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Objetivismo axiológico

El objetivismo axiológico tiene antecedentes tan lejanos como los que encontramos en PLATÓN
en su doctrina metafísica de las ideas. Lo bello y lo bueno existen idealmente, COMO
ENTIDADES SUPRÁEMPÍRICAS, INTEMPORALES, INMUTABLES Y ABSOLUTAS QUE
EXISTEN EN SÍ Y POR SÍ, e independientemente de la relación que el hombre pueda mantener
con ellas conociéndolas o intuyéndolas. En nuestro tiempo el objetivismo axiológico se halla
representado por los filósofos idealistas alemanes MAX SCHELER Y NIKOLAI HARTMANN.
Podemos caracterizar esta posición por los siguientes rasgos fundamentales.
a) Los valores constituyen un reino propio, subsistente por sí mismo. Son absolutos,
inmutables e
acondicionados.
b) Los valores se hallan en una relación peculiar con las cosas reales valiosas que llamamos
bienes. En los bienes se encarna determinado valor.
c) Los valores son independientes de los bienes en los que se encarna. Es decir, no
necesitan para existir que se encarnen en las, cosas reales.
d) Los bienes dependen del valor que encarnan. Sólo son valiosos en la medida en que
soportan o
plasman un valor.
e) Los-valores: son inmutables no cambian con el tiempo ni de una sociedad a otra. Los
bienes en que los valores se realizan cambian de una época a otra; son objetos reales, y
como tales, condicionados variables y relativos.
f) Los valores no tienen una existencia real; su modo de existir es ideal.
Todos los rasgos esenciales anteriores pueden sintetizarse en esto: separación radical entre valor
y realidad o independencia de los valores en respecto de los bienes en que se encarnan. Además,
existe la independencia de los valores respecto de todo sujeto.

La objetividad de los valores: ni el objetivismo y el subjetivismo logran explicar


satisfactoriamente el modo de ser de los valores. Estos no se reducen a las vivencias del sujeto
que valora ni existen en sí, como un mundo de objetos independientes cuyo valor se
determine exclusivamente por sus propiedades naturales objetivas. Los valores existen para
un sujeto, entendido éste no en un sentido puramente individual, sino como ser social;
exigen asimismo, un sustrato material, sensible, separado del cual carece de sentido.
Así pues LOS VALORES POSEEN UNA OBJETIVIDAD PECULIAR QUE DISTINGUE DE LA
OBJETIVIDAD MERAMENTE NATURAL O FÍSICA de los objetos quo existen o pueden existir al
margen del hombre, con anterioridad a -o al margen de- la sociedad. La objetividad de los valores
no es, pues, ni de las ideas platónicas (seres Ideales) ni de los objetos físicos (seres reales,
sensibles). ES UNA OBJETIVIDAD PECULIAR -HUMANA, SOCIAL-, QUE NO PUEDE
REDUCIRSE AL ACTO SÍQUICO DE UN SUJETO INDIVIDUAL NI TAMPOCO A LAS
PROPIEDADES NATURALES DE UN OBJETO REAL. Se trata de una objetividad que
trasciende al marco de un individuo o de un grupo social determinado, pero que no rebasa
el ámbito del hombre como ser histórico-social. Los valores en suma, NO EXISTEN EN SÍ Y
POR SÍ AL MARGEN DE LOS OBJETOS REALES, NI TAMPOCO AL MARGEN DE LA
RELACIÓN CON UN SUJETO. Existen, pues, objetivamente, es decir, CON UNA OBJETIVIDAD
SOCIAL. Los valores por ende únicamente se dan en un mundo social; es decir, por y para el
hombre.

La teoría de Meinong (m. 1921) sobre los valores es subjetivista: para él, una cosa
tiene valor cuando nos agrada y en la medida en que nos agrada. Es necesario
partir de la valoración como hecho psíquico; tal hecho es siempre un sentimiento, el
tal lleva a su vez implícito un juicio de existencia. En toda valoración se produce un
estado de placer o de dolor, basado en el juicio existencial. Aunque el valor es
puramente subjetivo, mantiene, no obstante, una referencia al objeto a través del
juicio existencial. Un objeto tiene valor en tanto posee la capacidad de suministrar
una base efectiva a un sentimiento de valor. Posteriormente, hizo menos radical
este subjetivismo: un objeto tiene valor en cuanto un sujeto tiene o debe tener algún
interés por él. Meignon admite por su teoría del objeto ideal la objetividad de algo
irreal, como el valor, que es independiente del sentimiento que un sujeto puede
tener acerca de él.

Para R. Carnap, p. ej., los juicios de valor son disfraces de imperativos o normas.
Entre el juicio de valor «robar es malo» y el imperativo «no robes» sólo hay
diferencia de formulación, mas no de contenido. Pero, por otra parte, la norma o
imperativo no afirma nada, sino que expresa un deseo; por tanto, es inútil agotar
argumentos para probar su verdad o falsedad: tanto el juicio de valor como el
imperativo o norma no son ni verdaderos ni falsos. La Teoría de los valores, como
ciencia, jamás podrá constituirse sobre tan efímera base, pues sus juicios no son
verificables, careciendo así de significado.

