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Buenas Nuevas

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El Método Catequístico

10) Consideraciones Generales sobre el Método

Por Luis M. Benavides

“Primero vivimos, después reflexionamos sobre la vida. El aprendizaje del amor


de pareja, la educación de los hijos, la tarea de la evangelización, la espiritualidad y
tantos otros asuntos vitales para el hombre son, en primer lugar, vividos y luego,
sistematizados.” 1

P. Francisco De Vos.

Hablar de método muchas veces significa reducir o encuadrar la realidad y mucho más, cuando
se trata de realidades que hacen a la interioridad del hombre y su proyección hacia los demás o hacia
Dios.

Cuando se trata de Metodología Catequística los límites de los métodos aparecen más a la
vista. Evidentemente la adhesión de los catequizandos a la fe es fruto de la Gracia. Esta adhesión
no depende, en última instancia del catequista; sino del accionar de Dios y de la respuesta libre del
hombre a tal accionar. Para que un método pueda ser aplicado a la catequesis ha de ser coherente
con los criterios evangélicos y con la finalidad de comunicar la verdad revelada.

Teniendo en cuenta estas consideraciones es que podemos hablar de Método: “como un


camino para llegar hacia...” y transmitirlo también a otros. Evidentemente, no existe ningún
método totalmente original y nuevo. El conjunto de un método será siempre el resultado de una
síntesis. La Iglesia ha ido madurando y rumiando, a lo largo de los siglos, la mejor manera de
transmitir la Buena Noticia y esa experiencia en la educación de la fe, que es reflejo de la pedagogía
de Dios, se ha ido adaptando y sistematizando, de acuerdo a las necesidades y los signos de los
tiempos; quedando plasmada en lo que hoy conocemos como Metodología Catequística. (cfr.
DCG, 148) .

La experiencia fundacional del cristianismo nos muestra a las claras que la misión
evangelizadora no se entiende sin comunidad. La comunidad pertenece al núcleo de la
experiencia cristiana. De allí, se desprende que, para hablar de Método Catequístico
necesariamente tenemos que hablar de catequizar con los demás, de catequizar en comunidad.

Las grandes líneas de la metodología catequística, las experiencias nuevas, las propuestas
distintas, la formación de los catequistas; todo debe y tiene que ser aprendido en Iglesia. Nuestra
tarea es una tarea en comunión y participación. En comunión con la Doctrina Social de la Iglesia
(expresada en la variedad de documentos oficiales) y en participación con nuestros hermanos,
1
De Vos, Francisco. Metodología Catequística. Edic. Don Bosco; Bs. As., 1981. Colección: “Al servicio del Reino,
nº 26, p.5.
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miembros del Pueblo de Dios, guiados por nuestros pastores: los obispos.

El catequista es el que pone en práctica el método, pone parte de él en lo que hace. Esto
no significa que cada catequista tenga "su" método; pero sí, que el método catequístico como
instrumento, sea presentado de manera única y personal. El catequista es intrínsicamente el
mediador que facilita la comunicación entre las personas y el misterio de Dios, entre Dios y los
catequizandos, entre la comunidad y sus miembros. El catequista reconoce que el método está al
servicio de la revelación y de la conversión y por eso ha de servirse de él, en absoluta fidelidad a
Dios y al hombre; fidelidad al Mensaje Evangélico y al sujeto de la catequesis..

El catequista es un simple "puente" entre Dios y los niños; un instrumento del amor de Dios.
Una sólida espiritualidad y un testimonio de vida cristiana en el catequista constituyen el alma
de todo método.

"Los niños leen más en el catequista que en el libro,


se impregnan más de su conducta que de sus palabras,
se les graba más con los ojos que con los oídos.
Son como la esponja: absorben todo lo que ven."

JUAN PABLO I

El Método Catequístico

11) El Actuar Catequístico de Jesús

Por Luis M. Benavides

Jesús mismo es el Mensaje de Salvación, la Palabra Eterna hecha carne. Él revela y transmite
su Palabra, es decir, Él mismo se entrega a nosotros por amor. Ésa es la Buena Noticia: Dios se
hace presente en medio de nosotros, de manera plena y definitiva, a través de su Hijo Jesús.
(Lc. 2,10-11; Jn. 1,1-18; Hech.2,22-36; 13,16-41; 1ª Carta de Juan 1,1-14).

