Você está na página 1de 35

Tema

7
El espacio rural.
Actividades agrarias:
situación y
perspectivas en
España y en el mundo
Volumen I. Geografía Física, Humana y Regional

ÍNDICE SISTEMÁTICO

1. INTRODUCCIÓN

2. EL ESPACIO RURAL Y SUS FACTORES


2.1. El espacio rural-agrario
2.2. El hábitat rural-agrario
2.3. El paisaje agrario
2.4. Los factores condicionantes del espacio agrario

3. LAS FORMAS Y SISTEMAS AGRARIOS


3.1. Los sistemas tradicionales
3.1.1. Las primitivas
3.1.2. Las formas tradicionales transformadas
3.2. Las formas intensivas, especulativas o capitalistas
3.2.1. La agricultura de plantación
3.2.2. Las agriculturas evolucionadas
3.2.2.1. En la Europa comunitaria
3.2.2.2. En Norteamérica
3.3. Las agriculturas socialistas
3.3.1. Las agriculturas ex soviética y oriental europea
3.3.2. La agricultura tradicional y moderna en China
3.3.3. Otras agriculturas socialistas

4. MODERNAS IMPLICACIONES DE LAS ACTIVIDADES AGRARIAS EN EL MUNDO

5. EL SECTOR AGRARIO ESPAÑOL: SITUACIÓN Y PERSPECTIVAS


5.1. Rasgos distintivos de la agricultura española
5.2. Los paisajes agrarios. Tipificación del hábitat y despoblamiento rural
5.3 La ganadería y sus mutaciones
5.4. Modernización, capitalización, incidencia de la PAC y perspectivas

BIBLIOGRAFÍA

208 PROFESORES DE ENSEÑANZA SECUNDARIA


1. INTRODUCCIÓN
El estudio de los paisajes agrarios es abordado por la Geografía Agraria, que analiza los
resultados de la explotación sobre el paisaje (forma de los campos, rotación de cultivos,
estructura de la propiedad...), por la Geografía Agrícola, que relaciona la producción con
las técnicas de cultivo (explotación del maíz en regadío, producción del cereal extensivo...),
y por la Geografía Rural, que estudia los fenómenos del campo en su conjunto, incluso la
incidencia de la proximidad de las ciudades. Pero cualquiera de ellas debe partir de los
elementos que configuran un paisaje agrario, entre los que resaltan: clima, relieve y suelo,
sistema de cultivo, tipo de cultivo, ganadería, estructura social, paisaje rural, hábitat y de-
mografía agraria, etc.
El clima ha de ser analizado en función del tipo de cultivo, y es preciso, por tanto, con-
trolar la cantidad de calor que reciben las plantas, la cantidad de lluvia aprovechada por
los cultivos, y las adversidades climáticas que les afectan (heladas, sequías, granizadas...);
pero siempre irán referidas al ciclo vegetativo. El relieve a través de las consecuencias que
origina en el clima, con la altitud (cada 180 metros de ascenso la temperatura desciende
un grado), la exposición (cultivos sobre laderas resguardadas del viento o en umbría), la
pendiente (con la menor retención de agua para cultivos), el tipo de roca (que aportará un
tipo de suelo diferente para distintos tipos de plantas), etc. El suelo requiere de un análisis
profundo, porque dependerá de su adecuación o no al tipo de cultivo. Desde el ámbito
agrario, cuando está compuesto por granos de diferente tamaño posibilitará la retención
de agua; por el contrario, cuando sea de grano fino absorberá agua rápidamente pero la
perderá con igual rapidez, y cuando sea de grano grueso tendrá escasa capacidad de reten-
ción. Es esencial su composición química, y en especial la proporción que tenga de nitratos,
potasa, calcio... así como el hecho de que disponga o no de cultivo, porque desprovisto
resultará más erosionable que otro cultivado, en el que las raíces le proporcionarán una
cierta cohesión.
Los sistemas de cultivo son las asociaciones de plantas en explotación. Por regla gene-
ral un sistema suele estar basado en la rotación de cultivos, bien haciendo uso de la bar-
bechera o alternando cultivos sucesivos (un año cebada, otro centeno, uno más de trigo,
otro de avena...). Normalmente lleva aparejado la vinculación ganadera para aprovechar
las rastrojeras; pero puede ser extensivo (cuando el rendimiento por cultivo es débil pero la
mano de obra baja) e intensivo (cuando por unidad es alto y la mano de obra abundante).
El tipo de cultivo se refiere al destino que tiene un campo explotado, y puede disponer de
tipos de consumo (trigo, vid, frutas...) y de pienso (centeno, forrajes, maíz...). Y la ganade-
ría interviene en un paisaje agrario por sus relaciones con el sistema de producción (gastos

GEOGRAFÍA E HISTORIA 209


Volumen I. Geografía Física, Humana y Regional

y beneficios), y con el tipo de producción (se trata de obtener el destino de la ganadería,


para trabajo o carne, aunque suele ser un complemento de la explotación agraria).
La estructura social atañe a la distribución o reparto de la propiedad, que aportará la
pista sobre la concentración de la misma. De igual modo, resulta útil conocer si el propie-
tario reside en la explotación; de no hacerlo se puede lograr el índice de absentismo. Y se
debe alcanzar la relación entre explotación directa y aparcería. No obstante, el concepto
de propiedad es relativo desde el momento que en muchos países la tierra pertenece al
Estado y hasta es explotada de forma conjunta. En otros, como ocurre en el África negra,
incluso pertenece al jefe de tribu o bien al clan. Pero la Geografía Rural debe centrarse en
la dinámica socioeconómica y en las estructuras espaciales creadas por las sociedades.
El paisaje rural es el resultado de la ordenación de la tierra en explotación. El principal
elemento de esa ordenación es la parcela, y otros son las terrazas de cultivo, los caballo-
nes o surcos, etc. El ager es el terreno cultivado, mientras el saltus los eriales, pastos,
baldíos, etc. La silva se refiere al bosque, y el hortus a los terrenos de regadío hortícolas
o frutícolas. El hábitat concierne a la incidencia de la vivienda en la explotación, por lo que
puede hablarse de hábitat concentrado y disperso.
Y la demografía agraria se convierte en imprescindible para analizar la cantidad de mano
de obra disponible. De ese modo una fuerte presión demográfica sobre el campo llevará
implícita una intensificación de los cultivos. En contrapartida, un descenso de la población
rural no tiene por qué conllevar una mengua productiva, porque también el campo produce
para conseguir excedentes, y los modernos métodos de mecanización lo permiten.
Como corolario, las sociedades agrarias tradicionales han sido muy afectadas por cam-
bios técnicos y de inserción en los circuitos comerciales, mientras que las de mercado han
conocido una rápida transformación de sus estructuras agrarias, y las sociales experimen-
tan mutaciones radicales.

2. EL ESPACIO RURAL Y SUS FACTORES

2.1. El espacio rural-agrario


Es aquel marco geográfico donde se desarrollan actividades agrarias, ganaderas y de
hábitat. Como rasgo distintivo en los países industrializados la extensión dedicada al cultivo
se ha visto reducida, pero se han incrementado la producción e inversión. El espacio agrario
representa la porción más importante del espacio rural, y comprende tanto los espacios agrí-
colas, como los pecuarios. Por tanto, el espacio agrario y el agrícola no son sinónimos, porque
el segundo concede más resalte a la agronomía, a las técnicas de cultivo, y se centra en los
resultados conseguidos por determinados productos, mientras el agrario se vuelca en los
resultados de la explotación sobre el paisaje. El desequilibrio entre países subdesarrollados
y desarrollados se agudiza en el terreno rural, porque en estos últimos se dan los mayores
excedentes agrarios, debido a la mayor aplicación tecnológica, investigación, mecanización
(resultados agronómicos), mientras que en los primeros falta la mayor parte de estas incor-
poraciones, y persisten problemas físicos profundos (sequías, monzones, etc.).
Así pues, el espacio explotado (ager) es el terreno agrícola cultivado que dispone de
un entramado parcelario. La parcela es la unidad de cultivo, cuya forma cambia con las
características del terreno en que se enclava, y se definirá por su forma, tamaño y límites.

210 PROFESORES DE ENSEÑANZA SECUNDARIA


Tema 7. El espacio rural

El tamaño puede depender del tipo de cultivo, de la forma colonizadora, y de la evolución


histórica de la sociedad correspondiente. Por ello podrá hablarse de latifundios y de mini-
fundios. En todo caso el tamaño de la parcela dispone de dos manifestaciones: superficie
y rentabilidad. Con referencia a la forma las parcelas pueden ser: alargadas sobre ejes
longitudinales (carreteras, caminos...) y con aspectos tanto rectangulares como irregulares;
y centradas, con disposiciones semicirculares más o menos regulares (circulares, pentago-
nales...). La mayor regularidad aparecerá en los países nuevos, donde no existían repartos
previos ni presión sobre el suelo, o bien en sectores llanos donde el medio permite las
formas geométricas más simples. Puede hablarse de longueros y de dehesas. Atendiendo
a los límites o separaciones puede aludirse a la presencia de campos abiertos (openfield)
sometidos a cultivos definidos (permanentes o estacionales), y campos cerrados (boca-
ges). Y la abertura o cierre deriva de razones funcionales (dedicación ganadera o agrícola),
tradicionales (necesidad de cercados para delimitar las propiedades), la presión sobre el
suelo (carga histórica de las transmisiones hereditarias), las técnicas (el invernadero es un
campo cerrado), etc. Un tipo intermedio es el abancalado en terrazas, difundido en valles
medios y laderas.
Atendiendo al tipo de cultivo la variedad de ager es notable. Puede ser de secano,
regadío, anual, secano-leñoso, permanente, agrícola-natural, bosque, etc. El medio será
el que determine el cultivo, y especialmente el clima. Los cultivos anuales pueden ser
herbáceos (típicos en las praderas o estepas de los continentes), leguminosos, hortícolas
y forrajeros. Los arbustivos pueden ser frutales, leñosos industriales (vid), de plantación
(girasol, algodón...). Los arbóreos pueden ser de hueso, carnosos, secos, de pepita, etc.
Cuando se introduce el riego aparecen las variantes de huerta, vega, y técnicas (riego por
aspersión, goteo...). Y si únicamente hay cultivos de secano la variedad dependerá del pro-
ducto y del lugar, pues hay diferencias entre los mediterráneos, los de interior continental,
los templados-oceánicos, etc.
Si lo analizado es el espacio natural (saltus) se trata de la parte no cultivada. Del
monte bajo se extrae leña, flores para esencias, etc., y el pastizal tiene aprovechamiento
ganadero. Pero hay saltus permanente (aguas interiores, tierras cristalinas, altas, turbo-
sas...), que ocupa casi la cuarta parte de las tierras emergidas, y temporal, con monte bajo,
pradera, etc., que no participa en el cultivo, pero que puede ser cultivado (representa casi
la mitad de la tierra mundial). Dentro de este último se encuentra el bosque clímax, que
puede ser maderable (casi la quinta parte de la superficie mundial) y abierto (la décima
parte de la superficie mundial) y que sirve para explotación ganadera. También el matorral
o monte bajo, una degradación del bosque, con tipologías: garriga, maquis, jaral, estepa
armada (con espinosas), caatinga, bush, etc. Y la pradera natural, el gran pastizal, que ocu-
pa la cuarta parte de la superficie del mundo, y que en gran medida es seminatural debido
a la acción deforestadora del hombre. Se trata de un pastizal y no de un prado, ya que no
reúne la condición de ser siempre verde; en todo caso podría hablarse de un prado seco
sobre los espacios llanos continentales.

2.2. El hábitat rural-agrario


Se refiere a los asentamientos humanos de las sociedades agrarias, a las edificaciones,
porque los pueblos y viviendas forman parte del paisaje rural y no del agrario. Por tanto,
forman parte del hábitat rural la casa de campo, y las aldeas o agrupaciones de casas. La
casa de campo cumple la función del desarrollo de la actividad agraria, y hasta la define.
Puede ser analizada desde una perspectiva morfológica, que traduce las necesidades para

GEOGRAFÍA E HISTORIA 211


Volumen I. Geografía Física, Humana y Regional

las que ha sido concebida, y se adapta al medio, a las condiciones físicas utilizando mate-
riales del entorno y a las climáticas con su forma de construcción en el tipo de cubierta. Por
ello su tipología es variada: de madera, en áreas de saltus forestal; de piedra, en el saltus
rocoso; de argamasa, en saltus o ager calizo; de adobe, en ager donde abunda la arcilla
y la paja; de piel curtida, en praderas y pastizales donde escasean todos los materiales
menos los derivados animales; híbridas, en lugares no definidos donde preponderan varios
materiales a la vez (granito y madera, cáñamo y palma...). El tipo de cubierta responde a las
necesidades climáticas y se caracteriza por la inclinación; puede ser plana, a una vertiente,
a dos aguas, a cuatro aguas, cónica, cilíndrica, etc. Las planas tienen por función recoger
agua, las inclinadas evacuarlas rápidamente o evitar la acumulación de nieve, cuyo peso
acabaría por hundirla, etc. Pero también puede ser analizada atendiendo a su función, ya
que el plano responde a la función con que fue concebida, y presenta dos variantes: la
casa bloque, con fusión de todas las estancias (vivienda, establos, silos...), y puede ser a
ras de suelo, con dependencias únicas (donde conviven hombres y animales) o múltiples;
y en altura, adaptada a las montañas o regiones muy lluviosas, a fin de evitar la humedad
a las cosechas (una variante es la casa torre, ahora en sectores mediterráneos o europeos
atlánticos). Otra variante de plano es la casa disociada, con varios edificios y patio interior,
con dependencias múltiples, y correspondiente a la mezcla de explotación agropecuaria. En
muchos casos las dependencias aparecen aisladas al objeto de separar la ganadería de la
vivienda, como ocurre en los grandes ranchos o explotaciones coloniales.
También cabe hablar de la especialización de la vivienda, que puede ser agrícola (con
predominio de silos y cocheras), ganadera (con dominio de establos y silos de pienso),
agropecuaria (con simultaneidad de las especializaciones precedentes). La residencia se
adapta a los condicionamientos, tanto del medio como históricos, económicos, tipo de
labor (aparcería, propiedad...). Las agrupaciones de casas son consecuencia de un entorno
(cultivos, modelo económico...) que impone un hábitat disperso, sobre el que han incidido
movimientos centrípetos derivados de las dimensiones de la explotación, posibilidades de
transporte... que permiten una cierta concentración. Cuando esa agrupación es muy am-
plia se pasa al pueblo, que ya diversifica sus funciones. Los tipos de agrupamientos son:
el caserío, conjunto de pocas viviendas emplazadas en un determinado lugar por razones
físicas (elevación, fuente...) o de explotación (concentración de familias trabajando para
un mismo propietario); la aldea, con mayor número de viviendas (incluso hasta quince),
concentradas por parecidos motivos pero sobre grandes propiedades de varios titulares;
el pequeño pueblo, con hasta treinta viviendas y dedicación agropecuaria, que suele ser
residuo de un pueblo antiguo más relevante. Las formas dependen de la dimensión y del
medio, pero pueden ser alargadas, apiñadas, radiales, etc.

