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UNIVERSIDAD NACIONAL DE EDUCACIÓN A DISTANCIA

GRADO EN CIENCIAS AMBIENTALES

Curso académico 2016-2017

Centro Asociado de Calatayud

TRABAJO DE FIN DE GRADO

Análisis de ciclo de vida y huella de carbono: metodologías y ejemplo de aplicación.

Life cycle assessment and carbon footprint: methodologies and a sample application.

Tutora: Dra. Elena Pérez Mayoral

Autor: Víctor Herrero Silvestre

DNI: 25209285C

Domicilio: Gutiérrez Mellado nº 19, 2º izda, 50009, Zaragoza

Teléfono: 601333654

Declaración de originalidad y de citación fidedigna de las fuentes:


El documento que sigue a continuación ha sido realizado completamente por el firmante
del mismo, no ha sido aceptado previamente como ningún otro trabajo académico y todo
el material que ha sido tomado literalmente de cualquier fuente, ha sido citado en las
referencias bibliográficas y se ha indicado entre comillas en el texto.

Fdo. Víctor Herrero Silvestre


Índice de contenido
Resumen ................................................................................................................................ 2

Abstract .................................................................................................................................. 2

Introducción ........................................................................................................................... 3

Cuerpo central........................................................................................................................ 7

Metodologías de análisis del ciclo de vida. .................................................................. 7

Metodología CML 2002. .................................................................................... 8

Metodología Eco-indicador 99. .......................................................................... 9

Metodología EDIP 2003. .................................................................................. 11

Metodología EPS 2000. .................................................................................... 12

Metodología IMPACT 2002+. ......................................................................... 14

Metodologías de cálculo de la huella de carbono. ..................................................... 15

Greenhouse Gas Protocol. ................................................................................ 16

Metodología Bilan Carbone. ............................................................................. 16

Método compuesto de las cuentas contables (MC3). ....................................... 16

La metodología de la norma PAS 2050. ........................................................... 17

Ejemplo: Cálculo de la huella de carbono de una barra de pan artesano siguiendo la


metodología PAS 2050. ............................................................................................. 18

Estudio de la huella de carbono de una barra de pan. ....................................... 18

Conclusiones........................................................................................................................ 31

Bibliografía .......................................................................................................................... 34

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Resumen
El análisis del ciclo de vida y la huella de carbono son herramientas para medir el
impacto ambiental de productos, organizaciones e incluso de entidades mayores de gran
utilidad en la lucha contra el calentamiento global. Mientras que el análisis del ciclo de vida
es un método complejo y exhaustivo para evaluar el impacto ambiental desde una
perspectiva global y holística, la huella de carbono es un concepto más simple y solo mide
las emisiones de gases de efecto invernadero. Ambas herramientas han sido estandarizadas,
pero no de forma suficiente para su aplicación práctica, por lo que existen para su realización
diferentes metodologías, con sus respectivos enfoques y estrategias a la hora de afrontar sus
análisis.

La diversidad de metodologías ha supuesto un problema para obtener resultados


precisos y comparables. Sin embargo, la sencillez de la huella de carbono ha facilitado su
popularización entre organizaciones y consumidores, contribuyendo a propagar el enfoque
del ciclo de vida. Sin olvidar sus limitaciones, ambas herramientas son de gran utilidad para
la evaluación y la reducción de los impactos ambientales.

Abstract
Life cycle assessment and carbon footprint are tools used to measure not only the
enviromental impact of products, but also organisations and major entities. Both have
proven to be major assets in the fight against global warming. While life cycle analysis is a
complex and comprehensive method for assessing environmental impact from a global and
holistic perspective, carbon footprint is a simpler concept and it only takes into account
greenhouse gas emissions. Although there have been attempts to standardize both methods,
these have proven to be insufficient for their practical application. That is the reason why
different methodologies exist, with their respective approaches and strategies when facing
their analysis.

Methodological diversity has been a burden on the ability to obtain accurate and
reliable results. However, the simplicity of the carbon footprint has boosted its popularity
among organisations and consumers, aditionally helping to spread the life-cycle approach.
Bearing in mind its limitations, both tools are extremely useful for the assessment and
reduction of environmental impacts.

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Introducción
El calentamiento global es un hecho inequívoco. Las emisiones de gases de efecto
invernadero de origen antrópico son responsables del calentamiento y los cambios del
sistema climático. Este cambio climático ha causado impactos en los sistemas naturales y
humanos, además de agravar los riesgos ya existentes y crear nuevos riesgos en el futuro.
Minimizar estos riesgos requiere estrategias de mitigación y reducción integradas,
combinadas y en todas las escalas (Pachauri et al., 2014).

En la actualidad, se pueden observar dos estrategias complementarias a la hora de


luchar contra el cambio climático. La primera sigue la vía de la regulación y la institución
de nuevos impuestos o tasas con objeto de internalizar los costes. La segunda estrategia
propone incrementar la información de los consumidores, el etiquetado ambiental de
productos y los compromisos voluntarios. El análisis del ciclo de vida y la huella de carbono
son métodos para medir el impacto ambiental de productos y, en el caso de la segunda,
también de organizaciones, territorios o personas que son susceptibles de ser útiles desde la
óptica de ambas estrategias (Weidema, Thrane, Christensen, Schmidt, & Løkke, 2008).

El análisis del ciclo de vida es una evaluación de los impactos, tanto negativos como
positivos, ambientales, sociales y económicos de un producto durante toda su vida
(UNEP/SETAC Life Cycle Initiative, 2012), desde la obtención de sus materias primas,
pasando por su manufactura, distribución y uso hasta su tratamiento como desecho,
expresado popularmente como “de la cuna a la tumba” (Antón Vallejo, 2004). Debido a su
extensión como herramienta de análisis del impacto ambiental, es muy común la exclusión
de los criterios sociales y económicos en estos análisis1. Puesto que se este análisis permite
cuantificar los impactos ambientales asociados a productos, es también susceptible de ser
una herramienta para la reducción de los mismos.

Los estadios iniciales del análisis del ciclo de vida se sitúan en Estados Unidos en la
década de 1960. Entonces se realizan algunos estudios denominados REPA, siglas en inglés
de Resource and Environmental Profile Analyses. Supone un hito el primer estudio
ambiental multicriterio realizado por Coca-Cola comparando los envases de vidrio y
plástico, que se convirtió en la base metodológica para futuros estudios, realizado en 1969

1
Por ejemplo, la European Platform on Life Cycle Assessment cita la European Commission Communication
on Integrated Product Policy de 2003 que se refiere al análisis de ciclo de vida como “el mejor marco para
analizar el impacto ambiental potencial de los productos”. En “About us – EPLCA”, recuperado el 23 de Marzo
de 2017 de http://eplca.jrc.ec.europa.eu/?page_id=1058.

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(Hunt & Franklin, 1996). La década de 1970, marcada por la Crisis del Petróleo de 1973, así
como el auge de la concienciación ambiental con la I Cumbre de la Tierra en Estocolmo en
1972 y la publicación durante el mismo año por parte del Club de Roma de Los límites del
crecimiento auspiciaron el rápido crecimiento en el uso de los análisis del ciclo de vida
centrados especialmente en el consumo energético (Ayres, 1995). A pesar de ello, desde
mediados de la década el interés por los análisis del ciclo de vida de productos en Estados
Unidos disminuyó considerablemente, hecho reflejado en que la USEPA, siglas en inglés de
la Agencia de Protección Ambientales de Estados Unidos, considerase que el empleo de los
análisis del ciclo de vida ya no resultaba práctico (Hunt & Franklin, 1996).

