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Universidad Nacional Autónoma de México

Facultad de Estudios Superiores Acatlán


Licenciatura en Filosofía

La pérdida de conexión entre el lenguaje y los hechos en Wittgenstein


Alejandro Ruelas Velásquez

I
El objetivo de este texto es hacer notar cómo no hay una conexión remarcada entre el lenguaje
humano y los hechos del mundo dentro de Las investigaciones filosóficas (Wittgenstein,
1988), en comparación con el modo en que dichos elementos se relacionan en el Tractatus
Logico-Philosophicus (Wittgenstein, 1999).
Para el ser humano es importante obtener conocimiento del mundo, de este
conocimiento, regularmente, esperamos que sea lo más objetivo posible, pues, de esta manera
nos aseguramos de que no dependa de la opinión, se dice que, para obtener esta objetividad,
es necesario que el conocimiento no dependa, únicamente, de lo que nosotros creemos acerca
del mundo, sino que, el verdadero saber recae en el hecho de que existe una conexión entre
nosotros y el mundo. Propondremos que, la manera en que notamos que conocemos algo es
porque hablamos de ello, entonces, es en lenguaje en donde se refleja el conocimiento; por
tanto, la conexión que debemos exponer y justificar es la que hay entre el lenguaje y el
mundo. En segundo término, la labor filosófica, como labor dialógica y reflexiva, está
directamente conectada con el lenguaje y, al explicar la forma de ser del lenguaje también
tendremos una mejor noción, de cómo la filosofía nos otorga conocimiento.
Para lograr el objetivo planteado, se explican algunas de las nociones más importantes
en el Tractatus y en las investigaciones filosóficas de Wittgenstein, textos con los que se
representa, comúnmente, la primera y la segunda época del filósofo, respectivamente. Se
describen y contrastan las ideas de cada texto con lo dicho en la otra obra. Al contrastar las
dos visiones, se remarca como es que las características, de ambas, desembocan en la relación
entre el lenguaje y los hechos del mundo o, en su defecto, en la falta de dicha relación. Con
lo anterior se pretende hacer patente cómo es que las ideas del Tractatus sí apelan a la
conexión entre el lenguaje y los hechos, mientras que esto no se da de la misma manera en
las investigaciones filosóficas.

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Las ideas más importantes, a tratar, serán, la manera en que cada Wittgenstein aborda
al lenguaje, la idea de juegos del lenguaje que aparece en el segundo Wittgenstein y sus
características, una noción general de como el primer Wittgenstein entiende que el lenguaje
representa al mundo y, de como de ambas visiones tienen puntos explicativos que aportan a
la comprensión de lo que es lenguaje, pero, que se diferencian al hablar acerca de cómo
obtenemos conocimiento de los hechos.
Se pretende puntualizar el hecho de que, para el segundo Wittgenstein, debido a la
manera en que aborda el lenguaje, éste, no tiene por qué estar, necesariamente, enfocado en
expresar conocimiento acerca de los hechos; sino que su importancia está dada por las
prácticas y contextos en que se esté. Mientras que, para el primer Wittgenstein sí existe una
manera en que nuestro lenguaje, es decir nuestro conocimiento, accede, en alguna medida, al
mundo. A través de una serie de citas y ejemplos, expuestos en diferentes partes de este texto,
trataremos de dar a entender la idea que se esté trabajando, primero se comparan dos citas
del primer y segundo Wittgenstein en torno al funcionamiento del lenguaje, luego se
proponen ejemplos para comprender la noción de juego del lenguaje y su funcionamiento.
Finalmente, discerniremos cuál de las dos posturas es más sólida al momento de tratar
de sustentar el conocimiento, justificando dicha decisión en las características del lenguaje
que cada obra propone, atendiendo a las consideraciones y ejemplos presentados en el
desarrollo de este texto.
Nos limitaremos a, explicar las nociones fundamentales del tema en cuestión con afán
de se pueda comprender lo que se quiere decir, sin necesidad de profundizar demasiado en
cada concepto, no podemos, aquí, explicar cada parágrafo y párrafo de los dos textos de
Wittgenstein aquí expuestos, pues esta labor acarrearía una extensión, e investigación, más
amplias, sin embargo, podemos dar una visión general del modo en que ambos trabajan el
lenguaje y mencionar las conclusiones a las que llega cada uno, para que, así, la comparación
entre ambos periodos Wittgensteinnianos sea clara, directa y concisa.
II
Para iniciar la comparación, consideremos las siguientes dos citas, la primera
proviene del Tractatus, mientras que la segunda de las Investigaciones: “2.1 Nos hacemos
figuras de los hechos.” (Wittgenstein, 1999, pág. 23), “Es interesante comparar la
multiplicidad de herramientas del lenguaje y de sus modos de empleo, la multiplicidad de

