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Impacto del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos en la seguridad alimentaria de

los productores de maíz al afectar su producción y comercialización.


Desde tiempos remotos, el maíz ha sido un alimento primordial en la dieta de los habitantes del
territorio colombiano, ha sido uno de los productos principales del sistema productivo nacional, ha
sido objeto de diferentes modificaciones para elaborar múltiples platos autóctonos y ha sido una
fuente de trabajo de muchos campesinos. De esta manera se observa como el maíz tiene una gran
importancia dentro de la economía colombiana, no solo por su papel en esta área, pero también por
su papel social.
Actualmente en Colombia predominan dos sistemas de cultivo el tecnificado y el campesino, este
último predomina en muchas regiones del país y es de vital importancia por su función al generar
empleo, afectando los ingresos de los trabajadores y campesinos y por ende su seguridad alimentaria.
Sin embargo, con la apertura económica implementada en el país desde 1991 cuyo propósito era
aumentar la competitividad del país, ha habido una disminución de la producción de este alimento,
así como un cambio en las zonas de producción del país a causa del cambio de la vocación de los
cultivos. Ahora bien, en el 2012 entró en vigencia el Acuerdo de Promociones Comerciales entre
Estados Unidos y Colombia, también conocido como Tratado de Libre Comercio (TLC) cuyo
objetivo es ampliar los mercados con el fin promover el crecimiento y desarrollo del país mediante
la apertura económica, sin embargo evaluando el impacto de este acuerdo antes y después de su
ejecución se ha observado un impacto negativo en la producción y comercialización Nacional y por
ende en la seguridad alimentaria de sus productores.
Desde que entró en vigencia el TLC las importaciones de maíz amarillo provenientes de EE. UU
aumentaron de 653.798 toneladas en promedio en el periodo (2009-2012) a 1.139.100 toneladas en
el periodo (2012-2014) (Barberi Gómez & Suárez Montoya, 2015), este aumento se debe en parte a
que la contingencia1 de importación negociada se completó al 100 % para el 2014, es decir tan solo
2 años aproximadamente después de haber entrado en vigencia el tratado, EE.UU ya exportaba toda
la capacidad de maíz que le era permitida ( 2.000.000 ton), mientras que las exportaciones de
Colombia fueron apenas de 100 mil ton (FENALCE). Por lo tanto, la participación de los Estados
Unidos en el mercado importador del país ha venido incrementándose hasta convertirse en el único
proveedor externo de maíz blanco, desplazando otros competidores como Brasil(Barberi Gómez &
Suárez Montoya, 2015).
Otro aspecto a tener en cuenta, es que durante las negociaciones solo se tuvieron en cuenta los platos
típicos, como las arepas, los tamales, los envueltos, las empanadas, que son abastecidos con maíz
blanco, sin embargo olvidaron los 1520 derivados industriales del maíz, en los cuales se incluyen los
almidones, los biopolímeros, los jarabes de maíz, el etanol y el filtrado de etanol (Barberi Gómez &
Suárez Montoya, 2015), que afecta las ventas nacionales, de hecho las empresas industriales han
decidido aliarse con el comercio para traer materias primas privadas, afectando una vez más la
producción nacional.
Por otro lado, el gremio de cereales ha denunciado y ha solicitado que haya un mayor control de los
volúmenes de importación, pues estos además de ser altos, hay una entrada de maíz sin pago de
aranceles, debido a que las aduanas de los cuatro principales puertos marítimos al no operar en línea,
benefician el excedente del límite de contingencia establecido, en el lapso en que la Dian demora en
consolidar la información y declarar cumplido el contingente de cero arancel (Domínguez, 2017).

