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Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez

Subdirección de Educación Avanzada e Investigación


Doctorado Ciencias de la Educación
Núcleo Valera

Valera, 27/04/2018
Facilitadora: Dra. Silvia de Uribe
Participante: José J. Leal

La Objetividad: Un argumento para obligar - Maturana


Ensayo

La obra de Maturana se nos presenta de una manera bastante peculiar,


diferente en su modo discursivo a las lecturas y argumentaciones a las que
podríamos estar acostumbrados para este tipo de temas. Seguramente para
muchos de nosotros, la obra se presenta confusa y reiterativa en su proceso
argumentativo, que requiere, en oportunidades, una re lectura para asimilar
términos propios del autor y otros que fácilmente podrían relacionarse, de manera
errada, con conceptualizaciones propias del lector, o tal vez podríamos llamarlo el
observador, las cuales, tal como se desprende de la obra misma,forman parte de
la praxis de vida de cada uno. En palabras del propio Maturana “...el observador
necesariamente se encuentra a sí mismo en la praxis del vivir...” (p.76).
De allí que, se puede entender el llamado inicial, realizado por su autor,
para realizar una lectura con “candor y confianza”, para evitar anteponer
“...nuestras creencias sobre lo que debe ser...Si no tenemos
confianza...aceptaremos o rechazaremos lo que dice sin saber lo que dice”. (p.9).
En todo caso, podemos asegurar, sin temor a equivocarnos, que toda la
obra gira alrededor del cuestionamiento ¿Cómo hacemos lo que hacemos en tanto
observamos nuestro hacer?, teniéndose así que su línea argumentativa avanza
sobre el fenómeno del observador en la experiencia de observar, incluso al
observarnos en el observar. Siendo el observador lo que el autor busca explicar,
desde los cuatro aspectos en los que divide la obra: La ontología del explicar, la
realidad, la ontología del conocimiento, y el fenómeno social.
Lo obra connota una creativa fusión de biología y filosofía, particularmente
de ontología y epistemología centradas en la realidad como aspecto de control
argumentativo, y por consiguiente en el carácter de lo real y su originaria relación
con el hacer del observador.
Claramente, como un aspecto resaltante de la obra, Maturana nos presenta
una distinción clave, como lo es: La objetividad trascendental (sin paréntesis) y la
objetividad constitutiva (con paréntesis). Las cuales se configuran como los
caminos explicativos, para escuchar explicaciones. La objetividad trascendental,
donde “...el observador usa una referencia a alguna entidad tal como materia,
energía, mente, conciencia, ideas...,o Dios, como su argumento final para
validar...” (p.21), según Maturana es ciega en tanto no reconoce el hacer del
observador sobre la realidad, esta crítica se encuentra en contra de aquel sistema
filosófico llamado realismo metafísico.
Por otro lado, a partir de la objetividad constitutiva, nos presenta su camino
como “la existencia constituida con lo que el observador hace, y el observador trae
a la mano los objetos que él o ella distingue con sus operaciones de distinción,
como distinciones de distinciones en el lenguaje” (p.24), proponiéndose que el ser
explica la realidad como aquello originariamente construido por él y considera sus
capacidades cognitivas como fenómenos biológicos que surgen en el vivir.
A los caminos explicativos, necesariamente, se le corresponden sus
respectivos dominios explicativos, donde cada uno de ellos especifica un dominio
de acciones legitimas en la praxis del vivir del observador, connotando a su vez un
dominio cognitivo. Y es a partir de estos, que el observador acepta y valida una
reformulación dada de la praxis del vivir como una explicación de ella, existiendo
entonces tantos dominios de explicaciones como criterios de aceptación para
explicaciones que un observador puede usar en su escuchar.
Se observa una oposición de Maturana respecto a las consideraciones de la
falsación realizadas por Karl Popper, al señalar que “para un científico ser objetivo
sólo significa abandonar su deseo de un resultado particular en su investigación,
para no oscurecer su impecabilidad como generador de explicaciones científicas
en términos operacionales...” (p.35), es interesante esta postura, recordando que
Maturana es un Científico, el cual asume que “...la ciencia, como un dominio de
explicaciones y afirmaciones surge en la praxis de los científicos a través de la
aplicación del criterio de validación de explicaciones presentadas anteriormente y
no a través de la aplicación de un criterio de falsación” (p.32).
Maturana afirma categoricamnte, que no somos animales racionales, por el
contrario, dice que somos animales emocionales, lenguajenantes, que a través de
sistemas racionales usamos “coherencias operacionales del lenguaje”. Y además
el “observador surge en el lenguaje y... no existe fuera de lenguaje”, nuestro vivir
se despliega en dos dominios fenoménicos independientes. Estos son: el dominio
de la corporalidad y el de la conducta. Dos dominios que no se intersectan pero
que están “acoplados en sus realizaciones” el yo - el humano individual- es la
corporalidad que realiza la intersección de las redes de conversaciones que
constituyen el ego.
Y es así, como Maturana al incorporarnos conceptos y resignififcaciones a
palabras como cultura, epigénesis, corporalidad, lenguajear, emociones,
observador, observación, objetividad, relaciones humanas y el amor entre
otras,nos conlleva a repensar acerca de ellos y nuestra propia contextualización y
significación al hacer praxis de vida, permitiendonos la posibildad de revaluar los
paradigmas que poseemos incorporados como seres vivientes, animales
lenguajantes alo largo de nuestra existencia y formación socio cultural.
Para finalizar, creo necesario recalcar la necesidad de reflexionar, con
mucha profundidad, las siguientes palabras que parecieran un llamado de alerta
de Maturana para nosotros “...permaneceremos humanos sólo mientras nuestra
operación en el amor y la ética sean las bases operacionales de nuestra
coexistencia como animales lenguajeadores. En verdad, vivir en la negación de la
consensualidad, del amor y de la ética, como el fundamento de nuestros distintos
modos de coexistencia, constituye la negación de la humanidad.”(p.117)