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4.6.

El conocimiento superior al
hombre
Enrique Martínez. Teoría del conocimiento
Barcelona, Marzo 2018

Francisco Canals, Sobre la esencia del conocimiento, Barcelona, PPU, 1987, pp. 483-
518.

1. Punto de partida

«Yo pregunté a la tierra y respondió: No soy yo eso; y cuantas cosas se contienen en la


tierra me respondieron lo mismo. Preguntéle al mar y a los abismos, y a todos los
animales que viven en las aguas y respondieron: No somos tu Dios; búscale más arriba
de nosotros. Pregunté al aire que respiramos y respondió todo él con los que le habitan:
Anaxímenes se engaña porque no soy tu Dios. Pregunté al cielo, Sol, Luna y estrellas,
y me dijeron: Tampoco somos nosotros ese Dios que buscas. Entonces dije a todas las
cosas que por todas partes rodean mis sentidos: Ya que todas vosotras me habéis
dicho que no sois mi Dios, decidme por lo menos algo de él. Y con una gran voz
clamaron todas: Él es el que nos ha hecho. Estas preguntas que digo yo que hacía a
todas las criaturas era sólo mirarlas yo atentamente y contemplarlas, y las respuestas
que digo me daban ellas es sólo presentárseme todas con la hermosura y orden que
tienen en sí mismas» (San Agustín de Hipona, Confesiones X, 9).

«¡Oh bosques y espesuras,


plantadas por la mano del Amado!
¡Oh prado de verduras,
de flores esmaltado!
Decid si por vosotros ha pasado.

Mil gracias derramando


pasó por estos sotos con presura,
y, yéndolos mirando, con sola su figura
vestidos los dejó de hermosura».
(San Juan de la Cruz, Cántico espiritual B, 4-5)

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2. Proposiciones principales

1. El hombre puede conocer racionalmente lo que es superior a su horizonte


proporcionado por medio del principio de causalidad y de la analogía

2. Y aún más, por medio de una elevación sobrenatural, que es el conocimiento


por fe

3. El hombre puede conocer que el alma separada del cuerpo subsiste y que
conoce intelectualmente, pero de un modo más confuso al carecer de
imágenes sensibles

4. El hombre puede conocer que es congruente que las sustancias espirituales


existan y que conocen connaturalmente por las especies que les han sido
infundidas

5. El hombre puede conocer que Dios existe, que se conoce a sí mismo por su
Esencia y que en ella conoce todo lo que crea

6. El hombre está inclinado por naturaleza a conocer a Dios, pues sólo una
Verdad infinita puede satisfacer su ansia de infinitud y felicidad

“Así, pues, ¡oh, Señor!, Tú eres más grande que todo lo que se pueda pensar; más aún,
eres demasiado grande para que nuestro débil pensamiento pueda concebirte… Señor,
la luz en que habitas es, en verdad inaccesible, porque nadie más que Tú penetra su
profundidad para contemplarse claramente en ella.”
(San Anselmo de Canterbury, Proslogion, c.15-16).

«Nos criasteis para Vos, y está inquieto nuestro corazón hasta que descanse en Vos»
(San Agustín, Confesiones I, 1).