2.3. El paisaje agrario


Ager, saltus y hábitat se encuentra interrelacionados, si bien el tercero es consecuencia
de los anteriores. Se puede hablar así de los siguientes tipos de paisajes agrarios: exclu-
sivos, predominantes de saltus, y mixtos. Pero también aparecen calveros (cultivos en el
interior del saltus), paisajes promiscuos (con mezcla confusa de cultivos) y definidos (con
cultivos diferenciados). Por sus límites las fronteras de los cultivos atienden a factores,
desde naturales (altitud, exposición, pendiente...) a humanos (seto, muro, pantalla de ár-
boles...). Y hasta puede ser estable u oscilante. Y por la forma rectilínea, festoneada, etc.
El paisaje agrario incluye redes de comunicación que sirven para la realización de las
tareas agrícolas, y las hay imbricadas (que incluyen desde los caminos rurales que permi-

212 PROFESORES DE ENSEÑANZA SECUNDARIA


Tema 7. El espacio rural

ten llegar a la explotación concreta, las vías pecuarias que posibilitan los desplazamientos
de ganados, los caminos que conectan explotaciones entre sí y con las carreteras), hasta
generales (que permiten la salida de los productos a las ciudades, etc.). Pero las variantes
son múltiples; así en los países donde se han efectuado procesos de colonización la red es
completa, densa y adaptada a los procesos de mecanización incorporados, como también
ocurre en las grandes haciendas coloniales o latifundios occidentales; en los de agricultura
libre las deficiencias suelen ser la pauta dominante. Por su parte, las vías pecuarias tienen
trazados y destinos definidos para permitir desplazamientos que requieren la preservación
de los cultivos limítrofes; de ahí su anchura, pero también su jerarquía, con cañadas (unen
pastos de estío con los de invernada), veredas (vías para la trashumancia), y cordeles (para
el paso local de ganados).

2.4. Los factores condicionantes del espacio agrario


Entre los factores que intervienen en el espacio rural resaltan los físicos y humanos,
desarrollados a escala local, regional o zonal. Pero también puede hablarse de la incidencia
de factores bióticos y abióticos, que son permanentes o elegidos, y culturales, si bien esta
última categoría dispone de un sentido más ecológico que económico. Entre los físicos
resaltan el clima y relieve, así como sus interactuaciones:
– El clima es el más complejo por las condiciones bióticas que proporciona, calor y
humedad, e incide a través de la frecuencia de las precipitaciones, oscilaciones
térmicas, etc. Influye a través del balance energético, la duración de la estación de
lluvias y las alteraciones de las condiciones termohídricas, rasgos diferentes en los
climas intertropicales, desérticos, subtropicales, templados, fríos, polares y de alta
montaña, donde los diferentes elementos del clima aportan biomas característicos.
Con todo, los sistemas agrarios sólo acaparan la décima parte de las tierras emergi-
das porque la temperatura establece márgenes en la actividad vegetativa; en invierno
el ciclo vegetativo se ve alterado, y las plantas han de adaptarse a esta exigencia. La
cantidad de luz también influye, así como el agua y la evapotranspiración. La renta-
bilidad agraria depende de la energía captada por el sistema de cultivo, convirtiendo
al balance energético en modificador de la biomasa natural. Pero la productividad
depende también del flujo de nutrientes, de la intensidad de la energía y de la eficacia
de la transformación energética en biomasa. De ese modo la técnica desempeña un
papel esencial incorporando energía a escala micro espacial.
– El relieve puede ser denominado protofactor ya que, a veces, interviene a través de
las modificaciones climáticas, como el descenso de la temperatura con la altura.
Pero también, a través de la inclinación de las vertientes hasta aportar los aban-
calamientos como método de adecuación de cultivos, y disposición de las mismas
(solana o umbría), ya que en el hemisferio norte las umbrías no son aconsejables
por la escasa insolación y mantenimiento de las heladas, y justo al contrario en el
hemisferio austral. También incide por medio de la erosión, que es una resultante
climática, pero que contribuye a la desertización de los suelos por medio de la in-
tensidad de las lluvias, acción del viento, de la escorrentía, etc.
Factores derivados son el componente edáfico y la cobertera vegetal existente. El suelo, por
medio de sus componentes más importantes, como el espesor de la capa edáfica (son inapro-
piados los regosoles, litosoles y ranker), textura (arenoso o de grano grueso, limoso y arcilloso),
estructura (disposición de los horizontes), y porosidad (elemento clave para la aireación y básico

GEOGRAFÍA E HISTORIA 213


Volumen I. Geografía Física, Humana y Regional

para el mantenimiento de la actividad biológica). Por su parte, la cobertera vegetal es un pro-


ducto climático pero, también, un factor climático, ya que puede alumbrar microclimas; en todo
caso se trata de un factor degradado, porque en buena parte de las ocasiones se corresponde
con mantos vegetales sobrepuestos a los naturales. Aún así es orientador, ya que muestra las
adecuaciones vegetales y su correspondencia con la vocación de los suelos.
Entre los factores humanos despuntan las actuaciones sobre corrección de suelos,
fertilización, regadío, tecnificación, etc., que transforman al medio, y contribuyen al cambio
de la bioesfera en noosfera, o esfera de la inteligencia humana desarrollada sobre el espa-
cio. Pero también actúa el hombre a través de la presión demográfica. No debe olvidarse
que el paisaje agrario nace por aumento de la densidad, por una presión sobre el espacio
motivada por la necesidad. Así, a todo aumento de la densidad humana sigue otro de
agrarización. De ese modo puede establecerse la existencia de tres influjos de la densidad
sobre el paisaje agrario:
– Las organizaciones nucleares, con bajas densidades debido a la baja humanización
de los espacios, que forma un sistema no jerarquizado de pequeños núcleos dis-
persos.
– Las nodales, con centros de poblamiento articulados de forma reticular, con luga-
res centrales y redes de transporte; se trata de una organización con rangos, con
existencia de comunicaciones entre ellos.
– Las polarizadas, discontinuas como derivación de la desigual utilización del espacio;
son fruto del desarrollo desequilibrado entre los núcleos, que provoca una polariza-
ción en torno a un núcleo principal.
Pero el tipo de poblamiento también incide. En los países pobres el incremento cons-
tante de la población acarrea problemas alimentarios, mientras en los ricos la mejora de
los rendimientos acarrea problemas de comercialización, al margen de despoblación y
envejecimiento de la población rural. En los primeros la población activa empleada llega a
alcanzar las tres cuartas partes. Además, en el mundo desfasado el aumento de pequeños
agricultores y de braceros deriva en tensión social. En los segundos la tecnología ha provo-
cado excedentes de mano de obra, y la consecuente emigración. El panorama se complica
porque ha de contarse también con los factores socio-jurídicos, fruto de la historia. La
propiedad se puede dividir en pública o colectiva, y privada o individual. La primera tuvo
su primera expresión en las comunas socialistas, y la privada en la propiedad pública (al
dividirse entre los señores y herederos provocó la individualización). Hay diferentes tipos de
propiedades: bienes de propios (pertenecientes a una institución pública), de comunes (al
colectivo de vecinos), del Estado, proindiviso (conjunta de varias personas), de sociedades,
etc. También fragmentadas y concentradas. Entre el propietario y quien la trabaja se esta-
blece un régimen de tenencia, y si ambas figuras coinciden el régimen es directo; si no es
así se conoce como indirecto (arrendamiento, aparcería).
La capitalización del campo se impone, porque la actividad agraria es económica y
modificadora. El regadío, la mecanización, la corrección de suelos, la fertilización, etc.,
también transforman a los paisajes. Se trata de corregir factores físicos mediante procedi-
mientos también físicos, que buscan incrementar los rendimientos productivos. El regadío
introduce, al tiempo, notables modificaciones, ya que altera al ciclo hidrológico del sistema
biótico (incrementa la evapotranspiración, modifica la escorrentía superficial, impermeabili-
za la porosidad del suelo, acrecienta el papel compactador o desintegrador del suelo, altera
la calidad del agua al introducirle componentes fertilizantes, saliniza determinados suelos,
etc.). Pero también permite la introducción de nuevas especies rentables que cambian la
faz del paisaje agrario, y la presencia de una agricultura intensiva que dinamiza a los secto-

214 PROFESORES DE ENSEÑANZA SECUNDARIA


Tema 7. El espacio rural

res agrarios. Por su parte, la mecanización hace lo propio con la organización de los cultivos
mediante rotaciones y la intensificación de las labores. Pero, también, en las actividades
pecuarias posibilita el desarrollo de la estabulación, con incremento de los rendimientos.
Otra innovación es que exige poca mano de obra, con la inmediata traducción sobre los
paisajes agrarios de éxodos rurales por los excedentes de mano de obra.

3. LAS FORMAS Y SISTEMAS AGRARIOS


Puede hablarse de dos grandes tipos de formas agrícolas, las tradicionales y las evolu-
cionadas, y en ellas se han dado desde las recolecciones silvestres, los cultivos continuados
por acumulación de trabajo, hasta los intensivos en rotación o científicos. El esfuerzo se ha
dedicado a la obtención de una variada gama de productos, desde los básicos alimentarios
hasta los cultivos ganaderos e industriales. Sin embargo, las formas tradicionales encubren
gran cantidad de variantes y situaciones.

3.1. Los sistemas tradicionales


De ellos dependen más de 1.500 millones de personas, que explotan unos 350 millo-
nes de hectáreas (unos diez millones son campos temporales, y con 75 millones de hec-
táreas de bosque devastadas anualmente para cultivos). La presión demográfica explica la
entidad y el incremento superficial que tiene en la actualidad, aunque exige gran cantidad
de esfuerzo y proporciona débiles rendimientos comparativos con los sistemas evoluciona-
dos. La demanda ha aportado dos soluciones: el abandono de los terrenos menos rentables
(con su transformación en eriales) y la intensificación del regadío. Luego, las Revoluciones
Verdes se han ido encargando de introducir novedades técnicas y jurídicas, aunque el obje-
tivo es cubrir las cada vez más altas necesidades de una población creciente, de lo que se
ocupa una fuerza de trabajo que representa dos tercios de la existente en el mundo.
El resultado es un incremento de las producciones agrarias, que suele correr a cargo
de explotaciones tecnificadas y empresariales. Y la tecnificación expulsa a esa mano de
obra excedentaria, con lo que se clarifica el problema en el campo pero se complica en las
ciudades. Con todo, el nuevo capitalismo y el auge demográfico presionan sobre las explo-
taciones, lo que hace disminuir la disponibilidad de tierra per cápita. Pero atraso técnico y
presión sobre el suelo presentan caras muy diferentes en los diversos lugares del planeta.

3.1.1. Las formas primitivas


En casi todos los lugares se han fundado en el bosque, que en la zona templada ha pro-
porcionado gran cantidad de frutos, bien directos o bien en harinas, materias grasas, bebidas,
productos para transformación (como el corcho, resinas...), raíces para consumo humano,
hojas para animales, etc. En la ecuatorial y subtropical permanece más arraigada la reco-
lección, porque la selva sirve como refugio a comunidades desfasadas. Frutos, tubérculos,
yemas, pulpas, fibras... sirven para alimentar y como complementos curativos. En las regio-
nes secas se recogen tubérculos, dátiles, papayas, savias, bayas…, cáñamos y espartos para
textiles y utensilios, breas y gomas, etc. En casi todas las latitudes la cosecha de gramíneas
es recolectada, dada la profusión de variedades de granos, que ha alumbrado su conversión
en cultivo al representar la primera forma de explotación sistemática del mundo vegetal.

GEOGRAFÍA E HISTORIA 215


Volumen I. Geografía Física, Humana y Regional

Tras los recolectores se encuentran los nómadas con desplazamiento del ganado en
busca de pastos, si bien pastoreo y caza a menudo van asociados. El tipo de ganado des-
plazado es diversificado (caprino, lanar, renos, camellos...), y los movimientos pueden ser a
cortas o largas distancias. En el interior de los desiertos se da el desplazamiento irregular,
mientras los estacionales están en relación con las lluvias, con largos recorridos en busca
de contrastes climáticos, y que conllevan el correspondiente de la tribu; y en la montaña,
ya que el frío invernal obliga a buscar los valles o el llano. En todo caso, el nomadismo se
encuentra en retroceso, por imposiciones políticas que impiden desplazamientos transfron-
terizos, por implantación de políticas sedentarizadoras (con modelos individuales y colecti-
vos), y por su reemplazamiento por el seminomadismo (dispone de las variantes desértica,
esteparia y de desplazamientos cortos). Una alternativa es la trashumancia mediterránea,
que intenta aprovechar los pastizales de las estaciones contrastadas; en verano se as-
ciende a la montaña buscando prados frescos, y en invierno se desciende a las llanuras
huyendo del frío de altura. Presenta las variantes directa (de llanura a montaña y viceversa)
e inversa (que afecta a los bovinos).
Otra forma tradicional es el cultivo itinerante, que implica un trabajo voluntario, general-
mente asociado a la vida pastoril. El lavado de los suelos ecuatoriales, la desnitrificación en
los templados, y la falta de agua en los secos forzaban a las migraciones. Así la itinerancia
corresponde a un cierto nivel de civilización, que incluso impuso variantes. Una de ellas se
corresponde con el desmonte y cultivo sobre cenizas, tradicionalmente europeo, pero tam-
bién de zonas selváticas. Labores muy superficiales y el abono de las cenizas hacen rendir
poco y agotan los nutrientes rápidamente. Pero también en las sabanas se ha de recurrir a
la quema del herbazal para fertilizar el suelo. En todos los casos se trata de cultivos fugitivos,
apoyados en la migración agrícola. El retroceso de la agricultura itinerante (que no vuelve al
mismo lugar) o cíclica (retorna periódicamente) es un hecho al constatarse el descenso de la
superficie dedicada, pero ha aumentado el número de personas que dependen de ella (250
millones). Y sólo pervive donde las comunidades y densidades humanas son bajas, porque
se trata de sistemas despilfarradores de suelos. Las técnicas son muy elementales y los
instrumentos rudimentarios. Se trata primero de seleccionar el terreno, talar los árboles (o
quemar), sembrar policultivo (maíz, mandioca, ñame, mijo...), practicar alguna escarda y las
cosechas escalonadas. El paisaje que resulta es muy difuso, la dimensión de las tierras ex-
plotadas varía mucho (depende de la presión demográfica y de las posibilidades del terreno,
pero oscila entre una y dos hectáreas por familia), etc. Incluso todavía suele ir asociada a la
caza y a la recolección, y dispone de alternativas: reducir el barbecho al no poder ampliar la
superficie de cultivo, con lo que se rompen equilibrios ecológicos; y recibir ayudas técnicas
para adoptar cultivos apropiados, con lo que se convierte en sedentaria. Ejemplos en la zona
más extendida, la tropical húmeda, no faltan: conucos venezolanos (con extensiones de 1 a
5 hectáreas y agricultura temporal de secano), milpas maiceros (la tierra puede durar culti-
vada más de quince años), los ray y mir vietnamitas (se adaptan a las condiciones naturales
y no introducen desertización), el sistema de rozas africano, etc.

