Você está na página 1de 188

0 Colección Toni Negri

Toni Negri

Toni Negri (Padua, 1933) es un politico y pensador italiano de renombre mundial. En

los años setenta fue inspirador de la corriente

denominada ¿Autonomia Obrera», sufrió cuatro años de prisión preventiva hasta que en 1983 fue elegido diputado italiano y, tras perder su inmunidad parlamentaria, se exilió a París

durante catorce años. Desde muy pronto

destacó la originalidad y el rigor de sus trabajos

sobre Descartes, Spinoza y Marx. Entre sus

obras se encuentran La anomalía salvaje, Dominio y sabotaje, Marx más allá de Marx y la reciente Imperio, que ha sido un éxito mundial. Actualmente cumple condena en la Casa di Reclusione di Rebibbia de Roma.

Cubierta: Departamento de diseño de

Random House Mondadori. Directora de arte: Marta Borrell Diseño: Ferran López Fotografia: © Colección Toni Negri

Del retorno

ToniNegri

Delretorno

Abecedario biopolitico

Traducción de

Inés Bértolo

DEBATE

Primera edición: mayo 2003

Quedan rigurosamente prohibidas, sin la autorización escrita de los titulares del copyright, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, yla distribución de ejemplares de ella mediante alquiler o préstamo públicos.

Título original: Du retour © Calman Lévy, 2002

© Inés Bértolo, por la traducción, 2003

© De la presente edición, Random House Mondadori, S. A., 2003 Travessera de Grécia, 47-49. 08021 Barcelona

ISBN: 84-8306-534-7

Depósito legal: B. 18.743 - 2003

Compuesto en Zero pre impresión, 5. L.

Impreso en A & M Grific, S. L., Santa Perpétua de Mogoda (Barcelona)

Impreso en España (Printed in Spain)

C 845347

Breve introducción a la idea de un abecedario

biopolítico

ANNE DUFOURMANTELLE: He aquí mi propuesta de abecedario bio gráfico y biopolftico: ¿por qué no seguir el alfabeto aislando pala- bras, para cada letra, que tengan para usted un significado particular? Por ejemplo: A de Arma, de Atentado, de Porvenir*, B de Brigadas Rojas, C de Campo y de Crimen

TONI NEGRI: ¡He aquí una propuesta que cambia respecto al punto de vista habitual e introduce cierto brío en la entrevista! Quizá esto me

permitirá expresarme de manera diferente, incluso sobre temas a pro-

pósito de los cuales nunca me había expresado.

Como tiene un pensamiento muy estructurado, este dispositivo alfa- bético podría introducir un contrapunto musical

Musical, no sé si seré capaz. Pero hay una especie de motivo polifó nico que me suena en la cabeza desde hace algún tiempo, es el del re- tomo Ahora se encuentra en el centro de mi biografía. El retorno ha

tenido diferentes sentidos: el primero, evidentemente, ha sido el del

retomo físico a Italia después de catorce años de exilio y por lo tanto a la cárcel después de catorce años de libertad . Un retorno

_ * En francés, Avenir. (N. dela T.)

' Breve introducción a la idea de un abecedario biopolítico

dramático que volvía a poner toda mi vida en juego. Pero, igualmen

te, ha habido otro retomo, otro sentido, que era intelectual y políti- co: me reinsertaba en la vita activa. El exilio, aun cuando es extre

como lo ha sido el mío , te vacía. He vivido

catorce años sin documentación. Es difícil entender cómo se hace, y el vacío que ese tipo de vida consigue construir alrededor de nos- otros. Al volver a Italia, aunque me vea privado de mis derechos cí

vicos y me esté prohibida la función pública, me siento sin embargo

un ciudadano. En esta nueva situación, consigo pensar que el exilio ha enriquecido mi experiencia: traigo al debate actual una vida ante-

rior que no está frustrada por ese sentimiento de fracaso que nume-

rosos camaradas han sentido después del resultado catastrófico de los años setenta y ochenta. Con la esperanza que hoy se abre de nuevo de transformamos a nosotros mismos y transformar el mundo. repito, quizá de manera ingenua, la potencia de otra historia revolucionaria. El retomo Recuerdo a Maquiavelo, cuando decía: ((Si queremos que una religión o una república vivan mucho tiempo, hay que res- tablecerlas a menudo en sus principios». Y, después de hacer ver has ta qué punto la actividad constituyente es necesaria para mantener las repúblicas, añade: <<Pero esa renovación no es menos necesaria pa-

ra las religiones, y la nuestra aporta la prueba. Se hubiera perdido completamente si san Francisco y san Dominico no la hubieran res-

Esa renovación ¡es el retomo! El

tablecido en sus principios

madamente activo

».

retomo físico es también el retorno a la pasión física del pasado. ala renovación del espíritu.

Entonces sólo nos queda empezar, remontándonos hacia el pasado para descubrir los temas del presente.

Ade

Y si empezáramos con A de Arma. ¿Cómo empezó la lucha armada?

Había tal deseo de liberación

Pero ese deseo se vio confrontado a

un terrorismo de Estado sistemático, que ponía bombas, que hacía

Ahora se sabe que los prime-

muertos, que practicaba la represión

ros actos terroristas fueron decididos por el Estado. El terrorismo de

Estado era el miedo. Y la construcción del miedo era el temor del gobierno a las masas, temor que imponía a las masas para impedir que se movieran, exactamente como lo cuenta Spinoza en el Tratado política.

Se nos olvida demasiado a menudo que Europa apenas salía de la Guerra Fría

El gobierno italiano nunca se hubiera atrevido a actuar de esa mane ra si no hubiera contado con la legitimación que le prestaba el clima anticomunista de la época, y con la tensión de la Guerra Fría. Italia es ese extraño país, muy largo, que se extiende hacia el Mediterráneo.

¿Qué hubiera ocurrido en el momento de la Guerra Fría en Europa

si, en Italia, el régimen hubiera cambiado? Había un Partido Comu-

Era el partido de la Resistencia, el único que

nista tan importante

9

De] retomo. Abecedario biopolítico

había sido verdaderamente antifascista. Después de 1968, Berlinguer era el jefe del Partido Comunista. Había dicho que, aunque el partido consiguiera un 51 por ciento, se negaría a entrar en el gobierno. Era después de lo de Chile: no quería entrar en el juego bajo ningún pre- texto. Por un lado estaba Yugoslavia, por el otro el Mediterráneo, Israel y Palestina, era una situación explosiva. En aquella época todo el mundo sabía que el primer gran aten- tado, el de la piazza Fontana, en Milán, en 1969, era una strage di Stata (<<una masacre de Estado»). Todavía hoy, el pobre Adriano Sofri' está en la cárcel por ello, acusado precisamente de haber hecho que su grupo político, Lotta Continua, matara al jefe de la policía de

]. Adriano Sofri fue uno de los líderes del grupo extraparlamentario Lotta

Continua. Cuando, en diciembre de 1969, una bomba explota en el Banco de la

Agricultura de la piazza Fontana, en pleno centro de Milán, causando numerosas

víctimas. se detiene enseguida a un anarquista. Pinelli, que murió durante su inte-

rrogatorio después de caerse por una ventana del cuarto piso. La investigación de-

mostrará más tarde la total ausencia de relación entre el atentado de piazza Fontana y los círculos anarquistas. En los años siguientes, la extrema izquierda, y en particular el periódico de Lotta Continua, que tenía el mismo nombre que el

grupo, pone en marcha un programa de denuncia repetida de la muerte de Pinelli y

de acusación explícita y a veces extremadamente violenta del comisario que lle- vaba el interrogatorio, Luigi Calabresi. Esa campaña anti-Calabresi, con tonos a menudo amenazadores, circula en el interior del Movimiento. En 1972. un co- mando de tres hombres asesina al comisario Calabresi. Pasan los años, la investi- gación atribuye el atentado de piazza Fontana a la extrema derecha y a los servi- cios secretos desviados», el grupo Lotta Continua se disuelve a mediados de los años setenta; en 1986, un <<arrepentido» ex militante de Lotta Continua, Marinó, le

cuenta a la policía, en circunstancias aún hoy muy poco claras, que el asesinato

de Calabresi fue ordenado por Sofri y materialmente ejecutado por otros dos mi-

litantes de Lotta Continua, Bompressi y Pietrostefani. Empieza entonces un folle- tín judicial con múltiples rebotes que, después de que el proceso fuera reabierto en

varias ocasiones y anulado por el tribunal de casación, de que las pruebas a cargo hubieran desaparecido o se hubieran evapora'do en el transcurso de la instrucción

y de que los testimonios contradictorios no hubieran sido tomados en considera-

10

Ade

Milán. Esa ejecución habría sido decidida para vengar la muerte de

un anarquista, Pinelli, arrestado por la policía después de los atenta- dos. Evidentemente, Pinelli no tenía nada que ver con la bomba de la piazza Fontana, desgraciadamente se <<cayó» por la ventana de la comisaría en circunstancias poco claras. Son historias a la italiana, pero hay que imaginarse el clima que reinaba en la época En resu- midas cuentas, es verdad que en Italia ha habido terrorismo; pero el terrorismo empieza con el terrorismo de Estado. A partir de noviem- bre de 1969, con la bomba de la piazza Fontana, se abre un nuevo pc- ríodo.

ción (lo que llevará al historiador Carlo Ginzburg a comparar el mecanismo judi cial del caso con el funcionamiento de los procesos por brujería), se salda con la condena de Sofri, de Bompressi y de Pietrostefani a veintidós años de prisión por el asesinato de Calabresi y su encarcelamiento en febrero de 1997, veinticinco años después de la muerte del comisario. En virtud de la ley sobre los <<arrepenti- dos» que blanquea a todos los que hablen, Marino está libre. Los tres inculpados gritan su inocencia. Pietrostefani huye aprovechando una puesta en libertad pro-

visional. en el momento de la última arevisión del proceso»; Sofri y Bompressi

eligen quedarse para testimoniar el error judiciario del que son víctimas. Bom- pressi está actualmente bajo el régimen de ususpensión de pena» por razones de

salud (al estar gravemente enfermo, la encarcelación pone en peligro su vida); Sofri, a pesar de un movimiento a favor de su liberación muy importante, está to-

davia en prisión, en Pisa: sigue clamando su inocencia. llegando hasta a rehusar la gracia. que sólo se concede a los culpables. Los autores del atentado de piazza Fontana nunca han sido arrestados. En los años setenta, una serie de atentados sin

autor marcarán para Italia la época de lo que se ha llamado la ¡estrategia de la ten- sión»: piazza della Logia, en Brescia (una bomba causa varios muertos en un mitin sindical), lta!icus (una bomba explota en un tren), etc. En cada nuevo aten-

tado nos encontramos frente a la hipótesis de una colusión entre los medios de ex-

trema derecha y ciertas franjas de los servicios de información. A principios de los años noventa, una nueva serie de atentados mortales (en Roma, en Florencia y en

Milán) ofrecerá de nuevo esa imagen turbia y hará planear la sombra de un lazo to-

davía más inquietante entre los aservicios desviados» y la mafia.

ll

Del retorno. Abecedario biºpolítico

¿Por qué?

Cuando la policía decía que se trataba de atentados anarquistas, na- die lo creía. Hoy, hasta los tribunales reconocen que la CIA estaba

implicada, al igual que los servicios secretos italianos. Y que el Estado corrompido, desviado de su función, de acuerdo, pero de

todas formas el Estado estaba

se recogen los informes de las comisiones parlamentarias encargadas de investigar sobre la piazza Fontana, en 1969, pero también sobre la

bomba de la piazza della Logia, en Brescia, a principios de los años

setenta, o también sobre la bomba a bordo del tren Italicus

pre se llega a las mismas conclusiones.

Entonces, ¿por qué empezó el gobierno? Para crear el terror. ¿Por qué crear el terror? Italia estaba gobernada porla Democracia Cristiana; un país en las fronteras de Occidente, que tenía un Partido

siem

detrás de todo aquello. En Italia, si

Comunista y una izquierda que llegaban al 35 por ciento, una diná

mica social incontrolable

dente en la concepción del trabajo como trabajo intelectual y no sólo como trabajo material, y un santo y seña que era el rechazo al traba-

Pero también había una modernidad evi-

jo salarial: tantos temas que hoy constituyen el pan cotidiano de los sociólogos y los economistas, treinta años después.

Por lo tanto, después la gente se organizó para responder a esa vía-

Pero ¿era necesario responder con el terrorismo a esos ac-

lencia

tos terroristas que usted mantiene que eran comanditados por el

Estado? ¿No había otra alternativa?

La respuesta que se dio no era al principio una respuesta terrorista,

sino una respuesta extremista. Se trataba de responder al mismo ni-

vel que el impuesto por la policía de Estado. Las primeras acciones militares empiezan tres o cuatro años después de la bomba de Milán,

en 1973 o 1974.

12

Ade

Por lo tanto bastante tarde

Nadie ha demostrado nunca que hubiera infiltraciones, fue algo es

pontáneo. Frente a la violencia cada vez mayor de las fuerzas del

den, la gente que iba a las manifestaciones empezó a traer un arma ' para defenderse. La represión actuaba en todos los niveles: en la fá brica, en la calle, en todas panes había despidos innumerables. Entonces los extremistas respondieron de forma militar ya que todas ' las demás respuestas eran ya imposibles, y se llegó a un momento

or ' '

muy duro, en 1977. El momento clave fue el de las manifestaciones

Algunos in-

telectuales franceses vinieron a Italia, estaban Deleuze, Foucault, toda la izquierda intelectual que se oponía a la represión.

de Boloniaº, en septiembre. Había tanques en la ciudad

¿En ese momento podíais imaginar una respuesta no violenta?

No, en absoluto. Nosotros también estábamos organizados. La única cosa en que no habíamos pensado era que la represión de Estado utilizaría también procesos de tipo estalinista. Aquello em- pezó con el arresto en masa de decenas de líderes de extrema iz-

quierda, el 7 de abril de 1979. Es lo que se ha llamado el <<proceso del 7 de abril».

2. Después de las importantes manifestaciones autónomas de la primavera

de 1977 en Bolonia y en Roma, que se saldar-on, en particular en Bolonia. con una

represión violenta, con el cierre de la principal radio libre del Movimiento (Radio Alice), con la entrada de tanques en pleno centro de Bolonia para rodear el ha-

Ám'o de la universidad, y con varios muertos entre los manifestantes en Bolonia

y en Roma , un grupo

represión en Bolonia, en septiembre. Foucault, Deleuze y Guartari toman posi- ción a favor del alaboratorio político» italiano y denuncian vehementemente la violencia de Estado.

de intelectuales franceses organiza un coloquio sobre la

13

Del retorno. Abecedario biopolítico

¿Qué ocurrió ese día?

Nos arrestaron, a mi y a alrededor de otras sesenta personas. Eramos casi todos universitarios. Golpearon a los intelectuales que participaban

en el Movimiento. Con acusaciones increíbles, por ejemplo ainsurrec- ción armada contra el Estado». ¡La pena prevista para ese tipo de cosas había sido durante mucho tiempo la pena de muerte! Menos mal que la

Constitución de 1948 había reemplazado la pena de muerte por perpe tuidad. Era fomtidable y terrorífico. Nos reíamos, no podíamos creerlo,

en realidad era terrible. ¡Lo paradoxal en esa situación es que la extre- ma izquierda estaba sujeta entre las tenazas de la Democracia Cristiana,

es decir, el partido de la burguesía, y el Partido Comunista! El Partido

Comunista consideraba que éramos peligrosos porque éramos incon

trolables. Algunos temían que nos transfonnáramos en otro partido.

¿En nombre de qué os atacaba el Partido Comunista?

En nombre de la nación. o, mejor, de la defensa del Tratado de Yalta, es decir, de la voluntad de alinearse con los soviéticos. Era ¿aa la ló- gica que rechazábamos: habría sido necesario bajar la cabeza para permitir que el Partido continuara cultivando su singularidad. Pero esa singularidad ya no se tenía en pie.

Defendíais ideas comunistas pero no al Partido Comunista

Estábamos completamente en contra de cualquier totalitarismo. Buscábamos una verdadera redistribución de la riqueza. Es casi im-

posible vivir de una manera decente si no se tiene la posibilidad de

estudiar, de trabajar: hay que organizar la sociedad para permitir que

la gente tenga esos derechos, no es tan utópico en realidad. ¡La pa radoja es que muchas ideas Que habíamos propuesto han sido recogi-

das después por el capitalismo avanzado!

14

'

Ade

' El problema es que es el poder el que gestiona la sociedad y el que inventa procedimientos disciplinarios siempre más fuertes para facilitar esa labor. Nos habíamos propuesto como candidatos a esa

gestión porque buscábamos una verdadera transformación de las re

laciones sociales. Y es a esa propuesta a la que los políticos italianos

respondieron tan duramente.

Y os abandonaron por los dos lados

El Partido Comunista le enseñó a la Democracia Cristiana lo que era un proceso estalinista, es decir, la condena absoluta, la desaparición,

el aplastamiento. Esos procesos utilizaban unos tipos de argumentos

delirantes, racionalidades descaminadas: en mi caso, había escrito, era verdad, cosas revolucionarias que juzgaban peligrosas; por lo tanto, estaba necesariamente en contacto con los que hacían <<cosas peligrosas»; por lo tanto, era también el jefe de una organización cri- minal En la medida en que yo era el jefe de una asociación criminal

<<subversiva», todos mis prójimos eran necesariamente miembros de

esa asociación. Así es como por ejemplo me encontré en la cárcel con un amigo que no veía desde hacía más de diez años: milagro de la 16

gica delirante. No había límites a la encarcelación <<preventiva». La mayoría de los inculpados del <<proceso del 7 de abril» acabaron por ser absueltos, pero estuvieron seis, siete años en la cárcel bajo el ré-

gimen de encarcelación preventiva, esperando procesos que no lle- gaban. Seis 0 siete años para nada. Y ni una palabra de excusa. Yo tuve la suerte de ser elegido diputado al cabo de cuatro años de cárcel de alta seguridad, y salí gracias a ese estatuto. Al cabo de dos meses,

hubo una gran discusión en la Cámara de los Diputados para saber si debían retirarme la inmunidad parlamentaria, y perdí por 296 votos

contra 300. Por cuatro votos negativos, tenía que volver a la cárcel. Ahora bien, la situación era tan tensa que temía por mi vida, y prefe-

rí marcharme a Francia. Por cuatro votos

15

Delretomo.Abecedariobiopolítico

¿Le dejaron salir del país?

No, me escapé. Pero siempre he pensado que me dejaron escapar,

porque tenían, claro está, informadores, y si hubieran querido impe

dírmelo

radicales, que habían hecho que me eligieran en sus listas para sacar-

me de prisión, y que sin embargo tres meses después me condenaban

a volver

La paradoja reside en que esos cuatro votos eran los de los

Si no le hubieran elegido, habría seguido en la cárcel como los de- más

Sí, y me imagino que seguiría allí.

Como Adriano Sofri

Sofri entró en prisión hace tan sólo cuatro años. Fue arrestado en aque

llos tiempos, pero no por las mismas razones. Y fue arrestado de nuevo hace diez años. Toda esta historia ha sido organizada como una ven-

ganza, porque Sofri, repito, fue acusado de haber organizado el asesi nato del famoso comisario relacionado con la historia de la defenestra

ción de Pinelli, el anarquista acusado de poner la bomba de la piazza

Fontana. El anarquista no tenía nada que ver con todo eso, pero murió. Y el comisario Calabresi, ése era su nombre, fue abatido por unos fran

cotiradores. La justicia acusó entonces a Lotta Continua, cuyo líder era

Sofri, basándose en las declaraciones hechas en los años ochenta, mu

cho más tarde pues, por un aarrepentido» más que dudoso que había sido militante de Lotta Continua. Todo el caso suscitó un gran revuelo en

Italia, las firmas a favor de la liberación de Sofri se han multiplicado,

pero no hay nada que hacer. Está condenado, así como otros dos ex

miembros de Lotta Continua, a veintidós años de prisión, está en la cár-

cel deñnitivamente desde febrero de 1997. Todo eso es absurdo. Cómo

16

explicárselo

A de

En Francia también ha habido mecanismos de venganza

propios del cuerpo de policía, y esos mecanismos son particularmente te

Alguien tiene que pagar.

mibles cuando uno de los suyos está implicado

¿Se ha dicho que las Brigadas Rojas no le perdonaron nunca su hui- da a Francia?

No, las Brigadas Rojas me tenían inquina por haber declarado que la guerra había acabado.

¿La guerra contra el Estado?

