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Casa

de
Velázquez
Violencia y transiciones políticas a finales del siglo XX
 | Sophie Baby,  Olivier Compagnon,  Eduardo González Calleja

Violencia política y
transiciones a la
democracia
Chile y España

Álvaro Soto Carmona


p. 113-127

Resumen
La violencia política estuvo presente en ambas transiciones, aunque
tanto su intensidad como el tipo de violencia fueron muy diferentes.
En Chile desde el plebiscito (octubre de 1988) hasta la toma de
posesión de Patricio Aylwin (marzo de 1990), la dictadura continuó
violando sistemáticamente los derechos humanos, a la vez que
actuaban los grupos armados (MIR, MAPU-Lautaro y FPMR). Con la
llegada de Aylwin a la presidencia disminuyeron drásticamente las
violaciones de derechos humanos, pero continuaron las acciones
terroristas, que comenzaron a declinar tras el asesinato del senador
Jaime Guzmán. A partir de dicho momento, la violencia política fue
residual, mientras que se conocía parte de la «verdad» de lo sucedido
durante la dictadura (Informe Rettig). En España, la violencia
terrorista fue una constante, en especial la del grupo ETA. Los casos
de violencia del Estado fueron escasos y se dirigieron especialmente
contra ETA, pero la escasa preparación de los Cuerpos de Seguridad
para la disuasión fue un obstáculo a la hora de que españoles hiciera
uso de sus derechos democráticos. Por último, a diferencia de Chile,
no hubo ningún intento destacable de conocer lo sucedido durante la
dictadura

La violence politique fut présente dans les deux transitions, bien que
d’une intensité et d’un type bien différents. Au Chili, depuis le
plébiscite (octobre 1988) jusqu’à l’arrivée au pouvoir de Patricio
Aylwin (mars 1990), la dictature a continué de violer
systématiquement les droits de l’homme, tandis qu’agissaient les
groupes armés (MIR, MAPU-Lautaro et FPMR). Avec l’arrivée d’Aylwin
à la présidence, les violations des droits de l’homme diminuèrent
drastiquement, mais les actions terroristes persistèrent, celles-ci ne
commençant à décliner qu’après l’assassinat du sénateur Jaime
Guzmán. Dès lors, la violence politique fut résiduelle, et l’on
commença à découvrir une partie de la «  vérité  » de ce qui s’était
passé pendant la dictature (rapport Rettig). En Espagne, la violence
terroriste fut une constante, en particulier celle de l’ETA. Les cas de
violence d’État furent peu nombreux et étaient dirigés surtout contre
l’ETA, mais la faible préparation des forces de sécurité à la dissuasion
fut un obstacle au moment où les Espagnols commencèrent à exercer
leurs droits démocratiques. Enfin, à la différence du Chili, il n’y eut
aucune tentative notable de mettre au jour ce qui s’était passé sous la
dictature

There was political violence in both transitions, albeit they differed


widely in intensity and kind. In Chile, from the plebiscite (October
1988) until the accession of Patricio Aylwin (March 1990), the
dictatorship continued to commit systematic human rights violations,
while at the same time a number of armed groups were active (MIR,
MAPU-Lautaro and FPMR). When Aylwin acceded to the presidency,
there was a drastic fall in human rights violations; however, acts of
terrorism continued and only began to decline following the
assassination of Senator Jaime Guzmán. From then on the political
violence was residual, while some of the «truth» of what had gone on
during the dictatorship was aired (Rettig Report). In Spain, terrorist
violence was constant, particularly that perpetrated by the group
ETA. Cases of State violence were few and targeted ETA above all;
however, the State Security Forces had little experience in dissuasive
tactics, and that proved to be a handicap when Spanish people
attempted to exercise their democratic rights. And finally, unlike in
Chile, there was no serious attempt to find out what had gone on
during the dictatorship