Desde mediados de los años 80 el interés por el análisis del ciclo de vida resurge
especialmente en la Unión Europea, demostrado por el enfoque dado a la Directiva
85/339/CEE del Consejo relativa a los envases para alimentos líquidos, en el que se
considera que “es necesario reducir el impacto sobre el medio ambiente de los desechos de
dichos envases y fomentar la reducción del consumo de energía y materias primas” (Giudice,
La Rosa, & Risitano, 2006). La metodología evoluciona entonces hacia un modelo que da
un mayor peso relativo a las materias primas y los desechos, gracias a las contribuciones de
la SETAC, siglas en inglés de la Society of Environmental Toxicology And Chemistry
(Ayres, 1995).

La publicación en 1997 de la primera norma ISO 14040 sobre los principios y la


estructura del análisis del ciclo de vida supondrá un apoyo importante al desarrollo de la
metodología. Desde comienzos del 2000, el análisis del ciclo de vida en la Unión Europa se
ha vinculado al ecodiseño, que será especialmente relevante en la Directiva 2005/32/CE que
establece requisitos de ecodiseño a productos que utilizan energía. (Antón Vallejo, 2004).
El marco aportado por la norma ISO 14040 y desarrollado después por la ISO 14042 sobre
la evaluación del impacto del ciclo de vida no es, en cualquier caso, suficientemente
exhaustivo, por lo que han surgido metodologías específicas para la realización de los
análisis del ciclo de vida o se han adaptado al marco de las normas ISO metodologías
desarrolladas con anterioridad. Entre las más relevantes están las metodologías CML 2002,
Eco-indicador 99, EDIP2003, EPS 2000 o IMPACT 2002+ (EC-European Commission,
2011).

En general, las diferentes metodologías coinciden en incluir diversos indicadores de


impacto sobre los sistemas ambientales, todos ellos cuantificables, expresándolos en una

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única unidad equivalente. Se utilizan, por ejemplo, indicadores de eutrofización del agua, de
formación de fotooxidantes, la degradación de la capa de ozono, de acidificación del agua y
de cambio climático. Este último, el indicador de cambio climático, utiliza como factor
equivalente la masa de CO2 por masa de producto o unidad funcional, este factor se denomina
potencial de calentamiento global y, en el caso del ciclo de vida de un producto, es un
concepto asimilable a la huella de carbono del producto (EC-European Commission, 2011).

La huella de carbono es la cantidad de gases de efecto invernadero resultado de las


actividades de producción o consumo de bienes y servicios (Pandey, Agrawal, & Pandey,
2011). Esta definición tan general puede concretarse considerando como gases de efecto
invernadero a aquellos definidos por el Protocolo de Kioto, y el hecho de que una huella de
carbono es imputable tanto a productos como personas, organizaciones, territorios o estados
(Espíndola & Valderrama, 2012).

Pese a que desde la década de 1960 surgen, aunque con otras denominaciones, unos
primeros estudios de la huella de carbono de productos la aparición de una metodología para
su cálculo es muy reciente. Contrariamente, la cantidad de estudios de huella de carbono ha
crecido sustancialmente en los últimos años (Weidema et al., 2008). En España supone un
hito el Real Decreto 163/2014 que crea el registro voluntario de huella de carbono, cuya
vocación es “fomentar el cálculo y reducción de la huella de carbono por parte de las
organizaciones españolas, así como de promover los proyectos que mejoren la capacidad
sumidero de España, constituyéndose por tanto en una medida de lucha contra el cambio
climático de carácter horizontal” (Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio
Ambiente, 2017).

El GHG Protocol de 2001 es el primer método disponible para cuantificar la huella


de carbono y, si bien es solo aplicable a organizaciones, es pionero en la creación de
diferentes alcances al desglosar las emisiones directas debidas al uso de combustibles bajo
control de la empresa, las emisiones indirectas debidas al consumo de electricidad y el resto
de emisiones indirectas, fuera del control de la organización, pero debidas a su actividad
(Ranganathan et al., 2004). Le sigue en 2002 el método Bilan Carbone, que mantiene el
enfoque de tres alcances y que amplía la escala, con las modificaciones metodológicas
necesarias, a productos y territorios (l'Agence de l'Environnement et de la Maîtrise de
l'Energie, 2010). La aportación española a las metodologías de cálculo de la huella de
carbono es el Método Compuesto de las Cuentas Contables, MC3, desarrollado por

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Doménech y sus colaboradores en 2004, que está dirigido al cálculo de la huella de
organizaciones y establece claramente los límites de la organización y la información de la
huella, de modo que esta se acumula progresivamente a lo largo de la cadena de suministro
(Penela, Negro, María do Carme García, & Quesada, 2009). En 2006 aparece la primera
norma ISO que establece un marco de referencia para calcular la huella de carbono, aunque
como ya hiciese la de análisis del ciclo de vida, es abierta a la hora de establecer una
metodología de cuantificación; no obstante, también confirma la separación por alcances,
llamados aspectos en la norma, añadiendo a estos la captación y secuestro de gases de efecto
invernadero y las emisiones directas a partir de la combustión de biomasa (Weidema et al.,
2008). El método PAS 2050 desarrollado en 2008 se centra en los procesos productivos de
los bienes, basándose en mapas de procesos e inventarios para el cálculo de la huella de
carbono (PAS, 2008).

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Cuerpo central
Metodologías de análisis del ciclo de vida.
Las primeras metodologías de análisis del ciclo de vida, llamadas inicialmente
metodologías de análisis de impacto del ciclo de vida, se remontan a la última década del
siglo XX. Desde un primer momento se establecieron tres perspectivas diferentes de
aproximarse a la valoración de los impactos. La primera, basada en la atención a los efectos
últimos y representada por la EPS, siglas de Environmental Priority Strategies, desarrollada
en Suecia por el IVL, el Instituto Sueco de Investigación Ambiental, a partir de 1989 (Steen,
1999). La segunda, basada en la consideración de los efectos intermedios, representada por
la CML1992 que fue desarrollada por el CML, siglas en neerlandés del Instituto de Ciencias
Ambientales, de la Universidad de Leiden (Guinee et al., 2010). Una tercera perspectiva
consistente en medir la distancia con respecto a un objetivo, que puede considerarse una
medida indirecta de los impactos finales, fue establecida por la metodología ESM, siglas de
Ecological Scarcity Method, también denominada Ecopoints, cuya primera publicación data
de 1990 y fue desarrollada por la Oficina Federal de Medio Ambiente de Suiza (Baumann
& Rydberg, 1994).

Debido al avance en el conocimiento y a la aparición de las normas ISO, a partir de


1999, estas metodologías se han actualizado y han aparecido nuevos métodos de análisis del
ciclo de vida. Entre los cambios adoptados, además de la adaptación a las normas ISO, están
las variaciones en factores de normalización, la aparición de nuevas categorías de impactos
y las mejores en su descripción. Se trata, todavía, de un ámbito con cambios frecuentes para
su mejora y adaptación, en el que no se impone ningún método (Guinee et al., 2010).

Entre las principales metodologías consideradas por la EPLCA, siglas de la European


Platform on Life Cycle Assessment, están la ya indicada CML en su actualización de 2002,
la metodología Eco-indicador 99 desarrollada por PRé Consultants en los Países Bajos, la
EDIP 2003 desarrollada por DTU, siglas de la Universidad Técnica de Dinamarca, la EPS
en su actualización del 2000, y la metodología IMPACT 2002+ desarrollada por EPFL,
siglas en francés de la Escuela Politécnica Federal de Lausana, en Suiza. Las metodologías
CML 2002 y Eco-indicador 99 han sido integradas en la metodología ReCiPe, que pretende
armonizar las perspectivas de categorías intermedias y finales (EC-European Commission,
2011).

