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Seminario “Conceptos y discusiones en torno a la

relación entre memoria e historia”


Profesor: José Zavala

Informe de análisis de caso con relación a

“Los sonidos del golpe la experiencia de los niños bajo dictadura militar en
Chile” de Nancy Nicholls Lopeandia,

Javier Godoy González – Lucas González Sandoval.


El siguiente análisis se remite al texto “Los sonidos del golpe la experiencia de los niños bajo
dictadura militar en Chile” de la autora Nancy Nicholls Lopeandia. La investigación es parte
de una ponencia en el contexto de las XII Jornadas Interescuelas de la Universidad Nacional
del Comahue en el 2009.
La autora, de nacionalidad chilena, es licenciada en historia de la Pontificia Universidad
Católica de Chile (1995) y doctora en sociología de la Essex University del Reino Unido
(2006). Se ha dedicado a trabajar los temas de memoria durante la dictadura cívico-militar
chilena de 1973, imaginarios de las clases populares en la dictadura e historia de Chile en
los siglos XX y XXI, temas que aborda desde la historia oral, la historia local/regional y la
memoria e identidad.
Entre sus obras destacan: Los Archivos de la represión: de la polifonía de las voces a la
construcción de la inteligibilidad (Erazo et. al. (ed.) Derechos humanos, pedagogía de la
memoria y políticas culturales, LOM, Fundación Henry Dunant América Latina, 2011). La
Sociedad Ballenera de Magallanes: de cazadores de ballenas a ‘héroes’ que marcaron
soberanía nacional, 1906-1916 (Historia, Instituto de Historia, UC, 2010) y La historia
reciente en Chile: explorando la subjetividad a través de la narrativa oral y el video
documental (Praxis, Facultad de Psicología, UDP, 15, 2009)
El objeto de estudio del texto escogido es la niñez durante la dictadura cívico-militar chilena.
Este tema es abordado desde las emociones y sentimientos, ya que se centra en dar una
visión de cómo se sintió ser niño/a en dictadura. Si bien no deja de lado ciertas prácticas y
vivencias comunes de los infantes de la época, los trata en cuanto a las repercusiones
emocionales que estas tuvieron en su niñez.

El texto no se organiza de forma cronológica, sino que primero nos sitúa en la época
posterior al golpe militar, y luego describe ciertas prácticas, sensaciones, sentimientos y
vivencias que vivían los niños durante la dictadura, haciendo una especie de reconstrucción
de lo que se sintió vivir la niñez en esa época. Además, utiliza citas de los testimonios
recogidos para ejemplificar las interpretaciones que propone. De allí

El estudio se enmarca desde la historia oral, puesto que contextualiza desde fuentes escritas
tradicionales el contexto histórico estudiado, aunque dando gran relevancia a las fuentes
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orales. Estas últimas, corresponden al testimonio de 12 adultos de entre 30 y 48 años que
fueron niños y niñas durante la dictadura.

No se explica concretamente el porqué del tamaño de la muestra, aunque se infiere por el


contexto, que se trataron de las únicas personas que accedieron a dar testimonio en
relación con su vivencia infantil, durante el golpe de estado y las protestas de la década de
1980.

La pequeña muestra, según la autora, le permitiría realizar solo un trabajo exploratorio que
define como “Levantar hipótesis, formarnos imágenes, indagar en las emociones de
nuestros entrevistados” (Nicholls, 1), cuyo fin supondría generar elementos comparativos
entre la vivencia de niños de clase media y popular. Aun así, argumenta que el material
testimonial resulto ser muy rico, por lo tanto, el análisis superaría el límite de la
presentación.

Respecto a esta afirmación, se sugiere el uso de un análisis tipológico, en el cual “Los


materiales autobiográficos se someten a una distribución por categorías y a una
clasificación en la que toda la riqueza de la realidad descrita se reduce a una serie de tipos”
(Pujadas, 52). Aun así, este tipo de análisis es utilizado en grandes grupos, Pujada
ejemplifica con las prostitutas Barcelonesas (Negre, 1988) y la trayectoria de panaderos
artesanales (Bertaux y Bertaux-Wiame, 1981), por lo tanto, nos queda la duda sobre la
verdadera proyección de solo 12 testimonios y su profundidad analítica.

Aun así, se trata de una muestra heterogenia, puesto que se considera niños de familias de
izquierda que apoyaban a Allende, pasando por democratacristianos y apolíticos, y se
explicita que se excluyeron de la muestra las familias de derecha. El estudio busca
profundizar en los aspectos indirectos de la represión, vivenciadas por los niños.

