Você está na página 1de 2

La perspectiva de género, al diván: los pacientes ahora cuestionan a sus terapeutas

En la actualidad, la visión del analista frente a ciertas temáticas sociales importa a la hora de
recurrir al consultorio; la mirada de especialistas y casos de pacientes

Ana André SEGUIR

29 de marzo de 2018 • LA NACION | Sociedad | Psicología

El rol de la mujer y del hombre como personas regidas por su género está puesto en discusión
y, en la actualidad, es un tema que ocupa gran parte de la agenda social y mediática. Dentro
del psicoanálisis no pasa desapercibido. La perspectiva de género es hoy un requerimiento
instalado que los pacientes les demandan a sus analistas y en los consultorios no son pocos los
cuestionamientos en el país con más psicólogos per cápita del mundo.

Alina, con 36 años, tuvo una experiencia que le hizo repensar el vínculo con su terapeuta. La
profesional había sido recomendada, pero ella se sentía "incomprendida e incómoda": "Tenía
que estar explicándole conceptos. Me empecé a indignar en algún punto porque debería estar
averiguándolo, en vez de no entender lo que le estoy explicando, por ejemplo: qué significa
transexual, por qué es importante la palabra pansexual, etc. No me decía directamente 'esto
tiene que cambiar', pero de a poco empecé a entrever sus intenciones y sentía que estaba
patologizando mi actitud. Le faltaba un montón de teoría y vocabulario que yo no iba a pagar
para enseñarle, entonces decidí irme".

En Facebook, Alina encontró a la Red de Psicólogxs Feministas , se puso en contacto y arrancó


otra terapia. Gisela Cassouto es psicóloga y cofundadora de la red. En diálogo con LA NACION,
cuenta que junto a otros profesionales notaron que no era la excepción sino "bastante la
norma" que en aquel lugar donde uno debería sentirse lo suficientemente cómodo para poder
contar cosas que en otro lugares no cuenta, "la mayoría de la gente se sentía juzgada, ya sea
por su elección sexual, por su modo de vínculo tal vez no monogámico, como si hubiese un
camino a seguir de la 'heteronorma' y todo lo que era salido de ahí, era juzgado también
dentro del consultorio".

Leticia Glocer Fiorini, psicoanalista, expresidenta de la Asociación Psicoanalítica Argentina


(APA), sostiene que las perspectivas de género "amplían la comprensión de muchos conflictos
personales, de pareja, familiares y grupales vinculados a fenómenos de violencia de género,
inequidades entre hombres y mujeres, así como a las sexualidades e identidades no
convencionales. Estas perspectivas analizan la fuerte influencia de discursos y prácticas
sociales, de orden androcéntrico, sobre los conceptos de diferencia sexual y de género y que
tienen efectos en la clínica".

La especialista, autora de los libros Lo femenino y el pensamiento complejo y La diferencia


sexual en debate, argumenta que "son importantes en todo tipo de terapia porque las
problemáticas de género no responden sólo a motivaciones psíquicas internas, sino que
reciben poderosas influencias del mundo externo: estructura social y cultural, creencias e
ideologías colectivas imperantes".

Romina tiene 33 años y, como paciente, cree que es "la obligación del terapeuta estar
actualizado en las discusiones de la sociedad, desde la responsabilidad y desde lo académico".
Ella tuvo un paso conflictivo por el psicoanálisis: "Mi analista dijo que, como yo era fuerte,
sabía lo que quería y lo expresaba sin pelos en la lengua, ocupaba así 'roles de hombre' en el
momento de la seducción. Discutíamos un montón. Me pedía que no lo tome desde el
feminismo pero mi respuesta era simple: vos me estás planteando el asunto en términos de
género, que hay actitudes que son y corresponden al hombre y otras, a la mujer, y que si yo no
respeto ese rol por ser mujer, estoy convirtiéndome en un hombre".

Alejandro Viedma, psicólogo especialista en diversidades sexuales, opina que no todos los
psicólogos están preparados para escuchar ciertas situaciones, porque "la perspectiva de
género lo que hace es ampliar la mirada y la escucha. Ninguna teoría ni disciplina ahora
alcanza para tratar a un sujeto. Para hacerlo, con alguien que sea parte de las diversidades
sexuales, hay que empaparse del tema". El especialista también explica que hay dos cuestiones
básicas del psicoanálisis: la neutralidad y la abstinencia: "Estamos en un momento donde más
que nunca uno tiene que ser neutral, no ir con sus opiniones al encuentro con el paciente".

Federico tiene 28 años y cuenta que cuando decidió empezar terapia, sintió que no podría
hacerlo si el/la profesional no tuviera perspectiva de género. Esa era su exigencia principal a la
hora de escuchar recomendaciones. "Muchas de las cosas que necesité plantear en las
sesiones pueden interpretarse de distintas maneras y una respuesta que relacionara mi
comportamiento con mi género no me hubiera servido o, por lo menos, partir de la base de
que la construcción de género es algo más complejo que ser 'mujer o varón'".

Efecto Ni una menos

Mariana, con 26 años, hace cuatro que va a terapia con una psicóloga 40 años mayor que ella.
Ambas coinciden en que, a partir de la primera marcha en 2015 con la consigna Ni una menos ,
la lucha del feminismo en las calles cambió su análisis. "Las dos aprendemos constantemente
una de la otra. Yo llevo situaciones cotidianas que quizás antes no pensaba tratarlas y ella se
nutre con nueva bibliografía y especialistas. Creo que es la clave para seguir con el
tratamiento", confiesa a LA NACION.

Llevado al psicoanálisis, Glocer Fiorini señala que su disciplina sostiene sus ejes en el papel del
inconsciente, los itinerarios de la sexualidad y la transferencia: "La no inclusión de las
perspectivas de género en una terapia puede conducir a puntos ciegos en el analista sobre
este tipo de problemáticas que frecuentemente tienen efectos traumáticos de distinta índole.
Si se piensa que las mujeres buscan y gozan de la violencia por "naturaleza", si se considera
que el masoquismo es inherente a las mujeres y que esto explicaría la violencia de género se
desembocará en fracasos de muchas terapias, más allá de las variantes individuales. De la
misma manera, si se cree que la maternidad es la meta privilegiada de las mujeres, se perderá
de vista que hay una pluralidad de subjetividades en las que la maternidad podrá o no ser una
meta de máxima".

Para Casoutto no es obligatorio que todo el mundo se atienda con alguien que tenga esa
mirada, pero cree que sería bueno e imprescindible que esa opción se pueda ofrecer desde las
obras sociales y, sobre todo, desde el Estado.

Por: Ana André