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Mitos

Mitosy cuentos
y cuentos
del Totonacapan y de la Huasteca Poblana
En náhuatl, tepehua,
otomí, totonaco y español

Guillermo Garrido Cruz


Primera edición, 2015
ISBN: 978-607-00-8829-2

D.R. © Comisión Nacional para el Desarrollo de Los Pueblos Indígenas


Av. México-Coyoacán 343, Col. Xoco, C.P. 03330,
Delegación Benito Juárez, México D.F.,
Tel. (55) 9183 2100
D.R. © Guillermo Garrido Cruz
D.R. © Coral Rojas Serrano, por las ilustraciones
D.R. © Pedro Pérez Luna, por la traducción totonaco
D.R. © Merardo Martínez Flores, por la traducción náhuatl
D.R. © Cornelio Basilio García, por la traducción otomí
D.R. © Gulmaro Ríos López, por la traducción tepehua
D.R. © René Esteban Trinidad, por la traducción náhuatl

El libro Mitos y cuentos del Totonacapan y de la Huasteca Poblana. En náhuatl, tepe-


hua, otomí, totonaco y español fue publicado con el apoyo del Programa Derechos
Indígenas 2014, en su modalidad Derechos Culturales y de Comunicación de la Co-
misión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas.

“Este programa es público, ajeno a cualquier partido político. Queda prohibido el uso
para fines distintos a los establecidos en el programa”.

Queda prohibida la reproducción parcial o total del contenido de la presente obra,


sin contar previamente con la autorización del titular, en términos de la Ley Federal
del Derecho de Autor.

Diseño y formación: El Errante editor/ J. Antonio Romero

Impreso y encuadernado en México / Printed and bounded in Mexico


Índice
Índice

Introd uc ci ón / 7

Náhu atl / 1 3
17 - Tzitzimitl / La Tzitzimitl - 20
23 - Kehni chinantlalkeh ni Las Balsas / Fundación de la co-
munidad de Las Balsas - 24
25 - Kostombreh / El costumbre - 25
27 - Elotlamanah / La fiesta del elote - 28
31 - Xantolo / Todos Santos - 31
33 - Ne tecolotl / El tecolote - 33
35 - Ne cuatochin / El conejo - 35
37 - Tenantzitzimitl / La abuela malvada - 37
39 - Ne tamaltin / Los tamales - 39

Tepeh ua / 4 1
43 - Kuxkux / Kuxkux - 43
45 - Lapanak yu lay ixjalaj’alha’asmat’a chux an jatapakxat
tani tanajuncha / El hombre que podía escuchar lo que dicen
todos los animales - 47
49 - Mo’xnu yu ixtawk’ay laka pusantoj
/ El tecolote que llegaba al altar del curandero - 50
53 - Pumatam lapanak yu ixkajiy ixkumpaj
/ El hombre que envidiaba a su compadre - 54

Otomí / 5 7
61 - Rá kwento ra dänhyëi / El cuento del flojo - 65
71 - Ra kwento ra dinsjwa ‘ne ra min’yo
/ El cuento del conejo y el coyote - 73
75 - Rá kwento ra dänhyëi ‘ne ra pada
/ El cuento del flojo y el zopilote - 76
79 - Rá kwento a ran ‘yohu mi yäwi ra zïthu
/ El cuento del hombre que hablaba con el diablo - 80

Toto naco / 8 3
85 - Aktsiní’ / Aktsini - 85
87 - Papa’, staku’ chu chichiní’ / La luna, el Sol y las estrellas - 87
89 - Kiwiqolo’ / El dueño del monte - 89
91 - Xa lhquitit chixkú chu Waya’ / El señor flojo y el gavilán - 93
Introducción
Introduc ció n

El propósito de este libro es difundir la riqueza de la diversidad


lingüística presente en los textos de tradición oral de las lenguas
pertenecientes a la región norte de Puebla, también conocida, una
parte, como Huasteca poblana; y, la otra, como Totonacapan po-
blano, en donde han estado en interacción, por lo menos desde
hace 800 años, los hablantes de los idiomas totonaco, náhuatl, oto-
mí y tepehua. Además, a esta pluralidad lingüística se sumó el con-
tacto, desde hace 500 años, con los hablantes del idioma castellano
—la lengua de conquista—. A partir de entonces los hablantes de
las lenguas originarias de esta región empezaron a disminuir drás-
ticamente hasta nuestros días. Por ejemplo, en la actualidad sólo
quedan alrededor de 150 hablantes de tepehua en los municipios
de Pantepec y Metlaltoyuca.
Ahora bien, un fenómeno lingüístico sobresaliente es que sólo
dos de las lenguas presentes se relacionan entre sí: el totonaco y
el tepehua, que provienen de una misma familia lingüística; las
demás no se relacionan genéticamente, ya que no provienen de un
tronco común. Por ejemplo, los idiomas náhuatl y totonaco no tie-
ne ninguna relación, en la misma medida que no la tiene el chino
con el español, o el zapoteco con el tepehua.

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Troncos y familias lingüísticas
Huasteca y Totonacapan poblano
Tronco Familias Lenguas
Yutonahua Nahua 1. Náhuatl
Otomangue Otopame 2. Otomí
Aislada Totonaco-tepehua 3. Totonaco
4. Tepehua
Indoeuropeo Romance 5. Español

No obstante, el largo contacto a través de los años, por medio


de la convivencia y la socialización de sus hablantes, ha dado como
resultado que estos idiomas compartan muchas cosas en común.
Así, ha habido un préstamo constante de palabras entre el náhuatl,
el totonaco, el otomí y el tepehua. Un caso lo tenemos en el nom-
bre que se da al árbol conocido en español como “jonote” (Helio-
carpus ssp.), usado para fabricar papel para algunas ceremonias, y
conocido de manera común como “papel amate”, o “papel brujo”.
Su nombre en totonaco es xu’nuk; en náhuatl es xonok; en tepehua,
xunuti o xunik, según la variante, y en otomí es kuni. Es decir, es
una forma casi idéntica de la misma palabra en los cuatro idiomas,
aunque no sabemos por el momento, en cuál surgió el nombre
original.
Por otra parte, es preciso aclarar que estos idiomas originarios
no son “dialectos”, es decir, no son lenguas “sin gramática”, como
algunos suelen pensar. Tampoco el aspecto demográfico es deter-
minante en ese sentido, pues, aunque el tepehua en esta región
sólo tenga 150 hablantes, es un idioma muy completo; una len-
gua de comunicación igual que el castellano, el inglés o el francés.
“Dialecto” es la palabra que denomina la variante de un idioma.

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Sin embargo, las lenguas originarias son menospreciadas llamán-
dolas “dialectos”, porque sus hablantes viven en comunidades con
bajos niveles de bienestar social. En realidad, es mejor referirse
a ellas como “lenguas originarias” porque sus hablantes poblaron
estas tierras primero, antes de la conquista española.
Si bien las lenguas originarias de esta región comparten pala-
bras prestadas, también les son comunes aspectos culturales, como
la gastronomía (por ejemplo, el patzcal), la música (el huapango),
las ceremonias (Todos Santos, Fiesta del elote, la Fiesta del agua),
las danzas (los voladores, cuetzales, etcétera) y, por supuesto, algu-
nos temas de la tradición oral con sus variantes regionales, locales
y léxicas. Como lo veremos en las narraciones de la tradición oral,
el náhuatl de la Huasteca poblana cuenta con variantes dialectales,
por mencionar sólo dos: la de la comunidad de Las Balsas, muni-
cipio de Metlaltoyuca, y la de Huauchinango. Lo mismo sucede
con el totonaco, que tiene sus variantes. Incluso los hablantes ma-
nifiestan que en ocasiones no reconocen muchas palabras de uno
y otro lugar.
En esta región la gente adulta, los jóvenes, e incluso los niños,
cuentan o platican a los demás las historias que han escuchado de
sus padres o abuelos. Por eso les llamamos de “tradición oral”, por-
que han sido contados, platicados, narrados, relatados, de genera-
ción en generación, sin haberlos tomado de escritos o aprendidos
de libros antiguos. En consecuencia, estos relatos, de gran belleza
narrativa, incluyen parte de la historia de sus pueblos en cuanto a
lo acontecido en cierto tiempo. Otros cuentos narran su cosmo-
visión sobre la creación del universo y la explicación de todo lo
que hay en la Tierra; algunos son imaginarios o mitológicos, pues
tratan también sobre el paso de algún santo, de las peripecias entre
un conejo y un coyote, de la plática que tuvo un zopilote con un

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hombre, o de cómo dos muchachos compitieron para ser el Sol
y la luna. Las narraciones, pues, son parte de la identidad de los
pueblos.
Algunas historias tienen muchos años de creadas y su origen
puede ser remitido a la época prehispánica. Un ejemplo es el mito
de la tzitzimitl, conocida en totonaco como laqotzas; en tepehua
como tist’ak’anit’aku’, y en algunos pueblos otomíes como Äxkä’yo,
que trata de una abuela malvada que chupaba las cabezas de los
niños, quienes morían, hasta que la atraparon y la metieron en un
temazcal para quemarla, pero sus cenizas se convirtieron en mos-
quitos, y otros animales, para seguir chupando sangre. Se conocen
variantes de esta historia en la mayoría de las lenguas originarias
del centro y sur de México. Incluso existen dibujos de este perso-
naje en algunos códices y libros antiguos.
La pequeña muestra del repertorio de la tradición oral que
presentamos en este libro, integra relatos grabados originalmente
en las cuatro lenguas originarias: náhuatl, otomí, totonaco y tepe-
hua. Posteriormente fueron transcritos con el alfabeto que regu-
larmente se utiliza en las comunidades; finalmente se hizo el traba-
jo de traducción, aunque no de manera literal, sino a través de una
“traducción idiomática”, es decir, se pasó a una versión que hiciera
posible su lectura, pero con el mayor apego posible al original.
Agradezco ampliamente a quienes contribuyeron en el proyec-
to, contándonos sus cuentos e historias. A don José Cruz Martínez
y a doña María Hernández, de Las Balsas, Francisco Z. Mena; a mi
compadre Antonio Alonso de Alseseca, Huauchinango; a don José
Mendoza Tolentino y a don Juan Vargas Rodríguez, de Ixtololoya
y el Pozo, municipio de Pantepec. A doña Edelina Márquez López
y Gulmaro Ríos, de Pisaflores (Ixhuatlán de Madero, Veracruz) A

10
Pedro Pérez Luna, y a su señor padre, Bonifacio Pérez Méndez (†
q. e. p. d.); así como a Mateo de Luna Dorantes, todos ellos de la
comunidad de Putaxcat, Huehuetla, Puebla, quienes me recibieron
en su casa, me contaron numerosos relatos: xamaqan tachuwin; y
me comprometieron a difundirlos entre los jóvenes. Es por esta
razón que en este libro incluyo los mitos y cuentos de los totonacos
de Huehuetla, Puebla (región del Totonacapan poblano).
La ardua labor de transcripción y traducción fue realizada
con el apoyo de mis exalumnos Pedro Pérez Luna, René Esteban
Trinidad y Merardo Martínez, de la Universidad Intercultural del
Estado de Puebla (uiep), y de la sede regional Huasteca de la Di-
rección de la Universidad Veracruzana Intercultural, de la Univer-
sidad Veracruzana (uv-duvi Huasteca), con quienes discutí sobre
la importancia del desarrollo y revitalización de las lenguas ori-
ginarias, a través de la difusión y talleres de tradición oral. Tam-
bién hablamos sobre tópicos relacionados a la labor de traducción
y retro-traducción, así como de la importancia de la escritura en
lenguas originarias.
En el proyecto también participaron Gulmaro Ríos y Cornelio
Santiago. Algunas observaciones del náhuatl de la comunidad de
Las Balsas, fueron amablemente señaladas por Victoriano de la
Cruz. La revisión de la transcripción de los textos otomíes estuvo
a cargo de Noel Pérez. No obstante, y como es usual, los errores de
transcripción y/o traducción, incluso inconsistencias de las nor-
mas ortográficas (si es que existen y que pudieran ser señaladas),
son absoluta responsabilidad mía. Finalmente, quiero agradecer a
Coral Rojas Serrano por sus dibujos y por la ilustración de la por-
tada. Igualmente, agradezco al Programa de Estímulo a la Crea-
ción y Desarrollo Artístico de Puebla por apoyar la elicitación de

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los textos, y a la Comisión para el Desarrollo de Ios Pueblos Indí-
genas, por el apoyo para su publicación.

Guillermo Garrido Cruz


Huauchinango, Puebla, a 14 de septiembre de 2014.