Texto completo
1 Las transiciones a la democracia son procesos de
naturaleza política que suponen el abandono del régimen
autoritario y del Estado con Derecho y el establecimiento
de un sistema democrático y del Estado de Derecho. En
todas las transiciones políticas conviven elementos
autoritarios y democráticos, y en el transcurso de las
mismas el gobierno autoritario es sustituido por otro
democrático. Se reemplaza un régimen político carente de
legitimidad democrática por otro que se sustenta en esta
última, donde el Estado es el único poseedor legítimo en
el uso de la violencia.
2 Los procesos de transición heredan entre otras cuestiones
las violaciones de los derechos humanos, los
comportamientos violentos por parte de las Fuerzas
Armadas y de Seguridad y los grupos armados que se
organizaron para luchar contra la dictadura, o ya existían
con anterioridad.
3 Nuestro objetivo es mostrar la existencia de ciertos
puntos en común entre Chile y España, aunque los
resultados finales fueron diferentes. Mientras que en
Chile la desaparición de los grupos terroristas fue un
hecho, en España se mantuvieron, constituyéndose en
una permanente amenaza para el sistema democrático.
En los dos países existió una «estrategia de la tensión»
desarrollada desde la derecha y desde ciertos sectores de
las Fuerzas Armadas y los cuerpos de seguridad.
Continuaron las torturas en las comisarías, la «guerra
sucia» o las amenazas involucionistas, que se
materializaron en el golpe de Estado fracasado del 23-F en
España, y en las demostraciones de fuerza del Ejército
chileno, algunas de ellas con resultados muy positivos
para sus inductores, como fue el caso del denominado
1
«boinazo» , realizado a finales de mayo y principios de
junio de 1993. Por último, en Chile se buscó respecto a las
políticas del pasado la verdad, la justicia «en la medida de
2
lo posible» , el perdón y la reconciliación, mientras que en
3
España se apostaba por el olvido y la reconciliación , lo
que sin duda puso de manifiesto la superioridad moral de
los chilenos a la hora de afrontar un tema tan complejo y
doloroso.
4 El espació histórico al que nos vamos a referir es la
transición política, que cronológicamente se inicia en
Chile el 5 de octubre de 1988, día en la que la mayoría de
los ciudadanos, inscriptos en los registros electorales,
4
votan contra la dictadura , y finaliza el 16 de octubre de
1998 cuando se produce la detención en Londres de
5
Augusto Pinochet . En el caso español, la transición va
desde la muerte del dictador (20 de noviembre de 1975)
hasta finales de 1982.
5 El criterio que debe tenerse en cuenta a la hora de
establecer la cronología en los procesos de transición es la
persistencia o no de incertidumbres sobre el sistema
6
político , incertidumbres que pueden poner en peligro la
viabilidad del mismo.
6 En Chile la principal incertidumbre fue la presencia de
Pinochet, primero como presidente de la República, luego
como comandante en jefe de las Fuerzas Armadas y, por
último, como senador vitalicio. A lo largo de la transición
el general Pinochet fue condicionando la vida política, y
una vez que adquirió la condición de senador vitalicio
ejerció cierta tutela sobre el Ejército que tendería
paulatinamente a disminuir, para convertirse en
testimonial y nostálgica tras su detención. Este último
hecho supuso el fin de la impunidad y la caída simbólica
del poder que había detentado. La incertidumbre había
sido despejada.
7 En España, las principales incertidumbres fueron: la
articulación del sistema de partidos, el involucionismo
militar, y la organización territorial del Estado. Podemos
considerar que dichas incertidumbres se encontraban
despejadas a finales de 1982. Ello coincidió en el tiempo
con la victoria electoral del Partido Socialista Obrero
Español (PSOE), que abrió una nueva etapa en la que los
retos principales de la vida política se centraron en
consolidar y desarrollar la democracia.
8 La violencia política estuvo presente en ambas
transiciones, siendo responsabilidad de grupos
«revolucionarios», como los Grupos de Resistencia
Antifascista Primero de Octubre (GRAPO) en España, y el
Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), el Frente
Patriótico Manuel Rodríguez-Autónomo (FPMR-A) y el
MAPU-Lautaro en Chile, a los que habría que añadir el
terrorismo «nacionalista», protagonizado por Euskadi ta
7
Askatasuna (ETA) .
9 También hubo violencia por parte de las Fuerzas
Armadas y los cuerpos de seguridad, ya que hubo rechazo
y dificultades para adaptarse a una etapa de libertad.
10 Las diferencias más significativas entre ambos países
fueron que en Chile no existía terrorismo nacionalista,
mientras que en España el terrorismo nacionalista se
convirtió con el tiempo en el mayor problema,
especialmente en el País Vasco, donde contaba con apoyos
sociales. La intensidad de las acciones terroristas, así
como su dureza, fueron muy distintas, siendo mucho
mayor en el caso español. Se puede afirmar además que
durante la presidencia de Patricio Aylwin se puso fin a la
actividad terrorista en Chile, mientras que en España fue
un grave problema durante la transición y lo siguió
siendo en la democracia. En el caso español, hubo una
instrumentalización policial de los GRAPO.
11 En cambio, existen similitudes: los gobernantes durante la
transición tuvieron la esperanza (o mejor dicho, el deseo)
de acabar con el terrorismo, por entender que era un
problema ligado a la existencia de la dictadura, pero en
ambos países se equivocaron. Por otro lado, el apoyo a los
grupos terroristas «revolucionarios» era muy minoritario,
y en algunos de ellos procedía de sectores marginales
(GRAPO y el MAPU-Lautaro). Los gobiernos democráticos
tuvieron capacidad para acabar con los grupos terroristas
«revolucionarios», fundamentalmente a través de la vía
policial, pero también creando las condiciones objetivas
para anular sus argumentos políticos, como acabar con la
existencia de los presos políticos. En ambos países, las
actividades terroristas fueron utilizadas por sectores
militares para chantajear a las autoridades elegidas e
incentivar la «estrategia de la tensión». Esta última se hizo
presente de forma permanente en declaraciones políticas
desestabilizadoras, actos de insubordinación de las
Fuerzas Armadas y utilización de la «guerra sucia». Para
finalizar, se siguieron practicando torturas y fue muy
lenta la adecuación de las actuaciones de los cuerpos de
seguridad a la democracia.

VIOLENCIA POLÍTICA EN CHILE Y ESPAÑA:


UNA HERENCIA DE LA DICTADURA
12 Tanto en Chile como en España los grupos terroristas que
actuaron durante la transición habían nacido en la
dictadura, si exceptuamos el caso del MIR, que tuvo poca
importancia, ya que a comienzos de la década de los
noventa tenía escasa militancia, fuertes divisiones
internas y sufría un proceso de adaptación política a la
nueva situación, que le condujo en la práctica a la
8
parálisis .
13 Desde un punto de vista cuantitativo, las diferencias
fueron importantes, ya que la intensidad de las acciones
terroristas, así como el repertorio de las mismas y su
duración en el tiempo fueron siempre mucho mayores en
el caso español. En Chile, las actividades terroristas se
concentraron en los quince primeros meses del gobierno
Aylwin, mostrando además un descenso en su capacidad
destructora respecto a los años anteriores. En esos quince
meses las acciones subversivas registradas fueron 1.283,
de las cuales el 43% fueron realizadas por grupos
armados. Del total de dichas acciones: «un 58,9%
correspondió a atentados a bienes inmuebles, un 13,1% a
robos, un 14,9% a causar alarma pública, un 6,9% a
acciones de propaganda, y un 4,7% a atentados contra la
9
vida de las personas» . Hasta junio de 1991 hubo 25
muertos. En cambio, en España entre 1976 y 1982 hubo
360 atentados terroristas, que provocaron 458 víctimas
mortales. ETA asesinó a 338 ciudadanos, es decir, el 73,8%
de las víctimas mortales habidas. Los GRAPO asesinaron a
10
58 ciudadanos (12,6%) y la extrema derecha a 39 (8,5% ).
14 Las organizaciones terroristas en España nacieron
durante la dictadura, y continuaron tras la muerte de
Franco al considerar insuficiente los cambios habidos en
la transición:
Se hacía una transición que en principio dejaba intactos lo
que eran los aparatos represivos, no había ningún tipo de
depuración en lo que era el Ejército, la Guardia Civil y la
Policía Nacional; que mantenía en los puestos claves en la
economía a la misma gente que había estado antes; y que
además, pues hacer una transición de la dictadura a la
monarquía con un rey determinado por Franco; y que
además se sabía de antemano que la resolución del
problema nacional vasco no se iba a dar por esa vía, ¿no?.
Entonces, decíamos: aquí la única manera… de obligar al
Estado a que reconozca pues los derechos que nos asisten
como pueblo es la… una estrategia político militar…11.

