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Sonia Corcuera de Mancera. “Hacia la libertad interpretativa: Gustav Droysen”.

Voces y silencios en la historia, siglos XIX y XX. Fondo de Cultura Económica.


México.

Alejandra Díaz
CC.1020394610

La Historia como disciplina, como labor investigativa ha sido objeto de múltiples


reflexiones académicas. Las discusiones sobre su carácter científico o artístico,
sobre su importancia social o su papel como receptáculo de verdad han sido
prolíferas a lo largo de su existencia. Uno de los temas más recurrentes en dichas
disertaciones es sobre el método de la historia.

Las tendencias decimonónicas aludían a que la forma de proceder debía ser


apegada al documento, en búsqueda de la objetividad absoluta y la toma de
distancia del investigador en relación a su objeto de estudio. Hubo un académico
que a pesar de estar inmerso en este contexto propuso una nueva postura mucho
más amplia e incluyente donde el papel del investigador tuviera más relevancia.
Gustav Droysen, un historiador poco conocido a nivel local y pionero en análisis
metodológico.

La forma en que Droysen concebía el trabajo del historiador, una labor


interpretativa, reconstructiva y polifacética fue tomada en cuenta con la llegada
del siglo XX en el que hubo nuevas ópticas y propuestas procedimentales. Los
pensadores pertenecientes a la escuela de Annales y generaciones posteriores
han retomado este análisis dando apertura a nuevas formas de investigación.

Tal vez no exista una receta para hacer historia, no haya un único método posible
o una sola forma de proceder, pues, es el investigador quien va determinando el
camino, es a partir del trasegar, de sumergirse en la labor cuando se pueden
tomar posturas metodológicas.

Hoy quizá el historiador puede acercarse a más fuentes que en otro momento
pues las nuevas tecnologías le permiten acceder al pasado de formas antes
impensables, sin embargo, esa búsqueda inteligente de restos del pasado, debe
estar acompañada de un ejercicio de crítica que ahora más que en otra época
debe ser rigurosa, debe dudar, contrastar y buscar varias ópticas de un mismo
asunto, debe analizar concienzudamente porque no es solo hallar la fuente, es
problematizarla.

Independiente del formato que se analice: manuscritos, documentos impresos,


imágenes o ruinas es oficio del historiador y su responsabilidad criticarlos, poner
en consideración desde los materiales de su elaboración hasta las intimidades de
sus datos.

Una misma fuente puede ser trabajada desde múltiples visiones, con diversas
preguntas y seguramente variadas respuestas. Es el investigador, su historia de
vida, su formación académica y sus intereses lo que va a determinar el curso de la
indagación. Este trabajo debe apoyarse en elementos de otras disciplinas que
ayuden a esclarecer y hacer lecturas más acertadas.

Es en este punto donde la hermenéutica hace aparición. La interpretación de los


datos, es de vital importancia, pues los restos del pasado no hablan por sí
mismos, hay que preguntarles y darles un orden. A partir de aquí debe pensarse
en la forma de exponer o transmitir lo adquirido, esta parte del proceso es tal vez
uno de los momentos más complejos en la investigación puesto que un asunto es
la recolección y otro muy distinto hilar la experiencia.

No hay una sola forma de llevarlo a cabo, ni un único camino trazado, la forma de
hacer historia depende de múltiples variables, además el ser humano es complejo
y cambiante, no se puede pretender estudiarlo siempre del mismo modo.

Sea como sea que se realice, cada vez que un historiador se acerca a un objeto
de estudio la experiencia y los resultados son únicos, pues la historia no hace
modelos, ni genera leyes, no reproduce fenómenos, por ende cada asunto es
particular y único en su haber.