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Todas las metodologías coinciden en cuantificar cada categoría de impacto, sea final
o intermedia, en unidades equivalentes del impacto de una que se considera unitaria. Así,
por ejemplo, en la categoría final de cambio climático se considera categoría de impacto
intermedio las emisiones de gases de efecto invernadero, que son expresadas como masa
equivalente de CO2, estableciendo el potencial de calentamiento a 100 años del kilogramo
de CO2 como la unidad. De este modo, las emisiones de cualquier gas de efecto invernadero
pueden ser, por medio del factor de conversión que compara su potencial de calentamiento
con el del CO2, incorporadas a un único indicador.

Metodología CML 2002.

La metodología CML está orientada al riesgo producido por productos químicos, y


considera factores de impacto intermedios. Incluye métodos de normalización
recomendados, pero no de ponderación. Desde su primera versión, ha integrado la
metodología de análisis del ciclo de vida de la serie de ISO 14040 (EC-European
Commission, 2011).

Esta metodología clasifica los impactos en tres categorías. El grupo A contiene


categorías de impacto básicas que se consideran indispensables. El grupo B lo conforman
categorías de impactos adicionales que pueden incluirse en función de los objetivos y la
disponibilidad de datos, y para los que no se aportan factores de normalización. El grupo C
incluye las categorías para las que no se presenta un método de caracterización y que, por lo
tanto, todavía requieren investigación (Guinée, 2002). Los impactos considerados en cada
categoría pueden consultarse en la Tabla 1.

Tabla 1. Grupos de categorías de impacto y sus unidades en el método CML 2001.


Adaptación de Guinée, 2002.

Categoría de impacto Unidad Normalización


Grupo A
Agotamiento de recursos abióticos kg Sb eq. Año o a.p.c.
Impactos del uso de la tierra
Competición por la tierra m2 Año
Cambio climático kg CO2 eq. Año o a.p.c.
Agotamiento de ozono estratosférico kg CFC-11 eq. Año o a.p.c.
Toxicidad humana kg 1,4-DCB eq. Año o a.p.c.

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Ecotoxicidad
Ecotoxicidad acuática de agua dulce kg 1,4-DCB eq. Año o a.p.c.
Ecotoxicidad acuática marina kg 1,4-DCB eq. Año o a.p.c.
Ecotoxicidad terrestre kg 1,4-DCB eq. Año o a.p.c.
Formación de fotooxidantes kg C2H4 eq. Año o a.p.c.
Acidificación kg SO2 eq. Año o a.p.c.
Eutrofización kg PO43- eq. Año o a.p.c.

Grupo B
Impactos del uso de la tierra.
Pérdida de función como soporte de vida No se propone ningún método en
Pérdida de biodiversidad concreto para estas categorías.
Ecotoxicidad
Ecotoxicidad de sedimentos agua dulce kg 1,4-Diclorobenceno eq.
Ecotoxicidad de sedimentos marinos kg 1,4-Diclorobenceno eq
Impactos de radiación ionizante Años
Olor
Aire con mal olor m3
Ruido Pa2año
Calor residual MJ
Víctimas Adimensional
Grupo C
Desaparición de recursos bióticos
Para estas categorías no se
Desecación
establecen modelos y por lo tanto
Olor
no existen unidades de
Agua con mal olor
caracterización o normalización.
...
Nota: las abreviaturas eq. y a.p.c. significan equivalente y año per cápita, respectivamente.

Metodología Eco-indicador 99.

Se trata de una metodología que pretende simplificar la interpretación y la


ponderación de resultados utilizando categorías de impacto final. Está destinado a la toma
de decisiones en el diseño de productos por su impacto ambiental, de modo que se basa en
la ponderación de los diferentes aspectos ambientales en un único número adimensional que

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permita su comparación (Goedkoop & Spriensma, 2001). Debido a este motivo, se considera
que el eco-indicador es válido para propósitos internos, pero no para comparaciones
públicas, publicidad o etiquetado, ya que el resultado final, un número, no es suficientemente
transparente (EC-European Commission, 2011).

Las categorías de impacto final utilizadas por Eco-indicador 99 son la salud humana,
la calidad ecosistémica y los recursos naturales. Cada una de ellas tiene varias categorías
intermedias, que parten de diferentes inputs, como se refleja en la Tabla 2.

Tabla 2. Categorías e inputs en la metodología Eco-indicador 99. Elaboración propia a partir


de Goedkoop y Spriensma, 2001.

Categorías de
Categorías intermedias Inputs
impacto final
Exceso de energía en Concentración de
Daño a los recursos Extracción de
extracciones futuras minerales
minerales y fósiles minerales y
Disponibilidad de
[MJ de exceso de Exceso de energía en combustibles
combustibles
energía] extracciones futuras fósiles
fósiles (por tipo)
Efectos regionales en
Cambios en el Uso de la
especies de plantas
tamaño del hábitat tierra:
vasculares
ocupación y
Efectos locales en especies
Daño a la calidad transformación
de plantas vasculares
del ecosistema
Acidificación/eutrofización Cambios en el pH
[% de especies de NOx, SOx,
(ocurrencia en especies y la disponibilidad
plantas vasculares · NH3.
seleccionadas) de nutrientes
km2 · año]
Concentración en
Pesticidas,
Ecotoxicidad: estrés tóxico suelos urbanos,
metales
(PAF) agrarios y
pesados
naturales
Cambio climático Concentración de
Daño a la salud
(enfermedades y gases de efecto CO2, HCFC
humana
desplazamientos) invernadero
Pérdida de la capa de Concentración de
HCFC
ozono (cáncer y cataratas) gases destructores

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[Años de vida de la capa de
potencialmente ozono
perdidos por Radiación ionizante (casos Concentración de Nucleídos
discapacidad, y tipos de cáncer) radionucleídos (Bq)
DALY] Efectos respiratorios Concentración de NOx, SOx,
(casos y tipos) SPM y VOC. SPM, VOC
Concentración en
Carcinogénesis (casos y Metales
aire, agua y
tipos de cáncer) pesados, PAH
alimentos
Nota: se han utilizado las siglas en inglés SPM por partículas en suspensión, VOC por compuestos orgánicos
volátiles y PAH por hidrocarburos aromáticos policíclicos.

Finalmente, se obtiene un único indicador por cada categoría final. La metodología


no fija unos coeficientes para la ponderación, sino que propone una consulta a una selección
de expertos para la realización de una encuesta sobre el coeficiente a aplicar (Hofstetter,
Braunschweig, Mettier, Müller‐Wenk, & Tietje, 1999). En la consulta realizada para la
descripción metodológica llevado a cabo para Eco-indicador 99, los factores asignados
finalmente fueron del 40% para el daño a la salud humana, asimismo del 40% para el daño
a la calidad del ecosistema y del 20% para el daño a los recursos minerales y fósiles
(Goedkoop & Spriensma, 2001).

Metodología EDIP 2003.

La metodología EDIP 2003 trabaja sobre categorías de impacto intermedias con


objeto de establecer diferencias geográficas intra-europeas, utilizando hasta 44 factores
diferentes de caracterización para diversas regiones y países de Europa. También incluye
factores medios europeos y globales. Este método no utiliza la ponderación, por lo que sus
resultados se dan en diferentes categorías de impacto (EC-European Commission, 2011).