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Náhuatl
Náhuat l

El náhuatl es el idioma más hablado en


la Huasteca poblana. Tan sólo en los mu-
nicipios de Huauchinango, Metlaltoyuca,
Tlaola, Xicotepec, Pahuatlán y Naupan,
se contabilizaron casi 60 000 hablantes en
el censo de 2010. Los hablantes se refie-
ren al idioma como nahuatlahtolli, mace-
hualtlahtol, mexicano, mexicatl, nahuatl.
La variante hablada en la comunidad de Las Balsas, municipio
de Francisco Z. Mena, está muy relacionada con la variante de la
Huasteca veracruzana, principalmente con la que se habla en las
comunidades de Ixhuatlán de Madero. Esto se debe a que la comu-
nidad fue fundada hace muchos años por migrantes de ese muni-
cipio veracruzano. Algunos textos de Las Balsas, y que se incluyen
en esta antología, hablan precisamente de ese hecho histórico.
La variante que se habla en la región de Huauchinango (Huau-
chinango, Naupan, Tlaola, Pahuatlán, Chiconcuautla, etcétera) es
una variante que los lingüistas le llaman “central”, porque está re-
lacionada con otras variantes del centro del país. Incluso se afir-
ma que está muy cercana al “mexicano clásico”, la variante que se
habló en Texcoco y Tenochtitlán antes de la conquista española, y

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que quedó registrada en los papeles producidos por la Iglesia y la
administración colonial.
Por otra parte, hasta la fecha no ha habido un acuerdo en cómo
escribir el idioma mexicano o náhuatl. En este texto, y de acuerdo
con las variantes, utilizamos dos ortografías para diferenciarlas: la
ortografía de Las Balsas es reconocible porque utiliza la grafía k en
todo lugar, por ejemplo en la palabra kolotl, “alacrán”; tlaxkali, “tor-
tilla”; esta variante también utiliza una consonante fricativa glotal
que se escribe en los textos con una h, por ejemplo: elotlamanah,
“fiesta del elote”, no es una “h muda”. También se utiliza la grafía w,
para facilitar la pronunciación de muchas palabras que llevan este
sonido, por ejemplo: tiokuawitl, “árbol de cedro”. La x representa
ese sonido que no está en español, ejemplo, en la palabra xochitl,
“flor”. Los dígrafos tl, tz y ku representan un solo sonido, ejemplos:
metztli, “luna”; matzohtli, “piña”; kuachikowitl, “cesto”.
Por otra parte, en la ortografía del náhuatl de Alseseca, Huau-
chinango, utilizamos el alfabeto llamado de tradición “latina”, y es
el que utilizaron los frailes para escribirlo; se reconoce porque el
sonido /k/ se representa como qu, antes de las vocales e e i, y se
utiliza la c antes de a, o y u. Igualmente, los dígrafos tz y tl son un
solo sonido. La x, igual que en el náhuatl de Las Balsas, representa
al sonido como cuando se pronuncia la palabra xihuitl, “año”. El
saltillo que en la región de Huauchinango se pronuncia como una
pequeña detención de la voz, se representa con una h, como en la
palabra ahmo, “no”; es muy característico de esta región y siempre
ocurre antes de una consonante. El nombre náhuatl de este sonido
es ihyotzecolistli. El sonido que los lingüistas representan con /w/,
en la ortografía del texto de Alseseca es con hu, por ejemplo: hue-
hhueyac, “muy largo”, donde la segunda h es el saltillo y las otras

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dos son “mudas”. Todos las demás consonantes y vocales se pro-
nuncian como en español.
El primer mito que presentamos fue relatado por don Anto-
nio Alonso, de la comunidad de Alseseca, Huauchinango, Puebla,
como ya lo mencionamos, se trata del mito de la tzitzimitl, refiere
a una abuela que chupaba la sangre de los niños hasta enfermarlos.
En esta versión la gente urde un plan para atraparla y quemarla en
un temazcal. Pero de las cenizas de la tzitzimitl nacieron todos los
insectos que pican.
Posteriormente presentamos los textos históricos de la funda-
ción de la comunidad de Las Balsas, Metlaltoyuca, y las fiestas que
antiguamente se realizaban, como el elotlamanah y el chicomexo-
chitl, que fueron relatados por don José Cruz Martínez. Por otra
parte, doña María Hernández nos relató algunas creencias mitoló-
gicas sobre el conejo en la luna, el tecolote, y una versión diferente
de la tzitzimitl.

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Tzitzimitl

Se tonalli hualtemohuayan se tenantzi, pero inon tzitzimitl. Ipan


hualtemohuayan in ipan ocotl, pero ocotl ocatca huehhueyac, asia-
ya nelhuicatl. Huan den oncan hualtemohuayan in tzitzimitl.
Se tenantzi hualaya quinatemian cocone, quinatemia, huan
xiquiilhuis: “huala nana ma mitzcuicuixtili moati porque ticpia
miyac atemitl”. Entonces quiquiitsquiaya ichpocatl huan quincua-
temia, moneli quincuatemia. San quincua mina ica iiste, huehhue-
yac iiste ocatca.
Quicua iiste mina in ichpocatl onca huan peuh quincuachi-
china, huan ijcon quichihuaya in cocone. Mostli hualtemohuayan
hualaya quincuachichina in cocone. Quincua iiste minaya, quin-
cacayahua milhuaya, quinatemis huan ahmo nelli.
Huan hualaya ohuala se tonalli ohuala se tlacatl yacmo oqui-
pacti ino, mach quiitohua: “hueno, san huitz quinitztemina co-
coneuh huan quimictia quincuayeschichina”. miquihque cocone
después mach quiitohua tlacatl: “Axan tlalis temascalli oquilhui in
sihuauh mach quilhuia:”
—Tlalli temascali para timotemasque— Tzitzimitl hueno si-
huatzintli.
Huan tzitzimitl yeh popoyotl, yeh ahmo tlachiyaya tzitzimitl,
ahmo tlachiyaya popoyotl. Entonces mach oquitlalique temascali,
pero miac cohuitl oquitlalilique temascali. Onca mach quiilhuia in
isihuauh tlacatl mach quiilhuia:
—Tenantzin axan ahmo tla atemilos axan motemalos, tehhuan
timotemasque porque onictlali temascali para timotemasque.
Hueno, después mach ohuala tlacatl, inon tzitzimitl, oquitemo-
hua itenan
—¡Calaquican! Orita ompa xohue.

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Pero in tletl ocatca miyac tlexoxtli, mach quinilhuia: “!Calaqui-
can¡”. “Orita ticalaquisque tehhuantin”.
Oquinhuicaque tlatet temascalco. Oyahque motemaque
in tzitzimitl sihuatl huan in tlacatl. Huan después… pero tlacatl
oquichihuiliaque mal quinequiaya quiatemisque in cocone. Oqui-
chiuhqui hueyi temascali para quitensacuas para yacuil maquisa
tzitzimitl. Ocalajque después ocalajque ome tzitzimitl, tlacatl huan
sihuatl. Huan oquitentzac tlacatl oquincalaquili candado. Después
yacmo yacuil otlatlapouh sihuatl, hueno yec oquitzac.
Después oquincoyoni in tlacatl cani quitlialiliani atl para quit-
lalilitas atl. Mota tel cani ca temascali cani yauh tlexoxtli motlalilia
atl. Para hueno, para cachi mahuaquiza tletl.
Mach después opeuh tzahtzitinemi sihuatl huan tlacatl. Mach
quiitohua:
—“!Nechquixtica, nechquixtica yacmo xicohua tletl!”.
Después cachi tlacatl quitlatemitia quitlalilia miac cohuitl.
Quitlalilia atl para maquisa tlepotoctli. Después mach ompa mo-
cueptinemique hasta campa yomijque tzitzimime.
Despues tlacatl cachi quitlalilia cohuitl para matlatlacan mach
neli otlalahque inon cristianos. Inon tzizimimeh. Despues mach
quiitohua in tlacatl mach quiilhuia in sihuatl:
—Xohue ticochi ma ompa yeca. A ver tlen oc quichihuasque.
Mach neli oyaque cochi ic mostla otlanes mach quiilhuiya isi-
huau:
—Axan chotiquinmita ompayesque o tlen inon. Cox ompais
imincuerpo o tlen inon.
Ahmo, si lo que quittahque mochi tleconextli, moche tle co-
nextli huan este mach quilhuia isihuau.
—Nechmaca se tzotzocolli, ya ne quixpan tictlalisque temo
tzotzocolli, para tictlalisque miyac tleconnextli.

18
Oquis miyac tlexonextle mach oquitemictihque se tzotzocolli
hueyi san se tzotzocolli hueyi. Oquitemitihque oquitentzac pero
bien oquitentzac.
“Axan manictemo aqui quitohuetzos mach oquitemo se tlacatl
este aquí cualli moaltia”. Después mach quiitohua:
—Ahmo ticnequi tictlanis se totominton nimitzmacas lo de
semo semanapa
Mach quiitohua:
—Queme pero tlen inon nicchihuas, ahmo tlatlamantli.
Mach quiitohua tlacatl:
—Ahmo. Nimitzmacas se tequitl, san xia tohuetzo se tzotzo-
colli huan tleconextle. Huan nimitzmacas tomin semo semanapa
tlaxtlahuili.
Mach quiitohua: “Hueno”. Oya ihuan ipatron oquimacac se
tzotzocolli hueyi huan ocuicac huehca, ocuicac huehca. Quicho-
lolti pero hasta inac se atentli hueyi después mach quiitohua tlacatl:
“Tlen inon hasta nextlaxtlahuitica miyac”. Pos san inin tzotzoco-
lli yeh mahualani ma quitohuetzohuani, pero tla ma niquitta tlen
inon quipiyas.
Mach quitentlapohua tzotzocolli pero mach ayacmo tleco-
nextli muchi sasayoli tlen tecua huehhueyi. Mach oquitlami en-
qui muchi sasayoli pero muchi inon sasayoli tlen inon tecua. Des-
pués in tlacatl “!Híjole¡” Mach quiitohua huan yacmo quimati tlen
quichihuas in tlacatl. Omopantohuetzo ipan atentli open maltia,
maltia san ompa omoca yacuil oquis. Mach yeh omocuep inon
tlen tiquilhuia in “sapo”.

19
La Tzitzimitl

Un día descendía una abuelita, era la tzitzimitl. Bajaba de un ocote,


pero el ocote estaba muy largo, llegaba hasta el cielo. La abuelita
venía a despiojar a los niños, les decía: “Ven nana, te quitaré tus
piojos, tienes muchos piojos”. Entonces tomaba a las jovencitas y
las despiojaba. No era verdad que se comía a los piojos, los aplas-
taba con sus uñas, que eran muy largas. Así, con su uña se comía a
las jovencitas, les chupaba la cabeza, y a los niños también.
Todos los días descendía, venía a comer y a chuparles la cabeza
a los niños. Los comía con las uñas y los aplastaba. Los engañaba.
Decía que los iba a espulgar, pero no era verdad.
Un día llegó un señor y no le gustó lo que hacía la tzitzimitl,
dijo:

20
—Solamente viene a chupar la sangre a los niños, chupa la san-
gre de sus cabezas, entonces los niños se mueren.
Después el señor le dijo a su mujer:
—Ahora vamos a poner el temazcal.
La tzitzimitl estaba bizca, no veía bien. Entonces le pusieron el
temazcal, pero con mucha leña. Y allí la mujer del señor le dijo a
la tzitzimitl:
—Honorable ancianita, ahora usted no va a despiojar, ahora
nos bañaremos porque puse el temazcal.
Después dicen que llegó un señor, el compañero de la tzitzi-
mitl, que también era tzitzimitl. Buscaba a su mujer, pero les quería
hacer la maldad, quería despiojar a los niños. Lo invitaron también
a entrar al temazcal:
—¡Qué bueno que vinieron! Ahora nos bañaremos en el te-
mazcal. Entren, ahora allá vamos.
Pero el fuego ardía con muchas brasas. Los llevaron adentro
del temazcal. Fueron a bañarse los tzitzimitl, la ancianita y su com-
pañero. Pero el hombre los encerró con candado. Después ya no
pudo abrir la anciana, estaba bien cerrado. El señor hizo un hoyo
donde echaron agua y le dijo a su mujer:
—Vea usted donde está el temazcal, allí donde van las brasas se
le echa agua para que salga más lumbre y vapor caliente.
Después los tzitzimime empezaron a gritar y decían:
—¡Sáquenme, sáquenme, ya no aguanto la lumbre!
Después el hombre puso más leña y llenó allí donde se pone la
lumbre. Le echó agua para que saliera más vapor. Allí se revolca-
ron los tzitzimime hasta que se les acabó el aire y murieron.
Después el hombre puso más leña para que se quemaran, y en
verdad se quemaron esos cristianos. Después el hombre le dijo a
su mujer:

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—Vamos a dormir, allá que estén. A ver si ahora van a hacer
otra vez maldades.
Dicen que en verdad fueron a dormir y amaneciendo, al otro
día, le dijo a su mujer:
—Ahora vamos a ver si están o qué fue lo que pasó. ¿Estarán
sus cuerpos o qué pasó con ellos?
¡No! Si lo que vieron fue ceniza, mucha ceniza. Y entonces le
dijo a su mujer:
—Dame una olla grande para poner la ceniza que voy a ba-
rrer..
Salió mucha ceniza, llenaron una olla grande, solamente una
gran olla. La cerraron, pero bien cerrada. “Ahora buscaré quién
tirará las cenizas”, según dijo. Buscó a un hombre que nadaba muy
bien y le preguntó:
—¿Quieres ganar un dinerito? Te voy a dar lo de una semana.
Según el hombre le respondió:
—Sí, ¿pero qué es lo que voy a hacer? No vayan a ser travesu-
ras.
—Te voy a pagar lo de una semana de trabajo.
Y que respondió: “Bueno”. Se fue luego de que su patrón le dio
una olla grande para llevarla lejos, muy lejos, hasta la orilla de un
río grande. Después se preguntó: “¿qué cosa es esto?, me están pa-
gando mucho. Pues solamente es esta olla grande, él podría venir
a tirarlo, pero voy a ver qué es lo que tiene”.
Abrió la olla, pero ya no tenía cenizas, sino moscas grandes
que pican. Se vinieron hacia él, lo acabaron de picar. ¡Híjole! Dicen
que el hombre ya no sabía qué hacer. Se aventó en el río y empezó
a nadar. Nadó y nadó y allí se quedó, no pudo salir. Dicen que se
convirtió en lo que ahora conocemos como “sapo”.