Jesús es el primer y único catequista, es EL CATEQUISTA. Nadie mejor que Él para


enseñarnos a transmitir su propia Palabra. Por ello, vamos a intentar dirigir nuestra mirada atenta a
la forma en que Él proclamaba y anunciaba su Palabra, dicho de otra manera, a la forma en que
Jesús catequizaba. Él es el modelo, el prototipo, el perfil ideal de todo catequista y en Él debemos
apoyarnos para que nuestra labor dé sus frutos.

Entre todos los textos tan ricos que la Palabra de Dios nos ofrece, existe un pasaje evangélico
que siempre me ha emocionado y conmovido: es el encuentro entre Jesús y la Samaritana.

JESÚS Y LA SAMARITANA (Jn 4,1-30 y 39-42)

Es fascinante seguir de cerca el proceso que realiza Jesús al ayudar a la samaritana a


encontrarse con Él, consigo misma y con sus hermanos. Vamos, precisamente, a tomar este texto
como punto de partida para la reflexión y el análisis del actuar catequístico de Jesús.

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Les sugiero que realicen una lectura pausada y atenta del texto. Imagínense la situación, los
movimientos, la ubicación geográfica, el tono de voz, la cadencia; pero sobre todo centren la
atención en el accionar de Jesús, en su modo de encarar una situación tan delicada. (LEER EL
TEXTO).

Jesús se encuentra fatigado y cansado en el pozo de Jacob, con la mujer. Los pozos en aquella
época, solían quedar a unos kilómetros del pueblo. La gente tenía que llegarse a ellos varias
veces al día, portando el agua en cántaros de gran peso. Es en esa situación que se encuentran
Jesús y la samaritana. Vamos a analizar minuciosamente el diálogo entre ellos:

JESÚS LA SAMARITANA

- "Dame de beber." -Cómo tú que eres judío, me pides de beber a mí,


que soy samaritana?..."

- ..."Si conocieras el don de Dios y quién es el -Señor no tienes nada para sacar el agua y el
que dice: "Dame de beber", tú misma se lo pozo es profundo. ¿De dónde sacas esa agua
hubieras pedido y él te habría dado agua viva." viva? ¿Eres acaso más poderoso que nuestro
padre Jacob?..."

-"El que bebe de esta agua vuelve a tener sed, -“Dame de esa agua para que no sufra más sed, ni
pero el que beba del agua que yo le daré, no tenga que volver aquí a sacarla."
volverá jamás a tener sed."
-"Ve y llama a tu marido." -"No tengo marido..."
Jesús continuó: -"Es verdad lo que dices, que
no tienes marido, has tenido cinco y el que -"Señor, veo que eres un profeta... Pero ¿dónde
tienes ahora tampoco es tu marido." adorar a Dios, aquí o en Jerusalén?

-"...ni aquí ni en Jerusalén., los verdaderos -“Yo sé‚ que el Cristo está por venir.
adoradores, adorarán al Padre en Espíritu y Cuando él venga nos aclarará todo.”
Verdad."

¡ÉSE SOY YO, EL QUE HABLA CONTIGO!

La mujer dejó su cántaro y corrió a la ciudad y dijo a la gente:


¡Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho!
¿No será el Mesías?"

Salieron entonces de la ciudad y fueron a su encuentro...


Muchos samaritanos creyeron en él por las palabras de la mujer...
Muchos más creyeron en él a causa de su palabra y decían a la mujer:

"YA NO CREEMOS POR LO QUE HAS DICHO,


NOSOTROS MISMOS LO HEMOS OIDO Y SABEMOS QUE
ÉL ES VERDADERAMENTE EL SALVADOR DEL MUNDO."

