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UNIVERSIDAD FERMÍN TORO

VICE REDACTORDO ACADÉMICO


FACULTAD DE CIENCIAS JUDÍDICAS Y POLITICAS
ESCUELA DE DERECHO

Análisis Casación Civil

Autora. Yoshelyn Castillo


C.I: V-22.308.845

BARQUISIMETO, 2018
Los ordinales 9° y 11° del artículo 346 del Código de Procedimiento Civil, esta Sala
extrae algunas conclusiones: en primer lugar, la tramitación del juicio por fraude
procesal -seguido por el juicio ordinario previsto en el Código de Procedimiento Civil-
contó con prolijas recusaciones -planteadas tanto por el abogado Carmelo Pifano como
apoderado judicial de los ciudadanos Alejandro Eugenio Iranzo Badía y María Victoria
Adamowicz de Iranzo, como por los apoderados judiciales de la sociedad mercantil
demandada “Agrocomercial Los Caobos, C.A.”- y; la promoción desproporcionada de
cuestiones previas, incidencias derivadas del desconocimiento de documentos privados
y tacha de documentos públicos -propuestas contra los documentos fundamentales de
la demanda-; una reconvención dirigida a revelar que el propio juicio de fraude procesal
era, a su vez, un fraude procesal y una cita forzosa de un tercero, el abogado Luis
Eduardo Domínguez, quien fuera apoderado judicial de los demandantes -que dio
lugar al llamamiento de nuevos terceros en la litis-, todo ello por parte de la demandada;
de tal forma, que, en sano criterio judicial, esta causa se halla plagada de abusos por
parte de los apoderados judiciales de la sociedad mercantil demandada en el ejercicio
de defensas y excepciones que traspasan el sano ejercicio de los derechos procesales
que materializan la defensa y el debido proceso en juicio, pues tales conductas -o
maniobras dilatorias- estaban dirigidas a evitar un juzgamiento de fondo con relación
a la pretensión de fraude procesal que inicialmente fuera planteada contra ésta.

En segundo lugar, es palmario el hecho que el abogado Luis Eduardo


Domínguez, quien fuera designado apoderado judicial de los ciudadanos Alejandro
Eugenio Iranzo Badía y María Victoria Adamowicz de Iranzo, conjuntamente con el
abogado Carmelo Pifano, para la fecha en que se dictó la sentencia cuya revisión se
solicita, había renunciado al mandato judicial y el abogado Carmelo Pifano, que
contaba con iguales facultades procesales, ejerció activamente la defensa en juicio de
los preindicados ciudadanos en la causa principal por fraude procesal. Sin embargo,
éste último aparentemente desconocía la tramitación y consecuencias jurídicas de las
cuestiones previas que conllevó la extinción de la causa principal.

Con relación al hecho de la renuncia de un apoderado judicial, en el caso


concreto del abogado Luis Eduardo Domínguez, esta Sala Constitucional ha sido
enfática en sostener que el trámite de la renuncia al poder que reconoce el ordinal 2°
del artículo 165 del Código de Procedimiento Civil, es una garantía instaurada a favor
de la contraparte en juicio y no del mandante, ello sobre la base de la relación
extraprocesal que subyace en el contrato de mandato, que supone un alto grado de
confiabilidad en el sujeto al cual se le otorga y a la elemental rendición de cuentas que
sobre los negocios confiados debe hacer a su mandante, sin perjuicio del
establecimiento de las responsabilidades que, en caso de incumplimiento, recoge el
Código Civil. Así, esta Sala precisó en su decisión N° 1.631 del 16 de junio de 2003,
caso: “Jesús Rafael Trillo Márquez”, respecto de la correcta aplicación del ordinal 2°
del artículo 165 del Código de Procedimiento Civil, lo que sigue:

“El artículo 165, ordinal 2º del Código de Procedimiento Civil señala: ‘La
representación de los apoderados y sustitutos cesa: (...) 2° Por la renuncia del
apoderado o la del sustituto; pero la renuncia no producirá efecto respecto de las
demás partes, sino desde que se haga constar en el expediente la notificación de ella
al poderdante.’ (Subrayado de la Sala). De conformidad con lo expresado en el
artículo citado, el Juzgado de Protección que actuó en primera instancia en el juicio
principal, tenía la obligación de notificar al demandado de la renuncia al poder que
habían efectuado sus apoderados judiciales, a los fines de que dicha renuncia
produjera efecto respecto de la otra parte en el proceso.
El mandato judicial es un contrato entre poderdante y apoderado que crea
responsabilidades para cada una de las partes. Dicho contrato tiene una de sus bases
en la elección que del apoderado hace el mandante, surgiendo entre ellos una relación,
que es incluso extraprocesal, donde existen instrucciones, rendiciones de cuentas, etc.
De allí que el ordinal 2º del artículo 165 del Código de Procedimiento Civil al prever
la notificación del poderdante para el caso de la renuncia del poder por los
apoderados, no la prevé en beneficio del mandante, sino para precaver los derechos
de su contraparte, hasta el punto que la renuncia se tiene como no efectuada y no
paraliza ni suspende la causa, hasta que se deje constancia de la notificación del
poderdante.
Con ello se busca no entorpecer la marcha del proceso con intempestivas renuncias
de los apoderados de las partes. En consecuencia, la renuncia del poder no notificada
al mandante, en principio no lo deja en ningún estado de indefensión, ya que el
poderdante escogió a sus mandatarios, y en ellos tiene que confiar, y sólo si tal
renuncia es una añagaza intencional para dejar al mandante indefenso, es que éste
podrá exigir responsabilidad a los mandatarios. El poderdante es parte, que se
encuentra a derecho, y tal condición no la pierde porque sus apoderados, renuncien
al poder conferido”.

Como se observa, en principio, la notificación que debe constar en el expediente


luego de la renuncia al poder, no es una exigencia instituida a favor de la parte que lo
otorgó, sino a favor de los demás sujetos que integran la relación procesal. Sin
embargo, ello no obsta para que el juez deje constancia de ello en el expediente, a los
fines de brindar certeza jurídica respecto de los sujetos involucrados en el proceso,
como representantes de las partes. Asimismo, cabe observar que el enunciado plasmado
en ese fallo es un principio que puede tener sus excepciones, toda vez que la buena fe
es una presunción iuris tantum, desvirtuable por la valoración conjunta de otros
elementos probatorios en el expediente que dé lugar a una conclusión contraria que
abone por la constatación de actuaciones maliciosas o dolosas dirigidas a dejar en
estado de indefensión al poderdante.

La anterior valoración es posible para esta Sala Constitucional, en la medida


que el proceso, como se indicó en las premisas preliminares, instrumenta el derecho
material debatido y, como último fin, hace prevalecer la justicia como valor superior
en el ordenamiento jurídico venezolano y por eso, en la medida que las formas
procesales faciliten la concreción de la justicia, es que éstas son útiles y garantistas del
debido proceso judicial que postula el artículo 49 constitucional.

Es por ello que, adminiculadas las anteriores consideraciones al presente caso,


puede esta Sala afirmar que, al menos, hay tres circunstancias objetivamente
apreciables que operaron en detrimento de los derechos a la defensa y al debido proceso
de los ciudadanos Alejandro Eugenio Iranzo Badía y María Victoria Adamowicz de
Iranzo: en primer lugar, la renuncia que efectuara el abogado Luis Eduardo Domínguez
del mandato que le fuera conferido por los mencionados ciudadanos, sin que mediara
la más elemental y oportuna notificación a sus mandantes o a su coapoderado judicial
-lo que la convierte en una actuación desleal y maliciosa por parte de éste-; en segundo
lugar, la falta de pronunciamiento alguno por parte del Juzgado Tercero de Primera
Instancia en lo Civil, Mercantil y del Tránsito de la Circunscripción Judicial del Estado
Yaracuy sobre la mencionada renuncia al mandato que constara en el expediente
principal contentivo del juicio por fraude procesal manifestada a través de diligencia
suscrita por el abogado Luis Eduardo Domínguez el 14 de octubre de 2003, -por la cual
renunció en forma definitiva al poder que le fuera otorgado por los ciudadanos
Alejandro Eugenio Iranzo Badía y María Victoria Adamowicz de Iranzo- y, en tercer
lugar, la aparente pasividad del abogado Carmelo Pifano en ejercer la defensa integral
de sus clientes -que abarcare la incidencia de las cuestiones previas ya descritas-
constituyen actos de tal entidad que materializan la vulneración al derecho a la defensa
de los solicitantes de la revisión constitucional aquí examinada, reconocido en el
artículo 49.1 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.

