancia, que
obran como matasanos del resto.

Y sin embargo en su libro se encarga de recordar que los ejemplos más


perdurables de colectivismo se dieron en Estados Unidos, no en la
URSS o en otros continentes?

El júbilo del historiador parte de descubrir cosas ignoradas, y de ir


desconfirmando errores propios. Que la realidad te vaya guiando, en
vez de ir tú ahormándola a prejuicios. Quedé atónito viendo que en el
panteón fundacional del capitalismo norteamericano hay varias sectas
comunistas que no lo eran en Europa, pero recurrieron a la comunidad
patrimonial para sobrevivir, y persistieron tan próspera como
duraderamente. Los rappitas, por ejemplo, sufragaron el primer
tendido de ferrocarril, entre Pittsburg el lago Eire, y los amanitas son
el origen de Whirlpool, la gigantesca multinacional de refrigeradores
que inventó también el microondas. Todas ellas fueron Iglesias
inconformistas (dissenter), y coincidieron en América con numerosos
experimentos comunistas laicos, hasta el punto de ser los rappitas
quienes venden su ciudad Armonía a Owen para que funde Nueva
Armonía, en 1825. Owen regalará a un millar de colonos la maquinaria
más moderna, a pesar de lo cual su proyecto perece en menos de dos
años por rencillas, pereza e incompetencia. Idéntico fin padeció Icaria,
el experimento del comunista Cabet, cuyos miembros acabaron
queriendo matarse de hambre unos a otros, y algo menos
truculentamente sucumbió Brook Farm, la llamada Granja de los
Intelectuales. En definitiva, seis sectas religiosas salen adelante con un
comunismo instrumental, y fracasan un centenar de proyectos laicos
donde el comunismo es el fin substancial, un resultado tanto más
doloroso cuanto que Owen, Cabet y sus émulos fundan sus respectivas
comunas para «enseñar al mundo su recto camino». Pude empezar a
informarme sobre ello gracias a la monografía Charles Nordhoff, un
contemporáneo suyo, que al estar editada por Galaxia Gutenberg con
una letra malísima aceleró mi operación de cataratas.

¿De modo que casi le cuesta la vista este libro...?

Le daría con gusto un ojo al dato, porque me abrió el entendimiento a


la experiencia vivida por unos y otros, que apenas nadie conoce, y
habla por sí misma.

Contrapone a Montesquieu y a los ilustrados ingleses, «tan sensibles a


los resortes inconscientes e impersonales del progreso», a Rousseau y
buena parte de los ilustrados franceses que confundieron el
cristianismo con la fuente del atraso, cuando a su juicio «el legado
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básico de esta religión es dividir el poder coactivo en una esfera


espiritual y otra material, creando con ello una fisura permanente en el
monolito despótico».

Hegel y Saint-Simon me parecen los faros iniciales del XIXNo a mi


juicio sino al de Saint-Simon. Hegel y él me parecen los faros iniciales
del XIX, si bien Saint-Simon mediante intuiciones visionarias y Hegel
completando el cuadro con una recapacitación sobre lo ya acontecido.

Decía esto al hilo de que la simpleza y la banalidad de la crítica se


extiende hasta nuestros días. ¿Vivimos entre indocumentados, me
temo?

Internet es lo que Aristóteles llamaba intelecto agente (nous


poietikós), y está al alcance de un simple click en el ratón, pero de
buenas a primeras ese tesoro no reanima la vocación de saber ni en los
viejos –a quienes coge muchas veces tarde- ni en los jóvenes, que
fascinados por la revolución en el manejo y traslado de paquetes
audiovisuales lo reciben con algo parecido al aturdimiento. Como el
destino de todo lo inmediato es ir siendo abolido, ese depósito infinito
de información que nadie puede decapitar bien podría compararse al
descubrimiento de la rueda, e incluso a la conquista del fuego. No
hemos descubierto ningún punto de apoyo comparable para que el ser
humano vaya confiando cada vez más en la inteligencia verificable, y
cada vez menos en el porque me da la gana.

