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MITOS

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EL MITO DE FRIGG
Balder era el hijo de Odin, el dios de dioses, y era el más querido y el más hermoso de
todas las deidades nórdicas.
Un día, Balder empezó a tener sueños de su propia muerte, por lo que todos los dioses
decidieron protegerlo. Su madre Frigg hizo que todas las cosas, las enfermedades, los
venenos, los árboles, los animales, que nunca ivan a herir a Balder y todos aceptaron el
juramento.
Como se volvió invulnerable, los dioses inventaron un juego donde le tiraban toda clase
de cosas, sin que él saliera herido, por que todos cumplían su promesa y no se atrevían
a hacerle daño. Lucky, el dios travieso, estab inconforme con el juego y celoso de
Balder.
Por eso se disfrazó de anciana y fue a conversar con Frigg. Ella sin saber que la
anciana era Lucky, le contó la historia de cómo había hecho que todas las cosas y las
criaturas juraran no dañar a Balder, pero que el muérdago, una planta que crecía al
este del Walhalla, era tan insignificante y tan joven que ni s iquiera le había pedido el
juramento.
Lucky se fue para el juego de los dioses, pero antes construyó una flecha con la planta
que le había dicho Frigg, y cuando llegó se encontró con un dios ciego que no le tiraba
nada a Balder, por que no veía ni tenía arma que lanzarle.
Lucky entonces le dijo a este dios, que el le daba su arma y le indicaba donde se
ubicaba Balder, y así era como si los dos lo honrraran. El dios ciego lanzó la terrible
flecha, que hirió de muerte a Balder.
La angustia de los dioses fue mucha, pero en especial la de su esposa que murió de
tristeza y la de su madre que fue a rogarle a la diosa Hel que lo dejara salir del reino de
los muertos. Hel le dijo que si todas las criatyuras y las cosas lloraban a Balder, ella le
permetiría regresar.
Frigg, movida por su amor de madre, se vio otra vez caminando el mundo entero,
haciendo que todo se lamentara de la muerte de Baler, pero llegó y se ncontró con la
misma vieja, es decir Lucky, quien dijo que Balder no había hecho nada por ella, por lo
lo que no se sentía obligada a llorarlo.
De esta manera, Lucky condenó a Balder a permanecer en el reino de los muertos.

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EL MITO DE IO
Io era una doncella de Argos que era sacerdotiza dela diosa Hera (esposa de Zeus) y
además, amada de Zeus.
Aparentemente su linaje asciende al hijo del dios Océano llamado Ínaco, aunque su
paternidad no está muy clara.
El amor de Zeus se podía deber a muchas razones, pero la que más peso ha tenido es
que Iinge, quien era hija de Eco, le envió un sueño en el cual se le ordenaba a Io que se
entregara a Zeus en el lago de Lerna. Ella muy prudente le contó a su padre el sueño
antes de tomaruna decisión.
El padre preocupado consultó tanto el oráculo de Delfos como el de Dodona. Ambos le
idicaron que no había forma de escapara al destino y que debía cumplirse el sueño de
la joven si n querían ser fulminados todos por el rayo.
Debido a esto, Io fue al lago como se indicaba en el sueño, donde Zeus la amó y la tuvo
entre sus brazos. Pero como siempre ocurría con los amoríos del gran dios, de alguna
forma llegaban a oídos de su celosa esposa Hera. Ante el peligro que la muchacha
corría, Zeus decidió protegerla y convirtió a Io en una ternera de una total y completa
blancura, y juró a Hera que no había amado a tal animal nunca. Hera para probarlo le
pidió que entonces se lo regalara.
Zeus no tuvo opción, y de esa manera Io quedó consagrada a la terrible diosa, quien la
puso al cuidado de Argos, un mounstruo de cien ojos que era pariente de Io. Entonces,
se inició el largo viaje de Io y por donde ella pasaba la tierra hacía brotar plantas
nuevas. Zeus la visitaba esporádicamente en forma de toro para poder amarla, hasta
que comprendiendo que el sufrimiento de Io era demasiado decidió intervenir.
Le pidió a Hermes que la liberara de su custodio Argos. Hermes fue y con su varita
mágica durmió cincuenta ojos de lo que Argos tenía, mientras los otrros ya dormían
naturalmente, luego lo matío con su cimiarra.
Sin embargo, io no quedó libre, porque Hera convencida de la traición de su marido, al
darse cuenta e que Aegos ya no la cuidadba, le envió un tábano para fastidiar a la joven
ternera. Io atormentada por el insecto que se pegóa sus costados se volvió muy
agresiva y empezó a correr deseperadamente. Mientrs corría le dio forma a las costas
del golfo que se llamó Golfo Jónico, cruzó el estrecho que separaba a Asia de Europa, y
dio origen al nombre de Bósforo que significa Paso de la Vaca.
Con el tiempo, llegó a Egipto donde fue bienvenida y donde tuvo al hijo de Zeus,
llamado Épafo. Ahí, recuperó su forma humana y tuvo que salir de nuevo errante en
busca de su hijo, a quien los Curetes habían raptado por orden de Hera. Cuando lo
recuperó, regresó a Egipto donde fue reina. Cuando murió, Io fue transformada en
constelación por la gracia de Zeus.
Muchos han tratado de darle una explicación histórica a este mito e indican que Io era
hija del rey Ínaco y que la raptaban unos piratas fenicios, aunque cabe la posibilidad de
que ella fuera la amante del capitán que huyera a Egipto por su propia libertad.
Otra teoría planteaba la posibilidad de que unos piratas la hubieran robado y llevado a
Egipto, donde el rey la compró y envió de regalo en compensación, un hermoso toro,
animal nunca visto por los griegos.

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LA CREACIÓN DE LA MITOLOGÍA NÓRDICA
En un principio sólo existia el vacío. No había océano que ocupara su vasto imperio, ni
árbol que levantase sus ramas o hundiera sus raíces. Más al norte allá donde el abismo, se
formó una región de nubes y sombras llamadas Niflheim. En el sur se formó la tierra del
fuego, Muspellsheim. Los doce ríos de pura agua glacial que tracurrían desde Niflheim
hasta encontrarse con los correspondientes de Muspellsheim llevaban amargo veneno y
pronto se solidificaron. Cuandolas heladas aguas del norte tocaron sus rígidos cuerpos
serpentinos, el abismo se llenó de gélida escarcha.
Con el aire cálido que soplaba desde el sur empezó a derretir la escarcha y de las amorfas
aguas surgió Ymir, un gigante de escarcha, el primero de todos los seres vivientes. Del
hielo surgió una gran vaca llamada Audumla. E Ymir apagó su sed en uno de los cuatro
manantiales de leche que fluían de la criatura. Cada uno de estos seres primarios tuvieron
hijos de forma asexual: Ymir a partir de su propio sudor y Audumla lamiendo el hielo. El
matrimonio de Bestla, hija de Ymir, con Bor, nieto de Audumla, trajo a los tres dioses, Odín,
Vili y Va, quienes muy pronto se volvieron en contra de la raza de los gigantes
exterminándolos a todos menos a dos, que escaparon para perpetuar la raza. Al calmarse
el caos resultante del desbordamiento, al derretirse el hielo, los tres dioses sacaron el
cuerpo inerte de Ymir fuera de las aguas y crearon la tierra, a la que llamaron Midgard, la
Princial Morada. De los huesos de Ymir se crearon las montañas y su sangre llenó los
océanos. Su cuerpo se convirtóo en tierra y sus cabellos en árboles. Con su calavera los
dioses formaron la bóveda de cielo, que atestaron de brillantes chispas de los fuegos de
Muspellsheim. Estas chispas son las estrellas y los planetas.
Del suelo brotó Yggdrasilll, el gran freso, cuyas poderosas ramas separaban los cielos de la
tierra y cuyo tronco constituía el eje del universo. De hecho en algunas leyendas Yggdrasill
es el mundo mismo. Nadie podría narrar su grandeza. Sus raíces se hincan el las
profundidades, más allá de las raíces de las montañas y sus perennes hojas atrapan las
estrellas fugaces según pasan.
Son tres sus raíces. La primera llega hasta Nifheim, tierra de sombras o infierno y toca la
fuente Hvergelmir de donde mana los doce ríos de la región del Norte. La segunda entra en
la tierra de los gigantes helados y bebe de la fuente de Mimir, fuente de toda sabiduría. La
tercera se extiende por lo cielos donde discurre la fuente de Urd, el más sabio de los
Nornos.
Muchas fuerzas atacan al sagrado fresno. Cuatro ciervos mordisquean los nuevos brotes
antes de que reverdezcan. El corcel de Odín, Sleipnir, pace en su follaje. La cabra Heidrun
se alimenta de sus hojas. Pero lo peor de todo es la serpiente Nidhogg, un enorme
monstruo que roe incesantemente sus raíces. Solamente el amor de los Nornos lo mantiene
en buen estado. Día a día cogen agua de la fuente de Urd y la vierten en Yggdrasill para
mantenerlo floreciente. De los gusanos del cuerpo pútrido de Ymir, los dioses crearon la
raza de los enanos, destinados a morar en las profundidades de la tierra durante toda la
eternidad. Como todos ellos han sido creados, no pueden procrear. Cuando muere un
enano, princesas enanas, creadas para este fin modelan un nuevo enano con piedras y
tierra. El hombre y la mujer fueron creados a partir de los troncos de dos árboles inertes.
Odín les infundió la vida. El dios Hoenir les dotó de alma y capacidad de juicio. Lodur les
dio calor y belleza. El hombre fue llamado Ask (de Ash, ceniza) y la mujer Embla (parra), y
de ellos desciende la raza humana.

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LA PIEDRA DE ASERRÍ Y LA BRUJA ZÁRATE
Había una vez una pintoresca ciudad llamada Aserrí ubicada a 11 km al sur de San
José y gobernada por un español ilustre y bien parecido, de quien la Bruja Zárate se
enamoró perdidamente. El la despreció y entonces ella juró vengar aquel desaire que
le hizo el español. Días después amanecía la aldea convertida en una enorme piedra,
los habitantes en animales de la montaña y el orgulloso español Pérez Colma pasaba a
la categorfa de pavo real.
La Zárate era una mujer blanca, gorda, pequeña, de ojos grandes y negros, mirada
maliciosa, usaba peinado con dos trenzas, dueña de sí misma, solía curar a sus
enfermos y cuando le consultaban casos tristes, les obsequiaba frutas que al llegar a
sus casas estas se convertían en piedras preciosas y monedas de oro.
Cierto día, un señor llamado Diógenes Olmedo fue a visitar a la famosa Zárate, para ver
si le daba suerte y fortuna. Después de caminar cerca de seis horas, llegó al anochecer
a la piedra y cansado de dar vueltas alrededor de ella sin encontrar un medio para
poder hablar con la Bruja Zárate, resolvió recostarse en la piedra y esperar. Esperó
tanto que el cansancio lo dominó y se quedó dormido. Horas después deliraba, mirando
a su lado un árbol en cuyas ramas se posaron unas blancas palomas diciéndole con
voz humana: "Si quieres hablar con la encantadora Zárate, da tres golpes a la piedra y
dí las siguientes palabras: -Busco en vano mi ideal... años caminando y siempre en pie,
linda Zárate escucha y ábreme por el amor al pavo real". Seguidamente las palomas
retomaron el vuelo dejando caer pétalos blancos.
Diógenes despertó... Ya era medianoche, levantándose dió tres golpes a la piedra y al
mismo tiempo repitió las palabras que le habían dicho las palomas. En ese
instante la piedra se iluminó, apareció la Zárate con un chal tinto cruzado por los
hombros, en sus dedos un cigarrillo encendido y en la otra sujetaba con una cadena un
lindo pavo real. Se dirigió con amabilidad al pobre hombre que temblaba de pavor
diciéndole: ¿Qué de mi, buen hombre. En que puedo complacerte? Diógenes,
tomando valor se acercó, la saludó inclinándose y luego le contó su doliente historia, su
viudez, sus hijos enfermos y hambrientos. La Bruja Zárate. Como si recordara algo y
pensativa le preguntó: ¿Cuánto tiempo hace que murió tu esposa y cómo se llamaba?
El pobre hombre le respondió: -Ella no murió... hace dos años salieron ella y unas
amigas a bañarse a un río en la montaña... nunca más se supo de ella ni de sus
amigas, desaparecieron misteriosamente... su nombre era Lupita Olmedo. La Zárate
movió sus cejas, aspiró el humo de su cigarrillo y con una carcajada estripitosa enfrió la
sangre del pobre hombre y le dijo: "Conmovida por tu amargo sufrir y porque me has
pedido por el amor de mi ave favorita, el pavo real, te voy a dar lo que necesitas".
Caminaron una hora montaña arriba y por fin llegaron a una planicie en donde una
hermosa laguna rodeada de bambues, toronjas y limones emergían de ese bello lugar,
la bruja tomó varias toronjas y le dijo: Toma, aquí tienes el alimento de tus hijos".
Diógenes llenó su alforja con los frutos, en ese instante doce palomas blancas se
posaron sobre los bambues y la bruja Zárate le dijo: "Puedes marcharte ya, esas
palomas te serán de guía".
Regresaba el pobre hombre pensativo y desilusionado, llevando en los hombros aquel
cargamento de toronjas y en el alma la promesa de una mujer coqueta y repugnante.
¿Para qué tanta fruta y tantas palabras vanas?... Llegando a la mitad del camino y

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sintiendo aquella pesada carga decidió aliviarla, y arrojó seis toronjas por un precipicio
hasta llegar a un río y desaparecer. Más aliviado prosiguió su camino, sus hijos lo
divisaron y echaron a correr hacia el preguntándole que les había mandado la señora
Zárate. Diógenes fingiendo alegría, les contó que ella les mandaba unas hermosas
toronjas y que al día siguiente llegarían doce palomas blancas a darles una sorpresa.
Los niños se durmieron esa noche, esperando el día siguiente para atrapar las
palomitas y divertirse con las toronjas. Al día siguiente las toronjas amanecieron
convertidas en oro puro, y más tarde Diógenes y los niños percibieron el ladrido de los
perros y pisadas de caballos, cuál sería la sorpresa al ver que regresaban las doce
paseantes que una mañana, felices fueron a la montaña y no regresaron. Lupita
Olmedo venía adelante galopando para estrechar a sus hijos y su inconsolable esposo.
Y contaban que la bruja Zárate, al verlas bañandose en el río tuvo la ocurrencia de
convertirlas en palomas blancas y que formarían así su corte de honor. En cuanto al
pavo real, le prometió que tan pronto consienta en ser su esposo, le devuelve su forma
primitiva, pero el honorable español conservará su abolengo, es preciso resignarse a
ser pavo real prisionero, antes que esposo de la hechicera en libertad.

EL MITO CHINO DE LA CREACIÓN


Los cielos y la tierra eran solamente uno y todo era caos. El Universo era como un
enorme huevo negro, que llevaba ren su interior a P'an-Ku. Tras 18.000 años P’an-Ku
se despertó de un largo sueño. Se sintió sofocado, por lo cual empuñó un hacha
enorme y la empleó para abrir el huevo. La luz, la parte clara, ascendió y formó los
cielos, la materia fría y turbia permaneció debajo para formar la tierra. P’an-Ku se quedó
en el medio, con su cabeza tocando el cielo y sus pies sobre la tierra. La tierra y el cielo
empezaron a crecer a razón de diez pies al día, y P’an-Ku creció con ellos. Después de
otros 18.000 años el cielo era más grande y la tierra más gruesa; P’an-Ku permaneció
entre ellos como un pilar gigantesco, impidiendo que volviesen a estar unidos.
P’an-Ku falleció y distintas partes de su organismo, se transformaron en elementos de
nuestro mundo. Su aliento se transformó en el viento y las nubes, su voz se convirtió en
el trueno. De su cuerpo, un ojo se transformó en el sol y el otro en la luna. Su cuerpo y
sus miembros, se convirtieron en cinco grandes montañas y de su sangre se formó el
agua. Sus venas se convirtieron en caminos de larga extensión y sus músculos en
fértiles campos. Las interminables estrellas del cielo aparecieron de su pelo y su barba,
y las flores y árboles se formaron a partir de su piel y del fino vello de su cuerpo. Su
médula se transformó en jade y en perlas. Su sudor fluyó como la generosa lluvia y el
dulce rocío que alimenta a todas las cosas vivas de la tierra.

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EL MITO DE PERSEFONE
Perséfone es hija de Zeus y Deméter (hija de Cronos y Rea, hermana de Zeus, y diosa
de la fertilidad y el trigo). Su tío Hades (hermano de Zeus y dios de los Infiernos), se
enamoró de ella y un día la raptó.

