Você está na página 1de 4

En Lima se ve un problema muy frecuente que divide y además agravia la brecha social

que se genera gracias a pensamientos de la comunidad. Estos pensamientos idealistas y


de agrupación son los llamados estereotipos que la sociedad posee, tal es la magnitud
con que estos influyen que afloran diversos actos racistas. Estos actos se llevan a cabo
en diferentes espacios públicos pero su acentuación en este ensayo se encuentra en los
lugares públicos. En los siguientes párrafos se defenderá la posición de que estos actos
racistas en los espacios públicos son generados por los diferentes estereotipos y por la
permisión de estos.

La sociedad se encuentra dividida socialmente debido a idealizaciones de agrupación


racial existentes en Lima. Esto se debe a que las autoridades se despreocupan por el
control del respeto a los derechos humanos. Una evidencia de esto es que las diferentes
quejas ante la justicia de referencia racista no son tomadas en cuenta, lo cual genera
molestias en la sociedad. Estas molestias hacen que Lima, como población, afirme que
las autoridades no tienen ningún interés frente a los derechos humanos. “Es lamentable
que el Estado no respete los derechos a pesar de que hay numerosos documentos que los
amparan” (Chirapaq 2007:27).

La despreocupación por parte de las autoridades genera, a su vez, una poca difusión de
los derechos humanos los cuales son indispensables si se quiere llegar a tener una
sociedad en la que el respeto a estos sea lo primordial. No obstante en estos últimos
años la difusión de estos derechos se dio pero a pequeña escala y de manera vaga ya que
no tuvo grandes repercusiones en la sociedad, terminando así como una idea inconclusa
que no hace otra cosa más que alardear.

“Es imperativo que se atiendan estas reivindicaciones que el Perú enfoque sus
propuestas jurídicas, dejando de lado esa visión colonialista que hasta ahora ha venido
dándole la espalda a la tercera parte del país” (Chirapaq 2007: 19). Si bien es cierto en
el Perú existe gran discriminación es irónico saber que la mayoría de habitantes son los
receptores de tal problema.

Otro echo que ocurre en lima es que existe una “exclusividad” definida racialmente en
los lugares públicos, un buen ejemplo son las discotecas. Estos centros públicos tratan
de dirigirse a un tipo A de clientes, en otras palabras lo que hacen es clasificar a estos
para que de esta manera el ambiente se encuentre lleno de personas de características
similares. Esto se debe gracias a los diferentes estereotipos presentes en las personas
que de manera casi mecánica clasifican y dividen a las personas generando así grupos
de personas con similitudes pero dividiendo a la sociedad y agraviando el problema del
racismo.

Para agravar el problema no son pocos los establecimientos que realizan este tipo de
clasificación sino, son tantos que hacen cotidiano este trato proponiendo así un modelo
esperado para ingresar a estos lugares. La excusa que tienen ante estos actos racistas que
no dejan entrar a determinadas personas porque es una fiesta privada, lo cual no es del
todo cierto porque se sabe que esto solo se lo dicen a personas de color.

“Entonces, ¿Cómo explicar la importancia que tienen el tono de piel y los apellidos en
la presentación de la persona en la vida cotidiana? No se trata en efecto de tonos, no
razas, y sirven para definir quién es más y quién es menos, un rasgo fundamental en una
sociedad jerárquica” (Quehacer 2008: 93).

Una característica más de la sociedad limeña es que demuestra la división social que
tiene frente a migrantes andinos y selváticos. La idea “común” que se tiene frente a lo
provinciano se basa en un ideal despectivo ya que se toma a esta persona como inferior
y por ende se excluye de la sociedad generando una brecha imaginaria aceptada por
ambos partícipes del racismo. Es decir el provinciano se identifica como tal y acepta la
idea de ser inferior por la falta de conocimiento de sus derechos, fortaleciendo así los
estereotipos y utopías de personas.

La plata blanquea hasta cierto punto, pero el origen cholea. Es una idea de
Walter Twanama. Yo he visto personas que tienen una fortuna, pero saben que
llegan a un punto y no pueden pasar la barreara. Pueden comprarse el carro que
quieran, pero no van a entrar al Club Nacional, por ejemplo. Pueden comprar la
casa que quieran, pero de pronto en determinada playa no se la van a vender. Y
créeme que es real: en ciertas playas de Asia no se las van a vender. Incluso
algunos saben adónde ir y a donde no. (Quehacer 2008: 99)

“siempre somos víctimas de la exclusión: a los serranos se nos llama <cholos> y a los
hermanos de la Amazonía se los insulta llamándolos <chunchos>” (Chirapaq 2007: 26)

Las personas se auto clasifican debido a diferentes factores físicos, culturales y


económicos. Este otro gran punto de la sociedad se debe en primer lugar a que el nivel
económico en Lima es un factor de clasificación social, ya que la propia comunidad lo
demuestra mediante comentarios donde se define muy bien el nivel económico que tiene
la persona. En una sociedad así es común escuchar hablar de los lujos que tiene una
persona ante su entorno social porque hablar de esto hace que ella obtenga un estatus
económico mayor. El punto por el cual la sociedad hace común esto es porque cree que
mientras mejor economía tenga mejor será su posición social y por ende subirá los
peldaños de una escalera racista. Esto esta tan claro en la sociedad que incluso se puede
observar la zonificación por poder económico, es decir que se establecen de forma
natural distritos o zonas de lima para diferentes posiciones económicas y se asocian a
pensamientos que poco a poco se van haciendo comunes a tal punto de diferenciar una
persona que vie en el distrito de San Isidro y otra que vive en Comas.

