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El islam y su relación con Occidente

A mediados del siglo VII, surgió en la península arábiga la que sería una de las más importantes
religiones a nivel mundial: el islam.

La península arábiga es una zona en donde predomina el clima árido, cuyo paisaje principal es el
desierto. Allí vivía una serie de tribus nómades de religión politeísta, que practicaban el pastoreo
de camellos y cabras. Los únicos grandes asentamientos urbanos de esta región fueron La Meca y
Medina, ciudades comerciales que surgieron gracias a las rutas que seguían las caravanas de
mercaderes.

Mahoma (570-632), profeta fundador del islam, nació en La Meca y, tras una experiencia mística,
comenzó a predicar un mensaje que hablaba de un solo dios, Alá, y de la importancia de la caridad.
En el año 622, conflictos relacionados con esta nueva fe lo obligaron a salir de La Meca en
dirección a Medina. Esta fecha se conoce como Hégira y marca el comienzo del calendario islámico
(Doc. 1). El año 630, y tras reclutar un ejército de musulmanes, Mahoma vuelve a La Meca
victorioso. En el año 632, solo dos años después de su muerte, toda la península arábiga se había
unificado en torno a esta religión, dando inicio a un período de expansión.

El libro sagrado del islam es el Corán, el cual contiene el mensaje divino para los seres humanos y
aborda los fundamentos, los principios éticos y valóricos de la religión. El Corán también plantea
principios políticos y jurídicos que permitieron ordenar la sociedad musulmana. La principal
autoridad religiosa y política era el califa. Los califas fueron, entonces, los sucesores de Mahoma.
Al lado de la autoridad principal estaban los visires, quienes oficiaban como ministros de Estado.

Las Cruzadas y el avance de la cristiandad

A partir del siglo XI, la cristiandad occidental comenzó un proceso de expansión, incorporando
comunidades y pueblos a la fe católica. Al interior de Europa, se extendió principalmente por el
norte, este y suroeste del continente: normandos, húngaros y otros pueblos eslavos; mientras que
los reinos católicos de Castilla y Aragón iniciaron un lento camino para reconquistar los territorios
que estaban bajo el dominio del Al-Ándalus. En este contexto, la Tierra Santa se había convertido
en un lugar con significado místico, siendo uno de los focos más relevantes para las
peregrinaciones religiosas. Sin embargo, la ocupación de Jerusalén por los turcos selyúcidas (un
nuevo pueblo musulmán), dificultó su libre acceso. Esto gatilló una serie de campañas militares
en nombre de la cristiandad, conocidas como Cruzadas.

Las cruzadas tuvieron profundas consecuencias para Europa occidental: se fortaleció el poder de
los reyes a costa del que poseían los señores feudales, se produjo un renovado intercambio
cultural entre Oriente y Occidente y se reactivó el comercio en el mar Mediterráneo, lo que a su
vez hizo retornar la circulación de la moneda e introdujo nuevos productos a Europa.