La joven se encontraba recogiendo flores en compañía de sus amigas las ninfas y


hermanas de padre, Atenea y Artemisa, y en el momento en que va a tomar un lirio,
(según otras versiones un narciso), la tierra se abre y por la grieta Hades la toma y se la
lleva.

De esta manera, Perséfone se convirtió en la diosa de los Infiernos. Aparentemente, el


rapto se realizó con la cómplice ayuda de Zeus, pero en la ausencia de Deméter, por lo
que ésta inició unos largos y tristes viajes en busca de su adorada hija, durante los
cuales la tierra se volvió estéril.

Al tiempo, Zeus se arrepintió y ordenó a Hades que devolviera a Perséfone, pero esto
ya no era posible pues la muchacha había comido un grano de granada, mientras
estuvo en el Infierno, no se sabe si por voluntad propia o tentada por Hades. El
problema era que un bocado de cualquier producto del Tártaro implicaba quedar
encadenado a él para siempre.

Para suavizar la situación, Zeus dispuso que Perséfone pasara parte del año en los
confines de la Tierra, junto a Hades, y la otra parte sobre la tierra con su madre,
mientras Deméter prometiera cumplir su función germinadora y volviera al Olimpo.

Perséfone es conocida como Proserpina por los latinos.

La leyenda cuenta que el origen de la Primavera radica precisamente en este rapto,


pues cuando Perséfone es llevada a los Infiernos, las flores se entristecieron y
murieron, pero cuando regresa, las flores renacen por la alegría que les causa el
retorno de la joven. Como la presencia de Perséfone en la tierra se vuelve cíclica, así el
nacimiento de las flores también lo hace.

Por otra parte, durante el tiempo en que Perséfone se mantiene alejada de su madre,
Deméter y confinada a el Tártaro, o mundo subterráneo, como la esposa de Hades, la
tierra se vuelve estéril y sobreviene la triste estación del Invierno.

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EL MITO DE NÍOBE
Una de las figuras más trágicas de la mitología griega es la reina Níobe. Era hija de
Tántalo, quien había sido condenado en los Infiernos a sufrir eternamente de hambre y sed
por haber robado la comida de los dioses.
Níobe, hermana de Pélope, se había casado con Anfión, un gran músico que había
ayudado a construir las murallas de Tebas atrayendo a las rocas con el sonido de su lira.
Los dos esposos llegaron a ser reyes de esta ciudad.
Níobe tenía un gran motivo de orgullo. No era por su belleza, aunque era hermosa, ni por la
habilidad de su esposo, ni por su reino ni por sus posesiones. Había dado a Anfión siete
hijos y siete hijas, todos de gran belleza, y en ellos basaba toda su felicidad. Habría podido
vivir una larga vida de dicha, pero sus palabras de orgullo trajeron la desgracia a su casa.
En una ocasión, cuando se celebraban los ritos de adoración para Latona y sus dos hijos,
los dioses Apolo y Artemisa, la reina Níobe dijo a quienes la rodeaban:
-Qué tontería es el adorar a seres que no pueden ser vistos, en lugar de rendir pleitesía a
quienes están frente a vuestros ojos. ¿Por qué adorar a Latona y no a mí? Mi padre fue
Tántalo, quien se sentó a la mesa de los dioses. Mi esposo construyó esta ciudad y la
gobierna. ¿Por qué preferir a Latona? Yo soy siete veces más dichosa, con mis catorce
hijos, mientras ella tiene solamente dos. Cancelen esta ceremonia inútil.
El pueblo de Tebas la obedeció, y los rituales quedaron incompletos. Pero Latona había
escuchado las palabras de Níobe, y ssu venganza no se hizo esperar. Llamó a sus hijos
Apolo y Artemisa, les repitió las palabras de Níobe y los envió a castigar el orgullo de esa
mujer.
Ocultos por las nubes los dos dioses pusieron pie en las torres de Tebas. Frente a la ciudad
se celebraban juegos atléticos, en los que participaban los hijos varones de Níobe y Anfión.
Apolo tomó su arco y sus flechas, y uno a uno mató a los jóvenes. El menor de ellos, el
único que quedaba, gritó al cielo: -¡Perdonadme, oh dioses! -Apolo quiso respetar su vida
por su ruego, pero la flecha ya había abandonado su arco y el muchacho cayó muerto.
Advertida por los gritos de la gente, Níobe llegó al campo donde se encontraban los
cuerpos de sus hijos. A su alrededor estaban sus hijas, que compartían con ella su dolor.
Pero una a una, ellas también fueron cayendo sin vida, por los dardos lanzados por
Artemisa.
Abrazando a la más pequeña, mientras las demás yacían a su lado, Níobe gritó: -¡Dioses,
dejadme al menos una! -Pero fue inútil, pues pronto la niña se desplomaba con una flecha
en su pecho.
Al ver a sus hijos muertos, Anfión se enfureció. Se dirigió al templo de Apolo e intentó
prenderle fuego, pero el dios lo abatió con sus flechas. Níobe tomó en sus brazos el cuerpo
de la más pequeña de sus hijas y huyó enloquecida a Asia Menor. Los restos de su familia
permanecieron insepultos durante nueve días, pues los dioses habían transformado en
piedra a los habitantes de Tebas. El décimo día, los propios dioses les dieron sepultura.
Níobe vagó con el cadáver de su hija hasta llegar al monte Sípilo. No pudo avanzar más,
pues su dolor no le permitía moverse. El viento no agitaba su cabello, sus ojos quedaron
fijos en el rostro de su hija, la sangre dejó de fluir dentro de ella. Se transformó en una roca,
pero sus ojos siguieron vertiendo lágrimas que dieron origen a un manantial.
Existe otra doncella de nombre Níobe, que era la primera mortal con la que se unió Zeus,
pero esa es otra historia.

8
EL MITO DE EUROPA

Europa era hija de Agenor y Telefasa, aunque a veces se dice que era hija de Fénix y
por lo tanto nieta de Agenor.
Europa jugaba con sus compañeras en la playa de Sidón o a veces Tiro donde reinaba
su padre, cuando Zeus la divisó y quedó maravillado por su belleza, por lo que se
prendó de ella.
Como Zeus sabía que Europa podía rechazarlo si se le presentaba naturalmente, se
transformó en un hermoso toro blanco que tenía cuernos parecido al creciente lunar, y
fue a rendirse a los pies de la bellísima doncella.

Primero, la joven se asustó, pero luego fue tomando confianza. Primero opta por
acariciar en el lomo al maravilloso animal y decide por último montar en su espalda.
Zeus que esperaba esta acción de Europa, inmediatamente se levantó y partió hacia el
mar.
Europa gritaba y se aferraba con fuerza a los curvados cuernos, pero Zeus no se
detuvo, se adentró en la olas y se alejó de tierra, hasta llegar a Creta. Los hermanos y
la madre de Europa salieron en su búsqueda desesperados y por orden de su padre,
pero no dieron con ella.

En Gortina, Zeus logra su cometido y se une con Europa cerca de una fuente y uns
plátanos que bendecidos por haber presenciado el divino acto de amor nunca más
volvieron a perder sus hojas.
De esta unión nacieron tres hijos: Minos, Sarpedón y Radamantis. Además, se cree que
fue la madre de Carno, amado de Apolo, y Dodón.

Pero Zeus no podía quedarse con su bella Europa, por lo que para recompensarla le da
tres regalos. El primero es Talo el autómata, que era de bronce y cuidaba las costas de
Creta contra los desembarcos extranjeros. El otro fue un perro que nunca fallaba en la
cacería y siempre lograba atrapar a sus presas. Por último, le entregó una sorprendente
jabalina que siempre y sin excepción acertaba en el blanco elegido.

Adicionalmente, y para recompensarla por completo, Zeus logró que Europa contrajera
matrimonio con Asterión, quien al no tener hijos, adoptó a los de Zeus.
Cuando Europa murió le fueron concedidos los honores divinos y el toro que había sido
la forma en que Zeus había amado a Europa fue convertido en constelación e incluido
en los signos del zodíaco.

Por otro lado, se conocen otras heroínas con este nombre. Una es la hija de Ticio que
tuvo a Eufemo depués de unirse con Poseidón (dios del mar). Otra es una de las
Oceánides, hijas de Tetis y Océano. También, la madre de Níobe, esposa de Foroneo
se llamaba Europa. Y por último, la hija del Nilo y una de las esposas de Dánao.

9
EL MITO DE SELENE

En la mitología griega, Selene es la personificación de la Luna. Es hija de los titanes


Hiperión y Tía, y hermana de Helios, el Sol, y de Eos, la Aurora. Se la representaba
como una mujer joven y hermosa, que recorría el cielo en un carruaje de plata tirado por
dos caballos.

Se le conocen muchos amores. De Zeus tuvo una hija, Pandia. En Arcadia fue amante
del dios Pan, quien le había obsequiado una manada de bueyes blancos.

Sin embargo, su historia más conocida es la que comparte con Endimión, pastor de
Caria. Una noche de verano, luego de cuidar sus rebaños, Endimión se refugió en una
gruta en el monte Latmos para descansar. La noche era clara, y en el cielo Selene
paseaba en su carruaje. La luz de la luna entró en la cueva, y así Selene pudo ver al
joven dormido. Desde el momento en que la diosa lo miró se enamoró de él.

Descendió entonces del Cielo, y Endimión fue despertado por el roce de los labios de
Selene sobre los suyos. Toda la caverna estaba iluminada por la luz plateada de la
Luna. Ante él vió a la diosa brillante, y entre los dos nació una gran pasión.

Selene subió después al Olimpo, y rogó a Zeus que le concediera a su amado la


realización de un deseo, y el Señor del Olimpo aceptó. Endimión, luego de meditarlo,
pidió el don de la eterna juventud, y poder dormir en un sueño perpetuo, del que sólo
despertaría para recibir a Selene. Zeus le concedió su petición.

Desde entonces, Selene visita a su amante dormido en la caverna del monte. De este
amor nacieron cincuenta hijas, y en varias versiones también, hijo de Selene y de
Endimión fue Naxo, el héroe de la isla de Naxos.

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EL MITO DE ALCMENA
Alcmena es la esposa de Anfitrión y la madre de Heracles. Es del linaje de Perseo y de
Andrómeda, pues su padre fue Electrión, hijo de éstos.
Se destacaba por su gran belleza. Cuando se casó con Anfitrión, quien era sobrino y
cuñado de Electrión e hijo de Alceo (hermano de Electrión), y quien también provenía de los
Persíadas no podían consumar el matrimonio hasta que él llevara a cabo la venganza de
los hermanos de ella, hazaña que realizó con la ayuda del Creonte entre otros.
Anfitrión y Alcmena vivían en el destierro provocado por el asesinato accidental del suegro
que Anfitrión había cometido. De ahí, él parte a la guerra contra los telebeos. En su
ausencia, Zeus (dios de dioses) se hace pasar por él y convence a Alcmena de que tenga
amores con él. Ella creyendo que era su marido y que la venganza ya había sido realizada,
acepta y se une al dios en una noche alargada por él, para gozar de Alcmena durante
mucho tiempo.
Al día siguiente, regresa su marido y también se une sexualmente a su esposa. Alcmena
concibe así a dos hijos, uno por intervención del dios y otro de su marido. Los niños son
gemelos con un día de diferencia. El mayor se llama Heracles (Hércules) y es hijo de Zeus,
mientras que de Anfitrión nace Ificles.
Cuando Alcmena escucha todos los detalles de las batallas que le cuenta Anfitrión, ella le
replica que ya lo sabe todo y además no demuestra gran efusión cuando su marido
regresa. Anfitrión, intrigado, le pregunta al anciano adivino Tiresias sobre el asunto, y éste
le revela la verdad sobre la relación entre Alcmena y Zeus.
Anfitrión deseó castigar a su esposa, a pesar de saber que ella no había tenido culpa en el
asunto, y la iba a quemar en la hoguera. Zeus intervino y envió una fuerte lluvia ante lo
cual, Anfitrión perdonó todo y decidió incluso hacerse cargo del hijo del dios.
El problema sobreviene cuando Hera (esposa inmortal de Zeus) se entera de todo y se
vuelve presa de sus celos. Cuando Alcmena va a dar a luz, Hera interviene y logra que el
parto se prolongue hasta los diez meses. Así, Euristeo (primo de Heracles) nace primero, y
Heracles queda sometido a los designios de Euristeo debido a un oráculo que Zeus había
dictado según el cual el próximo descendiente de Perseo reinaría sobre Argos.
Más adelante, Alcmena enviudó y acompañó a Heracles junto con Yolao (sobrino de
Heracles) e Ificles en el fallido intento de regresar a su patria de origen, una vez que
Heracles había terminado los doce trabajos impuestos por Hera mediante Euristeo. Éste se
negó a dejarlos permanecer en su tierra.
Cuando Heracles muere, ella se encuentra con varios de sus nietos en Tirinto, de donde fue
expulsada con todos los descendientes de Heracles por orden de Euristeo. Todos fueron
bien recibidos en Atenas donde se refugiaron.
Euristeo decidió atacar a Atenas por haberle dado acogida a quienes estaban relacionados
con Heracles y perdió la batalla. Los atenienses le entregaron a Alcmena la cabeza de
Euristeo, y ella le sacó los ojos con un uso.
Terminó sus días terrenales en Tebas junto con todos los descendientes de Heracles. Hay
varias versiones de lo que ocurre después de su muerte. Según una primera versión, Zeus
envió a Hermes a recoger el cuerpo de ella para transportarlo a las islas de los
Bienaventurados, donde se casó con Radamantis.
Según otras versiones, fue llevada al Olimpo donde compartió honores con su hijo divino.
También existe la idea de que cuando Anfitrión había muerto en la lucha junto a su hijo, ella
se había casado con Radamantis, quien estaba desterrado, y había vivido con él en Beocia,
Ocalea.

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FRIXO Y HELE

Atamante, rey de Orcómeno, se había casado con Néfele, la Nube. De este matrimonio
nacieron dos hijos, un varón, que recibió el nombre de Frixo, y una niña llamada Hele.

Por un tiempo la familia real vivió en paz, pero Atamante empezó a desear a Ino, hija de
Cadmo de Tebas. Repudió entonces a Néfele y tomó a Ino como esposa. Con ella tuvo
dos hijos. Ino fue una cruel madrastra para los primeros hijos de Atamante.

Deseando deshacerse de ellos, ideó una estratagema. Persuadió a las mujeres del país
para que tostaran los granos de trigo destinados a la siembra. Cuando los hombres
sembraron el grano, nada brotó de la tierra. Amenazado el país por el hambre,
Atamante envió emisarios para que consultaran al oráculo de Apolo en Delfos.

Cuando los emisarios regresaron, Ino los interceptó y los sobornó, para que dijeran al
rey que los dioses exigían el sacrificio de Frixo como ofrenda para hacer crecer el trigo.
El pueblo exigió entonces que se realizara el sacrificio, y Atamante se vio obligado a
preparar la muerte de su hijo. Frixo, acompañado por su hermana, fue conducido así a
un altar donde debía ser sacrificado.

Pero su madre velaba por ellos, y cuando Frixo estaba a punto de morir les envió un
carnero de vellón de oro, que le había regalado el dios Hermes. Rápidamente los
jóvenes subieron a lomos del carnero, que se elevó por los aires y los alejó de los
verdugos.

Los hermanos volaron así hacia oriente. Pero en cierto momento Hele miró hacia abajo
para ver el mar, y al verse a gran altura se mareó y cayó a las aguas, en una región
llamada desde entonces Mar de Hele, o Helesponto (actual Estrecho de los
Dardanelos).

Frixo llegó sano y salvo a Cólquide, y pidió asilo en la corte del rey Eetes. El rey lo
acogió hospitalariamente, y le dió a su hija Calcíope como esposa. Frixo sacrificó al
carnero dorado como ofrenda al dios Zeus, y entregó su piel en agradecimiento a
Eetes. El rey colgó la piel dorada en una encina consagrada a Ares, y colocó a un
dragón para vigilarlo.

Éste es el Vellocino de Oro, que sería buscado por los Argonautas al mando de Jasón.

12
EL MITO DE ARACNE

Aracne es hija de Idmón un tintorero y nació en Lidia. La joven era muy famosa por
tener gran habilidad para el tejido y el bordado.

Cuenta la leyenda que hasta las ninfas del campo acudían para admirar sus hermosos
trabajos en tales artes. Tanto llegó a crecer su prestigio y popularidad que se creía que
era discípula de Átenea (diosa de la sabiduría y de las hiladoras).