Las categorías de impacto consideradas por EDIP 2003 son el calentamiento global,
la destrucción de ozono, la acidificación, la eutrofización terrestre, la eutrofización acuática,
la formación de ozono fotoquímico, la toxicidad humana, la ecotoxicidad y el ruido. Todos
los inputs se asignan a cada una de estas categorías mediante factores de caracterización, que
la metodología provee para aproximadamente 500 sustancias (Hauschild & Potting, 2005).
La Tabla 3 muestra las unidades utilizadas para cada categoría.

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Tabla 3. Categorías de impacto y sus unidades en la metodología EDIP 2003. Elaboración
propia a partir de Hauschild y Potting, 2005.

Categoría de impacto Unidades Normalización


Calentamiento global t CO2 eq. Persona y año
Destrucción de ozono kg CFC-11 eq. Persona y año
Acidificación m2 Persona y año
Eutrofización terrestre m2 Persona y año
Eutrofización acuática kg N eq. y kg P eq. Persona y año
o kg NO3- Persona y año
Formación de ozono fotoquímico Impacto en la vegetación:
m2·ppm·hora Persona y año
Impacto en la salud humana:
persona·ppm· hora Persona y año
Toxicidad humana Años-1
Ecotoxicidad Adimensional
Ruido dB (A)
Nota: se han utilizado las abreviaturas eq. por equivalente y ppm por partes por millón.

Metodología EPS 2000.

La metodología EPS 2000 está destinada, de forma similar al Eco-indicador 99, a la


ayuda en la toma de decisiones en el diseño de productos. A pesar de que la metodología
EPS fue pionera en la utilización de categorías de impacto final, la última actualización del
año 2000 incorpora también categorías intermedias. Fue también pionera en la conversión
de estos impactos a unidades monetarias, basada en el método WTP, siglas en inglés de
disponibilidad a pagar, y en la especificación exhaustiva de la incertidumbre de los factores
utilizados. Permite, a voluntad, obtener un único indicador final en las mismas unidades
monetarias (EC-European Commission, 2011).

Las categorías finales utilizadas por el método EPS son la salud humana, la
producción del ecosistema, la biodiversidad y el stock de recursos abióticos. Cada una de
estas categorías se divide en diferentes categorías de impactos, con diferentes indicadores y
unidades, como se muestra en la Tabla 4.

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Tabla 4. Categorías y unidades utilizadas por la metodología EPS 2000. Adaptación de
Steen, 1999.

Categoría final Categoría de impacto Unidades


Esperanza de vida Pérdida de años por persona y año
Morbilidad severa por persona y
Enfermedades severas
año
Salud humana
Enfermedades Morbilidad por persona y año
Daños severos Daños severos por persona y año
Daños Daños por persona y año
Productividad de los cultivos Kilogramos
Capacidad productiva
Kilogramos
maderera
Capacidad productiva de carne
Capacidad Kilogramos
y pescado
productiva de
Capacidad base de cationes Moles equivalentes de H+
los ecosistemas
Capacidad productiva de agua
Kilogramos
de riego
Capacidad productiva de agua
Kilogramos
potable
Extinción normalizada,
Biodiversidad Extinción de especies
adimensional.
Pérdida de reservas de
Kilogramos de elemento
elementos
Pérdida de reservas fósiles de
Kilogramos de gas natural
gas natural
Stock de
Pérdida de reservas fósiles de
recursos Kilogramos de petróleo
petróleo
abióticos
Pérdida de reservas fósiles de
Kilogramos de carbón
carbón
Pérdida de reservas de
Kilogramos de mineral
minerales

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Metodología IMPACT 2002+.

La metodología IMPACT 2002+ adapta las metodologías Eco-indicador 99 y CML


2001, combinando categorías finales e intermedias, con el fin de permitir estudios
comparativos. Está diseñado para su aplicación en Europa, aunque desde 2006 está adaptado
para todos los continentes. Se trata de la metodología más exhaustiva, al tener en cuenta
aproximadamente hasta 1500 sustancias diferentes, muchas de ellas asociadas a múltiples
factores de caracterización para ser asignadas a diferentes categorías de impacto (EC-
European Commission, 2011).

Las categorías finales consideradas por la metodología IMPACT 2002+ son la salud
humana, la calidad del ecosistema, el cambio climático y los recursos. Estas categorías están
relacionadas a categorías intermedias que se expresan, por lo general, en unidades de una
sustancia de referencia. Estas categorías se especifican en la Tabla 5.

Algunas categorías intermedias se asumen relacionadas a categorías finales, pero


aún no se han establecido métodos cuantitativos que reflejen esta relación. Al final de la
evaluación se puede realizar una normalización por persona y año, tanto de las categorías
finales como de las intermedias. No obstante, el método recomienda no realizar ningún tipo
de ponderación (Jolliet et al., 2003).

Tabla 5. Categorías finales e intermedias contempladas por la metodología IMPACT2002+.


Basada en Jolliet et al., 2003.

Categoría final Categoría intermedia


Toxicidad humana
Efectos respiratorios
Salud humana Radiación ionizante
Desaparición de la capa de ozono
Formación de fotooxidantes
Ecotoxicidad acuática
Ecotoxicidad terrestre
Acidificación acuática
Calidad del ecosistema
Eutrofización acuática
Acidificación y eutrofización terrestre
Ocupación de la tierra
Cambio climático Calentamiento global
Consumo de energía no renovable
Recursos
Extracción de minerales

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Metodologías de cálculo de la huella de carbono.
Aunque durante la última década del siglo XX ya aparecen metodologías que
calculan la huella de carbono de productos como parte del análisis del ciclo de vida, no
aparece hasta 2001 una metodología para el cálculo de la huella de carbono de
organizaciones, GHG Protocol, creada por el WRI, siglas en inglés del Instituto de Recursos
Mundial en colaboración con el WBCSD, siglas en inglés del Consejo Empresarial Mundial
para el Desarrollo Sostenible. En el año siguiente aparece la metodología Bilan Carbone,
creado por la Agencia del Medio Ambiente y la Gestión de la Energía francesa, que además
del enfoque de la organización plantea una metodología del cálculo de la huella de carbono
territorial. Ya en 2004 aparece el método creado por el biólogo español Juan Luis Doménech,
llamado Método Compuesto de las Cuentas Contables que destaca por su enfoque integrado,
no orientado a procesos. No obstante, la aparición de la nueva norma ISO 14064 dedicada a
la cuantificación y el reporte de la huella de carbono en 2006 conllevó una revisión de las
metodologías publicadas a fin de hacerlas compatibles con el marco de referencia
establecido por la norma que, de cualquier modo, no especifica una metodología para su
cálculo. La posterior norma ISO 14067, de 2013, establecerá los requisitos y directrices de
la cuantificación y comunicación de la huella de carbono de productos (Wu, Xia, & Wang,
2015).

El marco de referencia establecido por ISO y seguido de forma general por las
metodologías para el cálculo de la huella de carbono de productos establece una perspectiva
de análisis del ciclo de vida, de modo que tiene en cuenta todas las fases de la vida del
producto, desde la adquisición de su materia prima hasta su disposición final. También
establece el cálculo relativa a una unidad funcional preestablecida en el estudio y la toma de
decisiones en el análisis con base de las ciencias naturales, siempre que sea posible.
Asimismo, estipula que se deben delimitar el sistema, describir los datos de partida y
establecer sin ambigüedades los objetivos y, en particular, si se pretende hacer una
comunicación pública de los resultados del estudio. Por último, la norma confirma la
separación de la huella en diferentes alcances, separando las emisiones directas debidas a
fuentes de combustión, separando de estas la combustión de biomasa, las indirectas debidas
a electricidad, otras emisiones indirectas y cuantificando a parte el secuestro de gases de
efecto invernadero (Wu et al., 2015).

