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Resumen: Canto primero Odisea

Oh musa háblame de aquel ingenioso y luchador hombre, de aquel que ha combatido para salvar
a su gente, sin embargo la necedad de algunos ha incitado a Zeus a privar el regreso a casa.

Aquellos que lograron escapar a la guerra retornaban a su hogar, pero para Ulises no era
posible, pues Calipso una ninfa lo tenía en cautiverio, ya que lo deseaba como esposo, sin
embargo al pasar de los años instigaron a los dioses a ayudarlo, excepto Poseidón que sentía
profundo odio por Ulises.

Reunidos todos los dioses, el hijo de cronos dijo: Zeus- Los mortales acusan a los dioses por sus
desgracias pero son ellos quienes agravan sus males, así como Egisto quien deseaba a la esposa
del Atrida, aun advirtiéndole que corría peligro su vida pues el Atrida encontraría venganza a
través de su hijo Orestes.

Atenea- padre mío, duele mi corazón por Ulises, secuestrado en una isla lejos de los suyos, por la
hija de Atlas, a quien trata de persuadir de olvidar a su querida Ítaca, sin embargo el añora su
regreso, ¿acaso olvidas rey del Olimpo las grandes ofrendas en la llanura de Troya? ¿Por qué te
parece tan odioso ahora?

Zeus- Atenea ¿Cómo podría olvidar y odiar a quien se destaca por su inteligencia y sacrificios?
Quien lo odia es Poseidón, su cólera lo incita vengar a Cíclope y a quien Ulises cegó.

Atenea- Zeus, los dioses creen necesario que Ulises retorne a su casa, enviemos a Hermes a
comunicar a la Ninfa estos deseos, yo iré a Ítaca por su hijo Telémaco a incitarlo en la búsqueda de
su padre a Esparta y Pilos, como también a reprender a los pretendientes de su madre. Dicho esto
Atenea fue al palacio de Ulises tomando la apariencia de Mentes, rey de los Tafios, se reunió
juntos a los demás pretendientes donde además se encontraba Telémaco apenado pues añoraba
volver a ver a su padre, este luego de saludar a la Diosa la hizo sentar en un sillón, lejos de los
demás pretendientes bulliciosos, en eso llegó una esclava quien trajo diversos manjares y vino. En
eso en que los pretendientes terminaban el festín, Femio empezó su cántico, aprovechando el
ruido, Telémaco se acerco a la diosa diciéndole- mira a esos hombres aprovechándose de los
bienes de mi padre, Oh! Si lo viesen volver a su querida Ítaca, desearían pies ligeros, pero no hay
esperanzas de su regreso, pero tú dime ¿quien eres? ¿Eras huésped de mi padre?

Atenea- mi nombre es Mentes, hijo de Anquialo, rey de Tafos me dirijo a Témesa para cambiar
bronce por hierro reluciente. He venido porque me han dicho que tu padre vive pero cautivo en
una isla retenido por fuerzas salvajes, no soy adivino pero te digo que Ulises volverá a sus tierras,
pero tu dime si eres hijo de aquel, es innegable el parecido, lo recuerdo bien antes de su viaje a
Troya. Telémaco- soy su hijo, mi madre lo dice, yo no sé más pues desciendo del más desdichado
mortal.

Atenea- los dioses no han negado la generosidad a tu estirpe, sin embargo dime ¿Por qué ofreces
una fiesta? A cualquier hombre sensato no valdría bien tener bajo su techo a arrogantes.
Telémaco- esta casa era tranquila cuando mi padre se encontraba, hoy todo ha cambiado gracias a
los dioses quienes parecen no quererlo. No sería tan nefasto mi pesar si hubiese muerto en Troya
pues aqueos lo venerarían y me hubiera dejado gran gloria, pero no es así y padezco gran dolor y
no solo por mi padre sino además por todos los príncipes que desean a mi madre y arruinan mi
casa.