Aracne era muy habilidosa y hermosa, pero tenía un gran defecto: era demasiado
orgullosa. Ella quería que su arte fuera grande por su propio mérito y no quería deberle
sus habilididades y triunfos a nadie. Por eso, en un momento de inconciencia, retó a la
diosa, quien por supuesto aceptó el reto. Primero, se le apareció a la joven en forma de
anciana y le advirtió que se comportará mejor con la diosa y le aconsejó modestia.

Aracne, orgullosa e insolente desoyó los consejos de la anciana y le respondió con


insultos. Atenea montó en cólera, se descubrió ante la atrevida jovencita y la
competencia inició. En el tapiz de la diosa, mágicamente bordado se veían los doce
dioses principales del Olimpo en toda su grandeza y majestad. Además, para advertir a
la muchacha, mostró cuatro episodios ejemplificando las terribles derrotas que sufrían
los humanos que desafiaban a los dioses.

Por su parte, Aracne representó los amoríos deshonrosos de los dioses, como el de
Zeus y Europa, Zeus y Dánae, entre muchos más. La obra era perfecta, pero Palas
encolerizada por el insulto hecho a los dioses, tomó su lanza, rompió el maravilloso
tapiz y le dio un golpe a la joven. Ésta sin comprender, se siente totalmente humillada y
deshonrada, por lo que enloquece y termina por ahorcarse.

Sin embargo, Palas Atenea no permitió que muriera sino que la convirtió en una araña,
para que continuara tejiendo por la eternidad.

Otra versión nos cuenta que Aracne tenía un hermano llamado Falange. Mientras ella
aprendía con Palas Atenea las artes del tejido, Falange aprendía el arte de la guerra.
Todo iba bien, hasta que la diosa descubrió que entre los hermanos existía una relación
impía e incestuosa, por lo que los castigó convirtiéndolos en animales.

13
EL MITO DE CASANDRA
Casandra es hija de Príamo y Hécuba y es hermana gemela de Héleno. Al nacer, se
hizo una fiesta en el templo de Apolo, en las afueras de Troya.
Al anochecer, los padres se marcharon y dejaron a los bebés en el templo por un
olvido. Al día siguiente, cuando regresaron a recogerlos, los gemelos estaban dormidos
y dos serpientes les pasaban la lengua por los órganos de los sentidos para purificarlos.
Los padres empezaron a gritar de angustia, ante lo cual las serpientes se retiraron. Fue
así como Casandra y Héleno tuvieron el don profético cuando fueron adultos.

Otra versión de la leyenda, indica que Apolo se había enamorado de Casandra y le


prometió a la joven el don de la profesía se aceptaba entregarse a él. Ella aceptó, pero
una vez iniciada en las artes de la adivinación, se negó a cumplir su parte del trato.
Ante esto, Apolo le escupió en la boca y le retiró el don de la persuación, por lo que
aunque ella dijera la verdad, nadie le creería.
Lo que sucedía con su don de profecía, es que el dios Apolo tomaba posesión de ella, y
en ese estado ella formulaba los oráculos. El don de Héleno era diferente e interpretaba
el porvenir, mediante la examinación de las aves y signos exteriores por el estilo.
Casandra es fundamentalmente conocida por sus predicciones en dos momentos
cruciales en la historia de Troya. El primero ocurre cuando ella predice que Paris -
siendo desconocido- traerá la ruina a la ciudad. Cuando éste va a ser condenado a
muerte, ella reconoce en último momento que el joven es hijo de Príamo.

Después, cuando Paris aparece con Helena en Troya ella indica que el hecho
provocará la ruina de la ciudad, pero nadie la escucha. Luego, después de la muerte de
Héctor, cuando regresa Príamo, ella descubre que su padre trae el cadáver de su
hermano antes de que este hecho se sepa.
Además, se opone rotundamente junto con el adivino Laocoonte a que se introduzca el
famoso caballo de madera, pues ella sabía que éste era una trampa y que adentro
venían guerreros aqueos. Por supuesto, nadie le cree y Apolo envía unas serpientes
para que devoren a Laocoonte y a sus hijos. Por eso, los troyanos permiten que el
caballo entre en la ciudad.

Durante el saqueo, Casandra se oculta en el templo de Atenea, pero Áyax la persigue.


Ella se abraza a la diosa, pero Áyax no se detiene y la arranca de ésta, provocando que
la estatua se tambalee. Ante esto, los troyanos se ofenden y van a lapidar al joven
guerrero, pero éste se refugia en el templo que acaba de ofender y se salva.
Posteriormente, cuando los aqueos se reparten el botín, Casandra es entregada a
Agamenón, quien se enamora perdidamente de la joven. Ella se había mantenido
virgen hasta el momento, pero ahora le pertenece a Agamenón y de él tiene
aparentemente unos gemelos llamados Teledamo y Pélope.
Según una versión, cuando Agamenón llega a Miscenas, su esposa Clitemnestra lo
mata y asesina a Casandra por celos, aún cuando ella misma tenía un amante.
Casandra es también conocida como Alejandra, y Licrofón la hace protagonista de un
poema que se cree profético.

14
EL MITO DE CALIPSO (KALUYW)
Calipso pertenecía a las ninfas y era hija de Atlante y Pléyone. Otras versiones la
hacen hija de Helio (el Sol) y Perseis. De esta segunda versión es que se deriva la idea
de que era hermana de Circe y Eetes.
Su lugar de habitación era la isla Ogigia, que se cree se ubicaba en el
Mediterráneo occidental y que por lo general se identifica con la actual península de
Ceuta, frente a Gibraltar.
Calipso, llamada por Homero "la que oculta", recibió hospitaliariamente a Odiseo
(Ulises) cuando su nave naufragó. En la Odisea, se cuenta como Calipso, enamorada
profundamente de Odiseo lo reteiene contra su voluntad en la isla durante mucho
tiempomientras él cree que a penas son unos días.
La cantidad de tiempo que Ulises estuvo con ella varía. Algunos apuntan que
fue dies años, otros creen que siete y hay quien opina que fue un año.
A cambio de que Odiseo se quedara para siempre con ella, Calipso le ofrecía a
cambio la inmortalidad. Sin embargo, Odiseo sentía la necesidad de regresar a su
hogar Ítaca y al final se mantuvo inflexible.
Atenea quien protegía a Odiseo, rogó a Zeus para que enviara a Hermes donde
Calpiso y le ordenara que dejara ir a Odiseo, a lo cual Zeus cedió. Aunque a ella le dolió
dejar partir a su amado, cumplió la orden del dios de dioses.
Le proporcionó al héroe madera para construir una embarcación, provisiones
para el viaje, e indicaciones de cuales astros debía seguirparaecontrar el camino a
casa.
Existen leyendas posteriores a la Odisea donde se les adjudica a Odiseo y a
Calipso un hijo llamado Latino, quien por logeneral se considera más bien hijo de Circe.
Otras tradiciones hablan de Nausítoo y Nausínoo como hijos de Calipso y Odiseo.
También se cuenta que Ausón fue hijo de la pareja, quien dio origen a Ausonia.
Adicionalmente, existe en la mitología registros de otra Calipso que era una de
las hijas de Tetis y Océano.
Cuando Europa murió le fueron concedidos los honores divinos y el toro que
había sido la forma en que Zeus había amado a Europa fue convertido en constelación
e incluido en los signos del zodíaco.
Por otro lado, se conocen otras heroínas con este nombre. Una es la hija de Ticio
que tuvo a Eufemodepués de unirse con Poseidón (dios del mar). Otra es una de las
Oceánides, hijas de Tetis y Océano. También, la madre de Níobe, esposa de Foroneo
se llamaba Europa. Y por último, la hija del Nilo y una de las esposas de Dánao.

15
LAS SIRENAS
Las sirenas a diferencia de la costumbre popular, dentro de la tradición griega eran
genios marinos, mitad mujeres y mitad aves. Su ascendencia no está clara. Según las
versiones más comunes del mito, son hijas de Melpómene (musa de la tragedia) y de
Aqueloo (dios del río homónimo y primogénito de los dioses-ríos). Pero otras versiones
las hacen hijas de Aqueloo y Estérope, o Terpsícore (musa de la poesía y la danza) o
también del dios Forcis. Según la versión de Libanio, nacieron de la sangre de Aqueloo,
que fue derramada por Heracles (Hércules).
La primera mención que se conoce de las Sirenas es en La Odisea, cuando Odiseo se
enfrenta a su canto en el mar. Aquí aparecen sólo dos, pero otras tradiciones hablan de
tres: Pisínoe (Parténope), Agláope (Leucosia), y Telxiepia (Ligia) o incluso de cuatro:
Teles, Redne, Molpe, y Telxíope.
De las sirenas se sabe que su especialidad era la música. Se cree que una tocaba la
lira, otra cantaba y la otra tocaba la flauta.
Para el poeta y mitógrafo Ovidio, las sirenas no siempre tuvieron esa forma, sino que en
un principio eran mujeres muy hermosas compañeras de Perséfone (diosa del mundo
subterráneo y compañera de Hades), antes de que fuera raptada por Hades. Cuando
sucedió el secuestro, ellas le pidieron a los dioses que les dieran alas para poder ir en
busca de su amiga. Otra versión dice que su transformación fue un castigo de Démeter
por no defender a su hija de Hades e impedir el secuestro. También se dice que
Afrodita les quitó su belleza, por que despreciaban las artes del amor.
Hay una leyenda que cuenta que después de la metamorfosis, rivalizaron con las
musas, y éstas muy ofendidas, las desplumaron y se coronaron con sus despojos.
De acuerdo con el mito más difundido, vivían en una isla del Mediterráneo que
tradicionalmente es ubicaba frente a la costa italiana meridional, más específicamente
frente a la Isla de Sorrento y con la música que tocaban atraían a los marinos, que
aturdidos por el sonido, perdían el control del barco que se estrellaba contra los
arrecifes. Entonces las Sirenas devoraban a los imprudentes navegantes.
Varios héroes pasaron por su isla incólumes, gracias a ardides o a la ayuda de algún
dios. En el caso de los Argonautas, se cuenta que pasaron muy cerca de la isla de las
sirenas, pero que Orfeo, que tenía fama de cantar maravillosamente (héroe griego) hizo
uso de su talento con tanta armonía y tan melodiosamente, que no las escucharon por
lo que se salvaron de su terrible destino. Butes (uno de los argonautas) no pudo
soportar la tentación y se lanzó al mar, pero Afrodita lo rescató.
De igual manera, Odiseo (Ulises), fecundo en ardides, cuando se iban acercando a la
isla temida, por consejo de Circe, ordenó a sus hombres que se taparan los oídos con
cera, y él que no podía con la curiosidad de escucharlas, se hizo amarrar al mástil, con
orden de que pasara lo que pasara, no lo desataran. Al escuchar los cantos de las
sirenas quizo soltarse pero sus compañeros no se lo permitieron. Cuenta la leyenda,
que las sirenas devastadas por su fracaso, se lanzaron al mar y murieron ahogadas.
Posteriormente, las sirenas pasaron a ser consideradas divinidades del más allá, y se
suponía que cantaban para los bienaventurados en las Islas Afortunadas. Fue así como
pasaron a representar las armonías celestiales y es así como las dibujan en los ataúdes
y sarcófagos.

16
EL MITO DE CIRCE
Circe es muy conocida por la participación que tiene en el desarrollo de la
famosa épica de Homero, la Odiesea, pero también tiene un papel en las leyendas de
los Argonautas. Su padre es Helios (el sol), y su madre es Perseis, en algunas
tradiciones, aunque en otras su madre es Hécate. Es hermana de Eetes -rey de
Cólquide y guardían del Vellocino de Oro- y por lo tanto es tía de Medea. También es
hermana de Pasífae, esposa de Minos. Su vivienda está en la isla de Ea, la cual
aparentemente corresponde hoy a la península llamada monte Circeo. Circe es
considerada una maga muy poderosa.
Odiseo (Ulises, en la tradición latina) llega a esta isla de Circe, después de estar
en el país de los lestrigones. La mitad de sus hombres son enviados a hacer un
reconocimiento de la isla, al mando de Euríloco. Todos se adentran en la isla, y llegan a
un valle, donde hay un palacio brillante.
Todos entran, excepto Euríloco quien prefiere quedarse montando guardia. Circe
-que es la dueña del palacio- recibe calurosa y hospitalariamente a los griegos, y los
invita a un banquete. Euríloco es testigo de que una vez que sus amigos han probado
los manjares, Circe los toca con una varita y los convierte en animales diversos, como
leones, cerdos y perros, dependiendo de la naturaleza verdadera de cada uno. Una vez
hecho esto, Circe encierra a todos en unos establos llenos de animales similares. Al ver
esto, Euríloco escapa y va a contarle a Odiseo todo lo que ha visto. Odiseo decide ir a
rescatar a sus hombres, y mientras pensaba en un plan, se le aparece Hermes
(mensajero de los dioses) y le da el secreto para vencer las artes mágicas de Circe:
debe agregar una planta llamada moly que el entrega Hermes, a cualquier brebaje que
ella le dé y así estará a salvo.
Así, Odiseo se presenta ante Circe que hace lo mismo que había hecho con sus
compañeros y le ofrece de beber. Odiseo acepta, pero antes agrega la planta molly al
brebaje, por lo que cuando Circe intenta convertirlo en animal con su varita, no sucede
nada. Odiseo saca su espada y le hace jurar a Circe que no le hará daño y que liberará
a sus hombres. Hecho esto, Odiseo se queda con Circe un año de placeres (aunque
para otros es un mes), pero nunca olvida a Penélope. Circe tiene con Odiseo a
Telégono y a Casífone. Según algunas versiones también tuvo a Latino. Además, Circe
es madre de Fauno quien nació de su unión con Zeus. En la leyenda e los Argonautas,
Circe hace su presencia en el viaje de regreso cuando Jasón viene con Medea -quien le
ha ayudado a obtener el Vellocino de oro y está totalmente enamorada de él-. El Argos
llega a la isla de Eea, donde la maga Circe los recibe y purifica a Jasón y a Medea por
la muerte de Apsirto, pero no le da hospitalidad a Jasón, y se limita a conversar
largamente con su sobrina. También, Circe transformó a Escila en el monstruo que era
una mujer en su parte superior, pero que de su parte inferior surgían unos horribles
perros que devoraban todo lo que pasaba cerca, pues según unas versiones se
enamoró del dios marino Glauco que prefirió el amor de Escila. Según otra versión,
Poseidón se había enamorado de Escila y Anfititre, celosa, le había pedido a Circe que
hiciera la transformación.

17
LAS MUSAS
Las musas son divinidades femeninas que presiden las artes y las ciencias, e inspiraban a
los filósofos y a los poetas.
Aunque su número varíe según los autores, por lo general se acepta que son nueve,
nacidas de nueve noches seguidas de amor entre Zeus y Mnemósine, una de las titánidas.
Las musas son por lo tanto nietas de Urano, el Cielo, y Gea, la Tierra.
Estas diosas se presentan como cantantes en las fiestas de los dioses, y forman parte del
séquito de Apolo. Su primer canto fue el de la victoria de los dioses del Olimpo sobre los
Titanes y el establecimiento de un nuevo orden cósmico. Se decía también que
acompañaban a los reyes, dándoles las palabras necesarias para gobernar, inspirándoles
sabiduría y otorgándoles la virtud de la justicia y la clemencia, con la que se ganaban el
amor de sus súbditos.
Las musas se encontraban con frecuencia en el monte Parnaso, que estaba consagrado a
Apolo. A los pies de este monte se encontraba la fuente Castalia, en la que los artistas se
purificaban antes de entrar al templo del dios. También tenían un santuario en el Helicón, la
montaña más alta de Beocia, donde se encuentra la fuente Hipocrene, que surgió de una
coz del caballo alado Pegaso.
La mayor y más distinguida de las musas es Calíope, que presidía la elocuencia y la poesía
épica. Era representada con un estilete y una tabla de escritura. Varias leyendas la
presentan como la madre de los cantores Orfeo y Linus.
Clío es la musa de la historia y de la poesía heróica. Se dice que fue quien introdujo el
alfabeto fenicio en Grecia. Es también la madre de Jacinto, compañero de Apolo. Se la
representa con frecuencia sosteniendo un rollo de pergamino.
Erato es la musa de la poesía amorosa, además de la mímica. En el arte se la muestra con
una lira.
Euterpe es la musa de la poesía lírica y de la música. Se le atribuye la invención de la flauta
doble, con la que es representada.
Melpómene es la musa del teatro trágico. Usa los coturnos tradicionales de los actores, y es
representada con un cuchillo en una mano y la máscara trágica en la otra.
Polimnia preside los himnos sagrados y la elocuencia. Aparece con frecuencia en una
actitud meditativa, con la mirada seria y un codo apoyado en una columna. A veces se la
muestra con un dedo sobre la boca, simbolizando el silencio y la discreción.
Terpsícore es la musa de la danza y de los coros dramáticos. Se la representa sentada con
una lira en las manos. Varias leyendas le atribuyen la maternidad de las sirenas.
Talía preside el arte de la comedia y de la poesía pastoral. Sus atributos son la máscara de
la comedia y el cayado de pastor.
Urania es la protectora de los astrónomos y los astrólogos. En el arte aparece con una
esfera en la mano izquierda y una espiga en la derecha. Está vestida con un manto cubierto
de estrellas y mantiene la mirada hacia el cielo.
A pesar de su importancia, las musas aparecen en muy pocos mitos. Según una leyenda el
rey Píero de Pieria, en Tracia, tenía nueve hijas que eran muy hábiles en el arte del canto.
Estaban tan orgullosas de esta virtud que decidieron viajar hasta el Helicón y retar a las
musas a una competencia, que las diosas aceptaron. Las piérides entonaron una canción
maravillosa que incluso los pájaros enmudecieron al escucharlas, pero el canto de las
musas conmovió hasta las piedras. Las piérides, derrotadas, fueron castigadas por su
arrogancia; las musas las transformaron en urracas, cambiando sus voces por graznidos.