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Greenhouse Gas Protocol.

El Greenhouse Gas Protocol, si bien nació siendo una metodología para el cálculo de
la huella de carbono de organizaciones, incluye hoy día un método de cálculo de la huella
de carbono de productos (Ranganathan et al., 2004).

Este método sigue punto por punto la línea establecida por ISO. Se trata de un sistema
en el que las salidas del proceso previo suponen las entradas del siguiente, de modo que se
desarrolla secuencialmente. En su análisis considera exclusivamente los gases de efecto
invernadero del Protocolo de Kioto. Además de los factores de calentamiento global
potencial que ya se han presentado en el análisis del ciclo de vida, abre la posibilidad a la
cuantificación de las emisiones mediante mediciones directas, datos de actividad y factores
de emisión, siempre que se considere su incertidumbre (Ranganathan et al., 2004).

Metodología Bilan Carbone.

La metodología Bilan Carbone no ha desarrollado todavía un método para la


cuantificación de la huella de carbono de productos. No obstante, sí para el cálculo de la
huella de territorios, además de la de organizaciones. De acuerdo a su metodología, la huella
de carbono de un territorio se realiza desde un enfoque global, caracterizado por tener en
cuenta las emisiones directas e indirectas de un territorio, siendo emitidas desde el territorio
considerado o fuera de él cuando son necesarias para las actividades en el mismo (l'Agence
de l'Environnement et de la Maîtrise de l'Energie, 2010).

Este método requiere la recopilación de datos de todos los actores del territorio para
cubrir todas las emisiones, algo complejo debido a la fragmentación de la información y la
posible falta de datos. Considera también las dificultades que entraña especialmente la
cuantificación de las emisiones indirectas y su alta incertidumbre (l'Agence de
l'Environnement et de la Maîtrise de l'Energie, 2010).

Método compuesto de las cuentas contables (MC3).

El método compuesto de las cuentas contables se basa en la utilización de los


documentos contables de las organizaciones para estimar los consumos de materiales y
energía de las organizaciones para, mediante el uso de factores de emisión, calcular la masa
de CO2 emitido. Este método no contempla la inclusión de otros gases de efecto invernadero,
si bien podrían incluirse aplicando los factores del potencial de calentamiento global (Penela
et al., 2009).

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Este método, aunque es de aplicación a organizaciones, establece un procedimiento
para el cálculo de la huella de carbono de productos asignando la parte correspondiente de
la huella de carbono de las organizaciones a lo largo del proceso productivo. Esta perspectiva
es compleja y presenta una elevada incertidumbre debido a que requiere que todas las
organizaciones implicadas en el ciclo de vida del producto cuantifiquen su huella y asignen
la parte correspondiente de la misma al producto (Penela et al., 2009).

La metodología de la norma PAS 2050.

La metodología PAS 2050 fue desarrollada por BSI Standars Solutions, el Organismo
Nacional de Normalización del Reino Unido, a petición de DEFRA, siglas en inglés del
Departamento de Medio Ambiente, Alimentación y Medio Rural del Reino Unido. Se
publicó en 2008 y se actualizó en 2011. La norma se basa en el cálculo de la huella de
carbono de productos siguiendo una metodología de análisis del ciclo de vida, orientada
desde una perspectiva de procesos. De este modo, calcula la huella de carbono de un
producto siguiendo el marco de referencia establecido por las normas ISO sobre análisis del
ciclo de vida (PAS, 2008).

El desarrollo metodológico de la norma PAS 2050 comienza con el planteamiento


del mapa de procesos del ciclo de vida del producto, desde sus materias primas a su
disposición final, incluyendo todos los materiales y flujos de energía y residuos. Continúa
con el establecimiento de los límites del sistema y, opcionalmente, un cálculo bruto de la
huella que ayude a conocer aproximadamente el cálculo y permita priorizar esfuerzos,
además de permitir una corrección temprana del mapa de procesos con la nueva información.
Posteriormente se debe recolectar la información en datos de consumo de materiales, datos
de actividad y factores de emisión asociados a los mismos a lo largo de todo el ciclo de vida.
Con estos datos, finalmente puede realizarse el cálculo. El último paso consiste en el análisis
de la incertidumbre del cálculo (PAS, 2008).

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Ejemplo: Cálculo de la huella de carbono de una barra de pan artesano
siguiendo la metodología PAS 2050.
Para ejemplificar la metodología del análisis del ciclo de vida y el cálculo de la huella
de carbono se ha elegido un producto de consumo básico y generalizado en España, como
es una barra de pan.

Con objeto de ejemplificar la realización del cálculo de una huella de carbono basada
en el análisis del ciclo de vida de un producto se va a calcular la de una barra de pan,
considerándola un bien de consumo generalizado y características conocidas. El análisis se
realizará siguiendo la metodología PAS 2050 por permitir una ejemplificación simultánea y
sencilla de ambos tipos de análisis.

Estudio de la huella de carbono de una barra de pan.

Construcción del mapa de procesos.


El producto de estudio es la barra de pan artesana de entre 700 y 750 gramos de peso.
Se considera que todas las materias primas son transportadas a un obrador donde se cocina
el pan y desde el que se traslada a la panadería como punto de venta. Para conocer las
entradas tanto de ingredientes como energéticas se ha utilizado como fuente la receta del pan
artesano gallego de Francisco López Mora2, asimismo se considerará que la cocción se
realiza en un horno de convección de gas.

Con este planteamiento, se establece que el proceso nuclear, en adelante core, es la


elaboración y venta del pan, quedando como procesos cadena arriba, en adelante, upstream,
el cultivo, extracción, transporte, transformado y envasado de las materias primas hasta el
centro de distribución y cadena abajo, en adelante downstream, su consumo y reciclaje. Estos
procesos se presentan de forma resumida en la Figura 1. Procesos en el ciclo de vida de una
barra de pan artesana. Todas las actividades consideradas en cada proceso se especifican
en la Tabla 6.

2
PAN ARTESANO GALLEGO - Recetas - ceopan. (2017). Ceopan.es. Retrieved 28 March 2017, from
http://www.ceopan.es/index.php?type=public&zone=items&action=view&categoryID=298&codeID=533

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Figura 1. Procesos en el ciclo de vida de una barra de pan artesana.

Upstream Core Downstream


• Producción de harina • Elaboración del pan • Consumo del
• Producción de • Transporte a la pan
levadura panadería • Final de vida del
• Obtención de la sal • Gestión de residuos envase
• Transporte al obrador de la elaboración y
envase secundario
• Venta

Tabla 6. Actividades realizadas por proceso y sus fuentes de datos.

UPSTREAM
Cultivo de materias primas, producción semillas,
fertilizantes, etc. incluyendo el transporte de la
Producción de harina
materia prima a la planta de fabricación de harina y
packaging primario.
Incluyendo el transporte de la materia prima a la
Producción de levadura planta de fabricación de harina, el mantenimiento
de la cadena de frío y packaging primario.
Extracción de la sal, procesado y packaging
Obtención de la sal
primario.
Transporte de la harina al obrador.
Transporte de la levadura al obrador.
Transporte al obrador Transporte de la sal al obrador.
Todos los transportes se realizan en camión
articulado.
CORE
Consumo de agua.
Elaboración del pan Consumo de electricidad.
Consumo de gas natural.
Transporte a la panadería
Gestión de los residuos. Residuos de embalajes de papel.
Venta

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DOWNSTREAM
Consumo del pan
Final de vida del envase Se considera que el pan es embolsado en bolsas
individuales de papel kraft.

