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Facultad de filosofía y humanidades.

Pedagogía en Historia y Ciencias Sociales.


Oriente y África en la Antigüedad.
Profesor: Emilio Ugarte.

Mujeres y religión:
La incidencia de la participación femenina en
Mesopotamia.

Nombre: Martin Higuera Guajardo

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Uno de los temas que me ha llamado la atención es el casi nulo espacio que se le ha
otorgado en los textos trabajados en el curso al rol de la mujer en el antiguo oriente.
Más específicamente he decidido centrarme en la sociedad mesopotámica, en el rol que
cumple el género femenino en rituales, la posición social y la jerarquía que existía tanto
en el orden social existente dominado por los hombres como las diferencias de estatus
fijadas por las leyes.

Me llama la atención el hecho de que en algún momento de la historia de Mesopotamia


se le asignó gran relevancia a la participación de la mujer en rituales y en la religiosidad
en general de estos pueblos, así también se reconoce dentro de las deidades que
conforman el universo religioso mesopotámico la importancia que se le otorga a las
divinidades de la fecundidad y la fertilidad. Debido a esto he decidido entablar el
siguiente ensayo en base a la pregunta ¿Qué rol era el que cumplían las mujeres que
estaban ligadas al mundo espiritual mesopotámico? ¿Tuvieron en algún momento de la
historia de estos pueblos algún grado de respeto por ella? ¿Cómo se dio paso desde la
veneración de la mujer dentro del templo a la patriarcalización de la religión y la
evolución de este rol hacia formas de dominación basadas en la esclavitud?

Gerda Lerner (1986) nos indica en su texto “La creación del Patriarcado” que “el
período de la «formación del patriarcado» no se dio «de repente» sino que fue un
proceso que se desarrolló en el transcurso de casi 2.500 años, desde aproximadamente el
3100 al 600 a.C.” (Pág. 25). La construcción histórica de la dominación del hombre en
ámbitos sociales y religiosos no es algo que se diera instaurado naturalmente, sino que
es la culminación de un proceso en el que interactúan variables sociales, políticas (el
ejemplo más claro son los apartados sobre el matrimonio del “código de Hammurabi”),
económicas (el surgimiento de la venta de mujeres y la prostitución de éstas debido a la
esclavitud por deuda) y religiosas (el aspecto en el que nos centraremos, y en el que se
da un paso desde lo que ha denominado Josef Klima (1964) como Matriarcado Agrícola
hacia un posicionamiento más alto de las deidades masculinas y la instauración del
patriarcado).

Es dentro de este ámbito que surgen personalidades como las supremas sacerdotisas
“entu”, y particularmente la posición de las “naditus” o “naditum”, de rango inferior
que las primeras pero que particularmente pueden contraer matrimonio y poseer bienes

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(más adelante retomare este tema), y a su vez la existencia de rangos dentro del grupo
de mujeres, dándose una clasificación particular en base a si se era respetada o no.

Dentro de la organización político-religiosa que se daba en la Mesopotamia antigua,


vemos que el templo no solo cumple un rol espiritual, sino que a su vez se observa que
hay una gran concentración de capital, si se le puede decir así, dentro de estos debido en
gran parte a las ofrendas ofrecidas a los dioses (de hecho los antiguos bablilonios creían
que los dioses y diosas vivían en el templo (Lerner, 1986), como también la ostentación
de riquezas por parte de sacerdotes y sacerdotisas. Éstas últimas vivían recluidas dentro
del espacio sagrado de la ciudad en una especie de claustro denominado “gagúm”, e
historiográficamente han sido nombradas como “prostitutas sagradas” (tradición
arraigada desde Herodoto hasta nuestros días), evidenciando totalmente una mala
conceptualización de cuál era la tarea de éstas mujeres. Para estos pueblos, la adoración
de la divinidad que representaba a la fecundidad y la fertilidad (la diosa dela luna, Ishtar
o Innana) se concebía ciertamente a través del acto sexual. Estos ritos eran consagrados
tanto por los sacerdotes como por las sacerdotisas.