18
LAS DANAIDES
El dios del mar, Poseidón, tuvo con la ninfa Libia dos hijos. Uno fue Agenor, quien se
trasladó a Siria. Su hermano Belo vivió en el país del Nilo, desde donde gobernó a los
países africanos. Belo se unió a Anquínoe, hija del dios Nilo, y con ella tuvo a dos hijos
gemelos, a quienes llamó Dánao y Egipto.
Egipto recibió el reino de Arabia y Dánao el de Libia. Sin embargo, Egipto reclamó el fértil
valle del Nilo y le dió a este país su propio nombre. Egipto tuvo cincuenta hijos de diversas
mujeres, mientras que Dánao tuvo cincuenta hijas, que fueron llamadas las Danaides.
Hubo disputas entre los dos hermanos, y Dánao, temeroso del poder de Egipto y por
consejo de Atenea, construyó un barco de cincuenta remos y huyó de África, refugiándose
en Argos. Ahí, sus hijas edificaron un templo a Atenea.
En Argos reinaba Gelanor, a quien Dánao reclamó el trono. Gelanor se resistió, pero
durante la discusión un lobo salió del bosque cercano y se arrojó contra un rebaño que
pasaba frente a la ciudad. Atacó a un robusto toro y lo dominó, dándole muerte. Gelanor vió
esto como un signo del fin de su reino, y cedió su corona a Dánao.
Se cuenta también que el país estaba devastado por la sequía, pues Poseidón estaba
enfadado cuando Argos fue concedido a Hera, cuando él quería el país para sí. Una de las
Danaides, Amimone, había sido enviada con sus hermanas para buscar agua. Fatigada por
el viaje se tendió a descansar en el campo. De pronto surgió un sátiro que trató de forzarla.
Amimone llamó en su ayuda a Poseidón, quien repelió al sátiro con un golpe de su tridente.
El golpe dio en una roca, de la que surgió una triple fuente que proveyó de agua a Argos.
Así reinó Dánao durante un tiempo, hasta que llegaron a Argos sus sobrinos, los hijos de
Egipto. Éstos le pidieron que olvidara la rencilla con su padre, y anunciaron que su visita
tenía la intención de casarse con las Danaides para sellar la paz. Dánao dió su
consentimiento, pero desconfiaba de la reconciliación.
Así los cincuenta hijos de Egipto se casaron con la cincuenta hijas de Dánao. El rey celebró
las bodas con un gran banquete, pero en secreto le dio a cada una de sus hijas una daga,
haciéndoles prometer que darían muerte a sus esposos durante la noche.
Todas las Danaides cumplieron su promesa, excepto la mayor, Hipermnestra, quien
conservó la vida de su esposo Linceo por haberla respetado durante la noche de bodas.
Todos los demás hijos de Egipto fueron decapitados, y mientras sus cuerpos recibían los
ritos funerarios en Argos sus cabezas eran enterradas en Lerna. Egipto, lleno de pesar por
la muerte de sus hijos y temeroso de Dánao, se retiró a Aroe, donde murió.
Por orden de Zeus y por mediación de Hermes y Atenea, las Danaides fueron purificadas
de su delito. Pero Hipermnestra fue puesta bajo vigilancia por Dánao, por haber
desobedecido su orden. Fue liberada durante su juicio, gracias a la intervención de la diosa
Afrodita, a quien agradaba el amor que había nacido entre ella y Linceo.
Pero luego de este suceso Dánao no pudo casar a sus hijas, pues cualquier pretendiente
sentía el temor de ser asesinado como los anteriores. Por fin, Dánao celebró unos juegos
poniendo como recompensa a sus propias hijas y liberando a los ganadores de los regalos
que debían hacer a su suegro. Así las Danaides se casaron con jóvenes del país, con los
que engendraron a la raza de los dánaos. Según unas versiones del mito, Linceo hizo las
paces con su suegro Dánao. Según otras, le dió muerte a él y a las cuarenta y nueve
danaides asesinas, vengando a sus hermanos.
Tras su muerte, y rechazando la purificación ordenada por Zeus, los jueces del infierno
encontraron a las Danaides culpables del asesinato de sus esposos. Fueron condenadas a
llevar agua continuamente a un tonel sin fondo, por toda la eternidad.

19
LA DIOSA AFRODITA
Afrodita es la diosa del amor y la belleza, y se identifica en Roma con la antigua divinidad itálica
Venus. Según una tradición es hija de Urano y según otra de Zeus y Dione.
En el caso de la primera historia, el nacimiento ocurre en el momento que Cronos (dios del
tiempo) corta los genitales de su padre Urano y los lanza al mar, de donde surge Afrodita. De
ahí que se le conozca como "la diosa nacida de las olas" o "nacida del semen de dios".
Una vez que salió del mar, Afrodita fue llevada por los vientos Céfiros, primero a Citera y luego
a Chipre, donde las Horas la vistieron y la guiaron a la morada de los Inmortales.
Posteriormente, Platón imaginó que había una Afrodita Urania, la diosa del amor puro e hija de
Urano; y Afrodita Pandemo, hija de Dione y diosa del amor vulgar. Sin embargo esta es una
concepción filósofica tardía.
Afrodita es partícipe de un sinnúmero de leyendas. Primero, se casó con Efesto (el divino cojo y
dios del Fuego), pero estaba enamorada de Ares (dios de la Guerra).
Cuenta Homero (escritor de La Odisea y La Iliada) que mientras los enamorados se entregaban
a la pasión en una madrugada, en el lecho de Afrodita, Efesto celoso les había puesto una
trampa, pues el Sol le había contado que su amada le estaba siendo infiel.
Cuando los amantes se dieron cuenta ya estaban atrapados en una red mágica que tenía el
esposo de la bella diosa, y éste fue a llamar a todos los dioses para que fueran testigos del
engaño. Todos se burlaron del asunto, pero Poseidón (dios del Mar) pidió clemencia y por eso
Afrodita y Ares fueron liberados.
La diosa avergonzada huyó a Chipre, mientras que Ares se fue a Tracia. Sin embargo, sus
amores tuvieron fruto y de tal unión nacieron Eros (dios del amor) y Anteros, Deimo y Fobos (el
Terror y el Temor) y Harmonía. A veces también se agrega a Príapo.
A parte de Ares, Afrodita estuvo involucrada amorosomente con Adonis y a Anquises con quien
tuvo a Eneas (héroe troyano y personaje de La Eneida de Virgilio) y a Lirno.
Pero, la diosa fue especialmente conocida por sus maldiciones e iras, pues cuando alguien caía
en la desgracia de ofender a la diosa, se condenaba a tormentos terribles. Por ejemplo, castigó
a la Aurora con un amor irrefrenable por Orión, ya que había cedido a las seducciones de Ares.
También castigó a todas las mujeres de Lemnos, ya que éstas no la honraban, y las impregnó
con un olor insoportable que provocó que sus hombres las abandonaran. De igual manera
castigó a las hijas de Cíniras y las obligó a prostituirse con extranjeros.
Por otra parte, caer en su gracia era igual o más peligroso. Cuando la Discordia lanzó una
manzana a la más hermosa de las diosas, e hizo que compitieran Afrodita, Palas Atenea y
Hera, y Zeus decidió que fuera Alejandro (Paris, héroe troyano) el que definiera quién era la
más hermosa, cada una le ofreció un regalo a cambio de que la escogiera. Palas Atenea le
ofreció hacerlo invencible en la guerra, Hera le prometió el reino del universo, y Afrodita la mano
de Helena (hija de Zeus y hermana de los Dioscuros), quien era la mujer más hermosa del
mundo. Paris eligió a Afrodita y fue por esta promesa que se inició la famosa Guerra de Troya.
Afrodita agradecida con Paris, lo protegió durante toda la campaña así como a los demás
aqueos, incluyendo a su hijo Eneas, a quien logró salvar de la muerte.
Aunque Troya iba a perder la guerra definitivamente, Afrodita logró rescatar la raza de los
aqueos con su hijo Eneas, quien luego viajara a una tierra desconocida donde sus
descendientes Rómulo y Remo fundarían Roma.
Así es como para lo romanos Afrodita, Venus para ellos, fuera su protectora particular y por eso
César le levantó un templo bajo la invocación de Venus Madre.
Los animales favoritos de esta diosa eran las palomas, y estas aves arrastraban su carro. Sus
plantas eran la rosa y el mirto.

20
EL MITO DE GEA

Gea es la madre Tierra de donde surgen todas las razas divinas. Ella nace después de
Caos y antes de Eros (el Amor). Ella sola engendró a Urano (el Cielo) que la cubre al
igual que Ponto (el mar).
Después se une con Urano y da a luz a los seis titanes: Océano, Ceo, Crío, Hiperión,
Japeto y Cronos. También tuvo a las seis titánides: Tía, Rea, Temis, Mnemósine, Febe
y Tetis (madre del héroe Aquiles). Después nacieron los cíclopes (monstruos gigantes
con un solo ojo), divinidades relacionadas con el rayo y el trueno. Por último nacieron
los Hecatonquiros, seres de cien brazos, gigantescos y violentos.
Urano odiaba a todos sus hijos, por lo que los obligaba a vivir en las profundidades de
su madre. Un día ella decidió liberarlos y les pidió que se vengaran de su padre, pero
todos le temían demasiado. Sólo el menor, Cronos aceptó, pues lo odiaba mucho. Gea
le entregó una hoz de acero a su hijo. En la noche cuando Urano cubrió a Gea toda
para unirse con ella, Cronos le cortó los testículos a su padre y los arrojó detrás de él.
La sangre que brotaba de la herida fecundó a Gea y de ahí nacieron los Gigantes, las
Herinias y las Ninfas de los Fresnos, además de todas las divinidades realcionadas con
los árboles.
Posterior a esta mutilación, Gea se unió con Ponto de donde nacieron las divinidades
marinas: Nereo, Taumante, Forcis, Ceto y Euribia. Mientras, Cronos reinaba en el
mundo y se había vuelto un tirano terrible y había encerrado a sus hermanos en el
Tártaro, por lo que Gea planeó una nueva venganza. Los hijos de Rea y Cronos habían
sido devorados por su padre, pero cuando ella estaba en cinta de Zeus, pidió ayuda.
Gea y Urano le revelaron el secreto de los Destinos y le enseñaron como burlar a
Cronos. Cuando el niño nace, Gea lo esconde en una caverna, al mismo tiempo que a
Cronos le era entregada una piedra envuelta en mantillas, a la que devoró sin notar la
diferencia.
Cuando Zeus estuvo mayor, luchó abiertamente con Cronos y Gea le hizo saber que
necesitaría la ayuda de los Titanes. Estos al ser liberados por Zeus del Tártaro, le
dieron el rayo, el trueno y el relámpago, armas con las que destronó a su padre.
Pero Gea seguía descontenta por la suerte de los Hecatonquiros, que habían sido
derrotados, por lo que se une con Tártaro (dios de los abismos) y engendró a Tifón, con
el que tuvieron que luchar los dioses por largo tiempo. Además nació de esta unión otro
monstruo, Equidna.
La mayoría de las teogonías le atribuyen a Gea la maternidad de diversos monstruos
como Caribdis, las Harpías, Pitón, el dragón guardián del vellocino de oro, e incluso la
Fama.
Con el tiempo, Gea se convirtió en la madre universal, y conforme el mundo helénico
personificaba a sus dioses, la tierra se encarnaba en divinidades como Démeter o
Cibeles, y la tierra como elemento abandonaba la mitología.
Gea se consideraba además, como inspiradora de muchos oráculos, poseía los
secretos de los Destinos, y sus predicciones eran más antiguas y seguras que las del
mismo Apolo.

21
LEYENDAS

22
LA CALLE DEL INDIO TRISTE
Leyenda tradicional.

¡Sí! La gente lo decía. ¡Siempre allí! ¡Siempre! ¡Siempre sentado sobre la tierra y recargado en
la pared de aquella casona! De noche o de día su figura encorvada parecía incansable. ¡Qué
triste! Muchos comentaban: ¡Cuánta pesadumbre! ¡Cuán grande soledad se adivinaba en la
melancolía de sus ojos! Y ninguno lo entendía quizás. Desde que Tenochtitlan había caído en
poder de los invasores y sobre sus ruinas, con sus propias ruinas, se había levantado la nueva
arquitectura de México, Capital del Virreinato de la Nueva España, siempre se le había visto allí,
envejeciendo junto con el recuerdo que su mirada juvenil le había tatuado en la mente:
Tlatelolco, agosto, 1521. Y que ahora, piel ya rugosa por los años, quizás sesenta, ochenta tal
vez, conservaba como un fresco mural recién pintado.
Su llanto angustioso de apenas niño, de adolescente casi, de nada había servido para evitar la
destrucción. Había visto cómo los bárbaros arrasaban con sus armas brutales y su ambición
despiadada los símbolos del Teotl, la energía creadora. Había contemplado caer muerto a su
padre. Había escuchado los gritos aterrados de sus mamacitas: ¡Piedad! Mas todo había sido
destruido. Luego confusión, oscuridad, lágrimas, hambre y sin explicárselo bien, aquella agua
fría sobre su cabeza y aquel hombre vestido de café hasta los pies diciéndole algo en extraña
lengua y un soldado popoloca que le obligaba a besar, daga amenazante en mano, a quien
decían era un verdadero dios.
Desde esa época muy poco quedaba ya de la grandiosa ciudad de sus abuelos; sólo recuerdos,
borrosos recuerdos de una antigua felicidad... (sus papacitos del calpulli, la casa que florece
para todos, trabajando unidos para fomentar la creatividad y la evolución del Teotl. Y las
sementeras llenas de flores, de hortalizas. Y los cantares colectivos de los laboriosos
agricultores. Y su madre y todas sus mamacitas preparando el sostenimiento de los que
trabajan). Pero ahora todo era tristeza. A los que eran como él, les nombraban "indios" y los
hacían esclavos y la voluntad de vivir se iba. Su pueblo, los suyos, que en dos siglos habían
construido una esplendorosa ciudad para que reviviera la grandeza astronómica de la
legendaria Teotihuacan y prosiguiera con la labor del Teotl de los antiguos nahuatlacos
desaparecidos hacía más de diez mil años en una catástrofe increíble, se hallaba humillado,
oprimido por quienes fingiéndose en un principio amigos, teules, lo habían destrozado todo,
¡todo!, sin respetar la creativad esencial del Teotl. Y las costumbres de los invasores se
extendieron...
Cuauhtzin, dicen que era su nombre, desde ese día se vistió de una profunda tristeza, tanta que
jamás nadie lo vio sonreír. Vagó durante algún tiempo por diversos barrios de la naciente nueva
ciudad, como perdido, hasta que pareció encontrar lo que buscaba, un lugar...
Ahora, casas a la usanza castellana se levantaban con las mismas piedras que habían servido
a los Teocallis, casas para la meditación creadora, y de éstos, nada quedaba. Y allí se sentó y
permaneció toda su vida, no obstante los menosprecios y los insultos que se acostumbró a no
entender. ¡Indio taimado! ¡Indio holgazán! ¡Indio ladino! ¡Indio borracho! ¡Indio ignorante! A
veces lo quitaban a la fuerza de este sitio, su sitio, pero luego volvía a su calle para recordar y
fomentar su tristeza.
—Don Pedro vive en la calle del Indio triste —¿Vieron ya la casa que se construyó Doña Marina
en la calle del Indio triste? —Comenzaron a ubicar el lugar por el siempre presente personaje y
pronto se convirtió en un punto de referencia para los habitantes de la ciudad.
Una mañana, dicen, en el rincón donde nunca dejaba de verse al hombre triste, encontraron
una estatua igual al indio, en la misma postura, con semejante gesto y todos dijeron: ¡Se volvió
piedra! ¡Se volvió piedra! De boca en boca circuló el rumor. Y la noticia se arremolinó en
asombros y en incrédulas miradas. Hubo en varios temor y remordimientos... Nadie supo cómo,
pero la imaginación y la fantasía acrecentaron la leyenda. Y la calle se llamó desde entonces y
hasta hace poco en que le cambiaron el nombre: La calle del Indio triste.

