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Bogotá D.

Doctor
Juan Valbuena

ASUNTO: Respuesta a la solicitud sobre jurisprudencia relacionada con la


validez de las grabaciones realizadas por las víctimas
Respetado doctor Valbuena
De manera atenta me dirijo a usted con el objeto de dar respuesta a la solicitud, por
medio de la cual se busca jurisprudencia relacionada con la validez de las
grabaciones realizadas por las víctimas
De la consulta

Con el fin de dar respuesta a su solicitud me refiere a cada uno de los


pronunciamientos de las siguientes cortes:
a. consejo superior de la judicatura
b. corte suprema de justicia
c. corte constitucional

a. Consejo superior de la judicatura, sentencia con Radicación No.


110011102000201201140 del 01 de diciembre del 2015.

La Sala Disciplinaria del Consejo Superior de la Judicatura sancionó a una


profesional del Derecho por la comisión de la falta descrita en el numeral 4º del
artículo 35 de la Ley 1123 del 2007
Según explica la providencia, la abogada se apoderó de una letra de cambio de su
cliente bajo el pretexto de una supuesta venta, sin que ello corresponda a la
realidad. Hecho que generó que el máximo juez de la administración se pronunciara
sobre este asunto.

Así, para demostrar la falta de la acusada, la víctima utilizó varias grabaciones en


las que reconocía que la letra la entregó en virtud del mandato que se celebró entre
las dos, y por la confianza.
Sobre las grabaciones, la Sala reiteró que cuando una persona es víctima de un
hecho punible puede grabar su propia imagen y/o voz en el momento en que es
sometida a la exigencia criminosa, sin que requiera autorización judicial, pues
precisamente con ese documento puede iniciar las acciones pertinentes
“En ese contexto, acorde con la línea jurisprudencial aceptada por la alta
corporación judicial, constituyen elementos esenciales para establecer en qué
casos una grabación elaborada por un particular, sin orden judicial, puede tener
validez en un proceso penal:
• Si se realiza directamente por la víctima de un delito o con su aquiescencia.
• Cuando se capta el momento del accionar criminoso.
• Al tener como finalidad preconstituir prueba del hecho punible, presupuestos que
deben concurrir simultáneamente”

B. corte suprema de justicia sentencia con radicado 41790 del 11 de septiembre de


2013

Ante el Tribunal Superior de Cartagena, el 28 de agosto de 2012, la Fiscalía radicó


escrito de acusación en contra del doctor ORLANDO LUIS PUELLO ORTEGA, ex
juez primero promiscuo del circuito de Mompox, a quien atribuyó la comisión de los
delitos de “concierto para delinquir; siete conductas punibles de prevaricato por
acción en concurso homogéneo y sucesivo; determinador de prevaricato por acción
cometido por el gerente de CORELCA y por la Registradora de Instrumentos
Públicos; coautor del delito de peculado por apropiación en favor de terceros, y
determinador de dos conductas de falsedad material en documento público
agravado por el uso, en concurso homogéneo y sucesivo”.

