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22 DE JUNIO DE 2017

TRABAJO FINAL DE ANTROPOLOGÍA


¿ESTÁ EL TAKI ONQOY VIGENTE?

GLORIA OLAYA
UNIVERSIDAD ANTONIO RUIZ DE MONTOYA
¿El Taki Onqoy está vigente?

La conquista del Tahuantisuyo significó el choque de dos cosmovisiones


totalmente distinta, por un lado, estaba una población politeísta frente a otra de carácter
monoteísta. Según Nathan Watchel, el traumatismo de las conquista es el choque
psicológico, provocado por la llegada de los hombres blancos y la derrota de los dioses
tradicionales. Que continúa hasta los primeros años del periodo colonial. Entonces vemos
cómo es que se empieza a dar una desestructuración. Por el término desestructuración
entendemos la supervivencia de ciertos elementos andinos, pero no necesariamente el
contexto en donde estos se ubicaban. La conquista se hizo a través de la violencia se
caracterizaba por tener un carácter estructural. Los españoles impusieron bruscamente,
desde el exterior, un grupo social de cultura totalmente extraña (religión cristiana,
economía de mercado, etc.) Watchel menciona que: ‘‘La conquista significó la
superposición de dos sectores: uno minoritario pero dominante y otro mayoritario pero
dominado. No conviene no olvidar que todos estos dominios se encuentran penetrados
por la dimensión religiosa y que ellos mismos comportan siempre implicaciones
mentales’’.

Desde 1550 a 1570, aproximadamente continúa la despoblación, pero siguiendo


seguramente una curva con una caída menos rápida. La influencia española se manifiesta
de modo más directo (además del uso de la violencia) con la disminución del poder de
los curacas, la política -lenta- de estabilización de los yanas y el comienzo de las
reducciones. Los españoles crean un nuevo sector económico- social (desarrollo de las
ciudades, las minas, los cultivos y ganadería tipo europeo). Sin embargo, el ayllu sigue
resistiendo en la medida en que sobrevive su principio fundamental, la ayuda mutua y
comunitaria. Por último, la evangelización desarrolla la lucha contra las creencias
indígenas.

Hacia los años 1565 comenzaba a nacer en el sur del Perú, precisamente en las
regiones de Huamanga, Huancavelica y Apurímac de la mano de Juan Choqne un nuevo
‘’movimiento social, político y religioso’’ de nombre Taki Onqoy o Ayra o ‘‘la
enfermedad de la danza’’. Esta manifestación fue producto del descontento al nuevo
sistema político imperante, perteneciente al régimen colonial. Según menciona Varón
(1990), el indígena tenía pocas alternativas: el aceptar el régimen colonial y seguir
muriendo –ya que la población descendió dramáticamente-, acudir al inca de
Vilcambamba que a su vez era descendiente de su ex opresor y que poco a poco estaba
siendo vencido o simplemente aferrarse y reivindicar a sus dioses milenarios. Un grupo
escogió la última opción.

El mundo andino, de manera precoz, está marcado por un movimiento indígena


denominado por los investigadores como de resistencia, mesiánico, nativista, de
rebelión. Este movimiento conlleva la aparición y la construcción
del pishtaco o naqaq, personaje que jugará un rol importante hasta hoy (Varón,
Millones 1990, Stern 1982). El movimiento del Taqui Onkoy emerge en una
situación de profundo desequilibrio social provocado por la opresión y la
dominación colonial temprana, que se manifiesta a través de las epidemias, el
exceso de trabajo para los encomenderos y en las minas, las humillaciones, los
maltratos físicos y morales, la hambruna, la muerte. Como esta violencia que
desestructuraba y exterminaba totalmente el mundo indígena venía del exterior,
este mundo se defiende, elaborando en su seno un retorno, un renacer de la
situación anterior y propulsando el retorno de las Huacas. (Celestino, O. (1998)

