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El CH4 atmosférico proviene de fuentes biogénicas como no biogénicas.

El término biogénico se
refiere a la acción directa de las bacterias. El CH4 es producido por bacterias metanogénicas
como producto final de la descomposición anaeróbica de la materia orgánica [Topp y Pattey,
1997]. Las bacterias metanogénicas son un grupo coherente pero filogeneticamente diverso
dentro del dominio Archaea, que incluye a los microorganismos más antiguos [Woese et al.
1990]. Estas bacterias se encuentran en ambientes muy diversos como humedales, plantaciones
de arroz, rellenos sanitarios, tracto gastrointestinal de animales e insectos, sedimentos marinos,
entre otros [Stams y Plugge, 2010].

La tabla 1 también presenta un apartado para los sumideros de CH4. Un sumidero es un


reservorio natural o artificial que acumula CH4 por un período indefinido de tiempo. El sumidero
dominante del CH4 atmosférico, que explica un 90% de la tasa de pérdida global media de CH4
en el aire, es la reacción con el radical libre hidroxilo (OH) en la tropósfera, de acuerdo a la
siguiente ecuación [Baird, 2001]:
𝐶𝐻4 + 𝑂𝐻 → 𝐶𝐻3 + 𝐻2𝑂
que es la primera etapa de una secuencia que transforma parte del CH4 en CO y luego en CO2.
Este término de pérdida se puede cuantificar con relativamente buena precisión, obteniéndose
una tasa de pérdida global media de CH4 de aproximadamente 507 Tg/año, en lo que respecta
a la remoción troposférica de CH4 por OH (ver Tabla 1). Además, hay otros procesos menores
involucrados en la separación del CH4 atmosférico [Huarte, 2007]. La reacción con átomos de Cl
en la capa límite oceánica constituye probablemente menos del 2% del sumidero total, o sea,
una pérdida de ~12 Tg/año; también los suelos son un sumidero de CH4 debido a la presencia
de bacterias metanotrofas que oxidan el CH4 atmosférico, cuya magnitud estimada a nivel
mundial es de aproximadamente 43 Tg/año, es decir, del orden del 6% [Ridgwell et al., 1999].
Además, cantidades significativas de CH4 alcanzan la estratósfera y son destruidas allí, por
reacciones con OH, Cl y O2, lo que conduce a una tasa de pérdida combinada de ~40 Tg/año
[Huarte, 2007].
A nivel global, las marcadas diferencias en las extensiones de masas continentales entre los
hemisferios y el grado de desarrollo de los países que contienen conllevan a que las
concentraciones de CH4 varíen fuertemente de norte a sur. El gradiente norte – sur de la relación
de mezcla de CH4 se refiere a la distribución geográfica de la mezcla del gas, que se manifiesta
como un moderado incremento de sur a norte de la misma, del orden del 1% por grado de latitud
[Huarte, 2007].
La observación de un gradiente hemisférico norte -sur en la concentración de un gas traza
requiere o (i) que la fuente del gas sea predominante en un hemisferio o (ii) que la tasa de
remoción sea más acelerada en un hemisferio que en el otro [Mayer et al., 1982].
Debido a su gran extensión latitudinal, el territorio argentino presenta grandes variaciones tanto
climáticas, de superficie como de usos de suelo, lo cual podría resultar en emisiones de CH4
diferenciadas [Denman et al., 2007]. La Argentina cuenta con escasas medidas propias acerca
de la magnitud de las fuentes y sumideros de CH4, por lo que se utilizan factores de emisión
sugeridos por el IPCC para la estimación de sus emisiones totales. Según la Segunda
Comunicación Nacional al IPCC (2007), las emisiones de GEI en Argentina se distribuyen de la
siguiente manera: 45,5% del total corresponden al dióxido de carbono (CO2), el 30,1% al CH4,
23,9% al óxido nitroso (N2O) y el restante 0,5% el resto de los GEI (clorofluorocarbonos, entre
otros). Desde el punto de vista de las emisiones sectoriales, el sector de Energía aporta el 46,8%,
el de Agricultura y Ganadería 44,3%, el de Residuos 5,0% y el restante 3,9% corresponde a
Procesos Industriales. Si se consideran las emisiones netas de GEI (incluyendo la absorción neta
por sumideros), el CH4 es el principal GEI apenas unas centésimas por encima del CO2.