Se observa que la técnica utilizada por la autora es la de relatos biográficos múltiples,


principalmente los relatos biográficos paralelos, puesto que se trata de caracterizar una
unidad social amplia (Los niños de clases populares y medias durante la dictadura) y como
veremos a continuación, generar comparaciones entre sus vivencias, establecer hipótesis
teóricas, junto con generalizaciones en torno a la memoria de la dictadura.

El método utilizado es el por ejemplificación que Pujadas define como “Ilustración y


fundamentación de determinadas hipótesis mediante ejemplos escogidos, extraídos de una
serie de relatos biográficos. No se trata de tesis críticamente comprobadas por el autor de
la autobiografía (o el sujeto entrevistado) sino que se trata de intentar por parte del
investigador una confirmación de la propia posición teórica” (Pujadas, 53).

Se desprende por sus afirmaciones, que el método de recolección de datos fue a través de
preguntas dirigidas, concretas en relación con el golpe militar y las protestas “No sabemos-
y eso daría para otra investigación- que hubiese pasado si no hubiésemos intencionado las
preguntas hacia el tema dictatorial en particular sino la infancia en general” (Nicholls, 4).

Comienza el análisis bajo la interrogante ¿Cómo viven los niños los distintos procesos de la
dictadura? A lo cual la autora argumenta que se tratan de un proceso vivido indirectamente
“de oídas”, a través de las conversaciones de adultos. De allí se ejemplifica con la entrevista
a Leonardo Fernández: “En ese tiempo los niños no existían mucho. Uno estaba por ahí, uno
estaba parando la oreja siempre. Los adultos no trepidaban en hablar cosas delante de los
niños, porque los niños no existen. Si uno escuchaba de todo y eso también impresionaba
porque eran muertos, uno se imaginaba, hablaban de muertos en el Mapocho, en las calles”
(Nicholls, 2).

Se da una gran importancia a lo sensorial y al factor imaginación, como los principales


rectores de las respuestas de los niños, a los acontecimientos de la dictadura. “Por la noche,
los niños escuchaban el ruido de los balazos, el ruido de los militares transitando por las
calles de las poblaciones, el ruido de los aviones o de los helicópteros y a eso se agregaba
el factor imaginación” (Nicholls, 2).

En relación con las protestas nacionales, la autora se sirve de la definición de Salazar y Pinto
para denominar estas instancias como fiestas catárticas, aunque realiza la salvedad de ser
“Un espacio, por contradictorio que parezca, de libertad. Pero otros, debían irse temprano
a sus casas e incluso a las camas, entonces quedaba sólo la posibilidad de escuchar” y
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ejemplifica con el testimonio de María Graciela “Recuerdo que salíamos a tocar las ollas (…)
pero después nos íbamos a acostar, pero todo el ruido que había en la calle era como sentir
mucha gente gritando, llantos, balas al aire” (Nicholls, 3).

Se concluye que al no recibir explicaciones, los niños tienden a imaginar y utilizar los
estímulos al alcance para poder materializar sus recuerdos “Se teje una urdimbre de
imágenes, fragmentos de conversaciones adultas e imaginación, que permite de alguna
manera a los niños y niñas dar sentido a lo que se está viviendo, que se calibra como algo
de gruesa dimensión, como algo pesado, como algo violento, que está trastocando la
cotidianeidad y que además provoca mucho temor” (Nicholls, 5). Otros, si viven la violencia
directamente, como en los allanamientos y secuestros, aun así, se hace transversal la
violencia simbólica a través de la pobreza y carestía de la crisis de 1980. Para ejemplificar
se vuelve al testimonio de María Graciela (Nicholls, 4).

La autora prosigue con una denominación de las palabras más repetidas, dentro de la
experiencia de los adultos en esa época niños, para caracterizar su experiencia en dictadura,
estas son:

1. Susto
2. Terror
3. Horror
4. Llanto
5. Silenciamiento
6. Angustia
7. Espanto
8. Brutalidad

A partir de estas palabras, se ejemplifica con los testimonios de Roberto Jofre, Claudio Pérez
y María Graciela, donde se concluye que existe una “urdiembre de imágenes y fragmentos”,
que en buena medida son permeados por el silenciamiento, dadas las circunstancias de
violencia y represión de la época.
Se teoriza con la propuesta de Bruno Bettelheim en relación con la arbitrariedad de la
violencia, que potencia el terror que sentirían los niños, al estar en situaciones de violencia
indiscriminada y sin explicaciones claras “las cosas más atroces podían ser (…) y no había
mucho que uno pudiera hacer que impidiera eso, tu suerte no estaba puesta en ti, sino en
otro, el poder es de otro” (Nicholls, 4).