Básicamente, el Taki Onqoy o Ayra ‘’fue una manifestación nativista de rechazo


anticolonial temprano’’ (Varón, p. 33) que consistió en apartarse y rechazar cualquier
cosa que tuviese relación con lo español y luego a través de una serie de rituales dejarse
poseer por las huacas o divinidades andinas anteriores a los incas, terminando por
convertirse en un culto mesiánico. Sin embargo, dadas las circunstancias este movimiento
según mencionan diversos especialistas, era llevado a cabo en la clandestinidad, gracias
a que el proceso de evangelización y extirpación de idolatrías estaba vigente.
Juan Zevallos, apoyado en Varón, ha reflexionado sobre la relación
complementaria y de oposición que se establece entre el Taki Onqoy y la crónica
escrita por indígenas (Titu Cusi Yupanqui, Guamán Poma de Ayala), advirtiendo
que: "La aparición del Taki Onqoy se relaciona precisamente con la resistencia
andina para adscribir la continuidad de los dioses ancestrales, pero no
necesariamente la reestructuración del Tawantinsuyu. La intención de Titu Cusi
Yupanqui, por el contrario, era sublevar a la población indígena, asimilando todos
los elementos europeos que pudo, desde las armas hasta la religión, contrastando
con el Taki Onqoy, que rechazó todo aquello que era ajeno al mundo andino"
(Zevallos, 2004). Aparentemente, mientras el proyecto escritural de resistencia
surge de las elites cusqueñas, el Taki Onqoy se apoya en líderes regionales. (Ostria
Gonzales, M. & Henríquez Puentes, P. (2016)
El fundamento principal consistía en que las divinidades indígenas resucitarían y
se enfrentarían al dios cristiano que habían vencido al dios de los incas. Aquello indígenas
que se habían dejado adoctrinar terminarían por convertirse en animales o morirían, los
españoles serían arrojados al mar, mientras que aquellos que rechazasen lo español
tendrían salud y vida plena. Villegas (2011) menciona que, el Taki Onqoy ‘‘anuncia una
inevitable revolución, un cambio cíclico de la vida anterior y el surgimiento de una nueva
era’’ (p.116). Por ello, era sumamente necesaria su difusión, ésta se dio especialmente en
zonas rurales. Es relevante recalcar que no todos los oprimidos estaban a favor del Taki
Onqoy, Varón menciona que según Stern (1982) hubo un curaca que denunció ante
Albornoz la práctica del culto (p. 342) demostrando la división que existía en la época
respecto a él. Sin embargo la gran pregunta es: ¿Taki Onqoy aún está vigente en el Perú?

Una de las características principales que Taki Onqoy es que se hacía en forma
de cántico y a su estaba la manera en cómo se llevaban a cabo los rituales. En primer
lugar, en base a lo dicho por Varón, los predicadores debían ayunar. Este ayuno consistía
en dejar de comer sal, ají, maíz, no tener relaciones sexuales, solo beber chicha y
alimentarse de ciertas hierbas como el ‘‘macay’’ . En segundo lugar, debían ofrendar a
las huacas –que son los cerros- productos netamente indígenas rechazando, obviamente,
todo los español –y europeo-. Las ofrendas podían ser: carneros o auquénidos, aves
nativas, mollu, llipta, plata y comida. Las huacas, por otro lado, de apoderarían del cuerpo
de los taquiongos. Ellos empezarían a bailar, temblar y hablar renegando de la fe cristiana.
Cuando el cuerpo de estos hombres estaba poseído, eran llevados a un lugar donde la
población entraría a adorarlo. Por consiguiente, según Celestino (1998) ‘‘El movimiento
se presenta entonces como una acción transformadora y de respuesta, como una legítima
reacción de rechazo contra todo lo que es español y está fundamentalmente constituida y
animada por elementos religiosos’’.
Estos rituales eran llevados a cabo de manera oculta por los takionqoys como se
mencionó en los párrafos precedentes. A la persona poseída por la huaca se le sacralizaba,
es decir, se le atribuía un carácter ‘‘sagrado’’ al llevarlos a cuevas o lugares especiales
para que los seguidores pudiesen darle culto. Hernandez, M., Lemik, M., Millones, L.,
Péndola, A. & Rostworowsky (s.f) mencionan que:
Lo sagrado había vuelto a las huacas pero también giraba por los aires una
formulación sincrética en que lo preinca, inca y lo español se fusionaban. Pero las
fuentes, sino el cuerpo mismo de los practicantes del culto. Esta sacralización de
los cuerpos devolvía importancia a la percepción comunal de la religión andina
que había sido limitada por la estructura eclesiástico estatal del incario. (p. 39)

Por consiguiente, lo sagrado ya no estaba en la simbología de la religión cristiana,


es decir, ahora se había vuelto a las huacas que habitaban en los cuerpos de los
practicantes de este culto y allí estaba lo ‘‘enriquecedor’’, pues éstas eran producto de la
reorganización de las divinidades andinas en las que se sustituyó a los dioses derrotados
incas (Inti, Wiracocha) por el ‘‘wamani’’ –que podría ser representado por las montañas,
cóndor, y ríos- que abarcaba tierra, agua y aire. Por otro lado, la figura del wamani desde
la mirada de los españoles será asociada a la imagen del ‘‘diablo’’. Según Rodrigo
Montoya (s.f):
En la vertiente católica de extirpación de idolatrías, de larga tradición desde 1560
hasta nuestros días, fue inventado un supuesto pacto de los danzantes con el
diablo. Ya sabemos que los frailes llamaron diablos a todos los dioses indígenas
del continente americano. (p. 23)