En la Figura 3 se presentan los aportes en porcentajes de las principales fuentes de origen
antropogénico estimadas en la Segunda Comunicación Nacional al IPCC (2007) para el territorio
nacional. Este valor estimado es de 4,04 Tg de CH4 en total para el año 2000.
Se observa que las mayores emisiones de CH4 provienen del sector agricultura y ganadería
(70%). De este porcentaje 97% corresponde a la fermentación entérica de rumiantes del sector
ganadero, el resto corresponde al manejo de estiércol de los animales (0,05732 Tg), el cultivo
de arroz (0,0375 Tg) y la quema de residuos agrícolas (0,00754 Tg).
Del total de emisiones de CH4, el 15% es aportado por los desechos, lo que corresponde a los
residuos sólidos y basurales (0,35721 Tg), las aguas residuales domésticas (0,16356 Tg) y las
aguas residuales industriales (0,10061 Tg). Todas ellas se ubican alrededor de centros urbanos.
El 14% de la emisión total de CH4 es emitido por el sector energía que incluye la quema de
combustibles (0,05849 Tg) y las emisiones fugitivas (0,52439 Tg). La quema de combustibles
incluye el transporte (0,04161 Tg), las industrias de la energía (0,00805 Tg), las industrias
manufactureras (0,00377 Tg) y la quema de combustibles residencial (0,00386 Tg). Las emisiones
fugitivas se refieren a la producción de gas natural que es la predominante (0,50163 Tg), seguida
de un pequeño aporte de la producción de petróleo (0,01179 Tg). Y el 1% de la emisión total de
CH4 es aportado por los cambios de uso de suelo y silvicultura que comprende la conversión de
pastizales y bosques [Bariloche, F., 2005].
Cantidades relativamente pequeñas de CH4 se desprenden en los procesos de producción de
siete productos petroquímicos: negro de humo, estireno, metanol, dicloroetileno, etileno,
propileno y poliestireno. La fabricación de estos productos originó en 2000 la emisión de
0,00129 Tg [Bariloche, F., 2005]. Al ser tan pequeña esta cantidad, en la Figura 3 aparece como
0%.
De acuerdo a la tabla 1 y como se expresa en Huarte, 2007, posibles fuentes naturales de este
gas en el territorio argentino son:
 Las grandes cuencas lagunares (por ejemplo, los esteros del Iberá, los Bajos Submeridionales
entre Chaco y Santa Fe, y la laguna de Mar Chiquita entre Córdoba y Santiago del Estero).
 Costas deprimidas (por ejemplo, la Bahía de San Borombón y las costas del extremo sur de la
Provincia de Buenos Aires).
 Extensas turberas en el extremo austral (aunque la mayor parte de éstas se hallan en tierras
chilenas).
 Regiones boscosas húmedas (como la cuña de la selva tucumano - oranense)
 Campos de hielos continentales de considerable extensión (dentro del territorio nacional o en
su inmediata cercanía, en jurisdicción de Chile).
Los suelos de las zonas áridas se comportan como un sumidero de CH4 debido a su alta
porosidad y baja humedad, lo que permite una alta difusividad del CH4 atmosférico hacia el
suelo [Huarte, 2007]. En la Argentina posibles zonas de sumideros son la estepa desértica,
grandes espacios cubiertos por escorias volcánicas y antiguos ríos de lava (la Puna y la Payunia,
entre otros).
En general las fuentes y sumideros de CH4 presentan características propias con respecto a las
emisiones y secuestros de CH4. Dicho comportamiento puede aproximarse mediante el uso de
datos satelitales, para luego validarlos mediante la realización de muestreos de campo [Huarte,
2007]. Esto constituye un aspecto significativo del trabajo realizado en el desarrollo de esta tesis,
ya que los resultados obtenidos permiten inferir sobre el balance de las fuentes y sumideros de
CH4 en todo el territorio argentino.
Las cuevas pueden actuar como grandes sumideros de metano atmosférico
Estudiaban en las cuevas de Altamira el comportamiento del CO2 en relación con otros gases
cuando descubrieron que algo pasaba con el metano, el segundo gas de efecto invernadero más
importante. En un entorno subterráneo y con un elevado grado de humedad, simplemente
desaparecía. Las cuevas, según publican investigadores del Museo Nacional de Ciencias
Naturales (MNCN) del CSIC en «Nature Communications», se convierten así en sumideros
naturales que contribuyen al descenso de la concentración de este gas (CH4) cuya presencia en
la atmósfera se ha duplicado desde la Revolución Industrial.