EL PROCESO METODOLÓGICO DE JESÚS

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Evidentemente, Jesús no habla en los Evangelios de un método catequístico, pero sí podemos
percibir una manera de obrar, una "pedagogía", una "metodología" que le es propia y que utiliza con
frecuencia. Es fascinante ver cuál fue el proceso que utilizó Jesús para llegar al corazón de la
samaritana y que podríamos resumir de la siguiente manera:

1) JESÚS PARTE DE LA REALIDAD DE VIDA O


DE LA SITUACIÓN EXISTENCIAL DE LA SAMARITANA.

La samaritana tenía su historia, sus creencias, su manera de relacionarse con los otros, su
propia forma de vida. Ella no sabía ni podía crecer como persona. Se había transformado en un
lugar de paso, para los hombres; de odio para las mujeres y en un motivo de escándalo para la
comunidad. Era una mujer adúltera.

Jesús no se escandaliza ante tal realidad, muy por el contrario, la respeta y ama
profundamente, al punto tal que decide ayudar a la mujer a reencontrarse con su historia. Por eso,
él toma la iniciativa, da el primer paso y luego procede delicada y respetuosamente. Sin apremios,
pero con marcada insistencia; sin cesar de llevarla por los caminos del amor y las exigencias de una
vida mejor.

Y esto es lo primero que precisamente tenemos que aprender los catequistas: A AMAR Y
RESPETAR PROFUNDAMENTE LA REALIDAD DE NUESTROS CATEQUIZANDOS, en
nuestro caso, los niños; no imponiéndoles nada, sino acercándolos al Amor de Dios.

2) JESÚS ANUNCIA SU PALABRA: "YO SOY EL CRISTO"

Recién cuando la tierra estaba preparada; es decir, cuando la samaritana estaba predispuesta, es
que Jesús anuncia su Palabra, transformadora, viviente, operante. Generando un cambio de vida,
un cambio fundamental en el corazón y en la vida de la samaritana. De la misma manera, la Palabra
del Señor opera la Salvación y la Redención, en nosotros y en nuestros catequizandos, con una
fuerza extraordinaria.

3) SE PRODUCE UN CAMBIO DE VIDA O RESPUESTA VITAL EN LA SAMARITANA

La mujer sacudida por el amor de Jesús, tocada y sanada por la Palabra de Dios se encuentra y
acepta a sí misma. Esto le permite descubrirse, abrirse a los demás y al Otro. La samaritana no sólo
vuelve corriendo a su pueblo -dejando el cántaro y con él, su vida anterior- sino que irrumpe llena de
vida en la realidad cotidiana de su gente, testimoniando su encuentro con el Dios Viviente.

La samaritana pasa de ser DISCÍPULA (seguidora) de Jesús para convertirse en APÓSTOL


(testigo o anunciadora) de la Buena Noticia, es decir, se transforma en CATEQUISTA: lleva sus
hermanos hasta Jesús. De esa manera, se convierte en un puente para que sus hermanos conozcan a
Jesús y luego, ellos mismos lo reconozcan como el Salvador, transformándose, a su vez, en
discípulos del Maestro y nuevos apóstoles de su mensaje.

Y ésta es la experiencia que se viene transmitiendo de persona a persona, de corazón a


corazón, de padres a hijos, de catequistas a sus catequizandos; desde hace más dos mil años en el
seno de la Iglesia, cumpliendo con el mandato del Señor: “vayan y hagan discípulos mío a todos
los hombres enseñándoles a cumplir todo lo que les he mandado...” (Mt 28,20)

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El Método Catequístico

12) La Estructura básica de la Catequesis

Por Luis M. Benavides

Desde el Concilio Vaticano II se ha insistido en la renovación catequística y sus métodos. Lo


que ahora les presento es algo así como la resultante de la maduración catequística en los
últimos treinta años. Este método, con las debidas adaptaciones, es válido para cualquier tipo
de acción catequística (adultos, niños, encarcelados, adolescentes, discapacitados, etc.) y que,
precisamente, está basado en el accionar catequístico de Jesús, en la pedagogía de Dios.

