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¿El docente colombiano deber ser sujeto pasivo o activo en el desarrollo de la

política educativa dentro del marco del postacuerdo con las FARC?

En esta etapa del postacuerdo con las FARC la comunidad debe sensibilizarse e
involucrarse en la reconstrucción del tejido social desarrollando prácticas
cotidianas de convivencia y construyendo ciudadanía. Prácticas que son el
resultado de políticas educativas que toman a la escuela como primer experimento
social de esa transformación. De allí surge una pregunta ¿Cuál es el lugar del
maestro, como sujeto político, frente al desarrollo de la política educativa en
Colombia? Pregunta difícil para responder, pero un acercamiento a la respuesta
sería el reconocernos dentro de lo que ha sucedido después de 200 años de vida
republicana en un estado como el colombiano, con una historia enmarcada de
violencia política.

Una primera forma de reconocernos es el papel que los docentes tuvimos en el


periodo comprendido entre los años 1930 y 1989 donde se pretendía que la
educación estuviera al servicio de las elites dominantes. Nuestro papel fue pasivo.
Durante dos siglos nos metieron el cuento que no podíamos involucrarnos ni
pronunciarnos sobre las políticas públicas. Las acciones del estado son el
resultado de pactos internacionales, propuestas gubernamentales y
requerimientos de grupos que de una u otra forma tenían un poder dentro del
sistema educativo. Bien lo decían Herrera e Infante “…en la elaboración de un
programa de gobierno se ponen en juego concepciones de Estado y sociedad y se
reflejan privilegios y los intereses que estos últimos mantienen” (p. 78)

Una segunda forma de reconocernos es que a partir de la nueva constitución


política colombiana hubo una evolución educativa gracias al papel activo del
maestro en las reformas educativas que se han querido plantear en este siglo XXI.
A pesar que el conflicto armado continuaba, el sector sindical del magisterio se
fortalecía y ya los planes nacionales de desarrollo usaban palabras que el gremio
de docentes quería inculcar en sus comunidades y que los diferentes gobiernos
plasmaron en lo que estos últimos querían definir como educación tales como
equidad (PND 2002-2006), inclusión (PND 2006-2010), reducción de pobreza
(2010-2014), igualdad social (PND 2014-2018).

Ya como seres activos en la educación de nuestros niños, niñas, y jóvenes y


con un postacuerdo a cuestas, los maestros debemos centrarnos más en nuestro
verdadero rol: el de formar. Con la autonomía que nos da las actuales leyes
podemos desarrollar estrategias para que nuestros estudiantes lleguen al
conocimiento, llevándolos por el camino para aprender el saber. En términos del
filósofo alemán Hegel desarrollar una dialéctica y en términos de brasilero Freire
una educación liberadora. Para que lo que aprendan tengan sentido en sí mismo.
O mejor aún desarrollar en nuestros estudiantes el pensar por ellos mismos
haciéndose cuestionar las ideas que otros le querían inculcar tal como lo inculcó
Sócrates a través de la mayéutica. Y luego de desarrollar habilidades de
raciocinio, continuar con el desarrollo de argumentar con convicción y sostener un
determinado pensamiento como una forma de encontrarle una salida al callejón
del conflicto.

Si como docentes podemos desarrollar en nuestras comunidades la


argumentación con razones y convicción podríamos tener la posibilidad de vivir en
una comunidad, llámese familia o país, en paz. Platón decía que no había
democracia perfecta, pero desde nuestros roles, dejando de lado la pasividad que
nos acompañó durante 200 años y siendo sujetos activos en la transformación de
nuestra nación podríamos aportar a ese ideal de democracia perfecta y de paso
sería el mejor tributo para tantas personas que ofrecieron sus vidas y sus familias
por un país mejor.

Bibliografía

Herrera, M. and Infante Acevedo, R. (2004). Las políticas públicas y su impacto en


el sistema educativo colombiano. Una mirada desde los planes de desarrollo
1970-2002. Nómada, 20(1), pp.76-84.
Atehortúa Cruz, A. (2013). La influencia del Banco Mundial en las políticas
educativas de Colombia. Pedagogía y Saberes, (36), pp. 1-20.

Alonso, C., Gonzalez, J., Sarmiento gomez, A. and Sanchez, O. (2003). Daños al
desarrollo: las opciones truncadas. Segunda parte: Capítulo 4 Conflicto y
desarrollo humano Daños al desarrollo: las opciones truncadas. In: H. Gómez
Buendía and C. Roux, ed., El conflicto, callejón con salida, Informe Nacional
de Desarrollo Humano para Colombia, 1st ed. Bogotá, Colombia:
pnud.org.co, pp.97-115.