Conocía a al-

gunos miembros de las Brigadas Rojas, había seguido toda su constitu-

ción desde el interior, hasta sentía cierta simpatía por su movimiento, al principio del todo. Habíamos creado una revista que se llamaba Contro írrformazione, de la que yo era uno de los fundadores con algu- nos miembros de las Brigadas Rojas. Pero, en cierto momento, empe zaron a matar. ¡Evidentemente, yo ya no estaba de acuerdo! Pero tam- bién había muchos otros camaradas con los que yo estaba en contacto y que rechazaban esa lógica; así que juntos dijimos que no estábamos

de acuerdo. Además, el primer asesinato cometido por las Brigadas Rojas fue puramente accidental, la teoría vino después. Era absurdo, la

cosa ocurrió en Padua, en la universidad en que yo daba clases: ataca-

ron ia sede del Partido Fascista, y un carabinero inñltmdo respondió dis

parándoles. Le mataron. No había ningún proyecto de asesinato, era una defensa, pero, en el marco de la organización de las Brigadas Rojas, decidieron que había que justificar absolutamente esa muerte dándole una legitimación teórica. A partir de ese momento, cometieron locuras. El momento más grave correspondió evidentemente al caso Aldo Moro. Hicimos todo lo posible para salvar la vida de Moro, hasta fuimos a ha blar con un miembro del gobierno, Bettino Craxi, que estaba en esa

Si. Había que tomar una decisión. Es una larga historia

17

Del retomo. Abecedario biºpolltico

época a la cabeza del Partido Socialista: considerábamos que la lucha

armada había llegado a un punto sin retomo, y era absolutamente nece sario salvar a Moro. Había que bloquear a las Brigadas Rojas. Un año después, intentamos aislar a las Brigadas Rojas en el terreno de las fá-

bricas. Fue ahí cuando el Estado tomó la iniciativa y decidió <<quitarle

a los peces el agua en la que nadan»; ¡era su imagen! Poniéndolo en cla

ro: nos arrestaron a nosotros. En la cárcel nos encontramos con gente de

las Brigadas Rojas con quienes habíamos intentado razonar, eran cár celes especiales, estábamos todos juntos, eso facilitaba la amalgama a

ojos del público. Era cómodo para el poder: me acusaron de ser el jefe

de las Brigadas Rojas, el Movimiento estaba decapitado

¿Fue en ese momento cuando dijo que la lucha armada había acabado?

Redactamos un documento para decirlo. Lo llamamos el <<documen- to de los 90». Declarábamos que la lucha armada se había acabado, y que todos los que siguieran con ella de ahora en adelante eran ene-

migos. Las Brigadas Rojas contestaron que nos iban a matar. Y claro

está, había que empezar por mi. Era una condena a muerte. ¡Cuando

volví a Italia, en julio de 1997, me pusieron en una celda con el que debía matarme! Era divertido ver que el poder todavía intentaba ju-

gar con nosotros, cuando habían pasado veinte años. Todo eso hoy no

tiene sentido. El hombre encargado de eliminarme se convirtió en un

buen amigo, hemos montado juntos una cooperativa de ayuda a los detenidos puestos en libertad. Todavía quedan decenas de brigadistas

en la cárcel, a muchos les ha tocado la perpetua. Algunos se han con-

vertido en amigos muy queridos.

Y entonces, ¿qué dicen ahora?

¡Que yo sigo siendº comunista, y ellos no! A veces hablamos de esa

época. Todos han cambiado, la perpetua deja tiempo para reflexionar,

18

Ade

pero también para hacer otras elecciones, para aprender, estudiar, elegir una profesión. Por eso mantenerlos en prisión, en el año 2002,

no tiene realmente ningún sentido, salvo el de la venganza pura y

dura. Uno de mis compañeros de celda es ahora el jefe de una enor-

me empresa de publicidad de la que es el representante romano, y vive así desde hace diez años que está en semilibertad. Se ha cons-

truido su trabajo, ha tenido un gran éxito; por la noche duerme en pri-

sión, y de día se transforma en un brillante jefe de empresa <<con éxi- to». Cuando yo también estaba en semilibertad, salíamos juntos por la mañana y volvíamos juntos por la noche, era un poco como un inter nado para chicos: nos encontrábamos y nos contábamos la jornada.

Y ese hombre que tenía que eliminarle, nunca había pensado real mente en ello, antes

Sí, es un poco raro de decir, pero es así. Es un buen hombre, sabe us- ted Cuando habla del pasado, le parece una locura, no lo compren-

de. En realidad, creo que para ellos es una experiencia de esquizo- frenia total. El sigue siendo de izquierdas, pero otros han pasado a ser de derechas. Al principio discutíamos mucho, ya que estaba en una

celda de cinco personas. Hablábamos continuamente. Ahora somos

dos, y a menudo nos dormimos después de haber visto un poco la te-

levisión. Con todo, el publicista-brigadista me contó por ejemplo una

historia increíble, a la vez divertida y triste, que se remonta a 1982, es decir, al final de la lucha armada. Formaba parte del comando que

secuestró a un general americano, el general Dozie3, un personaje

3. General apostado cerca de una base americana de la OTAN en Verona; fue

secuestrado por las Brigadas Rojas en 1982, en el momento en que el Movimiento había sido decapitado por una campaña de represión y de arrestos masivos, en que los grupúsculos armados multiplicaban las acciones aduras». Fue liberado por la po licla poco tiempo después.

19

Del retorno. Abecedario biopolídco

importante de la OTAN. En el comando, cada uno tenía una función precisa. La suya era llegar a la casa del general, inmovilizado, me-

terlo en una caja y pasárselo a otros. Cuando acabó de hacer lo pre- visto, se encontraba solo y se dio cuenta de hasta qué punto todo aquello era absurdo. Entonces, sencillamente le apeteció ser un ver

dadero ladrón, por una vez, y se metió en los bolsillos las medallas de

guerra del general y las joyas de su mujer, sin decirle nada a los de- más brigadistas, claro está. En realidad estaba completamente en cri- sis, el combate de las Brigadas Rojas había acabado y lo sabía, ¡y ro-

bar joyas y medallas era un poco un gesto de supervivencia! Más

tarde, cuando fueron juzgados por ese secuestro, todos fueron con- denados a perpetuidad, pero a él le condenaron a perpetuidad más

tres meses por <<robo agravado»: y los otros tres le miraban pasmados

La cárcel está

al enterarse de toda la historia en la sala del tribunal

llena de este tipo de historias terribles, cómicas a fuerza de ser trá-

gicas.

También hay que decir que robar era una verdadera transgresión,

porque en general los brigadistas vivían en la miseria. Todos reci- bían un salario de obrero, el salario mínimo que les daba el partido revolucionario; pero vivir en clandestinidad era difícil, y los gastos eran astronómicos. Vivían pues en la más total de las miserias, siem- pre listos para huir, para pasar de un piso a otro. De ahí ese robar jo- yas, porque uno está en plena crisis política y sueña con ser, por una

vez, un simple malhechor

'

No todos los miembros de las Brigadas Rojas fueron arreStados

Sí, casi todos, menos los que están en Francia, y algunos que están en Brasil, en Inglaterra, en América Central. Pero los demás si, todos

fueron arrestados.

En resumidas cuentas, a partir del momento en que firmamos el documento de los 90», la ruptura estaba consumada, incluso en la

20

Ade

cárcel. Declaramos una política de separación total en relación conla lucha amada. Empezamos esa acción en 1981-1982, y los brigadis- tas acabaron por seguimos en 1986. En la Navidad de 1980 hubo una

revuelta en la prisión especial de Trani. La represión fue tan violenta que ese acontecimiento provocó una gran <<aceleración» de la toma de conciencia. Renunciar a la lucha armada y no volver a reconocer las acciones ocurridas en el exterior de la prisión es lo que se ha lla mado la <<disociación». El segundo elemento que permite comprender por qué la lucha armada duró tanto tiempo en Italia es cierta tradición comunista an- clada en la memoria de la resistencia al fascismo durante la Segunda

Guerra Mundial. Hubo una homogeneidad histórica muy fuerte entre

el movimiento de liberación y las luchas sociales de posguerra. La

resistencia antifascista es algo que ha atravesado las diferentes cul- turas italianas en el norte. El catolicismo también se encontró trasto

cado, y la gran crisis del catolicismo, con Juan XXIII, respondió a

esa realidad de los pequeños párrocos confrontados a los cambios bruscos de los valores y de la economía. En las pequeñas comunida- des que los jóvenes habían formado en Italia, después de 1968, ha-

bía dos problemas: la resistencia a la colonización capitalista de la

vida por un lado, y la emergencia del modelo de trabajo intelectual

por otro. Todo ello se añadió a la tradición comunista de la lucha de clases y al problema de la inmigración interna. Esto determinó una

radicalización de las luchas, es decir, una <<guerra de clases». Por lo

tanto, lo que ocurrió a partir de 1968 se percibió primero como la rea nudación de la <<resistencia», y es probablemente por esa misma ra zón por lo que aquello duró diez años, y no unas cuantas semanas

como en otros sitios, y fue con el tiempo como el movimiento se hizo

profundo. Italia es el primer país en que las luchas no sólo tuvieron lugar en las fábricas, sino que irrumpieron en toda la sociedad: se lu- chaba por la autorreducción de todos los precios colectivos, por ¡

ejemplo los alquileres o los tíquets de transporte público, se luchaba <

21

Del retomo. Abecedario biopolitioo

por una vida mejor. En Milán, por ejemplo, donde viví buena parte de los años setenta, había barrios que habían sido <<liberados» y donde no se pagaban impuestos, ni el transporte, ni los alquileres

Barrios

Si, autogestionados. Eran barrios en los que se podía experimentar otra organización, una organización de la alegría impresionante. Si la policía entraba en el barrio, enseguida era expulsada. Todas las casas libres eran ocupadas, se trataba de pisos que se recuperaban para ser habitados. Yo vivía al borde de uno de esos barrios, había una vida in- creíble, inimaginable.

Volvamos a la revuelta de Trani.

Era una prisión especial, una división de alta seguridad para los de tenidos políticos donde estábamos todos confinados. Hubo una re-

vuelta, los guardias fueron hechos prisioneros, levantamos barrica das en la prisión durante tres días. Llegó la policía y dio la orden de asalto. Era la guerra. Entonces, para seguir resistiendo, tiramos las basuras, luego atacamos las tuberías. provocamos inundaciones y empezamos a romper las paredes, intentamos armamos por todos los

medios. Piense en las películas americanas,

es precisamente eso

Después, cuando la revuelta fue reducida la policía había atacado con explosivos desde helicópteros , la policía nos apaleó hasta los

huesos, a todos, uno tras otro, hubo episodios de tortura. Eramos treinta en una única celda, y de vez en cuando entraban los guar- dias Todo aquello era muy duro. Nunca he sido romántico en políti-

ca. Es cierto que los extremistas se convirtieron en terroristas. Pero debo decir que a pesar de todo he salido de todas estas situaciones

confianza. Siempre he considerado el asesinato político

con cierta

22

Ade

como un crimen, y por lo tanto había que resistirse. Pienso que las

Brigadas Rojas, que eran extremistas, se convirtieron en terroristas porque los condujeron a ello. La mayoría de las relaciones de fuer- za de la época no dejaba ninguna escapatoria. La única línea que nos hubiera permitido ganar realmente era la constitución política de un partido, de una organización o de un movimiento. Es lo que inten- tamos hacer, pero en ningún caso se podía precipitar la cosa, a pe- sar de que el terrorismo de Estado nos empujaba al desliz. En la cár- cel nos dimos cuenta de que había que negociar la paz.

¿Y no permanecer en una situación romántica en que se habría te- nido que elegir entre todo o nada?

Había que pensar en la forma de salir de ese callejón sin salida, y los

acontecimientos ocurrieron en ese sentido. Ahora todo eso se ha aca-

bado. salvo en algunos círculos estalinistas muy duros Después de aquello, mi problema fue salir de prisión: fui elegido diputado, fui li- berado gracias a mi inmunidad parlamentaria, hubo una batalla par lamentaria para retiránnela, huí a Francia en el momento en que iba

a volver a ser encarcelado

Esperé realmente hasta el final de la ba-

talla parlamentaria, pero sabía que me querían volver a meter en pri- sión. Nadie podía aceptar una alternativa abierta. Era necesario hacer

que mi caso recayera en el sistema judicial, en los meandros de la

magistratura

Hay que saber que a menudo, en Italia, todo se resume

a eso. El poder judicial se ha convertido en un poder casi enteramen-

te independiente. Aquella época era el inicio de la sociedad de los

jueces: ese poder se ha vuelto exorbitante porque llegó a acuerdos con la izquierda política del país. La gente de izquierdas entendió que

cabía la posibilidad de hacer cualquier cosa. Cuidado, estoy conven-

cido de que la justicia es en sí misma absolutamente necesaria; pero el drama viene cuando reemplaza enteramente a la política, cuando llena el espacio político y llega a dictar sus leyes. Lo que ocurrió con-

Delretomo. Abecedario biopolftico

tra la extrema izquierda a finales de los años setenta es lo mismo que

hicieron los jueces diez años después contra los socialistas y los ber lusconianos. Ese contragolpe es bastante divertido Entonces decidí escaparme. Aquello representó un segundo des- garro en relación con mis amigos, con todos los que se quedaban en

prisión

quedo con todos vosotros, en la cárcel, os quedáis conmigo, y os mantendrán ahí durante años; si me voy, seréis liberados». Eso es lo

que ocurrió En ese mismo momento había una crisis general en Italia, eco- nómica sobre todo, estaba ocurriendo una gran transformación, esa

transformación que intentábamos describir desde los años setenta. Si

hoy acude usted a Venecia, encontrará jefes de empresa que han sido

obreros <<rojos» y que se han convertido en pequeños patronos. Es

ahora cuando toda la transformación capitalista de los años ochenta se vuelve visible. Esos nuevos empresarios siguen siendo bastante

duros políticamente, se han vuelto ricos pero desprecian el dinero. No se les permitió llegar hasta el final de sus luchas, y han acabado por subirse al tren de la transformación de la producción; algo que to dos ellos habían previsto mejor que los demás, precisamente porque

era por ello por lo que luchaban. Es un epílogo bastante extraño En Italia, por lo tanto, una cosa es cierta: ¡hemos perdido la oca-

sión de modernizar la política! Todo fue bloqueado por una represión

había tal fuer

za de invención y de producción puesta en marcha, tal alegria que no

pedía más que expresarse

Y estaba además la conciencia de la ve-

que se apoyó ella misma en la delación. Y sin embargo

Mi argumentación era, creo, bastante razonable: <<Si me

locidad de la transformación social, era una anticipación extraordi- naria. En ningún otro país europeo esa conciencia fue tan clara como

en Italia. Cuando Schumpeter habla de la verdadera innovación que

representa la nueva fase del desarrollo capitalista, dice exactamente eso: una experiencia de difusión del capitalismo en el campo social entero. Cojamos un fenómeno reciente en la producción como la in

24

A de

formatización. No es la informatización la que ha determinado la so- cialización de la producción, es la socialización de la producción la

que ha hecho necesaria la informatización. Lo que ha ocurrido es pues esa gran novedad de la socialización del capital. Eso es lo que los patronos no querían ver en los años setenta, y que han acabado aceptando diez años más tarde

¡Con pérdida del ideal!

La represión ha corrompido algo evidentemente, no se asesina a una generación sin dejar huellas. Y la gestión politica y social de esa

transformación ha sido retrasada. El paso de la producción material a la producción inmaterial es algo que el Partido Comunista y los sin-

dicatos no han conseguido asimilar

vida han nacido; porque el paso era ontológico, profundo: la gente ha

modificado sus ritmos, sus relaciones sociales, sus relaciones de tra- bajo, su vida personal. En realidad, han descubierto que ese nuevo

tipo de trabajo era más valorizador, que desplazaba las relaciones de

poder y suscitaba otras. Es exactamente lo que decíamos, hace trein- ta años

Toda una serie de estilos de

Trabajadores de la posmodernidad

Si, pero hay que entender que esa posmodernidad, esa Silicon Valley italiana que encontramos hoy en el nordeste del país, ha sido reali- zada por gente que venía de la miseria y de la experiencia de la inmi- gración interna, y que es la lucha política la que ha permitido su transformación. Es muy marxista, esta vieja idea según la cual son las luchas las que hacen la historia, y no sólo la historia, porque ade- más difunden por todas partes una conciencia, y ése es un poco el principio que encontramos en todo mi trabajo teórico.

25

Del retomo. Abecedario biopolítico

Es decir, que la acción toma de todas formas la apariencia de una lucha.

Sí, porque la acción es una lucha para constituir el mundo, para in- ventarlo. Estoy convencido de que ya hemos hecho grandes progre- sos enla transformación de la naturaleza, en su superación. Actuar,

luchar, todo eso quiere decir crear.

Pero no es la naturaleza en si misma el enemigo principal

En absoluto, la naturaleza es una amiga, aunque a veces sea si

nónimo de hambruna, o de frío. Tengo recuerdos horribles del frío:

recuerdos de niño durante la guerra, y recuerdos de adulto rela-

cionados con la cárcel. Es terrible cómo la prisión ha repetido la infancia.

¿Era la miseria la que volvía de esa forma para usted?

Si, ¡pero siempre estaba mi madre para ayudarme a meglármelas!

La figura materna por una parte, y la comunidad de amigos por otra: la riqueza de las relaciones afectivas es un calor que ayuda

enormemente. Mi madre murió cuando estaba en la cárcel, no me permitieron salir, ni siquiera una vez, para verla antes, ni para su entierro. Italia es un país católico, y por lo tanto cruel. E hipócrita. Les tiembla la voz al anunciaros que vuestra madre ha muerto, pero ni hablar de dejaros salir media jornada, porque la cárcel no es sólo

el encierro, es también el sufrimiento. Si no se sufre, no se expía.

Recuerdo que tuve unos dolores reumáticos terribles después de

aquello. Era el cuerpo entero quien reaccionaba, quien se acordaba. Era en 1982.

26

Ade

Esos añosfueron muy duros

La situación era de verdadera locura, había una violencia enorme. Y sin embargo, seguía pensando, escribiendo, trabajando. No puede us- ted imaginarse lo que representó el movimiento de contestación en

los años setenta. Había alegría.

La alegría prevé un mecanismo de experiencia, un proceso, un dis- positivo en el cual la relación entre el mundo y uno mismo es tal que siempre la podemos cambiar. No hay alegría solitaria. La alegría soli- taria es la de los santos, pero en Milán la gente no era santa, no hacían más que experimentar juntos. Era una experiencia hecha, vivida, bus cada, estábamos en una inmanencia total. La puesta en común de esa experiencia es la libertad. Todo eso es lo que los griegos llamaban

Bios, es decir, la vida en su conjunto. El salario no era más importante

que las luchas, o la familia más importante que la comunidad, o la vida intelectual más importante que la gestión del cuerpo: lo absolutamen

te revolucionario era justamente querer vivir la totalidad de la expe-

riencia humana. En esa relación entre acción y Bios estaba toda la ex-

Se nos

pectativa_ de una transformación, toda una idea del porvenir

olvida demasiado a menudo que el pensamiento exige tiempo para ser

desarrollado. La situación italiana, su excepcional duración, permitió

al mismo tiempo esas experiencias y la formulación de un pensamien

to revolucionario real. El <<pensamiento del 68» no tuvo lugar en

Francia, fue una experiencia demasiado breve. Sólo hay uno o dos pen- sadores de 1968 que hoy siguen pensando ese acontecimiento y sus

consecuencias, tanto reales como simbólicas. En Alemania se pasó

muy rápido a los epígonos de la Escuela de Frankfurt. Pero en Italia hubo por lo menos dos o tres corrientes de pensamiento y de experien cia muy importantes, de forma negativa y positiva a la vez: por un lado, el fenómeno de las Brigadas Rojas y de los grupúsculos terroris- tas; y por otro, intelectuales y trabajadores, estudiantes y mujeres me- tidos en otras corrientes: lo que se llamó el Movimiento.

27

De] retomo. Abecedario biopºlfúco

¿No hubiera sido encarcelado si no hubiera habido pensamiento?

El verdadero pensamiento es algo muy peligroso. Mire usted este nú- mero de L'Osservatore Romano que acabo de recibir, es el periódico

oficial del Vaticano, sobre la reciente gracia que ha sido concedida a un brigadista. El periodista escribe: <<No debemos olvidar que a me

nudo hemos asistido, en estos últimos años, a una especie de retorno ex cathedra de los principales ideólogos del terrorismo, personajes como Toni Negri y Renato Curcio . No sólo gozan de un régimen de libertad más o menos controlada, sino que son de nuevo actores de

la escena social

¡Es un ejemplo de verdadera inquisición! Veinte

años después, sólo te dejan el derecho de ser invisible. Se es culpable a perpetuidad, para siempre.

».

Como si usted hubiera incitado al crimen

Ese no es el problema. Curcio, el fundador de las Brigadas Rojas, ha pasado treinta años en la cárcel, ha pagado, por qué ensañarse

Decía usted que el pensamiento

exige tiempo

Si, la constitución de un pensamiento de época exige tiempo. No hay

una <<denominación 1968» de origen controlado que pueda preten-

der una autenticidad absoluta. Y, sin embargo, 1968 se ha converti-

do en un logo fácil de manipular. Yo me incluyo entre los que piensan que 1968 determinó una relación entre la acción y la vida que impli có un cambio de paradigma fundamental a largo plazo, que modificó

4. Renato Curcio fue uno de los fundadores de las Brigadas Rojas. de las que representa en cierta manera la aprimera generación». Arrestado en I975. fue con-

denado a treinta años de prisión. Desde finales de los años noventa goza de la liber- tad condicional.

28

A de

las relaciones con la vida, con la historia; 1968 no es una revolución,

es la reinvención de la producción de la vida.