Frente a esto, la autora se pregunta si acaso los niños se transformaron en personas


vulneradas. A partir del testimonio de Andrea Ubal, se caracteriza a la infancia como un
espacio feliz, aunque se recuerdan instancias de violencia indirecta y represión, como el
silenciamiento en torno a ciertas conversaciones, y la posterior separación de espacios
públicos y privados, donde se debían mantener posturas distintas, en relación con la
dictadura militar (Nicholls, 6).

Tras esta exposición general del contexto social que vivieron los niños de esa época, la
autora prosigue con un análisis psicológico de los testimonios. Se comenta si podríamos
hablar de un trauma personal, al respecto se expone que “No podemos hablar de situación
traumática más que si ha habido fractura, es decir, sólo en el caso de que una sorpresa con
proporciones de cataclismo – o de carácter, en ocasiones, insidioso- sumerja al sujeto, lo
zarandee y lo embarque en un torrente, en una dirección que hubiera preferido no tomar”
(Cyrulnik, 2003). Además, se apoya en las teorías de Ferenczi, Winnicott y Storolow, para
sostener que no es posible hablar de trauma si es que no existe un medio que sostenga la
situación como traumática.

La autora asegura, que la mayoría de los niños eran contenidos por sus padres (Apoyados
por testimonios textuales de Daniela Zenteno y María Graciela), lo cual suponía una barrera
psicológica a las situaciones de violencia tanto simbólica, como física del contexto de
dictadura: “Los niños entonces lograron significar la experiencia, darle sentido,
representarla, aunque fuera a través de fragmentos de información, entrelazados a cuotas
de imaginación y a cuotas importantes de contención y protección de los adultos a su
cargo.” (Nicholls, 9)
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En la sección final “Reflexión en torno a la memoria social de la dictadura: los niños, los
adultos, la sociedad toda”, la autora busca especular en torno al concepto de trauma a nivel
social, desde la perspectiva de los testimonios. “De allí que el 11 de septiembre es vivido
por los chilenos como una ruptura que- tanto en la vida personal como en la del país marcan
un corte tajante entre antes y después. La irrupción (justificadora o acusadora) del golpe
varía, pero tiende a entenderlo como una irrupción que trastoca todo.” (Lechner y Guell).
Dese esa perspectiva la autora argumenta que este quiebre corresponde:

“Al trauma social o cultural, como lo han definido otros especialistas, ese
trauma que se instala en la sociedad en su conjunto, que tiene que ver con
el miedo, con la desconfianza hacia el otro, con la pérdida del sentido de
comunidad en tanto chilenos, con la polarización, es decir con la atribución
de sentido que la sociedad le otorga a las experiencias vividas post golpe”
(Nicholls, 9).

A este respecto, corresponde recordar la opinión de Jose Maria Ruiz-Vargas en relación con
la inexistencia del concepto de memoria social “Sostener que el grupo social tiene una
memoria por encima de la de los individuos que lo constituyen es, y también lo dijo con
total claridad Bartlett, pura especulación. Mientras no se aporte alguna prueba inequívoca
de una memoria grupal (cosa que hasta ahora no ha ocurrido), no puede admitirse la
existencia una “memoria colectiva” ni de una “memoria social” en cuanto sistemas de
memoria distintos y disociables de los sistemas científicamente contrastados y que
constituyen la llamada memoria humana” (Ruiz-Vargas, 2008).

En ese sentido: ¿Qué es lo que la autora sostiene y justifica como memoria social bajo la
premisa de los siguientes fenómenos?:

“¿Cómo se explica sino que Emilio hoy a sus 48 años sienta terror frente a
un carabinero, terror percibido por sus hijas y transmitido
inconscientemente a una de ellas? O que Daniela para la última
conmemoración del 11 de septiembre cuando el centro de Santiago estaba
lleno de militares vestidos con trajes de guerra, no se sintiera cómoda,
sintiera miedo también. O que Mario al leer el Informe Valech donde aparece
su padre, o al trabajar en cursos de percepción en la escuela de teatro de la
UC y escuchar testimonios de horror, la rabia y el miedo se reediten en él. O
que Leonardo, recordando el ruido de los aviones y helicópteros que hacían
su vuelo rasante, de manera tangencial mencione: ‘quizá a uno le daban
miedo los aviones, el ruido de los aviones, quizás todavía me da, algo tengo
con los aviones que me cuesta desentrañar” (Nicholls, 10).

Según Thompson, nos encontramos con influencias transgeneracionales “Son un ejemplo


fascinante de como las tradiciones pueden ser una mezcla de, por un lado, modelos
directamente observables -como el de una abuela que provee a su nieta de un ejemplo de
maternidad independiente- y, por el otro, de mitos simbólicos que no obstante pueden ser
una poderosa influencia para la formación de identidad” (Thompson, 2000).

Desde allí, la importancia de un trabajo de campo profundo, que posea un número de casos
representativos del universo de estudio, junto con un análisis minucioso de cada caso en
cuestión, puesto que “Ningún caso tiene significado en sí mismo y por sí mismo, sino solo
por referencia a una teoría o categoría analítica” (Gimenez, 2012). Lo que justifica un
trabajo metodológico más profundo que solo una justificación teórica de los testimonios.

Una opinión acertada en relación a la problemática metodológica de este trabajo lo


presenta el mismo Thompson al discurrir que “Muchos historiadores orales están tan
absorbidos en la lectura de los testimonios desde una perspectiva que prioriza los aspectos
narrativos y que se centra casi exclusivamente en como los entrevistados dicen lo que dicen,
que dejan de lado la ineludible reflexión sobre qué es lo que estos realmente están
expresando” (Thompson, 2000). En efecto, solo existe dos momentos en los cuales se hace
un uso de fuentes históricas auxiliares al relato oral, ambas son menciones someras a
procesos históricos de nuestro país, sin una mayor profundidad de análisis (Estas
corresponden a la caracterización de las protestas y la el quiebre social antes señalado).
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Esta ausencia de análisis crítico de los relatos supone una relegación de los mismos a un rol
ejemplificador de la teoría de la autora, que en muchos aspectos omite aspectos claves de
los momentos históricos de nuestro país. Por ejemplo, durante la caracterización del
trauma social que significó a la dictadura, pareciera que a la autora se le olvidó mencionar
que, tras los procesos de violencia física y simbólica del régimen militar, también existe una
rápida y estridente modernización de la sociedad chilena, donde se integran nuevos
aspectos como el consumismo, la competencia, el individualismo entre otros. (Moulian,
1999).

Recapitulando, nos encontramos ante un estudio con una muestra excesivamente pequeña
para el análisis que se propone, ya que 12 personas no son una muestra nada representativa
tratándose de un tema a nivel país. También la técnica analítica utilizada es muy superficial
y se limita a nombrar aspectos del periodo y ejemplificarlos con extractos de los testimonios
recogidos, sin alcanzar una reflexión profunda, junto con la confusión de conceptos y una
casi nula referencia a búsquedas bibliográficas metodológicas, en relación con la historia
oral.

A lo anterior, se le suma la gran teorización externa a la que están sometidos los


testimonios, lo que queda a la vista con el uso de las vivencias y testimonios a modo de
ejemplos textuales, para representar y justificar procesos históricos mencionados
someramente a través de fuentes documentales externas.

Por último, la lectura y análisis de las entrevistas efectuada por la autora es demasiado
superficial, se queda con la información casi textual que los sujetos le entregan, sin hacer
mucho caso a los silencios y otros elementos, que sin duda pueden arrojar aspectos
verdaderamente importantes e innovadores en las vivencias infantiles durante el régimen
militar.
Bibliografía

 Nicholls Lopeandia, Nancy. Los sonidos del golpe la experiencia de los niños bajo
dictadura militar en Chile, 2009.
 Pujadas Muños, Juan José, El método biográfico: el uso de las historias de vida en
ciencias sociales.
 Salazar, Gabriel y Pinto, Julio (1999) Historia Contemporánea de Chile, Actores,
identidad y movimiento, II, Santiago de Chile, LOM.
 Bettelheim, Bruno, (1979), Sobrevivir, Bs. As., Argentina, Ed. Gárnica, en: Lira,
Elizabeth, (1991), Psicología de la Amenaza política y del miedo,
www.dinarte.es/salud.../pdfs/Lira%20E%20%20Psicologia%20de%20la%20Amena
za%20P, consultada el 10 de noviembre 2008.
 Ruiz-Vargas, María, José. (septiembre 2008). ¿De qué hablamos cuando hablamos
de "memoria histórica"? Reflexiones desde la psicología cognitiva. Entelequia, 7, 53
-76.
 Giménez, Gilberto. (septiembre 2012). El problema de la generalización en los
estudios de caso. Cultura y representaciones sociales, 7, 40 -62.
 Thompson, Paul. (2003/2004). Historia oral y contemporaneidad. Historia, memoria
y pasado reciente, 20, 15 -34.
 Moulian, T. (1999). El consumo me consume. Santiago: Concha y Toro.
 Pontificia universidad católica de Chile. (2012). Planta Adjunta. 4/07/2018, de
Pontificia universidad católica de Chile Sitio web: http://historia.uc.cl/Planta-
Adjunta/nicholls-nancy.html