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CIVIL GENERAL Y PERSONAS

Presentado a
OSCAR VEGA GARCIA

presentado por
LUISA DANIELA MURILLAS TORRES 2115149
BRAYAN ANDRÉS ORTIZ RUBIO 2115200
ALLISON VANESSA FORTICH ACOSTA 2115220

UNIVERSIDAD CATOLICA DE COLOMBIA


FACULTAD DE DERECHO
06/05/2018
CONTRATO

Los romanos usaban la expresión ​contractus, ​la cual abarcaba las obligaciones
surgidas de un ​negotiorum gesto, ​el verbo contrahere es un verbo antiguo y fue
empleado metaforicamente y significa “perpetrar”​.

Actualmente se conoce que la sola voluntad de los hombres, puede crear


obligaciones mutuas, es decir que el contrato es el convenio obligatorio entre dos o
más partes, que tiene que ver con un servicio, materia, proceder o cosa.

según nuestro código civil, si el acuerdo o concurso de voluntades tiene por objeto
crear obligaciones, recibe el nombre específico de contrato, se puede definir como
la convención generadora de obligaciones, o bien el acuerdo de las voluntades de
dos o más personas destinado a crear obligaciones.

Según el artículo ​1495 ​del código civil, un contrato o convención es un acto por el
cual una parte se obliga para con otra dar, hacer o no hacer alguna cosa. cada parte
puede ser de una o muchas personas​.

en el código civil artículo ​1602 ​refiere, todo contrato legalmente celebrado es una
ley para los contratantes, y no puede ser invalidado sino por su consentimiento
mutuo o por causas legales. y por ultimo el articulo ​1526 dice que, los actos o
contratos que la ley declara inválidos, no dejarán de serlo por las cláusulas que en
ellos se introduzcan y en que se renuncie a la acción de nulidad​.

ELEMENTOS DEL CONTRATO

Según el artículo 1501 del código civil, en los contrato se distinguen las cosas, que
son de su esencia, las que son de su naturaleza, y las puramente accidentales.

son de la esencia de un contrato aquellas cosas, sin las cuales, o no produce efecto
alguno o degeneran en otro contrato diferente; son de naturaleza de un contrato las
que no siendo esenciales en él, se entienden pertenecer, sin necesidad de una
cláusula especial y por último son accidentales en un contrato aquellas que ni
esencial ni naturalmente le pertenecen, y que se le agregan por medio de cláusulas
especiales.

CLASIFICACIÓN DE LOS CONTRATOS

Generalmente se conocen los contratos onerosos, gratuitos, bilaterales, unilaterales,


conmutativos, aleatorios, solemnes, reales, consensuales, de libre discusión, de
adhesión, instantáneos, de ejecución sucesiva, nominados o típicos, innominados o
atípicos etc.

Contrato unilateral: genera obligaciones para una parte, la otra no contrae


obligación alguna

Bilateral: ​genera obligaciones en ambas partes

Gratuito: ​genera utilidad para una de las partes, la otra sufre el gravamen
Oneroso: ​genera utilidad para ambos contratantes

Conmutativo: ​crea obligaciones recíprocas y equivalentes para ambas partes

Aleatorio: ​depende de una contingencia incierta de ganancia o pérdida

Principal: ​subsiste por sí mismo sin necesidad de otro contrato

Accesorio: ​su finalidad es asegurar el cumplimiento de una obligación principal, no


puede subsistir sin ella

Real: ​para su perfeccionamiento es necesario la tradición de la cosa a que se


refiere

Solemne: ​para su validez requiere de formalidades especiales señaladas por la ley

Consensual: ​se perfecciona con el solo consentimiento

CONTRATOS ATIPICOS

En los albores del derecho romano, ni el pactum ni la conventio generaban acción,


lo cual dejaba el cumplimiento de lo acordado a la buena fe del contratante. Más
tarde Justiniano declaró que el pacto alcanzado por los interesados no era suficiente
para crear obligaciones y que en consecuencia, el nacimiento de ellas debía estar
sujeto también al cumplimiento de las formalidades y ritualidades previstas en la ley.
Al procederse así, aparecen el nexum y la stipulatio como palabras rituales que era
preciso expresar para que la obligación emergiera a la vida jurídica y adquiriese
desde luego exigibilidad. Dicho de otra manera, la obligación nacía en la medida en
que la estipulación estuviese prevista en el ius civile y por ende, señalada allí la
respectiva solemnidad, lo cual, en conjunto, se nos presenta entonces como un
pacto típico o nominado.

