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‘’Las satisfacciones de provenir de una familia de Arrieros’’

Atuntaqui tierra de grandes caminantes, uno de ellos Don


Joaquín Villegas Espinosa, quien contaba a sus nietos las
aventuras de sus viajes a ‘’Baboyo’’ (Babahoyo). Uno de los
tambos era Chucupoyo camino a Guaranda. Traían y llevaban
mercadería: finas telas, y piezas de máquinas como ejes. Su
esposa salía a la carretera vieja para esperar a los arrieros con el
avío. Los viajes los hacían hasta Colombia. Para viajar a Popayán
demoraban dos meses en ir y volver. Durante la travesía estaban
expuestos a enfermedades. También cargaban algodón de las
plantaciones de Urququí. Este algodón era entregado en la
fábrica de Jijón y Caamaño en los Chillos (Quito). Estos arrieros
a lomo de mula trajeron la maquinaria para esta fábrica.
También cuenta Don Arturo que su abuelito Joaquín con su tío
Pedro Calderón, transportaban gringos de Quito a Imbabura.
Los señores Marroquín y Jácome habían traído la piedra pómez
para hacer la cúpula de la torre de la Iglesia Matriz de Atuntaqui.

Los hijos de los arrieros cuidaban las mulas y cortaban alfalfa,


también acompañaban a los viajes en los cuales oían historias
fantásticas. Con seis o siete mulas viajaban a Intag. Arturo dice
que cuando las mulas se enfermaban, con la navaja sangraban
el cuello del animal para que se reponga. Para llegar a Apuela
debían pasar por funestos lugares como Azaví, El Calvario y una
quebrada llamada Los Lamentos, donde se caían las mulas.
Pertenecer a una familia de arrieros para Don Arturo es un
motivo de orgullo.