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Hamilton, Alexander (1757-1804).

Político y economista estadounidense. Nació el 11 de enero de 1757, en Charlestown, isla


de Nevis (Indias Occidentales Británicas), y murió el 12 de julio de 1804, en Nueva York
(estado de Nueva York), como consecuencia de un duelo que mantuvo con el anterior
vicepresidente Aaron Burr. Alexander Hamilton participó en la redacción de la Constitución
de los Estados Unidos (1787), y contribuyó de manera determinante en su aprobación,
gracias a una serie de ensayos que escribió en colaboración con James Madison y John
Jay, publicados bajo el título The Federalist.

Inicios de su carrera política

Hijo ilegítimo de un terrateniente escocés, Alexander Hamilton empezó a trabajar a la


edad de once años cuando su padre, James Hamilton, abandonó a su familia caribeña
en St. Croix, empleándose en la contaduría del mercante Nicholas Kruger, donde demostró
unas cualidades innatas para los asuntos comerciales y de contabilidad, llamando la
atención del presbiteriano Hugh Knox, quien le pagó un pasaje a Nueva York, en el año
1772, para iniciar sus estudios. Entre los años 1772 y 1774, Hamilton ingresó en
la Elizabethtown School, de donde pasó al prestigioso King´s College (hoy Universidad de
Columbia), gracias a la consecución de una beca de estudios como premio a sus magníficas
calificaciones. Hamilton pudo hacer realidad su sueño en el King´s College: estudiar hasta
doctorarse en leyes.

El mismo año de su ingreso en el King´s College, Hamilton llevó a cabo su primera


participación en el movimiento revolucionario de las colonias contra la metrópoli, en un
discurso pronunciado el 6 de julio de 1774, en el que instaba a todas las colonias a reunirse
en un congreso. Los siguiente meses, Hamilton escribió una serie de artículos inteligentes
y prerrevolucionarios en los rotativos más importantes de Nueva York, con los que se
convirtió en uno de los personajes más influyentes del incipiente movimiento
revolucionario.

El servicio militar revolucionario

Nada más estallar la guerra, en el año 1775, Hamilton ingresó en el Ejército Continental,
en el que demostró un gran coraje y firmeza de ánimo durante los primeros momentos de
confusión, por lo que la Asamblea de Nueva York decidió nombrarle capitán de artillería,
en 1776. Hamilton siguió demostrando su valor en las sucesivas batallas en las que
participó ese año (Long Island, White Plains y Trenton). Pero donde realmente confirmó
su prestigio militar fue en la Batalla de Princeton, el 3 de enero de 1777, en la que aplastó
literalmente a las tropas británicas, muy superiores en número a las de Hamilton. George
Washington puso sus ojos en ese joven capitán y se lo llevó consigo, ascendiéndole al
grado de teniente general y miembro de su estado mayor de oficiales.

En diciembre de 1780, Hamilton se casó con Elizabeth Shuyler, aristócrata neoyorquina e


hija del general Philip Shuyler, bajo cuyas órdenes había participado en la Batalla de
Saratoga, el 7 de octubre de 1777. Con dicho matrimonio, Alexander Hamilton consiguió
establecerse definitivamente entre las élites neoyorquinas, a la par que le permitió
administrar una considerable fortuna que supo utilizar admirablemente. No obstante,
Hamilton siguió su carrera militar que coronó magistralmente al ser uno de los militares
estadounidenses que destacó en la batalla final y decisiva que puso fin a la contienda con
Gran Bretaña, el Sitio de Yorktown, entre septiembre y octubre de 1781.

Hamilton abogado y político

Terminada la guerra, Hamilton abrió un bufete de abogados en Nueva York merced a un


generoso préstamo de su suegro. Pronto ganó fama como buen abogado y persona
inteligente, condiciones ambas que le posibilitaron el salto decisivo a la alta política.

Profundamente interesado en los problemas de intercambios y finanzas, Hamilton se


convirtió en el portavoz y representante de los intereses de los ricos comerciantes
neoyorquinos, cuyas fortunas dependían del tráfico marítimo con Europa y las colonias
americanas pertenecientes a la Corona de España.