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géneros de palabras y oraciones…” (Wittgenstein, 1988, pág. 41) Podemos ver que, por un
lado, el Wittgenstein del Tractatus nos ofrece una consideración bastante sistemática de la
manera en que el lenguaje se conecta con el mundo, el lenguaje tiene un único
funcionamiento: figurar el mundo. También, nos comenta acerca de cómo toda figura del
mundo puede o no tener sentido, si lo tiene puede ser analizada por la lógica, y entonces
podemos diferenciar la figuras verdaderas de las falsas, si, en cambio, es un sinsentido, la
figura muestra lo que quiere decir, no se comprueba con los hechos su veracidad, su valor se
encuentra más allá de la lógica. En las consideraciones del Tractatus, se dice que, no se ha
hecho nunca un análisis profundo sobre el lenguaje, y mucho menos, sobre el lenguaje
ordinario, el cual es aquel que no pretende hacer proposiciones lógicas, no busca que tengan
sentido, y por ello, el lenguaje ordinario, el que usamos todos los días en nuestra vida
cotidiana, provoca confusiones y errores, pues no respeta los límites lógicos del lenguaje. El
primer Wittgenstein no tiene en mente que el lenguaje, tal como es, esté correctamente
construido con respecto a los lineamientos de la lógica y, propone que, si lo que queremos es
dar un sistema que represente adecuadamente el mundo, dicho sistema, el lenguaje, debe
respetar los límites lógicos.
En contraste con el primer Wittgenstein, para el segundo el lenguaje ordinario no
necesita ser evaluado como correcto o incorrecto, sólo tenemos que saber que funciona, que
podemos comunicarnos con los demás a través de él. El segundo Wittgenstein no dice como
debe ser el lenguaje para representar correctamente al mundo, describe, más bien, cómo es.
Se habla en Las investigaciones filosóficas acerca de los modos e interpretaciones que
hacemos del mundo en torno a la noción de juegos del lenguaje, juegos en los que nos
hallamos inmersos. En términos simples, un juego del lenguaje es un sistema de expresiones,
cambiante, con ciertas reglas, la cuales permiten el uso de ciertas oraciones, palabras y la
prohibición de otras dentro de él, muchas expresiones sólo se comprenden dentro de un
mismo juego del lenguaje y nunca fuera de él, por ejemplo: supongamos que estamos
haciendo la descripción de una pintura desde el juego del lenguaje del arte, dentro de este
juego encontramos expresiones como: ¡qué bello! o ¡qué gran técnica!, pero estamos de
acuerdo que no encontraremos cosas como: ¿y si le aplicásemos una división entre todos los
números naturales a esta pincelada? Lo que pasa aquí es, que esa última expresión aunque
puede ser dicha dentro de ese juego del lenguaje, no se comprende dentro de él, pero claro