Retomando, entonces la reflexión que hacíamos sobre el encuentro entre Jesús y la samaritana, y las
reflexiones que emanan del Directorio Catequístico General, podemos intentar vislumbrar en el
actuar catequístico de Jesús tres momentos bien definidos, que bien se podrían estructurar de la
siguiente manera:

2 ANUNCIAR LA

PALABRA DE DIOS

3 PROVOCAR UN CAMBIO
1 PARTIR DE LA
DE VIDA, RESPUESTA DE FE
SITUACIÓN DE VIDA O COMPROMISO

Estos tres momentos utilizados por Jesús aparecen de una manera u otra, jalonados en el
Nuevo Testamento en diversos pasajes. No pretendo analizar dichos textos aquí, pero ustedes
pueden hacerlo y van a comprobar que dicha estructura (SITUACIÓN DE VIDA-
PROCLAMACIÓN DE LA PALABRA-RESPUESTA) se presenta con frecuencia en los
evangelios.
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Les indico algunos textos, para que profundicen el camino seguido por JESÚS COMO
CATEQUISTA: Jesús y Zaqueo: Lc. 19,1-10; Curación del sordomudo: Mc. 7,31-37; Curación
del paralítico: Jn. 5,1-14; Curación de los leprosos: Lc. 7,11-19; Elección de los apóstoles: Mc.
3,13-18; La mujer adúltera: Jn. 8,1-11; Jesús y el ciego de nacimiento: Jn. 9,1-41; Los apóstoles
en Pentecostés: Hech. 2,13-41.

¡Qué interesante sería realizar un relectura de los evangelios desde la óptica de Jesús
catequista! Atendiendo a las actitudes que toma Jesús, a cómo anuncia su palabra, a su manera de
catequizar, a su forma de proceder como educador de la fe. Seguramente esta relectura nos ayudará
muchísimo a reubicarnos como pregoneros de su vida y de sus palabras.

“La experiencia humana en la catequesis hace que nazcan en el hombre


intereses, interrogantes, esperanzas e inquietudes, reflexiones y juicios, que
confluyen con en un cierto deseo de transformar la existencia... La catequesis
deberá procurar que las personas estén atentas a sus experiencias más importantes,
ayudar a juzgarlas a luz del Evangelio las preguntas y necesidades que de estas
experiencias brotan, educar la hombre a vivir la vida de un modo nuevo...

La experiencia ayuda a hacer inteligible el mensaje cristiano... la experiencia


asumida por la fe viene a ser en cierto modo ámbito en el que se manifiesta y realiza
la salvación...

La iluminación y la interpretación de la experiencia a la luz de la fe se convierte


en una tarea permanente de la pedagogía catequética... haciendo posible una
correlación entre las experiencias humanas profundas y el mensaje revelado...

DCG, 152 y 153

El Método Catequístico

13) Los tres grandes pasos del encuentro catequístico

Por Luis M. Benavides

1) PARTIR de la SITUACIÓN DE VIDA o EXPERIENCIA VITAL DEL CATEQUIZANDO.

Partimos de la experiencia humana, de lo que le pasa o acontece al catequizando en su vida


personal y comunitaria. La vida concreta que está viviendo y que tiene cierta importancia, que le
afecta, que le impacta. ¡OJO: no se trata de la experiencia personal del catequista!

Este proceso implica conocer para amar. Conocer el aquí y el ahora del grupo de
catequizandos; en nuestro caso, los niños. Es decir, conocer sus valores, sus normas, su
psicología, sus manifestaciones, su historia, su contexto familiar y social, su sexualidad, su
religiosidad, sus formas de expresarse, su lenguaje propio, sus preocupaciones fundamentales; en una
palabra, sus interrogantes vitales. Se trata de MIRAR LA VIDA. Esto implica atender a la
DIMENSION ANTROPOLÓGICA presente en el catequizando.

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Dicho de otra manera, CONOCER EL CUESTIONAMIENTO VITAL QUE MOVILIZA
TODO SU SER y lo coloca en tensión hacia lo absoluto. El catequista debe ayudar al catequizando
a que profundice su propia situación, que la relacione con lo que también le pasa a los otros y que se
lance a la búsqueda en común, a la búsqueda existencial, condición indispensable para poder esperar
algo de Dios.