En el mes de julio de 1782, Hamilton fue elegido para representar al estado de Nueva York
en el Congreso Continental de Filadelfia, durante el cual, a lo largo de todo el año que
duró la convocatoria, se esforzó por hacer ver a los demás representantes la necesidad de
constituir un Gobierno fuerte, centralizado y federal, como primera medida para organizar
el marasmo económico, político y social heredado tras la guerra. Así mismo, abogó por la
creación de un Banco Nacional y por el desarrollo de la industria en detrimento de la
agricultura, circunstancia ésta que posteriormente le enfrentaría a la facción demócrata-
republicana liderada por Thomas Jefferson. Hamilton fue el primer bancario
estadounidense al fundar, en febrero de 1784, su propio banco, el Banco de Nueva York,
del que fue presidente.

En septiembre de 1786, Hamilton tuvo un papel destacado en la Convención de Annapolis


(estado de Maryland), en la que se reunieron cinco estados para tratar problemas
comerciales y otros asuntos de importancia que no habían sido previstos por los artículos
de la Confederación. En la posterior Convención de todos los estados, celebrada entre los
días 25 de mayo al 17 de septiembre, en Filadelfia, se decidió elaborar una Constitución
nueva. Hamilton aprovechó la circunstancia para proponer la formación de un Gobierno
único y consolidado, propuesta que fue denegada tajantemente, por lo que a partir de ese
momento, dedicó todas sus energías y esfuerzos en asegurar que la nueva Constitución
fuese aprobada por la totalidad de los estados de la primitiva Confederación. La nueva
constitución introducía un sistema mixto de poderes que contentó a todos los
representantes y tendencias; un doble Gobierno, federal y estatal, ambos con soberanía
plena dentro de sus propias esferas de poder y competencias. Hamilton escribió una serie
de artículos decisivos en colaboración con James Madison y John Jay, publicados bajo el
título de The Federalist. en esa misma convención, Hamilton apoyó incondicionalmente la
candidatura de George Washington como primer presidente de los Estados Unidos de
América.

Alexander Hamilton secretario de Estado

Como presidente, George Washington demostró poseer una gran sagacidad política al
rodearse de los mejores colaboradores para formar su primer Gobierno. Alexander
Hamilton, convertido ya por aquel entonces en el líder natural del Partido Federalista, fue
nombrado secretario del Tesoro (ministro de Hacienda), además de ser, junto con el
secretario de Estado, Thomas Jefferson, el hombre de confianza del nuevo presidente y su
brazo derecho. Hamilton aprovechó su cargo y peso político en el Gabinete de Washington
para solucionar el caos administrativo y económico de las antiguas colonias tras la
consecución de la Independencia.

Su política de finanzas estuvo dirigida hacia la consecución de tres objetivos básicos: la


restauración del crédito nacional, la creación de un tejido industrial potente (en los años
de la Independencia Estados Unidos era un país netamente agrícola, con una sociedad
primitiva y salvaje) y, especialmente, conseguir el apoyo para el Gobierno de los grupos
financieros y de negocios y de las clases adineradas, ligándolos así al interés nacional.

Hamilton expuso su programa financiero en tres leyes, lanzadas entre 1790 y 1791, que
trataron sobre los otros tantos problemas más acuciantes por resolver en la esfera
económica: el crédito público, la creación de un banco nacional y las manufacturas.