23
LA PIEL DEL VENADO: (LEYENDA MAYA)
Los mayas cuentan que hubo una época en la cual la piel del venado era distinta a
como hoy la conocemos. En ese tiempo, tenía un color muy claro, por eso el venado
podía verse con mucha facilidad desde cualquier parte del monte. Gracias a ello, era
presa fácil para los cazadores, quienes apreciaban mucho el sabor de su carne y la
resistencia de su piel, que usaban en la construcción de escudos para los guerreros.
Por esas razones, el venado era muy perseguido y estuvo a punto de desaparecer de
El Mayab.
Pero un día, un pequeño venado bebía agua cuando escuchó voces extrañas; al voltear
vio que era un grupo de cazadores que disparaban sus flechas contra él. Muy asustado,
el cervatillo corrió tan veloz como se lo permitían sus patas, pero sus perseguidores
casi lo atrapaban. Justo cuando una flecha iba a herirlo, resbaló y cayó dentro de una
cueva oculta por matorrales.
En esta cueva vivían tres genios buenos, quienes escucharon al venado quejarse, ya
que se había lastimado una pata al caer. Compadecidos por el sufrimiento del animal,
los genios aliviaron sus heridas y le permitieron esconderse unos días. El cervatillo
estaba muy agradecido y no se cansaba de lamer las manos de sus protectores, así
que los genios le tomaron cariño.
En unos días, el animal sanó y ya podía irse de la cueva. Se despidió de los tres
genios, pero antes de que se fuera, uno de ellos le dijo:
—¡Espera! No te vayas aún; queremos concederte un don, pídenos lo que más desees.
El cervatillo lo pensó un rato y después les dijo con seriedad:
—Lo que más deseo es que los venados estemos protegidos de los hombres, ¿ustedes
pueden ayudarme?
—Claro que sí —aseguraron los genios. Luego, lo acompañaron fuera de la cueva.
Entonces uno de los genios tomó un poco de tierra y la echó sobre la piel del venado, al
mismo tiempo que otro de ellos le pidió al sol que sus rayos cambiaran de color al
animal. Poco a poco, la piel del cervatillo dejó de ser clara y se llenó de manchas, hasta
que tuvo el mismo tono que la tierra que cubre el suelo de El Mayab. En ese momento,
el tercer genio dijo:
—A partir de hoy, la piel de los venados tendrá el color de nuestra tierra y con ella será
confundida. Así los venados se ocultarán de los cazadores, pero si un día están en
peligro, podrán entrar a lo más profundo de las cuevas, allí nadie los encontrará.
El cervatillo agradeció a los genios el favor que le hicieron y corrió a darles la noticia a
sus compañeros. Desde ese día, la piel del venado representa a El Mayab: su color es
el de la tierra y las manchas que la cubren son como la entrada de las cuevas. Todavía
hoy, los venados sienten gratitud hacia los genios, pues por el don que les dieron
muchos de ellos lograron escapar de los cazadores y todavía habitan la tierra de los
mayas.

24
LEYENDA MAPUCHE: DOMO Y LITUCHE
Hace infinidad de lluvias, en el mundo no había más que un espíritu que habitaba en el cielo.
Solo él podía hacer la vida. Así decidió comenzar su obra cualquier día.
Aburrido un día de tanta quietud decidió crear a una criatura vivaz e imaginativa, la cual llamó
"Hijo", porque mucho le quiso desde el comienzo. Luego muy contento lo lanzó a la tierra. Tan
entusiasmado estaba que el impulso fue tan fuerte que se

golpeó duramente al caer. Su madre desesperada quiso verlo y abrió una ventana en el cielo.
Esa ventana es Kuyén, la luna, y desde entonces vigila el sueño de los hombres.
El gran espíritu quiso también seguir los primeros pasos de su hijo. Para mirarlo abrió un gran
hueco redondo en el cielo. Esa ventana es Antú, el sol y su misión es desde entonces calentar
a los hombres y alentar la vida cada día. Así todo ser viviente lo reconoce y saluda con amor y
respeto. También es llamado padre sol.
Pero en la tierra el hijo del gran espíritu se sentía terriblemente solo. Nada había, nadie con
quién conversar. Cada vez más triste miró al cielo y dijo: ¿Padre,

porqué he de estar solo?


En realidad necesita una compañera -dijo Ngnechén, el espíritu progenitor.
Pronto le enviaron desde lo alto una mujer de suave cuerpo y muy graciosa, la que cayó sin
hacerse daño cerca del primer hombre. Ella estaba desnuda y tuvo mucho frío. Para no morir
helada echó a caminar y sucedió que a cada paso suyo crecía la hierba, y cuando cantó, de su
boca insectos y mariposas salían a raudales y pronto llegó a Lituche el armónico sonido de la
fauna.
Cuando uno estuvo frente al otro, dijo ella: - Qué hermoso eres. ¿Cómo he de llamarte? . Yo
soy Lituche el hombre del comienzo. Yo soy Domo la mujer, estaremos juntos y haremos
florecer la vida amándonos -dijo ella-. Así debe ser, juntos llenaremos el vacío de la tierra -dijo
Lituche.
Mientras la primera mujer y el primer hombre construían su hogar, al cual llamaron ruka, el cielo
se llenó de nuevos espíritus. Estos traviesos Cherruves eran torbellinos muy temidos por la
tribu.
Lituche pronto aprendió que los frutos del pewén eran su mejor alimento y con ellos hizo panes
y esperó tranquilo el invierno. Domo cortó la lana de una oveja, luego con las dos manos,
frotando y moviéndolas una contra otra hizo un hilo grueso. Después en cuatro palos grandes
enrolló la hebra y comenzó a cruzarlas.

Desde entonces hacen así sus tejidos en colores naturales, teñidos con raíces.
Cuando los hijos de Domo y Lituche se multiplicaron, ocuparon el territorio de mar a cordillera.
Luego hubo un gran cataclismo, las aguas del mar comenzaron a subir guiadas por la serpiente
Kai-Kai. La cordillera se elevó más y más porque en ella habitaba Tren-Tren la culebra de la
tierra y así defendía a los hombres de la ira de Kai-Kai. Cuando las aguas se calmaron,
comenzaron a bajar los sobrevivientes de los cerros. Desde entonces se les conoce como
"Hombres de la tierra" o Mapuches.

Siempre temerosos de nuevos desastres, los mapuches respetan la voluntad de Ngnechén y


tratan de no disgustarlo. Trabajan la tierra y realizan hermosa artesanía con cortezas de árboles
y con raíces tiñen lana. Con fibras vegetales tejen canastos y con lana, mantas y vestidos.
Aún hoy en el cielo Kuyén y Antú se turnan para mirarlos y acompañarlos. Por eso la esperanza
de un tiempo mejor nunca muere en el espíritu de los mapuches, los hombres de la tierra

25
EL EDIFICIO DE LOS DANZANTES
(leyenda mexicana prehispanica)

Varios guerreros ya han sido sacrificados y su sangre se ha convertido en volutas


floridas a lo largo deI abdomen; en sus rostros, junto a los cuales están sus nombres
respectivos, se refleja Ia angustia deI sacrificio.

Quinientos años antes de Ia era cristiana esto era común entre los pueblos,
especialmente en un pueblo guerrero como Monte Albán, pues había que mostrar a los
que Ilegaban su fuerza y su sabiduría. Los ancianos explicaban a los jóvenes que el
gran muro era una composición de figuras humanas colocadas en sentido vertical y
horizontal, dispuestas así con Ia intención de que el muro pudiera leerse a medida que
uno caminaba frente a él. Los personajes que se encontraban en sentido vertical eran
los principales y por ello se representaban con todo y sus nombres y lugares de origen.

Los otros, los que iban en sentido horizontal, eran los acompañantes de los señores
principales. Era importante que los cautivos Ilevasen consigo algunos acompañantes,
no sólo para su viaje eterno, sino para mostrarse resguardado ante los ojos extraños,
es decir que los sacrificios secundarios se hacían exclusivamente para mostrar que los
guerreros no estaban solos.

No sólo por el hecho de ser guerreros estos personajes fueron especialmente


representados, eran también seres humanos con ciertas características; algunos eran
enanos, otros jorobados o con otros defectos físicos; eran guerreros muy especiales
porque provenían de linajes ya en extinción y eso les daba doble valor en Ia guerra. Su
apariencia física les recordaba a ciertos hombres de una raza antigua, de bocas y
narices anchas, ojos oblicuos y cuerpos muy robustos, que habían sido sus ancestros y
que aparecían en todas Ias leyendas de los pueblos deI Valle de Oaxaca.

Mientras en la ciudad se vivía de manera ordenada y en paz, era muy importante


recordar a aquellos que habían muerto en sacrificio, por eso los ancianos tenían que
hacer entender a los jóvenes el valor de ser guerrero y zapoteco. Así, llegado el
momento, los nuevos guerreros sabrían manejar los valores, como no tenerle miedo a
ser cautivo, y menos a ser sacrificado para los dioses y en beneficio de la supremacía
de Monte Albán sobre otros pueblos y otras regiones. Durante los siguientes siglos el
edificio se cubrió con otras construcciones, pero Ios más de 300 cautivos 6 fueron muy
bien protegidos para ser enterrados entre Ios muros, pues había que cuidar que no se
dañaran o se perdieran.

AI contrario, algunos fueron separados deI muro para ser colocados en edificios más
visibles, trascendiendo así eI tiempo en que fueron concebidos, para conservar su
carácter sagrado en Ia posteridad. Estos verdaderos monumentos, como explicaban Ios
ancianos, fueron Ios primeros que plasmaron eI gran poder zapoteco en el Valle de
Oaxaca, que sigue siendo en los nuevos siglos una raza invencible.

26
LA LEYENDA DEL MURCIÉLAGO
(Leyenda tradicional mexicana - Oaxaca)
Cuenta la leyenda que el murciélago una vez fue el ave más bella de la Creación.
El murciélago al principio era tal y como lo conocemos hoy y se llamaba biguidibela
(biguidi = mariposa y bela = carne; el nombre venía a significar algo así como mariposa
desnuda).
Un día frío subió al cielo y le pidió plumas al creador, como había visto en otros
animales que volaban. Pero el creador no tenía plumas, así que le recomendó bajar de
nuevo a la tierra y pedir una pluma a cada ave. Y así lo hizo el murciélago, eso sí,
recurriendo solamente a las aves con plumas más vistosas y de más colores.
Cuando acabó su recorrido, el murciélago se había hecho con un gran número de
plumas que envolvían su cuerpo.
Consciente de su belleza, volaba y volaba mostrándola orgulloso a todos los pájaros,
que paraban su vuelo para admirarle. Agitaba sus alas ahora emplumadas, aleteando
feliz y con cierto aire de prepotencia. Una vez, como un eco de su vuelo, creó el arco
iris. Era todo belleza.
Pero era tanto su orgullo que la soberbia lo transformó en un ser cada vez más ofensivo
para con las aves.
Con su continuo pavoneo, hacía sentirse chiquitos a cuantos estaban a su lado, sin
importar las cualidades que ellos tuvieran. Hasta al colibrí le reprochaba no llegar a ser
dueño de una décima parte de su belleza.
Cuando el Creador vio que el murciélago no se contentaba con disfrutar de sus nuevas
plumas, sino que las usaba para humillar a los demás, le pidió que subiera al cielo,
donde también se pavoneó y aleteó feliz. Aleteó y aleteó mientras sus plumas se
desprendían una a una, descubriéndose de nuevo desnudo como al principio.
Durante todo el día llovieron plumas del cielo, y desde entonces nuestro murciélago ha
permanecido desnudo, retirándose a vivir en cuevas y olvidando su sentido de la vista
para no tener que recordar todos los colores que una vez tuvo y perdió.

27
DIONISOS Y LOS PIRATAS
Leyenda Griega

Dionisos o Baco, hijo de Zeus y Sémele, había sido criado por las Horas y las Ninfas
lejos del Olimpo, morada de los dioses. Recibió enseñanza de las musas y, amante del
vino y la alegría, se declaró protector de las vendimias.
Un día adoptó la apariencia de un muchacho y se puso a contemplar la belleza del mar
en una playa desierta.
En aquel momento acertó a pasar por allí una nave de piratas. Éstos decidieron
desembarcar para capturar al jovencito.
-Lo llevaremos a Chipre- dijo el capitán del barco-, y si pertenece a alguna familia rica,
conseguiremos un buen rescate.
Dionisos no opuso resistencia. Más bien le agradó el comienzo de aquella aventura.
Los marineros lo llevaron a bordo y lo ataron al palo mayor de la nave, con todo
cuidado.
Grande fue la sorpresa de los piratas al ver que el prisionero no sólo no oponía
resistencia, sino que sonreía continuamente. Pero el asombre de aquella gente llegó al
colmo al comprobar que los nudos más retorcidos y apretados eran desatados por
Dionisos con suma facilidad. Con ligeros movimientos de los músculos, el joven se
liberó, rápidamente, de todas las ligaduras.
Un viejo marinero tomó la palabra y dijo:
- Amigos, no desafiemos a los dioses. Este jovencito no es un ser común como
nosotros. Debe gozar seguramente de la protección de algún dios, y quizás sea él
mismo un dios. Liberémoslo y honrémoslo como se merece.
Una carcajada general recibió el prudente consejo del viejo. El capitán, burlándose de
su antiguo camarada de aventuras, respondió:
-Lo liberaremos, sí, pero después de recibir un buen rescate por él. ¿No has advertido,
viejo tonto, que los nudos con que tú lo ataste se pueden desatar con un poco de
habilidad?
Dionisos fue dejado en libertad a bordo, pero no se movió de junto al palo mayor en que
se apoyaba. Le divertían las maniobras de los marineros y lo alegraban las canciones
que éstos entonaban.
La nave se dirigía a velas desplegadas hacia la isla de Chipre. Al anochecer, los
marineros se disponían a descansar, cuando vieron con asombro que del palo en que
estaba apoyado el prisionero surgía un arroyuelo rojo que tenía un olorcillo encantador.
Era vino. Y el asombro de los piratas subió de punto cuando vieron que los palos de la
nave, y el cordamen se transformaban en troncos de vides y en retorcidos sarmientos.
El miedo del capitán ante tal prodigio se transformó en terror cuando vio que el
indefenso joven se transformó en un soberbio león.
El espanto impulsó a los marineros hacia la popa del barco, y uno a uno fueron
arrojándose al mar.
Al tocar el agua, los piratas se transformaron en delfines, que escoltaron la nave. Ésta
seguía navegando gallardamente, pero el dios Dionisos, el dios alegre, conocido
también con el nombre de Baco, había desaparecido. Había volado hacia el monte
Olimpo, que es la augusta morada de los dioses.