Un caso particular es el de la “naditus” (de las que hay bastante información), mujeres
de clase alta entregadas al gagum consagradas a alguna de las divinidades
(generalmente ligadas a las de la fertilidad) del panteón mesopotámico y que cumplían
un rol tanto espiritual como económico para el templo. Espiritual, debido a que forma
parte de los ritos de adoración y la entrega de las ofrendas a los dioses. Económico,
porque al momento de su ingreso traen consigo una rica dote (Lerner, 1986) habiendo
un paralelo con la ceremonia de matrimonio así como también con la política de
alianzas, siendo la propia mujer el centro de esta ceremonia y que su rol central en el
rito se debe a que es ella quien mantendrá una relación directa con el templo. Una de las
particularidades de la naditus es el hecho de que no puede contraer matrimonio ni
concebir hijos, de todos modos su entrada al gagum se consolida como una unión con el
dios “Sâmas”, al respecto María Rosa Oliver nos indica:

“Se advierten entonces las connotaciones que posee la entrada de la nadītum


(naditus) al gagûm: consolida una alianza entre familias importantes y el templo
(…) probablemente a través de esta estrategia, las familias intentaron evitar la
fragmentación del patrimonio, ya que al regir sobre las nadītus la prohibición de
casarse y tener hijos –el caso de las nadītum de Marduk es distinto y merece un

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tratamiento particular –a su muerte el patrimonio otorgado a ellas regresaba al
seno de su familia” (2007)

Aquí tenemos dos rasgos de la importancia que representa la mujer dentro de la


sociedad Mesopotámica, a pesar de que esta instaurado legítimamente una dominación
del hombre a través de códigos legales, vemos que la mujer en el caso particular de las
naditus tiene acceso a bienes así como también una de las grandes particularidades que
observé: tiene la posibilidad de heredar e incluso elegir a quien hacerlo, como podemos
observar en el caso particular de la naditum Belessunu, que al no sentirse obligada a
cumplir el mandato familiar transmitiendo su patrimonio a sus primas que también eran
naditus, lo deja a otra nadītum que no pertenecía a su grupo familiar (Oliver, 2007. Pág.
85).

En otras ciudades las naditus también estaban consagradas al dios Marduk, y a


diferencia de las anteriores éstas no vivían enclaustradas y podían contraer matrimonio,
pero con la particularidad de no poder concebir hijos, por lo que estas sacerdotisas le
procuraban esclavas a su esposo para asegurar la descendencia (Klima, 1964). A través
de esto también podemos inferir que la posición de las naditus era tal que tenía la
posibilidad de tener esclavas a su mandato, y a su vez que para las clases privilegiadas
la sucesión no era una cuestión de consanguinidad, sino que lo legitimo era lo que decía
el código legal que regía la vida de esta sociedad.

Llegados a este punto hablando del rol de las naditus y de las particularidades de su
posición social y espiritual, cabe preguntarse ¿Por qué la posición de la mujer se vio tan
menoscabada posteriormente? Si bien la historiografía se ha encargado de poner de
manifiesto que la actividad espiritual del templo ha sufrido la corrupción de sus valores,
existe la posibilidad de que la depreciación del rol de la mujer en la sociedad
mesopotámica tenga más relación con la esclavitud que con el corrompimiento de los
valores del templo.

Cabe destacar que durante el tiempo en que la espiritualidad mesopotámica estuvo


ligada al armazón matriarcal de sus inicios, la prostitución (ligada al templo) era una
práctica legitimada inclusive en el mito del origen, y cuyo rol era la consagración de
rituales en representación de la diosa Ishtar. A su vez existieron prostitutas de índole
comercial, actividad que probablemente estuviese ligada a la esclavitud (Lerner, Pág
207), y a la pauperización de las condiciones de los agricultores y artesanos

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empobrecidos por la guerra y el surgimiento de la esclavitud por deuda debido al
contrato de créditos. Posteriormente la prostitución se estableció como posible
ocupación para las hijas de los pobres (Ibíd. Pág. 208)

Es en este tiempo que surge la tradición del velo de las mujeres, el cual representaba
una clasificación entre las mujeres que eran consideradas respetables y las que no,
ligado al número de parejas sexuales con las que convivía, así podemos observar el
hecho de que la monogamia era lo que se normaba por respetable en la ley, y la
utilización del velo era símbolo de estatus, llegando incluso a castigar a aquella que se
atreviese a ocuparlo sin ser respetable bajo la norma, y más aún, aquel que fuese testigo
de aquello y no lo denunciara seria castigado públicamente.