La audiencia acusatoria se llevó a cabo el 1 de octubre del mismo año y la


preparatoria se surtió en sesiones del 11, 12 y 24 de junio de 2013, a cuyo término
se resolvieron las postulaciones probatorias de las partes, decisión frente a la cual
la defensa interpuso recurso de apelación respecto de la negativa de excluir las
declaraciones de José Tomás Arrieta Acosta y Nurys Barrios Hurtado y la grabación
de la conversación sostenida entre el acusado y el citado ciudadano.
En esta sentencia se sostuvo con mas prioridad aspectos como, la apelación a los
autos que aprueban y deniegan pruebas, aun así se hizo referencia en aspectos
frente al tema que nos compete, es así como el tribunal en primera instancia
determina que:
“Está permitida la grabación de la llamada extorsiva, situación similar al hecho de
fijar en imagen o audio la propia voz en una conversación. Así, afirma, la
jurisprudencia nacional proscribe las grabaciones realizadas por terceros, pero no
las efectuadas por uno de los interlocutores, tal como ocurrió con José Tomás
Arrieta quien fijó su charla con el procesado, motivo por el cual no requería de
autorización judicial, pues, como custodio de la información a él revelada, tenía la
potestad de utilizarla en pro de sus intereses”.
Ya más adelante la corte se pronuncia frente al mismo aspecto haciendo claridad
que acorde con la jurisprudencia de esta Corporación, cuando una persona es
víctima de un hecho punible puede grabar su propia imagen y/o voz en el momento
en que es sometida a la exigencia criminosa, sin que requiera autorización judicial,
pues precisamente con ese documento puede iniciar las acciones pertinentes. Ello
porque la persona, de manera voluntaria, permite el conocimiento de sus
comunicaciones con el objetivo de demostrar la ocurrencia de la conducta delictiva
que la victimiza.
Obviamente, quien en estos eventos infringe la ley, al efectuar manifestaciones o
desplegar acciones delictivas, no puede refugiarse en dicha prerrogativa
constitucional para inhabilitar el uso del medio de convicción recaudado motu
proprio por la víctima, en tanto que la grabación constituye un acto defensivo ante
el atropello que padece.
La Sala ya más preciosamente se pronunció sobre este punto de la siguiente forma
“Si la víctima de un delito graba o autoriza la grabación de su voz o de su imagen
para efectos probatorios, mientras dialoga o interactúa con el implicado, obviamente
sin que éste consienta tales operaciones, podría generar una tensión aparente o
muy leve entre el derecho a la intimidad del implicado, y los derechos de la víctima
a la protección integral de las autoridades, a la verdad, a la justicia y a la reparación.
Ello, por cuanto en la expresión literal del artículo 15 de la Carta el derecho a la
intimidad solo puede ser interferido por orden de autoridad y en los términos que la
ley disponga; y porque siendo la comunicación un acto en el que necesariamente
deben intervenir el emisor y el receptor, generalmente con alternancia en esas
posiciones, la comunicación deja de ser privada, aunque sólo uno de ellos facilita
su consentimiento para que así ocurra.
Se precisa entonces ponderar tales derechos desde la perspectiva del mejor efecto
constitucional posible.
En ese ejercicio es razonable privilegiar el derecho de la víctima, puesto que al
establecer la verdad, dentro de un marco de justicia material, utilizando para ello las
voces y las imágenes así grabadas, se logran los fines constitucionales atribuidos
al proceso penal en mayor medida, que si se optara por la solución contraria; es
decir, si se concediera preponderancia a la intimidad del implicado como derecho
absoluto o intangible, mientras la autoridad judicial no disponga lo contrario.
Se dice en tal contexto que la tensión es solo aparente o muy leve, toda vez que no
se requiere confeccionar intrincados argumentos para encontrar la solución
adecuada, sino que la axiología constitucional ofrece la respuesta de manera obvia
y evidente.
Es claro que el de la intimidad es un derecho fundamental no absoluto y que puede
ser objeto de limitaciones, con fines constitucionales o con arreglo a la ley; en
cambio, la búsqueda de la justicia material dentro de un marco jurídico es un
principio superior fundante del Estado de derecho, una meta, un horizonte de
llegada, que no admite excepciones y que irradia todo el espectro jurídico desde el
Preámbulo de la Constitución Política” .

