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ATAQUES DE PÁNICO

El problema del que toca hablar en esta ocasión es más común de lo que
podríamos suponer en un principio, aunque la mayoría de las veces es confundido con
otras enfermedades más graves y no suele tratarse adecuadamente. Estamos hablando
del ataque de pánico.
En primer lugar, quiero advertir que hay una enorme diferencia entre tener un
ataque de pánico y sufrir un trastorno de ataques de pánico. Alrededor del 30% de la
población ha sufrido alguna vez un ataque de este tipo, pero no necesariamente esto les
supone un problema en el futuro. Cuando la persona los sufre de forma continuada y
frecuente, y cuando existe un miedo a padecer una nueva crisis en cualquier momento,
con la correspondiente evitación de situaciones o lugares para que no le ocurra,
podemos hablar de trastorno de ataques de pánico.
Un ataque de pánico consiste en un episodio, relativamente breve, de ansiedad
muy intensa, que tienen un inicio muy rápido y habitualmente no suelen durar más de 15
minutos, aunque en contadas ocasiones pueden prolongarse durante varias horas. Los
ataques de pánico se presentan de modo inesperado, aparentemente sin causa alguna y es
muy frecuente que causen incapacidad a la persona que los padece.
Debido a los síntomas físicos que acompañan al ataque de pánico (taquicardia,
sudores intensos, temblores o sacudidas, sofocos intensos, dolor o malestar en el pecho,
náusea o malestar abdominal, sensación de que le falta a uno el aire, mareos o
vértigos…) no es extraño que la persona que lo sufre, incluso las personas que están con
ella, crean fervientemente en esos momentos que se trata de un ataque al corazón.
Aparecen entonces las sensaciones de terror intenso, el miedo a perder el control o a
volverse loco, y, por supuesto el miedo a morir. No es extraño que la mayoría de estas
personas acaben en urgencias con un cuadro que parece ser un infarto y que, después de
las pruebas pertinentes, son enviadas a casa, quizás con un tranquilizante.
Este ataque puede darse de forma aislada, pero puede hacerse habitual,
produciendo un trastorno de pánico. Una vez que una persona sufre un ataque de pánico,
por ejemplo mientras conduce un coche, hace compras en una tienda llena de gente, o se
encuentra dentro de un ascensor, puede crearse miedos irracionales llamados fobias,

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relacionados con esos lugares u ocasiones, y comenzará a tratar de evitarlos. Con el


tiempo, la necesidad de evitar esas situaciones y el grado de ansiedad producido por
miedo a otro ataque, puede llegar hasta el extremo de que esa persona que sufre un
trastorno causado por pánico, no pueda volver a conducir, o ni siquiera dar un paso
fuera de su casa. Cuando llega a este punto, se dice que la persona sufre trastorno
causado por pánico con agorafobia.
Por supuesto, como ya hemos mencionado, no siempre es así. Hay un porcentaje
muy alto de la población que ha sufrido un episodio de ataque de pánico y sin embargo
no ha generado este trastorno. La clave está en la interpretación que la persona realiza de
ese ataque que ha sufrido. Eso es lo que va a desarrollar el miedo que provoca y
mantiene el trastorno de pánico.
Pero, ¿por qué se produce este primer ataque de pánico? En principio existe en
el individuo un estado de ansiedad o estrés por cualquier circunstancia, positiva o
negativa. Una mudanza, un matrimonio, el fallecimiento de un familiar, una temporada
de preocupaciones intensas, etc. Este estado de ansiedad, dispara el sistema de alarma
del que todos disponemos para hacer frente a las amenazas o peligros, produciendo una
serie de síntomas físicos que ya hemos mencionado. Pero el problema es que la persona
interpreta esas sensaciones como algo terrible y síntoma inequívoco de que se está
muriendo, le está dando un ataque al corazón o se está volviendo loco, lo cual hace que
la ansiedad aumente y por consiguiente los síntomas se intensifiquen, y así se sumerge
en una especie de espiral de ansiedad, un círculo que se autoalimenta y que tiene una
duración breve pero que produce sensaciones intensamente desagradables.
A partir de ahí, quienes padecen de trastornos de pánico experimentan
sensaciones de terror que les llegan repentina y repetidamente sin previo aviso. No
pueden anticipar cuando les va a ocurrir un ataque y muchas personas pueden manifestar
ansiedad intensa entre cada uno de ellos, al preocuparse de cuándo y dónde les llegará el
siguiente. Entre tanto, existe una continua inquietud de que en cualquier momento se va
a presentar otro ataque, lo cual es una fuente continua de ansiedad que favorece el tener
otra crisis. Es el llamado “miedo al miedo”.
El trastorno causado por pánico puede durar meses o años. Aunque, por lo
general, éste comienza en la pubertad, en algunas personas los síntomas se presentan

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más tarde en su vida. Si no se atiende, puede empeorar hasta el punto de que la vida de
esa persona se vea afectada seriamente. De hecho, muchas personas han tenido
problemas con sus amistades o con sus familiares o aún en sus trabajos debido al
trastorno causado por pánico. Es posible que se presente cierta mejoría ocasionalmente
pero, generalmente, no desaparece el mal a menos que la persona reciba los tratamientos
adecuados, diseñados para ayudar a quienes padecen trastornos causados por pánico.
Si usted ha sufrido alguna vez un ataque de este tipo, lo más importante es que
no piense que le va a ocurrir de nuevo, y que además, si su médico ha descartado
cualquier problema cardíaco, estos ataques, en contra de lo que pueda parecer, no son
peligrosos. Controle su alimentación, evite los estimulantes, aprenda a respirar y a
relajarse. Esto puede ayudarle a conseguir que sea un episodio único y que no desarrolle
un trastorno. Si ya es tarde para eso, sepa que existen muchas técnicas que pueden
ayudarle en su problema. Por supuesto, debemos adaptarnos a cada persona, pero
podemos hablar de técnicas de exposición a las sensaciones producidas por el ataque de
pánico, técnicas de relajación y control respiratorio, y cómo no, también hay que
trabajar sobre las creencias catastrofistas que tiene la persona antes, durante y después
de los ataques. Hay que recordar que este es un problema derivado del hecho de que
hemos aprendido a reaccionar con alarma ante determinadas señales corporales, y que
eso es lo que dispara toda la sintomatología del pánico. Así que del mismo modo
podemos aprender a controlar esas sensaciones y pensamientos negativos que mantienen
el trastorno. Usted decide cuándo y cómo solucionar su vida.

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