22
Kehni chinantlalkeh ni Las Balsas

Na axniixtlamatiyaya axnimati de ke fechah pero kemah motla-


lik eskuelah kisolisitarohkeh como 15 personas eltoya se weyi kali
yanopa motlahtlanihkeh para kichihkeh eskuelah. Despues de no-
pano sampa mosentilihkehya, sekin walahkeh ika Tizal, walahkeh
nikan Huexotitlan, Colatlán, Pita, San Martín, na nopa walah Pita
nepa chantitoh, na nikan nitlakaketl. Mochihki pueblo pampa pe-
hki walowih, pehki asitiwalowih tlen de tetatameh moinvitaro-
hkeh tlen familiares nopeka sampa inihwantin walahkeh sampa
inihwantin moinvitiarohtiahkeh yano kennopa waltiakeh. San
moiltiahkeyah wan tlachiakohyah para onkayaya terrenoh kampa
tekitiseh, miak walkeh tlen neka [Veracruz].
Kuali rancho yowiyaya wan walahkeh tlen malos tlawel pehki
momiktiah ika neka waliayah ika Colatlan, Ixhuatlan nopeka wa-
liyayah.
Ni terrenoh ni tlakowalli nikah tiitztokeh, pequeñoh propieta-
rio, techavisaroh don Reyes kiihtoa iaxka eliya inin. Kiinvitaroh ki-
ihtoa para tlan axtikowiliseh ya techkixtis wan kichiwas potreroh
wan kinkawas ganadoh. Yeka para kiihtoki para mejor ma tipa-
lewikan ika ne lugar, tlen ne cerritoh ika tlakuapiyan. Tiontekiti-
yayah tionahsiyayah se haciendah itokah La Merced, nikanika ika
Las juntas, nikanika cerro boludo asta ne waltoh para asta neka ika
ne cerritoh nesi nopano tlantoya iterrenoh. Tohwantin titekitikeh
kennopa, cada vez, titlaixwitekiliyayah, tichambiarowayah, kiza
katokili, kennopa techmakak terrenoh casi techmakak ika 300,
wahkaya baratoh eliyaya.

23
Fundación de la comunidad de Las Balsas

No sé en qué año se fundó esta comunidad pero cuando todo


empezó solo habían unas 15 personas. Para entonces estaba una
casa grande, y la ocuparon para la escuela que estaban solicitan-
do. Después de ahí llegaron otras personas que venían de El Tizal,
Huexotitla, Colatlán, La Pita y San Martín. Mi padre venía de La
Pita, yo nací aquí. Poco a poco se fue haciendo un pueblo, porque
empezaron a llegar señores grandes, de ahí ellos fueron invitando
a sus familiares y estos invitaron a otros, así es como fueron lle-
gando. Así llegaron muchos; y como vieron que hay terreno para
trabajar, acá se quedaron. Muchos vienen de aquel lado [estado de
Veracruz]. Era una buena comunidad, pero empezaron a llegar de
otros lados, como Colatlán, Ixhuatlán [Veracruz], y luego empe-
zaron a matarse.
En esta comunidad somos pequeños propietarios, es un terre-
no comprado a don Reyes. Él era el dueño y nos invitó que le com-
práramos el terreno, o de lo contrario haría de su terreno un potre-
ro grande, así nos sacaría a nosotros y metería al ganado. De esta
manera le empezamos a ayudar. Íbamos a trabajar hasta detrás de
aquel cerro, llegábamos a una hacienda llamada La Merced, Las
Juntas, y a un lugar llamado Cerro Boludo, hasta ahí terminaba su
terreno. Así trabajábamos, a veces tumbando monte, porque luego
sembraba zacate. Así nos dio su terreno, casi lo compramos como
a 300, estaba barato.

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Kostombreh

Kichiwayayah kostombreh cada año, mosentiliayah, tlatzotzona-


yayah, mosentiliayah tlen tlamatih, no weliyayah tlatekih yanopa
kichiwayayah, kisentiliayah xochitl, kichiwayayah maxochitl, es-
treyah tlen koyolli kichiwayayah, no yehyektzin nesiyaya ken kitla-
liayah. Nopa mochiwayaya Chikomexochitl para ne sintli. Sampa
kema onkah elotl no kichiwayayah kostombreh elotlakuayayah,
elotlamanah kiihliayah, inihwantih asitok kiyehyekuayayah, to-
hwantih nohwa tikuekuetzizin tieliayah ken kenohpa nemiyayah.
Kitomaroawayayah kiihtoah tlen kostombreh tlen neka kiwalika-
yayah. Naman mokahkeh tlen puro ixtlamatih, namah ayok kichi-
wah kuentah. Kalaktokeh ne la bibliah san puro inihwantin naman
kinekih kikotonaseh tlen ni kostombreh anterior, kiihtoah para
tlawel puro gastoh.

El costumbre

Anteriormente se realizaba “El costumbre” cada año, se reunían,


había música, se juntaban los ritualistas y hacían sus cortes de pa-
pel. También juntaban flores y elaboraban el maxochitl y las estre-
llas con hojas de coyol. Se adornaba y se veía bonito. La costumbre
del chicomexochitl se realizaba para el maíz. En cambio, la costum-
bre con respecto al elote era otro ritual, y se le llamaba elotlama-
nah. Así se realizaban antes. Se hacía de todo, nosotros estábamos
pequeños cuando aún se hacían. Decían que las costumbres que
realizaban las traían de sus pueblos originarios, de aquel lado. Hoy
en día ya no se hacen porque quedaron puros mestizos. Ahora hay

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gente dedicada a la biblia que están tratando de que estas costum-
bres ya no se realicen, porque dicen que es puro gasto.

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Elotlamanah

Ke elotlamanah tlatzotzonah, no mosentiliah tlen tlamatih, kichi-


wah kostombreh kiihlih, kichiwah atoli, xamitl, moinvitaroah wan
kichiwah komidah para tlakuah wan musicos. Elotzitzin kiinihto-
tiyayah ken naman tlen tokah naman wan tlaonkati ipan junioh,
tlen kineki kichiwas kichiwah naman ayok kiyehyekowah naman
san tekitl tokah. Tlen anteriores itztoyah kichiyayayah kostom-
breh wan sampa tlen keman tokas kitemoah se tlamatketl, kitlat-
lakualti isih, kitlahmahmanili isi para yasa tokati, tlamiktiyayah
se weyi fiestah onkayaya tlatzotzonalli, ken nopa tikittayayah
tohwantin, wenoh nahwa techtokaroh tohwantin ayok techtoka-
roh. Mochiwayaya pampa eliyaya sintli, motlaskamtiliyayah wan
motlahtlaniyayah ma mas ma kinimakan Dios, ken nopa kiihlih.
Nopa kichiwayayah tlamatketl, para elotlamanah se ome o eyi tla-
matinih mosentiliah, se yowal tlatzotznah, mihtotiah kiohtotiuh
elotl tlahkoyawal para kitl axmas kintlakualiliyaya mapachin. Ki-
temowayayah se personah kitlakentiyayah ken chichi wan se para
kitlankentiyayah ken mapachin, tlahkoyowal kisayayah kaltenoh
wan kiihtotih elotl wan nopa walah mapachin kikuas elotl, se elotl
nopa yowih se chichi tlaahwatih kuatlehkotih. Nopa chichi kristia-
noh, nochi san mochiwayayah, ya nopa itztok tlen tlamotla. Ken
kiitzkiyayah yowi tlen tlapewa tlatoponihti ken ne para ma wetziki
mapachin.
Yehyektzin ken kichiwayayah kostombreh, tohwantin timot-
lahtlankeyah ayok tichihkeh, miktiahkehya tlen nohwa kiolini-
yayah naman ayohkanah. Kemah kichiwah kostombreh cada año
nopa para motlahtlanih atl para wetzi atl para walah aguaceroh,
yanopa ika motlahtlaniayah. Ne tepetipa yowiayah ne se cerro,
mihtotiahyah, tlatzotzonayayah yowih músicos, para ma wetzi atl,

27
mihtotiah, tlatzotzonah, tlatoponiah weyi kuetehmeh, pitzakuete-
hmeh, quien sabe tlan axnopeka no waliyayah, waliaya se totlayi
chikahtok kiihliyayah Beto, ne Colatlan se ome o eyi weltah ki-
chiwako kostombreh. Yehyektzin kostombreh kichiwayayah, ki-
kotonkeh pampa naman puro ixtlamatinih wan sampa kalahkeya
nisekin religionistas ya ke kalaktokeh para kikotonasneki, ma ayok
tlen onkah yon se tlatzotzonali para ken ni Todos Santos.

28
La fiesta del elote

Durante “el costumbre” de elotlamanas, había música, también


se reunían los ritualistas, se preparaba atole, xamiles [tamales de
elote] y comida para convivir con los músicos. Así bailaban con
sus elotes. Ahora siembran y se va dando por el mes de junio, en-
tonces algunos ya pensaban en hacer “el costumbre”. Pero ya no,
solo siembran y ya, sin hacer nada. Anteriormente así se hacía,
cuando iban a sembrar buscaban a un ritualista para que preparara
su maíz, hacían el ritual antes de sembrar, mataban animales para
luego hacer una fiesta en grande, con música. De esta manera se
realizaban las costumbres, nosotros solamente lo vimos, ya no nos
tocó hacerlo. Lo hacían para dar gracias a la cosecha y para pedir
más a Dios.
Para “el costumbre” del elote se juntaban dos o tres ritualistas,
había música toda la noche y bailaban con sus elotitos, para que
el mapache no dañara sus milpas. También se hacía un simulacro:
vestían a una persona de mapache, a otro de perro, y había tam-
bién un cazador. Así, cuando salían a media noche a bailar con sus
elotes, de repente venía el mapache a robarse un elote, luego venía
ladrando el perro, iba tras él hasta que el mapache se subía a un
árbol, estaba entonces uno que lo apedreaba. Ya para cuando lo
tenían acorralado, venía el cazador disparándole hasta caerse.
Era muy bonito cómo se hacía antes “el costumbre”. Los que
fuimos creciendo ya no lo realizamos, además, aquellas personas
que conocían y promovían su realización, fueron falleciendo. “El
costumbre” que se realizaba cada año era también para pedir agua,
para que lloviera. Para ello iban a aquel cerro, bailaban, tocaban
los músicos, tronaban cohetes de los grandes y chicos para que
lloviera. Quién sabe si no venía de aquel lado el ritualista. Dicen

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que era un señor llamado Beto, de Colatlán, vino como dos o tres
veces a realizar “el costumbre”. Era bonito la realización del cos-
tumbre, pero ahora se dejó de hacer porque ya hay más gente que
no es náhuatl. Además de que hay personas religiosas y ellos quie-
ren que todo eso se pierda, incluso ya no quieren que haya música
en Todos Santos.

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Xantolo

Wahkaya nohkiya ken Todos Santos kalpanoyaya tlamatketl,


kinwikayayah tlatzotzonanih wan ya motiochiwayayah tlaixpan,
kintlamaniliaya difuntos, sampa ken chikuexti a los nueve días kin-
makawahya difuntos. Ken nopa kampa kinotza yowi kampa axki-
notza axyowi, kalpanoyaya asta kampa tlanexilis. Ne tetahmeh no-
hwa tikinittakeh tlamakawayayah ne kampa ne clinicah eltok, nepa
eltoya eyi tiokuawitl ken ni tekpantok nopano mochihchiwiliyayah
se kuatlapechtli wan arcos nochi asitok. Ne asta mopehpenayayah
tlan timokokoa nepa mitstekatih tikasis motiotah motinah nepa
mitztlalanati. Tlatzotzonanih se omeh eyi par mowikayayah, tla-
matinih welis se nawih makuilmeh.

Todos Santos

Anteriormente, en tiempos de Todos Santos, el curandero ritualis-


ta andaba visitando las casas. Llevaba a los músicos, oraba ante el
altar, ofrendaba a los difuntos y a los ocho días los despedía. Pero
también, a donde lo llamaban iba, sino no se iba. Así andaba visi-
tando las casas hasta el amanecer. Todavía vimos cómo los abuelos
iban a despedir a sus difuntos, hasta allá donde ahora está la clí-
nica. Allá había tres árboles de cedro, ahí construían un pequeño
tapete de palos y con arcos. Ahí hasta se levantaban por si estabas
enfermo. Allá te acostaban, así consigues a tu padrino o madrina,
ahí te van a levantar. Había unos dos o tres pares de músicos y
unos cuatro o cinco ritualistas.

