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En este ensayo me propongo trabajar sobre la frase de Aristóteles

plasmada en el libro primero de su política, “aquel que no necesite de la ciudad es

necesariamente una bestia o un dios”. Para ello tengo la intención de analizar la

relación que se presume que tiene lo animal con lo político. Esto a partir del zoon

politikon de Aristóteles, que parece desde entonces y hasta la fecha crear una

relación necesaria entre la animalidad y la actividad política. Esto desde la mirada

de autores como Michel Foucault, Jaques Derrida y Giorgio Agamben que

analizan la relación biológica y política que la problemática de un animal político

supone. El zoon politikon es un animal que sabe vivir en comunidad política, ahí

radica su humanidad, su status superior a la bestia. Sin embargo nunca se desliga

por completo de esta. Por lo que me gustaría también pensar en el concepto de

comunidad en Aristóteles aquel donde el zoon politikon tiene la facultad y la

obligación de ejercitar la política, característica importantísima de su condición

humana.

Aristóteles es un convencido al igual que Platón de la necesidad de la

comunidad, aunque tengan sus claras diferencias. Pensar al hombre como ser

individual, separado de la polis era imposible, es conocido que esta idea del

hombre en sociedad es una meta propia de la filosofía, recordemos que Hegel

consideraba que la libertad solo se podía alcanzar dentro de una sociedad.

Empero, me gustaría pensar es la posibilidad de una política sin comunidad, en

una política del individuo. Y por otro lado pensar en una impolítica de la

comunidad.
Esto lo quiero abordar desde la concepción de comunidad en pensadores

como Jean Luc-Nancy, Maurice Blanchot y George Bataille, y este a partir de la

posibilidad de un pensamiento político fragmentado, desde la disolución y la

imposibilidad del sujeto. Pretendo apoyarme en estos pensadores ya que

consideran que la comunidad es una realización imposible, sin embargo su

irrealización precisamente es lo que hace comunidad, en cada intento fallido, en

cada ensayo, se hace comunidad. La intención general de este trabajo es hacer

un análisis entre los conceptos de lo animal entre Aristóteles y Foucault, Agamben

y Derrida; y el concepto de comunidad en Aristóteles y la corriente francesa de

Luc-Nancy y Bataille.

"Es pues manifiesto que la ciudad es por naturaleza anterior al individuo, pues si el

individuo no puede de por sí bastarse a sí mismo, deberá estar con el todo político en la

misma relación que las otras partes lo están con su respectivo todo. El que sea incapaz de

entrar en esta participación común, o que, a causa de su propia suficiencia, no necesite de

ella, no es más parte de la ciudad, sino que es una bestia o un dios"1.

Con esta cita comienzo mi reflexión sobre la vida en comunidad del zoon politikon

que pretendió Aristóteles. Hasta nuestros tiempos el ejercicio político se entiende

exclusivo del hombre, porque posee un logos que lo dota de capacidad para

organizar la vida, suya y de los demás; en busca de un fin común y bueno. Un

animal posee la posibilidad de la sociabilidad, pero al no poseer lenguaje no está

al nivel del hombre de hacer política. Aquí yace una primera conclusión, el animal

no puede tener vida política, es como diría Agamben es nuda vida. Pero si

tomamos en cuenta las reflexiones de Jaques Derrida en sus seminarios titulados

1
Aristóteles, Política, Libro 1,1.
La bestia y el soberano podemos entender que entre lo político y lo animal existe

una relación intrínseca, a la vez de necesidad y de exclusión. El soberano político

posee características animales, las necesita para verse agresivo, Enrique I de

Inglaterra era llamado el león, Alberto I de Brandeburgo el oso, hasta José López

portillo valiente y heroicamente2 se trasformaba en perro para defender el peso.

