Você está na página 1de 3

LA VERACIDAD EN LA ADVERTENCIA

Oddun de IFA Baba Egiogbe: “Este signo denota la grandeza de Dios, pero
así mismo del Mal”, cuando Egiogbe aparece, se dice que trae una
advertencia para que el adepto se quede siempre vigilando el proceso de
la manifestación del “buen carácter”, siendo este, uno de los atributos
principales de Orunmila a sus seguidores; ya que la manifestación negativa
de Egiogbe en términos personales es la arrogancia y el desprecio.
Como ya se ha mencionado, el operar esta ciencia y sus respectivos
prodigios, no está exento de peligro; ya que puede conducir a la locura a
aquellos que no han basado sus aspiraciones del dominio de la misma en
los pilares que solo otorgan la disciplina y el autocontrol, que producen no
otra cosa que el absoluto imperio de la razón sobre todos los elementos.
Así mismo la falta de preparación puede conllevar al osado impreparado, a
sobreexcitar su sistema nervioso llegándole a provocar terribles
enfermedades e incluso la muerte, como pago a su atrevimiento.
Me falta espacio para enfatizar a los iniciados practicantes de la Obra, y
que de antemano se saben ser personas de carácter nervioso y que no
tienen completo dominio de sí mismos; los peligros de querer envolverse
por llamarlo de algún modo entendible en operaciones “mágicas”, que
escapan a su entendimiento o comprensión; Nada más peligroso, también,
el tratar de convertir los prodigios producto del ejercicio de este camino
de conocimiento; en un pasatiempo, mas aun cuando ha quedado
demostrado la eficacia que demuestra cuando se procede de forma
correcta en El. Incluso las mismas experiencias conducidas de forma
exitosa, si no son protegidas por el secreto, en semejantes condiciones;
pueden no solo causar trastornos en el operador o en el recipiendario de
la gracia, sino ser en sí misma una Vía de descredito de la practica y la
ciencia. No se puede jugar impunemente con los misterios de la vida y
de la muerte, las cosas que de tan importantes para nuestras vidas le
confiamos a la naturaleza transformadora de la Ciencia, han de ser
protegidas SIEMPRE, con la gratitud de la discreción y la reserva total.
Nunca debemos de ceder al deseo de convencer por medio de efectos ya
que los más sorprendentes efectos jamás habrán de ser motivo suficiente
de prueba para aquel que ha decidido de antemano no ser un creyente.
Se tiene que considerar que quien solicita prodigios para creer en la
ciencia, da muestras de inmediato de su indignidad y su incapacidad para
permanecer en este camino, por lo tanto, no habrá de ser de interés
nuestro el convencerle. Jamás debemos vanagloriarnos de la Obras que
hayamos realizado ya sea a favor propio o de otros, así se hayan
resucitado muertos de la misma tumba con la ayuda de las potestades que
nos asisten; es algo real el que debamos temer a la persecución,
meditemos en el gran poder transformador del SECRETO, “Atreverse y
Callar”, a través de la historia, en todas las manifestaciones de
conocimiento y sabiduría los que las han ejercido en el mundo, a través de
la Magia y han divulgado sus secretos, han muerto violentamente o
muchos se han visto obligados al exilio de sus propias comunidades o al
suicidio, con tal de satisfacer los miedos de la incomprensión social.
El operador congruente de la ciencia de la transformación mágica, debe
vivir en el retiro del estudio constante, y no dejarse abordar fácilmente;
sin embargo este retiro no debe interpretarse como un requisito para
aislarse, ya que son tan necesarios los buenos amigos en este camino; así
como la devoción y el cariño, debemos escogerlos cuidadosamente y
conservarlos a todo precio. SIEMPRE debe tener otra profesión u oficio
el practicante, ya que la práctica de la Obra, NO es un Oficio.
Para dedicarse a las Practicas de la Magia con todos los ceremoniales que
esta requiere del adepto, es preciso tener el espíritu libre de
preocupaciones inquietantes; y necesario procurarse todos los
instrumentos tanto físicos como personales que la Ciencia nos manda
poseer, y saber confeccionarlos por nosotros mismo cuantas veces sea
necesario; así como finalmente contar con un espacio “propicio”
laboratorio o estancia designada inaccesible para los profanos para obrar
sin temor a ser sorprendidos o molestados. Después, y esto es una
condición infaltable, es obligatorio poder equilibrar las fuerzas y contener
los vuelos de la propia iniciativa,-recordemos que no hay nada más dañino
que un Tonto, con iniciativa-, ya que para equilibrar las fuerzas, es
necesario mantenerlas al mismo nivel y hacerlas funcionar
alternativamente cual si de una balanza se tratase, doble acción
representada por la armonía. ¿Sera preciso hablar más claramente?,
cuanto más dulces, y equilibrados seamos; mas será el poder de nuestra
cólera, cuanto más enérgicos nos mostremos, mayor será el encanto de
nuestra dulzura, cuanto más hábiles seamos, mayor será el producto de
nuestra inteligencia, esto es de aplicación irrestricta en el orden moral y
natural de las cosas; y se realiza rigurosamente en el campo de la acción.
Las pasiones humanas producen fatalmente, los efectos contrarios a sus
deseos desenfrenados; el amor excesivo produce antipatía, el ciego odio
se anula y se castiga así mismo convirtiéndose en tolerancia y está en
amor; la vanidad conduce al rebajamiento y a las más crueles
humillaciones, ¿ quieres acumular candela sobre la cabeza de aquel que te
ha causado daño?, perdónale y devuélvele bendiciones por su mal; se
pudiera pensar que semejante perdón es una hipocresía y se parece en
mucho a una venganza refinada, pero es preciso tener siempre en cuenta
que el practicante de la Gran Obra debe pensar como soberano, y un
soberano nunca se venga; porque tiene siempre el recurso de CASTIGAR.
Y cuando se ejerce ese derecho, cumplimos con nuestro deber y este es
implacable como la justicia misma. Advierto también, para que no sean
tomadas en mal sentido mis palabras; que este camino nos propone
castigar el mal con el bien a través del conocimiento y la sabiduría; y de
oponer la dulzura de la capacidad a las manifestaciones de la violencia.
Ya que si el ejercicio de este tipo de virtud con conocimiento de causa, nos
indica ser un flagelo para las conductas viciosas; NADIE habrá de tener
derecho de pedir se le perdonen con piedad sus vergüenzas y sus
debilidades. El que pretenda entregarse a las Obras de la ciencia
propuestas por nuestro camino filosófico y religioso, debe realizar
diariamente un ejercicio moderado en razón de sus capacidades;
abstenerse de veladas largas, y seguir un régimen sano y regular.
Y una precaución que no habrá de desdeñarse jamás, es la de nunca
operar cuando se está enfermo; ya que siendo las ceremonias como ya se
ha dicho, medios alternos para ejercer la Voluntad de formas eficaz,
cuando se adquiere la costumbre cesa el sacrificio, ya que se hace preciso
simplificarlas progresivamente antes de eliminarlas del todo en razón de
que se convierten en parte de nosotros, y no en un recurso o herramienta.
Esto según la experiencia que se haya adquirido en el ejercicio del
QUERER y el “quehacer” extra natural.
Iboru Iboya Ibocheche