Es indispensable un diálogo sincero y profundo, una auscultación atenta y lo más realista


posible, con el grupo de niños sobre cuáles son realmente sus preocupaciones y aspiraciones
esenciales. Debemos prestar mucha atención a la situación, al aquí y ahora en que se encuentran los
niños con los cuales trabajamos.

Para ello tendremos que tener presente:

 los rasgos psicológicos evolutivos propios de la edad;


 su situación afectiva; la integración familiar y grupal;
 las capacidades intelectuales, psicomotrices y socioafectivas;
 los intereses y expectativas que más los atrapan;
 las experiencias históricas de estos niños concretos: situación y ambiente familiar, el contexto
barrial y social en que viven;
 la cultura familiar, grupal y social en que se mueven: los programas de TV que más ven; los
modelos culturales y deportivos; los juegos en que participan‚ etc.
 el bagaje y formación religiosa que traen de sus casas;
 el nivel de pertenencia a la Iglesia o de relación con ella.

2) EL ANUNCIO O PROCLAMACIÓN DE LA PALABRA DE DIOS

La situación de vida anterior es vista a la luz de la Palabra de Dios. Se ayuda al catequizando y


a su grupo a iluminar su vida con el Evangelio. La Palabra de Dios es el núcleo fundamental, el
centro de toda catequesis. Sin Palabra de Dios no hay catequesis, ya que ella es el eje de la
educación de la fe. Ella es la "fuente viva" de la catequesis. La Palabra de Dios es el contenido
mismo de la catequesis, ya que: “La Palabra se hizo carne y plantó su tienda entre nosotros” (Jn.
1,14).

Por ello, decimos y hablamos de la DIMENSION CRISTOCÉNTRICA DE LA


CATEQUESIS. Jesús es fuente, contenido y mediador de la Palabra, él mismo es el contenido
fundamental y unificante de toda la catequesis. El catequista, como la samaritana tiene que provocar
en la catequesis el encuentro personal y comunitario con Jesucristo.

Todo esto supone que el mismo catequista tenga un contacto asiduo y directo con la Palabra.
Un catequista que no lee, reflexiona, estudia ni ora la Palabra de Dios, pronto no hará más que
anunciarse a sí mismo. El catequista debe ser un gran "escuchador" de la Palabra, ya que él es
el portador de un mensaje, que él mismo recibió a su vez y debe releerlo continuamente para
mantenerlo vivo en su corazón.

3) LA RESPUESTA PERSONAL O CAMBIO DE VIDA FRENTE A LA EXPERIENCIA DE


LA FE

La Palabra de Dios se dirige al hombre para que escuche su invitación y responda a su amor.
La tercera etapa, en todo proceso catequístico, es la respuesta personal. El encuentro con el Dios

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viviente (con su Palabra) provoca, pide y exige una respuesta personal. La respuesta debe ser una
respuesta libre y debe conducir al hombre a una libertad cada vez mayor.

El hombre responde libremente a la llamada de amor de Dios por medio de un CAMBIO DE


VIDA, que se expresa la búsqueda y conversión diaria a la voluntad de Dios en nuestras vidas. Este
cambio, esta respuesta se manifiesta especialmente en comunidad. Sin comunidad no hay catequesis.
El anuncio del Evangelio no es individualista, muy por el contrario, es un anuncio comunitario. De
allí que podemos hablar de la DIMENSIÓN ECLESIAL DE LA CATEQUESIS.

La vida de fe se manifiesta exteriormente en un MODO DE VIDA, en un


COMPORTAMIENTO NUEVO, en CONDUCTAS RENOVADAS. Como dice el apóstol
Santiago: "... la fe se demuestra con obras." (Sant. 2,14-25; Jn.10, 25.37-38; 1Jn. 3,18; Mt. 5,16)
De todos modos, el compromiso de vida surge más profunda y auténticamente con la maduración de
la fe en los años posteriores.