¿Qué impresiones y deducciones le suscita el nuevo Papa, que se


nombra Francisco y obispo de Roma?

Ya era hora de que llegase un pontífice expresamente fiel al santo de


Asís, que recobró el ideal del pobrismo evangélico cuando la Iglesia se
dejaba tentar tanto por los bienes terrenales. Jesús expulsó por dos
veces a los mercaderes del templo, y veremos hasta dónde está
dispuesto a llegar este simpático Papa. Su país sigue teniendo como
referente político y moral supremo a Juan Perón, un don nadie
ascendido al rango de primer magistrado en 1946, si la memoria no me
falla.

¿Es el falangismo latinoamericano?

Argentina, cuna también del incomparable Borges, surgió de cobrar un


peaje a la plata que bajaba de la montaña boliviana –ya desaparecida-
de Potosí. Atendiendo a la proporción de recursos y habitantes debería
ser el país más rico del planeta, a gran distancia del siguiente.

Dice que «de haber concebido durante tanto tiempo el trabajo como
maldición y vileza pervive el error funesto por excelencia, que es seguir
encomendando el gobierno a quien no demostró ni la humildad ni la
pericia exigidas para aprender algún oficio útil». ¿Por eso son tan
ineptos tantos dirigentes nuestros?

Otrora el poder político pertenecía a quienes detentaban ya el de


hecho, y gobernar les imponía desatender sus negocios, perdiendo
dinero. Hoy hay en España dos castas de ámbito nacional formadas
por cientos de miles de personas, y una decena de castas regionales no
despreciables tampoco en número, cuya única vía de acceso a un nivel
de vida alto o muy alto parte de meterse en política, pues
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profesionalmente no pasarían de conserje en la mayoría de los casos.
La consecuencia solo puede ser un endeudamiento ruinoso, lo mismo
aquí que en Portugal o Grecia. Controlar, y finalmente reducir ese
segmento a personas honradas y competentes, es la tarea fundamental.
Internet habilita mecanismos de democracia directa, pero su condición
es un nivel de civismo quizá no alcanzado, pues podrían prosperar
todavía referéndums dirigidos a no pagar impuestos, volver a una
moneda devaluable y sandeces parejas. Sea como fuere, que gobernar
se haya convertido en el mejor negocio para gente incapaz siquiera de
hablar inglés, y que exista una clase política despreciada por la
ciudadanía, es el peaje pagado por pasar a un Estado democrático. Si
las cosas evolucionan como en otros países de tradición democrática,
también aquí el listillo verá recortados sus privilegios, aunque no antes
de que cada uno deje de seguir vendiendo o comprando en B, mientras
exige que el resto lo haga en A. La primera casa a limpiar es la nuestra
propia.

¿En qué medida la desaparición o (en término penoso) precarización


del trabajo en España explica la falta de energía e ideas de los
«partidos de los trabajadores» o de los sindicatos, o, en otras palabras,
nos encontramos en una nueva proletarización que podría ser germen
de un movimiento revolucionario?

Si no mejoran las cosas tampoco puede descartarse una regresión al


Frente PopularSi no mejoran las cosas tampoco puede descartarse una
regresión al Frente Popular, porque este país es el peor avenido de
Europa, que en un siglo atravesó cuatro guerras civiles (la así llamada
y las tres carlistas), un modelo de cainismo solo igualado por Rusia.
Para acabar de arreglarlo está la supervivencia del trabajo como
maldición, heredada directamente de la sociedad esclavista. Así como
para el cristianismo reformado trabajar es rezar, para latinos y eslavos
trabajar es embrutecerse. No hay mejor empleo del tiempo libre que
trabajar, pero para acceder a esa alegría permanente es preciso que
cada cual se busque y rebusque, hasta encontrar una actividad donde
pueda pasar de aprendiz a maestro, pues el experto resulta demandado
siempre. Eso se llama call en inglés, Beruf en alemán y vocación en
castellano, y quien no disponga de tal cosa ya puede afanarse en
hallarla. En otro caso irá pidiendo sin saber corresponder con un
servicio útil a los infinitos terceros de quienes dependemos a cada
momento para sobrevivir, y se enajenará tanto el respeto del prójimo
como finalmente un simple lugar al sol.