3.1.2. Las formas tradicionales transformadas


Resaltan dos modalidades esenciales, forzadas por la presión demográfica: las agri-
culturas sedentarias tradicionales de secano y las intensivas de regadío. Pero se ha de
contemplar la importancia del autoconsumo para catalogar el nivel de subsistencia al-
canzado por el tipo de actividad desarrollada. Si el total de la producción es consumido
por el productor es subsistencia; de vender una parte se trata de subsistencia parcial; y
de vender la mitad aún puede ser considerada actividad de subsistencia (cuando supera

216 PROFESORES DE ENSEÑANZA SECUNDARIA


Tema 7. El espacio rural

esos valores ya se está hablando de agricultura de mercado). Los rasgos de este modelo
agrario sedentario pero desfasado son: empleo de fuerza animal o humana, autoconsumo
y autoabastecimiento, predominio de cultivos destinados a víveres, y práctica mayoritaria
en sociedades desfasadas.
Los cultivos sedentarios con barbechos constituyen el paso más decisivo al estableci-
miento de poblaciones agrarias fijas. Se desarrollan muy ampliamente en el mundo tropical,
y ya se trata de una agricultura preintensiva, que en África sigue siendo colectivista, mientras
en Iberoamérica se ha capitalizado hurtando terreno a los minifundistas. Pero en todos la-
dos deriva también de la escasez de tierras disponibles. Va ganando terreno a los sistemas
extensivos tradicionales, los de campos temporales, pero sobre desequilibradas estructuras
de la propiedad y notables incapacidades productivas. Por el contrario, el arrozal de regadío
intensivo permite la alimentación a dos mil millones de personas en el continente asiático.
Una variante de agricultura tradicional es la sedentaria africana, donde se complementa la
ganadería con la agricultura, que recibe los abonos y desarrolla rotaciones de cultivos de
acuerdo a la calidad de los suelos, y con un sistema individualista de explotación de policul-
tivo, con distribución en círculos, hortícolas los próximos a la vivienda y los más alejados los
que requieren menor requerimiento de tareas manuales. Es una agricultura de subsistencia
complementada con palma de aceite y ganadería testimonial, con múltiples variantes.
Mayor importancia tiene la agricultura de subsistencia asiática de arrozal. El riego per-
mite el aprovechamiento continuo de la tierra, con hasta tres cosechas obtenidas al cabo
del año. Así los rendimientos son altos, lo que a su vez explica las altas densidades en el
campo. Sin embargo, las técnicas son elementales, aunque se usan las aguas por medio
de complejos sistemas de diques, se rectifican colinas con el trazado de terrazas, y se apro-
vechan todas las tierras de valle. Exige mano de obra abundante, porque la dedicación es
alta (desde el plantel, trasplante, riego, adecuación de fangos en las tierras, arado y nivela-
ción de suelos, despejado de canales, etc.). Pero hay que distinguir entre arrozal extensivo
(sobre llanuras inundables, con baja presión sobre el suelo y aprovechamiento de aguas
de lluvia, y que es capaz de conseguir dos cosechas anuales), y el intensivo (que hace uso
de aguas fluviales, se emplaza sobre fondos de valle o terrazas aprovechando complejos
sistemas hidráulicos, y que en determinados lugares merced a la implantación de semillas
de crecimiento rápido –hasta en tres meses se ha logrado acortar su ciclo vegetativo– pue-
de ofrecer tres cosechas al año). Los rendimientos difieren según la intensidad del cultivo
(en Corea unos 6.000 kg./ha, en China 5.000, en Indonesia 4.000...), y de la tecnología
utilizada (en el Mekong se usan los tractores en explotaciones superiores a 4 hectáreas).
La agricultura tradicional de subsistencia también perdura en sistemas agrarios como
el openfield, bocage y en los diversificados mediterráneos, donde agricultura y ganadería
son complementarias. En el openfield domina la pequeña propiedad y excesiva parcela-
ción, con la combinación de lo individual y comunal organizado en tres anillos alrededor
de los núcleos poblados: uno concéntrico en torno al poblamiento de explotación intensiva
(hortalizas, forrajes...), otro excéntrico, de campos abiertos y producción cerealista, y un
tercero de saltus usado como pastizal, aprovisionador de leña y explotación comunal. Es
una organización típica de las economías agropecuarias. En el bocage las parcelas son
cerradas, con una parte de la producción destinada a autoconsumo y otra al mercado, y
no existe la explotación comunal. Pero también ganadería y agricultura se complementan.
En los paisajes diversificados mediterráneos hay sistemas originales, ya que las difíciles
condiciones ambientales imponen cultivos adaptados, cereales y arbustivos, mientras la
montaña permite la explotación ganadera. Es una agricultura de subsistencia, con gana-
dería trashumante, tanto más arcaica cuanto más aparezca la montaña, el latifundio y los
cultivos intensivos de huerta.

GEOGRAFÍA E HISTORIA 217


Volumen I. Geografía Física, Humana y Regional

3.2. Las formas intensivas, especulativas o capitalistas

3.2.1. La agricultura de plantación


Configura una modalidad dedicada a cultivos alimentarios o industriales, con alto em-
pleo de mano de obra, pero capitalista por el destino de productos a la exportación. Presen-
ta dos modalidades, la plantación y la pequeña plantación campesina (que generalmente
trabaja y produce para la grande). Pero una plantación es una gran explotación tropical con
mano de obra asalariada en condiciones de trabajo más industrial que agrícola. Dispone,
pues, de las siguientes características: especialización de cultivos por zonas, técnicas de
recolección racionales, unidades cooperativas, mano de obra especializada, producción
masiva, y fuertes inversiones. Se emplaza en países de colonización y dedica sus produc-
tos a la exportación, y presenta la variante de cultivos bajo contrato, con campesinos que
producen para la gran plantación. La tierra controlada por la plantación suele ser mucho
más extensa que la cultivada (la marginal es la entregada a los trabajadores para cultivos
de subsistencia), se dedica a monocultivos, y capitaliza la explotación con la construcción,
incluso de infraestructuras básicas. Su orientación es especulativa, porque suele dedicarse
a la explotación de los cultivos más demandados en los mercados mundiales. Pero hoy pier-
de peso, desde el momento en que medianos y pequeños propietarios trabajan para ellas,
lo que les evita la realización de grandes inversiones, y en que se han ido transformando en
intermediarias del agro-negocio.
En Iberoamérica se implantaron como frentes pioneros de colonización y las amplias
propiedades derivaron de las concesiones de tierras durante el periodo colonial. Con los
ferrocarriles fueron avanzando hacia tierras interiores, disponiendo de trabajadores inmi-
grados o de indígenas, a los que se concedían parcelas para el cultivo de subsistencia. Se
han dedicado a cultivos específicos como el café, banano, etc. Y las grandes haciendas
son evoluciones de las tradicionales plantaciones de café, que hoy combinan cultivo con
ganadería. Se ha tratado de evitar la dependencia de un solo cultivo, debido a unos precios
controlados desde el exterior, y muy sometidos a fuertes fluctuaciones. Se han mecanizado,
e introducido forrajes, fertilizantes químicos, ganadería asociada, etc. Es, pues, un fenóme-
no que combina lo tradicional (el uso de mano de obra abundante) y moderno, y es típico
todavía de las fronteras agrícolas (especialmente en Brasil).
En el resto de continentes atrasados su expansión fue más tardía, y su orientación es
más diversificada. En África el influjo europeo alumbró dos tipos de plantadores, indígenas
(que combinan el cultivo comercial con el de subsistencia) y el exportador. Luego hay diver-
sidad por regiones; así en Liberia la dedicación es al caucho, en Zaire a palmera de aceite,
etc. En Asia la diversidad es mayor por la abundancia de mano de obra, bajos salarios y
abundancia de puertos exportadores. Aquí aparecen las variedades: estates bajas, planta-
ciones de sociedades emplazadas en valles de baja altitud; las estates medias, propiedad
de chinos; y los smallholdings, en llanuras litorales, propiedad de chinos y malayos. En
general se trata de una agricultura tradicional muy transformada, que ha ido diversificando
cultivos e industrializando los mecanismos de explotación.
Actualmente se dedican a productos de uso industrial (látex, fibras vegetales...) y a otros
de consumo directo humano (banano, cítricos...) o que implican manipulación industrial
(caña de azúcar, cacao, grasas vegetales, té, café, tabaco...). En conjunto contribuyen con
la quinta parte del comercio mundial de productos agropecuarios. Pero mientras algunas
progresan (algodoneras, tabaqueras, plantaciones de hevea...) otras se estancan (fibras
tradicionales como el yute, sisal...), la mejor prueba de que están a expensas del comercio

218 PROFESORES DE ENSEÑANZA SECUNDARIA


Tema 7. El espacio rural

mundial. Progresan más las dedicadas a cultivos de consumo humano, tanto por incremento
de la población mundial, como por el ascenso del nivel de vida en los países desarrollados,
los principales compradores. Entre ellas resaltan las frutícolas, azucareras, licoreras..., y las
explotadoras de productos estimulantes (café, té, tabaco...), las más tecnificadas porque
suelen exigir transformaciones industriales. Y la plantación campesina va ganando terreno a
la gran plantación, mientras ésta resiste en los cultivos que exigen grandes infraestructuras
de acondicionamiento (hevea, banano...). La gran plantación retrocede sustituida por las em-
presas agrarias capitalizadas individuales (para quienes trabajan los pequeños campesinos),
y por las pequeñas plantaciones campesinas (que hacen uso del trabajo familiar).

3.2.2. Las agriculturas evolucionadas


En los países industrializados domina la agricultura de mercado, sobre todo en la zona
templada donde se alcanzan las mejores condiciones climáticas para su desarrollo; y a ello
se han adicionado los medios técnicos necesarios. Con ello se ha incrementado la rentabi-
lidad y se ha transferido mano de obra excedentaria a otros sectores económicos. Y estas
agriculturas capitalistas combinan la explotación de cultivos con la ganadería, puesto que
sus objetivos son comerciales. Las ventajas se identifican con la variedad de productos, la
alta rentabilidad, la producción a escala y tecnológica, etc. La producción se adecua a las
necesidades del mercado en calidad y variedad de productos. Se trata de modelos agrarios
en los que se combinan formas tradicionales y especulativas, que conjuntadas alumbran
la superproductividad, con la introducción de especies de alto rendimiento, la intensa
mecanización, los modernos sistemas de rotación de cultivos, la preparación técnica de
los agricultores... De ahí los excedentes acumulados en algunos lugares (en Europa vino,
cereales, derivados lácteos, carne...). Ello permite también la existencia de cabañas gana-
deras estabuladas, altamente productivas. La renovación puede catalogarse de revolución,
ya que no sólo ha incidido en la producción, sino que ha tenido repercusiones sociales en
el campo, pero también financieras, económicas, etc. Así, frente al descenso de los activos
se han incrementado los rendimientos, y ha subido la renta media por agricultor. Sin em-
bargo, estas agriculturas también padecen subproductividad en algunos artículos, y de ahí
que instituciones, nacionales o supranacionales, intervengan subvencionando a los cultivos
deficitarios (y sancionando a los excedentarios).
Y también se irradian las actividades agrarias altamente especulativas, las tecnológi-
cas, entre las que es preciso mencionar los cultivos hidropónicos, sobre suelos artificiales,
como ocurre con el de flores ornamentales; el cultivo en turba, en los países nórdicos; el
enarenado, consistente en superponer a una capa de estiércol otra de arena, lo que permi-
te la obtención de tres cosechas al año debido a la conservación de la humedad del suelo;
el cultivo bajo plástico, que crea las condiciones microclimáticas para la obtención de un
producto fuera de temporada; el cultivo por goteo, que no requiere mucha mano de obra,
es aplicable a cualquier tipo de terreno, y su objetivo es el aprovechamiento integral de los
recursos hídricos; etc.