1') NUEVA SITUACIÓN DE VIDA

Los tres pasos anteriores se suceden continuamente; ya que, luego de que el individuo o grupo
cambiaron en algo sus vidas, se genera una NUEVA SITUACIÓN DE VIDA que necesita ser
iluminada con el Evangelio otra vez, para producir un nuevo cambio y así, sucesivamente. Por
supuesto que, al tratarse de seres humanos, todo este proceso puede interrumpirse, trabarse,
adelantarse y modificarse una y otra vez. Por ello, siempre habrá que recomenzar, como la vida.

"En el centro de la catequesis encontramos esencialmente una Persona, la de Jesús de Nazaret,


Unigénito del Padre, que ha sufrido y ha muerto por nosotros y que ahora, resucitado, vive para
siempre con nosotros... Catequizar es... descubrir en la Persona de Cristo el designio eterno de
Dios... Se trata de procurar comprender el significado de los gestos y de las palabras de Cristo,
los signos realizados por Él mismo". El fin de la catequesis: "conducir a la comunión con
Jesucristo: sólo Él puede conducimos al amor del Padre en el Espíritu y hacemos partícipes de
la vida de la Santísima Trinidad".

Catecismo de la Iglesia Católica, 426


El Método Catequístico

14) Las Fuentes de la Catequesis

Por Luis M. Benavides

LAS FUENTES Y CONTENIDOS DE LA CATEQUESIS

Se conocen como fuentes de la catequesis los lugares y ámbitos donde es posible encontrar el
contenido de la catequesis y, también, donde brota la acción misma de la catequesis.

La Palabra de Dios, fuente primera de la Catequesis

La Palabra de Dios es la fuente primera de toda acción eclesial y, por tanto, de toda acción
catequística. La catequesis extraerá principalmente su contenido de la fuente viva de la Palabra de

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Dios (Cathechesi Tradendae, 27); recuperando el catequista su definición más antigua, como el que
instruye en la Palabra (Gal 6,6). La Palabra de Dios es Jesucristo, el Verbo hecho hombre y que su
voz sigue resonando por medio del Espíritu Santo en la Iglesia y en el mundo.

La Palabra de Dios, ha sido trasmitida con cariño y celo por la Iglesia, que, guiada por el
Espíritu, a través de los siglos, no ha procurado otra cosa que contemplarla con profundo espíritu de
fe, escucharla piadosamente, custodiarla santamente y anunciarla fielmente. De esta forma, las
Sagradas Escrituras y la Tradición constituyen el único depósito sagrado de la Palabra de Dios,
confiado a la Iglesia. La Tradición se ve reflejada en el Magisterio de la Iglesia, cuya función es
interpretar auténticamente la Palabra de Dios, no colocándose por encima de ella, sino a su servicio
(DV 10;ver DGC 94-96).

La fuente y "las fuentes" del mensaje de la catequesis

La Sagrada Escritura como fuente principal de la catequesis:

 es meditada y comprendida cada vez más profundamente por el sentido de la fe de todo el


Pueblo de Dios, bajo la guía del Magisterio, que la enseña con autoridad;
 se celebra en la liturgia, donde constantemente es proclamada, escuchada, interiorizada y
comentada;
 resplandece en la vida de la Iglesia, en su historia bimilenaria, sobre todo en el testimonio de
los cristianos, particularmente de los santos;
 es profundizada en la investigación teológica, que ayuda a los creyentes a avanzar en la
inteligencia vital de los misterios de la fe;
 se manifiesta en los genuinos valores religiosos y morales que, como semillas de la Palabra,
están esparcidos en la sociedad humana y en las diversas culturas.

ESCRITA LA BIBLIA

CELEBRADA LA LITURGIA

LA PALABRA EXPLICITADA EL MAGISTERIO

DE DIOS VIVIDA VIDA DE LA IGLESIA

MANIFESTADA LOS SIGNOS


DE LOS TIEMPOS

La fuente viva de la Palabra de Dios y las “fuentes subsidiarias” que de ella derivan y en las que
ella se expresa, proporcionan a la catequesis los criterios para transmitir su mensaje a todos
aquellos que han tomado la decisión de seguir a Jesucristo. De ellas extraeremos los contenidos
de nuestra catequesis.