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Ne tecolotl

Tecolote tzahtzi nopa yanopa mitzchiwiliah tlen malo, tlen weli


mitzchiwilih, mitztitlanilih nopa tototl para ma mitzahtziltiki,
wan nopa poxekue nohkiya, wan nopa seyok tototl nemi nikan,
nopa ya kiseguiroa tzahtzi, ni namanok tzahzik kiihlih tohwantin
axtiakayayah tiyahtoyah mexihko. Kiihliah echkapamtzin panok
nikanni tzahtzitiyahki, nopa ya kiavarrontarok ne tlani mihki se
totlayi, asitia ichikuextihkan asiko se razon para se miktok neka
ika nalli nemiyahya, sa ika ikaxtoltihka mihki seyok kiihlih, no
sampa neka mihki tres veces cada ratitoh motekpichoh. Nopa to-
totl itokah xixtli, panok nikan kuaixko eli yahki, ya nopa tlen malo
kiihlia, kiwalika la muerte, kiitta la muerte para nechka walah,
axta ne se o ne seyok komo ika timiakih tiitztokeh axtikmatih ah-
kiya kitokaros.

El tecolote

Cuando canta el tecolote es que algo malo te hacen, por eso te


mandan al pájaro, para que te haga sufrir. También puede ser pája-
ro de malagüero, el tapacaminos, y otro pájaro que por ahí todavía
anda cantando, éste tiene poco que cantó, según dicen. Nosotros
no estábamos porque andábamos en México. Dicen que pasó baji-
to por aquí, pasó cantando. Ése anunció la muerte de un señor que
andaba hasta allá abajo; a los ocho días se muere otro señor que
andaba en el otro lado; y a los quince días muere otro que también
andaba al otro lado. Tres se murieron, a cada ratito, uno tras otro,
cada ocho días. Ese pájaro que pasó encimita de los árboles se lla-
ma xixtli, ese pájaro es malo porque trae la muerte o ve la muerte

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que se acerca, a lo mejor tú no, será aquel, o aquel otro, ya entre
tantos uno no sabe a quién le va a tocar.

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Ne cuatochin

Ne kuatochi itztok ipan luna pampa kemah totiotzi kimpolo gente


ya no tlehko ipan kaja wan teipa mokawato. Miak genteh polihkeh
wahkaya pampa totiotzin ayok kinekki ma itztokah pan ni tlali. Ni
gente tlawel mokuayaya, yeka totiotzin kimpolo ika atl.
Kuatochin kiyolmelahki se totlayi ma monehnemili pampa
wala atl, kemah tlaawetzki kuatochin wan kotorrah tlehkokeh ipan
nopa kajah, tlehkok atl wan yahki asta wahkapan. Nopa kuatochin
pampa mayana yahki tlakuato ipan ne metztli yeka mokawato,
teipa kinehki kitsas ayok welki kiski, ayok tlakuapili. Kotorra ya
axkanah mokahki, ya motominito ipan al cieloh yeka patlachtik
mokahki.

El conejo

El conejo está en la luna porque, cuando Dios desapareció a la


gente, se subió a un arca y se fue a quedar ahí. Mucha gente murió
porque Dios ya no quiso que vivieran más en la tierra, ya que esta
gente, entre ellos, se comía. Por esa razón Dios los desapareció con
el agua.
El conejo fue quien avisó al hombre que construyera un arca
para salvarse del diluvio que se acercaba. Cuando llovió mucho, el
conejo y la cotorra se subieron al arca. Subió el agua y el arca tam-
bién subió hasta el cielo. El conejo, por tener hambre, fue a comer
a la luna y cuando quiso salir ya no pudo, por eso ya no volvió.
La cotorra no se quedó pero, como el arca pegó en el cielo, quedó
medio aplastada y así está hasta el día de hoy.

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Tenantzitzimitl

Itztoya se tenantzitzimitl katliya kininotzaya konemeh, totlayi-


meh, kinihliyayah,
—Inwalahkehya, xiwalakan, xipanokan
—Ken ni kinihlis.
Kinotzayaya wan kintlamakayaya, kintomawayaya wan tei-
pa kininmikti wan kinkuayaya. Ne ichan san momimilohtokeh
kewak se pitzomeh, ayok welih mewah pampa kuali tlakuahtokeh.
Kiihtoah kimiktihkeh, kitlatihkeh wan nopa ikuanexxo kimaktili-
hkeh se señor ma kimahkawati ipan mar, wan ya axkanah kima-
hkawato ipan atl, kimahkawato tlanempan yeka naman itztokeh
ni etzameh, sayolimeh, xikohmeh. Wahkaya tlawel mokuayayah
welis pampa axakayayah animalitos (pitzomeh, totolimeh, vacas,
piyomeh), yeka.

La abuela malvada

Estaba una señora mala, quien llamaba a los niños y a los señores
diciéndoles:
—Ya vinieron. Vengan, pasen adentro.
Los llamaba, les daba de comer, los engordaba y después los
mataba para comérselos. La gente se andaban revolcando adentro
de su casa como si fueran puercos, ya no se podían ni levantar
de tanto que habían comido. Cuentan que después la mataron y
dieron sus cenizas a un señor para que las fuera a tirar al mar. El
señor, sin embargo, no tiró las cenizas al mar sino ahí, donde no
había nada, por eso hoy hay muchas avispas, abejas, abejorros. An-

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tes se comían mucho entre ellos, puede que no hubiera animales,
como los puercos, guajolotes, vacas, pollos.
Ne tamaltin

Totiotzin kimpoloh ika atl masewalmeh pampa mokuayayah. Ki-


chiwa ikoneh inon, kiihlih iyexnan ma yowi inon ma ontlachkue-
niti, kikochtektewas ikoneh kiihlih ya nopa techpowiliyayah no.
Kikochtektewas ikoneh wan inon ma kimokuitlawi iyexnan, ya
ahsiki kichihtok tamales, ya kiahsikka iikxi, iixipatlan kikuassa ta-
males ya ipilkoneh. Keman kiihlis:
—Ta xitlakua, xitlakua— kiihlis. Ya kiasis nopa ipilikxi nopa
ipilkoneh ya kiihlis:
—Ta xitlakua ni inon, ni kochtok mokoneh—. Ya kitlachiliti ya
axakah, ya ya tamales kichihtok iyexnan.
Ya kena kiihlih tlen wahkapameh mokuayayah kiihlih, ya axka-
nah, axkanah inon, axkanah momiakiliyayah komo ken naman.
Komo naman axmokuah naman miak genteh yeka ya kimpolohki
Dios axkinihki ihkinon para mokuah yeka kimpoloh ika atl.

Los tamales

Dios desapareció a la gente porque se comían entre ellos. A una


señora, que tenía un hijo, su suegra le dijo que fuera a lavar ropa,
entonces acostó a dormir a su hijo al cuidado de su abuela —eso
nos contaban—. Dejó durmiendo a su hijo al cuidado de su sue-
gra. Al regresar su suegra ya había hecho tamales. Mientras comía
encontró un pie, el pie de un niño, ya iba a comer los tamales y era
de carne de su hijo. Cuando su suegra le dice:
—Tú come, tú come— Mientras ella encontraba en el tamal el
pie de su hijo.
Su suegra de nuevo le dijo:

39
—Tú come, tú come, que tu hijo está durmiendo.
Cuando la señora va a buscar a su hijo no lo encuentra, porque
su suegra ya lo había hecho tamales.
Por eso dicen que sí, antes la gente se comía. Por eso no llega-
ban a ser muchos. No como ahora, ya no nos comemos y somos
muchos. Por eso a Dios no le gustó cómo era la gente en ese tiem-
po y la desapareció con el diluvio.

40
Tepehua
Te pe hua

En la Huasteca Poblana se hablan


dos variantes de tepehua: la varian-
te de Mecapalapa, que son un grupo
de tepehuas emigrados de Huehuet-
la, Hidalgo y que nombran a su len-
gua originaria como lhima’alh’ama’;
en Progreso de Allende, Cañada de
Colotla, ejido Cerro del Tablón, mu-
nicipio de Pantepec y otras pequeñas rancherías, así como en La
Pahua, Metlaltoyuca, hay un puñado de tepehuas que hablan una
variante diferente a la que se habla en Mecapalapa. Éstos provie-
nen de las comunidades de Pisaflores, El Tepetate, San José El Salto
y San Pedro Tziltzacuapan, del municipio de Ixhuatlán de Madero,
Veracruz, y le llaman a su lengua lhichiwín.
En el censo de 2010 se contabilizaron 230 tepehuas en el es-
tado de Puebla; alrededor de 150 habitan en Mecapalapa, Rancho
Nuevo, Pantepec y La Pahua, Metlaltoyuca. Un pequeño grupo de
tepehuas emigró a la cabecera de Huauchinango y aunque entre
los adultos hablan en tepehua, los niños ya no la adquieren como
su lengua materna. El reducido número de hablantes de tepehua
nos indica que es una lengua amenazada y en peligro de ­extinción,

41
no solamente por el grupo reducido de hablantes adultos, sino
porque ya no hay una transmisión intergeneracional de esta len-
gua originaria.
Presentamos aquí los cuentos de la variante que se habla en
Progreso de Allende, Huauchinango y La Pahua, o sea, de la va-
riante lhichiwin. Las consonantes de esta variante que son dife-
rentes en español, son la lh, como en la palabra lhisan, “guitarra”;
la ts, que se pronuncia como un solo sonido en tsaw, “quelite”; la
x que se pronuncia como cuando hacemos el sonido para callar a
alguien (sh), ejemplo: xkan, “agua”. La w se utiliza en ciertas pala-
bras, como en tsaw, “quelite”, o wilhchan, “sol”. También el lhichi-
win utiliza el saltillo (‘) con muchas consonantes, por ejemplo: ch’,
ch’un, “zopilote”; k’, k’iw, “árbol”; p›, p›in, “chile”, etcétera.
En cuanto a los textos, fueron contados por la narradora tepe-
hua doña Edelina Márquez López, de aproximadamente 80 años
de edad y originaria de Pisaflores. El primer relato narra el mito
del muchacho que canta como el “kuxkux” (ave pequeña parecida
al tecolote); el siguiente cuenta la historia del hombre que tenía el
don de entender el lenguaje de los animales; el tercero es la historia
del tecolote y el curandero; y finalmente presentamos el cuento del
compadre envidioso.

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Kuxkux

Ma’anchacha ma ixt’ajun pumatam ts’alh ma sawalhcha ix’achaniy


tichiyucha jatsi’, pero ma jantu ixk’atsay tani kalhit’achiwinilhcha.
Walh la’atam jatats’isni ma wa niycha alh tan ixwilh an jatsi’ la ix-
cha’ak’an ixpaynin chi ma tsukulhcha milhpay chi ma ixjasanan-
cha. Chi akxni tunkunchalh ma kilalhcha la ixcha’a an jatsi’. Ma
najun:
—Ch’i k’a jant’u asmat’at’iti an sawalhcha ixjasanankan ts’isi-
cha ma najun.
Pus an ixnati an jatsi ma juniy:
—¿Tasu wananchacha, tisuncha? —Ma wa juniy.
Pus an ts’alh ma a’tam nawpalayi li ma ts’isicha.
Pus akxni ma juniy an ixnati an jatsi:
—¡Ah! Sawalh ka yucha an ixmakat’ajun wa tacha wa ixjaki-
kt’alanankancha, chun ik’asmat’aw ma juniy.
Pus akxni an ts’alh ma wa lascha ta’antalh ma sawalhcha lhi-
maxanalh. An ts’alh chaway ma yucha an kuxkux junkan yu al-
ha’asmat’aw milhpay najun: “kux, kux, kux”. La’atam ts’o’o yu wa
tacha lakat’ikt’i mo’xnu’, yu milhpay akxni so’ominta pukuxtu. Ani
ts’alh ma ixnajun an la ixmilhpat: “ajkuxtulh, akchitnilh, aksa’nalh”.

Kuxkux

Hace tiempo vivía un muchacho al que le gustaba mucho una mu-


chacha, pero no sabía cómo cortejarla. Resulta que una noche se
acercó al lugar donde vivía, en la casa de sus padres, y comenzó
a cantar y a tocar música. Platican que cuando amaneció fue a la
casa de aquella familia donde vivía la muchacha y preguntó:

43
—¿No se dieron cuenta de lo que pasó anoche? Cantaban y
tocaban música.
Entonces la mamá de la muchacha le contestó:
—¿¡Cuándo!? ¿Qué cosa?
El muchacho respondió que la noche anterior. La mamá de la
muchacha dijo:
—¡Ah! Es cierto, sí escuchamos el ruido. Sonaba parecido a
cuando golpean un metate.
El muchacho bajó la cara y la mirada, pues le dio mucha ver-
güenza. Platican que esa es la razón por la que hasta el día de hoy
escuchamos cantar a un pajarito parecido a un pequeño búho que
dice: cux, cux, cux. Dicen que es el muchacho que canta. Este paja-
rito1 hasta el día de hoy canta cuando llega la temporada para rozar
o tumbar el monte para hacer la milpa. El canto del muchacho dice
“voy a rozar, voy a moler, voy a leñar”.

