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I.

Importancia y características de las remesas

El tema de los envíos de dinero que realizan nuestros paisanos que trabajan en Estados Unidos
para ayudar a sus familiares en México, cobra cada vez mayor importancia y es estudiado con gran
detenimiento por las autoridades gubernamentales e incluso por los legisladores de nuestro país.

Las remesas, efectivamente, son un gran alivio para las familias de compatriotas que en muchos
de los casos viven en condiciones de pobreza extrema, y lo son también para la planta productiva,
los comercios y la sociedad en general. Por ello, tienen un impacto significativo en la economía de
nuestro país e incluso en la de Estados Unidos.

En su estudio sobre la naturaleza de la pobreza. John Kenneth Galbraith señala que la migración
es la acción que lleva más tiempo combatiéndose. En países como Irlanda. Suecia. Italia. España y
Portugal, la migración resultó ser buena y asimismo ayudó a romper el ciclo de la pobreza en los
países de origen.1

Tanto México como los Estados Unidos reconocen la importancia de las remesas. Los dos países
ven en ellas un recurso multiplicador. Las remesas tienen un efecto directo en las familias que las
reciben y un efecto indirecto en todas las familias que se relacionan con el gasto de ese dinero.

En el caso de los Estados Unidos, el reporte de la Comisión para el Estudio de la Migración


Internacional y ti Desarrollo Económico de 1990 menciona que si las remesas de los inmigrantes
fueran canalizadas en inversiones productivas para que pudieran generar empleos y elevar
ingresos, el apremio para que salieran los trabajadores a buscar ocupación a otros países sería
mucho menor.

De igual forma. Estados Unidos reconoce que los fondos que los inmigrantes envían a sus países
de origen han contribuido al renovado crecimiento de su economía. La entrada en dólares
proporciona recursos para que los países receptores —en este caso México—puedan importar
bienes y servicios estadunidenses.

Por otra parte, no hay que olvidar que son empresas estadunidenses las que realizan los envíos de
dinero y esto les representa grandes ganancias pagadas con los ingresos que perciben los
trabajadores inmigrantes, sobre todo mexicanos.

Desde luego, para el gobierno de México la importancia de las remesas y su seguridad en el envío,
así como la atención a los trabajadores mexicanos en países extranjeros, es clara y así lo ha
evidenciado siempre. En 1989, por ejemplo, con la creación del Programa Paisano, cuyo propósito
ha sido recibir a los miles de mexicanos que regresan cada año a visitar a sus familias, vigilando
entre otras cosas que no abusen de ellos en las carreteras y también, por qué no decirlo, en las
aduanas y puntos de entrada a nuestro país. En 1990, con la creación del Programa para la
Atención de las Comunidades Mexicanas en el Extranjero, como una estrategia de política exterior,
con la misión de mejorar e incrementar sus relaciones con la población de origen mexicano en los
Estados Unidos.

Las remesas son un importante vínculo entre los inmigrantes y sus países de origen. Las sumas
que representan crecen muy por encima del aumento de la población inmigrante que las genera.
En sí, son mayores que la ayuda que brindan los Estados Unidos a los países en desarrollo.
En tiempos en que se llevan a cabo ajustes en los programas económicos de casi todas las
naciones latinoamericanas, entre ellas México, las remesas han contribuido a reducir los costos
sociales de estas reformas. Las remesas de inmediato tienen efectos en los bolsillos de las
familias.

Un estudio de Adelman, Taylor and Vogel mostró en 1988 que en ciertas comunidades mexicanas
el consumo era casi un 40% mayor a los recursos que percibían sus pobladores por concepto de
salarios; esa diferencia la cubrían precisamente con el dinero de las remesas recibidas. El 92% del
dinero de las remesas es utilizado para cubrir necesidades básicas como comida y vestido, señala
otro estudio de Cornelius en 1990. Por otra parte, Durrand, Parrado y Massey, constataron en 1996
que ese mayor consumo de bienes y servicios por parte de los familiares de los migrantes trae en
consecuencia mayor producción de bienes locales (mexicanos) y por lo tanto aumento en la tasa
de empleo y del ingreso nacional.2

Haciendo referencia a la magnitud de las remesas en las áreas rurales mexicanas. Barkin señala
que inclusive el dólar es más barato en dichas áreas que en la capital del país, por las grandes
cantidades que reciben los bancos en estas zonas.

Las remesas, como ya mencionamos, tienen efectos en la producción. En México han contribuido
de dos diferentes maneras: a) a la inversión directa en diversas actividades económicas que
rebasa los 84 millones de dólares anuales, y b) indirectamente a una inversión en plantas, equipo y
mano de obra para atender la demanda adicional de bienes de consumo. Como consecuencia, se
estima que la llegada de 2,000 millones de dólares en remesas origina 6.500 millones de dólares
de producción adicional, con efectos multiplicadores importantes en el ramo de manufacturas y
servicios.3

El volumen de las remesas es un recurso importante para muchas naciones. Excede, por ejemplo,
el total de exportaciones en países como Bangladesh. Jordania. Egipto y Yugoslavia, y en países
latinoamericanos como El Salvador. Guatemala o Nicaragua alcanza un porcentaje más que
significativo.

En México las remesas representaron en 1997 el 4.5% del ingreso obtenido por exportaciones, el
43% del ingreso por concepto de la venta de petróleo, y casi el 55% del importe que recibimos por
las maquiladoras. Son superiores al ingreso neto de divisas por concepto de turismo y su monto es
equivalente a la mitad de la inversión extranjera directa en los dos últimos años.