A partir de ahí, la vida ha sido vivida de forma diferente. Incluso

el capitalismo se ha vuelto diferente, con la virtualización del traba- jo y la mundialización, la socialización de la producción, la desapa-

La experiencia vivida se ha

vuelto completamente diferente, el intelectual ha dejado de ser una figura que podía separarse de la vida, de las pasiones. Siempre se dice que la gran revolución del pensamiento ha ocurrido a través de Marx, a través de Freud, pero eso es una idiotez. El verdadero cam-

rición progresiva de los Estados-nación

bio se produjo por esa reconquista de la vida. La dominación, el po-

der son listos; han reinado sobre la vida porque habían entendido que había que dividirla: el trabajo, los afectos, lo público, lo privado. Y la idea moderna del Estado ha funcionado durante siglos de la misma

Desde ese punto de vista, la re-

forma, con la división y el miedo

composición de la vida ha sido fundamental: uno de los eslóganes de

los años setenta decía: <<l

todo». Eso es lo importante: todo.

oqueremos

Durante su infancia, conoció la pobreza

Nací en el Véneto, en Padua, en una familia que se había instalado allí en los años treinta. Recuerdo un país extremadamente pobre, donde la gente tenía que emplearse cada año en otros lugares como trabajadores temporales. Pero no se marchaban con sus familias, iban solos. Era una región muy católica. Para los Veneti, el gran eje de emigración era Suiza, Alemania, Francia, Bélgica. Hoy en día, el Véneto es quizá la región más rica de Europa. Lo que ha ocurrido du- rante cuarenta años testifica una evolución increíble. ¡Antes ese país era apenas más rico que Sicilia, y hoy es la región más próspera de Italia, con 7,8 millones de habitantes! Recuerdo los años de guerra en el campo, vivíamos en la miseria, como los campesinos, y también sobrevivíamos gracias a ellos porque nos daban lo que tenían; era el

29

Del retorno. Abecedario biopolítico

reparto de la miseria. La casa tenía moho y humedad hasta la altura

de un hombre, los techos no eran estancos y llovía en el interior, no

había agua caliente. Mi padre fue uno de los fundadores del Partido Comunista en Livorno en 1921, y era secretario del ayuntamiento en

un pueblo cerca de Módena. Durante el período fascista, fue humi

llado, apaleado, perseguido. Acabaron por echarle. Murió en 1936.

Yo tenía dos años. Mi madre era maestra en una escuela primaria. Empezó a trabajar cuando murió mi padre. Salía a las cinco de la ma

ñana y volvía por la noche: tenía tres hijos, y de alguna forma había que

vivir

que saliéramos adelante. Mi padre venía de una familia proletaria de Bolonia, era obrero. Realizó sus estudios siguiendo clases nocturnas. Mi madre venía de una familia de pequeños propietarios agrícolas de Mantua, muy ge- nerosos y que siempre la ayudaron como podian, pero no tenían gran

Mi madre nos ayudó mucho, trabajó como una loca para

cosa, mantequilla, queso de vez en cuando. Hoy, la transformación

del Véneto es increíble. Me alegro de que los vénetos se hayan vuel-

to ricos, tuvo lugar una aceleración económica inimaginable. Hoy es

difícil describir el clima que reinaba allí hasta principios de los años

sesenta. Recuerdo un día yo era entonces joven secretario de la Fe- deración Socialista de Padua en que me dijeron: <<Escucha, se pre para una manifestación en un pueblo porque el párroco ha decidido

impedir la proyección de La Dolce Vita de Fellini, tenemos que hacer algo». Decidí acudir para darme cuenta por mi mismo de la situación.

Vi a la gente protestar contra ese cura, que era un verdadero dictador.

Era la época en que a las mujeres que trabajaban en las fábricas les estaba prohibido llevar pantalones, y, sin embargo, era muy peligroso trabajar con faldas. Así que imagínese a esa gente ante La Dolce Vita,

y el proyector en la noche, que proyectaba las imágenes Siempre

me acordará de esa multitud de diez mil personas, sumidas en la os curidad porque el alcalde, un demócrata cristiano que estaba de acuerdo con el párroco, había cortado la luz en parte, y todos viendo

30

.Ade

la película. Era Fellini en el país del neorrealismo, era increíble.

Tenía entonces veinticinco años, y sin embargo no soy tan viejo.

Todo empezó en el interior de esas contradicciones profundas, a par-

tir de ellas.

'

Y si prosiguiéramos con A de Atentado

Nunca he cometido atentados, me acusaron de cometer atracos

¿Atracos?

Sí. Entrar en un banco y coger dinero. Pero no participé en ningún _ atentado, me parece una vileza. Coger dinero, si es necesario, puedo

entenderlo: es un acto. Como decía Brecht, entre fundar un banco y desvalijarlo, no se sabe qué es lo más criminal. <<Acción», tomemos

' mejor esa palabra. En la acción están a la vez la espera y el porvenir;

lo cual no es cierto para <<atentado», porque eso es otra moral: creo 'que como mucho puedo intentar comprenderla, pero no compartirla.

Entonces digamos: A de Acción, Espera* y Porvenir**.

Actuar es formar nuestro mañana, si consider os la filosofía como algo que nos ayuda a vivir. Hay una relación esencial entre el pensa-

miento y la acción; el Erlebnis, como dicen los alemanes, es la ex- periencia vivida: la reflexión sobre la experiencia, la experiencia para la reflexión, 0 si quiere la reflexión para la vida, tanto vivida

como pensada, y que pasa a actuar. El único criterio de verdad, para mí, es la acción, es decir, lo que

* En francés, Attente. (N. de la T.)

** En francés, Avenir. (N. de la T.)

31

Del retomo. Abecedario biopolftico

permite tocar la verdad. La verdad es ella misma una acción, un ac-

tuar lingiiístico, una verificación, una confrontación. Cuando se ac-

túa, se sobrepasa la soledad porque actuar es buscar la verdad, y la verdad siempre es común. No se sale de la experiencia solitaria sino actuando. La acción no es un movimiento muscular o un esfuerzo fí sico, sino la búsqueda de lo común. Me imagino que este tipo de ra- zonamientos, que cultivo con cariño desde siempre, se explica por la formación que recibí. He tenido una educación social-comunista. He conocido la militancia y, para mi, no hay verdad fuera de lo <<co- mún», fuera de lo que puede pertenecer a todos y verificarse en el lenguaje, en la cooperación y en el trabajo. Una verdad es una acción colectiva, seres que militan juntos y que se transforman. Veo la ac- ción como algo que constituye la comunidad, que produce la sustan-

cia de nuestra dignidad y de nuestra vida. El sentido de la acción se

sitúa en ese nivel. En varias ocasiones, en el transcurso de mi educa- ción sentimental, filosófica y política, me he visto redescubriendo la

comunidad. Por ejemplo en Padua, al principio de los años sesenta,

en el momento en que acababa mis estudios universitarios y que se abrían ante mi, al mismo tiempo, dos nuevas vidas: la de investigador y la de militante político. Todos nos sentíamos frustrados por la so- ciedad en que vivíamos, descubrimos otra manera de vivir en comu- nidad. Estudiamos y trabajamos juntos, éramos numerosos. Me pa- recía que encamábamos una versión moderna de los averroístas que se encontraban en Padua en el siglo XVI una gran escuela materia lista y atea ; estábamos al servicio de un Général Intellect que co- nocía la acción, exactamente como en Spinoza. Y la acción era exac- tamente la búsqueda y la construcción de lo común, es decir, también la afirmación de la inmanencia absoluta de ese común. Pero tam- bién era la acción como pasión de lo común. En realidad, lo que más miedo me da es estar sin pasión. La lectura también es una pasión. Mi hija mayor me ha dicho a veces: ¡no me has dado nada que leer, cuando tú has leído decenas de

32

Ade

miles de libros! Sin embargo, tiene un talento visual que le envidio es cineasta : comprender y transformar el mundo en imágenes es

un arte.

-

Hoy en día la vida ha cambiado y, al contrario de lo que común-

mente se piensa, la gente se ha vuelto más comunista que antes. En

mi generación, fuimos educados para hacer las cosas solos. Hoy, ni-

veles de comunidad y de puesta en común coexisten en todas partes:

hasta para escribir un artículo en el ordenador hay que apelar a un saber común o a Internet. Ahora el lenguaje se ha convertido en la

forma más avanzada de la comunidad, no existimos fuera del len-

guaje. Y cuando ese lenguaje se hace visual, es el cuerpo mismo quien interpreta lo común. El saber corporal es un conjunto de cono-

cimientos, de pasiones, de visiones, de comportamientos, de deseos,

de reapropiaciones

Dicho esto, hay que volver un instante al concepto de Bios por que creo que representa una expansión muy imponente del concep

to de acción. La crisis de los años setenta, la duración de esa crisis, su

profundidad, es la acción convertida en Bios. En Italia se trataba de

un movimiento general que se oponía a la mercantilización social y

prefiguraba nuevos estilos de vida. Asistimos a la emergencia de un

movimiento de resistencia de todas las culturas minoritarias contra la

mercantilización del mundo. Actuar es a la vez un conocimiento y

un conjunto indestructible.

una rebelión.

_

Por lo tanto ese movimiento ha tenido diferentes orígenes. Su

arraigamíento en la clase obrera fue fundamental: los obreros ha bían llegado al límite de lo que podían soportar en el contexto del sis- tema taylorista de organización del trabajo. Los comunistas habían ligado directamente la posibilidad de resistencia a esa clase de los obreros-masa. Ahora, de nuevo, la tradición comunista se atraiga en la resistencia. Pero el problema es que, llegados a aquel punto de la

crisis, el viejo esquema ya no bastaba. Para los obreros el santo y

seña se convirtió entonces en: <<Rechazo del trabajo». He participado

33

Del retomo. Abecedario biopolítico

en la experiencia de los Quaderni Rossi, la revista que sería la base

de lo que se llamaría más tarde el <<operaísmo italiano»º, a partir del principio de los años sesenta: por lo tanto he visto nacer ese movi- miento de rechazo en la Fiat de Turín y en el polo industrial y quími-

co de Marghera, cerca de Venecia, el Petrolchimico. Dicho esto, no

me esperaba en absoluto ver cómo ese rechazo explotaba con tanta violencia y fuerza después de 1968. El Movimiento, por otra parte,

se benefició de otro empuje: el que nacía de la crisis del mundo ca-

tólico y que había conducido a la elección de Juan XXIII. Por pri- mera vez, la base católica empezó a luchar en las fábricas al lado de los comunistas. Así fue como 1968 pudo durar diez años en Italia, y el movimiento de rebelión se hizo profundo, por su capacidad para reformar, por sus prácticas de <<autorreducción» y de reapropiación, por la institución de los barrios <<liberados» y autogestionados y por

la invención de una nueva forma de militancia y de un nuevo actuar

político. La alegría es un dispositivo que nos liga al mundo, es indisocia

ble de lo común, de la vida inmanente. Todo eso es lo que yo llamo el

Bios; y la revolución, en ese contexto, es haber vuelto a poner ese

Bios en el centro de la existencia humana. Acción y Bios: la espera de la transfºrmación y el concepto de porvenir. El pensamiento exige

tiempo, la constitución de un pensamiento de porvenir exige tiempo. 1968 no se repetirá, pero es un acontecimiento irreversible; ya nada

será como antes. Desde hace treinta años, el concepto de experien-

5. Se entiende por <<operaismo italiano» el conjunto de los análisis del des-

arrollo del capitalismo y de la sociedad italiana que han sido realizados de manera

homogénea por un grupo de jóvenes investigadores (Panzieri, Tronti, Alquati, Asor Rosa, Negri, etc.) en el seno de la revista Quaderni Rossi, entre 1959 y 1962. El ope-

raísmo continuará más tarde a través de las revistas Classe Operaia, Contropiana,

Potere Operaio, etc. Los operaístas desarrollan una teoría de las luchas obreras que

aplican en el análisis de las instituciones, los partidos y la historia del socialismo.

34

A de

cia vivida ha cambiado radicalmente: desde entonces el intelectual

ya no puede estar separado de la vida de las pasiones, las diferentes partes del hombre se encuentran de nuevo juntas. Tenemos entre nuestras manos la promesa de una sociedad sin miedo. Es lo que de-

cía Spinoza, y es lo que cuatro siglos más tarde redescubrieron las fe-

ministas, los obreros, los estudiantes y todos los que habían esperado y querido que algo cambiara en 1968. Algo ha cambiado: hay una re- composición de la vida.

35

B de

B de Brigadas Rojas

Hay que tener cuidado en no pensar en las Brigadas Rojas como la

totalidad del movimiento de los años setenta, y en ese movimien-

to como un paréntesis histórico, un término absolutamente aislado,

singular, separado. En realidad, el movimiento fue más bien una

trayectoria, un recorrido común a gran parte de mi generación. Todavía" hay gente a veces ingenua, más a menudo estúpida que sigue presentándome como el jefe de las Brigadas Rojas. el

cerebro malévolo. Ser profesor y ocuparse de política o, si lo pre- fiere, ser universitario y ser comunista, sólo puede significar lo si

guiente: maestro malvado, cat!ivo maestro. Es constemador.

¿Por qué todo esto ocurrió deforma tan diferente en Italia?

Hace

poco, varios periodistas americanos, después de Imperio, el li

bro que he escrito con el filósofo americano Michael Hardt, vinieron

a preguntarme por qué Italia era el único país que no había resuelto ni digerido mayo de 1968. Es una historia absurda. Podría presentarle

a personas que hoy están en el poder en los gobiernos europeos y que

vivieron las mismas experiencias que yo. ¡Pero yo estoy en la cárcel! Todo se ha vuelto del revés. Lo interesante no es mi historia en par-

37

Del retomo. Abecedario biopolltico

ticular, habría que contar la historia de una generación, para explicar por qué este relato no es posible más que en el año 2001. Algunos to- davía siguen en prisión o en el exilio, y otros se han convertido en hombres poderosos. Hay que entender que Italia es un país católico. A mediados de los años setenta y para responder a 1968, hubo una alianza perversa entre el catolicismo y el estalinismo. Lo que se ha llamado el <<com- promise histórico» era el del Partido Comunista y la Democracia Cristiana, que se pusieron de acuerdo para conducir una política co-

mún. En esa alianza, los comunistas se desligaron del ideal revolu

cionario, es decir, de la representación de los pobres y los trabajado- res: la gran represión italiana tocó a todos los que denunciaban aquello. Porque después de 1968, en Italia como en otras partes, hubo una enorme esperanza de cambio que se sostenía por las luchas,

y esa

en las fábricas, en las universidades, en los grupos de mujeres

esperanza es la que el compromiso histórico aplastó. Por lo tanto sólo

quedaba la represión. Además, toda la intelligentsia europea de iz-

quierdas apoyaba al Partido Comunista italiano porque mantenía

cierta independencia en relación con la URSS. Pero en realidad el Partido Comunista italiano pagaba esa libertad de crítica con alianzas

pactadas con el poderque gobernaba el país, y ello incluía la muer- te, la traición, el espionaje, las provocaciones.

Las manifestaciones se vieron conducidas a afmarse en ese momen

to, en Italia

Si, ya hemos hablado de ello. En Italia, entre 1943 y 1945, había ha-

bido una guerra de resistencia extremadamente poderosa. Veinti-

cinco años después, en 1968, la memoria seguía ahí, porque el anti- fascismo estaba ligado a la lucha de clases. Los pobres, en Italia, por

lo menos en el norte, seguían siendo antifascistas. A partir de los años sesenta la izquierda extraparlamentaria penetró todas las capas so-

38

B de

ciales, y en particular en las fábricas. La ruptura con el Partido

Comunista oficial se efectuó a ese nivel, lo que condujo al Partido a

una regresión fuerte, precisamente porque la oposición era obrera. Es

difícil imaginárselo hoy en día

italiano estaba particularmente abierto a los valores occidentales

y era reactivo en relación con la línea soviética, reprimir la extre-

ma izquierda era entrar con pleno derecho en el sistema oficial de los partidos ((del mundo libre». Y ahí es donde la gente reaccionó. Imagínese lo que hubiera ocurrido si, en Francia, hubiera habido una

En Francia,

Además, como el Partido Comunista

mayoría de extrema izquierda en Renault 0 en Citroén

durante los acontecimientos de mayo de 1968, fueron los obreros los que no siguieron el movimiento: los intelectuales dirigían el movi- miento de rebelión, pero los obreros no. En Italia ocurrió lo contra- rio: eran los obreros que se oponían al compromiso histórico quienes dirigían las luchas, no los intelectuales. Los detenidos de las Brigadas Rojas con los que estuve en pri-

sión durante los años ochenta y después de mi vuelta, en 1997, pro

vienen de ambientes populares. Creyeron verdaderamente que esta- ban haciendo la revolución.

¿No pensaron que una vía pacífica era posible?

Nadie lo pensaba en aquella época, y yo tampoco. Todavía hoy, creo que existe la violencia del Estado. Y que la respuesta puede ser no

violenta, pero seguro que no <<pacífica»: en todos los casos, sigue siendo una resistencia. ¡El capitalismo tampoco es pacífico! No pue de subsistir sin violencia. Nos cuentan que el capitalismo es natural, porque el mercado y el intercambio son las formas naturales de la vida civil: nos hacen creer que no hay otras formas de imaginar y realizar formas de producción y de reproducción de las riquezas y de

la vida. ¿Entonces? Todo eso es violencia. El problema en aquella

época no era la búsqueda de una vía pacífica. Era elegir entre la re-

39

Del retomo. Abecedario biopolítioo

sistencia a esa violencia, como yo lo hice, y la utilización de esa mis

ma violencia armada , como hicieron

En Italia, para vencer al terrorismo, el gobierno y la policía pro-

cedieron montando dos operaciones: la primera fue criminalizar a los

intelectuales que participaban en las luchas; y la segunda, la dela- ción. El sistema de los <<arrepentidos», es decir, el reconocimiento ju- rídico de la delación, concedió la libertad a todas las personas que es- taban dispuestas a <<confesarse», cualesquiera que fueran sus cargos de inculpación. ¡Algunos habían cometido una decena de asesinatos

y fueron liberados inmediatamente! Muchos contaron cualquier cosa

para poder salir. Los que pensaban de cierta forma fueron criminali zados, y los demás fueron utilizados para acusarlos. Por lo tanto, cuando unos militantes eran arrestados con el arma en la mano, la po- licía les decía: <<Querido amigo, o te pudres en la cárcel y te juegas la

las Brigadas Rojas.

vida, o hablas

».

Algunos dijeron la verdad. lo que ya era algo trági

co en si porque aquello se saldaba con decenas de arrestos, otros con-

taron mentiras e hicieron que se condenara a inocentes. Lo repito, la mayoría de los inculpados en mi proceso, el xproceso 7 de abril», fue ron absueltos después de seis o siete años de cárcel. Todavía hoy si- gue usándose el mismo método: entre todos los delitos cometidos, la policía sólo actúa sobre una decena de ellos, porque son los delitos ejemplares, los que corresponden a ciertas repeticiones estadísticas y

para los que hay que inventar ejemplos de represión. Alrededor de todo esto, la gran labor de la policía es encontrar informadores

Todos los que piensan en la policía exclusivamente como un <<gran cuerpo», como una fuerza física de protección de los ciudadanos, co

meten un gran error. La otra policía, la policía inmaterial, es la que crea orden a partir de la delación, con las consecuencias que se pue-

de imaginar.

'

C de Campo

C de

C. para mi, es ante todo Campo. En italiano sólo hay una palabra para decir a la vez xchamp» y <<camp»*. Por lo tanto me gustaría elegir mi <<campo» como un campesino va a trabajar su campo, o como un lin- g(lista explora campos semánticos. Pero el francés es una lengua

compleja: en su lengua, de igual forma tendría que elegir mi acam-

pc» como uno se encuentra en un campo de batalla, y es precisamen- te a esa lógica a la que me opongo, y de la que intento escapar. Elegir <<campo», de acuerdo, pero mientras sea para cultivarlo y hacer que crezcan plantas, deseos, lazos: la vida, no la guerra. Dicho esto, el verdadero problema es el de la elección: la elec- ción del propio (campo», la elección de la militancia. No hay verdad que no salga de una elección de <<campo», porque la verdad nunca es

neutra. Cuando se pretende que la ciencia es neutra, se la condena a

la impotencia. Cuando se pretende que la vida es neutra, se la con-

dena al aburrimiento. La militancia es la forma a través de la cual volvemos accesible la alegría de la verdad y el placer de la vida. La militancia desarrolla un campo lingiiístico que corresponde a la ple

* Lo mismo sucede en castellano. Para mayor comprensión mantendremos las comillas para <<campo» en el sentido de abando». (N. de la T.)

41

Del retomo. Abecedario biopolítico

nitud de las pasiones, la militancia transforma la carne de la vida en un cuerpo singular. Entendí este estado de cosas cuando era jOven:

la elección de un <<campo» al que pertenecer se convirtió en un des- tino. Pero también fue una elección de la pobreza, la elección de per manecer con los demás, con los más desprovistos, con los más ex- cluidos. Por un lado, estaba la elección de la militancia; por el otro, la condición humana más desesperada. Cuando, en la filosofía contem- poránea, pienso en el papel que ha jugado lo que se llama el <<pensa- miento de lo negativo» (de Nietzsche a Benjamin, de Rosenzweig a '

Agamben), creo que esos pen sadores han entendido ese límite don-

de se libera la fuerza de vivir; aunque lo hayan hecho de manera desen carnada. Mi única reserva a propósito de esto es que ese límite no puede corresponder a un <<detrás de nosotros», situado en una historia y un espacio indeterminadºs: el límite está, al contrario, delante de nosotros, es el borde del tiempo, es el instante, el punto en que cada una de nuestras proyecciones vitales se lanza en el vacío. Esto es lo

que significa para mi elegir <<campo»: militar y, al mismo tiempo.

volverse a encontrar en la condición desnuda de la vida. Y también

jugarse cada instante como innovación de la vida en un tiempo que es

creación.