Ángel Fernández-Cortés, investigador del MNCN y Marie Curie Fellow en Royal Holloway
(Universidad de Londres) explica que «Hemos detectado que tanto las cuevas como otros
ambientes subterráneos como los túneles, actúan como sumideros y que los resultados son
extrapolables a otros enclaves de la zona vadosa (la que está por encima del nivel freático) con
rocas porosas o fisuradas conectadas con la atmósfera exterior», asegura.
La actividad del hombre
Según explica este investigador «las fuentes de metano de origen antrópico (no natural),
suponen en la actualidad entre el 50 y 65% de las fuentes totales de metano y está relacionadas
con actividades del hombre como el cultivo de arroz, explotaciones de ganadería rumiante,
vertederos, lagos artificiales y humedales y tratamiento de residuos».
Para desarrollar su trabajo, el grupo de investigación ha monitorizado 7 cuevas y otros entornos
subterráneos como los túneles de Oporto. Asimismo, tomaron muestras en diferentes épocas
del año y en ambientes y ecosistemas diversos que les han permitido demostrar que «la
concentración de este gas llega a desaparecer por completo. Se trata de un proceso general de
oxidación que, aparentemente, es muy rápido y actúa a escala horaria».
Hasta ahora se sabía que el metano desaparecía de la atmósfera principalmente por la
fotooxidación que, en presencia de vapor de agua, produce la luz ultravioleta en la troposfera;
a través de la oxidación de las bacterias metanotrofas del suelo y por su salida a la estratosfera.
Según Fernández Cortés, «se trata de un proceso de oxidación de este gas al reaccionar con
diferentes iones presentes, en gran cantidad, en la atmósfera subterránea. Por lo tanto, el alto
grado de ionización del aire subterráneo podría ser clave en este proceso de oxidación»,
detalla Fernández-Cortés.
Es pronto para saber si podría reproducirse a escala industrial
A la pregunta de si este descubrimiento abre la puerta a la inyección de este gas en cuevas o
estructuras similares para su eliminación, Fernández-Cortés responde que «es muy
arriesgadala propuesta de inyectar aire con concentración atmosférica de metano en un cavidad
natural donde intervienen muchos factores que no se pueden controlar (ventilación, relación
con el suelo, etc.)». De momento, los científicos apuestan por una experimentación en
condiciones controladas de laboratorio que permitan conocer con exactitud los mecanismos de
eliminación del metano y, posteriormente, extrapolar esta experimentación a pequeña escala
con casos reales.
Monixido de carbono
Fuentes
El CO es el contaminante del aire más abundante y ampliamente distribuido de los que se
encuentran en la capa inferior de la atmósfera, denominada troposfera.
Su principal origen natural es la oxidación del CH4 y, puesto que todo el metano de la atmósfera
se produce por descomposición anaerobia de la materia orgánica, cabe afirmar que estos
procesos constituyen una fuente natural de CO.
Los océanos constituyen la segunda gran fuente de CO atmosférico. Ya que las aguas
superficiales están en contacto con la atmósfera, debería esperarse que contuviera en disolución
CO absorbido por ella. Sin embargo, la cantidad de CO realmente disuelto que se halla en los
océanos es de 10 a 40 veces superior a la esperada en base a esta absorción. Se cree que las
algas y otras fuentes biológicas aportan cantidades sustanciales de CO a las aguas superficiales.
Este CO se libera luego a la atmósfera.
Los volcanes y los incendios también constituyen una fuente significativa de emisión de CO a la
atmósfera, aunque su aportación es puntual.
La formación de CO antropogénico es generalmente el resultado de algunos de los siguientes
procesos:
- Combustión incompleta del carbono, de compuestos que los contengan: Este proceso tiene
lugar cuando el oxígeno disponible es inferior a la cantidad necesaria para una combustión
completa, de la que se desprende CO2
- Reacción a elevada temperatura entre el CO2 y materiales que contienen carbono: Esta
reacción tiene lugar con rapidez a las elevadas temperaturas comunes en muchos mecanismos
industriales. El CO desprendido de esta forma es beneficioso y necesario en ciertas aplicaciones,
como en los altos hornos, donde actúa como agente reductor en la producción de hierro a partir
de minerales de óxido de hierro. No obstante, puede escapar cierta cantidad de CO a la
atmósfera y actuar como contaminante.
