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Las instituciones de educación superior y el desarrollo sustentable.

Uno de los más grandes retos de la humanidad, es combatir el deterioro y los desastres
ambientales potenciales, ocasionados por la actividad económica moderna y al crecimiento
de la población, elementos que incrementan de manera drástica la presión sobre los
recursos naturales.

La necesidad de materias primas requeridas para satisfacer las demandas de la población,


lleva a la devastación continua de ecosistemas imprescindibles para la vida equilibrada en el
planeta.

Hoy somos capaces de avanzar y perfeccionar sistemas médicos o de desarrollo, pero


también de destruirnos con el arsenal de armas atómicas, químicas y biológicas, y aun las
convencionales que los avances tecnológicos nos permiten construir.

La degradación de las tierras de cultivo, la contaminación del agua y de los recursos


marinos esenciales para la producción de alimentos básicos, además de la contaminación
atmosférica, inciden negativamente en la salud del hombre, plantas y animales. El
agotamiento del ozono estratosférico, el cambio climático global y la pérdida de
biodiversidad ponen en peligro la existencia misma del ser humano; un ejemplo de ello es el
siguiente:

De la población de más de 6 500 millones de personas que habitan el planeta, hay cerca de
mil millones desnutridas. Cuando se duplique la población, se necesitará más del doble de la
producción alimentaria actual. Al respecto no hay un principio simple que determine si
tenemos suelo suficiente en el mundo para producir alimentos para las generaciones
futuras, considerando que más de 1 200 millones de hectáreas de tierras han sido
degradadas de manera significativa, lo que impediría atender un aumento considerable en la
producción de alimentos a la escala demandada.

Pero si consideramos los grandes avances en la agricultura, se deberá hacer una evaluación
sobre los posibles impactos ecológicos por su liberación al ambiente.

El uso de los combustibles fósiles, los cuales suministran 95% de la energía comercial
utilizada en la economía mundial, constituye la fuente más grande de emisión a la
atmósfera de gases que producen el efecto invernadero.

En el caso de los desastres por derrames petroleros en el mar, la biotecnología puede


contribuir a mitigar los efectos nocivos.

Lo relativo a la apertura de carreteras, fundamentales para el desarrollo pero que provocan


la destrucción de bosques, alteración de la fauna y contaminación del agua.

Dichos ejemplos muestran que el mundo no se dirige hacia el futuro duradero, sino a una
variedad de desastres humanos y ambientales potenciales, pero que también está
preocupado por la solución, y éste es el gran reto que enfrentan las universidades.

Estos problemas se originan en gran parte por la deficiente educación y cultura del ser
humano. Por ello, el compromiso fundamental de la educación ante el desarrollo sustentable
es el de impulsar un nuevo proyecto de civilización fundamentado no sólo en un nuevo estilo
de desarrollo, sino en un nuevo estilo de pensamiento, en una nueva cultura, en renovadas
formas de conocimiento científico y desarrollo tecnológico.
La educación, la capacitación técnica y la conciencia pública son componentes
fundamentales para gestionar y obtener logros en materia de desarrollo sustentable, y
éstas requieren generar con urgencia una cultura basada en el respeto a lo viviente y a lo no
viviente, e involucrar realmente a la sociedad en todos los aspectos de desarrollo
sustentable para que las decisiones dejen de ser tomadas por una minoría.

La educación superior se ha visto como parte del proceso de la formación del individuo,
inicia en las personas, el autodescubrimiento y aprendizaje sobre el mundo, fomenta el
desarrollo personal y ayuda a las personas a ejercer un rol en la sociedad. Pero en estos
momentos la educación superior es mas, es una responsabilidad para mejorar la sociedad,
mejorando las comunidades y reforzando el progreso social.

Las educación superior no deben limitarse a enseñar conocimientos disciplinares y


desarrollar habilidades. Su trabajo es también el de enseñar, fomentar y desarrollar los
valores morales y éticos requeridos por la sociedad. Las universidades deben preparar a
futuros profesionales que deberían ser capaces de utilizar sus conocimientos no sólo en un
contexto científico, tecnológico o económico, sino además poderlo aplicar a necesidades
sociales y medioambientales más amplias.

El Desarrollo Sostenible al contrario, cómo parte del desarrollo indispensable para la


supervivencia de nuestra especie como parte de la naturaleza, necesita a individuos que no
solo que compartan sus valores, además que estos hayan sido formados bajo los mismos
principios y acepten sus postulados como parte de la vida cotidiana. Es entonces que la
extensión universitaria como función básica universitaria y como estrategia de formación
de nuestros jóvenes, que las universidades podrán garantizar en el futuro mediato, un
perfil del egresado diferente, que garantice a su vez, un desarrollo sostenible.

Sin embargo, las universidades, mantienen la misma estructura y planes de estudios


sustentados sobre el modelo materialista. La racionalidad instrumental domina aún.

Por otro lado para el desarrollo sostenible, su objetivo es de satisfacer las necesidades de
la generación presente, sin comprometer la capacidad de satisfacer las necesidades de
generaciones futuras. En este sentido, la urgencia de cambiar de un sistema consumista que
durante décadas no hubo un uso eficiente de los recursos de la naturaleza, hacia otro más
conveniente en el sentido de supervivencia y continuidad de la especie humana, obliga a
replantear el papel educativo de las universidades, replanteando la educación superior
desde los cimientos, metodológicos y los valores, buscando alcanzar una transformación
cultural.

Para ello es importante establecer un sistema transversal de enseñanza y aprendizaje, que


permita orientar las formas de actuación social, y abandonando el sistema lineal
tradicional. Modificar los patrones culturales, redundará en mayores beneficios a mediano
y largo plazo, superando los programas activistas centrados en acciones sitiadas y por
tanto descontextualizadas (sembrar un árbol, recoger basura, pintar letreros, repartir
panfletos, entre otras).

Bajo estos referentes es indispensable estructurar propuestas curriculares orientadas a


responder a los diversos entornos ecológicos, políticos y sociales, no sólo económicos, en
clara empatía con las necesidades específicas de los grupos ahí presentes. En este aspecto,
se debe privilegiar la regionalización sobre la propia globalización, dando cabida a un
enfoque centrado en los micro o subsistemas imperantes. Este planteamiento no significa
retroceso, sino adecuación, ya que se trata de impulsar nuevas y renovadas formas de
pensamiento; de aquí la importancia de promover en la formación científico-tecnológica
propuestas holistas con enfoques constructivistas, particularmente en áreas como
agronomía, biología y ecología, llevando a los estudiantes a definir problemas y soluciones
dentro de determinados parámetros espacio-temporales.