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que podría comprenderse en otro juego en que se relacionase el arte y la matemática. Así
pues, podemos hallar muchos juegos del lenguaje, cada uno son su particular serie de reglas
que dan significado a las expresiones que contiene.
Podemos considerar al Tractatus como un juego del lenguaje y, decir que, sus reglas
prohíben que algunas nociones se comprendan dentro de él, está, en un sentido, limitado por
dichas reglas. Mientras tanto, en Las investigaciones filosóficas tenemos un campo más
amplio para comprender el lenguaje, pues, no se trata, en ese texto, nada más de las reglas
lógicas y de un análisis del lenguaje, sino que, podemos incluir lenguajes, juegos, que den
significado a nociones que desobedezcan las reglas lógicas; podremos hablar, incluso, de los
asuntos que quedaron inefables, y en lo místico, en el Tractatus. Esta última consideración
acerca de su primer texto es lo que hizo, en parte, a Wittgenstein corregirse acerca de él en
el segundo, pues, se considera que, el carácter tan cerrado del primer Wittgenstein no refleja
certeramente las capacidades tan diversas del lenguaje.
En Las investigaciones como dijimos, se hace una descripción, no se trata de resolver
los problemas que tiene el lenguaje, se afirman propiedades inherentes a él. Diríamos que,
este segundo texto está, más bien, enfocado a hacer mención de las características del
lenguaje, los límites del lenguaje no se encuentran, se postulan, pues, al tener en cuenta la
idea de que el lenguaje sólo se limita por su uso podemos decir que, dependiendo de éste,
nosotros mismos establecemos las reglas y los límites de los juegos del lenguaje. El segundo
Wittgenstein parece haber abandonado el proyecto de la construcción de un lenguaje
lógicamente perfecto, pero ¿qué de provechoso tiene esto? ¿Qué de bueno tiene expandir la
concepción del lenguaje de esta manera? notamos que Wittgenstein nos da una muy buena y
acertada visión del lenguaje, de cómo tiene, evidentemente, sus particularidades, y de cómo,
en ocasiones, nos causa problemas y malentendidos, pero que, a fin de cuentas, funciona. Si
lo consideramos desde la noción de uso, como Wittgenstein lo trata en Las investigaciones,
es correcto lo que dice: para poder comunicarnos con soltura dentro de un juego del lenguaje
sólo necesitamos conocer sus reglas, para poder establecer las reglas de un juego del lenguaje
debemos atender al contexto en que estamos inmersos. Uno no necesita hablar de ciencia y
sus aplicaciones, sino hace ciencia o habla acerca de ella, nuestro contexto no requiere que
conozcamos el juego del lenguaje de la ciencia. De hecho, habría algunos contextos cuyos
juegos del lenguaje se excluyen el uno al otro, como en el caso del de la lógica y el de la

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ética. Esto último es un punto contrastante entre ambos Wittgenstein. El primero no cree que
valga la pena intentar buscar proposiciones éticas con sentido, es absurdo, los hechos éticos
se muestran, no puede comprobarse si las proposiciones acerca de ellos son verdaderos o si
son falsos, para el segundo, se puede postular un juego del lenguaje donde tengamos la
capacidad de hacer que alguien comprenda que algo está mal, aunque no sepa lo que significa
lo bueno y lo malo. De nuevo, funciona el juego del lenguaje.
A través del tiempo, se ha encasillado al Tractatus como un texto analítico, que habla
nada más de lenguajes perfectos y estructuras formales, pero es necesario decir que, a pesar
de estar inmerso dentro de un contexto lógico, el mérito verdadero del Tractatus es tratar de
comprender el mundo, algo que Las investigaciones apenas rozan. A través de nociones como
la forma y la figura lógica, la cosa y el hecho queda mostrado aquello que no se dijo, aquello
que para Wittgenstein era lo más importante de su obra. La forma lógica conecta a los hechos
con el pensamiento, es decir, la posibilidad de que las cosas estén en algún hecho posible,
relacionadas, es lo que permite que podamos conocerlas, que podamos conectarnos con el
mundo, aunque no podamos explicar cómo ni porqué exactamente. El Tractatus escapa a lo
dicho en Las investigaciones en tanto que, arremete contra las reglas del juego del lenguaje
que él mismo propone, es un texto normativo que al final irrumpe contra cada norma que
postula, lo cual se ve reflejado en el penúltimo parágrafo del texto: “6.54 Mis proposiciones
esclarecen porque quien me entiende las reconoce al final como absurdas, cuando a través de
ellas –sobre ellas- ha salido fuera de ellas…” (Wittgenstein, 1999, pág. 203)
Retomando lo dicho en Las investigaciones, podemos notar que, allí, se nos habla
acerca de cómo el lenguaje se evalúa con respecto al uso que le demos dentro de la
comunicación. En el Tractatus no encontraremos ninguna referencia a la comunicación con
los otros, el primer Wittgenstein se enfoca en la relación del lenguaje con el mundo. En este
sentido, el segundo Wittgenstein tendría una ventaja sobre el primero en el plano de lo
comunicativo, ya que, dentro de sus ideas se considera que, cuando hablamos lo hacemos
para los otros, los demás son parte del contexto en donde se desenvuelven los juegos del
lenguaje y afectan la manera en que construimos las reglas de dichos juegos. Ya que, el buen
uso de un juego del lenguaje tiene que ver con su éxito en la acción, si logramos que alguien
entienda lo que queremos decir, y actué conforme a ello, entonces decimos que el juego del
lenguaje funciona, por ejemplo: si podemos hacer que la persona con la que hablamos nos