Porque vocación es para muchos un término que parece reaccionario, o


del siglo XVII...

Es sociología elemental. Nada más ridículo que pensar como un


romano dueño de muchos esclavos, cuando por fortuna aquél mundo
dejó de existir. Esa moralidad sigue reclutando adeptos por
paradójicos caminos –como prohibir el trabajo por cuenta propia, al
modo bolchevique-, pero todos ellos dependen de olvidar lo que sabe el
refrán: de donde no hay no se saca.

En su libro dice que la pobreza no es semilla de revoluciones.

Ese fue otro de los hallazgos imprevistos, como el de las sectas


comunistas americanas. En el único momento boyante de Roma brota
y prospera el comunismo evangélico. Cuando llega la revolución
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comercial europea estallan las guerras campesinas alemanas y el


comunismo husita. La revolución industrial dispara directamente el
comunismo llamado científico. Mientras persiste el binomio miseria-
despoblación, como en el Bajo Imperio y la alta Edad Media, no hay
rastro de igualitarismo militante, y hace falta esperar a una bonanza
económica para que resuene de nuevo el programa expropiador. Se
diría que cada avance en el desahogo se ve seguido por algo análogo a
un vértigo ante la libertad, que exige las seguridades de mantener a
cada cual su sitio previo, sin resquicio para la movilidad social. Pero
esa constatación es el tipo de dato que solo llega a posteriori. Entiendo
que ciencia y a priori son poco compatibles, por más que muchos solo
consideren científico al capaz de adivinar el futuro con exactitud. Se
piensa, por ejemplo, que el clima es predecible. Pero no lo es, como
MUSEO ABC
prueba entre otras cosas el llamado efecto mariposa, sencillamente
El juego del escondite, en el
porque el estado de la atmósfera es un fenómeno autoproducido
universo artístico de Page Tsou
instante a instante, donde la ilusión determinista no tiene otro apoyo
El taiwanés exhibe por primera vez su obra en
que la observación trasmitida por muchos satélites. Las cosas se hacen España
a sí mismas cuando en vez de ser meros símbolos constituyen objetos
reales, y en el terreno de lo vivido la máxima arrogancia es el
historicismo, obstinado en atribuirle leyes al acontecer. A esa razón
legislativa opongo la razón observante o descriptiva, única fuente de
luz para juzgar el presente y sondear el futuro.

¿Pero por qué ocurre precisamente eso? ¿Hay un crecimiento, un


desarrollo y surge una mala conciencia, una conciencia que hace que
surjan ideas críticas?

Al crecer la prosperidad crece la autonomía, y la novedad refuerza el


espíritu conservador como antídoto para la incertidumbre,
despertando un afán de certezas absolutas qu el caldo de cultivo
recurrente para soluciones mesiánicas. Emergen salvadores
providenciales del pueblo que venden seguridad a cambio de
obediencia, alegando que la libertad ni se come ni se bebe. Con todo,
basta enajenar las libertades para que la inseguridad se torne ubicua.

¿Qué le pareció el 15-M, qué le sobraba y qué le faltaba?

Pues no sé. Quizá le sobraba inmediatez, e ingenuidad. Pero no estuve


en la Puerta del Sol ni hablé con sus adalides. Siempre pensé que lo
oportuno para hablar de economía es estudiar economía, y que todos
los hechos sociales se explican por hechos sociales previos. Me parece
que la utopía –recuerde: u-topos, «no lugar», como dice Tomás Moro
de su isla- constituye la pretensión de pontificar sobre todas partes
desde ninguna, por lo cual es además de una memez una inmoralidad.
La inmoralidad le viene de cultivar lo imposible, saboteando los
recursos siempre limitados de cada aquí y ahora para salir adelante,
pues solo el realismo defiende de la intemperie ambiental.

