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El evangelio de Marcos presenta a

Cristo como el Siervo de Dios


Esta presentación viene a suplementar la que nos dio Mateo de Cristo corno Rey, y la
presentación de su persona por Lucas como el Hombre perfecto, y por Juan como el Verbo
eterno encarnado. Quizá inconscientemente, en cuanto a su intención, pero dentro del plan
del Autor divino de las Escrituras, redacta desde el punto de vista histórico lo que Isaías
había presentado proféticamente en sus capítulos 42 a 53. Los judíos discutían sobre si el
Siervo de Jehová, quien reemplaza al siervo-pueblo, Israel, en las porciones señaladas, sería
o no el Mesías; pero los apóstoles, aleccionados por el Señor, dirigieron las miradas de
todos precisamente a aquellas profecías, probando que el Mesías había de laborar, sufrir y
morir vicariamente por el pueblo, antes de reinar. Las profecías empiezan en Isaías 42:1:
«He aquí mi siervo... mi Escogido, en quien se complace mi alma, he puesto sobre él mi
Espíritu...», palabras que hallan eco en Marcos 1:10: «Subiendo Jesús del agua vio abrirse
los cielos, y al Espíritu como paloma que descendía sobre él. Y hubo una voz de los cielos
que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tomo contentamiento.» Profética e históricamente
se trata de la unción del Siervo, quien es el objeto de la complacencia del Padre, y quien
puede llevar a su consumación la obra de gracia y de juicio determinada desde antes de la
fundación del mundo.

De acuerdo con el tema de servicio, de una obra urgente que realizar, Marcos no presenta
ni la genealogía del Señor, ni el nacimiento ni la infancia. Basta que le anuncie el precursor,
y que entre en seguida en escena según los términos de las profecías del Siervo de Jehová
ya mencionadas.

De la manera en que Isaías 42:1 halla su cumplimiento en el bautismo del Señor, así
también los capítulos 15 y 16 detallan la consumación señalada en Isaías 52:13-53:12.
«Cuando hubiere puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos
días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada.» La expiación echó el
fundamento para una obra más extensa, de modo que el Evangelio termina con la «gran
comisión», y por notar que el Siervo glorificado sigue obrando con los suyos desde la
diestra (16:19, 20). El Evangelio se extiende por todo el mundo, ya que la voluntad de
Jehová prospera en las manos del «Varón de su Diestra».

El texto clave, que abre los tesoros de todo el Evangelio y que se relaciona hermosamente
con la sección de Isaías que hemos señalado, se halla en 10:45: «Porque el Hijo del Hombre
no vino para ser servido, más para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.» Los
capítulos I a 13 están llenos de actos ejemplares de servicio de amor y de poder a favor de
los hombres, dentro de la voluntad del Padre. Los capítulos 14 a 16 corresponden al último
movimiento del texto: el Siervo da su vida para redimir a los «muchos» de la nueva familia
espiritual.