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dé una sábana, aunque se desconozca lo que sea en realidad una sábana o lo que significa la
palabra “sabana”, podemos deducir dos cosas: que sabemos, el hablante y el interlocutor,
cómo jugar ese juego del lenguaje y que, éste, funciona. El lenguaje, aquí, tiene que ver con
la manera en que nos comunicamos con el otro, tiene cierta conexión con las cosas de las que
hablamos, pero las desatiende al mismo tiempo, pues se concentra en la comprensión de lo
dicho, no en su significado. No importa que uno no sepa a qué se refiere otro cuando le
reclama que es malo, sino que, basta con que uno no actué de una manera incorrecta con
respecto a las reglas establecidas por el contexto donde ambos se mueven. Los objetos, y
nuestra conexión con ellos, pierden relevancia en Las investigaciones. Si podemos usar un
lápiz, ¿qué más da de qué esté hecho? O, ¿qué importa lo que signifique la palabra “lápiz”?
Al considerar los juegos del lenguaje no nos comprometemos con las cosas, ni con lo que
realmente son, ni siquiera podemos decir que nos comprometemos con algún juego del
lenguaje en particular, pues, nos movemos de uno a otro dependiendo de lo que queremos
expresar y hacer, lo peor es que, en la mayoría de las ocasiones, esta transición de un juego
a otro, es involuntaria. ¿Cómo empecé a hablar de filosofía? ¿En qué momento dejaron de
comprenderme aquellos que no saben de filosofía? El segundo Wittgenstein quiere
describirnos el lenguaje, y lo hace de manera clara y concisa, pero con esta descripción lo
que ocurre es que, ahora dependemos de nuestra habilidad para movernos a través de los
juegos de lenguaje para “conocer” el mundo, las cosas se alejan del conocimiento, y del
lenguaje.
Al contrario, el Tractatus descubre los límites del lenguaje a través de los límites de
la lógica, no a través del propio lenguaje y su uso. La diferencia reposa en que, el primer
Wittgenstein parte del mundo para explicar el comportamiento del lenguaje, pues, la lógica
atraviesa a ambos, y en la segunda época del filósofo, la explicación se queda en el lenguaje.
El Tractatus tiene un carácter más rígido, ya que, propone que el lenguaje mismo no puede
dar una explicación clara de lo que es, porque esto acarrearía metalenguajes que tendrían las
mismas fallas que el lenguaje analizado; y se dice que, la única manera de comprender
explicativamente al lenguaje sería salir de él, decir lo indecible, salir de la lógica por un lado
y salir del pensamiento por el otro. ¿Serán Las investigaciones filosóficas uno de estos
metalenguajes que se nos proponen desde el primer Wittgenstein?

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De lo dicho en el Tractatus podemos concluir que, el lenguaje muestra su verdadera
naturaleza en la manera en que figura al mundo, no en su uso. La posibilidad de acomodo, y
conexión, entre las proposiciones y los hechos nos ayuda a conocer, de forma puntual, el
lenguaje y el mundo, aunque, se diga que el lenguaje siempre estará a medias, pues, con él,
sólo llegamos a conocer una parte del mundo, ya que, nos movemos siempre dentro de los
límites de la lógica.
Como vimos, para el primer Wittgenstein, resulta importante el hecho de que los
límites del lenguaje no son propuestos por nosotros, sino que la lógica misma los marca.
Todo lo que conocemos y lo que somos se mueve dentro de la lógica, podemos decir cosas
absurdas, sinsentidos, que muestren algo más allá de lo lógico, pero el valor de lo dicho no
pude ser revelado a través del análisis de las proposiciones, se muestra. La música por
ejemplo, evidentemente tiene un orden, no cabe descubrir unas características exactas y
explicables de las composiciones musicales, sino que su valor esta dado en algo que debemos
experimentar para comprender. El Tractatus habla de todos los hechos, no sólo de la manera
de ser del lenguaje, contempla la idea de que podemos, efectivamente, conocer los hechos,
pues, inicia con ellos su discurso; incluso cuando esos hechos escapan a las leyes de la lógica,
podemos notar que se da preminencia a como es el hecho y no a como hablamos acerca de
él. En el primer Wittgenstein, el lenguaje depende del mundo y no al revés.
En Las investigaciones notamos que, perdimos de vista a los hechos y al mundo. El
segundo Wittgenstein se concentra en la utilidad del lenguaje, nos comenta acerca de cómo,
atendiendo a los diferentes contextos podemos construir juegos del lenguaje, pero debido a
que podemos hacer esto, lo hechos pasan a segundo término. Podríamos preguntar ¿hay en
el segundo Wittgenstein otra forma de acercarnos al mundo sin hacer uso del lenguaje? como
la respuesta es negativa, podríamos incluso decir que, el segundo Wittgenstein nos acerca,
peligrosamente, a la subjetividad: pues todo contexto trae consigo un juego del lenguaje,
aunque no independientes, sí, diferentes unos de otros; sería cuestión de conocer cada juego
particular para poder acercarnos a algún conocimiento certero de los hechos. Lo destacable
del segundo Wittgenstein es que, en él, cabe pensar otra forma de entender los problemas del
lenguaje: No nos entendemos, los unos a los otros, porque no jugamos el mismo juego. Nos
invita a movernos de los juegos del lenguaje a los que estamos acostumbrados a otros juegos