Ha dicho recientemente que su vida ha sido la conjugación del verbo


estudiar (aunque tal vez convendría añadir la del vivir y experimentar).
En su libro habla de la universidad alemana en tiempos de Hegel, de
una «burocracia lo bastante bien organizada como para suscitar
entusiasmo por el estudio». ¿Podríamos reproducir aquí o España no
tiene remedio?

Mi caso es curioso. Muy poco antes de jubilarme firmé la primera (y


última) oposición a cátedras, obteniendo siete ceros en el ejercicio de
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currículo, a despecho de superar por siete el de mis siete jueces, y


tener reconocidos más sexenios de investigación que ninguno. Luego
pedí seguir trabajando como emérito, pero no lo consideró oportuno
mi departamento. Solo logré leer la tesis doctoral yendo con un
notario, porque el presidente y dos colegas detestaban a Hegel –«ese
protestante antiespañol»- y con su ausencia impidieron por dos veces
el quorum. Cuando el notario iba a levantar acta de que el presidente
estaba en el decanato se dignó aparecer, y en un abrir de ojos me hice
doctor. En 1983, cuando unos cuatro mil adjuntos se convirtieron en
titulares, solo dos aspirantes resultaron suspendidos, uno de ellos yo
mismo, por más que ya entonces tuviese varios libros y muchos
artículos publicados. Acuérdese de que Julián Marías ni siquiera pudo
leer su tesis doctoral. En este país la pasión por el estudio es casi tan
peligrosa como no pertenecer a alguna capilla.

Critica acerbamente lo que califica de sentimentalismo folletinesco en


algunas obras de Víctor Hugo (como «Los miserables») o Charles
Dickens y su retrato de la vida de los mineros británicos del siglo XIX.
¿Se ha forjado en esas poderosas fuentes literarias buena parte del
imaginario anticapitalista? ¿Acaso no hay ejemplos contemporáneos
de la explotación?

Dickens obtuvo réditos mercantiles con su amarillismoEl protagonista


de «Los miserables», por ejemplo, es condenado a cadena perpetua en
galeras por robar una barra de pan, aunque el hurto famélico estaba
reconocido entonces como eximente por el código penal francés.
Dickens obtuvo todavía más réditos mercantiles con su amarillismo.
Mi libro examina de cerca el nacimiento de New Lanark, que fue la
primera fábrica del mundo con varios miles de obreros, y
aproximadamente una quinta parte de niños entre los 12 y los 16 años.
La dirigía entonces el ya mencionado Robert Owen, un filántropo que
años después se arruinó con su desastrosa comuna en Norteamérica.
Vale la pena recordar que nunca se opuso al trabajo infantil mientras
su jornada no superase las seis horas ni implicara un desgaste físico
impropio de la edad, sencillamente porque para aquella Inglaterra era
el mal menor. Owen y Dale, el fundador, organizaron escaletas de
trabajo para mantener unidas a las familias, donde los niños hacían
unas funciones, las mujeres otras, y los hombres otras, pero se
mantenían juntos y evitaban así la falta de guarderías y escuelas
gratuitas, que precisamente empezaron a establecerse dentro de
aquellas primeras factorías gigantescas. Gracias a la capitalización
resultante el país pudo permitirse poco a poco prescindir del trabajo
infantil, pero es absurdo amplificar el mal menor creyendo que todo se
soluciona a golpes de decreto. Unicef aclaró recientemente que en
Bangladesh el efecto de que Norteamérica se niegue a aceptar
productos donde intervengan menores de 16 años ha convertido en
prostitutas, delincuentes y picapedreros a decenas de miles de jóvenes,
empleados antes en la industria textil. El maximalismo logra a veces
que el tiro salga por la culata, sobre todo cuando maldice la utilidad y
la rentabilidad.

Entre nuestros más sensibles espíritus contemporáneos se critican los


abusos del capitalismo indio y sobre todo chino. ¿Se olvidan los
críticos de cuánta gente ha dejado de pasar hambre en esos países
como algo que no merece crédito?