15 Además en el caso de ETA se consideraba a España y a


Francia como potencias ocupantes lo que hacía imposible
cualquier solución política. A ello había que agregar, que
los sectores nacionalistas radicales fueron abandonando
postulados políticos y apostando cada vez con mayor
rotundidad por presupuestos étnicos.
16 Pocos días después de que Patricio Aylwin tomara
posesión como presidente de la República, los terroristas
hicieron su aparición con el atentado frustrado contra los
generales Gustavo Leigh y Enrique Ruiz. El primero había
sido comandante en jefe de la Fuerza Aérea y ex-
miembro, entre 1973 y 1978, de la Junta Militar. Dicho
atentado provocó uno de los múltiples enfrentamientos
verbales entre el presidente de la República y el general
Pinochet. Este último hizo unas declaraciones en las que
se insinuaba que esta acción sería la primera de otras
muchas acciones, señalando que se asistiría a una espiral
de violencia, a la vez que denunciaba la debilidad del
12
gobierno . La respuesta de Aylwin fue inmediata: «Me
extraña que si él tiene antecedentes para expresar
públicamente tal cosa no haya empezado por
13
comunicármelas personalmente a mí» .
17 Desde ese momento y hasta el asesinato del senador Jaime
Guzmán el 1 de abril de 1991, el gobierno chileno no fue
consciente del peligro que suponían los terroristas,
confiados en que con la llegada de la democracia se
14
pondría fin a las acciones violentas . Se tuvo la confianza,
y en algunas ocasiones la certeza, de que aquéllos que
habían utilizado la violencia contra Pinochet, se
incorporarían a la vida democrática o volverían a sus
casas. Pero no fue así, la frustración generada por la
forma en que se estaba llevando a cabo la transición hizo
que los violentos continuaran su actividad. Así para el
MAPU-Lautaro, el poder de los grupos económicos y de las
Fuerzas Armadas seguía intacto, no había cambiado; por
eso había que seguir luchando:
Y ahora vemos que en siete meses de gobierno no se ha
hecho nada por satisfacer las necesidades básicas de la
población […] Sería mentir decir que no hay ninguna
diferencia, pero lo básico sigue igual […] La Iglesia
Católica nos ataca por nuestra forma de pensar y la
oposición burguesa por nuestra forma de actuar15.

18 Por su parte el FPMR-A, mantuvo la lucha armada pese a


sus fuertes divisiones, centrando sus críticas al gobierno
Aylwin en el tratamiento que había dado al tema de los
derechos humanos. Además opinaba que el proceso de
transición era puro continuismo, debido a los «enclaves
16
autoritarios», sobre todo los de tipo institucional , y al
modelo económico y social implantado por la dictadura,
que el gobierno no tenía intención de cambiar, pese a sus
17
promesas electorales . Pero, como hemos dicho, el
asesinato de Guzmán hizo ver a los gobernantes lo
errático de su política, ya que era evidente que la llegada
de la democracia por sí sola no derrotaría al terrorismo.
Además, la existencia del mismo se estaba convirtiendo
en un argumento de la derecha y del Ejército para
debilitar al Gobierno. Así, para Edgardo Boeninger,
Secretario General de la Presidencia:
El cuadro político generado por el asesinato de Guzmán y
el evidente peligro de que actos de este tipo podían
repetirse […] con riesgo para la estabilidad de la aún frágil
democracia, provocó la culminación de un proceso de
reflexión en el gobierno y un cambio de actitud en el
mundo político-cultural de la Concertación18.