El 14 de enero de 1790, Hamilton presentó al Congreso la Report on the Public Credit (Ley
del Crédito Público), por la que el Estado Federal asumía la deuda externa e interna
acumulada por todos los estados durante los períodos anteriores, que ascendía a 74
millones de dólares. Para ello se procedió a la consolidación de la deuda, es decir, al
cambio de los antiguos bonos por otros nuevos a su valor nominal. Teniendo en cuenta
que casi toda la deuda estaba en manos de especuladores del norte, los estados sureños
protestaron argumentando que era intención de Hamilton enriquecer a la pequeña minoría
capitalista nordista para comprometerla en la política nacional. A pesar de la gran
oposición por parte de los estados sudistas, Hamilton logró aprobar la polémica ley.
El siguiente objetivo de Hamilton fue la creación de un Banco Nacional, siguiendo el modelo
británico, depositario de los fondos federales, que pusiera en circulación papel moneda,
otorgase créditos comerciales y diera seguridad y estabilidad a los programas financieros
del Gobierno. El proyecto fue momentáneamente frenado por la oposición republicana,
argumentando que la Constitución no reconocía al Gobierno capacidad alguna para crear
compañías comerciales. Hamilton utilizó sabiamente la doctrina constitucional conocida
como "los poderes implícitos", por la que el Gobierno podía hacer todo aquello que fuere
..."necesario y conveniente para el bien del país"..., ante lo cual George Washington no
tuvo inconveniente alguno en firmar el decreto presentado por Hamilton, el Report on a
National Bank, el 13 de diciembre de 1790.

La tercera proposición de ley, aprobada el 5 de diciembre de 1791, fue la Report on the


Subject of Manufactures, consistente en el establecimiento de un impuesto sobre cierto
número de artículos de consumo de primera necesidad, con el objeto de hacer frente a un
ambicioso plan de industrialización necesario para convertir a la paupérrima economía
estadounidense en autosuficiente. Hamilton y su equipo de economistas necesitaban
encontrar más ingresos de los que los derechos de importación y de aranceles
proporcionaban.

El programa financiero de Hamilton restauró el crédito y aseguró el éxito del nuevo


Gobierno, pero, lejos de concretar la Unión federal, tal como él pretendía, a la larga sólo
sirvió para agudizar todavía más los diferentes puntos de vista entre los estados nordistas
(industriales) y los sudistas (con base agraria).

En política exterior, Hamilton también tuvo una destaca actuación. Fue él quien marcó las
directrices y los términos del Tratado de Londres, firmado con Gran Bretaña en el año
1794, que fue gestionado por el presidente del Tribunal Supremo, John Jay, a petición de
Alexander Hamilton, y en el que Estados Unidos apenas sacó provecho comercial alguno.
Hamilton volvió a demostrar su gran ascendente sobre el presidente George Washington
cuando le convenció para permanecer neutral y no ayudar a Francia en la guerra que venía
sosteniendo en Europa contra Gran Bretaña.

El 31 de enero de 1795, Hamilton dimitió de su puesto de secretario del Tesoro para


dedicarse a la abogacía, aunque nunca abandonó del todo los asuntos políticos, ya que
siguió dominando la facción federalista desde la sombra y el control del gobierno durante
la presidencia del segundo presidente de los Estados Unidos, John Adams (1796-1800),
gracias a que éste último siguió manteniendo en su gabinete a los antiguos secretarios de
George Washington, totalmente favorables a los dictados de su líder Alexander Hamilton.

Desde la posibilidad del estallido de la guerra entre Francia y Estados Unidos, John Adams
y Alexander Hamilton se fueron distanciando políticamente, enfrentamiento que acabó por
desgastar al Partido Federalista y propició la derrota electoral de John Adams en las
elecciones presidenciales del año 1800, en favor del tandem republicano formado por
Thomas Jefferson y Aaron Burr. Hamilton dejó sentir nuevamente su influencia decantando
el voto de los federalistas en favor de Thomas Jefferson, puesto que consideraba a Aaron
Burr un aventurero y un político sin escrúpulo alguno.

Cuando en el año 1804, el saliente vicepresidente Aaron Burr se presentó como candidato
a gobernador de Nueva York, Hamilton volvió a evitar tal hecho al desatar una campaña
intensa en contra de su candidatura. Tras ser derrotado, Aaron Burr, dolido, retó a un
duelo a Alexander Hamilton, que se llevó a cabo el 11 de julio de 1804, en Weehawhen
(Nueva Jersey), en el que Hamilton cayó herido de muerte y falleció al día siguiente. Con
la muerte de su líder, el Partido Federalista comenzó un prolongado declive hasta su total
desaparición a mitad de los años veinte.

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