Es cerca del fin de la República, cuando los romanos terminan por aceptar la
influencia del derecho oriental y del derecho ario, que admitían el mero acuerdo de
voluntades como generador de obligaciones. Rechazan también el enriquecimiento
sin causa y la mala fe, por lo cual, es el momento estelar para que aparezcan a la
vida jurídica los contratos atípicos o innominados. Esta forma de llamarlos no hace
referencia a que sean pactos sin nombre, sino que se trata de pactos sin regulación
legal, pero con entidad suficiente para obligar.

La Corte Suprema de Justicia, con respecto a la tipicidad y atipicidad contractuales


ha dicho: Desde un punto de vista genérico, el concepto de tipicidad denota, en el
ámbito del Derecho, aquella particular forma de regular ciertas situaciones
generales a través de “tipos”, los cuales no son otra cosa que conductas y
fenómenos sociales individualizados en preceptos jurídicos, por medio de un
conjunto de datos y elementos particulares, que brindan una noción abstracta de
dichas realidades, todo ello con miras a facilitar un proceso de adecuación de un
hecho o comportamiento de la vida, al modelo normativo que indeterminadamente lo
describe, con el fin de atribuirle los efectos allí previstos. De manera que la tipicidad,
cumple dos funciones significativas: por un lado, la de individualizar los
comportamientos humanos y, por otro, la de especificarlos y reglarlos jurídicamente.
En tratándose de la tipicidad de los contratos, ella tiene por finalidad la de ordenar
las disposiciones negociales a través de tipos contractuales, mediante un proceso
que toma como punto de partida la especificación, con sustento en un conjunto de
datos o coordenadas generales, fruto de la autonomía privada de las partes, es
decir, el contrato, para, a partir de allí, agregar las notas particulares y distintivas
que dan lugar a los diversos arquetipos de contrato. Cuando dichos tipos están
previstos en normas legales (para distinguirlos de los originados en la denominada
tipicidad social, es decir, la gobernada por normas consuetudinarias), la tipicidad
presupone la existencia de negocios jurídicos normativamente hipotéticos, a los
cuales, cuando sea del caso, habrá de adecuarse la declaración de voluntad de las
personas, para aplicarle la regulación prevista en la regla legal. Por supuesto que,
como fácilmente puede entenderse, allí radica la importancia de la tipicidad
contractual, esto es, en la descripción del tipo y en su regulación jurídica (Sala de
Casación Civil, sentencia del 25 de septiembre de 2007, expediente
11001-31-03-027-2000-00528-01)

Segùn cuenten con denominación legal o carezcan de ella, los contratos pueden ser
típicos o atípicos.

Los contratos innominados o atípicos no poseen un nombre expreso emanado de la


ley ni poseen caracteres que puedan moldear los reglamentos legalmente, esto es
que los particulares pueden dentro de la libertad contractual celebrar los acuerdos
que a bien tengan, contratos que generalmente tienen nombre en el comercio pero
ese nombre no es reconocido por la ley.

En cuanto hace al régimen legal aplicable a los contratos atípicos, estos están
clasificados en tres grupos fundamentales

a) los que presenten afinidad con un solo contrato nominado determinado

b) los que resulten con elementos atinentes a varios y diversos contratos


nominados, es decir los contratos mixtos, en los que se tratan distintas
causas

c) los que no tienen ningún parentesco conceptual con figuras conocidas y un


contenido absolutamente extraño a los tipos legales.

La doctrina y jurisprudencia coinciden en que deben aplicarse analogicamente las


reglas escritas para el correspondiente contrato nominado y algunos autores dicen
que debe aplicarse el método denominado de absorción, según el cual se debe
buscar un elemento prevalente que atraiga los elementos secundarios, lo que
permitiría acogerlo en el régimen del contrato nominado. algunos acuden también a
el criterio de combinación que busca la existencia de una estrecha relación del
contrato singular y las normas en las que está estipulado
•Función económica

Si el empresario o comerciante posee interés en que sus productos, bienes o servicios,


lleguen
rápidamente al consumidor final, llámense textiles, licores, calzado, víveres u otros de
consumo
masivo, esta figura contractual es el medio más apropiado para lograr su propósito, ya que
el
fabricante o productor o importador, se vale de personas organizadas comercialmente,
llamados distribuidor o repartidor, para que coloquen sus bienes en otros comerciantes o
directamente en el consumidor final