19 La rectificación se evidenció en el Mensaje Presidencial


del 21 de mayo de 1991. El presidente Aylwin estableció
que en el combate contra el terrorismo se debía de
distinguir tres tipos de medidas: «Primero, el desempeño
de la función preventiva de inteligencia; segundo, las
medidas políticas y sociales de prevención; tercero, la
función de investigación y sanción de hechos terroristas».
Para llevar a cabo dichas medidas, se había creado un
mes antes el Consejo de Seguridad Pública, que se
convirtió en el vehículo adecuado para poner fin a las
actividades de los grupos terroristas chilenos, hecho que
se consiguió, contribuyendo con ello a favorecer a la
consolidación democrática.
TIPOS DE TERRORISMO
20 El terrorismo en España durante la transición tuvo tres
tipos de componentes: organizaciones revolucionarias,
19
nacionalistas y vigilantes . Las primeras surgen ante el
desencanto de los comunistas más intransigentes por la
integración de los partidos comunistas de Occidente al
sistema democrático. Sería el caso de los GRAPO en
España, pero también de la Fracción del Ejército Rojo en
Alemania o de las Brigadas Rojas en Italia. Este tipo de
organizaciones fue el más importante en Chile, siendo
más marginal en España, aunque dotado de una
importante fuerza desestabilizadora. El terrorismo
nacionalista aparece cuando una minoría se siente
marginada y considera que se encuentra oprimida por
una potencia ocupante. En Europa durante estos años las
dos organizaciones más importantes fueron el Ejército
Republicano Irlandés (IRA) y ETA. En Chile el terrorismo
nacionalista no existió. Por último, el terrorismo vigilante
o de extrema derecha tuvo su desarrollo más importante
en Italia, a través de la puesta en marcha de la «estrategia
de la tensión». Tanto en Chile como en España se dio este
tipo de terrorismo.
21 En España la dinámica de las organizaciones terroristas
«revolucionarias» y nacionalistas fue la siguiente: el
origen de las organizaciones «revolucionarias» está
relacionado con las rupturas/escisiones en el Partido
Comunista de España (PCE): el Frente Revolucionario
Antifascista y Patriota (FRAP) y los Grupos de Resistencia
Antifascista Primero de Octubre (GRAPO). La primera de
dichas organizaciones tuvo actividad los dos últimos años
de la dictadura, y desde los fusilamientos de tres de sus
miembros el 27 de septiembre de 1975 prácticamente
desapareció, disolviéndose en 1977. Los GRAPO nacieron
en los últimos momentos del franquismo. Su estrategia y
la de otros grupúsculos de la ultra-izquierda se
alimentaba del pensamiento marxista radical, y tenían
como objetivo evitar la consolidación de la «democracia
burguesa» a través de acciones armadas, esperando que
la represión ejercida provocase la deslegitimación del
Estado, pudiendo alcanzar así su objetivo último la
20
destrucción del propio Estado . Los GRAPO mantuvieron
su actividad durante toda la transición, y en ocasiones
reaparecieron durante la democracia. Sus acciones se
centraron en asesinatos de miembros de la Policía y de
ciudadanos; asaltos a bancos y furgones bancarios y
secuestros. Dos de ellos tuvieron gran importancia: el de
Antonio María de Oriol y Urquijo, Presidente del Consejo
de Estado, y el del general Emilio Villaescusa, Presidente
del Consejo Supremo de Justicia Militar.
22 La organización más importante fue ETA, que representa
el terrorismo nacionalista. Durante la transición estaba
dividida en dos grupos (militares y políticos-militares)
como consecuencia del atentado indiscriminado realizado
a finales de 1974 en la calle del Correo de Madrid. Contó
con la simpatía de parte de la izquierda rupturista
durante la dictadura y sus acciones provocaban alegrías
21
(muerte de Carrero Blanco) difíciles de disimular . Sus
apoyos en el País Vasco fueron en aumento y en ello tuvo
mucho que ver la indiscriminada política represiva
llevada a cabo por la dictadura. El repertorio de las
acciones terroristas de ETA fue muy amplio: secuestros
con tiro en la nuca (el empresario Ángel Berazadi en abril
de 1976, el ingeniero de la central nuclear de Lemóniz
22
José María Ryan en febrero de 1981 , o el director de la
23
central Ángel Pascual el 5 de mayo de 1982 ); secuestros
con fines económicos (como el del político Javier Rupérez
en noviembre de 1979 o el del empresario Luis Sunyer en
abril de 1981); extorsión a empresarios; asesinatos a
militares, miembros de los cuerpos de seguridad, clase
política y ciudadanos en general; también hicieron uso de
la violencia contra sus propios miembros, resolviendo así
sus diferencias (Eduardo Moreno Bergareche, alias Pertur,
24
en 1976) .
23 Existieron otros grupos nacionalistas que eran terroristas,
como el Exército Guerrilleiro do Pobo Galego Ceibe, el
Movimiento para la Autodeterminación e Independecia
del Archipiélago Canario (MPAIAC), o Terra Lliure y el
Exèrcit Popular Catalá, estos dos últimos en Cataluña, el
segundo de ellos asesinó el 9 de mayo de 1977 al
presidente de Cros, una importante empresa química,
José María Bultó, al que se le fijó una bomba en el pecho.
24 En Chile, la dinámica de las organizaciones terroristas fue
la siguiente: el FRMR tuvo su origen en el Partido
25
Comunista de Chile (PCCH) , comenzando sus actividades
26
en 1983 . Tras el fracaso de la estrategia de movilización
y ruptura contra la dictadura, simbolizado en los
arsenales descubiertos en El Carrizal Bajo, y el atentado
frustrado contra Pinochet en 1986, se generó un debate en
el interior del PCCH, en el que una parte de los frentistas
decidieron volver a la vía política (FPMR-Partido),
mientras que otros mantuvieron la lucha armada (FPMR-
Autónomo).
25 Se le consideraba como un grupo «maduro»
políticamente, con «capacidad orgánica y logística» y
27
«aparentemente con alto poder de fuego» . Siguieron el
patrón típico de las organizaciones «guerrilleras» en
América Latina, planteándose la conveniencia de llevar a
cabo «una acumulación de fuerzas», dentro de la lógica
«foquista». Tras el asesinato de Guzmán, entraron en un
intenso debate interno en torno a la conveniencia o no de
mantener la lucha armada o actuar con las masas
contribuyendo con ello a la consolidación del proceso de
transición. El resultado fue la creciente deslegitimación
de la violencia, lo que junto a una mayor eficacia policial,
condujo a su desaparición.
26 Tal vez el caso más original fue el del MAPU-Lautaro, que
se convirtió en el grupo más activo. Desde enero de 1990
hasta junio de 1992, del total de acciones terroristas el
MAPU-Lautaro realizó el 56%, el FPMR un 32% y el MIR
28
un 6,3% . A diferencia del FPMR-A y del MIR-Comisión
Militar, el MAPU-Lautaro aparecía como un «fenómeno
emergente» que se alejaba de los patrones clásicos de la
guerrilla latinoamericana y «presentaba semejanzas con
29
el grupo peruano Sendero Luminoso» , debido a su
mesianismo. Actuaba en zonas marginales de los
alrededores de Santiago y en los liceos fiscales. Era
atractivo para los jóvenes, los delincuentes comunes y el
lumpen. Sus actuaciones típicas poco tenían que ver con
las del FPMR-A:
En uno de sus operativos clásicos — las fiestas rebeldes —,
un batallón de Lautaros llegaron con música a pleno
decibelio e iniciaron la repartición de mercancías […] El
«bazar de las ganas» se abrió para lanzar a los interesados
condones «para la felicidad plena, y ropita interior y
cuadernos para la educación digna». En su llamado al
sexo: No nos sirve esta democracia cartucha, enlatada. Se
acabaron los tiempos de decir, llegan los de hacer…30.

27 Sus actuaciones se fueron diluyendo, teniendo influencia


cada vez menor sobre círculos marginales de la sociedad.
Sin duda, dicha organización fue un producto original, no
equiparable con ninguna organización española.