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20/2/2018 Antonio Escohotado: «La utopía, además de una memez, es una inmoralidad»

Apenas empiezo a estudiar la experiencia de Kerala, el único estado


comunista de la India, y sobre todo la historia reciente de China.
Carezco de información suficiente para opinar, pero parece que la
capacidad adquisitiva en ambos países ha crecido de forma
espectacular.

¿Por qué prendió con tanta fuerza el anarquismo revolucionario en la


España del XIX y del XX?

El alma eslava y la latina comulgan en pasión por reconstruir desde


ceroQuizá porque el alma eslava y la latina, según Bakunin, comulgan
en pasión por reconstruir desde cero. El libro dedica dos capítulos al
anarquismo y el comunismo en clave ibérica, y otros dos al mismo
asunto en clave eslava. Lo cierto es que no faltan curiosos
paralelismos.

¿Cuál es el genio del capitalismo que le ha hecho durar tanto?


¿Conocimiento profundo de la verdadera, irredimible, naturaleza
humana?

Quizá eso. Quizá ser inseparable de la iniciativa. Decía Hayek que si un


pueblo no tiene iniciativa habrá que enseñársela, o sucumbirá. El
capitalismo premia al mismo tiempo la suerte y el mérito,
complaciendo así al gran caníbal del planeta que es la propia vida,
forzada permanentemente a devorarse. Si pudiera extraer su energía
de piedras –como quizá logre la fusión nuclear- estaríamos hablando
del ser concebido por Parménides. Pero no, estamos hablando aún del
devenir expuesto por Heráclito.

Gracias al libro «Historia de las drogas» ha sido fuente de inspiración


de muchos anarquistas en España, o de muchos libertarios. ¿Cómo
encajan estas investigaciones suyas en el lado oscuro del comunismo?

La historia del comunismo es un tema todavía más tabú que la historia


de las drogasEmpiezo a comprobar que la historia del comunismo es
un tema todavía más tabú que la historia de las drogas. No descarto
algún nuevo acoso, viendo que 197 comentarios de «Público» al primer
volumen –mucho menos inquietante que el segundo- tienen en común
desearme una estancia en el gulag o «14 horas diarias en un andamio»,
y el único comentario positivo apareció «oculto por la valoración de los
lectores».

¿Supongo que les desconcierta?

Algunos no comprendieron en su día que quien considera la libertad


como justicia debe preferir la economía de mercado a la planificada, y
ser partidario de derogar la arbitraria prohibición que reina en materia
farmacológica, por ejemplo. Esas conclusiones se siguen como el dos
del uno, pues no podemos declararnos humanistas y civilizados sin
defender la autonomía y dignidad del prójimo. Intenté reunir
epistemológicamente esos hilos dispersos en «Caos y orden» (1999),
proponiendo un tránsito del grano grueso determinista al grano fino
impuesto por la naturaleza en general, que pase de las profecías a la
observación. En otras palabras, renunciar a las arrogancias del
racionalismo sin abonar las arrogancias del irracionalismo. Unos
rompen cosas en nombre de la razón, otros en nombre de la sinrazón.
¡Vaya espanto!
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20/2/2018 Antonio Escohotado: «La utopía, además de una memez, es una inmoralidad»

Que el camino del infierno esté empedrado de buenas intenciones. ¿Es


uno de los grandes males de la izquierda, y no solo hispana?

La derecha desapareció en gran medida después de la Segunda Guerra


Mundial, convertida en centro, pero la izquierda necesita pensar que
crece sin pausa para mantener su propia imagen, que al ser una
entidad de naturaleza polar solo se sostiene en el trance de sentirse
perseguida por un adversario. Los adjetivos son todos polares, como
alto, frío, bueno, grande, etcétera, mientras los sustantivos reposan
todos sobre sí mismos. No hay por eso un no-caballo, aunque la inercia
de aquello que Marat llamaba la agresión defensiva, y la concepción
maniquea del mundo, hizo que Marx opusiese el hombre auténtico al
inauténtico o individual, como si la guerra de clases pudiera o debiera
trasladarse al centro del yo. No he conocido a un solo comunista
español que deseara vivir en la URSS o sus satélites, y observe que lo
mismo debe decirse de Adorno, Marcuse, Horkheimer, Sartre o
Althusser.

