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DEONTOLOGIA JURIDICA DEL ABOGADO.

En las primeras etapas de vida del ser humano es decir en su formación, este adquiere
ciertas facultades morales influenciadas por su entorno y que lo van estructurando de
acorde a todos esos factores inculcados en él, esto sucede desde que entendemos la
integración de la persona en un nucleó familiar, todos a su alrededor lo instruyen con
valores morales trasmitidos desde sus antecesores. Esa misma teoría se aplica en la
formación profesional, aunque sin embargo la base para lograr esta formación profesional
inicia desde las primeras etapas, el carácter deontológico es inherente a toda profesión, ya
que del deber moral y ético es que se desprende la confianza brindada por nuestros iguales
como verdaderos profesionales en la materia.

Cada profesión tiene sus propias directrices prestablecidas por un orden moral nacido desde
épocas inmemorables, este a su vez rige como pieza fundamental del hombre en sociedad,
es decir lo que es admisible y lo que no lo es, para el caso de la profesión de la abogacía fue
necesario establecer normas literales, basadas en el carácter deontológico que debe tener la
profesión como la ley 1123 del 2007, esta con el fin de recordar que la profesión promovida
por cada jurista, debe ser acorde a las normas morales sin olvidar que como amantes de las
normas debemos respetarlas y actuar correctamente, la palabra deontología se desprende en
su origen de “deber” ese deber ético que nunca debemos dejar a un lado, porque nacemos
como profesionales de manera integral y no como personas conocedoras de normas para
aprovecharse negativamente de ello, debemos aportar positivamente a la reconstrucción de
un verdadero estado social del derecho y para ello es necesaria la deontología jurídica de la
abogacía, es decir el respeto que debe estar inmerso en la formación del profesional hacia la
constitución, principios, valores, la dignidad, el debido proceso etc.