En muchos lugares se desprecia a las personas de ropa sencilla, de bajos recursos y en


algunos casos lo hacen por el distrito en donde reside. El problema radica en que gracias
a la facilidad con la que la sociedad crea y admite diferentes ideas o estereotipos que
dividen a la gente, las personas toman los actos discriminatorios de forma natural. En
otras palabras no les afecta tratar a las personas de una manera despectiva porque la
sociedad así lo admite. Un claro ejemplo es el caso de una persona que vive en el
distrito de San Martín de Porres va a un cine o a una discoteca y las personas lo
empiezan a observar como si este tuviese algo llamativo. Otro tema que genera esto es
que para que tus derechos sean respetados o escuchados tienes que tener poder
económico sino tu reclamo quizá no se tome en cuenta.

“Son estos grandes empresarios que han surgido: los Añaños, o Nemecio
Torvisco, que se ha quedado con su búnker en Lima Norte porque le da la gana.
Son la prueba de que para que tus derechos sean respetados tienes que ser
millonario. Esto debe cambiar. Si uno que cumple con los requisitos para
pertenecer al grupo privilegiado dice: <a mí me encantan los tallarines verdes
con papa a la huancaína>, en él va a sonar como una cosa excéntrica. Pero si lo
dice una persona que viene de Lima Norte y que tiene mucho dinero, se va a
decir que es un cholo. En el primer caso es una excentricidad, y en el segundo,
una cholada.” (Quehacer 2008: 99)

En segundo lugar se debe a que el color de piel es asociado a diferentes posiciones


sociales del país, como la sociedad lo ve es que al verte y saber el color de tu piel sabrán
o supondrán en que campo te desenvuelves. Aquello mencionado surge de una utopía de
rol social es decir se toma como ejemplo a una persona blanca de mediana edad
desenvolviéndose en un papel importante ya sea de gerente, jefe, etc. En lima esto es
mucho más común ya que gracias a los modelos europeos tomados como referencia
también se empieza a asociar el lugar de residencia y entorno social. Este tipo de
asociación se lleva a cabo para un fin que es el de discriminar. Por conveniencia todos
estos aspectos se refieren a un tono de piel para poder distinguir tus rasgos de manera
aproximada sin la necesidad de por lo menos entablar una conversación.

Para un fin más específico esto se utiliza muchas veces para elegir a una persona en una
empresa, más allá de la habilidad que tenga se busca que esta sea de rasgos específicos.
Por ejemplo para elegir una secretaria muchas veces se hacen entrevistas personales y
no con el fin de saber su trayectoria como profesional sino, para apreciar si esta persona
cumple con tener los rasgos que la sociedad quiere. Esto se relacionas directamente con
la imagen de la empresa, ya que se debe mantener una imagen de aceptación ante las
personas. Volviendo así al problema de dejarse llevar de una manera inconsciente por
los estereotipos.

Como tercer punto se toma el ámbito cultural que se vuelve indispensable para que una
sociedad, como la limeña, pueda clasificar a las personas. Como se mencionó antes los
estereotipos se crean con tanta fluidez que uno no se da cuenta y uno de los que se toma
mucho en cuenta a la hora de discriminar es este. Uno de los aspectos culturales que se
toman para definir a una persona es la forma de hablar es decir el “dejo”. Como se sabe
en muchos casos en la sociedad como en los centros comerciales o en los hospitales se
dan estos casos de discriminación, ya que al hablar en un tono diferente a los demás se
considera repulsivo y extraño lo cual hace que te excluyan de diferentes actividades o te
traten de una manera distinta a la que se tratan ellos.
Esto arrastra un problema que se transmite de una manera rápida a tal punto de hablar
en forma despectiva de otro tipo de cultura tal es el caso de las personas indígenas o de
algunas costumbres provincianas. Se toma como burla estos casos tildando de “cholos”
a estas personas que si bien es cierto no comparten hábitos son también ciudadanos.
Esto se da gracias a que estas personas discriminadas muchas veces aceptan su roll de
inferioridad lo cual hace más grave el problema. Por ejemplo en muchos lugares
públicos se puede notar como la gente trata de forma despectiva a una persona con
rasgos indígenas o provincianos.

“Muchas veces vemos que se llega a sentir vergüenza y hasta asco por una persona
indígena que se acerca, por ejemplo, a un establecimiento de salud e incluso lo vemos
en el propio congreso de la República, en cuyo recinto son notorias las actitudes racistas
parlamentarias como Martha Hildebrandt contra las congresistas campesinas que han
conseguido un sitial en el parlamento” (Chirapaq 2007: 26). En esta cita se muestra
hasta qué punto llega el nivel de racismo, que se da en la sociedad y puede llegar hasta
los pasajes de nuestro congreso.