C. Corte constitucional sentencia su Sentencia SU159 del 6 de marzo del 2002.


El actor, obrando a través de apoderado especial, interpuso acción de tutela contra
la Fiscalía General de la Nación y la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema
de Justicia, invocando la vulneración de los derechos fundamentales a la igualdad,
intimidad y debido proceso, apoyándose al efecto en los hechos que a continuación
se resumen:
1.La revista “Semana” en su edición No. 798, correspondiente al período del 18 al
25 de agosto de 1997, publicó el artículo “Conversación entre ministros” en la cual
dio a conocer una comunicación telefónica donde el ministro de Minas y Energía,
Rodrigo Villamizar Alvargonzález, hablaba con el Ministro de Comunicaciones,
Saulo Arboleda Gómez, sóbrela adjudicación de una emisora en la ciudad de Cali,
a Mario Alfonso Escobar Izquierdo.
2. La Fiscalía General de la Nación ordenó apertura de investigación preliminar
mediante Resolución del 20 agosto de 1997, motivando la decisión en la noticia
difundida por los medios de comunicación.
3. Después de adelantarse la correspondiente investigación preliminar se ordenó la
iniciación formal de la investigación, la cual culminó con la acusación de Rodrigo
Villamizar Alvargonzález y Saulo Arboleda Gómez, por el delito de interés ilícito en
la celebración de contratos, como determinador y autor respectivamente, mediante
Resolución de 21 de octubre de 1998. Contra la anterior decisión se interpuso
recurso de reposición el cual fue definido el 17 de noviembre de 1998 mediante
resolución adversa a la defensa
4.La etapa del juicio se llevó a cabo ante la Sala de Casación Penal de la Corte
Suprema de Justicia, quien en sentencia del 25 de octubre de 2000 condenó a Saulo
Arboleda Gómez por el delito de interés ilícito en la celebración de contratos, a la
pena principal de54 meses de prisión y multa equivalente a 15 salarios mínimos
legales mensuales y a la pena accesoria de interdicción de derechos y funciones
públicas por tiempo igual al establecido para la pena de prisión. Igualmente se
abstuvo de condenar al señor Arboleda Gómez a la indemnización de perjuicios, por
considerar que los mismos no se causaron.
5. Si bien la Fiscalía acusó a los ministros Saulo Arboleda Gómez y Rodrigo
Villamizar Alvargonzález, la Sala Penal durante la etapa del juicio, en especial en la
sesión del 14 de mayo de 1999 dentro de la audiencia pública, declaró la nulidad
parcial del diligenciamiento en lo concerniente a la actuación adelantada contra el
doctor Villamizar por considerar que éste carecía del fuero establecido en el artículo
235 de la Constitución.
La Sala Penal estimó que “si bien cuando sucedieron los hechos investigados y al
inicio de la indagación preliminar dicho acusado se desempeñaba como Ministro de
Minas y Energía, ya no lo hacía; no teniendo relación la conducta punible atribuida
con ese cargo ni con las funciones que le correspondía desempeñar”. El defensor
del solicitó a la Corte Suprema que anulara toda la actuación cumplida a partir del
cierre de la investigación alegando que en la resolución de acusación se había
incurrido en el yerro de tratar al doctor Villamizar como funcionario en ejercicio lo
cual variaba sustancialmente los elementos fácticos de la acusación. La Corte
Suprema de Justicia resolvió dicha solicitud en la misma sentencia y concluyó que
además de ser extemporánea la situación del
petente “se mantiene sin modificación en ese sentido al resultarle indiferente el
cambio de
competencia funcional para el otro acusado que en nada altera la adecuación típica
de la
conducta señalada por la Fiscalía al formular la acusación”

Decisiones
En primera instancia Sala Jurisdiccional Disciplinaria del Consejo Seccional de la
Judicatura de Cundinamarca negó la protección solicitada por el actor, en cuanto a
que para la sala en que respecta a la informalidad de las pruebas obtenidas
considera que:
“Luego de un examen del acervo probatorio se determinó que la Sala de Casación
Penal mantuvo una posición consecuente con el razonamiento reiterado frente a la
existencia de pruebas ilícitamente allegadas en otros procesos. En este orden de
ideas, “para la Corte, la informalidad e ilicitud de una prueba, como en este caso de
las grabaciones clandestinas, de una llamada telefónica, no afecta la estructura
integral del proceso, si existen otros medios de prueba legalmente válidos para
fundamentar la responsabilidad penal”.
Con posterioridad la corte constitucional se pronuncia en cuanto a las Condiciones
de validez de la interceptación de comunicaciones y el derecho a la intimidad y
concluye que, aunque esta corporación ha estudiado el contenido y alcance del
derecho a la intimidad, que es el que directamente resulta comprometido por la
interceptación de comunicaciones. La doctrina constitucional desarrollada sobre la
materia distingue claramente el derecho a la intimidad de un particular y el derecho
a la intimidad de un funcionario o personaje público, y reconoce que si bien los
funcionarios públicos, por su investidura, no pierden su derecho a la intimidad, el
ámbito de éste es más reducido que el de los particulares, dado que el ejercicio de
sus funciones implica actuaciones públicas de interés general.

En cuanto a la protección de las comunicaciones privadas contra interceptaciones


arbitrarias, esta Corporación ha reiterado que el derecho a la intimidad garantiza a
los asociados una esfera o espacio de su vida privada, inmune a la interferencia
arbitraria de otros, en especial si la interceptación es realizada por agentes del
Estado, pero también cuando esa interferencia es realizada por personas privadas,
como cuando, por ejemplo, se divulgan a través de los medios de comunicación
situaciones o circunstancias que sean de exclusivo interés de la persona o sus
allegados. Esa doctrina constitucional también ha reconocido que el derecho a la
intimidad no es absoluto y ha señalado, por ejemplo, que cuando se trata de
personas y hechos de importancia pública, el derecho a la información prevalece
prima facie sobre el derecho a la intimidad