ESTRATEGIA DE LA TENSIÓN
28 En ambas transiciones la violencia se hizo más
transparente, más evidente. Una paulatina pérdida del
miedo y una cierta sensación de impunidad favorecieron
el incremento de la violencia, lo cual facilitó la puesta en
marcha de la denominada «estrategia de la tensión» que
respondía a un plan preconcebido destinado a destruir las
instituciones democráticas, amparándose en un conjunto
escalonado de conflictos. Con ello trataban de crear una
sensación de inseguridad, que justificara una posterior
intervención de las FAS.
29 En España se encontraron inmersos en esta estrategia los
representantes de los partidos y organizaciones de la
extrema derecha, que no dudaron en atentar cuando lo
consideraban conveniente, los sectores del Ejército
vinculados a estas formaciones y diversos órganos de
prensa (El Alcázar, Fuerza Nueva, El Imparcial,
Reconquista o el Heraldo Español). Existen varios ejemplos
como el ocurrido en «Montejurra 76», con tres muertos y
31
varios heridos de bala ; la tensión creada en torno a la
legalización de la ikurriña el 19 de enero de 1977; las
manifestaciones convocadas por la oposición rupturista
aprovechadas para que la extrema derecha apalease o
asesinase a algún manifestante (asesinato de Arturo Ruiz
en Madrid el 23 de enero); la actuación directa de los
asesinos fascistas, como la matanza de Atocha con cinco
muertos en enero de 1977; o algunas declaraciones
habidas tras la legalización del PCE, como las de Manuel
Fraga, el cual declaró que «la legalización del Partido
Comunista es un verdadero golpe de Estado, que ha
transformado la reforma en ruptura y ha quebrado a la
vez legalidad y la legitimidad», mientras que Falange
Española afirmó en un comunicado: «tal reconocimiento
constituye un fraude histórico, político y jurídico […] pone
en gravísimo peligro la convivencia nacional y la paz
entre los españoles».
30 El 3 de enero de 1979 fue asesinado por ETA el
gobernador militar de Madrid, el general Constantino
Ortín Gil. Tras el funeral, un numeroso grupo de militares
profirieron gritos e insultos contra las autoridades
llegando a agredir físicamente al general Gutiérrez
Mellado, en aquel momento ministro de Defensa.
Inmediatamente después, un grupo de militares y civiles
sacaron el féretro a hombros y marcharon en
manifestación hasta la plaza de Cibeles y la calle de
Alcalá. Los gritos de los manifestantes fueron: «¡Gobierno
asesino!»; «¡Ejército al poder!» y «¡Golpe de Estado!». A
ello se debe de añadir un discurso continuado mostrando
la debilidad del Gobierno ante los presos comunes y
responsabilizándole del incremento de la delincuencia.
En suma, bajo la consigna «¡No podemos seguir así!», se
alentaba la violencia y la involución.
31 En Chile la «estrategia de la tensión», fue promovida por
los grupos de extrema derecha, que tenían escasa
incidencia, y por dirigentes políticos de la derecha, tanto
pertenecientes a la Unión Democrática Independiente
(UDI) como a Renovación Nacional (RN), así como por
algunos miembros de las FAS, en activo o en situación de
retiro. Entre la campaña del plebiscito y la llegada a la
presidencia de Patricio Aylwin hubo algunas actuaciones
de la extrema derecha contra partidarios del «NO», o
contra los funcionarios de la Vicaría de la Solidaridad,
como las realizadas por la Acción Chilena Anticomunista;
también hubo otras de carácter ultraconservador como
los ataques realizados por Tradición, Familia y Propiedad
contra el cardenal Silva Henríquez. Tras la llegada al
gobierno de Aylwin, el Consejo Coordinador de Seguridad
Pública, recogía hasta julio de 1992, diversas acciones de
la extrema derecha realizadas por: Comando 11 de
Septiembre, asalto y sabotaje; Patria y Libertad, asaltos a
empresas; Movimiento Nacionalista Revolucionario,
asaltos y atentado frustrado con explosivos; y de otros
grupos como el Movimiento Neo Nazi y la Unión Fascista.
32 Mayor importancia tuvieron las declaraciones políticas de
los dos principales partidos de la oposición, en los que se
ponía en cuestión la capacidad del gobierno para
mantener el orden, frenar la delincuencia o hacer frente
al terrorismo. Tras el asesinato de Jaime Guzmán, José
Piñera que había sido ministro durante la dictadura
declaró:
Nunca la gente tuvo tanta inseguridad, violencia y
terrorismo. Un terrorismo que por primera vez, asesinó a
un senador y en menos de un mes atentó nuevamente
contra un senador de la UDI. ¿Qué ganó la gente? Cuando
no se puede transitar tranquilamente por las calles,
cuando los trabajadores deben pagar peaje para llegar a
su hogar, cuando el gobierno es incapaz de poner freno a
la violencia y el terrorismo […] las autoridades están
esperando que siga corriendo sangre con gente inocente
para «ponerse los pantalones»32.
33 En un documento de la UDI, de 30 de abril de 1992
(Seguridad ciudadana, seguridad nacional y conducción
política) se afirmaba:
La responsabilidad prioritaria de garantizar la seguridad
recae sobre el Gobierno, por mandato constitucional. En
consecuencia, el aumento alarmante de la delincuencia
común y terrorista constituye un fracaso palpable del
actual Gobierno […], la delincuencia se haya enseñoreado
en nuestra sociedad.

34 El gobierno Aylwin fue consciente del aumento de la


delincuencia, como reconoció el ministro del Interior
Enrique Krauss en el Consejo de Gabinete del 14 de marzo
de 1991, aunque las causas del mismo tenían más que ver
con la herencia recibida (falta de policías, deficientes
infraestructuras, marginalidad, exacerbación del
consumo,…) que con la actuación del mismo. En cambio,
la opinión de Pinochet era bien distinta:
Son varios los factores que explican el aumento de la
violencia, uno de ellos, y por cierto, no el único, es la
sensación de impunidad que pareciera rodear a los
delincuentes. Además de lo anterior, las fugas de las
cárceles, los amotinamientos de presos y sus familiares,
las rebajas de penas e indultos, las reformas introducidas
en las normas que regulan la libertad provisional y el
ambiente de permisividad para justificar la comisión de
algunos actos ilícitos, son elementos que no contribuyen
precisamente a desincentivar el crimen33.