3.2.2.1. En la Europa comunitaria


Es muy compleja porque existe la especialización regional, y porque pervive la herencia
del pasado (cultivos, formas de propiedad...), con el contraste entre openfield y bocage y
la trilogía agraria mediterránea. Pero todos han conocido transformaciones drásticas en las
últimas décadas por imposición de las condiciones del mercado. Han experimentado una
reciente revolución agraria, con éxodo rural y nuevas formas y explotaciones, con el papel

GEOGRAFÍA E HISTORIA 219


Volumen I. Geografía Física, Humana y Regional

director de la PAC (Política Agraria Común). Se ha desencadenado un enorme éxodo rural


que ha hecho casi desaparecer las explotaciones reducidas (que a su vez ha expandido
el papel de las ciudades, al desaparecer muchos servicios básicos en las áreas rurales).
Se ha envejecido el campo, ha descendido el número de jornaleros, se han mecanizado y
tecnificado las explotaciones, han crecido de tamaño por concentraciones parcelarias, se
han difundido los abonos químicos, los fertilizantes, herbicidas y pesticidas, etc. Todo ello
ha favorecido la integración de la agricultura en el mercado, si bien su contribución al PIB
comunitario sigue siendo muy baja, y en descenso. Un modelo altamente productivo es
el de la agricultura intensiva, con uno de los mejores ejemplos mundiales en los pólders
holandeses, uno de los exponentes de la transformación. Se trata de un suelo fabricado o
rectificado, altamente productivo a pesar del dominio de la pequeña propiedad, porque son
altos los niveles formativos de los agricultores, por el dominio cooperativista, por la notable
inversión de capital, y por la elección de cultivos de alta demanda. Luego la aplicación de
métodos científicos a la explotación ganadera, como la rígida selección de razas, comple-
menta la rentabilidad elevada. Dominan, pues, sectores de praderas en regiones bajas,
conquistadas al mar, cultivos extensivos en pólders modernos, hortícolas en los cinturones
urbanos, y una ganadería seleccionada y estabulada de enorme rentabilidad. Es una ac-
tividad agropecuaria resultado de un esfuerzo organizado, con un campesino tradicional
sustituido por otro moderno y preparado que se traduce en un nivel notable de eficacia.
La PAC, que surge como un conflicto de intereses entre productores y consumidores,
y entre países miembros, como una política aislada del resto de la política económica. El
conflicto de intereses es entre los países del Norte y los mediterráneos, y del cual salieron
unos principios (unicidad de mercado, preferencia comunitaria y solidaridad financiera)
encargados de construir la Europa Verde. Y logros (modernización de la agricultura, in-
cremento de los rendimientos y de la productividad, y la creación de una agricultura muy
eficaz), y contradicciones (elevados excedentes, protección a los precios, consolidación de
zonas menos favorecidas –que disfrutan de ayudas al ganado, a inversiones colectivas, a
modernización de explotaciones, a actividades complementarias...–, el incumplimiento del
principio de preferencia comunitaria, etc.).
Como estructuras resultantes aparece una agricultura políticamente sostenida con
precios altos; e incluso con dos agriculturas, una familiar de tamaño insuficiente y otra re-
gionalmente especializada. La familiar pone de manifiesto la importancia que todavía tienen
las pequeñas y medianas explotaciones; se trata, por tanto, de una agricultura, intensiva y
tecnificada, pero con dimensiones insuficientes y abundancia de explotaciones marginales
y agricultores envejecidos. Se debe reducir el número y aumentar el tamaño para obtener
no sólo mayor rentabilidad, sino mejores niveles de vida en el campo. Además, crece la
agricultura a tiempo parcial y se consolida la gran explotación, que domina junto con la de
tipo medio. Pero ello impide que la familiar pueda competir con las otras, y hace que se vea
relegada en el proceso renovador. Y además también crece el arrendamiento.
Con referencia a la especialización regional, las regiones de más peso agrario sobre el
VAB total en su economía son las mediterráneas, que frente a la cantidad de gente que vive
en el campo da lugar a fuertes desajustes económicos. Domina la producción ganadera,
una actividad industrializada y capitalizada. En agricultura los cereales, con elevados ren-
dimientos en la Europa continental y más bajos en la mediterránea. Frutas y hortalizas son
cultivos especializados, como también el viñedo. Así la Unión Europea se ha transformado
en una gran potencia agropecuaria, pero esa posición no va acompañada de estructuras
agrarias competitivas y precios no intervenidos. Todo pasa por redimensionalizar las explo-
taciones y acabar con los fuertes excedentes de población agraria existente en algunos
países, un panorama complicado con la entrada de nuevos miembros.

220 PROFESORES DE ENSEÑANZA SECUNDARIA


Tema 7. El espacio rural

3.2.2.2. En Norteamérica
En EE UU y Canadá se padecen menos contrastes, sustituidos por una agricultura
especulativa que parte del racional sistema de distribución de la tierra, inserta un elevado
consumo de productos industriales, y alcanza un alto nivel de dependencia del mercado
mundial. Por ello sólo introduce los productos más rentables, tanto la tradicional que ha
evolucionado a comercial, como la comercial propiamente dicha. Es una agricultura indus-
trial muy evolucionada, que acapara poca mano de obra, muy sujeta a la (PAA) Política
Agraria Americana.
Dispone de paisajes agrícolas diferenciados. A oriente dominan las pequeñas y media-
nas explotaciones destinadas a atender las necesidades de las ciudades, mientras hacia
en el sur e interior las grandes extensiones se orientan al mercado mundial. Por una parte
el rang canadiense, implantado por los franceses, sigue una disposición del parcelario (en
longueras) paralelo a vías de comunicación. Y el sistema township domina en el oriente de
EE UU, con cuadrados de 6 millas de lado, con 36 secciones de una milla cuadrada (259
hectáreas). Hacia el interior el parcelario se ajustó a la rentabilidad del suelo, y ya en las
montañas y piedemontes orientales se impuso el ranching para ganadería extensiva, con
una milla cuadrada por cabeza de ganado, y sin geometrización debido a la imposición del
relieve.
El colapso de 1929 forzó a la reducción de explotaciones, con lo que aumentó la
superficie media de las que se mantuvieron, lo que a su vez permitió la rápida y rentable
mecanización del campo. En ellas la producción ganadera siempre tuvo gran relevancia,
mientras los belts especializados en cultivos concretos se van diversificando por imposición
del mercado mundial. En el interior subsiste el dry farming, agricultura de secano extensi-
va, con barbecho, debido a la amplia disponibilidad de tierras y a lo relativamente barato de
su explotación; pero la pérdida de suelos ha introducido técnicas como el laboreo siguiendo
las curvas de nivel o bien el establecimiento de pantallas de arbolado, que en ocasiones
transforman un openfield en bocage. Se trata de una agricultura científica, con adaptación
de la maquinaria a los cultivos e integración en la industria, con uso masivo de fertilizantes,
herbicidas, etc. La estabulación y la reducción de tierras de cultivo han traído un fenómeno
contradictorio, pues mientras se han reducido extensiones de cultivo de secano y ranchos
ganaderos se ha incrementado la producción final, la mejor prueba de que la rentabilidad
deriva de los medios utilizados. Domina todavía la explotación familiar (96% de las totales),
si bien un papel esencial lo desempeñan las sociedades, que ya generan la cuarta parte de
la renta agrícola. La explotación media dispone de unas 170 hectáreas, aún insuficiente
para elevar la renta de los agricultores. La concentración de propiedades es un hecho en el
Oeste, en los ranchos, donde las multinacionales han creado auténticos imperios pecuarios
o agrarios.
La investigación agronómica y zootécnica son no sólo complementos, sino necesidades
del sistema productivo, así como las cooperativas en la prestación de servicios. Hoy se trata
de una agricultura de producción industrial, con empresas capitalizadas que buscan tipos es-
tándar de productos, producción masiva, técnicas de organización, y usos de tecnología sofis-
ticada como la informática aplicada a la agricultura. Luego se asocia a firmas comerciales, lo
que implica la existencia de agricultores que trabajan para grandes firmas o cadenas alimen-
tarias. De ahí que el control de la agricultura esté en las grandes ciudades, en los consejos de
administración de grandes transnacionales. Además, el Estado subvenciona a la agricultura,
financia las grandes obras hidráulicas, realiza préstamos a bajos intereses, garantiza precios
mínimos, etc. Como resultante, la agricultura tradicional ha sido devorada por la comercial
especulativa, por la superproducción exigida y por la integración con la industria.

GEOGRAFÍA E HISTORIA 221


Volumen I. Geografía Física, Humana y Regional

La PAA se sustenta en cuatro principios: protección al agricultor, adaptación de la


producción a las demandas y coyunturas del mercado mundial, penetración en mercados
exteriores, y uso de la producción como herramienta. Superado el colapso de finales de los
treinta la PAA entra en una etapa de proteccionismo interior y conquista de los mercados
mundiales; para ello subvencionó a los agricultores, sostuvo los precios, consiguió exce-
dentes agroalimentarios y forzó la retirada de tierras poco productivas. Desde la gran crisis
económica de 1973 entra en otra faceta, que hace uso de los recursos agroalimentarios
como arma alimentaria, que luego ha desembocado en guerras comerciales con la Unión
Europea. En esta segunda fase ha mantenido altos los niveles de protección mediante
subvenciones indirectas, y ha acumulado producciones, hecho que obligó a la retirada de
nuevas tierras de cultivo. Actualmente rige la especialización en climas aptos, y el mejor
reflejo se encuentra en los grandes cinturones del medio-Este, especializados en cultivos
forrajeros, derivados lácteos, soja, maíz, tabaco, algodón, cacahuete, belt mixtos, etc. Y
también en las regiones de cultivos hortofrutícolas, haciendo uso de diversos sistemas
de regadío. Pero el principal defecto de esta política es la acumulación productiva, lo que
motiva unos niveles de protección y subvención muy superiores a los europeos. Se trata
de una agricultura compleja, subvencionada, de grandes unidades, explotación familiar y
empresarial, mecanizada, inserta en redes de comercialización, e industrializada, y en suma
centrada en grandes inversiones en sectores hortofrutícolas y ganadería industrial.

3.3. Las agriculturas socialistas


La extinción de la propiedad privada introdujo una nueva organización de las explotacio-
nes en cooperativas, un modelo soviético que luego se irradió a su órbita (si bien también
se han aplicado parcialmente en otros modelos capitalistas, como el israelí, el mexicano, el
argelino...). El ex soviético incluso coincide con el especulativo americano en la geometriza-
ción del espacio agrario, si bien sus factores socioeconómicos son radicalmente diferentes.
De todos modos los resultados de los sistemas agrarios socialistas han sido muy dispares
según los lugares donde han sido aplicados; así, en la ex URSS la agricultura fue secundaria
en la economía mientras adquirió primer plano en China. Luego, la caída del sistema socia-
lista durante la década de los ochenta ha logrado introducir profundas modificaciones en
las estructuras y hasta en los paisajes agrarios, con el mejor exponente en la nueva China,
donde incluso el empresariado ha hecho su aparición.

3.3.1. Las agriculturas ex soviética y oriental europea


A diferencia de la agricultura científica capitalista la soviética contó con altas densida-
des de población, y el arraigo en sistemas tradicionales de explotación. Con anterioridad a
la revolución el sistema era análogo al europeo, con openfield y pequeña propiedad frente
a grandes latifundios. Pero la revolución introdujo la redistribución de la tierra, con unas
primeras organizaciones agrarias, los kog (asociaciones para la realización de trabajos co-
munales), artel (colectividades de productores), y comunas (organizaciones con bienes
grupales). Se repartieron los grandes latifundios, y proliferó el minifundio, con lo que se
estancó la producción. Sin embargo, pronto se comunalizó la tierra, en una fase de colec-
tivización emprendida en 1928, con la organización de la producción en dos tipos de coo-
perativas: los koljoses, aldeas de gran tamaño administradas por un consejo, donde todo
era colectivo con la excepción de la vivienda individual rodeada del un huerto de explotación
individual (el dior, con menos de 0,50 hectáreas), el realmente encargado de mantener

222 PROFESORES DE ENSEÑANZA SECUNDARIA


Tema 7. El espacio rural

buena parte de la producción; y los sovjoses, resultantes de la fusión de varios koljoses o


de su transformación tras la Segunda Guerra Mundial, granjas estatales con funcionamien-
to empresarial, de enorme extensión y monocultivos, que permitían la mecanización y la
especialización.
La célula básica del koljós era la brigada, de área agrícola o tecnológica, la primera
encargada de los cultivos y aprovechamientos y la segunda especializada en un sector
concreto, ganadero, fruticultura... Contaba con servicios, y era más una empresa que
una explotación, ya que disponía de las MTS (Estaciones de Máquinas y Tractores). Pero
después de la Segunda Guerra Mundial las MTS fueron reconcentradas, al tiempo que se
incrementó el tamaño. En koljós y sovjós el hábitat era concentrado debido a la fórmula
cooperativista de explotación, con la excepción del norte de la URSS; la razón era que los
gobiernos socialistas suprimieron las ayudas a los agricultores individuales forzándoles al
abandono con el objeto de incorporarles a los centros establecidos. Las viviendas carecían
de los servicios típicos de las explotaciones, porque esos menesteres correspondían a los
centros de explotación. Puede decirse, por tanto, que las líneas socialistas en la ex URSS
potenciaron con el tiempo a los sovjós en perjuicio de los koljós, una política o fórmula que
luego se irradió a su órbita socialista, e incluso a China.
En los países socialistas europeos se han seguido las directrices soviéticas, pero con
tres fases de aplicación: una de planificación oportunista, hasta el final de la Segunda
Guerra Mundial; otra de colectivización acelerada, con planes quinquenales y fundada en
la actividad industrial, que duraría hasta mediados de los años cincuenta; y una última de
reequilibrio, y ya de más largo plazo. Pero casi todas fueron implantadas más suavemente,
si bien pueden distinguirse tres tipos de evolución:
– Países con colectivización casi total (Bulgaria, Hungría, República Democrática Ale-
mana). Se desarrolló rápidamente con el tipo koljós, si bien en Hungría los colonos
llegaron a conservar derechos individuales.
– De colectivización suprimida, como en Polonia y Yugoslavia, donde llegó a instau-
rarse la conjunción de explotaciones individuales y cooperativas.
– Con sector comunitario preponderante en las llanuras e individual, menos repre-
sentativo en las montañas (Rumania y Checoslovaquia).
Los objetivos del modelo soviético irradiado fueron: colectivización, elevación del nivel
técnico, organización de la producción, y equiparación a los medios de producción indus-
trial. Se trataba de multiplicar los aspectos de la empresa productiva, incorporar grandes
superficies y medios técnicos (químicos), desarrollar la especialización, y concentrar a la
producción. Para ello se partía de dificultades, como la gran cantidad de mano de obra
en el campo, la herencia histórica de ineptitud productiva, y hasta la hostilidad del medio.
Para solventarlas se eliminó la propiedad latifundista y el absentismo, se crearon empresas
de trabajo colectivo con el objeto de incrementar la productividad, el Estado se convirtió
en protector de la agricultura, y se planificó tanto la producción como los precios. Primero
se modificaron las relaciones de producción con reformas agrarias, con una colectivización
que representó la desaparición de las desigualdades sociales en el campo y la posibili-
dad de tecnificar, salvando el arrastre de descapitalización existente con anterioridad. Sin
embargo, la tecnificación nunca alcanzó los niveles de las economías capitalistas, como
tampoco los resultados derivados.
La planificación agraria, que partía de bases de racionalización, no logró los rendimientos
esperados. Pero sí consiguió grandes infraestructuras, aunque el mayor rendimiento siempre
correspondió a la iniciativa individual. Por ello, desde muy pronto (década de los años cincuen-

GEOGRAFÍA E HISTORIA 223


Volumen I. Geografía Física, Humana y Regional

ta) se intentó enderezar el rumbo por medio de la supresión de las MTS, un mayor relajamiento
en el control de los koljós, la conquista de tierras vírgenes, etc. En los sesenta se habló del re-
nacimiento de la agricultura debido a la duplicación de inversiones en el campo, reconversión
y renovación de la maquinaria, y fijación de salarios garantizados a los empleados (a imitación
de lo existente en los sovjós). Se llevó a cabo un proceso de integración y especialización que
aportó un modelo pseudoindustrial, que tampoco generó los resultados esperados. De ahí que
en los años ochenta las estrategias se dirigieran a la concesión de estímulos a los agriculto-
res, con lo que se inició una de las últimas fases de reorganización; se aumentó la extensión
de los lotes de explotación individual, y tierras de koljós y sovjós se arrendaron a familias, se
alquilaron tierras a agricultores particulares, medios de producción... pero ya con periodos lar-
gos para estimular las inversiones. La propiedad continuó siendo colectiva, pero en la práctica
los agricultores decidían cómo y qué se cultivaba. Es decir, que nació la agricultura familiar.
Se ha tratado de cubrir las necesidades propias y del entorno socialista, pero las masivas
importaciones son el mejor reflejo del fracaso político, que ha alumbrado estructuras agrarias
anquilosadas y fuertes contradicciones (con alto desarrollo de algunos sectores y regiones y
atraso en otras, pero también ha aportado la ganadería industrial).
No ha sido fácil desmontar la infraestructura creada, y de ahí que pervivan todavía las
grandes empresas agrarias estatales. Pero los koljós son muy autónomos, y sus dimensio-
nes (unas 6.500 ha) menores a las de los sovjós (17.500), si bien los emplazados en me-
jores tierras han sido más extensos, mejor mecanizados y con mayor cantidad de parcelas
entregadas a las familias. El poblamiento rural ha continuado muy jerarquizado, con 5.500
personas en los centros de distrito y sólo 200 en las brigadas, e incluso con cuatro niveles
de poblamiento (centros de distrito, centros-sedes del soviet rural, dirección de koljós y
sovjós en pueblos, y las sedes de las brigadas en aldeas), más las agrociudades, un intento
de concentración en grandes cooperativas estatales.