1
Parece ser que esta ave es el tecolotito o mochuelo (fam. Glaucidium)

44
Lapanak yu lay ixjalaj’alha’asmat’a chux an jatapakxat tani ta-
najuncha

Ma’anchacha la’atam wilhchan tichiyucha Lapanak ma najun:


“chaway chun ajkuxtuya’ chi oxi tukani akxawaya’”. Walh ma as-
matlhi la’atam tsapulh yu ma ancha ixtawlay ma wanajcha ay chi
ma wanajcha ma’a’ay, ma sawalhcha ta’oxila’alhilh.
Akxni ma ampalhcha an lapanak tan kuxtulh para li ma ka-
xawayacha ma asmat’a ma sawalhcha s’olhnikan chi ma ma-
pa’a’ukancha ma yucha an tsapulh ma sa’cha ixtanun la ixch’axpa
ma’a’aya k’iw tan ch’axpalho’o’ ixjunita. An tsapulh ma najun:
—Sawalh ay lamapaynin ak’ima’osut’ika’ mu ik’alha’asmat’an li
chawaycha k’amak’ilhnuya’a ani t’an k’uxt’u chi akla’xawya li jan-
tu xamati akintima’osulh, lamapaynin ak’ilhip’ika tan jantu kati-
cha’alh an jikmi.
—An lapanak ma juniy:
—¡Kaa’! Pero jantu lay aktich’ixni. Iklhiminta la’atam kinkux-
talh li lay anch’ach’a k’at’a’ut’i masicha wa akxa’amalhi’anancha ma
juniy.
Pus an tsapulh ma najun:
—Oxicha chi aklhipuxkawniya tani jantucha lakas ts’ink’i
ak’ilhiwilat’i.
Pus ma ma’atcha kimakawlh. Chi xli’astan an tsapulh ma na-
jun:
—chi chaway tasuncha iklhi’aniyani ma najun.
An lapanak ma juniy:
—Jantu tu’u’. jant’u k’alhak’ap’up’i.
An tsapulh ma najun:
—Wueno oxicha, sawalhcha lhimala’puchajuni li k’ima’osut’icha
chaway uxint’i wanaj k’aja’asmatni’oya’a tani talaknajuncha chux an

45
jatapakxat wa yu jant’u k’is xamat’i k’at’i’un t’ach’a an k’aja’alha’as-
mat’a’a wa lay t’a kalat’i ma juniy.
Walh ma milh la’atam wilhchan akxni an lapanak ma ta’alh
tianquis ali an ixt’iwi’, an ixt’iwi ma ixp’ulay ma ixpu’anta la’atam
yewa chi an lapanak ma ixpu’anta la’atam potro, walh an lapanak
ma wa cachichicha ts’i’in wa xliyu li ma oxi ja’alha’asmatlhi tacha
ixtalajuniy an yewa ali an potro, pus an ixt’iwi ma tala’asp’itlhi ma
sawalhcha ixtalh’aman mu ma ixnajun li sna yuchacha lhits’i’in
u ma sna wa xamaticha ixa’alapalay t’aku an lapanak, ma p’ascha
ilhisakmikan tuchini lhits’i’incha an lapanak. An papa ma najun
li jantu tu’u lhits’i’in. Wa chuncha ma sawalhcha ixta’oxila’alhiya
an lapanak, ma wachunchacha aklatsukulh. Walh ma milh la’atam
wilhchan tan ma ix’alin k’atan ma la’ts’ilh la’atam aya puyux, tan
ma najun an pullux:
—¿Lapanak uxint’i ikla’ts’inan li wa sawalhch’a t’a’oxila’alhiy,
t’asuch’a lay? Ma najun.
Pus an lapanak ma jun’olhi tani yu putapasaycha. Wa chuncha
an pullux ma juniy:
—¡Ah bueno! Yucha wa lasi kats’awalalh alini xak’uch’u,
chaway akxni chunchacha ka’ilhtupalam amint’iwi akxni sawalh-
cha aj’aymapalani li jant’u uniya t’uch’ini lhits’i’incha kalaps laps
ayna’a’a chuncha yu kasa’ lhikilhunan, mu chuxi xt’a’ni’o’oy tisun-
cha ts’an’aniya ma juniy.
Pus an lapanak ma chunchacha ilhtulh, ma ts’awalalhi an ix-
problema pus ma akxnicha yu p’ulhnajcha latina’kalh.

46
El hombre que podía escuchar lo que dicen todos los animales

Platican que hace tiempo un hombre dijo: “Ahora sí voy a limpiar


la tierra y quemaré la yerba para hacer una buena milpa”. Platican
que lo escuchó una serpiente muy larga y gruesa que se entristeció
mucho por lo que dijo el hombre.
Cuando regresó aquel hombre al lugar donde limpió para que-
mar la yerba, escuchó que le silbaban y lo llamaban por su nombre.
Era la serpiente. Estaba metida dentro del hoyo de un árbol grueso
y le dijo al hombre:
—¡Te pido un gran favor! Quítame de aquí porque escuché que
hoy vas a ponerle fuego donde limpiaste. Y me voy a quemar si
nadie me quita de aquí. Te pido un gran favor: llévame a donde no
va a llegar el fuego.
El hombre le respondió
—¡Oh! Pero no te podré cargar. Aquí traigo un costal, si quie-
res métete ahí. Aunque sea a rastras te llevaré.
Entonces la serpiente respondió afirmativamente y dijo que
trataría de no pesar mucho. El hombre la fue a dejar lejos, a un
lugar donde no se quemó.
La serpiente le preguntó al hombre cuánto le debía por haberla
dejado lejos. El hombre le respondió que nada, que no se preocu-
para. Pero por agradecimiento la serpiente le dijo al hombre:
—Bueno, muchísimas gracias por salvarme. De hoy en adelan-
te tú escucharás lo que todos animales hablan; pero nunca le dirás
a nadie lo que escuchas para que no te pase nada.
Poco después el hombre y su esposa salieron a un tianguis; ella
iba montada en una yegua y él en un potro. Platican que el hombre
soltó una risotada o carcajada porque escuchó lo que platicaban el
potro y la yegua. Entonces la mujer volteó rápido, muy enojada, y

47
le preguntó a su marido el porqué de la carcajada. La mujer pen-
saba que se reía de ella porque tal vez el hombre andaba con otra
mujer.
Platican que a menudo la mujer no dejaba de preguntar por
qué la risa y siempre se enojaba. Pero el hombre decía que no era
nada. De ahí el hombre empezó a andar muy triste y preocupado
porque que no podía ser feliz con lo que le sucedía. Resulta que un
día pasó por donde había una fiesta y vio un gallo grande. El gallo
le dijo al hombre:
—Oye señor te veo muy preocupado y triste, ¿qué es lo que te
sucede?
Entonces el hombre le contó todo lo que le sucedía. El gallo le
respondió:
—¡Ah bueno! Esto tiene solución. Ahora, cuando tu mujer te
vuelva a regañar por no decirle por qué te ríes, dale unos cuartazos
y verás que así se resolverá tu problema. Pero es que a ella todo le
cumples, no le falta nada, ¿qué más quiere?
Y resulta que cuando la mujer nuevamente volvió a molestar al
marido, el hombre hizo lo que dijo el gallo. Platican que es cierto,
que sí funcionó, y que de ahí en adelante ya nunca le volvieron a
preguntar al hombre por qué se reía. Dicen que esa fue la primera
vez que hubo unos cuartazos.

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Mo’xnu yu ixtawk’ay laka pusantoj

Ma’anchacha ma ixt’ajun pumatam lapanak ma japapana ixjunita,


ma ixjalak’ilhtunun, an la ixcha’a ma ixyajuta a’atam ixpusantoj.
Akxni ma ix’ancha la ixkuxtu li akxni ma ixchincho’oycha la ixcha’a
ma ixla’ts’in ma anchacha lhapa’ uk’alh an mo’xnu an la ixpusantoj.
A’tamj a’tamjcha ma ixchincho’oy ma o’sliyani li ma anchacha
lhapaj ixtawk’apalay an laka pusantoj. Pus an japapana ma sawalh-
cha ma’talh’amalh, mu ma jantu ixk’atsay tuchi ixlakatacha li chun-
chacha ixlay an mo’xnu’. Ma milh la’atam wilhchan an japapana ma
xwak na’p’uxli, wa yu mu ma jantu oxi na’lhi pus ma jantu nilh.
Wachuncha an japapana lapanak ma ma’atalhcha laka la’atam
t’uklan, la’puslicha wilhchan ma pastaklhi li ma’atata an mo’xnu’,
ma ma’ataxtupalh chi ma wanaj la’ap’ulhu’olh ma wa alhalhacha
ilhtulh, chi a’tam ma ma’atapalh.
Wachuncha an mo’xnu ma juni an japapana:
—Lamapaynin ak’ixt’a’nich’o’ocha an kila’ch’it mu wachu ikma-
xanani li wa alhalhacha ak’ancho’olh.
An japapana ma alhtaylh ma juni:
—Tasu aklhixta’niyancha mila’ch’it kit’ini, chu laycha aklaks-
lamyawniyan mijapamat, jantu katilalh ma juni.
Pus wachuncha an japapana ma ampalhcha la ixkuxtu chi ma
aylhi’alh pumatam ix’amigo, pus ancha ma talhilakchiwinicha tani
laycha a mo’xnu’. An ix’amigo ma alhtaylh ma juniy:
—Li ja’s mawayan ch’i li jant’u ma’nip’ut’un alini t’ach’a k’a’ilht’u,
wa yucha an “ixtatsalat x’oyi” k’a was was p’u’ayna’t’i walh chuncha
wa lasi ka k’ixix la’ap’uncho’oya’ ma juniy.
Pus wachuncha an japapana ma chunchacha sawalhi ilhtulh,
ma was wascha pu’ayna’lhi an ixtatsalat x’oy an mo’xnu’, walh ma

49
wa las sawalhi k’ixix la’ap’uncho’olh. Akxni ma oxicha la’ap’un-
cho’olh an mo’xnu ma najun:
—Mu wa laycha li jantucha ali xakmilh, pero wa sawalhcha
xakimala’achakanachalh, an laka la’nini xakminachalh, ak’ima-
la’mixinini li sawalhcha ja’s xakmawayan ma najuni an mo’xnu’. —
Chaway ikti’ancho’oycho —Ma nawpalay.
Pus ma laksnij laksnijcha ancho’olh, ma laksnij laksnijcha
ta’akatampaxa’ancho’olhi an laka lajk’iw ma chunchacha lay pu-
cha’ancho’olh tan ixmintachalh a mo’xnu’.

El tecolote que llegaba al altar del curandero

Platican que en tiempos remotos existió un hombre que era curan-


dero, hacía limpias en su habitación, donde tenía un altar. Cada
vez que regresaba de su milpa siempre veía a un tecolote sentado
en su altar. Eso pasaba todos los días.
Platican que el curandero se llenó de ira porque no sabía cuál
era la causa por la que el tecolote siempre se sentaba en el altar.
Hasta que un día bajó al tecolote cuando intentó golpearlo con un
palo, pero el tecolote no murió, pues el curandero no atinó a gol-
pearlo. Entonces el curandero lo atrapó con un chiquihuite para
que ahí se quedara.
Pasado el tiempo el curandero se acordó del tecolote, puesto
que lo tenía guardado. Platican que lo volvió a sacar y le quitó to-
das sus plumas, dejándolo todo pelón para acto seguido volverlo a
guardar en el chiquihuite.
El tecolote le pidió al curandero, suplicándole:
—Por favor, regrésame mi ropa porque también me da ver-
güenza andar desnudo.

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El curandero le respondió al tecolote:
—Pero, ¿cómo puedo regresarte tu ropa?, no puedo. ¿Acaso
puedo pegar tus plumas con algún pegamento?
—¡Imposible! —le contestó.
Entonces el curandero regresó a su milpa invitando a un ami-
go. Estando allá platicaron acerca de lo que hacía el tecolote. En-
tonces el amigo le dijo al curandero:
—Es verdad que te molesta, pero no le quieres dar muerte. Hay
una solución. Busca un bejuco llamado “diente de perro”, y con eso
golpeas al tecolote. Verás que pronto le saldrán plumas para que se
vaya volando.
Entonces el curandero hizo lo que le dijo su amigo. Platican
que sí resultó. No tardó tiempo cuando el tecolote se volvió a llenar
de plumas. Después de esto el tecolote le dijo al curandero:
—Señor curandero, yo no quisiera venir más, pero yo era en-
viado, a mí me mandaban. Yo venía del infierno. Discúlpame que
te moleste, ahora ya me voy a regresar, quédate en paz.
Platican que el tecolote regresó a su lugar, poco a poco, volan-
do de árbol en árbol, hasta que llegó a su destino.