35 Existen también toda una serie de declaraciones de


civiles, pero sobre todo militares que justifican el golpe de
Estado del 11 de septiembre de 1973 y las violaciones de
los derechos humanos cometidos durante la dictadura.
Para las Fuerzas Armadas y una parte de los políticos,
incluido el presidente Aylwin, el golpe de Estado del 11 de
septiembre de 1973 se encontraba plenamente justificado,
dada la situación del país. Cuando se presentó el Informe
Rettig, toda la cúpula militar justificó la intervención.
Pinochet dijo en la reunión del Consejo de Seguridad
Nacional de 27 de marzo de 1991: el Ejército de Chile «no
aceptará ser situado ante la ciudadanía en el banquillo de
los acusados, por haber salvado la libertad y la soberanía
de la patria a requerimiento insistente de la civilidad…».
Más contundente fue el almirante Martínez Busch,
comandante en jefe de la Armada que en un «comunicado
confidencial» enviado a sus subordinados justificaba la
intervención de las Fuerzas Armadas el 11 de septiembre
de 1973, ya que la misma «fue pedida por la Nación y
como tal, constituyó un mandato de la voluntad
34
ciudadana» .
36 Lo que no deja de sorprender es que la misma opinión fue
expresada por Aylwin, como presidente de la Democracia
Cristiana en septiembre de 1973, o por Edgardo
Boeninger, Secretario General de la Presidencia del
gobierno Aylwin, quien afirmó que la intervención del 11
de septiembre tuvo un «evidente apoyo social
35
mayoritario» . Acaso por esto se explica que Aylwin
incluyera entre los miembros de la Comisión Rettig a
Gonzalo Vial, historiador y ex-ministro de la dictadura,
para que realizara el «Capítulo 1 º Marco Histórico», que
recoge las tesis favorables a la intervención. No podemos
olvidar que Gonzalo Vial reconoció haber sido uno de los
redactores del Libro Blanco de Cambio de Gobierno en
Chile. 11 de septiembre de 1973, auténtico panfleto que
36
justifica la intervención militar . Por su parte, el general
Pinochet, antes de dejar la presidencia de la República,
dejó claro lo que podía pasar si algunos de sus hombres
eran juzgados por temas relacionados con los derechos
humanos:
Yo no amenazo. No acostumbro amenazar. No he
amenazado en mi vida. Yo sólo advierto una vez: «nadie
me toca a nadie». El día que me toquen a alguno de mis
hombres se acabó el Estado de Derecho. Eso lo he dicho
una vez y no lo repito más, pero que sepan que va a ser
así. Bien clara la cosa37.
37 Con el tiempo se fueron añadiendo otras declaraciones
que suponían un auténtico insulto a las víctimas, como las
realizadas por Pinochet el mes de septiembre de 1991,
cuando se encontraron restos de detenidos desaparecidos
en el Patio 29 del Cementerio General de Santiago. A la
salida de una conferencia en la Escuela Militar, los
periodistas le preguntaron al ex-dictador sobre los
cuerpos encontrados, de a dos y de tres cuerpos por
tumba en la fosa común. Pinochet respondió con sorna:
38
«¡Que economía más grande!» . O las del responsable de
la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), Manuel
Contreras que afirmó:
No existen los detenidos desaparecidos en una guerra
subversiva y ésta fue una guerra subversiva. Nosotros,
cuando el 11 de septiembre tomamos el poder, llámele
golpe, llámele pronunciamiento o como quiera, pero el día
que tomamos el poder aquí en Chile existía tal cúmulo de
actividades que correspondían a la tercera fase de la
guerra subversiva que imposibles de negarlas. Aquellos
que aún se han quedado en las guerras vistosas con
uniformes muy bonitos, caballerescas y con guantes finos,
con declaraciones de guerra del siglo pasado, están
atrasados. Y esa es la comisión Rettig39.

38 El presidente de la UDI, Julio Dittborn, justificó


plenamente las violaciones de los derechos humanos al
equiparar la represión de las Fuerzas Armadas como los
destrozos provocados por los bomberos al apagar un
incendio en una casa:
Siempre cuando se producen responsabilidades de gran
violencia, como se produjeron a partir del 11 de
septiembre de 1973 y no por responsabilidad de las
Fuerzas Armadas, se producen hechos que todos
lamentamos. Nuestra sensación es que los responsables
últimos no son aquellos bomberos que fueron llamados a
apagar el incendio, sino aquellos que provocaron el
hecho40.
39 También el «¡no podemos seguir así!» se hacia presente
entre los chilenos.
40 En ambas transiciones se continuaron practicando
torturas en las comisarías, las fuerzas de seguridad, a
falta de una cultura de persuasión, utilizaron la represión
contra aquellos ciudadanos que ejercían sus derechos, o
los servicios de inteligencia hicieron uso de la «guerra
sucia».
41 En Chile, se siguieron practicando las torturas. En 1988 y
1989, la Vicaría de la Solidaridad recoge hasta 59 muertes
violentas, más de 5.000 privaciones de libertad, la
utilización en Santiago de hasta 274 casos de «violencia
innecesaria» por parte de las fuerzas de seguridad y 70
casos de apremios ilegítimos o torturas. Tras la llegada de
Aylwin al Gobierno el Comité de Defensa de los Derechos
del Pueblo entregó al relator especial sobre la tortura de
la Comisión de Derechos Humanos de la ONU «una lista
de 55 nuevos casos de tortura que se han producido en
41
Chile durante el actual Gobierno» . En el Informe sobre la
situación de los derechos humanos en Chile durante 1991,
publicado por el Departamento de Estado de los Estados
Unidos, se concluía que «en 1991 hubo denuncias
verosímiles de tortura y de maltrato a los prisioneros,
incluyendo la falta de sueño, las golpizas y otras
amenazas contra personas retenidas por la Tercera
Comisaría de Carabineros en Santiago». Por último, el
Informe de Amnistía Internacional, Chile. La tortura desde
marzo de 1990, publicado en septiembre de 1991, en su
página 5 se afirmaba:
A pesar de las medidas adoptadas por el Gobierno chileno
para detener la práctica de la tortura y de varios anuncios
por parte de éste de que no sería tolerado, Amnistía
Internacional ha seguido recibiendo informes de torturas.
Desde marzo de 1990 se ha informado a la organización
de más de 40 casos. Entre las denuncias se encuentran el
uso de palizas, el «teléfono», el «pau d’arara» (percha del
loro), el «submarino», suspensión de las muñecas durante
largo tiempo y abusos sexuales…
42 Una muestra de la existencia de torturas y de la
utilización de las mismas como chantaje al Gobierno
Aylwin, fue la intervención del general-director de
Carabineros Rodolfo Stange, en la reunión del Consejo de
Seguridad Nacional celebrado el 27 de marzo de 1991, tras
la publicación del Informe Rettig. En dicha reunión
Stange presenta un Informe en el que amenaza al
Gobierno con dar a conocer «las violaciones de derechos
humanos ocurridas entre marzo de 1990 a marzo de
1991», indicando que una parte fueron por los grupos
terroristas de izquierda, pero también existían de otro
42
tipo . Ni Krauss ni Aylwin le contestaron.
43 El descontrol por parte de las autoridades elegidas de los
servicios de inteligencia fue una constante durante los
primeros años de la transición, al igual que en España.
Además, el Ejército había heredado los servicios de
inteligencia de la dictadura (la antigua Central Nacional
de Inteligencia) y los utilizó contra el Gobierno cuando
estimó oportuno, a la vez que trató de boicotear todos los
intentos que se realizaron desde el Gobierno para crear
una red de inteligencia controlada por la Policía civil
(Investigaciones). Los ejemplos más claros fueron los
casos de espionaje político puestos de manifiesto en el
Plan Halcón I y II, o el asunto Piñera-Mathei. Tan sólo a
partir de la creación del Consejo Coordinador de Seguridad
Pública, en abril de 1991, se comenzaron a crear unos
servicios de inteligencia controlados por el Gobierno. El
nuevo organismo dependía del presidente de la República
a través del Ministerio del Interior y se excluía la
participación operativa de las Fuerzas Armadas.
44 Por último hay que mencionar la existencia de un rosario
de incidentes entre el Gobierno y las Fuerzas Armadas:
conmemoración del 172 aniversario de la Batalla de
Maipú; entrevista en El Magallanes; juramento de la
Bandera en la Escuela de Infantería de San Bernardo;
insulto de un cadete a Ricardo Lagos; parada militar del
19 de septiembre de 1990; cartas credenciales del
Embajador ruso… Y tres serias advertencias, de las cuales
el «boinazo» fue la más importante: «Ejercicio de
Seguridad, Alistamiento y Enlace» de 19 de diciembre de
1990, el «boinazo» de finales de mayo y principios de
junio de 1993, y la concentración de militares en la
prisión de Punta Peuco en 1995.
45 En España las torturas se siguieron practicando y así
consta, entre otros, en los Informes de Amnistía
Internacional. Sucedieron casos como el de Almería en
mayo de 1981, donde tres jóvenes fueron detenidos por la
Guardia Civil en una carretera de dicha provincia,
torturados y asesinados, por sospechar que eran
miembros de ETA.
46 Al hacer uso de sus derechos, los ciudadanos fueron
duramente reprimidos en ocasiones, produciéndose
muertes, como sucedió en manifestaciones habidas en
Santurce, Fuenterrabía, Tenerife, Elda, Madrid… Por
ejemplo, en diciembre de 1979 murieron dos estudiantes
(José Luis Montañés y Emilio Martínez) en Madrid
durante una manifestación contra el proyecto de ley de
43
Universidades del Gobierno . En ocasiones, durante el
ejercicio del derecho de huelga, hubo fuertes
enfrentamientos con la Policía, como los habidos en
Sabadell y Vitoria, durante el mes de enero y marzo de
1976 respectivamente — en este último caso hubo cinco
muertos —, o los ocurridos en 1982 en Astilleros del
Cantábrico contra la reconversión industrial.
47 En España durante la transición se continuó con la
«guerra sucia», que se había iniciado tras el atentado
mortal contra el presidente del Gobierno Luis Carrero
Blanco. Tanto el Servicio Central de Documentación como
después el Centro Superior de Información de la Defensa
realizaron acciones en el sur de Francia o en el País Vasco,
bajo diversas siglas: Batallón Vasco-Español, Anti-ETA,
Triple A… Los atentados habidos entre 1976 y 1982 fueron
80, y provocaron 33 muertos. Entre los atentados sin
víctimas, aunque con graves secuelas para los que los
sufrieron, se pueden mencionar el realizado contra el
líder del movimiento independentista canario MPAIAC
Antonio Cubillo en abril de 1978; o contra uno de los
líderes de ETA, José Manuel Pagoaga, alias Peixoto, en
enero de 1979. Entre los atentados mortales se
encuentran el realizado contra el jefe del comando que
asesinó a Carrero Blanco, José Miguel Beñarán, alias
Argala o contra Juan José Lopetegui, alias Pantu, en agosto
de 1979. También hubo atentados mortales contra
militantes del GRAPO.
48 Tras algunos incidentes menores, como la denominada
«Operación Galaxia» y el altercado de Gutiérrez Mellado
con el general Atarés, se puso en marcha la denominada
«solución Armada», que daría lugar al golpe de Estado
fracasado del 23-F. Aunque siguieron produciéndose
«ruido de sables», como el «Manifiesto de los 100» de
diciembre de 1981 o el descubrimiento del denominado
«golpe de los coroneles», previsto para el 27 de octubre de
1982.
49 Por último, se puede afirmar que tras el 23-F, el Estado
democrático tuvo capacidad para juzgar y condenar a los
principales implicados de dicho golpe de Estado; a la vez,
los cambios producidos en los servicios de inteligencia
(nombramiento del general Emilio Alonso Manglano)
permitieron al Gobierno tener información suficiente
como para separar el «grano de la paja», como afirmó
Leopoldo Calvo Sotelo.