La anterior censura, se insiste, que no sólo abarca la actividad de sustanciación


de la causa civil por parte del órgano jurisdiccional, al inobservar las formalidades que
sobre el supuesto de renuncia al poder recoge el Código de Procedimiento Civil
(ex ordinal 2° del artículo 165 del Código de Procedimiento Civil), sino que se extiende
a la desleal y maliciosa renuncia que efectuare el abogado Luis Eduardo Domínguez y
hacia la anotada omisión del abogado Carmelo Pifano quien, conociendo la renuncia
de su colega -pues dicha diligencia consta en el expediente principal-, nada hizo
respecto de la incidencia pendiente ante la Alzada, pese a que formalmente la rebatió
en la primera instancia.

En ese contexto, esta Sala Constitucional conoce por notoriedad judicial otra
situación donde se ha cuestionado la conducta procesal del abogado Carmelo Pifano.
En ese sentido, en sentencia N° 18 del 20 de enero de 2006, caso: “Refinadora de Maíz
Venezolana C.A.”, dictada en el marco de otro juicio por fraude procesal, se
declaró la nulidad del juicio de estimación e intimación de honorarios profesionales
intentado por el abogado Carmelo Pifano en contra de Refinadora de Maíz Venezolana
C.A. (REMAVENCA), al constatar actuaciones colusorias del preindicado abogado -
que radicaban también en el manejo indebido de la figura de la representación judicial,
a través de una sustitución fraudulenta-. Lo anterior pone en tela de juicio que la
pasividad antes anotada, sea ingenua o producto de falta de pericia en el manejo del
régimen de las cuestiones previas en el decurso de un juicio ordinario -del cual, como
se insiste, tenía un conocimiento previo-, lo que colocó en un grave estado de
indefensión a sus representados, restando con ello eficacia al derecho constitucional a
la defensa que les reconoce el artículo 49.1 del Texto Constitucional.

Es por ello que, considera esta Sala que una eventual reposición de la causa
daría lugar a un juicio con la reedición de las mismas censurables actuaciones
procesales. Siendo ello así, esta Sala Constitucional anula, además, la totalidad del
juicio principal por fraude procesal y las correspectivas incidencias suscitadas en
el expediente signado con el N° 12.572 de la nomenclatura de ese órgano
jurisdiccional, y así se decide.

No obstante lo anterior, esta Sala debe examinar otros aspectos del caso bajo
juzgamiento, y a tal fin observa:

Como lo precisó recientemente esta Sala en sentencia N° 1.209 del 25 de julio


de 2011, caso: “María Teresa Pomoli Muñecas”, es función del Juez Constitucional
mantener la supremacía y efectividad de las normas y principios constitucionales; de
allí que cuando los afectados por las decisiones han sido partes en el juicio donde se
constatan los hechos contrarios al orden público, y ellos son generadores de esos
hechos, al ser conocidos por el Juez, éste de oficio tendrá que dejar sin efectos tales
determinaciones judiciales, ya que ellas contrarían el orden público constitucional y las
violaciones del orden público se declaran de oficio.

Así, el artículo 11 del Código de Procedimiento Civil, faculta al juez a proceder


de oficio cuando la ley lo amerite, o cuando en resguardo del orden público o de las
buenas costumbres, sea necesario dictar alguna providencia legal. Por otra parte, el
artículo 17 eiusdem, ordena al Juez tomar de oficio las medidas necesarias para evitar
el fraude procesal y los actos contrarios a la majestad de la justicia.

Majestad de la justicia, no sólo como atributo de la estructura orgánica que


ejerce el poder jurisdiccional que le ha sido confiado al Estado venezolano, sino
entendida como concepto que abarca uno de los fines esenciales del sistema de justicia
constitucionalmente delineado: la concreción de la justicia como valor ético-social que
se concreta en el proceso no sólo como instrumento de pacificación de conflictos
intersubjetivos entre los particulares, sino como idea de hacer posible la igualdad ante
la ley y la solidaridad en la construcción de una sociedad justa y amante de la paz,
constitucionalmente reconocida en el artículo 3 del Texto Fundamental.

De allí y con base en los valores del Estado de ética y justicia, consagrados en
el artículo 2 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, esta Sala
Constitucional, además de declarar ha lugar la solicitud de revisión constitucional
llevada ante su conocimiento, puede, con base en el acervo probatorio aportado,
extender su poder de juzgamiento hacia el juicio primigenio que pretendía declararse
inexistente por vía del fraude procesal aquí declarado nulo en su totalidad, si de las
actas se desprendiesen suficientes elementos que ameriten la restitución del orden
público constitucional que ha sido vulnerado por la actividad jurisdiccional o la
conducta procesal de las partes y sus apoderados judiciales. Así se declara.