- Disociación del CO2 a temperaturas altas: En condiciones apropiadas, una reacción en que se
disponga del suficiente oxígeno como para completar la combustión, todavía puede
comportarse como fuente de CO. Ello se debe a la elevada temperatura de disociación del
CO2 en CO y O. Temperaturas superiores favorecen la producción de CO y O. Por ejemplo, a una
temperatura de 1745 ºC se produce una disociación del CO2 del 1%, porcentaje que asciende al
5% a 1940 ºC.
Debido a que el automóvil es la fuente aislada más importante de CO (65,6%), las zonas urbanas
muy pobladas muestran las mayores concentraciones ambientales de dicho gas. En tales zonas,
la concentración de CO sigue un modelo diario regular, claramente relacionado con las
actividades humanas. Estas concentraciones diarias de CO se correlacionan bien con el volumen
del tráfico: las correlaciones más altas y los mayores niveles de CO se encuentran en zonas de
gran tráfico de vehículos. Los modelos de concentración diarios exhiben poca variación con el
día de la semana, excepto los fines de semana. Las concentraciones en días laborables son
mayores que las registradas en sábados, que a su vez son más elevadas que las de los domingos,
comportamiento que constituye el denominado “efecto fin de semana”.

Los valores medios de CO en los hogares varían entre 0,5 y 5 partes por millón (ppm). En hogares
con estufas de gas bien regladas se alcanzan 5-15 ppm, valores que superan las 30 ppm cuando
las estufas están mal ajustadas.
Dada la peligrosidad del CO es importante realizar un correcto mantenimiento de los equipos
de combustión, ventilando los espacios cerrados con frecuencia siempre que se sospeche de la
presencia elevada de este contaminante.
Efectos
La peligrosidad del CO radica en que dicho gas presenta una gran afinidad por la hemoglobina
(240 veces superior a la del oxígeno), dando lugar a la carboxihemoglobina, que al desplazar al
oxígeno de la hemoglobina de la sangre provoca isquemia e hipoxia, situaciones a las que el
corazón y el cerebro son especialmente sensibles.
A bajas concentraciones el monóxido de carbono causa fatiga en personas sanas y dolor pectoral
en pacientes con enfermedades cardiacas. A concentraciones más altas provoca problemas de
visión y coordinación, cefaleas, mareos, confusión y náuseas, causando síntomas similares a la
gripe que desaparecen al cesar la exposición al contaminante. Cuando las concentraciones son
muy elevadas la exposición al CO puede ser letal, ocasionando la muerte en pocos minutos.
A este respecto, algunos estudios indican que más del 50% de los envenenamientos por CO son
debidos a vehículos a motor y de estos más del 80% corresponde a vehículos aparcados en
garajes. Los garajes subterráneos se han convertido en un sumidero de CO aún cuando
dispongan de puertas o ventanas abiertas, puesto que la ventilación pasiva no es suficiente para
reducir el riesgo en espacios semicerrados. La inhalación de humos de todo tipo de fuegos es la
segunda causa de envenenamiento por CO; los bomberos constituyen el colectivo que sufre un
mayor riesgo de intoxicación por este contaminante.
En algunos países, como Estados Unidos, el monóxido de carbono se utiliza para conferir a la
carne una apariencia fresca, evitando así las pérdidas económicas debidas al pardeamiento que
experimenta la carne al estar en contacto con el oxígeno. Ello se debe a que el CO reacciona con
la hemoglobina de la carne formando carboxihemoglobina, un pigmento de color rojo brillante
que enmascara el envejecimiento y descomposición natural de las carnes. Sin embargo, esta
práctica está prohibida en la Unión Europea al ser considerada engañosa para los clientes, que
adquieren una carne de apariencia fresca que en realidad no lo es.

Las principales fuentes de monóxido de carbono son la combustión de combustibles fósiles, la


quema de biomasa, y la oxidación del metano y otros hidrocarburos; mientras que el sumidero
principal es la reacción con OH, siendo la deposición seca en superficie un pequeño sumidero.