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Pumatam lapanak yu ixkajiy ixkumpaj

Ma’anchacha ma ixt’ajun pumatam lapanak yu ma sawalhcha oxi


ixtawlht’ajun. Chi ma ixlit’ajun pumatam ixkumpaj. Walh ma chilh
la’atam wihchan akxni an ixkumpaj ma juniy:
—Kumpaj ch’i k’a jant’u k’ats’ay t’ani k’alhit’alat’icha para li pa-
lay wa las oxi k’at’a’ulh, ajkunan mu wa yucha an xala’tap’a’xni xaluj
chi tasa chi pax’acha k’ast’at’i mu kit’in wa yucha ikst’ay ma juniy.
Ma chuncha juniy an ixkumpaj ani lapank mu ma wa ixkajiy
ixlakata li yucha ma sawalhcha oxi ixtawlht’ajun. Pus an ixkumpaj
ma chunchacha ilhtulh, chi ma tatamakawlhcha tuchi wilhchan-
cha katalhi’ana tan kata’anacha st’anin. Chilh wilhchan ma ta’alh-
cha, ma talakmak’uk’anilhcha ixkawayojk’an chi ma wakcha ta’alh,
walh ma ta’alhcha ta’alhcha ma ta’oxaycha pus an ixkumpaj an yu
ja’aylhi’aninilh ma najun:
—¿Karaw chu sawalhka ts’an’ayi para kacha’aw? Mu tats’isicha
ma najun.
Pus an ixkumpaj ma juniy:
—Mu kacha’anawcha wa yu katijastaknaw, laksniy kacha’anaw
ma juniy.
Pus wa chuncha ma tajastaknalhcha, chi mu ma sawalhcha
ilho’onta an ixkumpaj pus yucha ma tamalhcha. Chi an yu ix-
ja’aylhi’anininta ma sa’cha tawilh chi ma tsukulhcha malhkulay, an
ixkumpaj ma lhtatalhcha, chi an yu malhkulalh ma kalakscha ix-
pach’ilhi’anta la’atam la’pu’axi, wa chuncha akxni ma lhtatakujchalh
an ixkumpaj ma la’ts’in ma sa’cha wilhi tichiyucha ma sa’cha la’pu-
tanuni an la’pu’axi, pus wa chuncha ma la’ts’ilh ma las ostayalh ma
sawalhcha talhamnilh ma jats’alalh ma wa tanchuncha jats’alaj’alh

53
mu ma puts’ista chi ma warr ta’aj’ajulh. Ma chuncha puma’nilh an
ixkumpaj an tichiyucha lapanak ma wa xliyu wa ixkajiy mu yucha
ma sawalhcha oxi ixtawlht’ajun.

El hombre que envidiaba a su compadre

Platican que hace tiempo vivía un hombre próspero, muy trabaja-


dor y honrado. Tenía un compadre envidioso. Un día su compadre
le dijo:
—Compadre, veo que no sabes cómo ganar dinero en abun-
dancia y prosperar rápido. Te diré: tienes que reunir las padecerías
de ollas de las tazas de comales y otros utensilios de barro; yo así le
hago. Vende eso y te darás cuenta de lo que te digo.
Le dijo esto porque se daba cuenta que estaba prosperando
muy bien y le tenía envidia.
Entonces el hombre próspero así le hizo: Reunió todo y luego
se pusieron de acuerdo sobre el día en que saldrían a vender a tal
pueblo. Cuando llegó el momento subieron todo lo que tenían que
llevar a caballo y se fueron. Caminaron y caminaron y no llegaban
y ya estaba por oscurecer. Entonces el compadre invitado le dijo:
—Oye, ¿a poco todavía falta mucho para que lleguemos? Ya es
muy tarde.
El compadre contestó:
—Ya vamos a llegar, pero vamos a descansar un poquito, poco
a poco llegaremos.
Así, estos dos compadres desmontaron todo y descansaron. El
compadre invitado estaba muy cansado y tendió algo para acostar-
se y se durmió. El otro se sentó e hizo como que empezó a poner
fuego. Después, ya ardiendo bien la lumbre, sacó una máscara que

54
había llevado a escondidas y se la puso sentado frente a la fogata. Y
resulta que cuando el compadre dormía, se despertó al ver a aquél
que estaba sentado con la máscara. Se asustó mucho, se levantó
como pudo y se echó a correr sin rumbo. El compadre espantado
en la plena oscuridad se desbarrancó y murió. El compadre envi-
dioso así terminó con su compadre. Lo envidiaba porque estaba
prosperando muy bien.

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Otomí
Ot omí

El otomí se habla, principalmente, en


los municipios huastecos de Pahuatlán,
Pantepec, Tlacuilotepec, Jalpan, V. Ca-
rranza, Honey, Z. Mena, Xicotepec y
Tlaxco. Se contabilizaron en estos muni-
cipios poco más de 8400 hablantes, en el
censo del inegi del año 2010. El otomí
pertenece al tronco otomangue, y a la fa-
milia otopame; otras lenguas originarias
de esta familia son el pame, chichimeco
jonaz, tlahuica, mazahua, matlatzinca y
ocuilteco.
Desde el siglo xvi el término “oto-
mí”, probablemente de origen náhuatl,
ha sido asociado con estereotipos despectivos. En la actualidad no
hay un gentilicio aceptado por todos los grupos otomíes de Mé-
xico. Por ejemplo, los del valle de Toluca se llaman a sí mismos
ñätho, los del sur de Querétaro, ñañho, los del Valle del Mezquital,
hñahñu, y los de la Huasteca poblana, cuando hablan en su idio-
ma, se autonombran yuhú, ñuhú o nyúhu, aunque cuando hablan
en español usan la palabra “otomí”. Sin embargo, los profesores

57
bilingües, provenientes del Valle del Mezquital, Hidalgo, que la-
boran en las escuelas de las comunidades otomíes de la Huasteca
poblana, han querido generalizar y difundir su gentilicio para to-
dos los grupos otomíes; por eso a veces oímos en los pueblos de
nuestra región el término hñähñú.
El idioma yuhú es uno de los más complejos de México. Es un
idioma tonal. Cuando se habla en esta lengua el cambio de tono
en una palabra puede modificar el significado. Por otra parte, a
diferencia del español, que sólo tiene cinco vocales, el yuhú tiene
13. Esta complejidad ha vuelto un poco difícil su escritura, pues no
hay grafías para representar las vocales que no están en español.
Por lo que en el alfabeto otomí se ha optado por subrayar o marcar
con otros diacríticos las vocales diferentes del español. Por ejem-
plo, las diéresis en una vocal (dos puntitos) indican que es nasal,
señalando los dos orificios de la nariz por donde sale el aire, ejem-
plo: ïtï, “borracho”. Las vocales diferentes del español se subrayan
en la ortografía que optamos; la e es una vocal abierta que se pro-
nuncia entre la a y la e, un ejemplo lo tenemos en la palabra fehni,
“mentira”. La a se pronuncia entre la a y la o, ejemplo: a, “pulga”. La
o se pronuncia entre la o y la e, ejemplo: oni, “pollo”. La u se pro-
nuncia poniendo los labios para pronunciar i, pero pronunciamos
u, sin redondear los labios, ejemplo: ju, “frijol”. Las consonantes
diferentes del español son el saltillo (‘), ejemplo: ‘yo, “tallo”; la th,
que se pronuncia con un poco de aire (aspirada), ejemplo: thai,
“rayo de luz”; y la ts, que es un sólo sonido, ejemplo: tsähwa, “garza
blanca”. La h, en esta ortografía, no es “muda”, es parecida a la “j”
del español, ejemplo: ëhë, “viene”. Para no complicar la escritura,
los otomíes han decidido no marcar los tonos en la palabra, aun-
que en algunos pueblos sí los escriben.

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El primer cuento es una historia de un hombre flojo, en otras
versiones lleva por nombre “los tres hermanos” o “Juan Oso”: Re-
lata las peripecias entre tres hermanos y su competencia por ser
los mejores. Tal vez es un relato de origen europeo, quizá intro-
ducido por los frailes conquistadores para las arengas moralistas.
El siguiente relato es la historia del coyote y el conejo, este cuento
está muy difundido en todo México: La permanente rivalidad en-
tre los dos da como resultado que el conejo siempre logra engañar
al tonto coyote. Presentamos, posterioremente, el cuento del flo-
jo y el zopilote, quienes acuerdan cambiarse de papel. Finalmen-
te presentamos el cuento del hombre que hablaba con el diablo.
Los textos fueron recogidos en los pueblos otomíes de Ixtololoya
y Acalmancillo, del municipio de Pantepec, y fueron contados por
don José Mendoza Tolentino y Antonio Basilio Tolentino.

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Rá kwento ra dänhyëi

N’dandi nu’ä zi dänhyëi bi mboho yo n’yohu ge dänu n’da ran gopa


ge ran tähä bi ‘yot’a ra ndo rey. Nu’a zi dänyëï hinbi hyäx rá nzedi ä,
pe nu’u go yón ‘yohu bi guxh yón zedi u ge yo thühme. Janange ‘ä
go bi mba madüti yo thühme a zi dänhyëi, ‘ne bi mba buya. Nu’bu
mi thopu jara ndendädehe, nu’ä zi dänhyëi binu yo ts’ufo isöpu
jara dehe.
‘Ne nu’ä zi dänhyëi buya, bi yëmp’u yo ts’ufo:
—¡Hwëhi ähu gyo ts’ufohu maske ëmme gi tuman thühühu!—
bi ‘yëna. ‘Ne bi hyä’ä n’da ra thuhme vi ‘yemba u yo ts’ufo, ‘ne bi
thopuya.
‘Ne nu’bu mi tho’ä ra nde buya ëmme i sö ‘a zi oyü i korba ‘yü
bu ni mba ‘a zi dänhyëi.
‘Ne bi ‘yëmbuya:
—¡Hwëhi ‘i zi oyü maske gi tuman thühü!
‘Ne bi hyä’ä n’da ra thuhme bi xembi, ‘ne bi thopuya. ‘Ne
m’befa buya bi nu n’da ra däfani, i ‘bapu jara nden’yü ge itsa yo
‘yondäpo.
‘Ne bi ‘yën a zi dänhyëi mahon’ä:
—¡Hwëhi ‘i ha ge zi däfani gi tsa yo ‘yondäpo!
Nu’ä zi dänhyëi buya bi hyä’ä n’da ra thuhme ‘ne bi xemba ä ra
däfani.
Nubu mi zombu ra ngu ra ndo rey buya, i ha bu yo ngo. ‘Ne
nu‘a ra ndo rey buya bi ‘yëna:
—Nuya dinja n’da ra ntähä, nu’ä to’o da zurpä rá xi’ba mat’ïxü-
gö, ge’a ga ot’ö mam ‘behä ‘ä. Ne bin toge u buya, bin tihi ‘ne bin
tähä ‘ne njombi dähä. ‘Ne ra nzegi thoho ‘ä zi dänhyëi bi ntähä.
‘Ne nu’u yo n’yohu buya bi ‘yëna:
—Hama gethnu da dähnu ‘ne go hinda tähmbu.

61
‘Ne nu’bu ra yo ‘bot’ï di ja ‘a zi dänhyëi buya, ‘bexke bi zurpa rá
xi’ba ‘a rá t’ïxü ‘ä ra ndo rey. ‘Ne nu’ä ra ndo rey bi ‘yëmbuya:
—Age’ï ga ot’ä ma mbehä ya ‘bu, bi ‘yembi, bi ‘yorba n’da ra
ngopa, ‘ne ëmme bin johya.
‘Ne nu’u yo n’yohu a zi dänhyëi bi nkwe u ‘ne bin ts’eya, bi zön
yo fehni ‘ne bi ‘yëmp’a ra ndo rey:
—Nu’ä nim ‘behä ima ba hä’ä n’da ra nfo’ye bi obu ja ra dädäde-
he ge xotho ra k’axt’i, ‘ne di un’na ni t’ïxü.
Nu’ä ra ndo rey buya bi zo’na rán ‘behä, ‘ne bi ‘yëmbi:
—¿Jwänni gim ma ge bí on’da ra nfo’ye ge ra k’axt’i bu ja ra dä-
dädehe? ¿Hwä gi mba küa häi gi un’na ma t’ïxü gö ‘na?
‘Ne bi ‘yen’a zi dänhyëi buya:
—Pe himma jwänni ä, hinte di mangö nyo.
‘Ne nu ra ndo rey bi ‘yem buya:
—Nu’bu ma juänni bí o bu ran fo’ye gi ma, di ndegö gi mba bá
häï nu’bu hin’na, gi tü.
‘Ne bi mba ‘a zi dänhyëi buya bä häi pu ja ra ndendädehe, ëmme
i tu rá mbui ‘ne izoni. Nu’u yo ts’ufo ge xi ‘wïmbuya, bi ‘yën’u:
—¿Hanja ge gi zoni?
Nu’ä zi dänhyëi bi yembi:
—Di zongö, ëmme i tü ma mbui nange ra fehni bi ts’öngi. Bi
t’ëngi da ma ba häkä n’da ran fo’ye bi obu ja ra dädädehe ge ra
k’axt’i, ‘ne ga un’na ma xitsu.
‘Ne nu’u yo ts’ufo xi ‘wïmbuya, bi ‘yën ‘u:
—Pe odi tü ni mbui, mate ga ‘yor kähe, mate ga o’t’ahe. Nugöhe
ba häköhe ä ra nfo’ye gi ma.
‘Ne bi mba u yo ts’ufo buya bá hä ‘a ra nfo’ye, ‘ne bi un’na zi
dänhyëi. Nu’ä zi dänhyëi buya bi hyäxä ra nfo’ye ‘ne bi un’na ra ndo
rey. ‘Nenu ‘u yo n’yohu buya bin ‘yëmp’u:

62
—¿Pe ha go án zö ba hä’ä ran fo’ye ä buya, ‘bepu i jap’a? ‘Ne xo
bi zömba man ‘da ra fehni, ‘ne bi ‘yëmp’ä ra ndo rey:
—Nu’a ni m’behä ima ge n’da xüitho di nhät’uhni ä ra xitsu, ‘ne
ya di ‘bupu ra ‘were gi thex’bu ni xüdi.
Nu ra ndo rey buya bi zon’na zi dänhyëi, ‘ne bi ‘yëmbi:
—¿Hama jwänni ga ma ge n’da xüitho di nhät’uhni a ni xit-
su, ge ya di thexö ra t’u were ni xüdi? Nu’bu nhabu, di ndegö di
‘bukwa ra ‘were ni xüdi, ‘ne nu’bu hin’na, ya di xi’i ge gi tü.
‘Ne ëmme bi dü ra mbui a zi dänhyëi buya, ‘ne bi mba bu ra
nde hnini bi zombu. Nu’a ra oyü ‘bu mi nu i zon’ä zi dänhyëi, bi
‘yëmbi:
—¿Hanja ge gi zoni?
‘Ne nu’ä zi dänhyëi bi ‘yëna:
—Di zongö getho bi ts’öngo n’da ra fehni, t’ëngi damage n’da
xüitho din hät’uhni a ma xitsu, ‘ne ya di thex ra ‘were a ra ndo rey
‘bu ni xüdi, nu’bu hin’na da mba nthogi. ‘Ne nuya hindi padi ‘be’ä
ga ot’e.
‘Ne nu’a ra oyü bi yëmbuya:
—Pe odi tuni mbui, mate gä, ‘yorke mate ga o’t’e e. Ni mba
kämba n’da ra m’bebo a ni xitsu, ‘ne ba otyo bopo detünza, ‘ne
nugö ga mba ba hongö n’da ra ‘huere gi pan t’a ra m’bebo bä kä, ‘ne
gi hyäspa’ä ra ndo rey da dets’i.
‘Ne bi mba’ä zi dänhyëi buya b kämba ra m’bebo a rá xitsu, ‘ne
bi ot yo ‘bopo detunza.
Nu’ä ra oyü buya ba hä n’da ra ‘were bi un’na ra zi dänhyëi, ‘ne
bi mbant’a ra m’bebo. ‘Ne bi hyäxpuya bi un’na ra ndo rey ‘bu mi
hyätsi. ‘Ne nu’u yo n’yohu ‘ä zi dänhyëi ëmme bi hyonya thoho, ‘ne
bi n’yëmp’u:
—¿Pe hage di jap’a? ¡xoge hingi tsö ga tapö hu’ä! Nu’u yon
‘yohu bi ‘yëmp’a ra ndo rey:

63
—Iman’ä ni m’beha ge mada ge’ä da ‘yoxmade ran dospi, pe
hindi nzo’na.
‘Ne nu’ä ra ndo rey bi ‘yëmbuya:
—¿Hamajwänni ts’u buya ge hindi nzo’ä?
‘Ne bi ts’on’na zi dänhyëi buya, ‘ne bi t’ënmbi:
—¿Hamajwäni gi ma ge hingi nzo madage’ä go ‘yox made ra
ndospi?
Pe nu’ä zi dänhyëi bi ‘yëna:
—Himma jwänni a, pe hinte di mangö.
Nu’ä ra ndo rey buya bi manda di üdi n’da ndospi. Ne nu’a zi
dänhyëi buya hingi pädi ‘beä dä ‘yot’e, ‘ne ëmme i tu ra mbui.
Nu’ä ra däfani ‘bu mi ntimhmi a zi dänhyëi bi ‘yembuya:
—¿Hanja i tü ni mbui?
‘Ne nu’ä zi dänhyëi bi ‘yembuya:
—Nugo ëmme i tü ma mbui nange n’da ra fehni bi siki.
Nu’ u götho yo fehni xo siki, götho xtä pommanho, pe nuya,
ëmme xon hëi ‘be’ä i sikya. Nuya t’ëngi da ma ge hinte gä ja mada
ge’ä oxmade ra ndospi.
‘Ne nu’ä ra däfani bi ‘yëmbuya:
—Mate gä yorke, mate ga o’t’e ‘e.
Nuya gi hyäxki, ‘ne nugö ëmme gan tikö ge’bu go bi zit’ma
xönthe gö ni pahni. ‘Ne bi mbu’di tihi a ra däfani buya, ëmme ge
di föspu ge’bu go mi hi dyo xön the. ‘Ne ëmme bi zit’yo xönthe ra
pahni’ä zi dänhyëi. Nu’bu mi zopu ja ra ndospi buya bi sifi dä ‘yox-
pu ä zi dänhyëi. Pe hinbi nzo getho ya mi k’ayo xönthe rá pahni.
‘Ne nu’u yo n’yohu a zi dänhyëi nu’bu mi nu ge’ä ya, himbi nzo, bi
‘yemp’u buya:
—¿’Be’ä gä ‘yot’e ge’ä hinga nzo?
‘Ne nu’ä zi dänhyëi buya bi ‘yëmp’u yo n’yohu:
—Anu’ä dä ot’ö, dä nhigö ra tsibi.

64
‘Ne nu’u yo n’yohu buya bi mba bä nhi ra tsibi, ‘ne mba bi ‘yox-
pu ja ra ndospi, ‘ne ‘bexke bi nzobu ‘u.

El cuento del flojo

Hace tiempo existió un hombre flojo. Un día, junto con sus herma-
nos, fue invitado a una fiesta donde habría juegos y competencias;
esta fiesta fue organizada por el rey del lugar. El flojo no llevó su
itacate para el camino, pero sus hermanos llevaron pan; por lo que
al flojo le cargaron los panes y se fueron a la fiesta. Cuando pasa-
ron por la orilla del mar, el flojo vio que saltaban uno pececitos en
el agua, y les dijo:
—¡Ay pececitos, pobres de ustedes, tal vez tienen hambre!—
Sacó pan y les dio pedacitos a los pececitos, y siguió adelante.
Al atardecer un ave “tapa-camino” iba adelante del flojo tapán-
dole el camino, por lo que el flojo le dijo:
—¡Pobrecito de ti pájaro “tapacamino”, tal vez tienes ham-
bre!— Entonces sacó pan y se lo dio en pedacitos y siguió adelante.
Después vio un venado que estaba en la orilla de camino, co-
miendo un poco de pasto seco. Y el flojo le dijo:
—¡Pobrecito de ti venadito, estás comiendo pasto seco!— En-
tonces sacó un pan y le dio pedacitos para mitigar el hambre del
venado.
Cuando llegaron a la casa del rey ya estaba la fiesta. El rey
anunció:
—¡Hoy va a haber una competencia! Aquel que logre tocar el
pecho de mi hija montado a caballo, se casará con ella.

65
Todos montaron los caballos y compitieron en la carrera, pero
ninguno de ellos logró ganar. El último en competir fue el flojo, y
sus hermanos comentaron:
— Es imposible que gane, pues nosotros no ganamos.
Y cuando iba en la segunda vuelta el flojo tocó el pecho de la
hija del rey. Entonces el rey se dirigió a él, diciéndole:
—Eres tú el que se va a casar con mi hija.
Se puso muy contento y le organizó una gran fiesta. Los her-
manos del flojo se enojaron y sintieron mucha envidia, por lo que
fueron con mentiras con el rey:
—Dice tu yerno que en el fondo del mar hay un anillo de oro y
que él lo va a sacar para dárselo a tu hija.
Entonces el rey llamó a su yerno y le dijo:
—¿Es verdad lo que dices, que hay un anillo de oro en el mar y
que vas a sacarlo para entregarlo a mi hija?
El flojo le contestó:
—¡Eso no es cierto yo no dije nada!
El rey le dijo amenazador:
—¡Si es verdad que existe ese anillo quiero que vayas a sacarlo,
porque si es mentira te mueres!
El flojo, muy tristemente, fue y se sentó en la orilla del mar y
lloró, pero los pececitos a los que les había dado de comer lo vieron
y le preguntaron:
—¿Por qué lloras?
—Estoy muy triste por la mentira que inventaron, por eso llo-
ro. Dicen que dije que voy a sacar un anillo de oro que está en el
fondo del mar para dárselo a mi esposa, y cuando el rey se enteró
me dijo que lo vaya a sacar, porque si no lo saco va a matarme.—
Les contestó el flojo.
Los pececitos lo animaron y le dijeron:

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—Pero no estés triste, tú nos diste una gran ayuda y ahora no-
sotros te ayudaremos, iremos a sacar el anillo.
Entonces los pececitos fueron a sacar el anillo y se lo dieron al
flojo, quien se lo llevó al rey.
Sus hermanos se dijeron:
—Pero, ¿cómo es posible que haya sacado el anillo, cómo lo
habrá hecho?
Y otra vez le inventaron una mentira y le dijeron al rey:
—Dice tu yerno que en una noche va a embarazar a tu hija y
que mañana estará cargando el niño.
Entonces el rey llamó al flojo y le dijo:
—¿Es verdad lo que dijiste, que en una noche se va a embara-
zar mi hija y que mañana ya estaré cargando el niño? Si es así quie-
ro que el bebé esté aquí mañana, pero si no es cierto te vas a morir.
Entonces el flojo se puso muy triste y llorando se fue a sentar
en la orilla del mar. Cuando el tapacamino lo vio que estaba llo-
rando, le preguntó:
—¿Por qué lloras?
—Lloro porque me inventaron una mentira, dicen que yo dije
que en una noche se va a embarazar mi esposa y que mañana su
padre, el rey, estará cargando el niño, porque si no me va a matar
¡Ahora no sé qué voy a hacer!— Le contestó el flojo.
El tapacamino le dijo:
—Pero no estés triste, tú me diste una gran ayuda y yo te voy
a ayudar. Ve a traer un fondo de tu esposa y le untas la resina del
árbol “sangre de grado”, yo buscaré un bebé para que lo envuelvas
con el fondo, para que se lo lleves al rey y lo cargue.
Entonces el flojo fue a traer el fondo de su esposa y le vertió la
resina del árbol “sangre de grado”, mientras el pájaro tapacamino
trajo un bebé y se lo dio al flojo, quien lo envolvió con el fondo y

67
al amanecer lo llevó al rey. Los hermanos del flojo quedaron muy
sorprendidos y se dijeron entre ellos:
—Pero, ¿cómo es que lo hizo? ¡Nunca podemos ganarle!
Pero otra vez los hermanos del flojo le inventaron una mentira,
le informaron al rey:
—Tu yerno dice que no se va a quemar si se posa en medio del
fuego.
El rey les contestó:
— ¿Será cierto que no se va a quemar?
Entonces el rey mandó a traer al flojo y le dijo:
—¿Es cierto que no te vas a quemar aunque te acuestes en me-
dio del fuego?
—Eso no es cierto yo no dije nada.— Contestó el flojo.
Entonces el rey ordenó que se hiciera una gran hoguera. El
flojo no sabía qué hacer y se puso nuevamente muy triste. Cuando
el venado vio al flojo, le preguntó:
—¿Por qué estás triste?
—Estoy muy triste por la mentira que me han inventado, de
todas he salido librado, pero ahora es muy difícil. Dicen que me
acostaré en medio del fuego sin quemarme. —Contestó el flojo.
El venado le respondió:
—Tú me ofreciste una gran ayuda y ahora yo te ayudaré. Me
vas a montar y yo voy a correr hasta que quede muy sudado y que
se empape tu ropa de mi sudor.
El venado comenzó a correr, dando muchas vueltas, hasta que
se quedó bañado en sudor. La ropa del flojo quedó empapada del
sudor del venado. Cuando llegó donde estaba la hoguera, le orde-
naron que se acostara ahí, pero no se quemó porque la ropa estaba
mojada del sudor del venado. Entonces, cuando sus hermanos se
dieron cuenta que no se había quemado, le preguntaron:

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—¿Qué fue lo que hiciste, porqué no te quemaste?
Entonces el flojo les contestó a sus hermanos:
—¡Oh, lo que hice fue bañarme en petróleo!
Entonces fueron a bañarse de petróleo y se acostaron en el fue-
go y allí ardieron hasta quemarse. Así termina la historia del flojo.

