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Asesinatos y mutilaciones: el infierno en que viven los albinos en Malaui

Dieciocho personas con albinismo han sido asesinadas en poco más de un año;
otras cinco están en paradero desconocido. Boniface Ophiyah Massah,
director de APAM, explica a ABC cuál es la situación por la que pasa su país

Una mujer albina posa con su hija en Malaui, donde las personas con
albinismo son asesinadas y despedazadas - AFPMARÍA JESÚS
GUZMÁN - mjguzgar Madrid10/10/2016

Moto, Malaui. Madrugada del 26 de febrero de 2016. Un grupo de hombres aún


sin identificar entra en la casa de Harry Mokoshini, un niño albino de nueve
años. Hieren a su madre. A él se lo llevan a rastras. Una semana más tarde su
cabeza es encontrada en un barrio cercano.
Cuando se enteró de lo que había ocurrido, Boniface Ophiyah Massah,
director de la Asociación de las personas Albinas en Malaui (APAM), se sintió
aturdido. No le cabía en la cabeza cómo, además de matar a una persona, se la
podía «destrozar de esa manera». En realidad, es lo que le pasa con todos los
casos de asesinatos de albinos que golpean a su país. Su trabajo en la
asociación hace que estos casos le toquen muy de cerca: «Acudir a la familia
de la víctima es muy duro, no solo por la muerte en sí, sino porque estas
personas han sido despedazadas como animales».
Concienciar, el objetivo principal
Ophiyah también es albino y está ligado a APAM desde que tiene uso de razón.
Nació en una familia de siete hermanos; tres de ellos, incluido él, albinos. «Mis
hermanos y mis padres han desempeñado un papel muy activo en la
asociación. La fui conociendo a medida que iba creciendo.Ya a partir del
instituto empecé a participar cada vez más y durante mi vida universitaria me
impliqué mucho. Desde 2009 soy el líder de la organización», relata Ophiyah en
la sede madrileña de la ONG Amnistía Internacional. Sus rasgos, de un hombre
de raza negra, contrastan con susojos color turquesa y titilantes; su piel
increíblemente blanca; su pelo rubio platino, como sus cejas, como sus
pestañas.

Boniface Ophiyah Massah, director de APAM, en una de sus charlas para


sensibilizar a la población malauí acerca del albinismo- AFP

Sosegado, sentado con las manos en regazo, cuenta con un inglés impoluto
cómo ha evolucionado su asociación. «Al principio no teníamos
apoyo,intentábamos alzar la voz pero nadie nos escuchaba. Ahora las cosas
han cambiado mucho, se nos está escuchando. La gente habla y, por su
discurso, está claro que ya se puede hacer algo. Hemos aprendido a
aceptarnos a nosotros mismos. Antes la gente vivía ensimismada, no salía de sí
misma al encuentro de los demás. Pero ahora los jóvenes con albinismo sí
tienen ganas de aunarse y formar parte del movimiento».
El mayor desafío es que los padres acepten a un niño albino. No entinden que les
llegue un bebé blanco cuando el resto es negroBoniface Ophiyah Massah, director de
APAM