•Sujetos

• Distribuidor: persona organizada como empresa que adquiere los bienes y actúa en
nombre y en
interés propio.
• Productor: es el importador o mayorista quien provee los bienes a ser distribuidos (en la
práctica
se habla de concedente, comitente o distribuido), para referirse a la parte que vende las
mercaderías al distribuidor

•​Aspectos caracterizantes del contrato


•Intuitu personae:El concedente toma en cuenta la organización del distribuidor y su
poder de penetración del producto u objeto del mercado.
•Duración:Tiene un contenido económico pues incide en el destino y aprovechamiento
de la inversión. Este elemento, condiciona la forma de concluir la relación y
determinará los resarcimientos a reconocer entre las partes en casos de interrupción
intempestiva. La duración en el tiempo permite que la actividad se estabilice para así
cumplir la finalidad económica perseguida por las partes.
•Delimitación de zona de distribución: .Por conveniencia de mercadeo es
indispensable determinar zona geográfica de cada uno de los distribuidores.
•Exclusividad:Lo consideramos como un elemento natural del contrato de distribución
en favor del distribuidor en la zona determinada. Consideramos que el distribuidor está
facultado para distribuir otros bienes y servicios no competitivos, salvo pacto expreso en
contrario.

Clasificación de los contratos atípicos

“Los contratos atípicos se pueden clasificar en dos categorías, por una parte se
encuentra la de aquellos que no tienen tipicidad legal pero si tienen tipicidad social,
y por otra aquellos contratos que no tienen tipicidad legal ni social”

Contratos atípicos con tipicidad social


Son aquellos contratos que no tienen regulación alguna por la ley, pero si existen
en la costumbre de la sociedad y esta misma ha permitido que dentro del derecho
exista una regulación social.

Los contratos mixtos

“En virtud del principio de la autonomía de la voluntad los particulares pueden crear
nuevas figuras contractuales como en el presente caso, en donde se conjugan los
elementos de diversos contratos típicos en un sólo contrato el cual tomará la
denominación de contrato mixto”.

Contratos combinados o gemelos:


Pertenecen a esta categoría contractual aquellas figuras en las que una de las
partes se compromete a varias prestaciones correspondientes cada una de ellas a
diferentes tipos de contratos, mientras que el otro contratante se obliga solamente a
una prestación unitaria​.
Contratos absolutamente atípicos:

Aunque pocas veces nos encontramos frente a contratos de esta clase no podemos por ello
desconocer su existencia pues de la misma forma que las categorías contractuales antes
analizadas, ésta también proviene del principio de la autonomía de la voluntad, se
caracteriza por no tener tipicidad legal ni social, esto es, falta de reconocimiento por la ley o
por las denominadas fuentes materiales del derecho como la costumbre y la jurisprudencia
debido a que los particulares no recurren a ellas en forma reiterada sino que por el contrario
lo hacen esporádicamente.
Conclusiones

Queda claro en consecuencia de todo lo expuesto, que las interpretación contractual no es


optativa, sino obligatoria frente a toda clase de contratos, en la medida en que generen
algún tipo de duda, pero en especial para aquellos a los que la ley aún no ha fijado un norte
en sus elementos esenciales, es decir, los atípicos o innominados. Con mayor razón se
procederá así, cuando se trata de aquellos que son por su naturaleza consensuales o de
mera conducta. Presentada la duda habrá de acudirse necesariamente a los mecanismos
de interpretación que en este trabajo consignamos.

No existe razón de ninguna especie para que cualquiera de las partes, conforme a su
particular conveniencia se matricule con la letra de un clausulado en particular, para pedir
su aplicación, sin acudir a los medios de interpretación que le entregan tanto la ley como la
doctrina, no para poner en duda lo escrito, sino para darle un verdadero alcance, que sea
consecuente con el respeto a la libertad de estipulación y a lo que cada parte, de buena fe,
espera del contrato, con transparencia y lealtad hacia los demás contratantes.
BIBLIOGRAFÍA:
https://apps.poligran.edu.co/iformativa/Trabajo.aspx?ID=513
Salcedo Flórez, Alvaro. Los contratos atípicos y los mecanismos para su interpretación URL:
file:///C:/Users/jairo/Downloads/870-Texto%20del%20art%C3%ADculo-2415-1-10-20131008
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