Establecimiento de los límites del sistema.


Considerados los procesos anteriores y las fuentes de información disponibles, se
establecen los límites del sistema. No se considerarán para su análisis:
- Flujos de energía necesarios para la actividad humana o animal en toda la vida del
producto.
- Los desplazamientos humanos a los centros productivos del producto o al punto de
venta.
- Las emisiones debidas a los bienes de capital, excepto el consumo de energía en la
producción del pan.
- Las emisiones imputables a cambios en el uso del suelo.
- Las emisiones debidas al uso del producto por los consumidores, por ejemplo, si es
congelado o tostado.
- Las emisiones debidas de las pérdidas del sistema o los desechos producidos durante
la elaboración del pan.
Todos estos aspectos se han excluido debido a la dificultad de su cuantificación, la
falta de datos sobre las mismas y, por lo tanto, la elevada incertidumbre que de incluirse
trasladarían a la huella calculada.

Recogida de datos.
Se han utilizado datos de actividad y factores de emisión. En el caso de la
recopilación de los datos de actividad y de consumo se ha acudido preferiblemente a fuentes
primarias. Cuando existiesen rangos de consumo o actividad se ha tomado siempre el valor
máximo.

Los factores de emisión recogidos son de CO2 equivalente, por lo que ya incluyen el
calentamiento global producido por otros gases de efecto invernadero.

Con respecto a los datos de consumos y actividad para la elaboración de una barra de
pan, en relación a la receta, se considera la cantidad total de masa madre a utilizar como
asimilable a la misma cantidad de harina. Todos los datos presentados en la Tabla 7.

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corresponden al valor total, por lo que será necesario, en los cálculos, que estos datos de
actividad sean convertidos a la parte que corresponde proporcionalmente a la unidad
funcional.

Las distancias recorridas en el transporte de los ingredientes y la localización del


obrador se han tomado de ejemplos reales de productos y obradores del entorno de la
provincia de Zaragoza.

En cuanto a los factores de emisión, se han recogido de diferentes fuentes secundarias


que se especifican en su presentación, en las unidades en que se publican, en la Tabla 8.

Tabla 7. Inputs considerados en la elaboración del pan y sus fuentes.

Fase Dato Fuente


Upstream
Producción de la
1200 g Fuente primaria: receta.
harina
Cultivo del trigo
y fabricación de
la harina
Fuentes primarias: Dimensiones (máximas):
Packaging bolsa http://www.sacosdepapel.es/productos.html
14,5200 g
papel para 25 kg Gramaje (máximo): https://bolsas-de-
papel.com/papel-kraft/
Producción de la
20 g Fuente primaria: receta.
levadura
Elaboración
Fuentes primarias: Dimensiones (máximas):
Packaging bolsa http://www.sacosdepapel.es/productos.html
14,52 g
papel para 25 kg Gramaje (máximo): https://bolsas-de-
papel.com/papel-kraft/
Obtención sal 15 g Fuente primaria: receta.
Extracción y
procesado
Fuentes primarias: Dimensiones (máximas):
Packaging bolsa http://www.sacosdepapel.es/productos.html
14,52 g
papel para 25 kg Gramaje (máximo): https://bolsas-de-
papel.com/papel-kraft/
Transporte al obrador

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Transporte de
Fuente primaria: Distancia Mallén-Cuarte de
harina camión 66,6 km
Huerva
articulado
Transporte de
Fuente primaria: Distancia Mallén-Cuarte de
levadura camión 66,6 km
Huerva
articulado
Transporte de
Fuente primaria: Distancia Huelva-Cuarte
sal camión 927 km
de Huerva
articulado
Core
Elaboración del pan

Consumo de
0,8 l Fuente primaria: receta.
agua

Consumo de Fuente primaria: http://www.sveba-


23 kWh
electricidad dahlen.es/uploads/pdf/catalogo-serie-s.pdf
Transporte a la Fuente primaria: Distancia Cuarte de
11,1 km
panadería furgoneta Huerva-Zaragoza
Gestión de residuos
Fuente primaria: Datos de reciclaje
https://www.ecoembes.com/es/ciudadanos/e
Reciclaje nvases-y-proceso-reciclaje/reciclaje-en-
Residuos de datos
32,5829 g
embalaje Reciclaje 74,8%, Vertedero 25,2%
43,56 g Suma de los embalajes utilizados
Vertedero
10,9771 g
Downstream
Consumo de pan - -
Final de vida embalaje
Fuente primaria: Datos de reciclaje
Reciclaje https://www.ecoembes.com/es/ciudadanos/e
nvases-y-proceso-reciclaje/reciclaje-en-
Bolsa de papel 33,66 datos
kraft 45 gr Reciclaje 74,8%, Vertedero 25,2%
Peso bolsa (máximo)
Vertedero
http://interpack.es/portfolio/bolsas-de-papel-
11,34 genericas-interpack/

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Tabla 8. Factores de emisión considerados para el estudio y sus fuentes.

Factor de
Fase Fuente
emisión
Upstream
Producción de la harina
Cultivo del trigo y
ADEME Base Carbone (farine - de
fabricación de la 1,17 kg CO2e/kg
blé)
harina
939 kg
Packaging bolsa DEFRA 2016 (material use -
CO2e/tonelada
papel para 25 kg paper)
papel
Producción de la
levadura
363 kg ADEME Base Carbone (levure
Elaboración
CO2e/tonelada liquide)
939 kg
Packaging bolsa DEFRA 2016 (material use -
CO2e/tonelada
papel para 25 kg paper)
papel
Obtención sal
Extracción y 0,544 kg
ADEME Base Carbone (sel)
procesado CO2e/kg
939 kg
Packaging bolsa DEFRA 2016 (material use -
CO2e/tonelada
papel para 25 kg paper)
papel
Transporte al obrador
Transporte de 0,08148 kg
DEFRA 2016 Freighting goods
harina camión CO2e/tonelada·k
HGV Articulated (>3,5 -33t)
articulado m
Transporte de 0,08148 kg
DEFRA 2016 Freighting goods
levadura camión CO2e/tonelada·k
HGV Articulated (>3,5 -33t)
articulado m
0,08148 kg
Transporte de sal DEFRA 2016 Freighting goods
CO2e/tonelada·k
camión articulado HGV Articulated (>3,5 -33t)
m
Core
Elaboración del pan
0,344 kg CO2e
Consumo de agua DEFRA 2016 Water supply
/m3

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0,708 kg CO2e
DEFRA 2016 Water treatment
/m3
Consumo de 0,4 kg CO2e Informes de Etiquetado de
electricidad /kWh Electricidad 2015. CNMC
Transporte a la panadería 0,5774 kg CO2e DEFRA 2016 Freighting goods
furgoneta /tonelada·km Average van
Gestión de residuos
Reciclaje
DEFRA 2016 (waste disposal -
21 kg CO2e paper - closed loop)
Residuos de
/tonelada papel
embalaje
Vertedero
43,56 g DEFRA 2016 (waste disposal -
314 kg CO2e paper - landfill)
/tonelada papel
Downstream
Consumo de pan - -
Final de vida embalaje
Reciclaje
DEFRA 2016 (waste disposal -
21 kg CO2e paper - closed loop)
/tonelada papel
Bolsa de papel
kraft 45 gr Vertedero
314 kg DEFRA 2016 (waste disposal -
CO2e/tonelada paper - landfill)
papel

Cálculo.
En primer lugar, se han convertido todos los datos de consumos y actividad ya
presentados al peso establecido de unidad funcional. Estos datos se presentan en la Tabla 9.
De forma general, puesto que los datos se han obtenido para diferentes cantidades o pesos,
se ha aplicado el factor de conversión correspondiente para obtener el correspondiente a la
unidad funcional de una barra. No se han realizado conversiones con los datos de
desplazamiento, ya que el factor de emisión considerado tiene en cuenta la masa
transportada. En la Tabla 10 se han adaptado los factores de emisión a las unidades
empleadas en cada caso.