3.3.2. La agricultura tradicional y moderna en China


El modelo chino presenta caracteres diferenciadores, como las fuertes densidades y el
sistema profuso y esencial de regadío destinado a la producción ricícola, necesario para
alimentar a la sexta parte de la humanidad. El socialismo chino redistribuyó las tierras para
luego ser decomisadas e integradas en comunas, grandes explotaciones que asociaban
cultivo, transformación y comercialización. En una comuna la explotación se organizaba
asignando parcelas a un grupo de trabajadores para su explotación temporal (el grupo
formaba una unidad de trabajo denominada equipo); y el área compuesta por varias por-
ciones trabajadas por otros tantos equipos ya podía disponer de maquinaria y edificios de
explotación (estas áreas formaban unidades de trabajo denominadas brigadas); y varias
áreas daban lugar a un núcleo de organización y administración, la comuna, que no era ni
una organización estática ni uniforme en todo el territorio de China. Pero todas las comunas
tenían en común la posesión colectiva de la tierra, la disposición de fábricas, escuelas y
centros sanitarios, y estar divididas en brigadas y equipos de producción.
En los años sesenta se llevó a cabo una Revolución Verde que mecanizó parte del campo
y difundió nuevas técnicas y mecanismos. Pero a finales de los años setenta Deng Xiaoping
procedió a la descolectivización del campo, a la liberalización de las fuerzas productivas,
que introdujo disfuncionalidades, pero disparó la producción del campo. Nació el sistema
de responsabilidad que ha difundido a la agricultura familiar, irradiando los contratos de
trabajo, aumento de los lotes individuales, venta libre de los productos obtenidos, etc. En
la práctica todo se ha ido limitando hasta la extinción de las comunas, brigadas y equipos,

224 PROFESORES DE ENSEÑANZA SECUNDARIA


Tema 7. El espacio rural

lo que ha traído consigo el desequilibrio en el campo, su empresarialización, el excedente


de mano de obra, el abandono estatal a las infraestructuras (que cada vez van siendo más
disfuncionales), el retroceso de la superficie regada, la pugna por el agua entre los agricul-
tores, la caída de los precios de los productos en los mercados libres por exceso de oferta,
etc. Pero ha subido el nivel de vida de los agricultores y la producción ha aumentado, hasta
el punto que China se ha convertido en exportadora de algunos productos agroalimentarios.
Puede decirse que la política china se ha caracterizado por la flexibilidad, pero ha incorporado
también técnicas, ampliación de superficies cultivadas, y adaptación de los sistemas de ex-
plotación al tipo de célula organizativa y a la inversa. El progreso agropecuario es indudable,
pero desajustado, pues requiere de grandes producciones de derivados animales y ajustar
las nuevas estructuras agrarias a las necesidades presentes. Así, transferir la propiedad a los
agricultores sustituyendo el sistema de arrendamientos y alquileres (similar al ex soviético),
para capitalizar el campo, y ejercer control sobre los recursos básicos, como el agua, esencial
en un país donde domina la agricultura tradicional intensiva ricícola.

3.3.3. Otras agriculturas socialistas


En países no socialistas se han introducido variantes llamativas, entre las cuales resal-
tan las explotaciones colectivas en Israel, que se compaginan con las privadas. Pueden ser
de cuatro tipos, si bien luego se afilian y dependen de los partidos políticos (Trabajadores
Unificados, Partido Laborista de Israel, y Mapai):
– Kibbutz, centros de explotación donde todo es de todos, incluso la administración
desarrollada por la asamblea de los miembros.
– Moshav Shitufi, que a diferencia de los anteriores los miembros son asalariados.
– Moshav Oudim, grandes cooperativas integradas por campesinos que trabajan ex-
plotaciones individuales siendo el beneficio y los instrumentos de trabajo privados.
– Maabaroth, cooperativas generalmente orientadas al monocultivo cerealista, y
cuya finalidad es fijar a la población inmigrante.
Es un sistema híbrido que ha aportado excelentes resultados, con el mejor en la auto-
suficiencia productiva, que ha convertido a este país en el único del Próximo Oriente capaz
de atender a sus necesidades y permitirse exportaciones en buen número de productos.
La introducción de este sistema deriva de varias necesidades: colocar a las corrientes de
judíos inmigrados, muchos de los cuales vienen de países de la antigua esfera socialista,
sin conocer otros sistemas agrarios, lo que explica el relanzamiento que han tenido estas
fórmulas cooperativistas; y la aplicación de la moderna tecnología de que dispone, como
único país desarrollado de la región (es en estas unidades agrícolas donde pueden implan-
tarse innovaciones debido a su emplazamiento en zonas áridas, como los cultivos higropó-
nicos, enarenados....).

4. MODERNAS IMPLICACIONES DE LAS ACTIVIDADES


AGRARIAS EN EL MUNDO
En los países desarrollados la agricultura decrece en el producto interior bruto y en el
empleo, mientras se incrementa su productividad y la acumulación de excedentes. Pero
proporciona al desarrollo económico cinco elementos clave, entre los que por áreas (inclui-

GEOGRAFÍA E HISTORIA 225


Volumen I. Geografía Física, Humana y Regional

das las subdesarrolladas) cabe establecer matices. Primeramente al ser alto el crecimiento
demográfico en los países desfasados se ve estimulada la demanda de productos agrarios,
si bien la imposibilidad de cubrirlos opera negativamente en la subida de los precios. En
segundo lugar proporciona exportaciones cada vez más diversificadas. Luego, transfiere
fuerza de trabajo a los sectores no agrarios, que en el mundo del subdesarrollo parece ili-
mitada. Asimismo, la agricultura compone la principal fuente de capital para el crecimiento
industrial. Y por último es un mercado para la industria, de tal modo que una agricultura
pobre puede dificultar fácilmente el desarrollo industrial (se necesita incrementar los in-
gresos netos de los agricultores si se desea que la población rural ejerza como estímulo
para la producción industrial). Además, la agricultura moderna ha introducido también tres
novedades:
– La variación del peso relativo de las compras y ventas, adquiriendo los que per-
miten incrementar la producción y la productividad. Hoy la tierra ha dejado de ser
un factor limitativo (incluso en los países desarrollados decrece la utilización para
fines agrarios, mientras crece para usos no agrarios). Se han sustituido compras
en función de las variaciones en sus precios e incorporado técnica, capital y cono-
cimientos que se compran fuera de la agricultura, son producto de la investigación,
y se utilizan a corto plazo.
– Se incrementa como resultado la productividad, que se atribuye al cambio técnico
(mejora biológica de las variedades de cultivos, de los nutrientes, de las técnicas
de plantación, de nuevos cultivos ajustados al mercado...).
– Se ha insertado en la trama productiva y vinculado a otros sectores económicos
(hoy la agricultura se relaciona con los demandantes finales a través de la industria
agroalimentaria, y por ello el agricultor debe de funcionar como un empresario en
la búsqueda de productos y actuaciones competitivas).
Pero los recursos agrarios están desigualmente distribuidos en el mundo, y el empleo
de la tecnología también es dispar. El desarrollo agrario sigue, así, líneas divergentes en
aplicaciones múltiples (tecnología mecánica, biológica...). Por ello puede hablarse de tipo-
logías agrarias:
– Países de colonización más reciente, donde prima el recurso tierra, con producti-
vidad alta del factor trabajo, pero baja de la tierra por unidad de superficie. Sus
expectativas productivas son elevadas.
– Países de Asia Oriental y algunos iberoamericanos y hasta africanos, con escasez
de tierra y abundancia de trabajo, hechos que imponen productividad alta de la
primera y baja del segundo, con lo que las expectativas son medias.
– Países con equilibrada dotación de recursos, entre los que se encuentran los euro-
peos y norteamericanos, con buenas perspectivas.
En los países más avanzados es donde se están consiguiendo las rentabilidades más
elevadas debido a la alta capacidad de sustitución de unos factores declinantes por otros
pujantes. La clave del crecimiento agrario se encuentra en la alteración de la función de
producción hacia la tendencia a largo plazo de la dotación de factores. Por contra, en los
subdesarrollados trabajo y tierra rinden poco, y las intervenciones públicas (subvenciones,
políticas de precios...) alteran los precios de los factores y distorsionan la asignación de
recursos (por ejemplo, mecanizando pronto una agricultura que luego se resiente de la
retirada de subvenciones). De ahí derivan inadecuaciones y carencias de sustitución de
factores; son estrategias a corto plazo y, por tanto, muy sensibles a mutaciones negativas.

226 PROFESORES DE ENSEÑANZA SECUNDARIA


Tema 7. El espacio rural

Hoy la agricultura mundial padece la existencia de unidades de producción pequeñas,


lo que se traduce en ingresos reducidos por explotador. También las diferencias alimenta-
rias son enormes entre las distintas partes del mundo. Y por último los niveles de inserción
en el mercado son desde altos a nulos, según el lugar del planeta que se analice. Lo grave
es que todas esas disparidades se dan en la ocupación humana más universal y base de
otras actividades económicas; entre ellas sólo sale beneficiada la agricultura que ha sido
capaz de concentrar el capital, la de los países desarrollados. Mientras, en los subdesarro-
llados las agriculturas se muestran cada vez más ineficaces a la hora de cubrir las nece-
sidades agroalimentarias de sus poblaciones, con la excepción china. Por el contrario, los
países del Norte acumulan excedentes que llevan a guerras comerciales entre los grandes,
la UE y EE UU. El cambio es sustancial, porque hasta mediados de siglo era al contrario, los
desarrollados dependían en buena medida de importaciones agrarias procedentes de sus
antiguas colonias en el Sur. Y esa mutación es favorable para el Norte pero muy negativa
para el Sur, porque se ha llegado a una situación de hambre acusada en muchos lugares.
La relación entre producción y disponibilidad calórica es muy disfuncional en las áreas sub-
desarrolladas, de lo que se deduce que los contrastes espaciales entre producción y uso de
alimentos es uno de los rasgos de la agricultura reciente.
Las disparidades productivas limitan el equilibrio alimentario mundial, por lo que puede
hablarse de países excedentarios, como EE UU y Canadá (principales productores mundia-
les de dos productos básicos como trigo y maíz, y con más de la mitad de los excedentes
mundiales de estos productos), los comunitarios, más Argentina y Australia (y hasta Brasil,
con excedentes de oleaginosas). Pero también de deficitarios, estructurales o coyuntura-
les; entre los primeros resaltan casi todos los subdesarrollados, pero especialmente la ex
URSS (con sus mantenidas importaciones de cereales), y entre los segundos casi todos
los asiáticos (que dependiendo de las malas cosechas verifican entre ellos intercambios de
arroz). Por ello, y al margen de productividades, la evidencia es un subconsumo alimentario
humano, especialmente grave en los países subdesarrollados, y que afectando a amplios
contingentes de población lo hace con especial virulencia sobre las poblaciones jóvenes,
luego plasmadas en inaptitudes laborales. Esta situación es grave en África y Asia, donde,
además, se agudiza en términos absolutos.
El comercio mundial de productos agroalimentarios está dominado por los países ricos,
que intercambian entre ellos, dedican cada vez mayores superficies y producciones a con-
sumo ganadero, y disponen de más de dos terceras partes de las exportaciones mundiales
de estos recursos (con la excepción de bebidas y productos tropicales), lo que representa
un muy fuerte desequilibrio para el Sur. Un comercio, por lo demás, con precios en poder
de quienes lo ejecutan, los países ricos. La producción de semillas y aceites tropicales
sigue siendo fundamental en el mundo del subdesarrollo, pero sin controlar su comercio.
Y el comercio mundial está dominado por los cereales (trigo, arroz y maíz, por ese orden).
De modo que la producción esencial del Sur (semillas, aceites y arroz) y el consumo en el
Sur (trigo, maíz, arroz) están controlados desde y por el Norte. Lo grave de la situación es
que los poderosos del Norte se han convertido no sólo en productores masivos, sino en
controladores de los precios, mientras los sometidos del Sur han pasado a compradores y
dependientes de las oscilaciones de unos costes puestos en el Norte. En el comercio de
productos pecuarios los países subdesarrollados sólo contribuyen con la décima parte del
mundial de los productos cárnicos, con otro abrumador dominio de los desarrollados. Y en
otros productos agrícolas (cítricos, vino, tabaco...) también la producción corresponde a los
países del Norte (mediterráneos), mientras la mitad del tabaco mundial sale del Sur, si bien
su comercio y manufactura está en manos de compañías transnacionales (generalmente
estadounidenses).