28
LEYENDA DE LOS TEMBLORES
Por estas tierras se cuenta que, hace mucho tiempo, hubo una serpiente de colores,
brillante y larga.
Era de cascabel y para avanzar arrastraba su cuerpo como una víbora cualquiera. Pero
tenía algo que la hacía distinta a las demás: una cola de manantial, una cola de agua
transparente.
Ssshsssh... la serpiente avanzaba. Ssshsssh... la serpiente de colores recorría la tierra.
Ssshsssh... la serpiente parecía un arcoiris juguetón, cuando sonaba su cola de
maraca. Ssshsssh...
Dicen los abuelos que donde quiera que pasaba dejaba algún bien, alguna alegría
sobre la tierra.
Ssshsssh... ahí iba por montes y llanos, mojando todo lo que hallaba a su paso.
Ssshsssh... ahí iba por montes y llanos, dándoles de beber a los plantíos, a los árboles
y a las flores silvestres. Ssshsssh... ahí iba por el mundo, mojando todo, regando todo,
dándole de beber a todo lo que encontraba a su paso.
Hubo un día en el que los hombres pelearon por primera vez. Y la serpiente
desapareció. Entonces hubo sequía en la tierra.
Hubo otro día en el que los hombres dejaron de pelear. Y la serpiente volvió a aparecer.
Se acabó la sequía, volvió a florecer todo. Del corazón de la tierra salieron frutos y del
corazón de los hombres brotaron cantos.
Pero todavía hubo otro día en el que los hombres armaron una discusión grande, que
terminó en pelea. Esa pelea duró años y años. Fue entonces cuando la serpiente
desapareció para siempre.
Cuenta la leyenda que no desapareció, sino que se fue a vivir al fondo de la tierra y que
ahí sigue. Pero, de vez en cuando, sale y se asoma. Al mover su cuerpo sacude la
tierra, abre grietas y asoma la cabeza. Como ve que los hombres siguen en su pelea,
sssh... ella se va. Ssshsssh... ella regresa al fondo de la tierra. Ssshsssh... ella hace
temblar... ella desaparece.

29
EL MAYAB, LA TIERRA DEL FAISÁN Y DEL VENADO
Hace mucho, pero mucho tiempo, el señor Itzamná decidió crear una tierra que fuera
tan hermosa que todo aquél que la conociera quisiera vivir allí, enamorado de su
belleza. Entonces creó El Mayab, la tierra de los elegidos, y sembró en ella las más
bellas flores que adornaran los caminos, creó enormes cenotes cuyas aguas cristalinas
reflejaran la luz del sol y también profundas cavernas llenas de misterio. Después,
Itzamná le entregó la nueva tierra a los mayas y escogió tres animales para que
vivieran por siempre en El Mayab y quien pensara en ellos lo recordara de inmediato.
Los elegidos por Itzamná fueron el faisán, el venado y la serpiente de cascabel. Los
mayas vivieron felices y se encargaron de construir palacios y ciudades de piedra.
Mientras, los animales que escogió Itzamná no se cansaban de recorrer El Mayab. El
faisán volaba hasta los árboles más altos y su grito era tan poderoso que podían
escucharle todos los habitantes de esa tierra. El venado corría ligero como el viento y la
serpiente movía sus cascabeles para producir música a su paso.
Así era la vida en El Mayab, hasta que un día, los chilam, o sea los adivinos mayas,
vieron en el futuro algo que les causó gran tristeza. Entonces, llamaron a todos los
habitantes, para anunciar lo siguiente: —Tenemos que dar noticias que les causarán
mucha pena. Pronto nos invadirán hombres venidos de muy lejos; traerán armas y
pelearán contra nosotros para quitarnos nuestra tierra. Tal vez no podamos defender El
Mayab y lo perderemos.
Al oír las palabras de los chilam, el faisán huyó de inmediato a la selva y se escondió
entre las yerbas, pues prefirió dejar de volar para que los invasores no lo encontraran.
Cuando el venado supo que perdería su tierra, sintió una gran tristeza; entonces lloró
tanto, que sus lágrimas formaron muchas aguadas. A partir de ese momento, al venado
le quedaron los ojos muy húmedos, como si estuviera triste siempre.
Sin duda, quien más se enojó al saber de la conquista fue la serpiente de cascabel; ella
decidió olvidar su música y luchar con los enemigos; así que creó un nuevo sonido que
produce al mover la cola y que ahora usa antes de atacar.
Como dijeron los chilam, los extranjeros conquistaron El Mayab. Pero aún así, un
famoso adivino maya anunció que los tres animales elegidos por Itzamná cumplirán una
importante misión en su tierra. Los mayas aún recuerdan las palabras que una vez dijo:
Mientras las ceibas estén en pie y las cavernas de El Mayab sigan abiertas, habrá
esperanza. Llegará el día en que recobraremos nuestra tierra, entonces los mayas
deberán reunirse y combatir. Sabrán que la fecha ha llegado cuando reciban tres
señales. La primera será del faisán, quien volará sobre los árboles más altos y su
sombra podrá verse en todo El Mayab. La segunda señal la traerá el venado, pues
atravesará esta tierra de un solo salto. La tercera mensajera será la serpiente de
cascabel, que producirá música de nuevo y ésta se oirá por todas partes. Con estas
tres señales, los animales avisarán a los mayas que es tiempo de recuperar la tierra
que les quitaron. Ése fue el anuncio del adivino, pero el día aún no llega. Mientras
tanto, los tres animales se preparan para estar listos. Así, el faisán alisa sus alas, el
venado afila sus pezuñas y la serpiente frota sus cascabeles. Sólo esperan el momento
de ser los mensajeros que reúnan a los mayas para recobra
El Mayab.

30
LA CALLE DEL NIÑO PERDIDO
Epoca Colonial

Enrique de Verona logró gran prestigio y fortuna como escultor por las obras de arte realizadas
en la catedral de Toledo, en España. Como era mucha su fama fue contratado por el virrey Don
Francisco Hernández de la Cueva para realizar el altar de reyes en la catedral de México.
También en la nueva España ganó honra y dinero; Verona que en su tierra había dejado
esperando a una guapa gaditana, quien todos los días iba a ver que barcos llegaban.
Se disponía a volver a España para enlazar su vida con la mujer que amaba, cuando he aquí
que a la víspera de su viaje, a dar vuelta a una esquina tropezó con una dama a quien se le
cayó el pañuelo.
El joven Verona por su natural, cortesía se acercó a levantarlo y se lo entregó a la doncella, la
cual se puso encendida como una amapola, fijó sus ojos castaños en los de Verona y con una
voz que a éste le sonó como música le dijo con tono suave:
−Gracias caballero.
Fueron solo dos palabras, pero esas dos palabras, aquella mirada y la belleza de la dama,
produjeron en Verona más efecto del que pudo de pronto comprender.
Se quedó parado en la esquina viendo alejarse a la doncella y aquel gracias caballero se lo
repetía él mismo una y otra vez.
Hasta entonces se acordó el olvidadizo artista de todas las cosas que le faltaban arreglar para
su viaje del día siguiente. De pronto le pareció una falta imperdonable no despedirse de un
amigo al que nunca le había hecho el menor caso; el no dejar recomendado a un gatito que
tenía, para que no le hiciera falta comida.
Lo que Verona quería era disculparse y con mil pretextos, el cambio que acabara de
experimentar en su corazón; quería a toda costa demorarse y dejar esperando a la gaditana.
Pronto se conocieron Verona y Estela Fuensalida, que tal era el nombre de la doncella que
también tuvo que dejar plantado a su prometido, un viejo platero llamado Don Tristán de
Valladeres.
La gaditana se quedó espera y espera, pero Valladeres, lleno de rabia, de celos y de despecho,
juró vengarse en la primera oportunidad.
Pasó un año, Estela tenía un hermoso niño y todo parecía estar en paz, hasta que una noche
fría del mes de Diciembre de 1665 llegó Tristán de Valladeres sigilosamente a la casa de Estela
y entró por la barda de atrás y prendió fuego a un pajar.
Al momento se lanzaron llamaradas y cuando Estela y su esposo despertados aturdidos, se
encontraron en medio de humo y llamas.
Todo fue confusión en la casa, los criados corrían de un lado a otro, despavoridos tratando de
salvar sus vidas.
Estela cayó desmayada en la habitación y los vecinos que habían acudido, apagaban todos el
fuego y salvaron a Estela. Cuando esta se repuso y ya en la calle libre de las llamas, reflexionó
que se hallaba sin su esposo y sin su hijo, los dos seres más amados de su corazón, una
angustia indescriptible se apoderó de ella y arrodillada en el suelo gritaba llamando a su marido.
Al momento llegó el esposo, pero sin el pequeño, entonces el dolor de ambos no tuvo límite,
Estela se arrojó entre las llamas para entrar por su hijo a la casa y Verona se lo iba a impedir
cuando se escuchó el llanto de un niño y vieron a un hombre que trataba de esconderlo,
entonces Verona y otros se precipitaron sobre él quitándole el niño que llevaba en brazos.
El niño era el hijo de Estela y el hombre vengativo Tristán.
La gente que había visto llorar a Estela por su hijo desde entonces se llamó la calle El Niño
Perdido.

31
LAS MOMIAS DE GUANAJUATO
Epoca Colonial

Guanajuato es una ciudad con muchos atractivos para el viajero, por su fisonomía que
es única, por su historia que es maravillosa, por su abolengo cultural que la coloca en
un sitio de privilegio en el país y más allá de sus fronteras; por sus manifestaciones
artísticas a través de su teatro universitario, su Orquesta Sinfónica y su Estudiantina.

Sí, así es en efecto pero las cosas raras siempre serán motivo de singular atracción.
La gran mayoría de turistas, los que por primera vez vienen a Guanajuato, han recibido
de los anteriores, de manera especial, dos recomendaciones: el Callejón del Beso y que
vean las Momias.

La momificación se debe, sin que sea esta una opinión científica, a la ventilación
especial, es decir, a la altura más bien que al terreno pues lo mismo ocurre en las
gavetas que en el suelo.
Con toda seguridad que el fenómeno tiene lugar desde que fueron exhumados del
Panteón Municipal, al termino del tiempo reglamentario, los primeros cadáveres.
Ese termino es de cinco años, pero la momificación debe consumarse antes.
El dato de mayor importancia para nuestra población es la circunstancia de la gran
mortandad que hubo y porque varios de los cuerpos, por temor a que se propagara más
la peste eran inhumados casi en seguida de que se declaraban muertos.

Así sucedía que en algunos casos se les sepultaba cuando en realidad todavía no
expiraban, de modo que al volver de aquel estado cataléptico, ya en la tumba, morían
finalmente por desesperación, por angustia o por asfixia. De ahí esa mueca de dolor
que hay en algunas momias.
Esto fue cuando la peste del cólera morbus que registró en nuestra población allá por
1833. Aun no existía el panteón actual (1861), que es donde se verificó la momificación.

Tal era la cantidad de muertos, que fue necesario abrir panteones complementarios en
las de la Compañía San Francisco, San Diego, Santa Belén, San Roque, San
Sebastián. Esta es una de las más antiguas.
A partir de 1861, fecha en que se inauguró el Panteón Municipal siendo Gobernador del
Estado del General Francisco Pacheco, datan las primeras momificaciones. El primer
cadáver momificado que se exhibió correspondió al doctor francés Remigio Leroy, en
1965, que aún existe.

Desde hace muchos años las momias se exhiben al publico en una cripta que se halla
justamente debajo del lugar donde se registra este hecho curioso. En una galería que
hay al fondo se ofrece el macabro espectáculo, formando las momias una doble fila
como 15 metros de fondo y acertadamente detrás de una vidriera.
Por todo lo anteriormente expuesto en forma tan llana, el publico debe desechar, por
inciertas, todas esas leyendas baratas que cuenta la gente

32
EL LAGO ENCANTADO DE ZIRAHUEN
A 20 km de Pátzcuaro, en el centro del estado de Michoacán, está Zirahuén, comunidad de
artesanos y rica gastronomía. Su hermoso lago homónimo en el corazón de la meseta
purépecha, rodeado de sitios ideales para el descanso y la recreación, la convierten en
excelente opción para pasar días inolvidables.
Zirahuén quiere decir espejo de los dioses, significado que explica la leyenda. Tras la caída
de Tenochtitlán, entre los españoles recién llegados a Michoacán un capitán quedó
prendado de la princesa Eréndira –hija del rey purépecha Tangaxoan–, a quien raptó y
escondió en un precioso valle envuelto por montañas. La bella mujer lloraba suplicando a
sus dioses que la salvaran; los dioses del día y la noche, Juriata y Járatanga, le
concedieron furia a sus lágrimas para con ellas formar un lago e hicieron de sus pies una
cola de pez; convertida en sirena se salvó del sufrimiento y pudo huir de aquel extranjero.
Los lugareños cuentan que todavía vaga por esas aguas profundas y que a la víspera del
amanecer emerge para encantar a los hombres de mal corazón.
Otra versión señala que fue Eréndira quien se enamoró de un gallardo hombre de un
ejército enemigo al hallar en él las cualidades de su estirpe, pues merecería su amor quien
fuera valiente y arrojado. Al enterarse, el rey prometió reconocerles el derecho de amarse
sólo tras una entrampada condición: el guerrero tendría que pelear contra muchos otros
caciques enemigos... Una vez derrotados todos los reinos vecinos, el engaño se hizo
evidente, el rey exigía ser igualmente derrotado. La princesa, de pie entre ambos para
evitar el enfrentamiento, rogó a su amado que se fuera: “No quiero ser la responsable de la
muerte de ninguno de los dos. Si mi padre gana, te pierdo para siempre. Si tú sales
vencedor, no me casaría contigo”, dijo. El joven tuvo que aceptar y ella, ante la tristeza por
la pérdida del amor y por la traición filial se entregó a un profundo llanto hasta formar el lago
con sus lágrimas. Gracias a los dioses sería convertida en sirena para no morir ahogada y
en adelante la mujer-pez se convertiría en raptora ocasional de pescadores o pequeños
navegantes por confundirlos con su amor.
Como fuere, la naturaleza nos entrega su propia poesía, un lago cristalino de forma oval
cuyas tona-lidades van desde el azul intenso hasta el verde jade, rodeado de pinos y que
alcanza 40 m de profundidad en su parte central.
El recorrido por el lago de Zirahuén puede hacerse en lanchas que salen desde diversos
embarcaderos y combinarse con caminatas alrededor de los 20 km de su circuito, en ge-
neral ligeras salvo por un par de pendientes cercanas al Rincón de Aguarde. El camino en
el límite del pueblo de Zirahuén, al este, es empedrado durante casi un kilómetro, pero se
puede transitar por una vereda en la pared del cerro, una suerte de lateral más agradable,
que se une a la vía principal y a la terracería. El sendero continúa rodeando el lago,
atraviesa sembradíos y zonas deforestadas. La mejor parte del recorrido es la zona
boscosa, frente a Agua Verde, donde están las cabañas alpinas y múltiples senderos para
explorar.
Estas cabañas de madera están perfectamente equipadas para pasar días placenteros,
admirar el lago y son ideales para esperar la noche y vivir el contraste entre los sonidos
diurnos y el silencio matizado del anochecer bajo un espléndido cielo estrellado. Se pueden
practicar deportes como pesca, natación, esnórquel, kayak, remo, vela, senderismo y
ciclismo de montaña.
Es ésta una región rica en tradiciones y grandes atractivos turísticos aledaños, como los
poblados de Santa Clara del Cobre, Pátzcuaro, Uruapan y Morelia.
Asimismo cuenta con las zonas arqueológicas de Tingambato, Ihuatzio y Tzintzuntzan.