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Tabla 9. Consumos y actividades considerados por unidad funcional.

Unidades por u.f. (750 g barra


Fase
pan)
Upstream
Producción de la harina 1200 g
Cultivo del trigo y fabricación de la
harina
Packaging bolsa papel para 25 kg 0,697 g
Producción de la levadura 20 g
Elaboración
Packaging bolsa papel para 25 kg 0,0116 g
Obtención sal 15 g
Extracción y procesado
Packaging bolsa papel para 25 kg 0,0087 g
Transporte al obrador
Transporte de harina camión articulado 66,6 km
Transporte de levadura camión
66,6 km
articulado
Transporte de sal camión articulado 927 km
Core
Elaboración del pan

Consumo de agua 0,8 l

Consumo de electricidad 0,3833 kWh


Transporte a la panadería furgoneta 11,1 km
Gestión de residuos
Residuos de embalaje Reciclaje: 0,5365 g
43,56 g Vertedero: 0,1808 g
Downstream
Consumo de pan -
Final de vida embalaje
Reciclaje: 33,66 g
Bolsa de papel kraft 45 gr
Vertedero: 11,34 g

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Tabla 10. Factores de emisión por unidades utilizadas en la Tabla 9.

Fase Factor de emisión


Upstream
Producción de la harina
Cultivo del trigo y fabricación de la harina 1,17 gCO2e/g harina
Packaging bolsa papel para 25 kg 0,939 gCO2e/g papel
Producción de la levadura
Elaboración 0,363 gCO2e/g levadura
Packaging bolsa papel para 25 kg 0,939 gCO2e/g papel
Obtención sal
Extracción y procesado 0,544 gCO2e/g sal
Packaging bolsa papel para 25 kg 0,939 gCO2e/g papel
Transporte al obrador
Transporte de harina camión articulado 0,0000815 gCO2e/g·km
Transporte de levadura camión articulado 0,0000815 gCO2e/g·km
Transporte de sal camión articulado 0,0000815 gCO2e/g·km
Core
Elaboración del pan
Suministro: 0,344 g CO2e/l
Consumo de agua
Tratamiento: 0,708 g CO2e/l
Consumo de electricidad 400 g CO2e/kWh
Transporte a la panadería furgoneta 0,0005774 gCO2e/g·km
Gestión de residuos
Reciclaje: 0,021 gCO2e/g papel
Residuos de embalaje 43,56 g
Vertedero: 0,314 gCO2e/g papel
Downstream
Consumo de pan -
Final de vida embalaje
Reciclaje: 0,021 gCO2e/g papel
Bolsa de papel kraft 45 gr
Vertedero: 0,314 gCO2e/g papel

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Con los datos presentados en las tablas 9 y 10 puede calcularse finalmente la huella
debida a cada uno de los procesos, como se presenta en la Tabla 11.

Tabla 11. Emisiones asociadas a cada proceso en la elaboración de la barra de pan.

Fase Emisiones asociadas (g CO2e)


Upstream 1420,18
Producción de la harina 1404,65
Cultivo del trigo y fabricación de la harina 1404
Packaging bolsa papel para 25 kg 0,6544
Producción de la levadura 7,27
Elaboración 7,26
Packaging bolsa papel para 25 kg 0,0109
Obtención sal 8,17
Extracción y procesado 8,16
Packaging bolsa papel para 25 kg 0,0082
Transporte al obrador 0,0864
Transporte de harina camión articulado 0,0054
Transporte de levadura camión articulado 0,0054
Transporte de sal camión articulado 0,0755
Core 154,25
Elaboración del pan 154,17
Suministro: 0,2752
Consumo de agua
Tratamiento: 0,5664
Consumo de electricidad 153,33
Transporte a la panadería furgoneta 0,0064
Gestión de residuos 0,0680
0,0113
Residuos de embalaje 43,56 g
0,0568
Downstream 4,2676
Consumo de pan -
Final de vida embalaje 4,2676
Reciclaje: 0,7069
Bolsa de papel kraft 45 gr
Vertedero: 3,5608
TOTAL 1578,7

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Resultados y discusión.
Finalmente, la huella calculada es de aproximadamente 1,58 kg CO2e para una barra
de pan de 750 gramos. Deben considerarse a este respecto las suposiciones de cálculo y
exclusiones de actividades realizadas. En particular, se considera que tienen una alta
incertidumbre las emisiones asociadas al horneado y el transporte debido a las características
únicas del horno o vehículo utilizado, así como los kilómetros recorridos y el peso de
posibles embalajes y almacenajes no considerados, como pueden ser palés para el transporte
de los sacos. Para conocer adecuadamente el peso relativo de cada uno de los procesos se
han representado en la Figura 2.

Figura 2. Reparto de la huella de carbono por proceso.


Downstream
0,3%

Core
9,8%

Upstream
89,9%

Se observa que la mayor parte de la huella de carbono se debe a las actividades del
proceso upstream. Sin embargo, este proceso engloba actividades tanto de producción como
de transporte y la gestión de los residuos. Asimismo se observa que las emisiones debidas al
proceso downstream son, de hecho, muy reducidas y que las debidas a las actividades que
se han considero nucleares, la cocción del pan y su transporte al punto de venta suponen
únicamente un 10% de la huella de carbono de la barra de pan, considerando, como ya se ha
dicho, la elevada incertidumbre de las emisiones debidas al horneado, y lo que estas puedan
variar en función de la eficiencia y el tipo de horno, por ejemplo, si este es eléctrico o de
gas. Así pues, se representan en la Figura 3 las emisiones producidas por cada actividad
agrupadas en procesos.

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Figura 3. Reparto de la huella de carbono por actividades en cada proceso.

1600
Final de vida embalaje
1400
Gestión de residuos
1200
Transporte a la panadería (furgoneta)
1000
800 Elaboración del pan

600 Transporte al obrador


400 Obtención sal (g)
200 Producción de la levadura (g)
0
Producción de la harina (g)
Upstream Core Downstream

Se verifica en este desglose que de entre las actividades dos son las que aportan la
mayor parte de la huella de carbono, las debidas a la producción de la harina y a la
elaboración del pan. Ambas actividades están divididas en otras actividades. En el caso de
la producción de la harina, se separa el cultivo del trigo y molienda del empaquetado, siendo
la primera de ellas la mayor contribución a la huella de carbono. En el caso de la elaboración
del pan, considerando el consumo de agua y el horneado, es el segundo el que mayores
emisiones produce de forma indirecta debido a la generación y transporte de electricidad
consumida. Estas dos actividades se representan en la Figura 4 frente al resto de actividades.

Figura 4. Reparto de la huella entre el cultivo del trigo y fabricación de la harina, el


consumo eléctrico debido al horneado y el resto de actividades.