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Además, las importaciones que llegan al país no son de la calidad negociada en un inicio, hay
diferentes grados de maíz de mayor o menos calidad que están tomando una posición arancelaria que
no le corresponde, por lo tanto, estos productos entran al país sin pagar los aranceles que le
corresponden, afectando al productor nacional cuya producción puede tener unos costos más altos.
En consecuencia, los productores nacionales se encuentran en vulnerabilidad, una condición no
solamente impulsada por una mayor entrada de maíz externo, pero también por el abandonó por parte
del Estado en cuanto a políticas y subsidios en pro del agro, así como en la poca inversión en
investigación y desarrollo científico de semillas nacionales, sistemas de producción condiciones
ambientes, y desarrollo tecnológico y de infraestructura. Por citar un caso, en el 2015 el maíz
tecnificado alcanzaba una producción promedio de 5,6 toneladas, valor que se podría aumentar si se
contará con conocimiento y tecnología adecuado, de hecho, los pocos agricultores que cosechan entre
8 a 10 toneladas, lo hacen a costa de un esfuerzo e inversión en genética, sin ayuda del Estado,
Actualmente algunos cultivadores han decidido optar por el uso de transgénicos, lo que incrementa
el costo de los insumos
pues algunas zonas maiceras se han convertido en áreas arroceras y no cuentan con una buena
infraestructura para este tipo de producción como lo es la zona de secamiento y almacenamiento, por
el contrario los molinos quedan obsoletas y en desuso (Barberi Gómez & Suárez Montoya, 2015). El
país tiene un precario desarrollo en el campo de investigación y desarrollo, lo que expone al país a la
dependencia tecnológica de las potencias industriales, el conocimiento es un bien público y es
responsabilidad del Estado impulsarlo.

En Colombia la mayoría de los productores de maíz se clasifican en pequeños productores, es decir


los que están debajo de las 5 hectáreas valor que equivale al 85 %, cultivos que emplean el sistema
tradicional campesino para su desarrollo (Millan Hernandez, 2015). La seguridad alimentaria de los
medianos y pequeños productores, se ve afectada en el sentido de que su fuente de ingresos que es la
producción de maíz no es rentable frente al maíz proveniente de EE. UU, hecho que irá en aumento
si no se mejoran las condiciones, no se abaratan las semillas o no se disminuyen los costos de
producción invertidos en agroquímicos y fertilizantes.
Esto se puede evidenciar en Córdoba, uno de los departamentos con mayor ´área sembrada en algodón
y maíz, en la cual la aperur aeconómica y el libre comercio ha disminuido el área sembrada y el
número de cultivadores pasando de 54 mil hectáreas a 20 mil y de 2000 cultivadores a tan solo 1250
, distribuidos de la siguiente manera de 630 cosecheros de cero a cinco hectáreas , 334 de cinco a diez
ha y 286 con más de 10 ha, de esta amanera se puede observar como a pesar de que predominan las
parcelas pequeñas y familiares. Familias que han pensado en cambiar el tipo de cultivo de su tierra,
sin embargo una decisión que toman con zozobra pues, los otros cultivos o garantizan mejoeres
resuñtados (Barberi Gómez & Suárez Montoya, 2015). Además no solo se ve afectada la seguridad
alimentaria, pero también la soberanpia, pues el entorno ha obligado a los campesionos a cambiar sus
sitemas de producción tradicionales por tcnificados debif¿do a su mayor rentabiñloidad, desde el año
2000 hast el 2013 la producción s de maíz recnificado creio en un 118 % , mientras que el tradicional
cayó un 47 % (Millan Hernandez, 2015).
Otra manera en que se ve afectada la seguridad alimentaria de los trabajadores de este gremio, es a
través de la disminución en la contratación de jornaleros, para disminuir costos, a ellos también se
esta exponiendo a inseguridad alimentaria.
Además a esta situación, no e puede olvidar como la introducción de transgenicso e insumos así como
de los fenómenos naturales que afectan naturalmente a las sequiasagravan aún más la situación
Colombia no ha aprovechado todo su potencial en lo que a derivados del maíz se refieres, tanto para
el mercado pecuario como para la industria.