Sin embargo el soberano entendido en términos hobbesianos3 solo es

soberano viviendo en oposición del animal, para ser soberano-animal se debe

poseer ciertas características. Pero no se puede ser animal-soberano, es decir

privilegiar la característica animal, la figura del león rey de la selva solo puede

entenderse en el terreno de la fábula. El caso de Incitatus4 como cónsul de Bitinia

quedara a la posteridad como una anécdota risible de un animal ocupando un

puesto político, exclusivo supuestamente, para la inteligencia humana. La división

entre lo político y lo animal configura a la ley, la figura del soberano es un artificio,

distinto a la bestia que es lo diferente. La bestia vive en un estado natural en la

violencia, la barbarie, el estado de naturaleza es un estado de violencia, de la

violencia se genera la guerra; un estado de guerra eterna era lo que Thomas

Hobbes pretendía acabar, la naturaleza, la bestialidad, son enemigos del

soberano, del político y de lo político.

2
Léase con total ironía.
3
Con esto quiero decir que hay que pensar al soberano como un poder absoluto, que busca terminar con el
miedo a la guerra y a barbarie, irónicamente fundando ley en el miedo, el leviatán es una bestia que busca
hacer derecho mediante medios bestiales.
4
Era el caballo predilecto del emperador Calígula. El cual se dice que por la locura del emperador, yo pienso
que por su poder excesivo superior a cualquier institución; fue declarado cónsul de Roma.
Esto me hace pensar en el problema de la vida nuda que plantea Giorgio

Agamben5, para el cual el estado tiene la función de patria potestas6 donde puede

acabar con la vida de sus ciudadanos. El estado, el soberano; tienen la capacidad

de definir como homo saccer a un sujeto privarlo de sus facultades jurídicas y

convertirlo en pura vida, en animal. Así el homo saccer ya no es un animal echado

de la polis, aun dentro de ella es un ser sin sujeto jurídico donde puede ser cazado

y matado, no es más un ciudadano, lo quw es interesante pensarlo con la figura

del gran criminal de Walter Benjamín. Más aun diría yo que para ser un homo

saccer, un animal pura vida, se requiere del Estado y de la ciudad misma para

llevar a cabo el juego del poder de la organización social contra la bestialidad de la

pura vida animal. Pues fuera de la maquinaria estatal, sería vida contra vida sin

leyes ni pactos, como tratar de sobrevivir en una isla desierta donde uno no vale

más que el otro.

En la antigua Grecia la polis era un ente absoluto superior al individuo. El

aparato social estaba facultado de dar muerte a un ciudadano dañino, pienso en

Sócrates obligado a beber cicuta por corromper a la juventud, pero apunto,

obligado por un lado por el aparato político y obligado por su sentido ético de la

ciudadanía por el otro. En Hobbes también el estado es un leviatán, un soberano-

bestia dueño de las vidas de los demás. Pero ya para Foucault el poder soberano

se encontrará regulado, el derecho de muerte se convierte en derecho de

administración de la vida, aunque agregaría yo la administración de la muerte

también, esa es la función del derecho. Ahora ya no se trata de defender al

5
Ver. Agamben, Giorgio, Homo Saccer II. Estado de excepción y nuda vida. Pre-textos Valencia, 2004.
6
Figura jurídica del derecho romano.
soberano ahora se defiende a la vida, por lo cual se implementan una serie de

tecnologías y biopoliticas de instituciones estatales encargadas de vigilar ese

cuidado de la vida, la policía, el ejército, la religión, la clínica, la fábrica, la escuela;

tal como lo ha pensado Foucault.

Pero ese contrato social, ese estado derecho solo se alcanza entre un

soberano y un pueblo, entre un pastor y su rebaño; el soberano no deja de lado su

poder bestial es un rey-lobo. Representa su poder como diría Hobbes como

leviatán. Pensemos en la figura del leviatán, una bestia poderosísima que procura

salvaguardar a sus ciudadanos matando y engullendo a sus enemigos. “El

derecho sobre las bestias se adquiere de la misma manera que sobre los

hombres, a saber, por la fuerza y los poderes naturales. Pues, si en el estado de

naturaleza les estuviese permitido a los hombres […] someter y matar a sus

semejantes […], con mayor razón todavía lo mismo ha de ser permitido en lo que

concierne a las bestias”7. Volviendo a pensar a la bestia, el salvaje como el sin