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distintos. Finalmente, en las investigaciones filosóficas se atiende, fuertemente, a la
comunicación entre las personas como una característica importante del lenguaje.
La diferencia radical, entre ambos textos, es la siguiente: el segundo Wittgenstein
habla acerca de cómo se comporta el lenguaje y, piensa, que éste no tiene errores reales que
haya que analizar y tratar de superar, habla de cómo podemos reducir todo el asunto del
lenguaje a su uso en un contexto. El segundo Wittgenstein logra englobar de alguna manera
las ideas del primero en sus concepciones, transformando al Tractatus en un juego del
lenguaje, pero no logra domarlo. Pues, si bien, el segundo Wittgenstein puede hablar del
primero como un jugador dentro de un juego, no puede acabar de explicar las consideraciones
más fundamentales de las que se habla en el Tractatus. Las investigaciones filosóficas
describen el lenguaje, en cambio, el Tractatus explica-muestra no sólo el lenguaje sino
también el mundo, esto, en el sentido en que, aunque las consideraciones del texto atienden
a la lógica, no están dedicadas de lleno a ella y al lenguaje, como podemos notar en la
siguiente cita: “1 El mundo es todo lo que es el caso.” (Wittgenstein, 1999, pág. 15) En esta
primera proposición, no se atiende a ningún sistema lógico ni lingüístico, se quiere remitir a
la naturaleza del mundo mismo.
III
El contraste entre las ideas, hace notar dos cosas principalmente: En primer lugar que,
aunque se nos diga, muy claramente, lo que es y cómo se comporta el lenguaje, atendiendo
a como lo usamos, dicha explicación pierde de vista la idea de que hay una conexión entre el
lenguaje y los hechos. Y que, en oposición, podemos consideraremos la postura que afirma
que el lenguaje debe tener una conexión con el mundo.
Hay que remarcar, pues, que, gracias a las consideraciones del primer Wittgenstein
tenemos una opción donde se da preminencia a la conexión entre el lenguaje y el mundo; y
de esta manera el conocimiento no se ve limitado por un juego del lenguaje. Entender con
claridad cómo es que el lenguaje se conecta con los hechos ayuda a discernir entre sí tenemos
algún conocimiento objetivo del mundo o si sólo nos movemos en un juego del lenguaje.
En conclusión, parece más coherente vivir en un mundo donde el conocimiento sí se
conecta con los hechos, aunque queden algunas cosas fuera de los límites lógica. La labor
filosófica nos orilla a creer más en el Tractatus que en Las investigaciones filosóficas, pues,
de esta manera, tenemos alguna posibilidad de acercarnos al mundo. Como filósofo, uno no

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debería arrojarse, de lleno, a la idea de que el conocimiento remite a utilidad y al contexto,
lo propuesto por el segundo Wittgenstein. Y aunque debemos admitir que, la idea de moverse
voluntariamente a través de los juegos de le lenguaje parece bastante tentadora, esto sólo
serviría pragmáticamente, lo que sea en realidad el mundo apenas sería tocado. Además, es
humanamente imposible conocer todos los juegos del lenguaje.

Bibliografía
Fann, K. (2003). El concepto de filosofía en Wittgenstein. Madrid: Tecnos.
Wittgenstein, L. (1988). Investigaciones Filosóficas. Barcelona/México: CRÍTICA/IIF.
Wittgenstein, L. (1999). Tractatus Logico-Philosophicus. Madrid: Alianza.