33
LOS BANDIDOS DE AGUA ZARCA Y SU TESORO
En las inmediaciones del pueblo de Otzoloapan, perteneciente a la jurisdicción del Valle de Bravo, Estado
de México, hay un barranco que baja del rancho de Agua Zarca y cuentan las historias antiguas que, una
partida de ladrones que conducía al lomo de poderosas mulas un cuando de alhajas y onzas de oro y
plata robado a innumerables víctimas que habita rico mineral de Temascaltepec, era perseguida por la
justicia que estaba a punto de darles alcance .
Los bandidos aquellos, viéndose perdidos, resolvieron descargar las mulas de los pesados sacos que
fueron arrojados en una cueva que había en aquel barranco y que precisamente taparon Con tierra,
ocultándolos de esta manera a los ojos de sus perseguidores teniendo la esperanza de que libres de
ellos, algún día podrían volver allí, para desenterrar el tesoro.
Aligeradas las acémilas de aquel peso y montados en ellas los ladrones emprendieron con más velocidad
la huida; pero en esto último no fueron ayudados por la fortuna porque los dados que los perseguían les
dieron alcance matándolos a todos cuando iban en la fuerza de la carrera. Y al ser identificados sus
cadáveres, los agentes de la justicia se dieron cuenta de que ya no llevaban absolutamente nada de lo
robado, abrigando la íntima convicción de que únicamente en el barranco que baja del Agua Zarca lo
pudieron haber ocultado ya que todo el resto del camino era llano y parejo, no pudiéndolo haber
abandonado allí.
Desde luego mucho se buscó el escondite; pero todo fue en vano, pues nunca se encontro.
Pasaron muchos años de aquel suceso; pero su memoria no pereció, porque de generación en
generación se iba renovando el recuerdo y sobre todo en las personas mas ancianas había la plena
seguridad de que ese tesoro continuaba enterrado pues no habia sido descubierto por nadie en aquel
lugar.
Entre estas personas había tres sumamente caracterizadas, cuyos nombres eran Antonio Sánchez, Juan
Hernández y Rafael Flores; los dos primeros originarios y vecinos de San Martín Otzoloapan y el último
del Valle de Bravo.
Convencidos hasta la saciedad de que en la barranca que baja del Agua Zarca estaba escondido un gran
botín, determinaron irlo a buscar con todo ahínco, y para el efecto invitaron para que los acompañara a
Primo Castillo del Valle de Bravo, hombre decidido para cualquier empresa y de un valor casi temerario.
Hechos todos los preparativos se encaminaron cierto día al lugar de referencia y despues de trazar
planos y conbinar el trabajo, comenzaron a escarbar en y un lugar que creyeron más seguro; y cuando
hacian esta operación, hé aquí que escucharon unos quejidos huecos que salian de la tierra: los oyó
primero Primo Castillo quien me contó esta leyenda y también los demás acompañantes, quienes
poseídos de terror, acobardados emprendieron precipitada fuga.
Dos veces más fueron y en ellas también volvieron a oír los lúgubres quejidos que les impedían proseguir
su trabajo y que les hicieron comprender que el demonio estaba apoderado de esas riquezas y no
permitía que las sacaran.
En cierta ocasión Antonio Sánchez llevó un rosario bendito y se lo colgó en el cuello creyendo que con
aquella prenda el demonio los dejaría trabajar; pero no fue así, porque cuando menos pensaron, el del
rosario sintió que se le acercaba un hombre que intem pesitvamente había aparecido; y cuando llegó a él,
lo saludó dándole las "buenas tardes". ..y esto diciendo le arrebató el rosario y desapareció en la
medianía de la barranca. Tan raro Suceso los desconcertó e hizo que emprendieran precipitada fuga.
Pero aquellos hombres estaban decididos a todo; y aunque se apoderaba de su ánimo un temor natural,
en otra ocasión fueron de nuevo en busca del ambicionado tesoro, y entonces una extraña aparición les
trastornó sus mentes, al ver que en un tepeguaje estaba un mono negro con un sombrero que casi le
tapaba la cara y al acercarse a ellos se reía a carcajadas. Creyeron firmemente que era el demonio; y
Antonio Sánchez que era el más piadoso de todos, rezó el Magnificat; el mono se esfumó, pero a poco
tiempo volvió a salir de un antro y aquellos hombres amedrentados por esas muestras misteriosas y
sobrenaturales, huyeron y ya no volvieron a presentarse más en aquel lugar.

34
GUANINA Y SOTOMAYOR
Leyenda Taina

Guanina era una india taina, hermana de Agüeybaná el Bravo, jefe de la tribu y de un grupo de
bravos guerreros, el cacique supremo de toda la isla de Puerto Rico. Guanina significa en el
lenguaje taíno: "Resplandeciente como el oro".
Los conquistadores españoles se habían apoderado de la isla de Borinquén, que así se llamaba
entonces la isla de Puerto Rico.
En aquel tiempo, un indio llamado Guarionex vivía enamorado de Guanina. Guanina era la
hermana del cacique supremo, o sea el jefe de todas las tribus de la isla.
Cada vez que Guarionex veía a Guanina, el corazón le latía de tal manera que parecía que se
le quería salir del pecho. Cada vez que él la veía le declaraba su amor. Ella no le correspondía
porque vivía enamorada de un conquistador español llamado Don Cristóbal de Sotomayor,
alcalde mayor y fundador de un poblado al que había bautizado con su propio apellido.
Guarionex, lleno de odio mortal hacia Sotomayor, le gritaba: - ¡Don Cristóbal, uno de los dos
debe de morir! Tú no mereces vivir porque me robaste el amor de Guanina, y yo no quiero
seguir viviendo si me falta su amor.
Los indios ya no podían soportar más el trato cruel de los españoles. Los indios taínos los
habían recibido con amistad y habían celebrado la ceremonia del guatiao ( pacto de fraternidad
que sellaban con el intercambio de nombres). Por eso al cacique Agüeybaná también se le
llamaba Don Cristobal.
Los españoles, haciendo caso omiso al pacto, se repartieron a los indios como siervos. Los
explotaban especialmente en los yacimientos de oro. Así explotados, los indios anhelaban
volver a ser libres. Una noche, celebraron un areito (reuniones para celebrar sus fiestas,
recordar tradiciones, y tomar decisiones, sobre todo cuando era necesario resolver sobre una
guerra). Esa noche Agüeybaná y los taínos decidieron que los españoles tenían que morir para
ellos poder ser libres otra vez.
Guarionex quiso el poblado de su enemigo mayor, que era Don Cristóbal de Sotomayor.
Güarionex no pudo matar a Don Cristobal de Sotomayor porque en ese momento Sotomayor
estaba llegando al bohío de Agüeybaná donde Guanina le advirtió que se salvara pues los
indios se habían levantado en su contra.
Sotomayor se fue con sus soldados a La Villa de Caparra para ver al Gobernador. Agüeybaná
le prestó a Sotomayor a unos Naborías para que lo ayudaran con la carga. Pero en secreto les
dijo que cuando empezara el ataque, huyeran con las vitualles. Guanina no quiso dejar a
Sotomayor huir solo y se fue con él.
Los indios tainos los persiguieron y el ataque empezó. Sotomayor peleaba ferozmente con su
espada mientras los golpes de las macanas de los indios le iban abriendo profundas heridas.
En el momento de mayor peligro, Guanina se interpuso entre Sotomayor y los indios y recibió
en su cuerpo la herida mortal que iba dirigida a su amado. En ese momento de distracción de
Sotomayor, Agüeybaná aprovechó para traspasarlo con su flecha. Cayó Sotomayor en los
brazos de su amada Guanina.
Agüeybaná mandó a que los enterraran juntos, pero que a Sotomayor le dejaron los pies fuera
de la tumba para que no pudiera encontrar el camino a la tierra de los muertos.
Poco después los españoles rescataron los cuerpos y los enterraron, uno al lado del otro, al pie
de un risco empinado y a la sombra de una enorme ceiba.
Desde entonces, los jíbaros dicen que cuando el viento agita de noche las ramas del árbol
frondoso, se oye un murmullo, que no es el rumor de las hojas, y se ven dos luces muy blancas,
que no son luces de luciérnagas o cucubano, sino los espíritus de Guanina y Sotomayor que
flotan, danzan y se funden, cantando la dicha de estar unidos siempre.

35
EL SOL ROJO
LEYENDA GUARANÍ

Entre los indios mocoretaes había uno, joven, aguerrido y valiente llamado Igtá (hábil
nadador) que amaba a la más buena y hermosa de las mujeres de su tribu, Picazú (paloma
torcaz), y quería casarse con ella.
Los padres de Picazú consintieron en que se realizase tal boda; pero siendo necesario
para ello la aprobación de la Luna, llamaron al Tuyá (adivino) de la tribu para que la
consultara.
Era una noche plácida y serena. La luz blanca, clara, brillante y hermosa de la Luna
iluminaba los campos y las tolderías de los indios. Y el Tuyá interpretó:
-Esa luz que nos envía la Luna significa que ella aprueba satisfecha la boda de Igtá y
Picazú.
Entonces, el Jefe de la tribu ordenó a Igtá demostrase a todos que en verdad era digno y
merecedor de tomar compañera. Para ello debía arrojarse a las aguas de la laguna y nadar
durante largo rato. Después, ir en busca de un gran número de presas de caza.
Igtá, que era excelente nadador y había cazado mucho desde su niñez, realizó las
pruebas con el mayor éxito, pues nadó cuanto se lo pidió y trajo entre sus brazos
abundante caza.
Las ceremonias de la boda realizáronse una noche, después de tres lunas. Se encendió
una gran hoguera, a cuyo alrededor todos los indios comían, bebían, bailaban y gritaban,
festejando tan grande acontecimiento.
Pero algo faltaba para que Igtá y Picazú fueran felices: tener la seguridad de que Tupá, su
dios bueno, había aprobado también la boda. Y esperaron.
¡Cuál no sería su pena y desconsuelo, cuando llegada la noche siguiente comenzó a caer
una copiosa lluvia! Eran las lágrimas de Tupá las que caían sobre la tribu para significar el
descontento y desaprobación del dios por haberse realizado la unión de los jóvenes indios.
Igtá y Picazú no podían, pues, continuar unidos perteneciendo a la tribu. Debían huir y
arrojarse a las aguas de la laguna. Allí había una isla donde moraban todos los que se
habían casado contrariando la voluntad de Tupá. Los dos debían ir a esa isla para no volver
jamás.
Al día siguiente cesó la lluvia. Y por la tarde, a la hora en que el sol iba a ocultarse en el
ocaso, Igtá y Picazú se arrojaron al agua y comenzaron a nadar.
Los indios de su tribu, reunidos a orillas de la laguna, viéndolos alejarse lentamente, los
injuriaban y maldecían para aplacar el enojo de Tupá y evitar sus castigos, pues ésta era su
creencia.
Igtá, hábil nadador, consiguió nadar buen trecho, ayudando también a su infortunada
compañera. Poco faltaba a Igtá y Picazú para llegar a la isla sanos y salvos, cuando una
nueva desgracia cayó sobre ellos: Ñuatí (Espina), un guerrero malvado de la tribu, les
arrojó una flecha. Todos los indios lo imitaron, y entonces fue una lluvia de flechas la que
llegó hasta Picazú e Igtá, quienes, heridos quizás por ellas, desaparecieron de la superficie
de las aguas.
En ese preciso instante el sol, que se hundía en el horizonte, tomó un intenso color rojo; y
su luz tiñó la laguna e iluminó de rojo los campos y el cielo.
Esto llenó de asombro a los indios, los que, atemorizados, huyeron velozmente,
alejándose de la laguna.
Mientras tanto Igtá y Picazú, ayudados sin duda por Tupá porque eran buenos, lograban
salvarse y llegar a la isla, donde podrían al fin vivir felices, pues se amaban mucho.

36
EL CANANCOL
Cuénteme, don Nico: ¿por qué pone ese muñeco con esa piedra en la mano en medio de su
milpa?, pregunté un día a un ancianito agricultor.
Su cara se animó con una sonrisa de niño, en tanto que me contestaba: Sé que usted no cree,
pero le diré: soy pobre, muy pobre y no tengo quien me ayude a cuidar la milpa, pues casi
siempre cuando llega la cosecha, me roban el fruto de mis esfuerzos. Este muñeco que ve no
es un muñeco común; es algo más; cuando llega la noche toma fuerzas y ronda por todo el
sembrado; es mi sirviente... Se llama Canancol y es parte mía, pues lleva mi sangre. El sólo me
obedece a mí... soy su amo.
Don Nico siguió diciendo: Después de la quema de la milpa se trazan en ella dos diagonales
para señalar el centro; se orienta la milpa del lado de Lakín (Oriente) y la entrada queda en esa
dirección. Terminado esto, que siempre tiene que hacerlo un men (hechicero) se toma la cera
necesaria de nueve colmenas, el tanto justo para recubrir el canancol, que tendrá un tamaño
relacionado con la extensión de la milpa. Después de fabricado el muñeco, se le colocan los
ojos, que son dos frijoles; sus dientes son maíces y sus uñas, ibes (frijoles blancos); se viste
con holoch (brácteas que cubren las mazorcas). El canancol estará sentado sobre nueve trozos
de yuca. Cada vez que el brujo ponga uno de aquellos órganos al muñeco, llamará a los cuatro
vientos buenos y les rogará que sean benévolos con (aquí se dice el nombre del amo de la
milpa), y le dirá, además, que es lo único con que cuenta para alimentar a sus hijos. Terminado
el rito, el muñeco es ensalmado con hierbas y presentado al dios Sol y dado en ofrenda al dios
de la lluvia; se queman hierbas de olor y anís y se mantiene el fuego sagrado por espacio de
una hora; mientras tanto, el brujo reparte entre los concurrentes balché , que es un aguardiente
muy embriagante, con el fin de que los humanos no se den cuenta de la bajada de los dioses a
la tierra. Esta es cosa que sólo el men ve.
La ceremonia debe llevarse a efecto cuando el sol está en el medio cielo. Al llegar esta hora, el
brujo da una cortada al dedo meñique del amo de la milpa, la exprime y deja caer nueve gotas
de sangre en un agujero practicado en la mano derecha del muñeco, agujero que llega hasta el
codo.
El men cierra el orificio de la mano del muñeco, y con voz imperativa y gesticulando a más no
poder, dice a éste: Hoy comienza tu vida. Este (señalando al dueño), es tu señor y amo.
Obediencia, canancol, obediencia... Que los dioses te castigarán si no cumples. Esta milpa es
tuya. Debes castigar al intruso y al ladrón. Aquí está tu arma. Y en el acto coloca en la mano
derecha del muñeco una piedra.
Durante la quema y el crecimiento de la milpa el canancol está cubierto con palmas de huano;
pero cuando el fruto comienza a despuntar, se descubre... y cuenta la gente sencilla que el
travieso o ladrón que trate de robar recibe pedradas mortales. Es por lo que en las milpas
donde hay canancoles nunca roban nada.
Es tan firme esta creencia, que si por aquella época y lugar se encuentra herido algún animal,
se culpa al canancol.
El dueño, al llegar a la milpa, toma sus precauciones y antes de entrar le silba tres veces, señal
convenida; despacio se aproxima al muñeco y le quita la piedra de la mano; trabaja todo el día,
y al caer la noche, vuelve a colocar la piedra en la mano del canancol, y al salir silba de nuevo.
Cuando cae la noche, el canancol recorre el sembrado y hay quien asegura que para
entretenerse, silba como el venado.
Después de la cosecha se hace un hanincol (comida de milpa) en honor del canancol;
terminada la ceremonia se derrite el muñeco y la cera se utiliza para hacer velas, que se
queman ya en el altar pagano, ya en el altar cristiano.
Y calló el viejecito después de haber hablado con acento de creyente perfecto.

37
LA CRUZ DE SANTA CATARINA
Vivía en Méjico un viejecito llamado Juan Rodríguez de Berlanga en la más absoluta
soledad. Todos sus deudos habían ido desapareciendo poco a poco hasta quedar
completamente abandonado; sin embargo, su rostro no dejó de sonreír con atrayente
ingenuidad. Su casa estaba medio derruida y el huertecillo que la circundaba, un tanto
desaliñado y agreste, denotaba falta absoluta de cuidado. A pesar de contar con tan
pocos recursos, sentía un deseo irresistible de levantar una Cruz en el atrio de la Iglesia
de Santa Catarina. Obsesionado con esta idea, recordaba las muchas cruces que se
levantaban en Méjico en iglesias, plazas y edificios, y citaba entre otras la de la
catedral, llamada de Mañozca, traída del pueblo de Tepeapulco, la soberbia de
Santiago Tlatelolco, y la del convento de San Francisco, hecha con el más alto
ahuehuete de Chapultepec o ciprés de Moctezuma. Decía para sí: «en mi iglesia de
Santa Catarina, donde recibieron el bautismo y descansan en paz los restos de mis
padres y mi esposa, no hay ninguna cruz. Además, ese templo está en donde estuvo el
horrible y carnicero Tezontlalamacayocan de los aztecas y quizá se encuentre ese dios
agazapado. «Pero — continuaba — soy tan pobre, que no tengo con qué levartar esa
cruz. Ni siquiera es mío este huerto, ni esta casucha, pues, a cuenta de ellos, tuve que
pedir dinero prestado para curar primero a mi mujer y más tarde para enterrarla. Tan
sólo me quedan dos perales, tan viejos como yo. ¡Qué puedo hacer!» Pero, de pronto,
replicó: ¡Ya tengo una idea! «¡Bendito sea Dios! Con esos mismos parales haré la cruz
que tanto he deséado». En efecto, tuvo hasta para pagar al carpintero con el fruto de
los árboles, y ya, por fin, se erigía magnífica y airosa la cruz de madera en el atrio de
Santa Catarina Mártir. Pero su amor incesante a la Santa Cruz le hizo pensar en otra de
hierro que rematara la torre de la iglesia y, a pesar de su extrema necesidad y pobreza,
vendió lo poquísimo que le quedaba y llevó a cabo su propósito. Lo invadía el gozo y la
felicidad al contemplar aquellas dos cruces, pero sus ojos cansados no acertaban a
distinguir desde el suelo las filigranas de la cruz de hierro de la torre. Una tarde soleada
quiso contemplarla de cerca, y saltándose desdo la torre, se encaramó en una bóveda
de medio cañón.