GEOGRAFÍA E HISTORIA 227


Volumen I. Geografía Física, Humana y Regional

Como resultado, las perspectivas del mercado agrario mundial no son nada favorables
para el Sur, porque las exportaciones de cereales, oleaginosas y derivados animales afian-
zarán a los actuales detentadores de dicho comercio, mientras los compradores agudizarán
sus necesidades, compaginadas con las dificultades de pago. Sin embargo, muchos países
subdesarrollados experimentan progresos que les permitirán ser menos dependientes de los
vendedores. Pero la única ventaja actual para el Sur es el mantenimiento o incluso caída de
los precios de productos agroalimentarios básicos, debido a que muchos están intervenidos
en los países productores. No obstante, la contrapartida negativa viene inmediatamente: para
asegurar rendimientos y regularidad de abastecimiento los ricos están insertando a sus agricul-
turas en cadenas alimentarias y concentrando empresas, que a su vez se están haciendo con
porcentajes cada vez más elevados del comercio mundial de productos básicos. Se trata de
la integración cada vez más intensa entre comercio minorista y mayorista, de la especulación
agrícola al alza, reflejada en su sistema más perfecto, que cada vez perjudica más al Sur.
Puede decirse, por tanto, que la agricultura no es explicable sin el comercio internacio-
nal, pero tampoco sin la incidencia de la Organización Mundial del Comercio. En la ronda
de Uruguay (del antecesor de la OMC, el GATT, el Sistema General de Aranceles Aduaneros
y Comercio) se optó por la reducción de medidas protectoras para el sector agrícola y a la
exportación, que favorecieron mucho más al Norte. Y a pesar de los acuerdos los países
desarrollados mantienen un sector agropecuario protegido, al objeto de salvaguardar las
rentas de los agricultores (ya que se trata de agriculturas fuertemente excedentarias), lo
que refleja una crisis de la agricultura moderna (con una estadounidense dependiente del
mercado mundial y otra europea occidental más compleja, heterogénea, fragmentada y
con mayores problemas de población activa). En el Sur la política agraria manifiesta no sólo
afectaciones externas, sino tendencias contrarias, puesto que de una parte se ha favore-
cido a la producción interna para evitar unas compras que la deuda externa no facilitaba,
pero compaginadas con la imposibilidad de frenar el fuerte éxodo rural; y de otro las Revo-
luciones Verdes se han mostrado como armas de doble filo, porque han incrementado ren-
tabilidades pero agudizado las desigualdades entre los campesinos. Por ello se tiende ahora
a la búsqueda de acciones equilibradas orientadas al desarrollo sostenible endógeno.
Otro problema de futuro de la agricultura alude a su inserción en la etapa postindus-
trial, con la carga que representa la introducción de nuevos usos del suelo agrario y las
crecientes interrelaciones con la vida urbana. La exurbanización está colocando a altos
contingentes de población urbana en el campo, con las consecuentes modificaciones de
fisonomía y actividades. Las áreas periurbanas mutan el campo, lo urbanizan y hasta lo
industrializan en su orientación productiva. Pero la primera transformación comienza por la
propia agricultura, que debe intensificarse, cuando no desaparece como derivación directa
de la especulación del suelo. Y también se transforma en agricultura a tiempo parcial, es-
pecialmente en los entornos de las ciudades industriales.
Pero las mutaciones agrarias derivan esencialmente de la demanda de suelo indus-
trial, del emplazamiento de grandes superficies comerciales, servicios y complementos del
automóvil, y por la fuerte solicitud de suelo por la función residencial, la que más espacio
consume. De todo ello deriva un cambio social, con la instalación de las clases medias en
las áreas periurbanas. Los más perjudicados son los espacios rurales con determinadas
características ecológicas favorables, con el fenómeno de expansión de las residencias
secundarias que no deja de crecer, alumbrando en algunos lugares un urbanismo rural
salvaje. No deja de ser un fenómeno del turismo urbano en el campo y transformador de
paisaje, modos de vida y trabajo rural. Otro cambio afecta al influjo del turismo rural, un
fenómeno de carácter interno en casi todos los países. Es complejo porque está integrado
por gran cantidad de formas, y se establece sobre espacios determinados (pueblos, case-

228 PROFESORES DE ENSEÑANZA SECUNDARIA


Tema 7. El espacio rural

ríos, bosques, superficies de agua, espacios agrícolas, montaña...). En cualquiera de esas


modalidades los flujos tienden al alza, y en algunos casos a la saturación. Puede decirse
que este turismo genera empleo al margen de las actividades rurales, pero también degra-
da los modos de vida agrarios.
Otro fenómeno que altera las formas rurales es la vuelta de los denominados neorrura-
les, como los jubilados, los que se instalan en segundas residencias y las transforman en
primera, los empleados de las industrias emplazadas en sectores rurales, etc. Una situación
cuando menos curiosa se produce con la instalación de jubilados, que agudiza el envejeci-
miento del campo. Por su parte, la industrialización de las áreas rurales constituye uno de
los principales agentes de cambio estructural en países desarrollados, porque diversifica las
actividades y rompe el binomio rural-agrario existente por tradición en el campo. Revitaliza
económicamente a las regiones rurales, pero a costa de exigencias y aportaciones al cam-
po muy diferentes a sus necesidades, al introducir y consolidar la pluriactividad del espacio
rural y minimizar sus costes de explotación en espacios periféricos (tanto por suelo más
barato como por abundancia de mano de obra femenina, menos problemática y también
más económica). El problema más grave se da cuando la industria se instala de manera
difusa o espontánea en áreas periurbanas.
Lo cierto es que las áreas rurales están incrementando su capacidad para atraer inver-
siones empresariales, si bien en función de condiciones territoriales y geográficas. Es decir,
que se suelen aprovechar las ventajas comparativas de cada territorio y de cada espacio
rural, lo que explica la existencia de áreas rurales en declive y de otras nuevas. A pesar de
todo el espacio agrícola se mantiene; hoy sólo representa la décima parte de las tierras
emergidas (unos 1.500 millones de hectáreas), si bien aumentan un veinte por ciento más
al introducir las tierras dedicadas a pastizal. Y otro tanto puede decirse al incluir a una ter-
cera parte del planeta con superficies boscosas explotadas. El conjunto agro-rural sube así
de forma sustancial, y sigue reflejando en conjunto el esfuerzo humano para transformar
ámbitos diversos y abastecerse. Frente a este espacio, relativamente poco habitado en el
primer mundo, aparece otro reducido y muy poblado, el mundo urbano, que reclama al pri-
mero como área de expansión. Pero se encuentra con un ambiente modificado por las téc-
nicas agrarias y de explotación en general, alterado por la acción del hombre. Se produce,
así, la disfunción entre un hábitat urbano exigente en producciones del campo y, al tiempo,
demandante de un medio expansivo para la ciudad, de un ámbito recreativo y cuidado.
Exigencia de un lado y necesidad de otro han ido forzando al establecimiento de políti-
cas que intentan frenar la deforestación (que en zonas tropicales lleva un ritmo imparable
y que en sectores mediterráneos ha alcanzado máximos), que en valores absolutos supera
los 200.000 km2/año. De igual modo se exige poner freno al proceso desertificador, propi-
ciado por las aguas de escorrentía, erosión eólica, sobrepastoreo, salinización, laboreos en
pendiente, etc. Y es la existencia de extensas zonas despobladas y desmontadas de vege-
tación la que ha propiciado el avance desertizador y del desierto. Se demanda, igualmente,
un control más efectivo y racional sobre el uso de componentes químicos, que aportan
resultantes negativas sobre aguas y suelos.
Todos los factores citados, junto a otros múltiples, inciden sobre el deterioro ecológi-
co, lo que implica que el desarrollo rural debe de pasar por la renovación agrícola, por la
conjunción entre la producción y el respeto al medio ecológico. Las superficies regadas en
el mundo han crecido en las últimas tres décadas un tercio, si bien en bastantes países
se está produciendo una recesión como consecuencia de la pérdida de suelos fértiles al
introducir agua, donde es nociva por la fragilidad de los componentes mineralógicos. Ello
representa una descapitalización y dilapidación de un recurso imprescindible, el suelo. La
conclusión es que no se debe ir contra la vocación agraria de las tierras, ni imponer unas

GEOGRAFÍA E HISTORIA 229


Volumen I. Geografía Física, Humana y Regional

pautas productivas demasiado exigentes a suelos que no pueden proporcionarlas. Y esta


ha sido una de las pautas seguidas por las Revoluciones Verdes, cuya orientación debe ser
modificada en los países subdesarrollados. Puede hablarse, por tanto, de tres problemas
de la agricultura en el mundo:
– La destrucción o afectación del recurso esencial, el suelo.
– La intrusión urbana en el campo, con los cambios de modos y dedicación de usos
de tierras que introduce.
– El factor humano, que se marcha del campo para encontrar nuevas oportunidades
en el mundo urbanizado.
Se impone que toda política transformadora del campo disponga de unos diseños o
evaluaciones de impacto ambiental, o análisis de la acción humana prevista y sus previ-
sibles resultados. La idea es integrar los intereses económicos (rentabilidad), ecológicos
(conservación) y sociales (perdurabilidad en el campo), pues el olvido de cualquiera de ellos
repercutirá en los otros. Así, resulta imprescindible extender los abancalamientos en terra-
zas, laboreos siguiendo las curvas de nivel, cultivos en fajas combinando especies vivaces y
anuales, introducir pantallas de arbolado, mantener el rastrojo, incidir en las repoblaciones
forestales, difundir la agricultura ecológica o biológica, etc.

5. EL SECTOR AGRARIO ESPAÑOL: SITUACIÓN Y


PERSPECTIVAS
En la Edad Media el dominio del latifundio no era capaz de generar excedentes, y eran
coincidentes con un minifundio escasamente productivo, con la resultante del jornalerismo
agrario. Durante el siglo XVIII los reformistas ilustrados fracasaron en sus reformas por la opo-
sición de los propietarios. En el XIX el problema se agravó con las desamortizaciones, con el
traspaso de la propiedad a la burguesía, que mantuvo pautas de los terratenientes. A princi-
pios del siglo XX desciende ya la población activa, y durante la Segunda República se intenta
la reforma agraria, que fracasó con la derrota republicana en la Guerra Civil. En el franquismo
se da un impulso a la producción con los Planes de Desarrollo y se racionalizan las explota-
ciones con la concentración parcelaria, pero acompañados esos avances con el éxodo rural.
Y en las últimas décadas el sector agropecuario ha perdido su protagonismo, con directrices
marcadas por la PAC y los acuerdos de la OMC, con tres efectos esenciales:
– El descenso de la población activa.
– La reconversión de las estructuras agro-ganaderas (tamaño de las explotaciones,
mecanización, nuevos cultivos, concentraciones parcelarias, mejora de comunica-
ciones y suministros, etc.) para hacerlas competitivas en los mercados
– La diversificación de funciones y usos del suelo, con incorporación de actividades
de ocio, industriales y de servicios, con el resultado de otros agrosistemas y paisa-
jes agrarios.

5.1. Rasgos distintivos de la agricultura española


El medio físico (especialmente los suelos) no ofrece grandes facilidades al desarrollo
agrario, salvo en el ámbito mediterráneo, por lo demás bastante difundido. Y el clima no

230 PROFESORES DE ENSEÑANZA SECUNDARIA


Tema 7. El espacio rural

acompaña en exceso: crudo en el interior con heladas y sequías, lluvias a veces torrenciales
en la costa, reparto muy desigual de las precipitaciones, etc. En contrapartida se dispone
de muchas horas de luz, de la cercanía al gran mercado europeo, de abundante mano
de obra, de variedad de cultivos, etc. Además, por razones históricas la agricultura se ha
caracterizado por el abundante empleo de mano de obra. Por ello, el gran rasgo distintivo
de los últimos años ha sido el asombroso descenso de los activos agrarios, por encima de
la media comunitaria, y que arrastra un declive antiguo. Desde los años sesenta el campo
español ha sufrido fuertes movimientos migratorios, bien hacia Europa o hacia las grandes
ciudades, con el consiguiente descenso de activos, despoblamiento y envejecimiento ru-
ral. Ello ha obligado a la instauración de algunas políticas de ajuste, como las jubilaciones
anticipadas y reagrupaciones de propiedades en manos de activos más jóvenes, con un
campo que desde los años ochenta inicia un proceso de rejuvenecimiento, una realidad
debida a la falta de expectativas en otros sectores productivos, y no al despegue imparable
de la agricultura.
Asimismo, se arrastra la agudización de las grandes disparidades en disposición de
superficie cultivada por regiones, muy poca en las industriales y hasta la tercera parte de la
total en las grandes regiones tradicionales. En conjunto, el 40% del territorio nacional está
cultivado (unas 42 millones de hectáreas), con un 66% en secano y sólo la décima en rega-
dío. Del primero nueve décimas partes se orientan a cereal, mientras el segundo presenta
un destino maicero. En el litoral mediterráneo, vid, olivar, almendro, cítricos y productos de
huerta alcanzan los mejores rendimientos del país, y conforman una de las principales fuen-
tes de exportaciones al conjunto europeo, mientras la meseta sufre los condicionamientos
más agresivos, con bajos rendimientos y las más altas cotas de despoblamiento rural.
España es todavía importadora neta de muchos productos, en especial trigo y maíz. Como
resultante, aún siendo un país agrario, se continúa comprando más de lo que se vende. La
diferencia entre la fuerte dedicación agraria y la dependencia externa se explica (al margen
de los condicionamientos físicos), entre otras razones, porque el índice de tecnificación aún
es bajo, como también ocurre con el tamaño de las explotaciones (más de la mitad tienen
menos de 5 hectáreas.). Además, porque en el Norte domina todavía el minifundio, mientras
al Sur los grandes latifundios. Pero el mayor desajuste es general, ya que el 0,8% de los
propietarios poseen más de la mitad de la superficie cultivada (unos 21 millones de hectá-
reas, mientras el 52,5% de los propietarios sólo poseen el 10,5% de la tierra). Junto a ello el
régimen de tenencia también indica que el arrendamiento se ocupa de la explotación de más
de siete millones de hectáreas (28%), y la aparcería de cerca de un millón (3%). En total son
1,7 millones de explotaciones agrarias, con dominio de las de reducidas dimensiones. Estos
desequilibrios se ha pretendido compensarlos con políticas agrarias que han intensificado
y modernizado infraestructuras y que pretenden equilibrar la estructura de la propiedad (la
concentración de tierras arranca de principios de los años cincuenta, y se realizó con mayor
profundidad en el centro peninsular). Hoy con ayuda de las políticas comunitarias se han me-
jorado las explotaciones agrarias mediante la creación de estructuras industriales paralelas,
centros de comercialización, mejora de las infraestructuras, etc.
Significar, asimismo, que se ha producido un cambio en los gustos de consumo de los
españoles que ha logrado mutar a la estructura rural, con una explotación ganadera que
crece frente al estancamiento o retroceso de la producción agrícola. Con todo, el incremen-
to de la renta agraria en más de la mitad se ha realizado a costa de reducir en más de dos
millones y medio de agricultores la excesiva carga de activos que ha mantenido el campo
(y que aún padece). Por regiones la estructura productiva es la siguiente:
– La tercera parte de la producción se emplaza en el Sur y Levante, con un fuerte
incremento del peso agrario de la región valenciana.

