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Desde el primer minuto, se pone el conflicto sobre la mesa.

De esta forma, la
totalidad del metraje se centra en el potente debate y la difícil decisión a tomar,
convirtiendo esta discusión en una excelente forma de dar a conocer los rasgos
diferenciales de cada uno de los socios.
La introducción de la figura del mediador, también hace las veces de conductor del
discurso, dirigiendo y moderando un diálogo que, en ciertas ocasiones, alcanza
altos niveles de tensión.
Ese dilema interno de cada uno de ellos en particular y del grupo en general
funciona como vehículo narrativo, mostrando un inicio tibio en el que se mide cada
intervención, pesando la amistad por encima de todo, y evolucionando hacia un
punto sin tregua, donde salen a relucir rencillas y trapos sucios con tal de evitar
ser el elegido para cargar con la condena.
sacando el máximo partido a unos recursos limitados que terminan convirtiéndose
en ventajas. Ocurre, sin ir más lejos, con el desarrollo en un escenario que,
gracias a una potente dirección, pasa de lo amplio y luminoso a lo tenue y
opresivo.

La presentación de los personajes nos hace un pequeño recorrido por su historia.


Parece que se llevan bien, que se invitan a eventos familiares, etc. Tienen todo lo
que nos han vendido que debe tener una empresa top: unas oficinas,
electrodomésticos modernos para enfriar cervezas artesanas, un simulador de
golff No falta detalle para estos emprendedores modernos y triunfadores, que es lo
que son. Eso sí, hay un problema y parece que la cosa está fea y no se puede
arreglar con dinero. Aparentemente. Los cuatro protagonistas han acudido al
centro de trabajo para encontrarse con alguien. Ese alguien es José Veiga y
cuando aparece, aún no sabemos nada de lo que está pasando.
Resulta que en esta empresa tan triunfadora empezaron a defraudar impuestos.
No hay quien nos quite la corrupción como tema estrella. Pueden ir los cuatro a la
cárcel o ir uno solo. Difícil solución: quien se come el marrón. Han tenido la idea
tan genial de llamar a un mediador que acepta este caso. Les plantea llegar a un
acuerdo. El personaje del mediador es, cuando menos, peculiar. Usa sombrero y
su cara es un poema cuando lo invitan a quedarse con el cambio del taxi. No se
queda tranquilo hasta que no devuelve el cambio. Desconozco si el concepto que
desprendemos los mediadores tiene que ver con lo peculiar. No está mal como
reflexión ¿somos peculiares en nuestros modos o gestos los mediadores? Ahí lo
dejo.
También nos fijamos los mediadores en que en el minuto diez aparece la
palabra mediación. Se nos cae, de hecho, una lagrimita cuando casi se excusa
quien la dice. No tenemos departamento de mediación.
Una vez que todos los participantes aceptan la mediación el mediador les explica
con calma cómo proceder. Seguramente pasen allí varias horas, por lo que solicita
evitar las distracciones con los móviles. Las partes avisan que deben estar en
contacto con la abogada por si hay novedades. Se acuerda dejar uno encendido,
en silencio, sobre la mesa. También solicita un receso para realizar alguna
llamada o avisar a quien crean conveniente. El propio mediador lo hace. Esto es
algo que yo he aplicado en algunos casos de mediación: sesiones largas. Hay
quien huye de ellas pero yo siempre he estado a favor si por alguna circunstancia
las partes así lo necesitan. Está bien en este caso, en la medida de lo posible,
establecer momentos para descansar, ir al baño, tomar algún líquido, etc.
El mediador explica tres reglas básicas de la mediación:
1. Voluntariedad para todos, incluido él mismo.
2. Escuchar con respeto a todos porque las personas que tienen al lado no
son parte del problema, son parte de la solución.
3. El mediador no es juez ni parte, sólo facilita la comunicación y las partes
toman las decisiones.
Curiosamente (no olvidemos que sigue siendo una película) hay un ajedrez en la
sala. Muchos son los mediadores que en algún momento usan (o usamos) el
ajedrez para introducir una sesión. Solicita a cada una de las partes que elija una
pieza y, a posteriori, que se definan. Pero no cada uno a sí mismo, sino que
definan a otra de las partes.

El mediador da por finaliza la mediación. Han llegado a un acuerdo. No hay acta


para firmar, no olvidemos que muy legal el asunto, no es. Es una mediación
privada y las partes estaban de acuerdo en acordar sobre esto. Lo que sí se firma
es el contrato que al principio de la película le ofrecieron al mediador. Mañana
empieza su nuevo empleo en el departamento de mediación de esta empresa. De
hecho, la despedida del mediador los insta a verse mañana.
La película termina con un hecho insólito. Al final, no hay caso. Se ha podido
solucionar de otra manera. No sólo habla de corrupción la película a la hora de
decidir si solo una de las partes asume el delito. También hay un
funcionario amable.
Habrá quien piense que la mediación no ha servido, pues, para nada. Otra cosa
estaría más lejos de la realidad. La escena final previa al fundido en negro es
magnífica. Expresa solo con la imagen las relaciones entre las partes que
componen la dirección de la empresa, con el ajedrez en medio de la mesa. Parece
un campo de batalla al finalizar la misma. Las partes se conocen mejor y conocen
mejor las alianzas y cómo actuarían los demás en situaciones límite.