42

D de

Dde

Ha

habido dos verdaderos desgarros en mi vida: el de la partida y el

del

retomo. La partida era reconocer el fracaso, la decisión de que,

dada la situación, había que intentar seguir con vida a pesar de todo.

No sólo físicamente, aunque efectivamente mi vida estaba en peligro,

pero sobre todo intelectualmente. La vida física era importante, y lo primero que hice al llegar a París, en el exilio, fue una hija. Mi última

hija nació en 1984, tiene diecisiete años, para mí y para la mujer que

es su madre,_ y que en aquella época era mi compañera, significó la

reafumación de la vida.

El segundo desgano fue el del retomo, volveré a ello porque es

algo complejo. Quería volver porque políticamente, veinte años des-

Hablé de ello con mi al-

rededor, en París, y, a la vez, con numerosos políticos italianos. Pare- cían estar de acuerdo. Cuando llegué, todo se derrumbó. Apenas llegué a Italia, me acusaron de volver egoístamente para resolver mi proble-

pués, quizá se podrían reanudar los

ma

personal con la pena de prisión. Los jueces que debían determinar

mi

pena me añadieron tres años y medio de detención, y eso es todo.

Viví aquello como una verdadera traición, como si quisieran borrar la

historia, una verdadera derrota. Por suerte, los amigos estaban pre-

43

Del retomo. Abecedario biopolitico

¿que se habían quedado en Italia?

y con ellos volví a encontrar una comunidad. Volví a trabajar y a reinventar cosas. ¡Todavía no he tenido otro hijo, pero llegará!

Hoy, cuando piensa en ese desgarro provocado por su huida a Francia, ¿no se arrepiente de nada?

Me fui porque la lucha política tal como la habíamos pensado estaba acabada. Era un período de nuestra vida individual y colectiva, una cier ta singularidad histórica, que se había terminado. Escribí durante esos

años un artículo que he retomado varias veces desde entonces, porque

describe bien esa forma de toma de conciencia y de duda que era la nues- tra en aquel momento. Se titula: (Elogio de la ausencia de memoria».

¿Por qué ela ausencia de memoria» ?

Porque la memoria determina la continuidad. Y la continuidad siem-

pre es la expresión del poder. Había que apoyar un punto de vista subjetivo, romper lo ahorroso» que el poder había provocado para enmascarar nuestra historia y para instituir una continuidad de fa- chada. Es ese borroso lo que nos empujaba a la deriva, y lo que toda-

vía hoy nos tira hacia atrás.

¿ Y lo que impide la rebelión?

Lo borroso no impide la rebelión, la engulle. Lo borroso destruye todo lo que conduce a la rebelión. La rebelión nunca es únicamente

acción. La rebelión, el contrapoder, es resistencia, reflexión. Se tra-

taba de poderes nuevos, y la combinación de esos nuevos poderes es muy importante, fija el contenido de las luchas. Al principio de los años ochenta se volvió imposible. La continuación de la rebelión,

44

.

D de

que era nuestro fin, ya no tenía sentido, ni desde el punto de vista del sujeto porque la clase obrera y todos los demás sujetos de las lu- chas estaban en plena modificación , ni desde el punto de vista de la conciencia crítica. Había que reinterpretar todo aquello. Para mi, esa búsqueda de un nuevo proyecto era absolutamente fundamental.

Odio a la gente que dice: <<La clase obrera ha muerto y la lucha conti-

núa». No. Si la clase obrera ha muerto, lo que es cierto, todo el siste ma ligado a aquella relación de fuerzas entra en crisis. Al final de los años setenta la victoria del poder no reafirmó el viejo sistema, sino que,

al contrario. lo modiñcó profundamente. De esa forma, ha permitido la posibilidad de nuevas resistencias, de luchas, de líneas de fuga. Por lo tanto había que actuar dentro de esa novedad, contestar a la tenden

cia. en la realidad de las nuevas relaciones de poder que esa transfor

mación implicaba. Se uataba pues de grandes cambios históricos: paso

del fordisma al posfordismo, de lo moderno a lo

Esas

mutaciones no transformaban sólo las estructuras de la producción y

del poder, sino también los sentimientos de la gente, las formas del len

guaje y las expresiones del deseo. Esto fue lo que ocurrió. Se estable cieron nuevos códigos, se impusieron nuevas formas de mando, se dis- pusieron nuevos controles. ¡Ahí está el desgarro! Desde un punto de

vista subjetivo, parecía imposible poder soportar el peso de esa muta

ción, su enormidad. La vieja forma de la vida y de las luchas estaba rota en mil pedazos: como si cada dispositivo hasta el momento so brentendido por la acción práctica y por el pensamiento crítico se hu-

biera derrumbado

La vida se volvía cada día más

complicada, y los obstáculos que sobrepasar, más altos y difíciles.

Por lo tanto se marchó de Italia en un momento crucial, en que su supervivencia estaba en

Tuve una verdadera depresión. Esta palabra también empieza por D, ¿no?

45

Del retomo. Abecedario biopolítioo

¿Se trataba de un descorazonamiento profundo a de una verdadera depresión? ¿No sentía a pesar de ello la excitación de estar en un nuevo país?

No, Francia era un país que conocía bien, ni siquiera contaba con la atracción de la novedad. Mitterrand había ganado pero ya estábamos

en 1983, en septiembre. Era un período de crisis relativa, de cambios, ya no había aquella euforia de 1981. Eran ya las primeras desilusio- nes del mitterrandismo. Yo estaba en una situación extremadamente grave. Había abandonado a mis amigos en Italia. Toda la prensa ita-

liana se desenfrenaba sobre mi huida, que intentaba hacer pasar por una traición. Esa idea de que no se puede huir es particularmente

fuerte en Italia. Huir es traicionar. Pero lo increíble es que si, como

era predecible, la derecha iba a tacharme de cobarde, la izquierda me

arrojaba al fango. La izquierda decía: <<Hemos confiado en él, lo he-

mos elegido diputado, lo hemos elegido como representante de las

luchas, contra las leyes de excepción a propósito de la contestación social y el terrorismo, y se ha ido. Nos ha abandonado». En realidad, el Partido Comunista me odiaba porque era el símbolo y el reflejo de su propia crisis y estaba obligado a sacar consecuencias. Y la extre ma izquierda, o por lo menos lo que quedaba, había acabado por to- mar una posición completamente irrealista, porque estaba todavía convencida de poder ganar, lo que era una locura. No habia admiti

do la derrota. Yo había acabado por entenderlo; pero, desde un pun-

to de vista psicológico, aquello seguía siendo difícil de aceptar.

¿Tenía el sentimiento de abandonar efectivamente a sus amigos?

No, pero, ya sabe, no era fácil. Era como si me fuera para siempre. No sólo son difíciles de vivir los grandes acontecimientos políticos, están todas las cosas más sencillas a través de las cuales uno tiene la

impresión de estar en lo justo. Siempre hace falta tiempo para asimi-

46

D de

lar hasta qué punto los demás han sufrido. Estaban en particular los

camaradas de prisión, con los que había tenido relaciones muy inten- sas, muy fuertes.

¿ Y ellos no se sintieron traicionados?

Sí. No todos, pero buena parte de ellos. Y, vista la situación en que nos

encontrábamos, los que no pensaban en una traición no podían real- mente decirlo, aunque sólo fuera por los guardias, por la policía, para quienes eso hubiera representado una exaltación de la evasión. Se ju- gaban algo gordo, los procesos estaban desarrollándose o por hacer, no se bromeaba. Los más oportunistas decían: <<No somos como Negri, nos hemos quedado aquí, Negri nos ha traicionado». Los demás, los que estaban de acuerdo conmigo, no decían nada. La derecha y la iz- quierda me atacaban, hasta dijeron que era un filósofo malvado, un cartivo maestro, un maestro malvado. porque mi comportamiento no era socrático. Tendría que haber aceptado la Ley aunque la Ley fuera injusta, porque era la única posibilidad de defenderse. ¡Habría incluso que verlo! Me cayeron treinta años de reclusión en base a denuncias delirantes hechas por <<arrepentidos». Acababa de marcharme, había

esperado más de cuatro años un proceso que no llegaba. En cuanto no

estuve allí, el proceso pudo empezar. Bastó con que algunos <<arrepen tidos» me acusaran de todo y cualquier cosa: ellos querían salir de la cárcel, yo había huido; ninguna defensa era posible.

En Francia, ¿tuvo enseguida los medios para sobrevivir no sólo ma- terialmente, sino psicológicamente, y para seguir escribiendo?

Tenía muchos amigos. Estaba Félix Guattari, mi amigo más querido.

Me llamé Guattari durante un largo período, porque Félix me había prestado un piso para que pudiera vivir allí. El primer piso me lo ha bía procurado Amnistía Internacional. Era en la place dºltalie, en una

47

De! retomo. Abecedario biopolítico

torre, en el piso diecinueve o veinte. Estuve encerrado allí dentro du- rante dos o tres meses. Recuerdo que miraba a los pájaros dar vueltas en el aire; picaban bruscamente hacia abajo. También miraba los co ches, pequeñitos, abajo, y otra vez los pájaros, y los Entonces tuve una hija. Era lo único que había que hacer. Una

niñita espléndida. Era la buena Idea. No sabíamos qué hacer, hicimos

la única cosa razonable. En el fondo era muy divertido. Divertido y terrible, porque volvíamos a empezar de la nada. En Italia, el odio

por lo que simbolizaba se había estabilizado, casi solidiñcado. El

presidente de la República italiana había intervenido públicamente diciendo que yo era el tipo más vil que se pudiera imaginar, que yo era un ejemplo de la peor categoría lombrosiana. con carácter crimi- nal, un ser repugnante, peligroso. Cuando lo dice el presidente de la República, no resulta muy divertido. Era increíblemente violento, y

lo peor es que hubo gente honesta e inteligente que se lo creyó.

Y eso se ha anclado en las

Sí. Hoy, todavía vivo con ello. Da la impresión de que la tolerancia es mayor, porque estoy en silencio y en la cárcel. Pero bastaría con casi nada para que volviera a empezar: un artículo, la participación en un

coloquio, un libro que funcione bien en Estados Unidos no es resentimiento, es envidia.

Cuando

¿Cuándo apareció Félix Guattari en su vida?

En realidad, conocí primero a Deleuze. A Félix Guattari lo conocí

en 1978, y seguimos escribiéndonos con regularidad durante mi en-

carcelamiento. Vino a verme allí, a la cárcel, y gestionó mi llegada a Francia. Encontró abogados, preparó mi exilio. Me alquiló un piso a nombre de su hermano para que pudiera vivir allí. Era un piso muy bonito que daba a un patio.

48

' Dde

¿Realmente tenía ese carisma del que tanto se habla, más que Deleuze?

Deleuze era un personaje delicioso, ¡pero era un profesor, un intelec- tual! Hablábamos de muchas cosas, pero no podía decirle que estaba deprimido, cansado, que tenía problemas. No podía preguntarle qué hacer, era difícil explicarle lo que pasaba en Italia. Con Félix era po- sible. Y rápidamente empezamos a inventar cosas juntos, no sólo desde el punto de vista teórico. Montamos la primera organización <<verde» en Francia, pidiendo ayuda a los Verdes alemanes. Félix era

amigo de Dany Cohn-Béndit, pero sobre todo de su hermano. Yo te- nía un amigo en Alemania que era uno de los grandes personajes de la vida política, un miembro del Partido Verde salido de 1968. A tra vés de ellos organizamos una primera reunión. Reunimos a toda la extrema izquierda francesa, desde Yves Cochet a Krivine, en la sede

de la Iglesia protestante, en París.

Esas reuniones, que duraron de 1984 a 1986, tenían como objetivo

el intentar crear una unión entre los Rojos y los Verdes. Félix era un per

sonaje que pertenecía al mundo parisino, seguía los asuntos culturales, todos los tipos de experimentación. Y tenía una pequeña tribu, gente a menudo muy inteligente, muy interesante, aunque el intercambio con ellos ya se había vuelto menos importante cuando llegué a Francia. Félix tenía una capacidad de escucha increíble. Ínvitaba a todo el mun do, aquello me permitió conocer a todos los actores de la cultura pari- sina viva. Veíamos a toda la gente que nos interesaba. Estaba bien.

¿Y esa alianza Rojos-Verdesjimcionó en aquel momento?

No, porque los trotskistas no querían. En realidad, en Francia, los Verdes fueron inventados por Mitterrand, no era una verdadera cons trucción política autónoma. El sistema proporcional permitió apare- cer a la vez a la extrema derecha lepenista y a los Verdes. Más tarde se han convertido en otra cosa; pero en aquella época era difícil. No

49

Del retomo. Abecedario biopolítico

conseguimos concretizar nuestros proyectos. Estaban los trotskistas por un lado, y por el otro esa crisis de la izquierda que no conseguía

unirse. Ya no había luchas. La única posibilidad que se nos ofrecía

era la gran marcha de los <<árabes». A pesar de todo, estaba esa nove- dad, era interesante. Era el principio de la reivindicación de la cultu-

ra magrebí: una nueva hibridación.

Con SOS Racismo, entre otras cosas.

Empecé a escribir algunos pequeños artículos sobre ese tipo de cosas.

Sobre ese extraño Orfeo blanco, negro, verde, amarillo, sobre ese nue- vo grupo de personas que se encontraban por todas partes en 1986

y 1987. La idea de la hibridación era necesaria, reabrió horizontes.

Hemos vivido mucho tiempo sobre esa idea 'de lo <<local» convertido en <<global»: glocal, como lo han llamado los americanos. Hoy en día,

la gente habla varias lenguas y tiene varios niveles de lenguaje. Y no se

trata sólo de los hijos de inmigrantes, sino de nuestros propios hijos, porque la cultura se ha mestizado completamente. Me parece formida

ble, es una libertad total para mezclar e hibridar, esto permite expresar nuevos sentimientos, emociones diferentes. Y esto construye nuevos

sujetos, sujetos sin fronteras ni identidades deñnitivas.

Es cierto que la conciencia de ese proceso empezó en el momento del movimiento árabe», con una reacción muy violenta del Frente Na- cional*.

Y es un fenómeno que, en Francia, en gran parte, ha anticipado lo que

ocurriría más tarde en los demás grandes países europeos. Como siempre, hay que hacer un paréntesis: el problema de las anticipacio

* Partido político de extrema derecha fundado en 1972. cuyo líder es Jean-

Marie Le Pen. (N. dela T.)

50

D de

nes. Si hay una especie de pequeño orgullo científico que cultivo, es

el hecho de haber conseguido comprender con antelación lo que iba

a pasar casi siempre. Este método, que llamábamos <<tendencial»,

,consistía en anticipar el valor de las cosas que forman un dispositivo

tendencial, es decir, de las que pensamos que acabarán imponiéndo- se en el futuro.

¿En qué se funda?

La primera cosa que percibimos eran las mutaciones en el terreno del

trabajo. Ciertas transformaciones del trabajo se traducían inmediata- mente, tanto en la vida como en la formación de las ciudades, o en la

manera en que vivía la gente. La nueva organización del trabajo anti

cipaba, en realidad, nuevas formas de vida. Hoy, el problema se ha

vuelto aún más profundo, porque las formas de vida se organizan a partir de la producción. Dicho de otra manera: son las formas mismas

de vida las que se utilizan para hacer beneficios. Digo <<las formas de

vida», pero también hablo del lenguaje, es decir, de la posibilidad misma de comunicar. Por lo tanto, estamos aquí frente a dos aspectos

de una misma formación tendencial: por un lado, la inmaterialidad y

la sustancia comunicativa siempre crecientes del trabajo; y por otro, la hibridación de las formas, es decir, su investidura biopolítica. Y si volvemos a ese momento de mi partida de Italia, a ese des- garro de la partida, nunca he perdido la conciencia de ese cambio. En

esa partida estaba el sentido de una verdadera ruptura, de un verda-

dero cambio de paradigma. Se estaba formando otro mundo, y tenía- mos conciencia de ello. ¿Se trataba del paso de lo moderno a lo pos

moderno? Loposmodemo empezó como una categoría literaria, pero

rápidamente se convirtió en algo ontológico, profundamente ligado a todas esas maneras de vivir que eran las de la gente, esas maneras de producir y de reproducirse. Una nueva percepción del cuerpo, com- pleta, una nueva percepción de la potencia de la vida.

51

Del retomo. Abecedario biopolítico

Cuando estaba en París, aparte de Guattari, ¿a quién se sentía pró- ximo? Y el entorno psicoanalítica, ¿le recibió bien?

Lo repito, vivía el desgarro, el pasaje. Tenía a Guanari como amigo y a Deleuze como filósofo. Y al lado de Deleuze, a un grupo de spino zistas que eran grandes amigos: Alexandre Matheron, Pierre Francois

Moreau, Etienne

Eran realmente los amigos. Y también es-

taban marxistas en crisis, Jean Marie Vincent, Denis Berger, gen-

te que había luchado, construido sistemas, todo el grupo de París-VIII que había hecho el paso de Vincennes a Saint-Denis. Estaban los ita- lianos exiliados, a menudo gente muy inteligente, muy politizada, y

que ahora se han convertido casi todos en profesores de universidad,

en dueños de restaurantes, en directivos, etc. en fin, genios de la

desenvoltura . Todavía quedan ciento cincuenta personas que no pueden volver a Italia: han pasado veinte años, se han reinventado

otra vida, tienen canas, y muchos de ellos viven bien. Pero esto no

evita que esa imposibilidad no sea una verdadera herida.

¿Era usted el único que creía poder volver tranquilamente a Italia?

Si, ¡si que soy un imbécil! Pero también era el único que podia per-

mitírselo.

¿Le advirtieron sobre ello?

Sí, pero no estaba en condiciones para comprender, tenía también

problemas personales. Me estaba separando de mi compañera, vivía aquello como una traición. Es un desgarro íntimo que vino a añadir

se al desgarro de la partida. Aquella separación coincidió exacta mente con mi vuelta a Italia. Creo que con la distancia puedo dar una

interpretación algo más lúcida. El problema era comprender si la se- paración había causado el retomo, o si mi retomo había determina-

52

D de

do la separación. Creo más bien en la segunda explicación. Mi ex compañera se quedó en Francia, desde entonces se ha casado y ha te- nido dos hijos, y me alegro pero en aquel momento fue algo difícil de aceptar. En mi vida he tenido que afrontar muchas situaciones afec- tivas diferentes y complejas, pero creo haber vivido en esa separa- ción el mismo drama que el de la partida, pero al revés. Había habido

una verdadera traición del pacto de confianza y de solidaridad que

habíamos hecho. La traición que representaba la separación era de

nuevo y al revés lo que había vivido al marcharme de Italia, al

abandonar a los demás. Nunca he conseguido entender bien por qué tuve unas ganas tan violentas de marcharme, a pesar de la temible an- gustia. Necesité tres meses. Era en 1997, había acabado de escribir Imperio con mi amigo Michael Hardt. Esperábamos que mi retomo permitiera plantear el problema de los años setenta y encontrar una solución para todos aquellos que todavía están en prisión o en el exi-

lio. En realidad la cosa estaba ligada al éxito de los trabajos de refor

ma constitucional que estaban ocurriendo en Italia. Y todo el mundo estaba convencido de que la cosa acabaría bien. Pero hubo un en-

frentamiento muy fuerte entre la derecha y la izquierda, y el proceso se bloqueó. La reforma no tuvo lugar. La solución política fue engu-

llida. Me quedé en prisión, los jueces ampliaron mi condena con tres años y medio. Mi pena ha alcanzado diecisiete años y medio de cár

cel. Y aunque ahora esté en régimen de detención altemativaº (así se

llama en Italia la semilibertad y la asignación a residencia), sé que no

seré completamente libre hasta octubre de 2003, y no antes. Es un

poco largo, ¿no?

6. Desde mayo de 2002, Antonio Negri tiene autorización para no domir en la

cárcel, pero sigue asignado a residencia y bajo control de la policía. Acabará de pur

gar su pena en octubre de 2003.

53

Del retomo. Abecedario biopolítico

Todos estos años en la cárcel no le han dejado mal sabor de boca .

En realidad, no estamos acostumbrados a estar confrontados a las

instituciones en general. Piense en todas las instituciones con las que tenemos algo que ver en una vida. Está el colegio, por supuesto, no

También

está el servicio militar, pero es un pasaje muy breve, tampoco muy divertido, pero provisional. Está toda la organización de la salud, que es muy desigual según los países, y de todas formas preferimos no te ner nada que ver con los médicos porque la enfermedad da miedo. Y a veces los médicos dan aún más miedo. Eso es todo. Y, a fm de cuen- tas, nadie sabe lo que es la cárcel, menos aquellos para quienes forma parte de la vida. La cárcel no es terrorífica en sí, lo terrible es la íg- norancia por un lado, y la costumbre por el otro.

siempre es divertido pero es el principio de la

Cuando se fue, ¿dejó a su hija, la que nació en París?

¿La pequeña? No, ya estaba en Italia, donde vivía con su madre. La

veía durante las vacaciones, en verano. Venía a verme a Francia, aho- ra viene a Roma con regularidad.