En base a las proyecciones del efecto multiplicador de las remesas, se estima que por cada dólar
enviado o traído a México, el Producto Interno Bruto (PIB) aumenta aproximadamente 2.90
dólares. Cada dólar que ingresa puede traducirse en un aumento de 2 ó 3 pesos en el ingreso de
los trabajadores del campo mexicano y de 9 ó 10 pesos en el caso de las familias urbanas.
Además, las remesas de dinero permiten a muchas comunidades superar restricciones de capital y
financiar proyectos de obras públicas como parques, escuelas, iglesias, carreteras y
alcantarillado.4

En teoría, a mayor integración económica menor será el flujo migratorio y por ende menor también
el monto del dinero enviado a nuestro país.

El número de migrantes no es el único elemento que determina el monto de las remesas, pero sí el
más importante —cuando menos dos terceras partes de los migrantes mexicanos envían dinero a
sus familiares—. Por eso al momento en que éste descendiera, habría un impacto negativo en la
economía de aquellos lugares expulsores de migrantes.

Existen razones para pensar que el nivel de la migración mexicana hacia los Estados Unidos ha
llegado a su pico, y que muy probablemente comience a descender a partir del próximo siglo.
Consideraciones económicas y demográficas de mediano plazo indican que la presión migratoria
impulsada por la oferta de trabajo debe bajar de los niveles actuales.

Sabemos que acontecimientos recientes, como la crisis económica de 1995 y la devaluación del
peso, aumentaron la migración de miles de mexicanos.

II. Origen y destino de las remesas

El estado de California, que tiene casi el 50% del total de los inmigrantes mexicanos de los
Estados Unidos, junto con Texas, que tiene sobre el 15%. Nueva York. Illinois y Florida, que están
sobre el 8%, y Arizona y Nuevo México, con menos del 5%. son las entidades estadunidenses de
las que más dinero emana por concepto de remesas5

Dicen algunos que dichos recursos bien podrían ser utilizados para mejorar las economías locales
y las condiciones de vida de esos mismos inmigrantes, pero pierden de vista que ese dinero
corresponde a los ahorros, que en este caso los mexicanos han logrado con su trabajo en los
campos y otras empresas que fortalecen las economías locales. Además de que ya han pagado
impuestos federales y estatales como cualquier otro ciudadano estadunidense.

Los migrantes mexicanos que van a los Estados Unidos son originarios de comunidades, pueblos o
ciudades de toda la República Mexicana. pero la migración intensa se concentra en poco más de
100 municipios de los 2.439 que tiene el país.

Los estados tradicionalmente expulsores de migrantes son los destinatarios principales de las
remesas. Jalisco, Michoacán, Zacatecas, Guanajuato. Guerrero. Coahuila, Distrito Federal.
Veracruz y Puebla reciben sobre un 8% cada uno, del total de los fondos que ingresan al país por
este concepto. Otros estados como Oaxaca. Sinaloa. San Luis Potosí, Durango, reciben
porcentajes menores pero significativos.

El número de inmigrantes mexicanos en los Estados Unidos se incrementó considerablemente a


partir de 1980. De 2.200.000 inmigrantes de origen mexicano que se estima había en Estados
Unidos en ese año, aumentó a 7,300.000 en 1996, casi 2.5 veces más. Las remesas han
aumentado en mayor proporción. El dinero enviado por los inmigrantes ha pasado de 700 millones
de dólares en 1980. a cerca de 5.000 millones en la actualidad, es decir. 6 veces más.

Las cantidades que envían los jefes de familia varían significativamente entre los países. Las
remesas mexicanas no se distinguen por ser las más cuantiosas, ya que nuestros paisanos sólo
envían entre el 8 y el 10% de su sueldo, cuando migrantes de otros países como Colombia. El
Salvador o la República Dominicana, envían hasta el 16% de sus percepciones, según estudios
realizados.

Sin embargo, se ha incrementado el porcentaje de lo que envían ahora, de un 6% en 1979 a un 8%


hoy en día, no obstante que el ingreso real que perciben es menor al de veinte años antes.

Desde 1980 hasta 1990 la forma más utilizada para el envío de dinero a México fue el money
order. A través de este instrumento se operaba casi el 50% de las remesas, sobre un 15% con
giros telegráficos, un 5% en cheques personales enviados por correo, y el resto un 30% mediante
las denominadas transferencias de bolsillo, que corresponden al dinero en efectivo que
directamente llevan los trabajadores.6

En ese periodo se cometían frecuentes abusos por pérdidas de cartas que contenían money orders
de distinta denominación. Una de las empresas más criticadas en este sentido fue Orlandi Valuta,
la cual inclusive enfrentó diversas demandas. Asimismo, nuestros paisanos eran continuamente
extorsionados en los puntos de entrada y asaltados en las carreteras de México.
El incremento en el uso de las transferencias electrónicas frente a otros instrumentos, ha tenido
mucho auge debido principalmente a la rapidez con que se sitúa el dinero en México —que puede
ser cosa de minutos— y a la seguridad de que el dinero no se pierde, cuando menos en lo que toca
a su transportación y punto de llegada.

Para 1996 el Banco de México calculaba que las transferencias electrónicas se habían situado en
un 35.9% del total de los envíos, porcentaje casi idéntico al que se hace ahora a través de money
orders (36%). el cual bajó significativamente al igual que los cheques personales y las
transferencias de bolsillo, quedando más o menos estable el porcentaje de las transferencias vía
telégrafo.

El cuadro número 2 muestra el cambio que ha experimentado el uso de diferentes formas de envío
de dinero, comparando el principio de la década con los años más recientes.

http://www.nexos.com.mx/?p=9109