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Los contenidos de la catequesis

Los contenidos responden al “QUÉ” de la catequesis. Enuncian aquellos elementos


fundamentales del contenido de la fe y de la formación litúrgica y testimonial que nos proponemos
enseñar a los niños.

Para la selección y distribución de los contenidos en el año es necesario tener en cuenta que
debemos agruparlos en unidades lógicas de aprendizaje catequístico o, núcleos catequísticos.

Entonces, según lo expuesto, los grandes temas de la Catequesis de niños los extraeremos de:

 La Sagrada Escritura.
 Los Documentos de la Iglesia, en especial el Catecismo de la Iglesia Católica.
 Las Programaciones y Orientaciones para la Catequesis de las Conferencias
Episcopales.
 Los Lineamientos Curriculares para la Catequesis en las Escuelas Católicas, de
las respectivas Conferencias Episcopales.
 Los lineamientos, programaciones y orientaciones diocesanos.
 Los lineamientos, programaciones y orientaciones congregacionales, parroquiales
o institucionales.
 La situación vital de los niños: sus necesidades, inquietudes, interrogantes y
experiencias vitales.
 La experiencia propia y personal de cada catequista, compartida con la
comunidad de catequistas.
 Los tiempos litúrgicos y las actividades institucionales.
 Los diferentes libros de texto y manuales de catequesis para niños.

El Método Catequístico

14) Las Fuentes de la Catequesis

Por Luis M. Benavides

Entre las tareas fundamentales que la catequesis debe llevar adelante, el Directorio
Catequístico General destaca la necesidad de ayudar a conocer, celebrar, vivir y contemplar el
misterio de Cristo. (Cfr. DCG 85-87). Estas tareas son:

a) Propiciar el conocimiento de la fe.


b) La iniciación y educación litúrgica.
c) La formación moral.
d) Enseñar a orar.
e) La iniciación y educación para la vida comunitaria.

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f) La iniciación para la misión.

a) Propiciar el conocimiento de la fe

El que se ha encontrado con Cristo desea conocerle lo más posible y conocer el


designio del Padre que Él reveló. Ya en el orden humano, el amor a una persona lleva a
conocerla cada vez más. La catequesis debe conducir, por tanto, a la comprensión paulatina
de toda la verdad del designio divino, introduciendo a los discípulos de Jesucristo en el
conocimiento de la Tradición y de la Escritura (Flp 3,8). Los conocimientos son básicos e
importantes, aunque por sí solos incompletos; complementan la experiencia de fe. Sin
conocimientos nuevos o profundización de los ya adquiridos no hay catequesis ni
crecimiento en la fe. Los conocimientos deben ser ciertos, seguros y adaptados a la edad de
los niños.

b) La iniciación y educación litúrgica

En efecto, Cristo está siempre presente en su Iglesia, sobre todo en la acción litúrgica.
La comunión con Jesucristo conduce a celebrar su presencia salvífica en los sacramentos y,
particularmente, en la Eucaristía. La Iglesia desea ardientemente que se lleve a todos los fieles
cristianos (entre ellos a los niños) a aquella participación plena, consciente y activa que exige
la naturaleza de la liturgia misma y la dignidad de su sacerdocio bautismal. En este campo, las
Celebraciones de la Palabra constituyen un ámbito privilegiado de iniciación litúrgica.

c) La formación moral.