Cuando pensaba en la traición, era porque en este retorno debió de sentirse

Pero la verdadera traición no es la traición amorosa. No consigo pen- sar en una mujer que traicione, y no me interesa. Por lo menos no en la manera de los vodeviles, lo que sería a la vez más divertido y más

liviano. En realidad, lo que se traiciona cuando realmente se traicio na es todo un proyecto de vida, una dimensión ética, y no un ideal de

La posesión, al

fidelidad. No es una historia de celos, de

igual que los celos, no los

Vuelvo al sentimiento de la traición, creo que sólo existe verda-

54

Dde

deramente si toca un hilo interior muy primitivo en nosotros. No son

sólo las circunstancias políticas las que lo

doblarse interiormente. La traición está ligada, como la delación, al hecho de que hay algo singularmente transversal entre los hombres: esa especie de comunidad de amor, esa transversalidad de confianzas, esa cons- trucción del lenguaje. Y la traición es la ruina de un proyecto de construcción hecha acto, es decir, en el sentido estricto, una des- trucción.

tiene que re-

¿Algo intangible?

Desde un punto de vista spinozista, las cosas son bastante claras. ¿Qué representan los hombres? Transversalidades, combinaciones

de átomos, combinaciones de partes. Entonces, en todos los fenóme-

nos de ruptura, está el desgarro de un tejido, ya sea amistoso, social, amoroso o político. La delación y la traición forman parte de ello, aunque se las pueda abordar desde puntos de vista diferentes: la

delación política, la traición afectiva, la delación en el terreno de

la verdad, la traición en el terreno del proyecto común y de la rela- ción corporal. En la delación es esa construcción de la verdad, de la

intimidad, de la verdadera complicidad, lo que se destruye, expulsa,

daña. En los dos casos se han construido relaciones en las que se constituyen nuevas formas de vida; y en los dos casos se afirma su

destrucción. Desde ese punto de vista, la traición y la delación son

idénticas: rompen lo <<común». En Italia, la crisis y el fin de los mo- vimientos revolucionarios, a finales de los años setenta y principios de los ochenta, determinaron una especie de generalización de la de- lación y el arrepentimiento; la delación y el arrepentimiento como instrumentos de salvaguarda personal y jurídica impuestos por el po- der. Se adoptaron cierto número de leyes: hablar, aquello quería de- cir salir de prisión. Son leyes muy importantes que siguen utilizán

55

Del retomo. Abecedario biopolítico

dose hoy contra la maña y que han trastocado completamente el sis

tema jurídico italiano. El resultado es otra vez que individuos que han asesinado a decenas de personas están libres, y otros que no han matado a nadie siguen en la cárcel. Es un sistema perverso, sus efec tos son inimaginables.

Ese sistema ha sido puesto en cuestión desde hace algún tiempo.

No, simplemente lo han puesto en cuestión en el dominio de los de- litos económicos.

Porque se piensa que realmente ayudó en la lucha contra la mafia, lo cual no es

Independientemcnte del juicio moral que se puede tener sobre ese tipo de arrepentimiento» interesado, es un instrumento de doble ñlo.

San medios mafiosos, alfin y al cabo. ¿No es la tentación de tomar las armas del adversario para luchar contra él?

Es la misma práctica de delación que ha sido

utilizada por la justicia

italiana para atacar a los políticos a partir de los años noventa. Hablo de los socialistas y la derecha, recientemente. No se trata de decir que

cierta clase política no era corrupta, es evidente que lo era de forma

inimaginable; pero la justicia ha interiorizado prácticas extremada-

mente ambiguas y las ha utilizado una vez más. Ya lo he dicho, la iz- quierda entró en el sistema de la justicia a través de la lucha contra

el terrorismo. Ella fue quien condujo la empresa de represión políti-

ca a finales de los años setenta. Y diez años más tarde atacó con los mismos instrumentos a los socialistas y a los demócratas cristianos. Y a Berlusconi. En cierto modo, hemos servido de cobayas.

56

¿Qué izquierda?

D de

Los comunistas. El problema es que Berlusconi ha respondido y ha ganado. ¡Es increíble! La idea de la corrupción lo ha contaminado todo. ¡Y sin embargo no se puede utilizar la cuestión jurídica para atacar a todos sus adversarios, uno detrás de otro! En Imperio de- cimos precisamente que la corrupción se ha convertido en una for ma de gobierno: por desgracia no es un defecto, ni un límite, es

una de las formas de gobierno en el pleno sentido de la palabra. Me

gustaría profundizar en este discurso, tendremos que volver sobre el tema.

¿Es necesario pasar por ello?

No, pero cuando estás en una nación en que ya no hay representación política real, sino simplemente formas más o menos adecuadas de publicidad y de estrategias de comunicación, ya no hay lucha, ya no hay política, ya no hay cuerpo.

¿Como en América?

Exactamente. Todo ocurre a través del espectáculo, por la televisión.

¿ Y a usted le parece peligrosa o no?

No, no lo encuentro peligroso, pero tampoco es inofensivo, tomo

acta del hecho de que ocurre. La cuestión es simplemente compren der cómo se puede hacer para utilizar esas formas más o menos ade

cuadas a fin de transformarlas.

57

De] retomo. Abecedario biopolítico

De todas maneras hay un devenir de esasformas.

¡Son las formas en que vivimos! No tenemos la posibilidad de supri-

mirlas. No se puede hacer la revolución en Francia o en Italia. Sería

más realista proponer una alternativa de poder a nivel mundial, con testar a la globalización desde el interior mismo de la globalización.

Justamente, esto nos conduce a E de Imperio* y después a los temas

de la Frontera y de la Globalización.

* En francés, Empire. (N. dela T.)

58

Ede

E de

¿Qué puede decir sobre el concepto de Imperio tal como lo ha desarrollado con Michael Hardt?

Nuestro trabajo fue ante todo un trabajo de esclarecimiento lingñís- tico. En efecto, el término <<lmperio» puede ser equivoco: ha entra- do casi inmediatamente en el vocabulario político y periodístico y rápidamente se ha vuelto estático. Sin embargo, entendemos por <<Imperio» una cosa muy precisa: una transferencia de soberanía de los Estados-nación hacia una entidad superior. Esa transferencia casi siempre ha sido entendida en virtud de una <<analogía interna», es decir, como si el Imperio fuera implícitamente un Estado-nación tan grande como el mundo. Dentro de esta banalización, está la afir- mación bastante difusa de que el Imperio corresponde a Estados Unidos. Insistimos, al contrario, en el hecho de que las grandes

transferencias de soberanía que se están produciendo, en la esfera militar, en la esfera monetaria y en la esfera cultural, política y lin- gual, no pueden reducirse a ninguna analogía interna; lo que viene

a decir que la estructura del Imperio es radicalmente diferente de la de los Estados-nación. El proceso que ha conducido al Imperio está

* En francés, Empire. (N. de la T.)

59

Del retomo. Abecedario biopolítico

en realidad fundado en fenómenos contradictorios: se producen en un mismo tiempo, en las luchas que las clases obreras de los países desarrollados han impuesto al capital hasta volver la reproducción

del sistema capitalista imposible a escala nacional; en las guerras anticoloniales y Vietnam, que permitieron que se desarrollara un

empuje antiimperialista muy importante que en efecto afectó has-

ta en los niveles más altos y más centrales al capital ; y, por últi-

mo, en la crisis de los países socialistas: la gestión socialista del ca-

pital no consiguió desarrollarse frente a una demanda de libertad creciente. La acumulación de estos procesos ha determinado dese- quilibrios a nivel mundial, y el paso al Imperio se ha producido, en la realidad, con múltiples conflictos extremadamente violentos. El

proceso imperial que describimos es por lo tanto contradictorio a la vez por su origen y por su desarrollo. Hoy en día tenemos una go- bernancia mundial que busca fijar formas de gobierno que puedan extenderse a todo el tejido biopolítico de la ciudadanía planetaria. Lo que nos interesó en la escritura de ese libro era empezar a defi- nir terrenos de lucha y de contrapoder dentro del Imperio mismo. Esto quiere decir ante todo establecer reivindicaciones fundamenta- les que se correspondan con este nuevo contexto. Pienso en particu-

lar en tres de ellas. A la globalización económica actual hay que con-

testar pidiendo la globalización de los derechos de los ciudadanos :

del mundo. En particular el derecho de circulación, el derecho a un

salario mínimo concebido como atenta de ciudadanía» y el derecho

ala reapropiación, es decir, el reconocimiento del hecho de que la

producción pertenece a la multitud. Primer punto: la fuerza de trabajo ya no tiene fronteras. Empe- cemos pues a pensar en los ciudadanos del mundo. La gente debería poder ir a donde quiera, son ciudadanos; deberían poder votar donde estén, donde trabajen. Hasta el momento, la libre circulación ha sido enteramente gestionada por el capital, porque se necesitaba mano de obra barata y la movilidad de la fuerza de trabajo era esencial para la

60

Ede

producción de valor. Pedimos que esa libre circulación se convierta en un derecho del ciudadano global y que ese derecho le pertenezca. Segundo punto: un salario mínimo. Por lo tanto, un sistema de distribución de la riqueza que permita la reproducción como algo ne- cesario, es decir, tanto la reproducción de la fuerza de trabajo como la reproducción de la humanidad. Cºncretamente, esto quiere decir que en la medida en que la cooperación social y los afectos forman ya parte integrante de la producción del valor piense en la función de las mujeres en la sociedad: como decía Deleuze, hay un <<devenir- mujer» del trabajo , pedimos que esa participación de todos en el capital social sea remunerada. Esto quiere decir que todos deben te- ner igual acceso ala salud, al saber, al bienestar material. El mundo ya no puede estar escindido entre ricos y pobres, entre productivos e improductivos, porque la producción ha investido la vida misma, sin reparto posible. La renta garantizada, el salario de la ciudadanía, es a la vez el fm del espejismo de las políticas de asistencia y de las le- yes sobre los pobres, que no sirven más que para reforzar las divisio nes, y el fm de la miseria. La producción se ha vuelto enteramente biopolítica, se trata pues de remunerar la vida.

Último punto: si la vida se ha convertido en el motor de la pro-

ducción, entonces pedimos que se le permita a la multitud, es decir, a los ciudadanos del mundo, que se reapropien la vida. Por ejemplo, que ya no haya copyright. ¿Por qué el saber, que hoy está en el centro de la producción, no habría de ser accesible a todos?

¿Es elfín de la idea del autor?

Es el ñn de la idea de la propiedad. Era difícil admitir el fm de la idea material de la propiedad; pero cuando se trata de propiedad inmate rial y de producción inmaterial, parece más sencillo. Sin embargo, es el mismo problema.

61

Del retomo. Abecedario biopolitico

Es toda la cuestión que plantea Internet con Napster:

No es sólo la cuestión de Internet. Internet es simplemente la parte del iceberg más visible. Pero de ahora en adelante toda la producción está hecha así, a través de redes de cooperación y de intercambio. La pro- ducción no puede a la vez estar fundada en la circulación del saber y pretender limitar su libre acceso. Y cuando digo cooperación, en reali- dad digo vida. Hoy, el trabajo y la vida, la producción y la reproduc-

ción están enteramente mezclados, se nutren uno del otro. Dicho de

otra manera, la riqueza material del mundo ocurre a través de formas

de colaboración, de cooperación, y no sólo para el trabajo intelectual:

los contactos, las relaciones, los intercambios y los deseos se han vuel-

to productivos. La producción es la vida misma. Sólo en esta medida, todo lo que vive entra en el circuito productivo. Las formas de los in-

tercambios monetarios, las formas de mando, la defensa de la propie-

dad se vuelven en consecuencia cada vez más parasitarias. Hace trein-

ta años podíamos denunciarlas en nombre de la explotación. Hoy, es el

cambio del paradigma de la producción el que exige su supresión. Es

una bonita paradoja: el capitalismo ha entrado en una nueva fase, y es

el capital mismo el que realizará las promesas que hicimos en los años setenta sin poder mantenerlas. Hablo de fracaso pero no es cierto: esa metamorfosis del capital es precisamente el resultado de esas luchas.

Y al mismo tiempo, para volver al ejemplo de Napster, han perdido.

Han perdido ahora, pero espere a ver qué pasará en los próximos

¿No hay una tentativa de poner siempre la propiedad en el corazón

del debate aunque sintamos que el movimiento va en el otro sentido?

Sí. No estoy seguro de que pueda durar mucho tiempo. Hubo un

tiempo en que el acceso a la Biblia era necesariamente patrimonio de

62

Ede

la Iglesia: el libre acceso a la Biblia era considerado peligroso por el

poder. Hoy, el problema se plantea a nivel del saber en general, es de- cir, a nivel del lenguaje. El lenguaje se ha convertido en el funda-

mento de lo vivo. Todo se ha vuelto lingual y biopolítico. Y el poder considera peligroso todo lo que está en manos de los pobres, es decir, los que no tienen otra riqueza que su vida.

¿Lo político no ha sido siempre biopolítico?

Creo que hay que ser claro sobre el concepto de lo biopolítico. <<Bio-

político» quiere decir al pie de la letra el entrecruzado del poder y de

la vida. El hecho de que el poder haya elegido inscribirse en la vida

misma, de que haya hecho de ella su superficie de inscripción pri- vilegiada, no es nuevo: es lo que Foucault llamaba <<biopoder», y es aquello cuyo nacimiento describe a partir de finales del siglo XVIII. Pero la resistencia al biopoder existe. Decir que la vida resiste, sig-'

nifica que afirma su potencia, es decir, su capacidad de creación,

de invención, de producción, de subjetivación. Es lo que llamamos

<<bíopolítico»: la resistencia de la vida al poder, dentro de un mismo

poder que ha investido la vida. Desde ese punto de vista, toda la his- toria de la filosofía está en realidad del lado del biopoder, con algu

nas excepciones.

E de

La filosofía es casi siempre la exaltación de la eugenesia. Sólo la tra

dición del pensamiento materialista escapa de ello. He trabajado mu- cho últimamente sobre la cuestión del monstruo, ¡le prometo que no se encuentran muchos monstruos entre los filósofos! En cambio, se encuentra una eugenesia casi constante, hasta en los últimos apolo gistas del

63

Del retomo. Abecedario biopolítico

La eugenesia, desde el punto de vista del concepto, es una tentativa de formatear lo vivo.

Sí, un formateo completo. Desde ese punto de vista, es cierto que el

nazismo es su formación más extrema.

¡De Aristóteles al nazismo, le da usted un poco fuerte!

No se trata de decir que Aristóteles era un nazi, ni de construir conti-

nuidades chocantes. Pero creo que sobre ese punto hay algo que se re-

pite de forma extraña. Hay que leer a Rainer Schurmann, es un domi- nicano extraño y extremadamente inteligente que acabó por dar clases en la New York School for Social Research. Escribió un libro excep- cional en el que intenta mostrar la continuidad perversa de la eugene-

sia en la historia de la metafísica occidental. Lo biopolítico, tal como intentamos pensarlo, es lo contrario de la eugenesia. Es la voluntad de

dejar que las formas se desarrollen, porque para mí no hay diferencia entre naturaleza y cultura. En realidad, toda la naturaleza es una se- gunda, una tercera, una cuarta naturaleza. Dicho de otra manera. la hi-

bridación ya está y siempre está ahí. Eso es lo que nos interesa, donde hay que intervenir. Pero el poder se ha apoderado de ese terreno y lo ha

convertido en el fundamento de sus dispositivos de control. Hay que

oponer el biodeseo al biopoder. El deseo de la vida, su potencia, su

riqueza son las únicas cosas que podemos oponerle. El poder nece- sita trazar limitaciones al biodeseo. Por ello, el poder, frente a la

vida, tiene dos actitudes contradictorias. Por un lado, funciona como

organizador de la vida, como puesta en relación de los sujetos, de las multitudes, de las singularidades, como posible lazo de invención, de resistencia; y por el otro, impone el control de todo esto. Todo el pro blema de la filosofía, de la eugenesia, es el hecho de identificar el prin-

cipio ontológico, es decir, el principio de organización del Ser, con el

principio del mando y de la jerarquía impuestos al ser.

64

E de

Es bastante peligroso.

Si, pero no es simplemente peligroso, es perverso. El problema el de la eugenesia filosófica que aún sigue abierto - es que cierto tipo de pensamiento que ha dominado durante siglos afirma que el principio del Ser es igualmente el principio de su mando; lo que es una idea retorcida desde el comienzo. ¡Hemos tenido que esperar a

que los estudios poscoloniales y los del feminismo nos revelaran

dónde estaba ese pecado original! En efecto, a las personas de las co- lonias se les describía un mundo en cuyo origen estaba el conjunto de

los valores del eurocentrismo imperialista; de la misma manera se les

enseñaba a las mujeres el principio del patriarcado. En lºs trabajos de Spivak - una ñlósofa india que vive en Estados Unidos y que ha traducido a Derrida , la síntesis crítica del poscolonialismo y del fe- minismo conduce poco a poco a definir con precisión ese paso, por- que es una cosa que permite formular con claridad el problema de la desmistificación de la eugenesia. Este tipo de cosas me parece extre- madamente interesante, porque permite construir una perspectiva on tológica que pone en común el anticolonialismo y el feminismo, las dos teorías de la diferencia que más importancia tienen actualmente.

A través de las críticas de la eugenesia, esas teorías en realidad tra

bajan en la construcción de lo común.

Nunca se ha hablado tanto de la eugenesia, esa tentación repetida a

la

que la técnica da acceso para formatear todas las formas de la

vida y de los individuos. Pero ¿debemos por ello tener miedo de su

incidencia real?

Si habla de la eugenesia en sí, no lo sé; pero todas las temáticas de hi

bridación son minas a la deriva. Es evidente que en las grandes uni- versidades imperiales se acepta todo esto. Es la base de lo politically correct. La hibridación que hoy se acepta es que un negro y un

65

Del retomo. Abecedario biopolltico

blanco puedan sentarse al lado, o que un blanco pueda tener un hijo

con una negra, o lo contrario. Es la primera vez que esto ocurre, que

esta presión es aceptada en los más altos niveles. Hace poco hablaba

de ello con Rem Koolhaas7, me decía que en su clase, en Harvard, ha-

bíauna hibridación casi total. Es decir, que las diez o quince personas

que trabajan con él no representan solamente a la clase dirigente mundial (porque todos los patronos mandan allí a sus hijos: todo

el elitismo republicano, todo el elitismo imperial, se encuentra en

Harvard, o en las grandes universidades mundiales). También se en-

cuentran hijos de pobres; hay un sistema de becas que funciona bas-

tante bien. Esto quiere decir que la hibridación progresiva sobrepasa

los principios de la vida política occidental tal y como están fonnu lados desde el principio de la modernidad; hasta ahora, seguíamos considerando que podía haber tres formas de gobierno: la monarquía,

la aristocracia y la democracia. Pero las tres se caracterizaban por

una unidad fundamental y por el rechazo de la multiplicidad, de la multitud y la hibridación. Para el pensamiento moderno, no hay go- bierno posible sin reducción a la unidad. La hibridación es la dife- rencia y el mestizaje de la multitud.

¿Por qué ese temor a la multitud?

La multitud es el conjunto de las singularidades. Hay que dominar-

la, transformarla en pueblo. El pueblo siempre ha sido percibido bajo

la figura de la unidad, así lo pensaban Platón y Aristóteles. Sin em- bargo, algunos filósofos, como Maquiavelo o Spinoza, intentaron

darle un rostro a esa multitud, inventar una política de la multitud, resolver el problema de la decisión común. ¡Sería urgente releer a Maquiavelo y a Spinoza!

7. Arquitecto holandés contemporáneo.

66

Ede

Cojamos el ejemplo del wcomité de lectura». Se les pide a diez per sonas que decidan la calidad de un texto, y a menudo, por desgracia,

sobresale el parecer más

cisión no es lo común del entusiasmo, de la energía, de la audacia. es más bien lo común de la mediocridad. ¿Qué hacer?

mediocre. Alfínal, lo que importa en la de-

La decisión es el último de los problemas, y el más complicado tam- bién. Antes de llegar a ese nivel hay que conseguir comprender todo

el proceso de constitución de la multitud, es decir, la construcción de lo común.

Tendríamos que conseguir una puesta en común que mantenga la fuerza de la singular.

Es efectivamente una cuestión fundamental. Por ejemplo, estoy metido en un quebradero de cabeza para saber cómo resolver el problema de la guerra en ese contexto. La guerra plantea de forma paradigmática la cuestión de lo que es una verdadera decisión: el problema de la guerra es la decisión. Sin embargo, en el Imperio,

ya no hay guerra, la guerra se ha acabado. Parece bastante provo

cador decirlo en estos términos, pero pienso sinceramente que la vieja forma de la guerra Estado-nación contra Estado-nación que

infligía la muerte para

defender fronteras, que sacriñcaba singula

ridades para salvar un Pueblo , que esa guerra se ha terminado. Clausewitz ya no funciona. Hay que releer los análisis sobre la gue

rra de Foucault, es una anticipación bastante sorprendente: no se trata sólo de invertir el paradigma clausewitziano, hay que darle la vuelta como un guante. El Imperio es eso. El gran problema hoy en día es recaliñcar la guerra en un contexto imperial. ¿Cómo se pue- de hacerla guerra hoy? ¿Contra quién se hace la guerra hoy? ¿Qué

se defiende hoy? Y ¿cuál es la diferencia entre una operación de po-

licía mundial es decir, de administración, de gestión del espacio

67

De] retomo. Abecedario biopolftico

imperial y lo que los periódicos llaman <<guerra»? Todo eso está ante nuestros ojos.