Atenea- oh dioses tanta desvergüenza detendría Ulises si estuviera presente, lo veo como la
primera vez que lo vi a la vuelta de Éfira, en donde pidió a Ilos veneno para sus flechas, el cual
negó, no así mi padre, es así como deseo ver a Ulises, pero dejemos esto a los dioses, ahora
óyeme bien Telémaco quiero que convoques a los aqueos y amenaces a los pretendientes para
que vuelvan a sus hogares, con respecto a tu madre, si desea un nuevo casamiento que regrese
donde su padre y en cuanto a ti vete en tus navíos en busca de noticias, ve primero a Pilos y luego
a Esparta a interrogar a Menelao, si oyes que tu padre está vivo aguarda un año, en el caso
contrario regresa a Ítaca para erigirle un túmulo, busca esposo a tu madre y luego busca la
manera de desaparecer a los pretendientes, se valiente para que en un futuro se hable de ti con
elogio así como el divino Orestes, ahora me marcho pues me aguardan, pero piensa en mis
palabras.

Telémaco- siento honestidad en tus palabras, no las olvidaré, pero ¿porqué la prisa? Quédate te
ofrezco otros deleites y te regalaré un valioso presente para que no te olvides de mi, así lo hago
con mis más queridos huéspedes.

Atenea- Tengo prisa, pero ese regalo que no dudo de su grandeza lo recibiré a la vuelta y te sabré
corresponder con otro digno. Luego de estas palabras la Diosa se elevó y desapareció cumpliendo
su objetivo de revitalizar el alma de Telémaco, reavivando el recuerdo de su padre. Mientras tanto
el mejor de los aedos cantaba sobre el regreso de Troya y las calamidades de Palas Atenea contra
los argivos, sin embargo Penélope quien se encontraba en lo alto de la casa bajo juntos a sus
doncellas pues no soportaba escuchar ese cántico, así descendió con lagrimas en sus mejillas y se
refirió al aedo- Femio te sabes otras muchas hazañas, canta alguna pero no sigas con ese relato
que trae tanta pena a mi alma y me hace recordar al héroe Ulises.

Telémaco- madre porque detienes al aedo si es Zeus quien establece el triste destino de los
aqueos, no censuremos a Femio. Es tu corazón quien debe resignarse, no es solo Ulises quien no
ha vuelto a su patria. Así perturbada por las palabras de Telémaco ascendió por las escaleras y
siguió su lamento hasta que encontró el sueño gracias a atenea.

Telémaco se dirigió a los pretendientes - pretendientes dejemos de pensar en el festín y


disfrutemos al aedo ya que para mañana abandonaran mi casa, desde mañana celebraran los
festines en sus casas y comerán de los vuestro y si encuentran que estáis mejor aquí, yo aclamaré
a los dioses quienes los juzgaran por saquear a un hombre solo. Asombrados todos se dirigió
Antínoo a Telémaco- sean los dioses que te han enseñado hablar de tal forma, tan altivo o puede
también que sea el mismo Zeus quien evite que reines sobre Ítaca.
Telémaco- Antínoo, si Zeus me dio la realeza estoy dispuesto a ejercerla, pues reinar no es un
castigo, al contrario, trae riquezas y gratitud. Si ha padecido Ulises, entre aqueos jóvenes y
ancianos puede ser elegido el rey, aun así yo sigo siendo el rey de mi casa y de los esclavos que
dejó mi padre

Eurímaco- dejemos en manos de Zeus la decisión de quien reinara, por otra parte tú reina en tu
casa. Ahora quisiera saber más sobre tu huésped, ¿traía información de tu padre?

Telémaco- Eurímaco, yo se que las esperanzas de regreso de mi padre son pocas. Ese hombre era
Mentes, rey de tafos, anteriormente fue huésped de mi padre. Esto decía Telémaco aunque ya
sabía que Mentes era una diosa.

Llegó la noche y la oscuridad y al fin se marcharon todos, así también marcho Telémaco a su lecho
donde se encontraba su sirvienta Euriclea quien precedía a Telémaco con las antorchas pues era la
sirvienta que más lo quería. En su habitación se desvistió y paso su túnica a la anciana sirvienta y
entre las sabanas pensó toda la noche sobre los consejos que entrego atenea.