Parecida postura mantiene F. Ayer. Para él, un sentimiento puede ser expresado o
afirmado; no es lo mismo afirmar que expresar un sentimiento. Así, la enunciación
de un juicio ético no es afirmación, sino expresión de un sentimiento, lo cual, a su
vez, ni es verdadera ni falsa. El subjetivismo desconoce esta distinción, ya que el
juicio de valor no sería más que la afirmación de la existencia de un sentimiento.
Pero en tal caso el juicio es verdadero o falso: o es cierto o no que el sujeto tiene el
sentimiento que afirma. Decir que una cosa es buena o correcta no equivale a decir
que merece la aprobación general, ya que se aprueban muchas acciones malas o
incorrectas. El hombre que aprueba lo malo no se contradice. Entonces, si un juicio
de valor no implica una proposición o afirmación jamás habrá proposiciones de
valor contradictorias.

En esto coincide con Ayer B. Russell, ya que la cuestión de los valores está fuera
del dominio del conocimiento, siendo además mera expresión de
nuestros sentimientos. La idea de lo bueno y de lo malo está conectada siempre al
deseo (bueno=deseado; malo=evitado). La Ética quiere dar significación universal
a ciertos deseos personales. Ahora bien, decir «esto es bueno» no es lo mismo que
decir «esto es cuadrado». Con el predicado «bueno» se enuncia sólo un deseo;
mientras que con el predicado «cuadrado» se enuncia algo objetivo. Jamás podrá
discutirse sobre la verdad o la falsedad del predicado «bueno». Russell afirma
expresamente que su doctrina es una forma de la subjetividad de los valores. Para
él no es posible encontrar argumentos para probar que algo tenga un valor
intrínseco. No obstante, parece contradecirse en su postura, cuando afirma que
nuestra vida tiene que guiarse por grandes deseos impersonales y .generosos. Pero
esto es ya postular una escala objetiva de valores, de modo que el hombre tiene
que obrar por razón de los más altos jerárquicamente.
http://www.leynatural.es/2016/04/03/los-valores-y-sus-teorias/

http://www.salud.gob.ec/wp-content/uploads/2016/12/5.1-Scheler-Etica-71-78.pdf

Doce cuestiones sobre la antropología de Max Scheller a los 80 años de su muerte dialnet
http://www.mounier.es/cuadernos/Scheler.pdf

Max Scheller afirma que “todo hombre, en el desarrollo de su personalidad, y al mismo


tiempo en el despertar de su conciencia, formula una pregunta radical que da sentido y
movimiento a todo el dinamismo de su acción: ¿Qué debo hacer? ¿Qué es el hombre y cuál
es su puesto en el se?” (Sheller, 1974, pàg 19)
Bibliografía
Cortina, A. (2013). Para qué sirve realmente la ética? . Barcelona: Paidós.
Scheler, M. (1979). Ética material de los valores. España: Editorial Magisterio Español, S.A.

Para Meinong “el valor de una cosa no puede identificarse son el ser deseada o
apetecida”1, puesto que la valoración empieza siempre con la existencia del objeto, y el
apetito cesa con la obtención de esta. Ebrenfels por otra parte, considera que es una “error
afirmar que no reconocemos valor a los inexistente; la riqueza de que carecemos, el valor
que no tenemos tienen valor, y lo tienen porque apetecemos tales cosas”2.

Ortega y Gasset, Introducción a una Estimativa ¿Qué son los Valores?, Ediciones Encuentro, 2004, p. 23.
Ortega y Gasset considera que los valores no se limitan a las cosas deseadas o deseables, por lo cual, analiza
las posturas de Meinong y Ebrenfels sobre qué es el valor, mismos que enmarcan su pensamiento dentro del
subjetivismo axiológico.

1
2
Hobbes reconoce la existencia de leyes éticas naturales, pero que son solo
deseables y que sin la institución de un poder que pueda garantizar su
cumplimiento, carecen de efectividad

“La moral cívica consiste, pues, en unos mínimos compartidos entre ciudadanos que tienen
distintas concepciones de hombre, distintos ideales de vida buena; mínimos que los lleva a
considerar como fecunda su convivencia”

Adela Cortina, Ética Aplicada y Democracia Radical. Madrid, Edit. Tecnos, 2008, p. 196. “Pertenece a la
esencia misma de la moral cívica ser una moral mínima, no identificarse en exclusiva con ninguna de las
propuestas de grupos diversos, constituir la base del pluralismo y no permitir a las morales a las morales que
conviven más proselitismo que el de la participación en diálogos comunes y el del ejemplo personal, de suerte
que aquellas propuestas que resulten convincentes a los ciudadanos sean libremente asumidas, sean asumidas
de un modo autónomo”.

Erich Fromm se refiere al valor subjetivo como “cualquier bien deseado y el deseo es la
medida del valor, y no el valor medida del deseo”, sin embargo aclara que dicho
subjetivismo radical “es por su misma naturaleza incompatible con la idea de que las
normas éticas deben ser universales y aplicables a todos los hombres”