¿Qué está ante nuestros ojos, exactamente?

El hecho de que estamos en un Imperio. Pero también el hecho de que, cada vez más, los hombres abandonan las instituciones, de que se van. Abandonan el poder, ya no quieren ser representados, les da igual. Como dice san Agustín: es la Ciudad de los hombres la que

se va, no la Ciudad de los dioses. Rechaza la adhesión al poder, a la

norma, 3 la medida. Está claro que hay una nueva nobleza que se ha formado alrededor del Imperio; pero todo lo demás, es decir, esa gran masa, esa multitud, que es libre de desplazarse por todo el mundo, que circula en la cultura, que procede a su hibridación, esa masa se va. Entonces, algún día, la masa tendrá que plantearse el problema de la decisión. ¿Cuál será pues esa decisión que tomar a partir de ese enorme contrapoder que le pertenece? ¿Cómo organizar esa decisión a partir de la enorme tensión que implica? ¿Qué significa reunir a la multitud e inventar otras formas de vida? Toda la cuestión de la on-

tología está ligada a eso. ¡Mi sueño en la vida es tener un día una cá

tedra de ontología! Estamos trabajando sobre todos esos temas en el segundo tomo de Imperio. Sin duda, habrá análisis sobre el poder, sobre sus nue- vas formas de organización, y toda una serie de clasificaciones inéditas; se trata igualmente de mostrar los diferentes dispositivos de reducción de la subjetividad, de dominación del lenguaje y de los cuerpos. Y habrá un capítulo importante sobre la guerra, dicho de otra manera, sobre lo que ha significado la guerra de clases, la

guerra entre naciones, cómo se han constituido todos esos modelos,

qué tipo de guerra corresponde hoy al Imperio El problema es también comprender si el contrapoder puede expresarse a través de la

E de

La cuestión es saber si utilizamos la misma palabra. ¿Qué significa ese contrapoder como guerra? ¿Quien dice guerra dice necesaria- mente odio? ¿Hay una descomposición de las relaciones. como diría Spinoza?

Quizá no. La guerra es un gran mecanismo de decisión. Esto también puede ser algo peligroso. El problema es saber si la guerra es un

dispositivo de reducción a la unidad el nacionalismo,

mo o si puede ser otra cosa, una decisión de otro tipo. No lo sé.

el patriotis-

A menos que sólo sean palabras, de todas formas tiene que ocurrir la

eliminación de uno de los dos protagonistas, si no habría que pensar la guerra de otra forma, deforma heracliteana, como polemós*.

No, no es el polemós heracliteano. Intentamos comprender la mane ra en que la guerra se ha convertido en una capacidad de estructura- ción y de puesta en orden. El polemós heracliteano es el trastorno de

todas las formas; en el Imperio, al contrario, el dispositivo capitalis-

ta sigue intacto. La guerra imperial no es un polemós porque lo que la

anima es un principio de orden. Heidegger dijo igualmente algo por el estilo a propósito de Heráclito, pero sabemos de dónde viene la inspiración de su lectura. Heráclito no es un Parménides travestido, está en la base de una guerra ontológica, ya sea física, como con los atomistas, 0 ética, como con los epicúreos: en todos los casos, se tra ta de una lucha. En el Imperio posmoderno, la guerra se añade en cambio a la disciplina y al control, es un nuevo instrumento de go- bierno a nivel mundial. El pánico, el miedo, el sentimiento de inse guridad, etc.; en resumen, numerosas formas de vitalidad perverti- das, ésos son los elementos que entre otras cosas ha desarrollado la función belicosa en el Imperio. Podemos añadir a esto la televisión, y

* Del griego polemós: guerra. (N. de la T.)

69

Del retomo. Abecedario biopolftioo

los medios de comunicación en general; en este caso, igualmente, se trata de elementos que forman parte de un discurso que destruye las conciencias morales y la atención intelectual. ¿Cuál es pues la for- ma actual de la guerra? Es un sistema de producción de orden que ocurre a través de la destrucción de la sociedad y de la guerra. La

guerra es el arché*, a la vez el principio de movimiento y el principio

de orden, es decir, lo contrario de lo que pensaba Heráclito o lo con- trario de lo que el sentido común de cualquier persona que se ha vis to metida en una guerra puede imaginar. La guerra es una sobrede-

terminación que golpea de pleno a las

Pero la guerra es

igualmente una guerra social; ahí también, la eugenesia es fuerte: un

dispositivo fuerte y destructor, que produce un verdadero desbara- juste cultural y antropológico, se impone al mundo del trabajo inma- terial, a la movilidad y a la flexibilidad. La eugenesía triunfa. Si el polemós vuelve a nacer algún día, tendrá que atravesar este mundo

terrible, tendrá que presentarse como organizador de la rebelión. Contra la eugenesia, pues, sólo está el polemós; pero no hay que en-

tenderlo como sinónimo de la guerra, porque, al contrario, es la cons- titución de la multitud.

"' Del griego arché: modelo. (N. de la T.)

70

F de

Fde

Hay quien dice que el fascismo también representa una forma a tra

vés de la cual se puede organizar a la multitud. Creo que es una idea impropia: cuando la multitud se vuelve fascista, es porque ha sido re-

conducída a la masa y a la soledad. La multitud sólo puede volverse fascista cuando ha sido vaciada de su especificidad, es decir, del he-

cho de que es un conjunto de singularidades, una multiplicidad de ac- tividades irreductibles. Al igual que el mal, el fascismo es siempre una negación de la potencia, una sustracción fuera del Ser común. Cada fascista empuja al odio del otro, santiñca la violencia como re- medio contra los vicios del mundo, oblitera las diferencias, exalta

El fascismo cualquier fascismo

reacciona de forma destructiva contra el movimiento de la vida, con- tra la manera alegre y múltiple en que se inventa. El fascismo es tris- te, es el reino de la vulgaridad y de la violencia. El fascismo reaccio na por lo tanto con terror frente a la emergencia de las diferencias, le escandaliza el mestizaje, le horripilan las experiencias alternativas a

el orden del mundo

la pseudonormalidad sexual. La frustración, la hipocresía y la vio- lencia son la base de todo ello; pero eso todavía no basta, porque lo que domina por encima de todo es el culto fascista de la'personali- dad, que siempre se vuelve a proponer.

71

Del retomo. Abecedario biopolítico

Pero podríamos sugerir otra palabra para la letra F: F de F oucault- y-Deleuze. En este caso, habría que decir en cambio exactamente lo contrario de lo que acabo de evocar a propósito del fascismo. Por- que en Foucault, en Deleuze y en toda una serie de pensadores con- temporáneos está el descubrimiento, el trabajo de profundización y el desarrollo de un patrimonio de la modernidad: un patrimonio que, en vez de ocultar la diferencia tras la identidad y la repetición, la exalta a través de la diversidad de la vida. Y aunque el cuadro se vol- viera más complicado, si nos hiciéramos ilusiones sobre una coexis- tencia de las diferencias que a veces resulta difícil, esas diferencias estarían a pesar de todo sumisas a la magia de un tiempo que las con- duce fuera de toda pulsión de muerte. Foucault y Deleuze. cada uno a su manera, han reconstruido las potencias libres de la invención en

el siglo xx: han animado los deseos y calificado de fascistas a todas

las fuerzas que bloquean u ofenden su emergencia y expresión.

72

G de

Gde

En realidad, me vienen muchas G a la cabeza: global, no global, Génova, guerra. Ya hemos hablado un poco de la globalización y de la

guerra; detengámonos más bien en no global y en Génova, de to-

das formas nos encontraremos con la globalización y la guerra. En

Génova, se trató de una especie de ensayo general para bloquear el ci-

clo de luchas y el crecimiento del movimiento que se ha llamado no global. La policía perpetró una cosa extraña y extrema: un asesinato, ya que mató a sangre fría a un joven con balas. Pero ya no era la poli cía, era la guerra; mejor: una guerra de baja intensidad que se mezcla ba con una policía de muy alta intensidad. Génova, es decir, la defensa

del 6-8 por todas la policías del mundo ha representado el más alto punto de fascismo alcanzado por las instituciones: un fascismo implí

cito, orgánico, consustancial a las instituciones, precisamente porque se trataba de instituciones. Se pudo asistir al desarrollo de todas las ar- ticulaciones de la Razón de Estado, hasta su versión más reciente: la <<ciencia de la policía». Había que bloquear un ciclo de luchas que es- taba naciendo. Afortunadamente, los militantes no global no cayeron en la trampa y no respondieron a esa violencia, dispersándose prime- ro y recomponiéndose en una comitiva después. Eran doscientos mil, uno de ellos fue asesinado. Al día siguiente llegaron cien mil más. Lo

73

Del retomo. Abecedario biopolítico

que al principio era una manifestación contra las políticas de los ocho Grandes se transformó en una manifestación contra la guerra; y esto

precisamente en el momento en que el 0-8, en una especie de febril espera del 11 de septiembre, decidía añadir a la panoplia del control de las poblaciones y de los movimientos ese formidable instrumento

que es la guerra. Hubo pues una anticipación por las dos partes: por

parte del G-8 y por parte de los no global. Nos encontramos al borde de la guerra, y la guerra, de hecho, ocurrió. Desde entonces el estado de guerra es permanente, las manifestaciones de paz se consideran actos

Todo es potencial

mente terrorista: ¿no era eso ya lo que nos decía Génova? Añadiremos otra cosa. Con Génova, los no global se volvieron

realmente globalizados. El destino del mundo que en adelante el G-8

había destinado a la guerra ya no reposaba sobre su propio testimo- nio. Es así como los no global se convirtieron en una multitud en todo el sentido de la palabra, y fueron reconocidos como tales, para

lo mejor y lo peor: se convirtieron a la vez en un sujeto de liberación

y en un objeto de represión.

de traición, las protestas actos de

Por lo tanto no se puede evitar G de Guerra. Hay que subrayar una vez más hasta qué punto la idea clausewitzíana de la guerra como

continuación de la política por otros medios ahora se ha revocado, se ha vuelto del revés, se ha invertido. La guerra se ha convertido en el

fundamento del Imperio. ¿Cómo podemos pues luchar contra el Im-

perio? Y aunque

dijéramos amo a la guerra», ¿cómo interpretar la <<gue

rra a la guerra», que es un deber inscrito en el corazón de la libera-

ción? El movimiento no global nos muestra el camino del éxodo, es

decir, también el del asedio al poder por las multitudes, mueve la glo-

balización contra la guerra, se introduce y se interpone entre las partes

beligerantes

El movimiento no global es en realidad claramente

global. ¿Conseguirá la multitud llevamos fuera de la guerra?

74

H de

Hde

Recuerdo el momento en que descubrí a Heidegger y empecé a leerlo. Era en la universidad, en los años cincuenta. Tenía un pro- fesor que era un existencialista religioso, ligado a Gabriel Marcel y

al personalismo francés. Conocía muy bien a los alemanes, Jaspers,

Heidegger, y en general el pensamiento de los años treinta-cuaren- ta; los llamaba los <<existencialistas ateos». En la universidad, los

juegos todavía estaban abiertos, era apasionante, la apuesta era

real. Había filósofos cristianos, escolásticos, que también estaban

muy cercanos a Heidegger. Todavía no estábamos en el heidegge- rianismo verdadero sino en una especie de entorno cultural del idea lismo cristiano dolorista. Todos los autores que encontramos abun- dantemente en el espiritualismo, todos los rusos, estaban presentes

en ese tipo de pensamiento cristiano occidental; un pensamiento de la Guerra Fría que integraba hasta a autores aparentemente muy

alejados de ese tipo de discursos, desde Dostoievski hasta Kafka.

En realidad, había una gran confusión teórica. Y, además, estaban los católicos puros y duros, los tomistas, que se reían de todo lo demás y consideraban que el concepto del Ser en la gran tradición clásica griega era fundamental, y había que profundizar en él. Y desde ahí,

la relación con Heidegger también podía hacerse. Sin embargo, el

75

Del retorno. Abecedario biopolítico

concepto que tenían del Ser era extremadamente diferente. Porque en Heidegger, como ya sabemos, el encadenamiento de las causas no conduce a Dios. En la metafísica clásica, en el concepto del Ser

que sostenían los escolásticos, al contrario, siempre se llegaba a Dios. Por ambos lados, había por lo tanto un dispositivo coheren te, propuesto a fin de aceptar la Iglesia, o más bien la doctrina de la Iglesia como instrumento de mantenimiento del orden. En efecto, ese Ser (ya se acepte la posibilidad de demostrarlo como Dios o no) es esencialmente un Ser ordenado, con características de fijeza. El inñnito no es la apertura. Cuando estamos en este concepto del Ser,

el pensamiento heideggeriano acaba imponiéndose de forma casi

natural. La única cosa realmente nueva en esa cultura son todos los aspectos lingiiísticos ligados a la recuperación de la herencia ro-

mántica, a la angustia y a la preocupación del Ser.

¿Convertirse en el guardián del Ser?

Sí, todos esos elementos en realidad formaban parte del margen mo ral de esa concepción filosófica; pero es una moralidad o una ética que, como en todo el romanticismo, se han convertido en la clave de interpretación del Ser mismo. En el Heidegger de los años veinte y

treinta, está esa intuición fundamental del Ser en términos morales.

Y es evidente que el concepto del tiempo, aterrador y caduco, sigue

siendo marginal. El concepto heideggeriano del tiempo es un folclo-

re 0 una caricatura.

Aterrador o caricaturesco, ¿por qué?

¡Porque está ese Ser inmóvil, fijo, y el tiempo que da vueltas a su al-

rededor! Y los comportamientos del hombre, su posición en ese mo-

vimiento, son completamente marginales. La posición del hombre está tomada en el tiempo, pero en un tiempo que no es nada, que es la

76

H de

continua revelación del ser nada. Ese ser nada es absolutamente

compacto, fático, no se puede salir de él.

¿Diría usted que es un antihumanismo?

Sí, es sobre todo una neutralización extremadamente fuerte del de-

seo, una marginalización y una neutralización. Nacemos de una des- trucción. Es un antihumanismo y un antideseo. Es divertido, porque ya encontrábamos esta concepción en los católicos. ¡En Pío XII, en los fascistas <<cristianos», hay una resonancia increíble! Sabe usted, hay círculos que son muy extraños. De Heidegger, se vuelve a la fenomenología, de la fenomenología a la religiosidad, de la religiosidad volvemos a pasar a Heidegger, etc. ¡Cuando no es un círculo, es una espiral! Y hasta en los postheideggerianos, en los que han intentado plantarse en el borde del Ser a través de la relación

Ser/tiempo/expresión pienso en Alain Badiou o en Jean-Luc

Nancy , ahí también, creo que encontramos un viraje

muy fuerte

hacia el misticismo.

Esto nos conduce al último Heidegger y a la posteridad estructura-

lista

.

No fue Heidegger quien determinó esto. Pero es cierto que en el es-

tructuralismo se retomó el pensamiento heideggeriano. Como el estructuralismo no tenía una base ontológica, algunos buscaron un poco. Pienso en esos grandes proyectos filosóficos como son los es- tudios de Jacques Derrida o los de Giorgio Agamben. Todos los que intentaron andar en el borde del Ser, en los márgenes, encontrando en

esos márgenes una especie de huella del soplo ontológico, buscando

la posibilidad de un retomo, de un repliegue: ya se trate de la <<dife-

rancia» o de la <<vida

nes diferentes desde el punto de vista cultural; pero sigo sintiendo en

Sin embargo, son siempre posicio-

77

Del retorno. Abecedario biopolítieo

Derrida y en Agamben la misma tensión y la misma posición en la li-

nea del pensamiento heideggeriano. El cuestionamiento ético, en su pensamiento, se ha vuelto cada

vez más místico. Como en Lévinas. Es un discurso algo complica-

está todo el retomo del pensamiento sobre el problema de la

elección y sobre sus efectos. Algún día habrá que hacer un análisis de esto.

¿Globalmente desconfía usted de ese retorno, a dicho de otra mane-

ra, de laforma actual de estar, en cierto modo, atormentado porla ética?

Siento temor cada vez que se llega a transformar los recuerdos en

memoria. Temo a la memoria, nunca es nada claro. La memoria siempre está reconstruida: siempre se acaba por ser prisionero de los espectros o, peor, de los fantasmas. En realidad, estamos ontológicamente reconstruidos en la rela- ción con la memoria: con esto quiero decir que lo que la memoria fal- siñca. nuestro ser nos lo restituye de forma física y afectiva. Contra la memoria está por lo tanto el cuerpo, con su dimensión irreducible

y querida. El cuerpo nunca es marginal, nunca es un límite; y aunque

lo fuera, en todos los casos se propondrla como algo que ha vivido.

Alguna vez he llamado a esa condición eternidad: porque no es la

memoria sino el cuerpo quien construye el ser de forma sólida e irre- ducible.

Pero H también es H de

Si, y es a partir de esa condición desde donde la hibridación se vuel ve posible. Hay miles de maneras de proceder a la hibridación del Ser, una multitud de formas de hacerlo, porque los átomos que cons-

truyen el cuerpo son una multitud: cuando se combinan entre ellos o

78

H de

con la multitud de átomos que constituyen los demás cuerpos, enton- ces se inventa un mundo. Desde ese punto de vista, el principio mis-

mo del Ser es un principio. de hibridación. Pero puede haber una hi-

bridación aún más evidente, cuando la chispa de la inmanencia se enciende en la superficie. Entonces lo blanco hace su hibridación con lo negro, la cultura procede a su hibridación con la naturaleza, las

biotecnologías pueden realizar la hibridación de las células, los gé- neros y las existencias. Creo que ese mundo de la hibridación que desvela lo que somos al mostramos lo que podemos ser, y que nos

ahí es donde se

encuentra a la vez la apuesta y el riesgo de nuestra capacidad para movemos libremente en el mundo. Es curioso constatar cuántos de- bates, pasiones y luchas tienen lugar hoy acerca de esa hipótesis on- tológica y política de la hibridación. No es una casualidad si el deve-

nir del Ser tiene que estar filtrado de una manera u otra por la ética: el hombre juzga el devenir del hombre. Sin embargo, hay fuerzas reac- cionar-ias que rechazan la hibridación en si misma: sin duda, porque consideran el Ser como un télos* como tal. Todos los fascismos de la

posmodernidad se aferran a la idea de esa forma de teleología. Me objetará usted que la hibridación es una apuesta de poder, y que la mayoria de las personas que desconfían de la hibridación lo hacen en

la medida en que no hay hibridación que no sea una manipulación, o que no esté respaldada por un laboratorio, una multinacional, un gru po de presión interesado. Soy perfectamente consciente de ello, estoy

tan preocupado como ellos por ciertos aspectos de las biotecnolo gías. Está claro que el biopoder no tiene ninguna intención de dejar la

hibridación en manos de la multitud; pero precisamente por ello nos

toca revindicarla como terreno de libertad y no como una extensión

del avasallamiento, de la explotación y de la mercantilización de la

vida. Por lo tanto digo que estamos a favor de la hibridación porque

muestra nuestro pasado a la luz de nuestro

* Del griego télos: fm, finalidad. (N. de la T.)

79

Del . Abecedariobiopolítico

sentimos nuestro propio cuerpo como un híbrido, un poco como los

franceses pueden decir: ¿Todos somos hijos de inmigrantes». Dicho esto, repito, hay que resolver un enorme problema, y es el de la confrontación entre hibridación y democracia porque sólo la democracia absoluta es capaz de permitir y rendir cuenta de la mul-

tiplicidad de las singularidades que

frontación que es apta no sólo para organizar la multitud sino para recuperar la hibridación como una riqueza.

con-

proliferan en lo común ,

80

! de

Ide

Su reflexión sobre la memoria nos conduce a la I de Inconscien te. ¿Cree usted en el inconsciente? ¿Qué son esos recuerdos que para usted son espectros? ¿Hay que exhumar la memoria, hay que traba- jarla, ponerla a distancia?

¡Sobre todo ponerla de lado! No lo sé, nunca he pensado en el in-

consciente: a menudo he dicho para provocar que yo no tenía incons-

ciente, quizá sea verdad. De todas formas, si existe, hay que descu- brirlo, y el problema es que cuando se descubre, ya no está. Es una paradoja lógica. En el fondo, creo que el lacanismo es la única for

ma en que se puede decir el inconsciente. Lo interesante no es cosificar el inconsciente, es describirlo como una caja vacía sobre la que nos interrogamos. Esta interrogación de- pende de nuestra técnica de Bildung, de construcción cultural, filosóñ

ca y humana en general. El inconsciente siempre está formado porel lenguaje, por las pasiones, ¿por qué querer hacer que repose en alguna parte? No se puede decirlo, no se puede inmovilizarlo, ñjarlo. Siempre está en movimiento, y por lo tanto sólo se puede definir actuando, ha- blando, por lo tanto no existe. O, de lo contrario, existe en todas partes. En todos los casos, no encuentro ninguna verdadera razón para creer en su existencia. Prefiero un sobreseimiento, ¿usted no?

81

Del retorno. Abecedario biopol(tico

Me imagino que a veces tiene la impresión de no coincidir consigo mismo o le ocurren lo que se llaman actos fallidos, o tiene sueños que le revelan que su deseo no está en lo que usted creía.

