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2.

4 DIMENSIÓN OBJETIVA

En diciembre de 2010 se publicó la Ley No. 29635 – Ley de Libertad Religiosa, la misma
que fue reglamentada mediante Decreto Supremo No. 010-2011- JUS, de fecha 26 de julio
de 2011. En general, tanto la Ley como el Reglamento tratan sobre dos temas principales
dentro del derecho a la libertad religiosa como derecho fundamental y constitucionalmente
reconocido y que atañen a ambas dimensiones de la libertad religiosa: subjetiva y objetiva

En la dimensión objetiva plasmada en el artículo 50° de la Constitución, el Estado, además


de reconocer la independencia y autonomía de las instituciones religiosas, puede establecer
formas de colaboración con las mismas.

2.4.1 PRINCIPIO DE LAICIDAD

El autor Santos Loyola afirma que un Estado con una actitud escrupulosamente neutral que
entiende que para la consecución de esos objetivos no es ni mejor ni peor que sus ciudadanos
tengan o no tengan una u otras ideas o creencias religiosas, asumiendo a la laicidad como un
principio informador de la actitud estatal que resultará en condición para la realización
efectiva de la libertad religiosa y una necesaria consecuencia de la igualdad religiosa.1

Cuando hablamos del principio de laicidad del estado nos referimos a dos componentes
esenciales que son: la separación entre Estado y las confesiones religiosas y la neutralidad de
los poderes públicos.

En el primer caso La separación supone el paso del poder religioso de la esfera pública a la
privada. El poder religioso deja de ser una estructura de poder en el ámbito público para pasar
a desarrollarse en la sociedad como un movimiento asociativo para que se manifiesta
públicamente.

Tenemos que tener claro que la separación implica la existencia de un conjunto de valores y
fines propios del Estado y de una actuación conforme a ellos llevada a cabo a través del
Derecho, que le diferencian de la naturaleza y valores de los grupos religiosos e ideológicos.

1
SANTOS LOYOLA, Carlos Roberto. «Laicidad del Estado. Breves apuntes sobre su contenido y alcance.»
Lima, pp.3
Respecto al segundo punto, se exige que el Estado, las instituciones públicas y sus titulares,
con independencia de sus propias creencias y convicciones, actúen en el cumplimiento de su
función evitando cualquier atisbo de discriminación, positiva o negativa, entre los ciudadanos
como consecuencia de que sus creencias o convicciones sean unas u otras. Siempre se debe
dejar claro que no nuestra Constitución reconoce al estado como no confesional.

En nuestra Constitución no vamos a encontrar una definición religiosa de Estado, ni tampoco


una declaración a favor de una puntual actitud estatal en clave laica, o expresamente a favor
de la neutralidad. Así, el artículo 50 de la Constitución aborda la cuestión de las relaciones
del Estado con las confesiones religiosas bajo dos regímenes jurídicos separados que se
articulan en los dos párrafos que lo conforman: el primero hacia la Iglesia Católica y el
segundo, hacia las “otras confesiones”, del modo siguiente: “Dentro de un régimen de
independencia y autonomía, el Estado reconoce a la Iglesia Católica como elemento
importante en la formación histórica, cultural y moral del Perú, y le presta su colaboración.
El Estado respeta otras confesiones y puede establecer formas de colaboración con ellas.”

Por otro lado, el Tribunal Constitucional en una de las tantas sentencias donde se abarca el
tema libertad religiosa nos señala la radical incompetencia del Estado ante la fe no va
significar que pueda adoptar o promover una actitud agnóstica o atea o refugiarse en una
pasividad o indiferentismo respecto del factor religioso, pues, en tal caso, se convertiría en
una suerte de Estado confesional no religioso, un Estado “laicista”, hostil a lo religioso2.

2.4.2 PRINCIPIO DE COLABORACIÓN ESTADO-CONFESIONES RELIGIOSAS

Nuestro Estado no es un Estado laico pero tampoco confesional, se trata más bien de un
Estado cooperacionista con las instituciones religiosas debidamente acreditadas. De esta
manera, para poder suscribir convenios de cooperación con el Estado, las entidades
religiosas, además de estar inscritas en el Registro correspondiente, deberán acreditar ofrecer
garantías de estabilidad y permanencia por su número de miembros y actividades, así como
haber adquirido notorio arraigo con dimensión nacional.

2
STC 06111-2009-PA/TC, fundamento jurídico veintiocho
3. SE PUEDE APLICAR EL PROCESO DE AMPARO CONTRA UNA NORMA
AUTOAPLICATIVA (PROYECTO DE LEY 4022/2009 PE)

El señor Florencio Zapata interpone un amparo para que cese la amenaza de violación de su
derecho de libertad religiosa que se encuentra reconocido en la Constitución artículo 2 inciso
2.

El artículo 200 de nuestra Constitución exactamente en el inciso 2 no nos prohíbe que


mediante un amparo cuestionemos leyes o proyecto de leyes que puedan ser lesivas
directamente a nuestros derechos fundamentales, lo que sí deja claro es que por ningún
motivo a través de un proceso de amparo se pueda impugnar en abstracto, la validez
constitucional de las norma con rango de ley ya que el amparo es un proceso que tiene por
finalidad la protección de los derechos constitucionales.

Pongámonos en el supuesto de que el proyecto de ley 4022/2009-PE se haya convertido en


una ley, el amparo contra normas legales si puede proceder cuando se trata de normas
autoaplicativas que son incompatible con nuestra Carta Magna se encuentra regulado en el
artículo 3 del Código Procesal Constitucional, entonces no podemos hablar de una
improcedencia del amparo contra una ley.