Notas
1. Existe una amplia información sobre el tema en «Ministerio
Secretaría General del Gobierno. Tensiones cívico-militares.
Recapitulación de hechos y opiniones. 28 de mayo al 3 de junio de
1993», en Corporación Justicia y Democracia-Archivo período
Presidencial (en adelante, CJD-APP), documento 008385.
2. Aunque en el programa de la Concertación de los Partidos por la
Democracia, se hablaba de «el esclarecimiento de la verdad y la
justicia en materia de derechos humanos», una vez que Patricio
Aylwin ocupó la presidencia de la República, rebajó sus pretensiones
con la célebre fórmula de «verdad y justicia en la medida de lo
posible», lo que implicaba un reconocimientos de los límites de las
políticas sobre derechos humanos.
3. P. AGUILAR FERNÁNDEZ, Memoria y olvido de la Guerra Civil española,
pp. 261-273 y «La amnesia y la memoria: las movilizaciones por la
amnistía en la transición a la democracia».
4. El resultado del plebiscito fue: la opción por el NO obtuvo 3.967.579
votos (54,7 por ciento) y la opción por el SÍ, 3.119.110 (43%).
5. La importancia de la fecha de la detención de Pinochet para Chile
se pone de manifiesto en el artículo «El emperador desnudo», La
Nación, 12 de octubre de 2003, pp. 16-19.
6. La aplicación de dicho criterio para España se encuentra en Á. SOTO,
Transición y cambio en España, 1975-1996, pp. 33-36.
7. Se debe de consultar el libro coordinado por A. ELORZA et alii, La
historia de ETA. También tiene interés el artículo de F. REINARES,
«Democratización y terrorismo en el caso español».
8. El «MIR-Comisión Militar, sobre el cual parece existir acuerdo en
que presenta niveles muy deficientes de capacidad política y militar»,
en Ministerio Secretaría General de la Presidencia, Informe Especial.
La ultra izquierda en Chile, 11 de abril de 1991, CJD-APP, documento
002567.
9. La Época, 14 de diciembre de 1992.
10. Los datos se encuentran en F. REINARES, «Sociogénesis y evolución
del terrorismo en España», p. 390 y L E. ALONSO y F. REINARES,
«Conflictividad», p. 70.
11. «Entrevista a un militante de ETA (p-m)», en F. REINARES, Patriotas
de la muerte. Quiénes han militado en ETA y por qué, p. 91.
12. La Segunda, 21 de marzo de 1990.
13. La Época, 23 de marzo de 1990.
14. «… debido a que no habríamos, según la oposición, considerado el
peligro terrorista en nuestro programa de Gobierno, en la creencia
que la democracia, por sí misma, solucionaría el problema del
terrorismo» («Intervención del Ministro Sr. René Abeliuk», en Acta de
Consejo de Gabinete, 11 de abril de 1991, p. 4, CJD-APP, documento
001016).
15. Análisis, 24 a 30 de septiembre de 1990, pp. 15 y 16.
16. Para Manuel Antonio Garretón los enclaves autoritarios son
aquellos elementos normativos, constitucionales y legislativos que
impiden o limitan el ejercicio de la voluntad popular, el principio de
representación y el gobierno efectivo de las mayorías, y la
subordinación plena de las Fuerzas Armadas al poder político
eliminando sus prerrogativas políticas. M. A. GARRETÓN, Hacia una
nueva era política. Estudios sobre las democratizaciones, p. 109.
17. El incumplimiento del programa electoral en materia económica y
social se muestra en el libro de H. FAZIO, El programa abandonado.
Balance económico social del gobierno Aylwin; y las críticas al «modelo
económico» se encuentran en X. ARRIZABALO, Milagro o quimera: La
economía chilena durante la dictadura, y en T. MOULIAN, Chile actual.
Anatomía de un mito.
18. E. BOENINGER, Democracia en Chile. Lecciones para la gobernabilidad,
p. 426.
19. J. AVILÉS, «El terrorismo en la España democrática», pp. 635 y 636.
20. C. LAIZ, La lucha final, pp. 274-276 y 300-301.
21. Véase en este sentido el ilustrativo título de la declaración
conjunta de las comisiones ejecutivas del PSOE y de la UGT tras el
asesinato del Presidente de Gobierno en diciembre de 1973: «Ante la
ejecución de Carrero Blanco», en El Socialista, tercera época, nº 14,
segunda quincena de enero de 1974, p. 1.
22. El País, 7 de febrero de 1981.
23. El País, 6 de mayo de 1982.
24. Tanto en el caso de los GRAPO como de ETA, sus actividades se
describen en S. BELLOCH, Interior, pp. 59-117.
25. En 1976, el dirigente soviético Leonid Brézhnev realizó una
alusión directa a la situación de Chile durante el XXVI Congreso del
PCUS, al señalar, refiriéndose a la derrota de la Unidad Popular, que
las revoluciones deben de defenderse; es decir, ésta no sólo había
sido una derrota política, sino también militar para la causa
proletaria. En 1980, Luis Corvalán anunciaba una nueva etapa en la
lucha contra la dictadura: «Se entra en una nueva fase. El espíritu de
rebelión se va haciendo carne de las masas. Vendrán todavía días
difíciles, pero el porvenir es nuestro. Con la razón o la fuerza,
Venceremos». Y agregaba: «Esto significa que cuando no bastan las
razones o éstas no se escuchan, hay que recurrir a la fuerza». Citado
en C. BASCUÑÁN, La izquierda sin Allende, p. 49.
26. Inició su actividad el 13 de diciembre de 1983 con el «solemne
apagón nacional». El FPMR era el «brazo armado del pueblo», en R.
PALMA, Una larga cola de acero (Historia del FPMR 1984-1988).
27. Ministerio Secretaria General de la Presidencia, Informe Especial.
La ultra izquierda en Chile, 11 de abril de 1991, CJD-APP, documento
002567.
28. PAL-Corporación Tiempo 2000, Análisis de Actualidad, nº 47, 27 de
julio de 1992, p. 5.
29. Ministerio Secretaria General de la Presidencia, Informe Especial.
La ultra izquierda en Chile, 11 de abril de 1991, CJD-APP, documento
002567.
30. Apsi, 350, 23 de mayo a 5 de junio de 1990, p. 19.
31. El Alcázar, 11 de mayo de 1978, p. 1.
32. El Mercurio, 28 de abril de 1991.
33. «Presentación del Comandante en Jefe del Ejército al Consejo de
Seguridad Nacional. Santiago, 17 de diciembre de 1991», pp. 1 y 2,
CJD-APP, documento 007215.
34. «Carta de Patricio Aylwin Azocar al Sr. Almirante D. Jorge
Martínez Busch Comandante en Jefe de la Armada. Santiago, 1 de
marzo de 1991», CJD-APP, documento 007120.
35. E. BOENINGER, Democracia en Chile. Lecciones para la gobernabilidad,
p. 378.
36. La Segunda, 2 de febrero de 1999.
37. Declaraciones de Augusto Pinochet a la revista Qué Pasa, 14 de
octubre de 1989.
38. El Mercurio, 4 de septiembre de 1991.
39. La Época, 26 de marzo de 1991.
40. Las Últimas Noticias, 27 de febrero de 1991.
41. El Mercurio, 1 de febrero de 1992.
42. «Carabineros Chile. Dirección General. Planteamiento de
Carabineros de Chile ante el Consejo de Seguridad Nacional»,
Santiago, 27 de marzo de 1991, CJD-APP, documento 007152.
43. «Barricadas y manisfestaciones en Madrid tras la muerte de dos
estudiantes por disparos de la policía», El País, 15 de diciembre de
1979, pp. 8 y 11-14.

Autor

Álvaro Soto Carmona

Universidad Autónoma de Madrid


© Casa de Velázquez, 2009

Condiciones de uso: http://www.openedition.org/6540

Referencia electrónica del capítulo


CARMONA, Álvaro Soto. Violencia política y transiciones a la
democracia: Chile y España In: Violencia y transiciones políticas a
finales del siglo XX: Europa del Sur - América Latina [en línea].
Madrid: Casa de Velázquez, 2009 (generado el 26 noviembre 2017).
Disponible en Internet: <http://books.openedition.org/cvz/909>. ISBN:
9788490961278.

Referencia electrónica del libro


BABY, Sophie (dir.) ; COMPAGNON, Olivier (dir.) ; y GONZÁLEZ
CALLEJA, Eduardo (dir.). Violencia y transiciones políticas a finales del
siglo XX: Europa del Sur - América Latina. Nueva edición [en línea].
Madrid: Casa de Velázquez, 2009 (generado el 26 noviembre 2017).
Disponible en Internet: <http://books.openedition.org/cvz/883>. ISBN:
9788490961278.
Compatible con Zotero