Cuando se le pregunta por cómo es el día a día en la asociación, sobre cómo


se organizan para trabajar, insiste en que no se hacen actividades a tiempo
completo todos los días en un horario estándar. «Tejemos relaciones con la
comunidad. Lo nuestro es más bien una labor de coordinación, de
organización, de hacer contactos. El 80 por ciento de nuestra actividad es
interacción con la comunidad, con la gente», declara el director de la
asociación. La labor de sensibilización es complicada; más aún teniendo en
cuenta que se tiene que empezar por los propios padres: «El mayor desafío es
que los padres te acepten teniendo albinismo. No entienden cómo de repente
les llega un niño blanco, porque el resto es negro. Es la barrera más importante,
la más fuerte», explica Ophiyah. La de APAM, y la de los albinos en Malawi en
general, es una lucha por cambiar la mentalidad de un pueblo
supersticioso que no los ve cómo seres humanos, sino como espíritus a los
que hay que matar y trocear. Luego, con las distintas partes de su cuerpo se
hacen prácticas de brujería. La creencia popular dice que, con las pócimas
hechas a partir de albinos, se lograatraer el éxito. «La mayor parte del país
tiene todavía una actitud muy negativa sobre los albinos y, encima, el nivel de
información es muy bajo. Hay mucha ignorancia. Hace falta educar a la gente
para que conozca el fenómeno, hay que avanzar», comenta Ophiyah.
Según recoge Amnistía Internacional, 18 personas con albinismo han sido
asesinadas en Malaui desde noviembre de 2014 ; otras cinco han sido
secuestradas y aún no se sabe su paradero. También constan 45 denuncias por
delitos como intentos de secuestro o profanación de tumbas en busca de
restos de cadáveres de albinos. Según el líder de APAM, a la falta de
conocimiento y a las supersticiones se suma «la avaricia, el afán de
enriquecerse». A Eunice Phiri, una mujer albina de 53 años, la engañó su
propio hermano para que le acompañara, junto a otros dos hombres, a un viaje
a Zambia. Cinco días más tarde se encontró su cadáver, con los brazos
amputados, en el Parque Nacional de Kasungu. A un albino se le puede
vender por seis millones de kwachas (10.000 dólares, casi 9.000 euros).
Entre 7.000 y 10.000 personas con albinismo viven en Malaui sabiendo el
precio que tienen sus vidas.
La élite política mira a otro lado
En marzo de 2015, el presidente de Malaui, Peter Mutharika, condenó los
ataques contra los albinos y ordenó a las autoridades que detuvieran a los
autores y protegiese a la población. Sin embargo, como en la mayor parte de
los países africanos, los curanderos no se someten a un control jurídico.
Ophiyah explica: «En mi país han pedido verbalmente a los curanderos quese
abstengan de estas prácticas, pero no es algo que se pueda llevar a los
tribunales. Lo que nosotros queremos es que el Gobierno controle el
ejercicio de los curanderos, que haya un registro. Así la Policía podría
comprobar si se están utilizando huesos de albinos».
Un cambio del Código Penal malauí ha logrado que las penas por el comercio de
huesos de albinos sean «mayores, más duras»
Muy diferente es la opinión de Ophiyah acerca de la actitud de la comunidad
internacional, que según el abogado, «ha sido muy valiosa para poder
aumentar la visibilidad de los ataques, para llegar al presidente del país y a los
socios de desarrollo para que comprendan esta situación como un problema de
violación de Derechos Humanos». Gracias a los movimientos que se están
dando en los últimos años, se ha producido un cambio del Código Penal del
país para que las penas por el comercio de huesos sean «mayores, más
duras». Se ha logrado aumentar la tensión política. «Somos una asociación
modesta, pequeña. Pero cuando empezamos a contar con el apoyo de la
comunidad internacional, muchas personas se atrevieron a hablar por sí
mismas», recuerda Ophiyah.
Mientras tanto, las atrocidades siguen sucediéndose. El pasado mes de abril, el
cráneo, los dientes y la ropa de Withney Chilumpha, una niña de dos años,
fueron encontrados en Balantha Hill, en el distrito de Kasungu. Se la habían
quitado a su madre, mientras ambas dormían en casa. Mientras tanto, muchas
mujeres son violadas bajo la creencia de que mantener relaciones sexuales con
personas albinas puede curar el VIH.
Pero, a pesar de todo, gente como Ophiyah mantiene la esperanza y augura un
fututo mejor: «Si seguimos por la senda de la educación, sensibilizando para
que se conozca el albinismo, sembraremos un buen futuro para los albinos
en Malaui». No obstante, si no se lucha por avanzar, «estas personas lo habrán
perdido prácticamente todo. Problemas como el abandono escolar, muy común
entre la población albina en África, les superarán. Tenemos que controlar la
situación desde hoy», ataja el malauí.

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