GEOGRAFÍA E HISTORIA 231


Volumen I. Geografía Física, Humana y Regional

– La amplia meseta sólo contribuye con la tercera parte.


– El notable sector nororiental lo hace con menos de la cuarta parte.
– Al resto del país corresponde la mínima aportación restante.
De forma condensada los rasgos recientes más relevantes de la agricultura española
pueden ser centrados en los siguientes:
– Una disminución en la contribución al PIB, que ha pasado de la cuarta parte a
mediados del siglo pasado a menos de un 5%, debido al incremento del sector
industrial y al aletargamiento del agrario.
– La fuerte disminución de la población activa, tras la entrada en la Comunidad
Europea. Hoy ocupa a menos de novecientas mil personas (5,6% de la población
activa), sobre la que pende un alto índice de envejecimiento.
– La población agraria se ha abierto a nuevas orientaciones productivas, a la intro-
ducción de nueva tecnología, y a las nuevas reformas agrarias. Aparece una nueva
mentalidad productiva como derivación de unos activos jóvenes que comienzan a
manejar novedosas pautas con las ayudas de los fondos comunitarios; es decir,
modernas actividades se ajustan a la aplicación de los objetivos comunitarios.
– Una reducción de las exportaciones, con tres cuartas partes menos que en los años
sesenta, pero con un incremento en el valor de las ventas como consecuencia de
la mejora y diversificación productiva.
– Una mayor rentabilidad al reducirse la mano de obra empleada y subir la aplicación
tecnológica. Como resultado ha crecido la renta agraria, y más todavía los rendi-
mientos por producto, año y superficie.
– Los datos más relevantes están alejados de los obtenidos en el resto europeo oc-
cidental. La producción comunitaria ha crecido por encima de la media peninsular,
a pesar de que la disminución de efectivos agrarios en el campo español ha sido
superior a la conseguida por el europeo.
– El espacio agrario nacional aún cuenta con exceso de parcelas extremas, mien-
tras se requiere el incremento de las estándar medias, que no se ha conseguido
a pesar del abandono millonario de activos agrarios. Ello significa que se continúa
arrastrando el viejo problema de la desigualdad social en el campo. Por tanto, el
incremento de beneficios sólo hay que buscarlo en factores colaterales (ayudas
comunitarias, mecanización, empleo generalizado de fertilizantes, aplicaciones de
la investigación, etc.).
– A escala territorial los desajustes todavía son muy relevantes. En la depresión del
Ebro el despoblamiento, degradación del medio y la excesiva parcelación de la pro-
piedad son los rasgos más notables; un panorama dotado de escasas perspectivas,
incluso para un cereal que es excedentario en la UE. En el área mediterránea son
mejores debido a la alta demanda de sus productos en el mercado continental, la
diversificación productiva, y la alta rentabilidad conseguida; sin embargo, la com-
petencia hortícola y frutícola de los países árabes, con mejores precios, y la cada
vez mayor escasez de agua, se convierten en factores cada vez más adversos. En
Andalucía la gran propiedad es la carga más difícil, junto a unos productos exceden-
tarios como aceite y vino, y la excesiva carga de activos en el campo. En la meseta
los rasgos no difieren excesivamente de los correspondientes al valle del Ebro.

232 PROFESORES DE ENSEÑANZA SECUNDARIA


Tema 7. El espacio rural

– La inserción en Europa de la agricultura española le ha beneficiado al quedar in-


mersa dentro de las regiones prioritarias para la ayuda comunitaria a través de
programas, infraestructuras y modernización agraria. Pero los efectos han sido
muy distintos por regiones y sectores. Y la ganadería no ha salido muy beneficiada
debido a las cuotas productivas impuestas por los grandes países productores del
cinturón lácteo noreuropeo. Se ha tenido que sacrificar cantidad en beneficio de la
calidad. En agricultura los excedentes han debido ser cambiados por otros produc-
tos, como ha ocurrido con el vino que también ha sacrificado cantidad por calidad.
La producción hortícola ha tenido mejores perspectivas, porque los productos aún
son competitivos en Europa.

5.2. Los paisajes agrarios. Tipificación del hábitat y


despoblamiento rural
La conjunción de factores agroecológicos e históricos alumbran los siguientes tipos
paisajísticos agrarios:
– Secanos mediterráneos, que abarcan a casi trece millones de hectáreas, con
una pérdida cercana a los dos millones desde 1965, en paralelo con la ganada
por el regadío y fruticultura. La mitad del secano está ocupada por cereales, con
la cebada como principal cultivo (que dobla la superficie ocupada por el trigo), in-
virtiendo el tradicional dominio triguero. Algo parecido ha ocurrido entre las tierras
de leguminosas y cultivos industriales. El secano se distribuye entre la cuenca del
Duero, Castilla-La Mancha, y depresiones del Ebro y Guadalquivir.
– Secanos leñosos mediterráneos (olivar y viñedo). Los dos cultivos forman parte
de sistemas complejos asociados con otros aprovechamientos, como la dehesa o
el almendro. El olivar se concentra más que el viñedo, con Andalucía acaparando
la mitad de la superficie nacional (Jaén a su vez la mitad de la regional, y la cuarta
parte del total español). Domina el monocultivo, con rendimientos de hasta 2.000
kg/ha, de un olivar asentado sobre minifundio y latifundio (más de la mitad en ex-
plotaciones inferiores a 20 hectáreas). Es un sector que se ha modernizado con
mecanización de recogida y abonado químico, lo que unido a las subvenciones co-
munitarias ha permitido que se asista a un proceso de reocupación de tierras; pero
en la actualidad se ve sometido a la crisis derivada de las cuotas productivas y del
cambio de la ayuda al consumo por otra a la producción, perjudicial para el sector.
El viñedo, por su parte, se encuentra regionalmente muy repartido y ocupando más
de 1,3 millones de hectáreas. Desde 1980 experimenta una fuerte recesión (casi
medio millón de hectáreas), como derivación de las subvenciones comunitarias
para arranque de cepas. No es rentable porque se concentra en pequeñas explota-
ciones de propietarios-jornaleros (más de la mitad de la extensión en propiedades
menores de 20 hectáreas), lo que impide tecnificaciones notables (si bien los ren-
dimientos por hectárea se han incrementado en un tercio desde 1985, pero con
valores alejados de los países del entorno). Sus perspectivas quedan a expensas
de los excedentes comunitarios y de la política restrictiva seguida por la UE, lo que
implica el incremento de arranque de cepas productoras de vino de baja calidad.
– Las dehesas occidentales, pastizales en explotaciones de gran tamaño de orien-
tación ganadera y subsidiariamente forestal. Los mejores ejemplos están en Ex-
tremadura, con asentamiento sobre estructuras latifundistas. La dehesa española

GEOGRAFÍA E HISTORIA 233


Volumen I. Geografía Física, Humana y Regional

entró en crisis desde los años setenta, cuando de una orientación casi exclusiva
porcina y ovina ha pasado a bovina; con todo aún hoy la mitad del rendimiento lo
proporciona la ganadería, pero con el complemento de la caza o la repoblación
forestal. El rendimiento cárnico por hectárea y la rentabilidad se han doblado en los
últimos años.
– Los paisajes rurales de montaña. Hoy aún puede hablarse de la presencia de
agriculturas montañesas tradicionales y de evolución reciente. En estos paisajes
han resaltado aspectos como el dominio de lo público, lo comunal y lo colectivo;
también fondos de valle ocupados por agricultura y vertientes de praderas o bos-
que; y por encima del piso forestal prados de altura. Hoy el dominio de la propie-
dad pública le permite intervenir en repoblaciones y construcciones para reservas
hídricas, mientras el despoblamiento motivado por actividades poco rentables ha
encontrado sustituto en el turismo recreativo y rural y en las políticas de protección
ambiental. Como resultado las actividades pecuaria, forestal y agricultura de auto-
consumo se han reducido.
– Los sistemas agrarios de regadío. Hay unos tres millones y medio de hectá-
reas regadas (15% de la superficie cultivada), cuyo aporte alcanza el 60% de la
producción final agrícola. El añadido artificial de agua (un 15% subterránea) sobre
excelentes condiciones agroclimáticas proporciona una gran diversidad productiva
y paisajística. Los regadíos tradicionales (como los levantinos) alcanzan 1,2 millo-
nes de hectáreas, y los de iniciativa estatal (sobre grandes vegas y poblados de
colonización) otra superficie similar; el resto son de iniciativa privada (con uso de la
aspersión con aguas subterráneas y gestión de las Comisarías de Aguas). La mayor
proporción del regadío es extensivo (60%), mientras poco más de la décima parte
se dedica a horticultura y forrajes, respectivamente, y porcentajes menores a fruti-
cultura. Puede hablarse de los siguientes paisajes:
* Regadíos suratlánticos y canarios, de orientación hortofrutícola intensiva,
difusión de invernaderos, con graves problemas de salinización de suelos, y
orientación al mercado nacional e internacional. Dispone de dos subsistemas:
fruticultura subtropical, mediterránea, temprana e intensiva al aire libre; y hor-
ticultura precoz bajo plástico. Se han desarrollado los cultivos del tomate de
invierno, pimiento, melón, etc.
* Regadíos hortofrutícolas de valles interiores, microfundista y de riego tradicio-
nal, con alta productividad y cada vez más volcados al mercado exterior.
* Regadíos extensivos cerealistas, forrajeros e industriales del interior, el sistema
dominante orientado a granos-pienso, cultivos industriales (remolacha, gira-
sol...) adaptados a los contrastes térmicos, y forrajeros (alfalfa, berza...). Su
extensión ha sido espectacular, si bien en muchos lugares la sobreexplotación
de acuíferos es un hecho que impone limitaciones de extracción.
– Sistemas agrarios atlánticos-húmedos. Se trata del dominio de la pradera natu-
ral sobre relieves quebrados, con explotación minifundista familiar, poblamiento en
aldea o caserío, régimen de policultivo en continua recesión sustituido por ganade-
ría (especialización bovina en raza frisona, y específicamente lechera), e integración
ganadera en la industria. Pero la crisis industrial ha hecho crecer el número de
microganaderos (12 cabezas por explotación). Hoy su problema se identifica con
la superación de las cuotas productivas impuestas por la UE, con la consiguiente
amenaza de sanciones anuales.

234 PROFESORES DE ENSEÑANZA SECUNDARIA


Tema 7. El espacio rural

Por lo que se refiere a la tipificación del hábitat las entidades singulares más pequeñas
sólo cubren la tercera parte de las totales (con extensiones medias de explotación de 36
hectáreas), de las que Galicia y Asturias acogen casi a la mitad. El conjunto de entidades
submunicipales rurales ha decrecido desde 1981 en casi tres mil unidades, mientras suben
las densidades en los núcleos superiores a 5.000 habitantes, lo que es indicativo de un
proceso de concentración de la población. Es decir, que se ha producido un acusado aban-
dono de las entidades rurales más pequeñas (las menores de 100 habitantes, especial-
mente en las dos Comunidades citadas), mientras se da una estabilización o crecimiento
de las semirrurales y un alza notable de las urbanas. Es el resultado más directo de que
en el sistema de la población de España se haya alcanzado un nivel de concentración del
200% a lo largo del siglo XX para todo el sistema de hábitat español.
Entre 1955 y 1965 la España agraria se convierte en urbana por medio de un proceso
violento, ya que a principios de los años sesenta las entidades con menos de 2.000 habi-
tantes perdían unos cien al año. Pero es paralelo al de desagrarización de la actividad pro-
ductiva y económica, aunque parte de la España rural se urbaniza en Europa. Hoy un sector
de la población rural se caracteriza por el aumento de la movilidad espacial, mientras la
España rural es regresiva, envejecida y masculinizada. Pero, poco a poco, se ha convertido
en móvil, en sedentaria nómada, con notables movimientos pendulares que ya no fuerzan a
la emigración; y, al tiempo, se reciben retornos de jubilados o hijos del pueblo (tres cuartas
partes) y nuevos residentes (la cuarta parte restante). Pero en las Comunidades del norte
sigue el éxodo rural; en Castilla-León el envejecimiento y masculinización hipotecan el futu-
ro desarrollo; por el contrario, en el litoral mediterráneo el medio rural absorbe contingentes
(nueva agricultura, turismo...); en Madrid se produce la contraurbanización en los núcleos
rurales más cercanos; y en el interior restante nacional salen los jóvenes del campo y se
reciben emigrantes urbanos mayores.
Por último, de estos paisajes deriva una superficie agraria útil de 18,5 millones de hec-
táreas para cultivos, otros 7 de prados y pastizales, mientras hasta los 42 millones existen-
tes el resto es de terreno forestal. Sobre la superficie de cultivo 6,7 millones de hectáreas
están dedicadas a cereales (18,1 millones de toneladas métricas de producción), 0,4 a
hortalizas (12,8 millones de tm), 1,3 a frutales y cítricos (19,8 millones de tm), 2,4 a olivar
y 1,2 a vid. De ahí deriva una producción superior a los quince mil millones de euros, que
sumada al sector ganadero alcanza casi los veintisiete mil millones.
Sin embargo, la rentabilidad no es superior debido a dos problemas fundamentales:
– La estructura comercial, definida por la escasez de canales y encarecimiento de
los productos por el exceso de intermediación, con excesivos productos exportados
en bruto y pérdida de valor añadido. Los mercados están en manos de empresas
distribuidoras vinculadas a grandes superficies comerciales de capital extranjero.
– La dispersión de las industrias agrarias y su heterogeneidad, con la convivencia
de grandes multinacionales con empresas artesanales y cooperativas, pero con el
dominio del minifundismo empresarial, que impide hacer frente a la competencia.

