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Capítulo 1

Todos los seres humanos estamos situados en un lugar, un momento y bajo circunstancias
específicas. La luz del día, la frescura de la sombra, la humedad de la lluvia, el frío de una noche de
invierno, la voz de una persona cercana, todo esto y mucho más conforman una compleja realidad.

Los sentidos son el puente entre nosotros y ese entorno, son mecanismos biológicos sensibles a las
experiencias que acceden a nuestro sistema nervioso como energía (Soriano, 2007). Los cinco
sentidos sobre los que tenemos mayor conciencia son la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto.

Nuestros sentidos reaccionan ante fenómenos reales que son trasladados de la realidad a la mente
(Carl Jung, 1984). En el cerebro inicia la percepción; proceso que brinda un panorama mucho más
complejo de esta realidad.

Durante la percepción el cerebro categoriza, interpreta y aporta significado a la información que


recibe del exterior. Para lograr una interacción efectiva con el entorno la mente lo reconoce a partir
de sus experiencias previas y lo interpreta (Callejas, Lupiáñez, 2012).

Gracias a este proceso las personas seleccionamos, completamos, jerarquizamos y discriminamos


todo lo que observamos de manera automática y simultánea (Arnheim, 1990). La percepción
permite simplificar la compleja información que nos llega del entorno sin que sea abrumador o
confuso.

Pero la perspectiva y las experiencias previas individuales influyen en la forma como recibimos esta
información. Se podría decir, por lo tanto, que existen miles de posibles realidades ya que cada
persona interpreta el entorno según sus características particulares. El dicho popular “cada cabeza es
un mundo” sirve para ilustrarlo.

Para interactuar de manera efectiva con el entorno las personas debemos darle importancia a lo que,
según nuestra experiencia, lo merece y omitir lo que en ocasiones anteriores no fue relevante.

“Sólo cuando consideramos toda esa complejidad (del mundo que nos rodea) nos percatamos de la
extrema eficacia de la mente en el proceso de la percepción. El cerebro debe quedarse con la mejor
y más plausible de las interpretaciones posibles dado que nunca hay una solución única. Este
proceso es lo que se conoce como categorización perceptiva.”1

La categorización perceptiva nos permite guardar la información que nos sirve para desenvolvernos
en el mundo y devolver la que no. Dentro de este proceso la realidad comienza a homogeneizarse ya
que las experiencias entre una persona y otra son, a grandes rasgos, similares, lo que permite que la
posibilidad de comunicarse entre ellas.

1Alicia
Callejas, Juan Lupiáñez, Sinestesia, el color de las palabras, el sabor de la música, el lugar del
tiempo, p. 47
Así, aunque los mecanismos mediante los cuales interpretamos la realidad sean distintos, las
personas aprendemos a extraer una interpretación similar a la del resto y de esa forma logramos
comunicarnos sin problema (Callejas, Lupiáñez, 2012).

La comunicación sólo es posible cuando la experiencia de una persona es relacionada con una
categoría que la comunidad acepta como una identidad (Sapir, 1954). Si no es así, la experiencia no
pasa de ser una consciencia individual y por ello incomunicable.

Por lo tanto, la homogeneización de la realidad alcanza su punto final cuando ésta se representa a
través de una entidad o código que permite referirse a un aspecto de ella de forma simple y general.
El pensamiento (o la percepción de la realidad) llega a su nivel más elevado cuando se convierte en
expresión simbólica (Ídem).

En la lingüísticidad de nuestra experiencia podemos mediar lo infinito de la realidad con lo finito


que nos corresponde como seres humanos (Gadamer, 1988). Gracias al lenguaje podemos asimilar,
evocar, referir y comunicar nuestras experiencias a otras personas.

“El lenguaje es así el verdadero centro del ser humano si se contempla en el ámbito que sólo el
llena: el ámbito de la convivencia humana, el ámbito del entendimiento, del consenso siempre
mayor, que es tan imprescindible para la vida humana como el aire que respiramos.”2

Los individuos que conforman el lenguaje establecen un promedio en el cual todos reproducen—no
exactamente pero sí aproximadamente—los mismos signos unidos a los mismos conceptos
(Saussure, 1916).

La comunicación entre varias personas forma sistemas simbólicos que mantienen a los sistemas
sociales. La vida social requiere representaciones de la realidad que nos permitan situarnos y actuar
dentro de cada lugar, momento y tiempo (Bech, 2015).

De esta manera, los sistemas simbólicos son a lo que acudimos cuando buscamos referirnos a una
parte de la realidad que ya no está disponible. Representan un elemento de alguna experiencia
cuando necesitamos traerla al presente.

Los sistemas simbólicos han sido representados a lo largo de la historia de distintas formas; la
religión, la filosofía, el arte y la ciencia son algunos ejemplos. Todos vivimos en un mundo de
signos y símbolos. (Berger, Luckmann, 1968).

Ya que el lenguaje es una facultad que nos da la naturaleza y al mismo tiempo un producto del
consenso social, es multiforme y heteróclito, forma parte del dominio individual y del social
(Saussure, 1916). Surge con el objetivo de homogeneizar la información del entorno pero falla en el
intento, requiere de un proceso más profundo y sofisticado de clasificación y categorización.

2
Gadamer, Verdad y método, 1988, España, Ediciones Sígueme, 1998 p. 152
La lengua es esa parte determinada del lenguaje pero esencial que existe en virtud de un contrato
establecido entre los miembros de una comunidad. Es un sistema de signos homogéneo conformado
por dos elementos; el sentido (conceptos) y la imagen acústica (Ídem).

Los conceptos son hechos de conciencia de la realidad que se representan a partir de las imágenes
acústicas, signos lingüísticos que permiten su expresión (Ídem). La lengua es depósito de estos
signos lingüísticos que permiten evocar la realidad cuando ya no está presente.

*Bibliografía:
-ARNHEIM, Rudolph, El pensamiento visual, Barcelona, Paidós, 1990
-CALLEJAS, Alicia; LUPIÁÑEZ, Juan, Sinestesia, el color de las palabras, el sabor de la música,
el lugar del tiempo, España, Alianza Editorial, 2012, 286 pp.
-BERGER, Peter L.; LUCKMAN, Thomas, La construcción social de la realidad, Argentina,
Amorrortu Editores, 1968, 226 pp.
-GADAMER, Hans-Georg, Verdad y método, España, Ediciones Sígueme, 1998, 421 pp.
-SAUSSURE de, Ferdinand, Curso de lingüística general, Buenos Aires, 1945, Editorial Losada,
424 pp.
-SORIANO Mas, Carlos, Fundamentos de neurociencia, Editorial UOC, 2007, 478 pp.
-JUNG, Carl, El hombre y sus símbolos, Barcelona, Caralt, 1984
-AMADOR Bech, Julio, Comunicación y cultura, Conceptos básicos para una teoría antropológica
de la comunicación, México, UNAM, 2015, 322 pp.
-SAPIR, Edward, El lenguaje: introducción al estudio del habla, México, Fondo de Cultura
Económica, 1954, 280 pp.