¿Y qué le parece esa extraña alianza entre la izquierda o


seudoizquierda y el nacionalismo?

Los enemigos del comercio y los enemigos del libre examen están
llamados a entenderseTodos los focos de resentimiento definen un
campo magnético, y no ha mencionado al tercero en cuestión: el
integrismo islámico. Los enemigos del comercio y los enemigos del
libre examen están llamados a entenderse, como anuncia el abrazo de
Amadineyad y Chávez. Solo faltan el señor Jonqueras, Sabino Arana y
el subcomandante Marcos para prestar algo más de colorido al cuadro
de la demagogia victimista.

¿Qué ha aprendido de los liberales y por qué esa especie ha tenido tan
mal asiento en España? ¿Por culpa del cristianismo, la historia, la
expulsión de los judíos?

Quizá mi trabajo empezó a molestar porque no soy antisemita, sino


más bien filosemita, a pesar de que intento estudiar ecuánimemente
las razones de ambas tendencias. El judaísmo puede considerarse una
religión y también una cultura. En este segundo caso es notable
comprobar que un porcentaje tan pequeño de la humanidad haya
podido ejercer una influencia tan grande, pero la cantidad de
individuos destacados remite a una educación de su prole en la
frugalidad y el esfuerzo, finalmente en respetar un orden
meritocrático. Eso les permitió sobrevivir tras sus insensatas guerras
contra Roma, donde por cierto hicieron acto de presencia por primera
vez los zelotes esenios, innegable origen del mártir asesino al estilo Bin
Laden. Israel se bifurca ya de antiguo en una sabiduría representada
por Salomón, Job o Jeremías, y un espíritu profético que Amós, el más
antiguo, resume en su «¡Malditos sean los que disfrutan
tranquilamente!».

¿Cree que Robert Owen ha tenido algún heredero, se podría reconocer


alguno en nuestra época?

Dedico mucha atención a Owen, porque tiene muchas facetas...

Es un tipo fascinante

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20/2/2018 Antonio Escohotado: «La utopía, además de una memez, es una inmoralidad»

Un benefactor de la humanidad, una bella persona y al tiempo un


desequilibrado, que dialogaba por las tardes con Ciro el Grande y
Platón a través de su bola de cristal. Es quizá el único comunista que
cerró sus propios periódicos cuando vio que los directores incitaban a
la revancha y a la venganza. ¿Un Owen moderno...? Quizá lo más
parecido sea Yunus, el banquero de los pobres, si bien Yunus no llegó a
inventar aquello de la vacación nacional que luego se llamó huelga
general, quintaesencia de lo aterrador desde finales del siglo XIX hasta
el primer tercio del XX.

¿En este tomo no menciona a Kolakowski, no sé si es una figura que va


ABC PLAY
a mencionar en el tercero y último?
El autista obsesionado con la
muerte que traumatizó a
Mi primera traducción fue un libro suyo, publicado por Editora Hollywood
Nacional, fíjese qué casualidad, hacia 1962. Desde entonces le perdí la
pista, pero no dejaré de consultar su obra para el tomo III.

¿Quién es Antonio Escohotado?

Nunca pensé llegar a tan viejo¡Uoooph, ya me gustaría saberlo! Nunca


pensé llegar a tan viejo, y aunque la euforia sea mi estado habitual de
ánimo no deja de ser inquietante la perspectiva de inevitables
achaques, tras cuarenta años de no consultar al médico. Quizá la vida
sea generosa hasta el final, y me dé una muerte rápida. En otro caso
será preciso tomar medidas, para no empreñar sin necesidad a los
míos [y ríe sarcásticamente su ocurrencia].

ABC SEVILLA

La boda de Disney para la Bella


y la Bestia de Conil
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