Ello quiere decir que los takionqoys mantenían un <<pacto>> con los Apus y ello
no era comprendido por los conquistadores; ello posiblemente se debió a su visión
etnocentrista. Desde su concepción, su religión y por lo tanto su dios era superior al de
los indígenas y por ello, era necesario llevar a cabo la extirpación, pues desde su
concepción el wamani era el diablo. En la actualidad, la representación del Taki Onqoy
está asociada a la danza de las tijeras y al danzaq. Si bien en los párrafos precedentes se
mencionó que este culto mesiánico era llevado a cabo en la clandestinidad, se observa
que en la actualidad el movimiento ha perdido su carácter encubierto de rechazo a la
imposición española.
De igual manera, aquel carácter sacralización de las huacas ha pasado a ser uno
de desacralización convirtiéndose más en una especie de espectáculo popular, donde la
prioridad es entretener más que rechazar lo extranjero opresor. Un claro ejemplo de lo
mencionado se ve comprobado: en los concursos de la danza de tijeras, que para muchos
danzaqs es la continuidad del Taki Onqoy, sin embargo, se ha visto que algunos
incorporan elementos occidentales a un movimiento que de por sí tiene como
característica principal una ‘‘resistencia cultural’’ para convertirse más en un movimiento
de entretenimiento. Asimismo, siguiendo la postura de Montoya, los danzaqs o danzantes
de tijeras en provincias como Andamarca llevan a cabo la celebración junto con la fiesta
de San Isidro Labrador (santo de agricultura), de tal manera que ambas tradiciones
coexisten una con otra admitiéndose mutuamente, por lo tanto, observamos que ahí el
carácter de ‘‘resistencia’’ ha sido dejado de lado, para volverse uno de coexistencia.
Muchos estudiosos catalogan el Taki Onqoy como un culto mesiánico. Según Juan
M. Ossio (s.f) citando a Cohn menciona que el mesianismo debe ser entendido como una
expresión religiosa que gira entorno a la idea de salvación que gira en torno a 3 ejes
importantes: en primer lugar, que es colectiva, es decir, debe ser disfrutada por todos los
fieles. En segundo lugar, debe ser inminente, según Ossio ‘‘ha de llegar de pronto y de
un modo repentino, por ello se da el tercer punto que concierne que es a total y milagrosa,
es decir, se cree que –la salvación- cambiará y transformará toda la vida en la tierra a
través de una ayuda sobrenatural que terminará por hacer que el mundo alcance la
perfección. Con lo dicho, se puede ver que las bases del Taky Onqoy tenían como
principal característica reordenar el orden social, político y religioso mostrando 2 puntos
importantes a su vez. Primeramente, hay una imagen de desorden total que genera
malestar social. En este caso, la imposición de una religión nueva, trabajos forzados en
condiciones de esclavitud, básicamente una desestructuración de su ordenamiento social
inicial. Es por ello, según Ossio que se busca una imagen de un Principio mediador, cuyo
poder salvador sea proporcional al del desorden y descontento. Para este culto la imagen
poderosa será la del huacas o la del wamani.
Muchas veces el desorden es pensado como el resultado de la derrota de los
poderes que sustentan el orden, o por el alejamiento de los individuos de las
normas que sustentaban un orden religioso primordial, o como un desequilibrio
entre los Principios ordenadores que sustentan el mundo, o como los signos de un
cataclismo inevitable que se acerca con la proximidad del fin de los tiempos, o
como una condición histórica inevitable que puede ser superada. (Manuel Marzal
(2005) p. 202)

Entonces, teniendo ese concepto claro de mesianismo ¿Podemos decir que los
danzaq siguen un culto mesiánico? Pues no, tomando la postura de Marzal (2005) los
cultos mesiánicos mayormente se dan bajo circunstancias de opresión, donde una
cosmovisión extraña se impone sobre otra. En el caso de los danzaq’s no necesariamente
hay circunstancias que los pongan una condición de oprimidos, pues al día de hoy han
incorporados ciertos elementos occidentales a su manifestación. Por ejemplo: el caso del
danzante Sayre entrevistado por César Zamalloa, el menciona que es ‘‘Taky Onqoy’’ y
que tiene su Apu o Wamani con el cual ha hecho <<pacto>> pero vemos que su accionar
no corresponde al que tienen aquellos que realizan un culto y le dan un carácter
sacramental al mismo. Sayre a pesar de su creencia, hace uso de su figura como danzaq
para entretener a un público que solo busca diversión y no tiene –lo más probable- ningún
interés en la tradición que está detrás del danzante. Asimismo, Sayre cree en su Wamani
efectivamente, sin embargo no espera que este derrote a los españoles arrojándolos al
mar, ni se resiste a lo extranjero, más bien coexiste con ello. Un claro ejemplo está en la
cruz que lleva colgada en el pecho al momento que es entrevistado, o simplemente cuando
realiza ciertos pasos de baile pertenecientes al capoeira o break dance, el no resiste por la
simple razón que se deja llevar por la globalización.