¡Pero el hecho de desear otra cosa que lo que somos capaces de ob

tener forma parte de la vida!

No, eso es otra cosa, para eso no se necesita inconsciente. Se trata más bien del desgarro interior. Vamos a tomar el ejemplo

clásico: alguien ha sido abandonado durante su infancia, después,

cada vez va a ser abandonado en su vida. Dice: Quiero todo menos ser abandonado, y, cada vez, me abandonan». Y se da cuenta, con un psicoanálisis o hablando con un amigo, de que hace todo para que así ocurra. ainconscientemente». Es decir, que lo hace todo para repetir esa situación inicial. Por lo tanto no tiene claro su deseo profundo.

No tengo contestación. ¡Pobrecito! ¡Hay otros a los que abandonaron

y que se desenvuelven muy bien en la vida! Qué quiere que le

Sí, pero ve usted que a veces hay una inadecuación.

Siempre hay una inadecuación. Estamos en una situación en que lo que conocemos es construido y reconstruido permanentemente por

El

nosotros, por nuestras relaciones con los demás y con el

problema del inconsciente no es afirmar esto (lo que casi seria una

verdad banal en la experiencia posthumanista), el problema es que necesite substancializarlo. De todas las maneras posibles: de mane-

ra orgánica, de manera puramente lingiiística, incluso con depósitos;

y hasta considerándolo un puro vacío: basta con que ese vacío sea ñjado, sacralizado, bloqueado. En la mejor hipótesis, ese incons-

ciente es el deseo mismo de vivir. Volvemos a la banalidad.

82

[de

¿Hay pulsión de muerte?

Creo que sí.

Es el gran

El postulado freudiano es un postulado teológico. Hay una pulsión de

muerte contra la pulsión del deseo. La pulsión de muerte es simple- mente el límite, porque el Ser no consigue expresarse enteramente. La pasión, el deseo intentan expresarse, pero encuentran límites que paradójicamente permiten su construcción, límites que deben ser so-

brepasados continuamente. No hay pulsión hacia atrás. Siempre es

un proceso que empuja hacia delante, incluso cuando se encuentran

límites. El Mal no existe, lo dijo san Agustín de una vez por todas.

El mal ontológico del Ser no existe.

Desear su propia

hay destrucción. Véase el caso de Guy Georges. Una figura de serial killer vamos a decir casi perfecta, ¿cómo pensar eso, esa pulsión de

asesinato?

Sin embargo se destruye, siempre

Una pulsión de asesinato, si, no una pulsión de muerte. Conocí en la

cárcel a tres o cuatro verdaderos serial killers. El horror es cuando el asesinato se convierte en la única forma de sobrevivir, o sobrevivir se, no lo sé.

! también es

Si seguimos su argumento hasta el final, se

podría decir que sólo hay inocencia. Si no hay mal ontológico, ¿dónde está lafalta? Se vuelve dificil pensaria.

Es evidente. Hay que insertar la noción de responsabilidad en este cuadro. Es sencillamente la responsabilidad del espíritu, y la capaci-

83

Del retomo. Abecedario biopolitico

dad que tenemos para vivir juntos. Mi responsabilidad personal es

responsabilidad que tengo en un proceso de comunidad qué

horrible palabra , digamos más bien en una dimensión en que esta mos juntos. En la forma heideggeriana, es un construir con, un cons- tituir con. Cuando estamos en ese proceso de comunidad, ante todo establecemos formas de vida, y por lo tanto, en consecuencia, cosas que podemos hacer y otras cosas que no podemos hacer. El único cn'- terio es el desarrollo de ese común, la libertad del estar juntos. No necesitamos mitiñcar el Mal, ni a una instancia por encima de noso tros, para garantizar el Bien, ya sea una religión, una ética abstracta o el Estado.

una

Por desgracia, el Bien no basta para autogarantizarse solo.

Pero en la búsqueda del Bien hay instrumentos que podemos cons- truir. El problema no es buscar garantías, es saber construir. No es ne-

cesario ir a buscar garantías fuera de nosotros mismos, fuera de la

historia humana, fuera de la posibilidad que tienen los hombres de formar juntos lo común.

¿Pero qué instrumentos?

Se han establecido reglas de derecho, reglas económicas, reglas de

savoir-faire, reglas de organización. En todos los sentimientos, en to-

das las pasiones, hay un juego entre la continua invención del Ser y la repetición de los comportamientos. En el fondo, siempre volvemos a la forma en que razonamos, a lo que la inteligencia ha construido. Producimos conceptos, producimos nombres que son a la vez el re- sultado de una puesta en común y de una integración permanente de la invención, de la novedad. ¡Cuando se estudia el desarrollo de los niños se ve muy bien! Si mira usted cómo hacen los niños para aprender, verá que, por un lado, son horriblemente conformistas;

84

¡de

pero por otro lado, ese conformismo, que es a la vez práctico y con ceptual, es un conformismo abierto. Integra continuamente la inven ción, el descubrimiento, la producción. Y es precisamente así como debe funcionar lo común.

! de

La invención es sin duda la cosa más importante para salir del pen- samiento heideggeriano. Porque esa pulsión de muerte que es una pura fantasía se ha traducido, sin embargo, en la destrucción de Euro pa, el fm de la vieja Europa. Sigo de acuerdo con el materialismo his- tórico sobre ese punto. Pienso que es la ideología de las clases domi- nantes la que construyó su propio ataúd, no sólo con el nazismo, como se dice a menudo, sino también con la exacerbación del nacionalis- mo, con esa pulsión de muerte que se expandió por todas partes. ¡Todo ese período de nuestra historia que por ejemplo contó Thomas Mann, y toda esa literatura a través de la cual creemos habemos construido cuando nos hemos destruido, espero que cºnsigamos es- capamos de ella! Desde ese punto de vista, el más perspicaz fue Stefan Zweig. El mundo de ayer, el libro que redactó en el transcur-

so de los últimos años de su exilio en Brasil, levanta un acta terrible de

todo aquello, que debería, por sí solo, bastarnos para prohibirnos su nostalgia.

¿Por qué aquello tuvo tal impacto? ¿Era unafascinación colectiva?

Le doy la misma explicación que el filósofo Lukács, es decir, la des-

trucción de la razón. 0, de forma más exacta, la destrucción en nom- bre de su razón. Cuando la razón empezó a ser interpretada por clases que no eran burguesas, los representantes de la burguesía tuvieron tanto miedo que intentaron destruir la razón para defenderse. La cla- se obrera, los intelectuales, los pobres, los judíos, los perseguidos ha

85

Del retomo.Abecedariobíopolltico

bían retomado la bandera de la razón, la de las Luces, y eso era lo ina ceptable. La destrucción de Europa es la destrucción de las clases di-

rigentes europeas. Todo el liberalismo europeo posrevolucionario, a partir de Luis Felipe, fue el agente de esa destrucción para evitar que

<<el pueblo» se apoderase del pensamiento. La paradoja de toda esta historia es que, desde entonces, la producción se ha vuelto inmate

rial. Este reciente paso de la producción material a la producción in-

material es esencial: mientras la producción es material, la burguesía

puede mantener su poder porque la confiscación de los instrumentos de producción es fácil. A partir del momento en que la producción se

vuelve inmaterial lo que llamamos el paso del fordismo al posfor- dismo , dos cosas cambian radicalmente: por una parte, la produc-

ción ha investido hasta el cerebro de los trabajadores, porque verda- deramente es la inteligencia la imaginación, la capacidad de

invención y de creación quien se pone a trabajar; por otra parte, el instrumento ya no es la máquina sino el cerebro, y por tanto la con

ñscación por parte del capital del instrumento de producción se vuel- ve imposible. Llegamos pues a esta formidable paradoja: el capital lo ha ganado y lo ha perdido todo a la vez. Hoy, la gente se ha conver-

tido en propietaria de las formas, de los instrumentos, de las herra-

mientas con que producen la riqueza. Ya no necesitan que les pres- ten herramientas. Durante mucho tiempo, el salario era el dinero que nos daban por utilizar las herramientas de otros. Ahora, podemos de- cir que hay que revisar la forma salarial misma.

Hubo una generación confiscada. El proletariado logró salir ade- lante al transmitir una educación pero esos valores también desapa- recieron.

La nueva jerarquización de la vida está fundada en cosas que no son estables. En la constitución del Imperio ha entrado en juego

cierto mecanismo vertical de atribución de los valores y de distri

86

* lde 4

bución de las riquezas, pero ese proceso no se ha estabilizado en absoluto. Estaba bastante claro en la crisis que se produjo hace dos años entre China y Estados Unidos, en el momento de la historia

del avión espía. Ganaron los chinos, porque Estados Unidos acabó

por pedir disculpas. La alternativa no podía ser la guerra, en todo caso no esa guerra, porque en realidad los chinos no podían ser ex cluidos de los mecanismos de integración del mercado. Es terrible admitir esto para los americanos, es terrible para todos los patronos del mundo, pero actualmente ya no hay chantaje posible. Hay que

integrar necesariamente a las élites chinas en el proceso de globa- lización, en el juego mundial del mando. No se les puede evitar. Por

lo tanto, ya no son los americanos contra los chinos, sino las élites

mundiales capitalistas contra nadie y contra todos a la vez. Esta creación de un nuevo orden jerárquico está ocurriendo, nada es es- table: en realidad. asistimos a la construcción de un nuevo derecho. Ciertamente, la élite mundial decide, pero no se considera nunca como responsable a nivel ético: y si los medicamentos contra el sida se venden caros en África y privan a un número incalculable

de personas de la posibilidad de sobrevivir retrasando los efectos

de la enfermedad, se limitan a decir que es un efecto de la econo-

mía, de la jerarquía, sin que nadie se sienta nunca responsable.

Todo se ha vuelto borroso. Entonces, ¿cómo luchar? Esta aparente desaparición del adversario es el gran problema actual, tanto para el poder como para los que quieren intentar resistirsele. Dicho esto,

siempre cabe la posibilidad de marcharse. De elegir 4<el exilio», o

de forma más exacta un éxodo que no es forzosamente espacial;

marcharse a otra parte no es siempre posible: se trata más bien de una lógica de sustracción al poder como única forma de resistencia

practicable y eficaz. Lo desdichado, en esta historia, es que proba-

blemente nosotros podamos ofrecemos el lujo de esa resistencia;

los africanos, ellos, quizá no

87

Del retomo. Abecedario biopolíticd

¿Abandonar África?

No, abandonarlo todo. Pero repito, si podemos hacerlo, por el mo- mento la lógica de la sustracción sigue siendo todavía un privilegio.

Hay un momento en que ya no. hay elección posible. Quizá ahí está el verdadero avasallamiento. Es también la cuestión de la superviven- cia. ¿La ha sentido alguna vez con particular intensidad?

Ciertamente, está la experiencia de la supervivencia en el sentido es- tricto de la palabra: es decir, la experiencia de sobrevivir estricta- mente en los recuerdos de lo que ya hemos vivido y perdido, y en la que sentimos ese sobrevivir como algo vacío e inútil. Pero también hay momentos en que nos sentimos supervivientes <<fuertes», resis- tentes, y ahí aparece entonces un elemento positivo muy importante. Podemos sobrevivir y resistir al mismo tiempo, ésa es la experiencia

que he vivido.

Durante los primeros años de exilio en Francia, primero tuve la impresión de que todo estaba acabado; era un superviviente triste. Era algo que me dejaba en la vida desnuda; estaba completamente

abandonado, ya no sabia dónde estaba. Sin embargo, en cierto mo mento, redescubrí la posibilidad de una verdadera resistencia, aun- que algo lejana de todas formas: ¡como decía Galileo, el mundo gira!

Eppur si

Hay resistencias. Una vez que se ha

dicho esto desde el punto de vista de la crónica privada pura, a veces

se alcanza el descubrimiento de niveles ontológicos de resistencia, se

consigue alcanzar más allá de uno mismo la gama de los posibles, las renovaciones de la vida, los deseos que cambian y que se apoyan en

unos u otros, en la supervivencia y en la resi$tencia colectiva. Por

ejemplo, hay niveles de conciencia, incluso de vida, de deseo, dife- rentes y que se entrecruzan. En las relaciones de estricta superviven-

cia, estamos reducidos a ciertas necesidades elementales de la vida,

Se

88

Ide

mientras que en la supervivencia de resistencia hay una dimensión más. es ante todo la expresión de un deseo positivo y común, un de- seo de construir juntos. Si pienso por ejemplo en las relaciones amorosas y en los lazos que mantenemos con nuestros hijos, es bastante claro: en la simple

supervivencia estamos en el mínimo, estamos en una especie de es- tadoestático de conservación de lo que ya existe; la apuesta es con- servar todo en su estado, no perder nada, porque toda pérdida impli caría el cuestionamiento de la totalidad de lo poco que se tiene.

Mientras que en la resistencia, la vida crece, se

podríamos aplicar esto a la sexualidad. En la simple supervivencia

nos dejamos ir, estamos al límite de la carencia y sencillamente in-

En las relaciones de resistencia están, al

contrario, la producción y la invención de nuevas formas de vida.

tentamos preservamos

Hasta

89

Ide

.! de Nunca Cuando piensa en la expresión anunca jamás», ne a la cabeza?

¿qué idea le vie-

¡Nunca jamás la guerra!

Tenía dos años cuando murió mi padre, en 1936. Era militante del

Partido Comunista. Los fascistas le obligaron a beber aceite de ricino, que es algo así como beber aceite lubricante, produce unos estragos considerables, la gente se vacía literalmente y tiene septicemias. Así

murió. En la familia reinaba un antifascismo absoluto. Luego también murió mi hermano, él tenía diecisiete años y yo diez. Y se necesita-

ron doce bombardeºs en Padua antes de que nos decidiéramos a huir.

Después nos refugiamos en el campo, pero también allí había bom- bardeos, porque cerca había un puente que los aliados bombardeaban

por la noche y que los alemanes reconstruían cada

Además, siendo antifascista y teniendo un hermano convocado para servir en el bando fascista, debía de ser aún más

No se imagina la locura y el dolor de aquella época. Mi hermano mu- rió en el frente en 1943 se había alistado, vaya usted a saber por

* En francés, Jamais plus. (N. de la T.)

91

Del retomo. Abecedario biopolltico

qué, era un adolescente, ni siquiera era mayor de edad , y segura mente de ahí viene mi aversión por la Nación. Porque en casa éramos antifascistas pero de todas formas había que defender Italia: una con- tradicción más o menos no significaba mucho. La otra cosa, por tan to, por la que me gustaría decir <<nunca jamás», es la Nación, el pa- triotismo, todos esos espejuelos. En 1944 llegó a nuestra casa el que sería el marido de mi henna- na. Era un partisano comunista que venía de las montañas, un ¡talo- alemán nacido en Trento. El me educó. Era una especie de jovencí- simo padre de reemplazo. Su familia vivía en los Dolomitas, allí se

formaron las primeras brigadas de partisanos después del 8 de sep-

tiembre de 1943, cuando el ejército italiano fue disuelto a conse- cuencia de la traición del rey. El fascismo se había derrumbado en ju lio de 1943, Italia estaba invadida por los alemanes, pero los aliados habían empezado a desembarcar en el sur. Todos los antifascistas se reagruparon en las montañas para combatir a los alemanes que ocu paban el norte de la península. El hermano de mi cuñado era un ofi- cial de la aviación, era un fascista, y los partisanos querían castigar le. Entonces mi cuñado, que tan sólo era un joven estudiante de medicina, se fue a las montañas para defenderlo. Los partisanos le di- jeron: ((Si quieres que tu hermano siga con vida, tú te quedas con nosotros». Lo secuestraron, porque era médico y les faltaban médi

cos. ¡Así se hizo comunista! Allí, con ellos, conoció a gente formi-

dable que yo también conocí más tarde. Es una experiencia que le

dejó marcado para toda la vida.

¿Y su hermano?

Su hermano era un imbécil, simplemente un joven ilusionado con estar en el ejército del aire: la figura del <<piloto-héroe» encamaba cierto mito. Su avión ya había sido abatido en Libia, le dieron una medalla. Finalmente mi cuñado vino a refugiarse a nuestra casa. Se

92

J de

quedó todo el invierno de 1944-1945, porque en las montañas su brigada había sido exterminada. Después se marchó, porque se sabía que era partisano y lo estaban buscando. Tuvo que volver a escon- derse. Ese joven cuñado yo tenía doce años y él veinticuatro fue uno de mis dos iniciadores al comunismo. El otro fue mi abuelo paterno, un personaje formidable que también ha contado mucho para mi. Mi abuelo era un labrador que había dejado el campo y la mise- ria poco antes del fm de siglo parainstalarse en la ciudad, en Bolonia.

Allí, trabajó en los viejos tranvías de caballos. Entró en la organiza ción socialista y se convirtió en un miembro importante de la coope rativa sindical. Todavía hoy, en Bolonia, tengo derecho a vivir en uno de los pisos de esa cooperativa, es un derecho hereditario con la con

dición de seguir pagando las

Se trataba de las prime-

ras cooperativas que construían casas. Después mi abuelo se hizo guarda de noche de un banco de Bolonia. Yo iba a menudo a su casa,

durante el verano. Se pasaba el tiempo contándome historias de lu

chas. Crecí acunado en esa memoria; sin embargo, no creo haber te-

nido un solo momento de exaltación, y nunca me he sentido condi- cionado por esa historia familiar, ni en negativo, ni en positivo. Simplemente formaba parte de mi vida.

Pero de todas formas, es un condicionamiento el haberse alimenta-

do de esa

Para mi abuelo, la educación era la transmisión de la lucha contra to das las tradiciones, porque para nosotros la tradición significaba la tradición de la esclavitud, del trabajo forzado, de la miseria. No se

puede imaginar lo que representa levantarse todas las mañanas a las

cinco y llevar un quintal sobre los hombros todo el día. Mi abuelo odiaba el trabajo, porque lo había experimentado directamente como una alienación física y moral. ¡Estamos muy alejados de la aliena-

93

Del retomo. Abecedario biopolítico

ción en el sentido en que lo entendía Sartre! Creo que toda la familia ha estado marcada por esa idea, aunque hayamos elegido vías dife- rentes.

Mi cuñado, el antiguo partisano, se ha convertido en radiólogo

pero sólo vive para la montaña, es una manera de seguir siendo fiel a lo que fue. Es una buena persona. Mi hermana es neuropsicóloga, se ocupa de la localización de las funciones del cerebro, es una bió- loga excelente, una universitaria respetada. Son gente muy querida

que me apoyaron mucho. Nunca han dejado de ser comunistas. pero

no le han perdonado nunca al Partido el que me hiciera encarcelar.

Han querido mucho a mis hijos y se ocuparon de ellos cuando esta

ba en prisión. Y tienen una coherencia a prueba de balas.

¿Pero la memoria no está necesariamente de parte de la.tradición?

¿Quién manda a la memoria? ¡Frente al peso de la memoria hay que

ser poco razonable! La razón, ¿se el eterno cartesianismo. Contra Descartes, habría más bien que elegir a Galileo: la cosa más bella es pensar acontra», pensar muevo». A menudo la memoria impide la rebelión, el rechazo, la invención.

Por lo tanto, su abuelo le ha transmitido una herencia y una memo- ria contra la tradición.

¡No tenía que habérselo dicho, estoy desvelándome completamente!

Observo que los niños educados sin experiencia de la transmisión de

una memoria oral y colectiva, es decir, una memoria arraigada en el cuerpo, encarnada como la que su abuelo le ha transmitido a través de sus relatos de luchas , producen entre otras cosas una pe queña burguesía americana con un conformismo que da lástima. ¿Qué es lo que da el fermento de la rebelión? Quizá también sean

94

J de

esos relatos, que no son sólo una memoria, sino la transmisión de lo que usted llamaría lo acomún».

Dicho esto, también he visto a gente llena de esa memoria

de las luchas que eran grandes imbéciles. Por ejemplo, en los años sesenta setenta, los marxistas-leninistas eran de una rigidez lastimo

sa, por no hablar de los trotskistas, que a lo mejor eran algo más sim-

páticos pero que en su mayor parte también se alimentaban de ella, ¡y no les hacía más inteligentes, ni abiertos! Esa continuidad de la me moria, esa manera de pensar en la tradición, se vuelve rápidamente dogmática y continua. En la filosofía es difícil librarse de ella. En la

práctica también, por lo demás.

Descartes lo hizo.

Si, pero los filósofos utilizan instrumentos que a pesar de todo son

exuemadamente sofisticados. Cuando se ponen esos mismos instru- mentos en manos de todo el mundo, no está dicho que el resultado

sea satisfactorio. Es evidente que el sentido común es la cosa mejor repartida del mundo, ¡pero la crítica filosófica de la tradición no es lo más inmediatamente eficaz! Lo que hace falta es una crítica política de la tradición. La opresión está fundada en la tradición, la Iglesia

está fundada en la tradición. Sobre esto es sobre lo que la gente tiene que reflexionar, sobre esto deben reaccionar.

¿A su abuela no lefascinaba el comunismo ruso?

Habia crecido antes del mito del comunismo ruso. Mi padre es uno de

los fundadores del Partido Comunista, pero el viejo Enea, mi abue-

lo, nunca se inscribió. Creo que siempre votó por el Partido, pero nunca se sacó el carnet. Mi abuela cosía dobladillos y camisas a mano, era muy prudente en política, pensaba en construir la familia.