La conversión a Jesucristo implica caminar en su seguimiento. La catequesis debe, por


tanto, inculcar en los discípulos las actitudes propias del Maestro. La evangelización, que
comporta el anuncio y la propuesta moral, difunde toda su fuerza interpeladora cuando, junto
a la palabra anunciada, sabe ofrecer también la palabra vivida. La catequesis es
esencialmente la transmisión de una experiencia vivencial que sólo se alcanza, viviéndola.
Sin experiencias de fe no hay catequesis. (Cfr. Jn. 15,4-17; Jn.17, 6-8.18-26; 1Jn. 1,1-
14;Evangelii Nuntiandi nº46). Si no hay conexión con la vida del catequizando, la catequesis
pierde su sentido.

d) Enseñar a orar

La comunión con Jesucristo lleva a los discípulos a asumir el carácter orante y


contemplativo que tuvo el Maestro. Cuando la catequesis está penetrada por un clima de
oración, el aprendizaje de la vida cristiana cobra toda su profundidad. La oración es la META
CULMINANTE de la catequesis. Sin oración no hay catequesis. Es indispensable hablar
"con" Dios además de hablar "de" Dios. El papel de la catequesis es llevar al encuentro con
Dios Padre, con Dios Hijo y con Dios Espíritu.

e) La educación para la vida comunitaria.

La vida cristiana en comunidad no se improvisa y hay que educarla con cuidado.


Para este aprendizaje, la enseñanza de Jesús sobre la vida comunitaria reclama algunas
actitudes que la catequesis deberá fomentar: el espíritu de sencillez y humildad; la solicitud por
los más pequeños; la atención preferente a los que se han alejado; la corrección fraterna; la
oración en común; el perdón mutuo. (Jn 13,34). Los niños tienen que sentirse partícipes
de la Iglesia, desde sus primeros pasos en la catequesis. Es esta actitud de acogida, de
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pertenencia, de adhesión a la comunidad la que posibilitará en el futuro hacerlos sentir
miembros activos de la Iglesia. El amor fraterno constituye el legado medular del mensaje
evangélico

f) La iniciación para la misión

La catequesis está abierta, igualmente, al dinamismo misionero. En ese sentido, hay


que preparar a los niños para dar testimonio con alegría a otros niños y adultos de su fe. En
esta línea, cobran sentido todas las acciones que llevan a una auténtica y coherente infancia
misionera. Las actitudes evangélicas que Jesús sugirió a sus discípulos, cuando les inició en la
misión, son las que la catequesis debe alimentar. En la educación de este sentido misionero, la
catequesis preparará para el diálogo interreligioso, que capacite a los fieles para una
comunicación fecunda con hombres y mujeres de otras religiones y la búsqueda de la unidad.

Estas tareas de la catequesis constituyen, en consecuencia, un conjunto rico y variado de


aspectos. Interesa en gran manera que la catequesis conserve esta riqueza de aspectos diversos, con
tal de que un aspecto no se separe de los demás, en detrimento de otros. Si la catequesis descuidara
alguna de ellas, la fe cristiana no alcanzaría todo su crecimiento. Todas estas tareas son necesarias.

Cada una de estas tareas realiza, a su modo, la finalidad de la catequesis. Se implican


mutuamente y se desarrollan conjuntamente. Para realizar estas, la catequesis se vale de dos grandes
medios: la transmisión del mensaje evangélico y la experiencia de la vida cristiana. La educación
litúrgica, por ejemplo, necesita explicar qué es la liturgia cristiana y qué son los sacramentos, pero
también debe hacer experimentar los diferentes tipos de celebración, descubrir y hacer amar los
símbolos, el sentido de los gestos corporales, etc.

Cada dimensión de la fe, como la fe en su conjunto, debe ser enraizada en la experiencia


humana, sin que permanezca en la persona como un añadido o un aparte. Las diferentes
dimensiones de la fe son objeto de educación tanto en su aspecto de "don" como en su aspecto de
"compromiso". Ambas facetas deben ser cultivadas. El conocimiento de la fe es significativo, ilumina
toda la existencia y dialoga con la cultura, en la liturgia, toda la vida personal es ofrenda espiritual.
Por otro lado, la experiencia de fe asume y eleva los valores humanos, convocando a los demás al
seguimiento de Cristo. La catequesis, por lo tanto, debe ocuparse de la educación y crecimiento en
la fe; procurando, al mismo tiempo, que este crecimiento se manifieste y exprese en la vida personal
y comunitaria, en la síntesis entre fe, cultura y vida.

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