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PENSAMIENTO POLÍTICO DEL JOVEN HEGEL

La razón, libertad, voluntad, subjetividad e individualidad son los ejes sobre los que se construye el
pensamiento político moderno, del que Hegel es uno de los máximos exponentes. Hegel considera al hombre
esencialmente como un ser libre, es decir que, reconoce como el único derecho natural innato del ser
humano, la libertad; asimismo, considera que la articulación del hombre en la sociedad se hace como
individuo, manteniendo siempre su subjetividad y su libertad o, mejor dicho, desarrollando su individualidad
libremente en el medio social.

Hegel expone por primera vez su concepto de Estado en su ensayo sobre la Constitución de Alemania,
escrita en 1801, es el primer intento de Hegel de dar una definición viable del Estado. Definiéndola como “una
multitud de seres humanos solamente se puede llamar Estado si está unida para la defensa común de la
totalidad de su propiedad”

Estos puntos de vista fueron sistematizados en la obra que contiene el núcleo de su pensamiento político:
“Filosofía del Derecho”, publicada en 1821. La ciencia filosófica del derecho tiene por objeto la idea del
derecho, y la idea del derecho es la libertad. La libertad no es un simple predicado de la voluntad, sino su
esencia. Es ahí donde Hegel señala que el Estado se desarrolla en torno al derecho, moralidad y eticidad;
debido a que el derecho es necesario para la convivencia del grupo, la moralidad es la interiorización del
derecho y la eticidad, en la que se identifican todos en común por la idea de bien comunitario; ello se articula
en familia, sociedad civil y Estado, sobre eso gira la libertad, cuya culminación lleva al Estado.

Para Hegel, las relaciones entre el individuo y la sociedad se hallan en su inicio reguladas por el derecho
abstracto. Este derecho contiene prescripciones de su índole jurídica por cuanto que el sujeto considera a sus
interlocutores como iguales, titulares de los mismos derechos que él mismo. Sin embargo, se trata de un
derecho abstracto porque sus normas se limitan a intentar garantizar la convivencia, sin atender a la voluntad
interna de los sujetos de derecho. En este primer estado, el hombre realiza su libertad a través de la
propiedad, inicialmente, el hombre ha expresado su libertad utilizando las cosas y, todavía más,
apropiándoselas efectivamente, encarnando su voluntad en ellas; es decir, que para Hegel el derecho es
privado, puesto que se preocupa de la relación con los hombres y las cosas.

No obstante, la apropiación ha dado como resultado la mera posesión. Pero esa posesión deviene propiedad
si se hace objetiva tanto para otros individuos como para el tenedor efectivo, desde entonces propietario. La
propiedad, entonces, no aparece como una relación entre el hombre y las cosas, sino como mediación
necesaria para conseguir ser reconocido por los demás hombres en el mundo objetivo; es decir, los individuos
afirman su existencia libre excluyendo a los demás de los objetos de su deseo, lo que se llama la libertad de
apropiación.

Fundamentada la persona a través de la apropiación (propiedad) como sujeto de derechos, es necesario


determinar sus límites y establecer un instrumento legítimo de relación interpersonal. Ese instrumento es el
contrato, que establece el marco en que la posesión es reconocida por el otro y se convierte, por tanto, en
propiedad legítima. Soy propietario en la medida en que respeto la propiedad de los demás y, por ende, los
demás respetan la mía. En otras palabras, la libertad de apropiación se transforma en propiedad privada, y la
propiedad privada es inherente, puesto que viene dado con el hecho de ser libre, así como, existe un
reconocimiento mutuo.

Hegel considera que el paso del hombre privado a ciudadano es indispensable y superior al liberalismo. Es la
situación ideal, se rige por ideas generales o universales y alcanza así la verdadera libertad. El Estado
expresa esas ideas por medio de la Ley; según Hegel el Estado de ordena conforme a la ley y actúa conforme
a ella, con la máxima racionalidad.
Para Hegel, la Constitución es una realidad viviente e histórica que emana de la eticidad del Estado y no un
texto redactado tras deliberaciones, discusiones y voto, va sea del pueblo o de sus representantes. En última
instancia, la Constitución se refiere al mismo pueblo; el Estado debe entenderse como «espíritu de un
pueblo» y «cada pueblo tiene la Constitución que es adecuada a él y la que le corresponde». Para Hegel no
se pude dar una constitución fija, tiene que adecuarse a su desarrollo.

Para Hegel, la soberanía pertenece al Estado, no al pueblo, y se proyecta en la figura del monarca: «El
sentido más usual en el que se ha comenzado a hablar en los últimos tiempos de soberanía del pueblo es el
que la opone a la soberanía existente en el monarca. Tomada en esta contraposición, la soberanía del pueblo
es uno de los tantos conceptos confusos El pueblo, tomado sin sus monarcas y sin la articulación del todo,
que se vincula necesaria e inmediatamente con ellos, es una masa carente deforma, que no constituye ya un
estado y a la que no le corresponde ninguna de las determinaciones que únicamente existen en un todo
formado y organizado: soberanía, gobierno, tribunales, clases, etc.», y añade: «en el pueblo [...] que se piense
como una verdadera totalidad orgánica, desarrollada en sí misma, la soberanía existe como personalidad del
todo y ésta, en la realidad que corresponde a su concepto, en la persona del monarca».

Hegel señala existen tres poderes: monárquico, el gubernamental y el legislativo, los cuales sirven para
organizar el cuerpo político. El legislativo se encarga de elaborar las leyes, algo de lo que también participan
el poder monárquico (rey) y gubernativo (gobierno); el legislativo debe recoger las necesidades de la sociedad
civil, adaptando lo general a la universalidad de las leyes, a través de la administración y el funcionariado, de
miembros que deben demostrar sus aptitudes por oposiciones. Afirma que la mejor función pública es la
soberanía, que reside en el Estado y el mejor modelo es el monarca como símbolo de soberanía y el papel de
monarca se ciñe en dar su sanción real a las leyes, como el modelo de monarquía moderada o parlamentaria.

El poder judicial no existe propiamente en la esfera política, lo traslada al ámbito de la sociedad civil, puesto
que la administración de justicia le corresponde, y el poder ejecutivo reside en el poder monárquico y
gubernativo.

Asimismo, Hegel considera al pueblo como la parte menos capaz del Estado, y no acepta la universalidad de
la participación.

CONCLUSIÓN

Hegel en su obra “Filosofía del Derecho”, expone con detalle y profundidad una teoría que explica la realidad
del Estado constitucional moderno con todos sus elementos, la cual abarca no solo la naturaleza y
organización del Estado, sino también las relaciones de los individuos en las instituciones de la sociedad civil
y de la familia, sus creencias y conceptos de la moral.

Asimismo, presenta una autentica ciencia del estado y presenta a este como algo racional en sí, sin embargo,
no es un modelo de gobierno ideal, sino más bien que de manera debe concebirse el estado como el universo
ético, y concebirse a cada individuo; y la filosofía quedaría también como el propio tiempo aprehendido con el
pensamiento. La forma en su más concreta significación, es la razón como conocimiento que concibe y el
contenido es la razón como esencia sustancial de la realidad ética, y también de la natural, y la identidad
consciente de forma y contenido constituye la idea filosófica.