Ilustración 2 Competencia de danzaq's con bailarines de Ilustración 1 Danzaq Sayre con cruz en el pecho
break dance

José María Arguedas a través del cuento ‘’La agonía de Rasu Ñiti’’ muestra cómo
el hombre andino mantiene una relación con las divinidades andinas (montañas, ríos y
cóndor) y a través un de una representación novelesca intenta reproducir las formas de
resistencia indígena del Taky Onkoy. Básicamente a través de cuento muestra como
aquella noción de resistencia ha tenido que ser aplazada con el fin de sobrevivir. Según
Ostria y Hénriquez (2016):
Si se examina con cuidado el proceso narrativo arguediano, se verá que, desde el
principio, hay una intención ordenadora del mundo ficticio, manifestada en
personajes, historias y lugares, pero también en aspectos narrativos (punto de
vista, ficción de oralidad, construcción de los relatos, vínculos intertextuales,
horizonte ideológico y valórico), orientada a validar una visión andina del mundo,
aunque sea a través de negociaciones con la modernidad, lo criollo, lo cristiano,
la escritura y hasta formas literarias como la novela.

Asismismo, para Juan Zeballos – Aguilar (s.f): ‘‘La descripción del ritual de
muerte le sirve a José María Arguedas para demostrar a sus lectores urbanos que todavía
existe un cultura india viva y autónoma, con sus propias formas de reproducción
sociocultural y su peculiar sistema de valores que determina el estatus económico y social
en las zonas rurales.’’ Sin embargo, partir de la idea que hay una cultura andina, sería
caer en un error antropológico, pues se estaría viendo a la antropología desde un punto de
vista territorial. Ello no quiere decir que el cuento no represente nada, más bien es todo
lo contrario. Al tener un narrador en primera persona y parecer ser un cuento quechua, la
voz narrativa del relato, según Lienhard, englobaría al conjunto de indios y mestizos que
poseen una misma cosmovisión, por lo tanto, a través de la figura del danzaq y el wamani,
representarían su propia agonía, es decir, sus ganas de sobrevivir.
En conclusión, el Taky Onqoy fue un movimiento que se dio en la zona sur del
Perú y en parte de Bolivia. Básicamente tuvo como principio revitalizar a los dios
anteriores a los inkas con el fin de que estos los ayudasen para vencer al dios cristiano y
a los españoles para poder salir de su condición de ‘‘vencidos’’. Ello obviamente,
demandó una serie de rituales, sin embargo, vemos como aquellos primeros valores se
han ido perdiendo a lo largo de los años. Para algunos la continuidad de esta tradición
está en la figura de las danzaq’s y de la danza de las tijeras, sin embargo, el los párrafos
precedentes se ha mencionado que el carácter de sacralización se ha perdido, pues ahora
tiene más un fin de entretenimiento que de culto. Asimismo, se dijo que el carácter de
resistencia cultural no sigue vigente, ahora es más uno de coexistencia que se ha dado
producto a la globalización. Finalmente se mencionó sobre la idea de mesianismo, se
concluyó que el primero tiene carácter mesiánico más el segundo no.
Bibliografía:
Celestino, O. (1998). Transformaciones religiosas en los Andes peruanos. 2.
Evangelizaciones. ISSN 0214-7564. Paris. Recuperado de:
http://www.ugr.es/~pwlac/G14_05Olinda_Celestino.html
Marzal, Manuel. Religiones andinas. Madrid, ES: Editorial Trotta, S.A., 2005. ProQuest
ebrary. Recuperado de:
http://site.ebrary.com/lib/bibliouarmsp/reader.action?docID=10576722&ppg=19
6
Ostria Gonzales, M & Henríquez Puentes, P. (2016) . Arquedas y el Taki Onqoy . Chile
– Concepción. Recuperado de:
http://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0718-
04622016000100005
Varón, Rafael 1990. El Taki Onqoy: las raíces andinas de un fenómeno colonial. En:
Millones, L. (ed.); EL Retorno de las Huacas. Lima, IEP y Sociedad Peruana de
Psicoanálisis.

Wachtel, N. (s.f). Los vencidos. Los indios del Perú frente a la conquista
española (1530-1570).

Zamalloa, C. (4 de mayo del 2015). Historia de un proceso. Recuperado de:


https://www.youtube.com/watch?v=9RzTak-gNJA
Zeballos – Aguilar, J. (s.f). La representación de La danza de las tijeras de José María
Arguedas. Recuperado de:
http://www.andes.missouri.edu/andes/Especiales/JZADanzaks/JZA_Danzaks2.html