5.3. La ganadería y sus mutaciones


La cantidad y calidad de los pastos han condicionado el desarrollo ganadero, sobre todo
para el bovino, concentrado en la montaña y cornisa septentrional. La ganadería se adapta
a pastos pobres, y de ahí que aporte el 40% del total de la producción agroganadera. Y ello
contando con los cambios introducidos por la PAC, pero también de los alimentarios, con la

GEOGRAFÍA E HISTORIA 235


Volumen I. Geografía Física, Humana y Regional

derivación del incremento en el consumo de carne, que es consecuencia del nuevo modo
de producción ganadera. Pero mientras ha crecido la cabaña ovina y porcina ha descendido
la de vacas de leche.
Las áreas de la ganadería española son cuatro:
– De especialización ganadera, la España húmeda, con predominio de bovino y orien-
tación láctea.
– De ganadería intensiva muy evolucionada y especializada, orientada a la demanda
de los grandes centros urbanos, con porcino y aves.
– De ganadería extensiva, dedicada a la producción de carne ovina y porcina y deri-
vados lácteos, esencialmente en el interior.
– Insular, de abastecimiento interno.

5.4. Modernización, capitalización, incidencia de la PAC y


perspectivas
A partir de 1960 entra en crisis la agricultura tradicional y se incorpora a otro modelo
que consume bienes intermedios de fuera del sector y elabora los productos agrarios. Hoy
sostiene la demanda de otras actividades industriales y de servicios y abastece a una po-
tente industria agroalimentaria, que se ha convertido en un sector clave de la economía (es
el más importante de la industria manufacturera española, con casi la décima parte media
entre empleo y contribución al valor añadido total). La mayor demanda de alimentos y la
reducción del factor trabajo en el campo, unidos a la dotación de usos han sido las claves
del cambio. Y todo ha redundado en la intensificación agrícola, pero a costa de:
– El incremento de las tasas de desempleo en el campo y de unas resultantes fuerte-
mente subvencionadas (que exceden una cuarta parte del valor añadido por el sector
agrario, que le convierte en un sector asistido y dependiente del apoyo público).
– El crecimiento general de la agricultura a tiempo parcial.
– La desaparición de casi la cuarta parte de las explotaciones (más de medio millón)
y el incremento en sólo 3 hectáreas de la explotación media (aunque sólo ocupan
la cuarta parte de la superficie agraria útil), si bien las más pequeñas (menos de 5
hectáreas) se han mantenido estables.
Todo ello confluye en la idea de que el sector agrario ha pasado de productivo a asis-
tido, cuando en realidad debería pasar de asistido a reconvertido. Y la PAC impone limita-
ciones en la oferta, y cambia del apoyo a la modernización al cheque compensatorio, lo
que acarrea el desconcierto entre los agricultores. La resultante es que la modernización se
ha quedado a medio camino. Luego, el fuerte aumento de la competencia agroalimentaria
exterior, los altos tipos de interés que han dificultado la mecanización y transformación de
explotaciones, los bandazos en la política productiva, el consumo interno largamente con-
tenido, el fuerte éxodo rural padecido, etc., no han facilitado el afianzamiento de una nueva
agricultura. Con todo, hoy la renta agraria se recupera con la reforma de la PAC (por las
subvenciones), con el descenso de los tipos de interés que facilita las exportaciones, y con
el alza de los precios por un conjunto de malas cosechas. Los excedentes de vinos, oleagi-
nosas y derivados ganaderos en la Unión han obligado al reajuste, unido a las aportaciones
del FEOGA (Fondo Europeo de Orientación y Garantía Agrícola) y del FEDER (Fondo Europeo
236 PROFESORES DE ENSEÑANZA SECUNDARIA
Tema 7. El espacio rural

de Desarrollo Regional), destinados a la mejora de las estructuras agrarias. La PAC tiende


a lograr una situación de equilibrio entre los países miembros, y de ellos con el resto del
mundo a través de la OMC, con liberalización de los mercados. Para ello se ha establecido
las OCMs (Organizaciones Comunes de Mercado) de los productos agrarios. Y la Agenda
2000 establece las líneas hasta 2006, contemplando las ampliaciones de la Unión. Con
esos antecedentes se detecta la consolidación de una agricultura dual española:
– Una tiende hacia la concentración de la producción en pocas explotaciones alta-
mente productivas, especializadas y subvencionadas.
– Otra es de mayoría de explotaciones familiares, sobre las que prima cada vez más
la actividad a tiempo parcial y la diversificación de cultivos.
Pero las rentas agrarias siguen dependiendo de los apoyos públicos no vinculados a
la producción; y los efectos estructurales de la PAC se detectan en exceso, tanto en las
cuotas lecheras como en las ayudas directas a los cultivos herbáceos extensivos, las primas
al ganado ovino, etc. La agricultura no puede continuar siendo la base material del medio
rural, porque depende en exceso de una potente industria agroalimentaria que elige a sus
proveedores ya en cualquier parte del mundo.
Pero en adelante la situación será otra. La revisión intermedia de la PAC de 2003 consa-
gra la disociación, progresivamente aplicada en todos los sectores agrícolas, introduciendo la
generalización de la condicionalidad de las ayudas a criterios no productivos. A partir de 2005
las ayudas a los cultivos herbáceos, el arroz, la fécula de patata, las semillas, las leguminosas
de consumo humano, los forrajes desecados, el vacuno de carne, el ovino y el caprino, y las
ayudas regionalizadas, pasan a ser disociadas de la producción. Y la superficie elegible para
la disociación incluye a todas las hectáreas de uso agrario, excepto a las afectadas a cultivos
permanentes. Por tanto se marca un punto de inflexión para la PAC, esbozando un nuevo
modelo de apoyo sobre la base de dos nuevos instrumentos (la disociación y la modulación
obligatoria). Se llega, así, a la disolución de una política agrícola y a la consolidación de otra
orientada hacia la competitividad de los productos en los mercados internacionales, y que
introduce la desterritorialización agrícola. Y ello porque se ha optado por un modelo fundado
en una agricultura competitiva y de calidad, de alto valor añadido, esencialmente por dos
motivos: está destinada a unos mercados agrarios cada vez más abiertos y globales, y la
ampliación de la UE repercute negativamente sobre la PAC, tal como ésta ha sido concebida
hasta ahora, y, en consecuencia, afecta a los recursos percibidos por las actuales regiones.
De ahí que la ampliación conllevara la necesidad de redefinir las políticas futuras (Consejo Eu-
ropeo de Berlín, 1999), que abordó las perspectivas financieras para el periodo 2000-2006,
reduciendo los fondos al nivel de 1992. Esa intervención estructural incidirá en un menor
crecimiento económico español, y en el futuro del sector agrario en general. Como derivación,
el Consejo Europeo de Bruselas de 2002 estableció la cantidad nominal de gasto para los
mercados agrícolas y pagos directos para cada uno de los años, desde 2007 a 2013, basada
en un crecimiento anual del 1%, lo que implica una reducción en el gasto de la PAC. Es decir,
nada es seguro, ni la neutralidad presupuestaria de 2002, ni el montante de la modulación,
ni siquiera España ha decidido cómo aplicar la PAC revisada.
Sin embargo, sí es posible avanzar que en España la nueva vía representará una inci-
dencia clara, pues dispone de un 19,5% de la SAU comunitaria, de un 15,4% de los ocupa-
dos agrarios, y percibe un 14,7% del FEOGA-Garantía y/o de las ayudas directas. Y afectará
especialmente al gran número de regiones españolas de Objetivo 1 (785) y al 16,8% de
su territorio en zonas rurales de Objetivo 5b. Y con respecto al reparto de los fondos por
países, se fundará en la población (lo que favorece a España), y estará modulado por el
PIB, la tasa de desempleo (que también favorecerá) y la de empleo.

GEOGRAFÍA E HISTORIA 237


Volumen I. Geografía Física, Humana y Regional

BIBLIOGRAFÍA

AGE (1980) Los paisajes rurales en España. AGE, Valladolid; 356 pp.
Andúgar Miñarro, A. y Cebrián Abellán, A. (2005) “Agricultura y ruralidad europeas frente a
la neutralidad presupuestaria y el nuevo marco financiero”. Papeles de Geografía, N.º
40. Universidad de Murcia.
Arango Fernández, J. (1995) “Los desequilibrios de la Política Agraria Común: un análisis
de las diferentes regiones españolas”. Revista Española de Economía Agraria, N.º 171;
pp. 225-255.
Barceló, L.C. et al. (1995) Organización económica de la agricultura española. Adaptación
de la agricultura española a la normativa de la Unión Europea. Fundación Alfonso Mar-
tín Escudero, Madrid; pp. 505.
Butler, J.H. (1986) Geografía Económica. Aspectos espaciales y ecológicos de la actividad
económica. Editorial Limusa, México D.F.
Castillo Quero, M. (1994) “La agricultura a tiempo parcial en España. Aproximación a los
factores diferenciales del fenómeno en cada región”. Revista Española de Economía
Agraria, N.º 170; pp. 47-78.
Cebrián Abellán, A. (2003) “Génesis, método y territorio del desarrollo rural con enfoque
local”. Papeles de Geografía, Nº 38; pp. 61-76.
Cebrián Abellán, A. (2004) “Desarrollo rural, territorio y ampliación comunitaria”. Aporta-
ciones geográficas en homenaje al Profesor A. Higueras Arnal, Universidad de Zaragoza;
pp. 53-62.
Comisión europea-DG agriculture (2004) La situación de la agricultura en la UE: Informe
2002. Publicado en relación con el Informe General sobre la actividad de la UE-2002.
COM (2003) 852 final, 8 de enero de 2004.
Daumas, M. (1987) Estructuras y regímenes de tenencia de la tierra en España. MAPA,
Madrid.
Díaz Álvarez, J.R. (1982) Geografía y agricultura. Componentes de los espacios agrarios.
Cuadernos de Estudio. Serie Geografía, Ed. Cincel, Madrid.
Clout, H.D. (1976) Geografía Rural. Oikos-Tau, Barcelona.
Estébanez, J. (1990) Los espacios rurales. Editorial Cátedra, Madrid.
Faucher, D. (1975) Geografía Agraria. Editorial Omega, Barcelona.
Fernández Blanco, C. (1988) Usos agrarios en áreas periurbanas. MAPA, Secretaría General
Técnica. Serie: Recopilaciones Bibliográficas, N.º 7, Madrid.
Florido Trujillo, G. (1994) “Geografía y hábitat rural en zonas de gran propiedad: necesidad
de análisis y su problemática actual”. VII Coloquio de Geografía Rural. Córdoba; pp.
15-21.
Fourneau, F.; Humbert, A.; Valenzuela, M. (Coords.) (1990) Géographie d´une Espagne
en mutation. Casa de Velázquez, Madrid.

238 PROFESORES DE ENSEÑANZA SECUNDARIA


Tema 7. El espacio rural

Galdós Urrutia, R. y Ruiz Urrestarazu, E. (Coords.) (1999) Postproductivismo y medio am-


biente. Perspectivas geográficas sobre el espacio rural. IX Coloquio de Geografía Rural.
Ponencias. Departamento de Agricultura y Pesca del Gobierno Vasco, Vitoria; 381 pp.
García Manrique, E. (1983) “Los nuevos paisajes agrarios. Los cultivos forzados”. En VIII Co-
loquio de Geógrafos Españoles. Acta, discursos, ponencias y mesas redondas. Asociación
de Geógrafos Españoles, Barcelona; pp. 99-122.
García Ramón, Tulla i Pujo y Valdovinos Perdíces (1995) Geografía rural. Editorial Síntesis,
Madrid.
Gil, A. (1988) De la agricultura tradicional a la tecnológica. Editorial Cincel, Madrid.
Gómez Benito, C. y González Rodríguez, J. J. (Eds.) (1997) Agricultura y sociedad en la
España contemporánea. Centro de Investigaciones Sociológicas y Ministerio de Agricul-
tura, Pesca y Alimentación, Madrid; 1027 pp.
López Iglesias, E. (2003) “Las estructuras agrarias en España. Análisis de sus transforma-
ciones en la década de los noventa”. Papeles de Economía Española: Sector agroali-
mentario: PAC y cambios en la demanda. Nº 96; pp. 20-37.
Márquez Fernández, D. (1992) Los sistemas agrarios. Editorial Síntesis, Madrid.
Mata Olmo, R. (1997) “Paisajes y sistemas agrarios españoles”. Agricultura y sociedad en
la España contemporánea. CIS, Madrid; pp. 109-172.
Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (2003) Libro Blanco de la Agricultura y el
Desarrollo Rural. Madrid.
Molina Ibáñez, M.; Múñoz Ciudad, C. y Ruíz-Maya, L. (1999) El sector agrario. Análisis
desde las Comunidades Autónomas. Madrid, Mundiprensa; 543 pp.
Molinero, F. (1990) Los espacios rurales. Editorial Ariel, Barcelona.
Morgan, W.B y Munton, R. J. (1975) Geografía Agrícola. Editorial Omega, Barcelona.
Muñoz Cibdad, C. (1996) Estructura económica internacional. Editorial Cívitas, Madrid.
Ortega Cantero, N. (1989) Los paisajes del agua. Universidad Alicante-Universidad de Va-
lencia.
Ortega Sada, J. L. (1996) La U.E. La PAC, los acuerdos del GATT y la reforma. MAPA, Ma-
drid.
Papadakis, J. (1960) Geografía agrícola mundial. Salvat Editores, S.A, Barcelona.
Puente Fernández, L. de la (1995) “El regadío español: evolución reciente, competitividad
y perspectivas en el contexto europeo y mundial”. Ciudad y Territorio. Estudios Territo-
riales, N.º 105; pp. 541-558.
Ramos Real, E. y Cruz Villalón, J. (Coords.) (1995) Hacia un nuevo sistema rural. MAPA,
Secretaría General Técnica, Madrid.
Saén Lorite, M. (1990) Geografía Agraria: introducción a los paisajes rurales. Editorial Sín-
tesis, Madrid.

GEOGRAFÍA E HISTORIA 239


Volumen I. Geografía Física, Humana y Regional

Sancho Comins, J. y Navalpotro Jiménez, P. (1995) “La extensificación de los secanos her-
báceos españoles: efectos territoriales y sociales de la nueva PAC de la Unión Europea”.
Estudios Geográficos, N.º 221; pp. 717-740.
Sancho, R. (1997) “Estructura demográfica y tipificación de los asentamientos y áreas ru-
rales españolas”. Agricultura y Sociedad en la España Contemporánea. CIS, Madrid;
pp. 173-225.
Sumpi Viñas, J.M. (1994) Modernización y cambio estructural en la agricultura española.
MAPA, Madrid.

240 PROFESORES DE ENSEÑANZA SECUNDARIA


Tema
8

El espacio y la
actividad industrial.
Materias primas y
fuentes de energía