sujeto jurídico. El leviatán es la bestia soberana, superior al animal-bestia,

entendida esta figura solo como vida y como barbarie. Sin embargo el soberano-

bestia busca otra categoría, la de dios, como pastor, el pastor es de una

naturaleza superior a la de su rebaño, lo mismo que los pastores de hombres, que

son sus jefes, […] Así razonaba, según Filón, el emperador Calígula, concluyendo

[…]que los reyes eran dioses, o que los pueblos eran bestias8. El soberano ejerce

la violencia como bestia, pero también posee la jerarquía de un dios que está

7
Derrida, Jaques, Seminario la bestia y el soberano Volumen I (2001-2003), Bordes Manantial, Buenos Aaires,
2010, p.55.
8
Ibíd., p.31.
fuera de la ley, pero no debajo si no encima pues él con su bestialidad la ha

creado. El soberano de acuerdo a Aristóteles lo es todo, está dentro de la polis, es

bestia y es dios.

Esta idea acotada de ley, de estado y de derecho la pienso como una

comunidad homogénea como lo plantea George Bataille. Una comunidad

homogénea es aquella que instaura y perpetua jerarquías, dogmas, en busca de

fines el estado homogeniza en nombre de la eficacia, de la productividad, del

orden a lo que Bataille llama tiempo profano. Pensemos en una comunidad tanto

como idea, como representación material pienso de nuevo en las polis griegas, o

las grandes ciudades modernas, dentro de ellas todo es progreso9, fuera de ellas

esta lo bestial, lo bárbaro, lo improductivo pienso en la repulsión que Sócrates

sentía respecto las festividades dionisiacas, donde hombres y mujeres desnudos,

en trance cubiertos de pieles ensangrentadas bramaban con locura, y lo hacían a

las afueras de la polis. Volvamos a pensar en las instituciones propias de lo

homogéneo que ya plateo Foucault, la policía, la clínica, la fábrica, la escuela;

quien no pueda o no quiera homogenizarse al sistema estatal, debe estar fuera

como bestia o como dios. Quien ya no participa de la maquinaria capitalista de la

producción ya no es más fuerza de trabajo, vuelve a ser pura vida sin las

obligaciones pero sobre todo sin derechos que esto conlleva.

Pienso entonces como contraparte en una comunidad de lo abierto,

comunidad inconfesable, comunidad imposible, comunidad sin comunidad,

9
Es necesario aclarar que el la antigua Grecia no se hacía uso de la noción de progreso, en las sociedades
modernas particularmente como las pensaban Hegel y Kant sí. Sin embargo, utilizamos el término progreso
para ambos tipos de sociedades en sentido de civilización y superioridad a otro forma de organización fuera
de estas.
comunidad universal. Una comunidad de lo heterotópico, una comunidad que

piense sin jerarquías y sin limitaciones, una comunidad que no se piense en

términos de déficit, sino de exceso festivo, una comunidad política sin política

donde no haya enemigo, donde no haya el de afuera. Una comunidad como la que

piensa Aristóteles es un cuerpo del estado, tiene una cabeza que es el soberano,

el rey filósofo, el leviatán, el príncipe, no importa cómo le hallan llamado es una

cabeza, cortémosla y pensemos en un cuerpo acéfalo. Acéfalo, como era todo el

proyecto de pensamiento de Bataille, sin fines, sin producciones una comunidad

como la comunidad artística que piensa Walter Benjamín donde todo lo que es,

existe instantáneamente mientras se reproduce, sin más. Pensemos en una

comunidad donde no hay comunidad, si la comunidad es imposible como fin último

de las fuerzas humanas y su desarrollo en el tiempo. Sería bueno pensar al menos

en la posibilidad de una comunidad acéfala y deforme que solo existe en el

momento en que lo intenta, desaparece y lo vuelve a intentar, y vuelve hacer

comunidad; en una especie de eterno retorno.

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