El sitio no permitía distraerse, pero don Juan no se cansaba de admirarla, enternecido y


arrobado. Entonces, con los ojos arrasados en lágrimas de felicidad, cruzó sus brazos
sobre el pecho, inclinó la cabeza y balbuceó una oración aprendida de boca de su
misma madre cuando era pequeño. Tras el recuerdo de su madre, sintió vivos deseos
de unirse con ella cuanto antes y la invocaba repetidas veces y decía consolándose:
«menos mal que ya mis años me van acercando a tí». Alzó otra vez los ojos para
contemplar de nuevo la cruz, pero… tan ensimismado, que dio un fatal resbalón y,
aunque intentó sujetarse, el pobre viejo cayó, con un grito espantoso, dando vueltas en
el vacío. Pero a tierra no llegó, pues antes la cruz del atrio había extendido
amorosamente hacia delante sus brazos y lo habla recogido agonizante con el amor de
una madre. Al día siguiente, todo Méjico desfiló para contemplar al viejecito don Juan,
como adormecido en dulce sueño en los brazos de la Cruz del atrio de Santa Catarina.

38
PORQUÉ EL CONEJO TIENE LARGAS Y GRANDES LAS OREJAS
El conejo no ha sido siempre como ahora. No tenía los ojillos saltones, ni grandes y largas
las orejas. Era un animalito pequeño e inteligente y no muy resignado con su tamaño.
Un día, en virtud de las reglas mágicas que poseía, subió al cielo y pidió a Dios que
aumentase sus proporciones, y Dios le prometió satisfacer sus deseos si le llevaba cuatro
pieles: una de tigre, otra de mono, otra de lagarto y otra de culebra.
El conejo volvió a la tierra y se fue derecho en busca del tigre. Le contó cómo había subido
al cielo y cómo había visto a Dios, y también le dijo que éste le había anunciado que se
avecinaba un terrible huracán que arrasaría la tierra; pero que él, gracias a su pequeño
tamaño, nada temía, pues le sería fácil cobijarse en algún agujero. El tigre sintió un gran
temor al verse en peligro, y entonces el conejo le propuso un medio para protegerse del
huracán. Él mismo le ataría al árbol más robusto y el viento no podría arrastrarle. El tigre se
dejó convencer y atar al árbol, y cuando estuvo bien sujeto, el conejo, con un garrote, le
golpeó en la cabeza hasta que le mató. Después, con un cuchillo, le quitó la piel y se la
llevó a su casa.
Una vez conseguida la primera piel, el conejo se dispuso a buscar la segunda. Marchó a
una tienda y compró jabón, un espejo y una navaja de afeitar, y provisto con todo ello volvió
al bosque. Pronto encontró a unos monos encaramados en un árbol. El conejo colgó el
espejo del tronco, se enjabonó la cara y, a la vista de los monos, se afeitó, pasándose
luego por el cuello el borde no afilado de la navaja. Dejó después todos los útiles en el
suelo y simuló alejarse.
Pronto uno de los monos bajó del árbol e imitó todos los movimientos que el conejo había
realizado. Pero al llegar el momento de pasarse la navaja por el cuello, lo hizo con el borde
afilado, de modo que se degolló. El conejo regresó, le quitó la piel y, muy satisfecho, se la
llevó.
En un aguacho que estaba por allí cerca vivía un fiero lagarto, que no dejaba a ningún
animal acercarse a beber en sus dominios. Allí se fue el conejo, con un morro (1) redondo
en las manos y propuso al lagarto que jugase con él. El lagarto aceptó, y mientras la pelota
iba de uno a otro, el conejo cavilaba sobre cuál sería el mejor sitio donde descargar el
golpe. Por fin se decidió y dio al lagarto un tremendo porrazo, con el morro, en la frente.
Pero el lagarto no murió, sino que se volvió al agua, enfurecido.
—Si me hubieras dado en el arranque de la cola —gritó amenazador—, me habrías
matado.
El conejo no se intimidó por eso. Retuvo cuidadosamente estas palabras, y al día siguiente
volvió al aguacho. Propuso al lagarto jugar de nuevo y le prometió no hacer nada malo con
tanta habilidad, que el lagarto aceptó, no sin una cierta desconfianza. Esta vez el conejo no
equivocó su golpe y consiguió darle un fuerte pelotazo, mientras jugaban, en el nacimiento
de la cola. El lagarto murió al momento y su piel fue a reunirse con las del tigre y el mono.
El conejo estaba contentísimo de su éxito. A la mañana siguiente salió de nuevo y quiso la
suerte que se tropezase con una culebra. Intentó ésta morderle; pero el rápido y vivo animal
logró clavarle las uñas en los ojos y matarla. Le quitó la piel y volvió a su casa; la unió a las
restantes, impacientemente, y subió al cielo.
Cuando Dios oyó el relato de cómo las había conseguido, montó en cólera, cogió al conejo
por las orejas y lo azotó hasta que sus ojos saltaron. Y no quiso aumentar su tamaño,
porque, si siendo pequeño hacía tales cosas, era de temer que fuesen peores las que
realizase cuando fuese grande.
Y así, volvió el conejo a la tierra, con sus orejas estiradas y los ojillos saltones.

39
LA LEYENDA DE DOÑA BEATRIZ
Vivía en la ciudad de Méjico una hermosa joven, Doña Beatriz, de tan extraordinaria
belleza, que era imposible verla sin quedar rendido a sus encantos.

Se contában entre sus muchos admiradores la mayor parte de la nobleza mejicana, y


los más ricos potentados de Nueva España; pero el corazón de la bella latía frío e
indiferente ante los requerimientos y asiduidades amorosas de sus tenaces amantes. Y
así pasaba el tiempo; pero, como todo tiene un término en la vida, llegó el momento en
que el helado corazón de Doña Beatriz se incendió en amores.
Ello fue en un fastuoso baile que daba la embajada de Italia.
Allí conoció Doña Beatriz a un joven italiano, Don Martín Scípoli, de esclarecida y noble
estirpe.
La indiferencia de Doña Beatriz fundióse entonces como la nieve bajo de la caricia de
los rayos solares, y se sintió la hermosa poseída de un nuevo sentimiento, en tanto que
el joven por su parte, se había también enamorado profundamente.

Poco tiempo después, Don Martín se mostró excesivamente celoso de todos los demás
adoradores de la hermosa Doña Beatriz, promoviendo continuas reyertas y
desafiándose con aquellos que él suponía pretendían arrebatarle sus amores. Y tan
frecuentes eran estas querellas, que Doña Beatriz estaba afligida, y en su corazón
comenzó a arrai-gar el temor de que Don Martín sólo se Había enamorado de su
hermosura, de modo que, cuando ésta se marchitara, moriría el amor que ahora le
profesaba.

Esta preocupación embargó su mente y amargó su vida en forma tal, que decidió tomar
una resolución terrible, poniendo a prueba el amor de su galán. Y al efecto, en el deseo
de saber si Don Martín la quería sólo por su belleza, un día en que su padre se hallaba
de viaje, con un pretexto despidió a todos sus criados para quedar sola en su casa.

Encendió el brasero que tenía en su habitación, colocando en frente la imagen de Santa


Lucía, y ante la cual rezó fervorosamente para pedirle le concediera fuerza y valor con
que poner por obra su propósito. Después, atándose ante los ojos un pañuelo mojado,
se inclinó sobre el brasero, y soplando avivó el fuego hasta que las llamas rozaron sus
mejillas. Luego metió su hermosa cara entre las ascuas.

Terminada esta terrible operación, cubrió su rostro con un tenue velo blanco y mandó
llamar a Don Martín. Una vez en su presencia, apartó lentamente el velo que le cubría
el rostro, mostrándoselo al galán desfigurado por el fuego; solamente brillaban en todo
su esplendor sus hermosos ojos relucientes como las estrellas. Por un momento su
amante quedó horrorizado contemplándola. Luego la estrechó en sus brazos
amorosamente. La prueba había dado un resultado feliz, y durante todos los años de su
dichoso matri-monio, Doña Beatriz no volvió a sentir el temor de que Don Martin sólo la
amara por su hermosura.

40
LA ORGULLOSA SEÑORA QUE DIO UN SALTO MORTAL EN LAS CALLES DE
LA CIUDAD
Cuando Méjico se hallaba todavía bajo el dominio de España, residía en aquella capital un
rico comerciante retirado ya de sus negocios, llamado Don Mendo Quiroga y Suárez. No
obstante su gran fortuna, por todos envidiada, su vida era triste y solitaria y sus tesoros no
fueron nunca bastantes, con ser inmensos, a comprarle un amor que endulzara su amarga
ancianidad.
Para mitigar sus penas envió a buscar a una hija de su difunta hermana, que debía
acompañarle en su soledad. La joven era hermosa, vana, egoísta y muy coqueta. Aunque
se mostraba extre-madamente agradecida y satisfecha por el lujo y comodidades que le
prodi-gaba su tío, no por eso llegó a quererle ni se esforzó en hacerle la vida más
agradable. Vistiendo trajes de riquí-simos encajes y terciopelos, distraía sus ocios
paseándose en el coche de su tío, luciendo orgullosamente su riqueza y hermosura, que
bien pronto sedujo a más de cuatro enamorados mancebos. Pero Doña Paz recibía
despectivamente cuantas atenciones le prodigaban sus rendidos admiradores, en la certeza
de que, al morir su tío, sería ella la mujer más rica de Méjico.
Y así fue, efectivamente, aunque bajo ciertas condiciones que hirieron su orgullo en lo más
vivo. En el largo testamento en que Don Mendo la llamaba siempre «mi querida sobrina», le
legába todas sus propiedades; pero al final del documento se insertó una cláusula, que
debía indispensablemente cumplirse antes de que Doña Paz pudie-ra disponer de un
centavo de la cuan-tiosa herencia.
El testamento decía así: «Y la condición que ahora impongo a mi querida sobrina, es la
siguiente: Ataviada con su mejor traje de baile y luciendo sus joyas más preciadas, se
encaminará en coche abierto y en pleno mediodía a la Plaza Mayor. Allá des-cenderá del
carruaje y se situará en el centro de la plaza, inclinando humilde-mente al suelo la cabeza,
y en esta posi-ción deberá dar un salto mortal. Y es mi voluntad que, si mi querida sobrina
Paz no cumple precisamente con esta condición dentro de los seis meses del día en que yo
fallezca, no perciba ni un solo centavo de mi herencia. Esta condición la impongo a mi
querida sobrina Paz, para que, en la amargura de su vergüenza, considere las angustias
que yo sufrí por sus crueldades durante mis últimos años».
Herido tan vivamente su orgullo por esta imposición testamentaria de su tío, Doña Paz se
encerró en las habitaciones de su palacio y nada se supo de ella durante los seis primeros
meses, que transcurrieron desde la muerte de Don Mendo. Y, el mismo día en que
finalizaba el plazo impuesto en el testamento, la gente de la ciudad contempló llena de
asombro cómo las hermosas puertas de hierro fundido del palacio de Don Mendo, girando
lentamente sobre sus goznes, abrían paso al majestuoso carruaje, en cuyo interior lucía
esplendorosamente Doña Paz su más rico traje de baile y sus valiosas alhajas. En su pálido
rostro, los hermosos ojos, entornados los párpados, miraban humildes. De este modo la
orgullosa mujer marchó a la Plaza Mayor, luciendo su gentileza y rico atavío por las calles
más céntricas de la capital, atestadas de gente. En llegando al término de su viaje, se apeó
del coche, y precedida de sus criados, que cuidaron de abrirle paso entre la com-pacta
muchedumbre, avanzó hacia el centro de la Plaza, donde sus servidores habían colocado
una mullida alfombra sobre las baldosas. Allá en el mismo centro y en presencia de todos,
dio el salto mortal que exigía el testamento de su tío y heredó su fortuna, después de haber
humillado, amarga y vergon-zosamente, su indomable orgullo.

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DEL POR QUÉ LA CALLE DEL PUENTE DEL CUERVO SE LLAMA ASÍ
Vivía en la ciudad de Méjico un extraño personaje llamado don Santiago Amándola, a
quien todo el mundo achacaba tratos con el diablo.

Este viejo avaro tuvo un oscuro acabar. Su vida fue muy extraña. Transcurrieron sus
años en una elegante mansión, servido por muchos criados y rodeado de amigos, casi
siempre gentes maleantes. Ordinariamente iba vestido con harapos, ufanándose de ir
sucio y de presentarse inmundo en todas partes. Su cuerpo despedía un repugnante
olor y su aliento infectaba el aire en cualquier lugar donde se hallase.

Los mejores ratos los pasaba en su casa, con sus amigos, bebiendo y jugando. Los
gritos, risas y blasfemias de estas reuniones atronaban la calle. El tiempo libre que le
dejaban estas algazaras lo pasaba don Santiago con un pajarraco negro: un cuervo,
que vivía en su casa y era su confidente. Mantenían ambos largos ratos de
conversación. Don Santiago contaba al cuervo sus intimidades y éste graznaba
repetidas veces para darle a entender sus respuestas. Inclinaba el cuervo la cabeza
cuando asentía; la levantaba cuando quería escuchar con mejor atención, y la ladeaba
para demostrar su duda. Algunas veces, para negar algo, sacudía las alas con fuerza, y
en seguida lanzaba sus prolongados graznidos. A menudo en estos coloquios el amo
estallaba en enormes risotadas, como si las contestaciones del cuervo fueran
graciosas, mientras que otras veces gritaba desaforado y le reprendía, dándole
puñetazos.

De esta manera, y por medio de este cuervo, decía don Santiago que el Señor le
arrojaba sus inspiraciones y le revelaba sus secretos. En todo esto, claro está, no había
más que burla y engaño; pero el señor Améndola tenía a todo el mundo embaucado
con estas extrañas pláticas, que se iban divulgando por todo el barrio, con gran
admiración de las gentes.

Don Santiago llamaba a su cuervo Diablo. El nombre de Diablo sonaba a todas horas
en la casa. Si los criados o los amigos rompían o estropeaban algo, con achacarle el
estropicio al Diablo desaparecía el coraje de don Santiago y mostraba un increíble
contento. «Si lo hizo el Diablo, bien hecho está», decía. Y con mano cariñosa le alisaba
el negro plumaje.

Un buen día la casa de Améndola apareció vacía. Su dueño y el cuervo, su consejero,


habían desaparecido. Los amigos y gentes que frecuentaban la casa los buscaron
afanosamente por la ciudad; pero todas sus pesquisas fueron en balde. Don Santiago y
su cuervo no aparecían. Después de registrar cuidadosamente todo el caserón, dieron
con una habitación cerrada. La llave de esta habitación la había guardado siempre don
Santiago, no consintiendo jamás que nadie entrara en ella. Después de mucho forcejeo,
lograron abrirla, y cuál sería su asombro al encontrar en ella un gran crucifijo, unos
azotes y algunas plumas negras de cuervo! Todos pensaron que don Santiago debía de
haber empleado aquellos látigos para azotar al crucifijo. Efectivamente, examinado todo
aquello-minuciosamente, aparecieron manchas de sangre en el suelo y en la cruz. Se

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trataba, sin duda, de un gran sacrilegio. Unos clérigos que examinaron el caso
afirmaron esta conjetura.

Con la desaparición del señor Améndola, y con este extraño suceso, todos quedaron
amedrentados. La casa fue abandonada y pronto quedó convertida en ruinas. Las
gentes que pasaban junto a ella sentían un estremecimiento de terror y durante la
noche algunos vieron salir una trémula luz azulada por los balcones y cuartea-duras del
edificio en ruinas.

Pasados dos años, los vecinos de la calle del Puente, que se extendía por detrás del
colegio de los jesuítas de San Pedro y San Pablo, se vieron desvelados por los
graznidos de un cuervo que se posaba en la baranda del puente cercano. Al principio
no repararon en él; pero como los persistentes ruidos se repetían todas las. noches, se
llegaron a preguntar de dónde habría salido aquel animal cuyo graznido no cesaba
hasta que se oían las doce campanadas del reloj,, que le hacían levantar el vuelo.

Se difundió el rumor por la ciudad y se pensó en el diabólico cuervo de don Santiago


Améndola. Esta sospecha se vio confirmada al observar que todas las noches, a las
doce, un cuervo se posaba en uno de los balcones del viejo caserón, acicalaba sus
plumas, lanzaba unos graznidos y acababa por introducirse entre las-ruinas de la casa.

Todos los días, cuando empezaba a oscurecer, el cuervo salía de las ruinas y se iba a
posar sobre la baranda del viejo puente, de donde lo espantaba la primera de las
campana-nadas de las doce.

Viendo aquel extraño pájaro, que parecía escapado del infierno, las buenas gentes se
santiguaban y decían jaculatorias para alejarlo.

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