95

De! retomo. Abecedario biopolítico

Hacía un flan como nunca lo he vuelto a probar. ¿Quiere saber el col- mo de la historia? Nunca he sentido una pasión particular por lo dul-

ce preñero lo salado a los dulces , y las reminiscencias proustia-

nas me son bastante indiferentes. Pero el flan de mi abuela es el

azúcar y la memoria involuntaria todo a la vez; preferiría ser más co- herente, pero así es: ¡el flan nunca me ha dejado elección, me ha do- tado de una memoria que es ante todo memoria del placer! Es lo que decía Proust, ¿no? ¡Negri proustiano, vaya risa, pero bueno!

Entonces la alegría, para usted, ¿también es elflan?

¡Sí, no se imagina lo que era! En nuestra casa no se llamaba flan, sino jior di lane. La primera vez que me sirvieron flan en una buena cena,

descubrí que existía algo fuera de la unicidad de mi abuela.

.! de

La alegría es la expresión que encuentra una respuesta, es un acto que se añade a otro, que encuentra una correspondencia. Pero en la

concepción de la alegría no se puede ser místico, nunca. Para mí, el

misticismo es la peor de las cosas, porque hay un fundamento nega- tivo del que se cree salir y en el que se recae. En el misticismo la ale- gría es la desaparición del sufrimiento. Pero si, claro está, la alegría

puede serlo contrario del sufrimiento, para mi está excluido el defi nirla como una falta de algo: porque la alegría también es algo pleno, positivo. La alegría también es la potencia de crear, la sobreabun-

dancia, el exceso. De hecho, es la única definición de Dios que conozco: la sobreabundancia, el exceso y la alegría son las únicas

formas con que se define a Dios.

* En francés. Joíe. (N. de la T.)

96

1 de

¿Podríamos, por lo tanto, participar de ello de vez en cuando?

El problema no es la participación, sino la construcción. Partici pamos en la medida en que construimos algo en común. La alegría está ligada directamente a ese común, a su potencia. Al mismo tiem- po, no hay nada trascendente en todo esto.

No piensa en la alegría sola, deforma aislada.

No, no puedo. Pienso que no hay nada <<solo». Ni siquiera el lengua- je, ni siquiera la conciencia lingiiística mínima que permite decir que existimos. El hecho de existir, como acto de reconocimiento de su propia existencia, pasa por el reconocimiento de su propia palabra e implica una comunidad lingiiística. La comunidad lingíiística es algo extremadamente sólido, es quizá hasta una de las comunidades más sólidas. Habría que hacer un estudio spinozista de la comunidad lin- giiística. Para Spinoza, la lengua se confunde con las pasiones. Pienso en el gran linaje literario y filosófico que ha producido esa idea, desde Rabelais hasta todos los lingiiistas postestmcturalistas actuales. Al fm empezamos a hablar de la lengua del cuerpo. Y no es una coincidencia si uno de los temas que se repiten en esta filiación

filosófica es la risa. La risa es la forma intermedia entre la lengua y la expresión de la pasión. Tiende hacia la alegría, evidentemente. La

Habría que comprender hasta qué punto la risa de

un niño es ya la Hay todo un grupo de investigadores postestructuralistas que dicen que el estructuralismo no acertó a ver la palabra como cuerpo, especialmente alrededor de la cuestión del ritmo, el ritmo como línea mediana.

Numerosos rusos trabajan sobre ese tema en

estos momentos. Es una idea que también yo tengo desde hace algún tiempo, quizá acabe por hacer algo.

risa de un

El ritmo, la

97

¡(de

K de Yo he propuesto Kant y usted me ha dicho: ¡Ah, no!, odio a

Kant». ¿Es cierto?

No. En realidad, lo he estudiado mucho. La parte de Kant que más

me gusta es la parte menos kantiana, es La crítica del juicio, es de-

cir, la estética, las funciones trascendentales activas. Lo admirable es el momento crítico que se invierte, lo que se llama el esquematismo trascendental de la imaginación. En Kant. el efecto de duración de la imaginación es absolutamente moderno. Hay una duración de la ¡ma ginación constructiva. Y aunque Hume lo entendió antes, Kant sigue siendo importante porque aisló la función trascendental con la que, después, los idealistas han hecho un desastre. La tercera Crítica es realmente la conjugación del pensamiento de las Luces y de la he-

rencia de cierta filosofía inglesa.

¿Qué es lo que le parece creativo en esa definición de la imagi- nación?

El hecho de que las formas que proyectamos sobre lo real para en- tenderlo y organizado también tienen la capacidad de construir algo nuevo. Esto nos conduce de nuevo al lenguaje, a ese momento de co

99

Del retomo. Abecedario biopolitico

munidad ontológica o de <<común» ontológico que nos revela el len-

guaje. En este orden de ideas, lo que llamo kairós* es un punto tem-

poral ejemplar, porque el Ser es un tiempo que se abre; y en cada ins- tante en que se abre, debe ser inventado y se inventa a sí mismo. Kairós es eso: ese momento en que se lanza la flecha del Ser, ese

momento de apertura,- de invención del Ser en el borde del tiempo.

Vivimos en cada instante ese margen del Ser que se construye.

K de

Pero no es el margen del que habla Heidegger, no es un margen del Ser, es el margen del instante en que ocurre, del impulso más bien.

El instante que crea es el instante en que el Ser crea, pero puede ser

bloqueado por nuestra incapacidad para aceptar esa apertura. Porque

lo que intento describir a través de esa idea de kairós no es el impul-

so vital a lo Bergson: no basta con dar un continuum temporal para describir el proceso de creación del Ser.

Dicho de otra manera, si nos paramos, se para.

Si, si no avanzamos con él, se para. El tiempo es algo que

interpreta

mos, que plegamos. que dejamos que nos lleve, pero no es una po- tencia ciega.

Pero existefuera de nosotros.

Sí, en el sentido en que la pertenencia al kairós nunca es solipsista.

Hay muchas otras personas que forman parte de ello. Si lo pensamos,

toda nuestra corporeidad funciona de esa manera. Sólo la muerte puede romper esa relación entre el cuerpo y el kairós. Quizá algún

* Del griego kairós: oportunidad. (N. de la T.)

100

ch

'

día deberíamos conseguir anular la muerte. No es una idea nueva, lo dice Descartes.

¿Por qué no? No es impensable a priori. Justamente el kairós es el después y el lenguaje.

Kairós es la forma en que vemos el mundo, es un punto de vista. Un punto de vista que también es sobre el pasado. El pasado está re construido a partir del kairós, pero no es el pasado el que construye

el kairós. Y en la medida en que es el kairós el que reconstruye el pa

sado, no hay pasado puro al que tener acceso. Dicho esto, hay que tener cuidado, porque cuando decimos que no hay pasado puro nos arriesgamos a caer en una especie de relati-

vismo histórico total. En realidad, no se trata de eso para nada, por-

que cuando algo ha sido dicho no puedo desdecirlo: ha sido dicho; y cuando algo ha sido hecho, no puedo deshacerlo: ha sido hecho. Kairós nos confirma esto, lo pone en circulación. La hospitalidad no es sólo abrir los brazos y decir al otro <<ven», es también coger su bra- zo y decir <<marchemos juntos». Lo formidable es esa circulación, esa puesta en común. Si se tiene una idea de la amistad clásica, spi- nozista, significa construir niveles de Ser siempre más complejos y

más fuertes a través del encuentro de diferentes kairós. Siempre que

hay encuentro, hay construcción de Ser. En la idea judeo-cristiana, una restauración del Ser es lo máximo que se pueda esperar. Por lo

tanto hay que prestarse a esa

Si, no es

Cuando construcción y kairós marchan juntos. En el kairós está la idea del trabajo vivo. El trabajo vivo es lo que constituye la realidad del mundo; es un kairós corporal que genera una energía física y psí quica. El kairós es productivo; incluso es una producción que abar-

101

Del retomo. Abewdarío biopolítico

ca la totalidad de la vida, una bioproducción, un biotrabajo. Es lo contrario del trabajo muerto, que es la negatividad misma: lo que no es. Aunque digamos, de forma radical, que el trabajo muerto y el mal no existen: sin embargo, hay que luchar en su conlra. Luchar contra algo que no existe puede parecer un poco paradójico, pero es la úni-

ca posibilidad de superación que tenemos.

102

Lde

L de El espíritu lombardo, ¿qué es?

La Lombardía es una región del norte de Italia que se sitúa entre el

Piamonte y el Véneto. Digo <<lombardo» como podría decir <<véne- to». Hablo del espíritu de la llanura del Po. Ahí es donde nacieron

mi madre y su familia. Gente que tenía una religión de la tierra.

Pequeños campesinos, ni pobres, ni ricos, que trabajaban mucho para

conseguir comer pan blanco. Hace falta haber probado el pan de aceite de allí Lombardo significa el <<sentido de la tierra», pero

también muchas otras cosas que ha inventado esa población tranqui-

la y libre. Los lombardos inventaron la moneda, tuvieron la idea del

comercio muy pronto, desde finales de la Edad Media; y el fm de la Edad Media, en Italia, tiene dos siglos de antelación respecto al res-

to de Europa. El intercambio de mercancías, la organización del

comercio a nivel europeo, a lo largo del mar y de los ríos: desde

Italia hasta la Provenza, pasando por el Ródano, desde la Provenza

hasta España y Cataluña, a lo largo del Rin, hasta Holanda, y a lo

largo del Danubio. Son los tres grandes ejes de expansión de los lom bardos. Desde ese punto de vista, me siento profundamente lombar

do. Me siento cercano a esa movilidad que no excluía el apego a la tierra, porque esos hombres siempre volvían al cielo de Lombardía.

103

Del retomo. Abecedario biopolítioo

En sus viajes se llevaban a artistas italianos. Y en cuanto reconocían

talentos interesantes en el extranjero, los traían a Italia. Ocurrió pues

ese gran intercambio, a la vez comercial y cultural. A lo largo del Po, la tierra es completamente llana; es negra y tan rica que rinde dos o tres cosechas al año. Ni siquiera se sabe a cuándo se remontan los primeros sistemas de inigación. Es probable que Virgilio ya hablara de

Sin embargo hubo una época en que fue una región muy pobre.

Si, pero en la parte central de la llanura, y hasta el principio de los Alpes, desde Ferrara hasta Módena, o desde Reggio Emilia hasta Parma, la miseria nunca fue terrible porque la tierra era fértil. La gen-

te pasaba después de la cosecha y recogía lo que quedaba. Era sufi-

ciente para comer durante seis meses. Es todo un arte de vivir. Es uno de los sitios de Europa donde mejor se come. lnventaron los tagliate- lli, los tortellini, el parmesano, el jamón de Parma. Tienen un hedo

nismo íncreíble. Y la familia no es más que una estructura muy

formal: ¡quizá haya visto Novecento de Bertolucci! Hay muchas pa- siones humanas, un lenguaje muy bello, muy ancho, un espíritu de

comunidad a la imagen del mismísimo Po, un río indomable alrede- dor del cual la gente siempre ha trabajado conjuntamente para prevenir y evitar las inundaciones. El espíritu de comunidad es por lo tanto muy

fuerte, con los defectos que ello conlleva inevitablemente: se nace juntos, se come mucho, se bebe mucho, se hace mucho el amor. Hay verdaderas tribus, es muy bonito. Es esa capacidad para trabajar jun- tos e inventar relaciones la que ha producido el comercio. No el co- mercio moderno, más bien una forma de intercambio en que se pre- guntaba a los demás qué es lo que necesitaban y en que se creaba a partir de esa demanda. Se creaba riqueza y se administraba. Las mu- jeres reinaban en las casas. Las llamaban las razdore. Ellas domina- ban, incluso tenían derecho a cierta libertad sexual, y era raro que

104

Lde

ocurrieran delitos pasionales. Hoy, parece que todo eso ha cambiado

profundamente. Las últimas décadas del siglo xx han destruido la generosidad de la gente y suscitado más bien hipocresía y egoísmo.

Es extraño tener que constatar esta transformación. No se puede ex- plicar por un simple rechazo de la modernidad demasiado brutal que ha hecho desaparecer la dimensión de lo <<local» y que ha burocrati- zado la administración. Ha habido una revuelta federalista, a veces hasta separatista, ha habido movimientos en contra de los inmigra-

dos, a veces abiertamente racistas

He intentado entender las ra-

zones de esas protestas, tanto en Lombardía como en el Véneto. Es evidente que hay muchas cosas sobre las que no pueden estar de

acuerdo: pagan más impuestos que los demás ciudadanos italianos cuando tienen un nivel muy bajo de servicios, etc. Pero ha habido

una especie de salto al vacío, un deterioro de su comportamiento cí vico, incluso la transformación radical de una revuelta, al principio

comprensible, en una violencia brutal.

¿Le parece que han cambiado?

Sí, a causa del liberalismo, a causa de la derecha. Desde hace cien

años, desde el nacimiento del Partido Socialista italiano, Milán nun- ca había sido gobernada por alguien que no fuera de izquierdas. Durante el fascismo, Milán y Bolonia siempre estuvieron gobernadas por socialistas. Eran <<socialistas fascistas», pero a pesar de todo eran hombres de izquierda. La administración no había cambiado nunca en las grandes ciudades del norte. Han sido por turnos socialistas, comunistas, social-comunistas; pero desde 1970 ha habido un gran viraje porque todos esos partidos eliminaron la única posibilidad para la izquierda de ser verdaderamente de izquierdas, es decir, de in- tegrar los nuevos movimientos de lucha. Se han negado a tomar en cuenta esa novedad social y política, han preferido encerrarse en sí mismos, alrededor de una clase dirigente rígida e incapaz de pensar.

105

Del retomo. Abecedario biopolitico

No es una coincidencia si Milán y desde hace poco Bolonia han pa- sado a la derecha. A Bolonia la llamaban <<la Roja». ¡Se imagina el

impacto que causó! Es algo por lo que tengo a la vez la memoria y la

nostalgia: ¡la dulzura de la vida lombarda y el espíritu comunitario de la población del Po!

106

Mde

M de Multitud» es una palabra

que le viene frecuentemente a los la-

Si, ya hemos hablado de ello un poco en todo este abecedario, en par ticular al ligar siempre la idea de Imperio a la de <<multitud». Pero si

queremos hablar del concepto en sí mismo, sería bueno precisar que

en realidad la multitud debe entenderse en tres sentidos. El primero

es filosófico y positivo: la multiplicidad se define aquí como una

multiplicidad de sujetos. Aquí, a lo que se desafía es a la reducción al uno, a esa tentación permanente que envenena el pensamiento desde

la metafísica clásica. La multitud es, al contrario, una multiplicidad

irreducible, una cantidad infinita de puntos, un conjunto diferencia-

do, absolutamente diferenciado. ¿Realmente piensa que el conjunto

de los ciudadanos puede reducirse a la unidad? Es absurdo. La mul

titud de las singularidades no puede reducirse a la idea de pueblo. El pueblo ha representado durante el período moderno una reducción

hipostática de la multitud. La soberanía ha reconocido su base en

el pueblo y ha transferido su imagen en el pueblo. El engaño de la

representación política se ha tejido a través de esos conceptos de so beranía y de pueblo. Pero ¿adónde ha ido a parar ese pueblo sobera-

no? Está perdido en la bruma del Imperio; su composición ha sido

107

Del retomo. Abecedario biopolítico

anulada por la corrupción de la representación. Sólo queda ante no-

sotros la multitud. En segundo lugar, la multitud es un concepto de clase: la clase de las singularidades productivas, la clase de los operarios del trabajo inmaterial. Una clase que no es una clase, pero que es el conjunto de

la fuerza creativa del trabajo. Multitud es el nombre de una realidad

económica, todavía sujeta a lo aleatorio de un poder al que le gusta- ría ignorar la transformación de la fuerza de trabajo: los patronos di- cen en efecto que sólo la guerra les permite garantizar y asegurar un

horizonte

Pero si esa fuerza de trabajo ya no es una cla-

se, es a pesar de todo una potencia productiva extremadamente fuer- te. La lucha de clase obrera ya no existe, pero la multitud se propone como sujeto de lucha de clases: para poder convertirse en ello, debe ser la clase más productiva que se haya inventado nunca. Tercer aspecto: la multitud es una potencia ontológica. Esto sig-

nifica que la multitud encarna un dispositivo que intenta representar

el deseo y transformar el mundo. Mejor: quiere recrear el mundo a su

imagen y semejanza, es decir, convertirlo en un gran horizonte de subjetividades que se expresan libremente y que constituyen una co-

munidad de hombres libres.

M de

Me gustaría contestar con una burla: ¿qué piensa la materia de mí? ºponemos demasiado a menudo el pensamiento a la materia como oponemos el pensamiento a la vida. Pero el pensamiento no es algo diferente del resto de la vida, ni de la materia.

¿Hay una materia» del pensamiento?

Sí, es la materia de la materia.

108

Mde

¿Qué es la materia? No sabemos lo que es. ¿Es el Ser? Me parece misterioso.

Los idealistas y todos aquellos que creen en Dios tienen una idea muy clara de lo que es la materia: es el principio contrario al de Dios, es lo contrario de lo verdadero, de lo que es bello y bueno. La mate- ria, en Plotino, es la nada. El universo se convierte así en algo extra- ño, porque la idea sin embargo siempre tiene que mezclarse con la materia para existir, y el Ser tiene que mezclarse con la nada. Si ne- gamos la consistencia de la materia, o el hecho de que sea lo que hay, caemos en una de las formas más sofisticadas de la tontería filosófi- ca. El único misterio que existe es cuando el Ser se define como algo diferente de la materia, algo irreducible a ese conjunto de connota-

ciones determinadas que forman la

La materia es libre, los

átomos llueven en el universo y así lo constituyen. Únicamente un clinamen* puede intervenir aquí, es decir, la libertad que se inserta en

la materia y produce su hibridación. Después de la verdad del mate-

rialismo antiguo, tenemos la potencia filosófica del materialismo spinozista: la materia se presenta como un cuerpo, el cuerpo se pre- senta como una potencia que remonta el plano de la inmanencia has- ta poder decirse divina. Todas las teleologías fracasan porque igno- ran a la materia. Y porque la materia es el espesor de la afirmación de la libertad del hombre. Las teleologías lineales o dialécticas que pre- figuran los modelos y las medidas del devenir desaparecen en conse-

cuencia. El materialismo es la afirmación de la vida, sin mistifica-

ciones teóricas ni autoridades políticas. El materialismo siempre es revolucionario, porque la materia también lo es.

" Del latín clinamen: inclinación. Para Epicúreo y sus discípulos. desviación

espontánea de los átomos, que acarrea su aglomeración y la formación de los cuer pos, y permite comprenderla libertad humana. (N. dela T.)

109

Del retomo. Abecedario biopolitieo

M de

El monstruo rompe con la teología. Montaigne decia que Dios no siente ningún interés por el monstruo. Hasta Montaigne, que sin embargo era un gran novador respecto a la teología clásica, tenía miedo cuando debía afrontar la idea del monstruo. ¿Miedo de com- prender qué? Que el mecanismo metafísico y ontológico no está

fundado en medidas y prototipos, sino, al contrario, en la libertad,

en el kairós, en el cuerpo y su facultad de inventar e inventarse. El

mundo está hecho de esta forma y para esto. Es la causa de si mis mo. Es la potencia.

Esto nos da miedo porque es lo que deja vía libre a todas lasfanta- stas.

Pues claro. Y sobre todo hoy a las fantasías ligadas a la ingenieria bio

lógica, aunque el problema, en realidad, no es nuevo. Hemos llegado a este punto con la ingeniería nuclear, tocamos los grandes puntos de la vida: ser Dios, ¿no es lo que el hombre ha soñado siempre des- de que es libre de pensar? Es divertido ver que, desde un punto de vista filosófico, hasta en los pensadores reaccionarios, en Platón, en santo Tomás, en Hegel, hay momentos en que sentimos esa tenta- ción. La encontramos en todas partes porque es la fuente del ver-

dadero deseo de pensar. Hoy, estamos en ese punto. Hemos llegado finalmente ante esa cosa formidable que habíamos dejado a la antro

pología literaria, y de la que ahora somos capaces: la metamorfosis.

La materia, el monstruo pueden ser dominados por kairós. La materia puede ser reconocida como kairós, y el monstruo puede ser recono cido como posibilidad de metamorfosis. Pero, como para toda po- sibilidad abierta, nos encontramos ante una ambigiiedad terrible. ¿Quién decidirá sobre este tema?

110

M de

Maquiavelo dice: aUna asamblea de los que saben».

Maquiavelo ha dicho muchas cosas. En particular, ha dicho que la única posibilidad de construir e interpretar lo común es viviéndolo

como una democracia. Maquiavelo considera la democracia como la capacidad de expresarse sin pasar a través de la unidad: la considera pues como un fenómeno expresivo. Estoy cada vez más convencido del hecho de que la metamorfosis es un proceso radicalmente posi-

tivo, con la condición de que consigamos que se convierta en una

decisión democrática sobre lo común. No puede haber grupos de ex- pertos que evalúen y decidan el desarrollo metamórñco del hombre:

sólo la multitud puede decidir en el momento mismo en que se me-

tamorfosea. Los cuerpos sólo podrán decidir cuando hayan aceptado

el juego de la metamorfosis, pero deben aceptarlo de forma común: