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Alumno: Jorge Sánchez Jinéz

Matricula: 99468
Grupo: AC27
Materia: Habilidades directivas y toma de decisiones
Docente asesor: Dra. Mirna Ethel Zavaleta Robles
Actividad: Elaboración de caso
Tema: Reconocer la importancia del proceso de formación y dirección
de equipos de trabajo
Toluca, México
09 de julio de 2018
Descripción de la situación
En el medio de la creación literaria, los talleres de narrativa se han convertido en espacios
no sólo para compartir textos de autoría propia, sino también para realizar los ajustes y/o
cambios necesarios a un texto para que éste pueda alcanzar un mejor nivel literario.
En concreto, lo que suele realizarse en estos talleres es presentar de manera grupal un
texto de creación propia, el cual es objeto de comentarios por parte de los compañeros; el
coordinador(a) del taller casi siempre tiene una trayectoria que le permite coordinar dicho
grupo. En ese sentido, podría afirmarse que estos talleres de narrativa son un equipo
trabajo, dado que tiene un objetivo y un propósito común (Koontz, Weihrich & Cannice,
2012, citados en IEU, 2018)
En cuanto a estructura, las actividades realizadas por los integrantes son monitoreadas y
reguladas por el coordinador. Esto es, la forma de participación, las normas de horarios,
respeto en el grupo, etc.
Algunas características de estos grupos es que, por lo regular, se reúnen en bibliotecas
públicas, o en cafés; es decir que pueden estar estructurados institucionalmente o de
manera particular. En cualquier caso, una peculiaridad es que los talleristas -como se les
dice en el argot- asisten de forma voluntaria; y como pago suelen aportar su propia
participación, o bien alguna cuota de recuperación, casi siempre accesible.
Asimismo las reuniones se realizan una vez a la semana, con una duración de dos horas.
En resumen, los talleres de narrativa se caracterizan por:
-asistencia voluntaria de los integrantes.
-hay un coordinador (a) de grupo.
-reunión con el objetivo de analizar un texto de creación propia.

Como experiencia personal, he notado que estos talleres suelen funcionar cuando las
reglas básicas se cumplen tanto de parte del coordinador como de los integrantes-
talleristas. Pero cuando dichas reglas no se cumplen o se cumplen de manera difusa o
inestable, el grupo se estanca o incluso desaparece. La situación que me gustaría analizar
es la de uno de estos talleres, el cual lleva 25 años funcionando, y que es un referente en
el medio literario de mi ciudad. Es un grupo que, en mi opinión, tiene sus bemoles, y por
ello me decidí a incluirlo en este trabajo.
Análisis de la problemática
El grupo, al que llamaré W, está integrado en su mayoría por adultos que en este momento
rondan entre los 50 y 70 años, que son quienes lo fundaron aquí en Toluca. Desde su
creación, han transitado por él numerosos escritores, tanto amateurs, como semi y
profesionales. Asimismo han asistido a él desde niños, jóvenes y adultos.
El grupo se reúne, como dijimos, una vez a la semana, en la biblioteca central de la ciudad,
por lo que goza de cierta autonomía con respecto a dicha institución; fuera del cuidado del
mobiliario y de los horarios, el cuidado de los textos presentados y de las personas queda
más bien descuidado.
Me explico. La situación es la siguiente, y la refiero desde mi experiencia, y la de algún
compañero.
Desde hará un par de años, el grupo cuenta con un coordinador oficial, al que llamaré
Coordinador 1. Él recibe un sueldo por parte de la secretaría de cultura del estado;
oficialmente es el encargado de impartir el taller e implementar las antedichas normas.
Sumado a éste último, existe otra persona, a quien llamaré el Coordinador 2. Él no recibe
sueldo por su papel en el grupo. En los hechos, él toma el rol del coordinador 1, unas
ocasiones sí, y otras ocasiones no. Puede mencionarse que se reparte, comparte y toma el
rol del Coordinador 1.
Es decir, la coordinación del grupo no está bien establecida.
Sumado a esto quisiera comentar una situación personal en la que fui agredido verbalmente
por el Coordinador 2. Sin mencionar detalles, lo que sucedió fue que de forma extraña, se
mostró altamente hostil durante un comentario que, por demás, era puramente técnico. Se
trata de un hecho que ha sido explicado en una novela como “verter los venenos personales
bajo el disfraz de la literatura” (Pearl, 2003)
Esta parte la concluyo con el momento en el que de manera asertiva, enfrenté y puntualicé
a dicho personaje aquel comentario. Él, aceptó el manejo violento de conducirse.
No obstante estos hechos, recientemente un compañero que conocí en el grupo W,
presentó un libro de su autoría en aquel espacio. Y el Coordinador 2 repitió la misma actitud
hostil con mi compañero, que fue quien me refirió el hecho. Aprovechó lo comentarios sobre
el libro para colocar elementos de índole personal.
¿A qué se debe esta situación en el grupo W? Desde mi punto de vista, principalmente a la
poca claridad con respecto a la titularidad de la coordinación; es decir, a la falta de liderazgo,
que como ya vimos, es un requisito indispensable en los equipos de trabajo. Es decir,
asumir este papel de autenticidad, asertividad y de construcción de relaciones (Castro &
Araujo, 2012).
Aunado a ello, se agrega la falta de evaluación, tanto interna como externa. Aunque me
parece importante mencionar que el hecho del ausentismo o parte de la “rotación” de los
integrantes nos habla ya de una evaluación de facto.

Finalmente, para cerrar este apartado, comentaré que en cuanto a la distribución de roles,
estos se distribuirían básicamente entre el coordinador y los integrantes-talleristas. De
acuerdo con Robbins & Judge (2009, citados en IEU, 2018) serían los siguientes:

El coordinador ocuparía los roles de:


-asesor, porque ofrece análisis amplios de las opciones. Esto equivaldría en nuestro caso,
a revisar los textos presentados y ofrecer distintas posibilidades de corrección.
-organizador, porque proporciona estructura. Esto es que coordina el orden y la forma de
las participaciones, así como marcar el inicio y el final de cada sesión, etc.
-integrador, porque coordina e integra. Un ejemplo de esto sería considerar las
intervenciones de los integrantes y llegar a una conclusión al respecto.

Los integrantes ocuparían los siguientes roles:


-creador, porque aporta ideas creativas. Durante la corrección de un texto son importantes
las ideas creativas, y estas pueden venir no sólo del coordinador, sino también de los
integrantes.
-asesor, porque estimula la búsqueda de información. Bajo el precepto de que ningún
individuo nunca conocerá más que un grupo, podemos considerar los aportes de los
integrantes como invitaciones a buscar información para corregir un texto.

Propuesta de resolución de la problemática


Regresando a la situación descrita más arriba, ahora es necesario preguntar:
¿Cómo solucioné esa problemática?
En mi casa personal, yo asistía al grupo W como integrante; partiendo de ello, menciono
que mi participación no era establecer normas, sino seguirlas. De ahí que cuando se
presenta la problemática descrita, yo establezca las normas (la agresión no es forma de
conducirse), y tenga que ocupar el puesto de Coordinador 3, función de la cual tengo
conocimiento, pero no me corresponde desempeñar. Podría decirse que establecerme
provisionalmente como Coordinador 3 fue mi resolución inmediata.
En cuanto a una resolución, sigamos, a largo plazo, finalmente decidí abandonar el grupo
y buscar otros espacios en donde ahora presento mix textos para ser comentados. ¿El
motivo? Es imposible desempeñar dos roles a la vez.
Sumado a ello, vale decir que hay eventos literarios en la ciudad, en los que coincido con
los integrantes del grupo W; debo afirmar que continúan con la misma dinámica. Lo cual
me confirma la decisión correcta de abandonar. Y al mismo tiempo, la situación me enseña
que aún habiendo diferencias importantes es posible coincidir, sin necesidad de pertenecer
o aceptar a la hostilidad.
En cuanto a mi compañero, él continúa asistiendo al grupo W.
Todo esto, lo señalo como solución que sí accioné.
Y como propuesta de solución, estaría pensando más bien en una implementación de la
etapa de normatividad, en la cual se establece un “sentimiento de equipo” así como la
aclaración de “las normas, las reglas y las expectativas” (Whetten & Cameron, 2011).

Conclusión
En lo general, puedo mencionar que las normas sin una condición básica para mantener en
funcionamiento un equipo de trabajo. Y que de acuerdo a cómo se lleven estas, así será el
funcionamiento del mismo. Reglas claras, propiciarán una dinámica poderosa; reglas poco
claras, ocasionará no un funcionamiento deficiente o incompleto, que fue la situación
expuesta y analizada aquí. En particular, me refiero a los roles ejercidos por los miembros,
tanto líderes como seguidores.
En ese sentido puedo afirmar que W es un grupo de trabajo fallido, o que bien cuenta con
roles confusos que permiten un funcionamiento medianamente estable, de ahí que durante
25 años no se ha disuelto, pero tampoco favorece un crecimiento auténtico a sus
integrantes.
No obstante, el apunte más importante que puedo realizar es que el grupo W ofrece un
espacio de aprendizaje que cada integrante puede y debe tomar, pensando –como dijimos
al principio– que los textos que se presentan son de autoría propia. Es decir, el aprendizaje
consiste en saber hasta qué punto los demás pueden aportar y hasta dónde me
corresponde a mi texto, y hasta qué punto me corresponde responsabilizarme por el mismo.
El tema de las responsabilidades aplica, desde luego, a otros espacios y a las relaciones
entabladas en este y en otros equipos de trabajo.

Bibliografía
Castro, E., Clemenza, C., & Araujo, R. (2012). Líderes y seguidores: una relación
dual. Multiciencias.12. 251-255.
IEU. (2018). Formación y dirección de equipos de trabajo. Recuperado de
https://m3.ieu.edu.mx/pluginfile.php/74670/mod_resource/content/2/Apuntes%20s2.pdf
Pearl, Mathew. (2003). El club Dante. México: Seix Barral.
Whetten, D. A., & Cameron, K. S. (2011). Desarrollo de habilidades directivas.
México: Pearson Educación.