Resto
1%
Consumo de
electricidad (kWh)
10%

Cultivo del trigo y


fabricación de la
harina
89%

Así se constata que aproximadamente el 90% de la huella de carbono de la barra de


pan se debe al cultivo de trigo y la fabricación de la harina. Concediendo una baja

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incertidumbre al factor de emisión obtenido de ADEME Base Carbone y considerando que
el dato de actividad de la masa de harina es proporcionado por la receta, resulta que gran
parte de la huella de carbono calculada tiene una incertidumbre reducida.

Como se especifica en la metodología, este cálculo, por su generalidad, debe


considerarse únicamente para la toma de decisiones interna que, en este ejemplo, podría
realizar el panadero u obrador. Con el resultado obtenido, resulta evidente que, para reducir
la huella de carbono del producto, debe reducir sus emisiones en el apartado del cultivo del
trigo y la elaboración de la harina.

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Conclusiones.
Como ya se ha referido, de forma general las metodologías de análisis del ciclo de
vida incorporan categorías de impacto finales e intermedias. En algunos casos, como la
metodología EDIP 2003, las categorías intermedias se integran de forma cuantitativa en las
categorías finales. Sin embargo, en otras como CML 2002 o IMPACT 2002+ las categorías
intermedias no se integran de forma directa, sino que solo se relacionan con las categorías
de impacto. Esta cuestión es de vital importancia por su implicación en las conclusiones
finales de los análisis y la forma en que sus resultados son presentados, dando lugar a dos
vertientes metodológicas del análisis del ciclo de vida en función del destinatario del análisis.
En la mayoría de análisis realizados para un público experto predomina la visión holística,
compleja y que evita la integración y la ponderación de las diferentes categorías, con objeto
de abordar el impacto ambiental de una forma exhaustiva. Por el contrario, en el caso de los
análisis realizados para la toma de decisiones de las organizaciones, en particular, políticas
y empresariales, predomina un enfoque pragmático con un único indicador de referencia que
facilite la comparación. Tal es el caso, por ejemplo, de las metodologías Eco-indicador 99 y
CML 2002, creadas con objeto de evaluar el impacto ambiental de productos durante su
diseño (Weidema et al., 2008).

Independientemente del enfoque metodológico por el que se opte, los marcos


establecidos por las normas ISO para el análisis del ciclo de vida y de la huella de carbono,
aunque influenciados por las primeras metodologías que los precedieron, han supuesto una
normalización indispensable para que los estudios se lleven a cabo de forma consistente.
Esto no resta para que, como ya se ha dicho, esta normalización sea insuficiente y requiera
de metodologías más concretas para su aplicación práctica (Weidema et al., 2008).

La normalización insuficiente y la variedad de metodologías aplicables suponen,


evidentemente, que no exista un sistema preciso, definido y aceptado universalmente, lo que
impide la comparación entre análisis diferentes. Tampoco es posible la constatación cierta
de mejoras puesto que la definición del análisis del ciclo de vida depende de la elección de
los límites del sistema, las fuentes de datos, el tratamiento de estos datos, en definitiva, de la
metodología seguida. Este problema se agrava si se consideran los límites habitualmente
inherentes a los análisis: actividades complejas que no se describen al detalle, flujos que no
se miden desde una perspectiva de análisis del ciclo de vida, técnicas de producción ocultas
por la propiedad intelectual o fuentes de emisiones que no son, o no pueden ser,
caracterizadas y evaluadas (Plevin, Delucchi, & Creutzig, 2014).
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Pese a todo ello, y también pese a suponer una simplificación extrema del impacto
ambiental, la huella de carbono se ha popularizado entre las organizaciones empresariales y
políticas, habiendo sido promovida no desde el ámbito científico sino desde las propias
organizaciones, así como desde organizaciones no gubernamentales (Weidema et al., 2008).
El origen de las metodologías expuestas en este trabajo lo viene a confirmar: mientras que
las metodologías de análisis del ciclo de vida nacen en el entorno experto, de universidades
y organismos técnicos especializados, las metodologías de cálculo de la huella de carbono
proceden de ministerios o agencias nacionales del medio ambiente y de asociaciones
empresariales; la excepción a ello es la metodología de cálculo de la huella de carbono MC3,
de la que se debe considerar el hecho de que su alcance es exclusivamente español y su
radical diferencia con el resto de metodologías tratadas.

En el caso de la huella de carbono hay cuestiones específicas que pueden ser de gran
relevancia en su cuantificación. Puede que la más significativa sea que los gases
considerados de efecto invernadero por el Protocolo de Kioto, fuente utilizada por algunas
metodologías, son exclusivamente seis mientras que el IPCC, el Grupo Intergubernamental
de Expertos sobre el Cambio Climático, establece un número mayor que es el utilizado por
otras metodologías. También supone un problema la forma de incluir en la cuantificación el
secuestro de gases de efecto invernadero o la compensación de la huella ya que cada
metodología propone una forma diferente de abordar la cuestión. Otros problemas son
comunes a los referidos para el análisis del ciclo de vida, como el problema de la
delimitación del sistema o de la obtención de los datos y su tratamiento (Finkbeiner, 2009).

Es necesario incidir en el carácter simplificado de la huella de carbono frente al


análisis del ciclo de vida. Mientras que desde la perspectiva del análisis del ciclo de vida el
enfoque que se le da al potencial de calentamiento global como categoría intermedia está
influido por, además de la emisión de gases de efecto invernadero, la cuantificación de la
formación de ozono, las pérdidas de metano, las estelas de condensación y, en definitiva,
cuantas cuestiones puedan finalmente afectar a este factor, en las metodologías de cálculo
de la huella de carbono únicamente se tienen en cuenta las emisiones. Sin embargo, las
limitaciones de la huella de carbono también suponen una ventaja cuando, gracias a su
sencillez, se ha popularizado y extendido rápidamente como un indicador ambiental
utilizado por las organizaciones. En cualquier caso, es preferible que en la toma de decisiones
se considere la huella de carbono en lugar de no tener en cuenta ningún indicador ambiental
(Weidema et al., 2008).

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En este sentido, supone un reto para el colectivo científico y académico que trabaja
en el análisis del ciclo de vida asumir el potencial de la huella de carbono como herramienta
útil para mitigar el cambio climático, al tiempo que contribuye a mejorar las metodologías
para paliar o corregir los problemas referidos, lo que favorecerá el afianzamiento de la
confianza en este colectivo de las organizaciones que utilizan la huella de carbono,
facilitando que aquellas conozcan las limitaciones de la misma (Finkbeiner, 2009).

Como se avanzó, el análisis del ciclo de vida y la huella de carbono son, pese a sus
limitaciones y siempre que estas sean tenidas en cuenta, herramientas útiles en la lucha
contra el cambio climático. La huella de carbono, paradójicamente, ha supuesto por su
sencillez un concepto capaz de atraer la atención del público, por lo que tiene el gran
potencial de suponer una puerta de entrada para la concienciación de los consumidores de
los impactos ambientales de los productos. Gracias a este potencial, podría facilitar la
difusión del modo de pensar del análisis del ciclo de vida y, finalmente, promover la creación
de un marco más consistente para la evaluación del impacto ambiental de productos y
servicios (Weidema et al., 2008).

Estos problemas persisten de forma general en los estudios sobre análisis de ciclo de
vida recientes, así como la idea de que se requiere mayor investigación y concreción de las
metodologías. A pesar de la preocupación por estos problemas, “existe un consenso general
en que el análisis del ciclo de vida representa una herramienta magnífica para evaluar y
contribuir a la reducción de los impactos ambientales” (Grimm, Weiss, Erek, & Zarnekow,
2014).

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