69
Ra kwento ra dinsjwa ‘ne ra min’yo

N’dandi, n’da ra min’yo bi din’a n’da ra dinsjwa ‘ne mi nde xtän za.
‘Ne bi ‘yën’ä ra dinsjwa:
—Pe nu’bu gim bëni gi tsagi dami ‘dakän t’ëdi ‘be ga nhigats’i
‘bu ngetho ëmme dä ‘yathï gö.
‘Ne bi ‘yën ‘ä ra min’yo buya:
—Da zö’bu.
‘Ne xo bi ‘yën’ä ra dinsjwa.
—Pe dami ‘böt’i ‘bu di hyambu, götho dä nhi gö ts’u.
‘Ne zö mi ‘böt’ä ra min’yo buya, jatete thoho i ‘da’ä ra dinsjwa.
‘Ne zö mi ‘böt’ä ra min’yo ya xi mba’ä ra dinsjwa. ‘Ne n’da ra pa
buya nu ra min’yo xo bin timmi a ra dinsjwa ‘ne bi ‘yëmbi:
—Ya gä hyoka n’dandi, pe nuya gehma gä tsa ‘äya.
‘Ne nubuya ëmme ba thoni bu ndospi ge mi pa nthurpa n’da ra
hwähi ‘ne pe di k’ehni yo t’o i zo.
‘Ne nu’ä ra dinsjwa buya bi ‘yëmp’a ra min’yo:
—Dami ‘dagi ga min’yo, ha hingi ode ba k’exni wa yo boshna,
ngetho nu’bu hingi ‘dagi ga tuwi wa.
‘Ne bi ‘da’ä ra min’yo buya, ‘ne’ä ra dinsjwa bi ‘dagi. ‘Ne xon n’da
ra pa buya bi din’a ra dinsjwa ge mi hüpu ra ndui ra t’oho ge mi di
nhëni. ‘Ne bi ‘yën ‘a ra min’yo buya:
—Hai hüpu gä dinsjwa. Ya na yondi gin di mpommi, pe nuya
genhya hingi mpommi, gehma ga tsa’äya.
‘Ne nu’ä ra dinsjwa bi ‘yëmbuya:
—Hage gä min’yo, hagi ëmbi ndetho di huköwa, hin’na. Nura
ra t’oho hokwa i nde da xot’na. Ja nange’ä dami ‘dagi nu’bu hin’na
‘da tuwi wa ‘bu bi xot’na ra t’oho.
‘Ne nu’ä ra dinsjwa ëmme bin johya.

71
El cuento del conejo y el coyote

Un día un coyote encontró un conejo, y se lo quería comer. Pero el


conejo le dijo:
—Si me quieres comer dame permiso de ir a bañarme porque
estoy muy mugroso.
El coyote le respondió:
—Claro que sí, báñate.
El conejo le dijo nuevamente:
—Pero voltéate para allá mientras yo me baño.

72
Entonces, cuando se volteó el coyote, el conejo se escapó sin
hacer ruido. Cuando el coyote volteó a mirarlo, el conejo ya se
había huido.
Otro día el coyote se volvió a encontrar con el conejo y lo ame-
nazó diciéndole:
—¡Una vez ya me engañaste, pero ahora sí te voy a comer!
Pero en el campo había mucho fuego, pues se estaba queman-
do una milpa y se oían como truenos las varas que se quemaban;
por lo que el conejo le dijo al coyote:
—¡Huye! ¿Acaso no oyes el ruido de las balas que vienen hacia
acá? Si nos quedamos aquí, moriremos.
Entonces los dos salieron corriendo del lugar.
Otro día, nuevamente, el coyote encontró al conejo que estaba
descansando al pie de la montaña, y le dijo:
—¡Conejo! ¿Estás allí sentado? Ya van dos veces que te salvas,
pero ahora va a ser diferente. ¡Te voy a comer!
El conejo le contestó:
—¡Coyote! ¿Tú crees que estoy aquí nomás sentado? ¡No, este
cerro se va a derrumbar, por eso lo estoy sosteniendo para que no
se derrumbe. Huye para no morir aplastados cuando el cerro se
derrumbe!
Entonces el coyote salió corriendo y el conejo se salvó y se
puso muy contento.

73
Rá kwento ra dänhyëi ‘ne ra pada

Nu’ä zi dänhyëi, ëmme mi dänhyëi di hwa’bu xo mba hwähi. Zi


ts’utho mi hwähi ‘ne mi pabu ja ra xaha, mi hüpu di hanni thoho.
N’da pa ngun’da pa ya fe’a mi ot’a. ‘Ne nd’a ra pa buya, bi hyanda
n’da ra pada ‘ne bi ‘yëmbi:
—Hage zi pada, eman ho’ä thoho, xo götho yo pa gi ‘yotho,
‘ne hingi di mpefi, xo gi hontho ‘be’ä gi tsi. Hinga ngugö ëmme di
humbö ra ‘befi nange go timman ts’ihme.
‘Ne nu’ä zi pada buya bi ‘yëna:
—Majwani’ä gi ma, hin di mpekö, ‘ne di ‘yotho götho yo pa, ge
di nhoni ‘be’ä gä tsi:
Nu’ä zi dänhyëi bi ‘yemp’a zi pada buya:
—Ha hingi nde ‘bu gä npammi, gä mpada gö.
‘Ne go gin jä’i i ge. ‘Ne nu’ä zi pada bi ‘yëmbuya:
—Pe hagi tsa u gö di tsa gö. Getho di tsagö yo ndüfani, yo
ndündäni, ‘ne hont’a ‘be’ä ma zu’wë i tü götho di tsagö u. Janange’ä
mpa ‘bu mpa ‘bu di ‘yogö, getho di honi hapu i ja ma nts’ihme.
‘Ne nu’bu gö nu gö bu ifun’ä n’da ra ‘bifi, ‘ne nde dama ge pu
i jabu ma nts’ihme gö buya. Pe nu’bu gi tsa u gö di tsagö, dazö ga
mpammi ‘bu. ‘Ne nu’ä zi dänhyëi bi ‘yëmbuya:
—Ähä ga tsagö u, bi ‘yëna.
Un’ä zi pada, bi t’ëmp’a buya:
—Nu’bu ga tsombu ja ma ngunga ‘bu bin de, mbudi gi nxu’ye
‘ne gi hyüpu ja ra menxa ge go ntsihme.
Nu’bu bi hyaxpuya, xo ba ëhë gi mpefi, ya gin nu ‘be’a di ot’ö.
‘Ne nu’bu da t’ën’i:
—¿Hanja ëmme xo xä ‹i?
—Nu’i gi ‘yëmbi:
—Getho bä agö yo xä páxi, gi ‹yëmthoho.

75
‘Ne ge’ä bi ‘yot’u buya, ‘ne bi pärpa ra he’ä. Zi dänhyëi a zi pada.
Nu’bu mi zombu ra ngu zi dan hyëi ‘ä zi pada, ‘bu min de buya bi
hyuxpu ga ra nthüts’i, ‘ne ëmme i oxtha thoho getho hingi padi da
hyüdi. ‘Ne nu’ä ra xitsu bi ‘yëna:
— ¿’Be gidi ja geya, ëmme gi oxthatho hingi tsö gi hyüdi?
‘Ne nu’ä zi pada bi ‘yëmbuya:
—Nugö ëmme xtá humbö ná mpa ya, jana ngabu hingi tsö ga
hyükö, getho ëmme dä yögi.
‘Nu’ä ra xitsu bi nbähä ge ëmme xo nhe’t’e, ‘ne bi ‘yëmbi.
— ¿’Be’ä gidi ja ëmme ge xo nxä’e?
‘Ne bi ‘yën’ä zi pada:
—Nugö ëmme xtá ogö yo xä paxi, ja nange›ä ëmme xo nxä gö.
‘Ne nu’ä zi dänhyëi ëmme i ‘yo i honi ‘be da zi ge ëmme di
tuman thühü. ‘Ne bi hyandi bi fun ‘a n’da ra ‘bifi bu yatho, ‘ne bi
njohya buya, ‘ne bi ‘yëna:
—Ä nuya bi funnu n’da ra ‘bifi ya, m’batho ja ‘be’ä bi janu ya.
‘Ne bi mba buya bi wëntho bu ja ra ndospi. Pege n’da ra hwähi
‘a mi pa nt’üdi, ‘ne ja bi dübu ‹ä zi dänhyëi buya. ‘Ne nu’bu xo mi
tho’yo pa buya, ‘ne ‘a zi pada bi dü getho himmi nzäi da zi ü götho
mi tsi ‘a zi dänhyëi ‘na.

El cuento del flojo y el zopilote

Había un flojo al que le daba mucha flojera cuando era hora de ir


a trabajar en su milpa. Trabajaba un rato y luego se iba a descansar
en la sombra de los árboles. Todos los días hacía lo mismo. Un día
vio a un zopilote y le dijo:
—¡Zopilote! Eres muy afortunado, tú te la pasas todos los días
paseando y sin trabajar, te paseas todos los días buscando la comida.

76
El zopilote le respondió:
—Es verdad lo que dices, yo no trabajo, nomás me paseo bus-
cando comida.
El flojo sintió envidia y le propuso al zopilote:
—¿No te gustaría que cambiáramos de papel? Yo me convierto
en el zopilote y en humano te convertirás.
El zopilote le respondió:
—Pero, ¿acaso comerías lo que estoy comiendo? Puesto que mi
alimento son los animales muertos, como las vacas y los caballos,
todo tipo de animal muerto es mi alimento. Esa es la causa por la
que me paso todos los días buscando dónde hay comida. Si veo un
lugar donde sale una humareda, quiere decir que es ahí donde hay
comida. Si estás dispuesto a comer todo lo que yo como, sí estoy
dispuesto a que nos cambiemos de lugar.
Entonces el flojo le respondió afirmativamente:
—Si, voy a comer todo.— Y le dio instrucciones al zopilote.—
Cuando llegues a mi casa, en las tardes te lavas las manos y te vas
a sentar a comer en la mesa. Al día siguiente vas a venir a trabajar,
ya ves cómo hay mucho trabajo, y si te preguntan: “¿Por qué hueles
muy mal?” Tú les vas a responder que había muchas hierbas apes-
tosas en el lugar donde estás trabajando.
Y así hicieron, se cambiaron de lugar y de aspecto. Cuando se
hizo de tarde el zopilote llegó a la casa del flojo, se lavó las manos
y se sentó a comer, pero no se podía sentar en la silla, se caía de
espalda, porque no sabía cómo sentarse. Su esposa le preguntó:
—¿Por qué te caes de espalda?
El zopilote le respondió:
—Hoy he trabajado muy duro, por eso no puedo sentarme,
porque estoy muy cansado.
Su esposa percibía que olía mal y le preguntó:

77
—¿Qué tienes que apestas mucho?
Su marido, que en realidad era el zopilote, le respondió:
—He trabajado donde hay hierba apestosa, por eso hiedo mal.
El hombre flojo, ahora como zopilote, andaba volando buscan-
do qué comer porque tenía mucha hambre. De lejos percibió una
estela de humo y se puso bien contento, se dijo: “Veo ese humo, allí
hay algo”. Se fue directamente a un fuego, pero era una milpa que
se estaba quemando. Allí se quemó el flojo. Días después también
el zopilote se murió porque no estaba acostumbrado a comer lo
que comía el flojo.

78
Rá kwento a ran ‘yohu mi yäwi ra zïthu

Mi ‘bu’ä n’da ra n’yohu mi yäwi ra zïthu, ‘nemi zo’bu xo marte ‘ne


yo mbëhë. ‘Ne nu’ä ra zïthu bi ‘yëmp’a ra n’yohu.
—Nu’bu gi poske gi hyoka n’da ra ‘bo’oni, ‘ne gi tso ga n’da ra
xebu yo. ‘Ne nu’bu ja ra ndent’ots’i ‘a ni xitsu gi popu n’da ra däxm-
bo, ‘ne ga yu’ts’öra däxmbo nange yo mbeti.
‘Ne ge’a bi’yot’a ra n’yohu ‹ä buya ‘ne bi nja ra mbeti. Xongu yo
höi mi the, ‘ne xon gu yo ndäni mi di ‘yëhë, ‘ne xongu yo fani midi
‘yëhë.
‘Ne nu’bu mi zon ra pa ge bi dü ‘ä ra n’yohu buya, bin xen ‘a ra
jädo, pe mi oktho hinte mi obu a ra dü. ‘Ne n’da ra pa buya ge mi
‘yo ra ‘yü ‘a rá dü. ‘Ne n’da ra pa buya, ge mi ‘yo ra ‘yü ‘a rá amigo,
ge ni mba bu ja rá hnini danu ra töi. ‘Ne bi nu ‘ä ra zïthu ge di toge
‘ne i jut’a ra jä’i xi dü ‘nen thu’t’i ra kadena.
‘Ne nu’ä ra n’yohu i pa njut’i buya, bi ‘yëmp’a ra amigo:
Dami xi ‘i ts’u uma t’uhni gö di bun t’u yo mbeti ge i hoxpu ha
ra hëts’i, getho ge’ä ëmme ran umbö wa’ä ya.
‘Ne nu’ä ra amigo bi ‘yëmbuya:
—Pe hinda ‘yëkyëi gö u ni t’uhni ge.
‘Ne bi ‘yën’ä ra n’yohu ge ma nthät’i buya:
—Pe nu’bu, gi käxna ma bayu gö gi ‘yüti, janange’ä da’yëk’yëi.
‘Ne nubuya bi un’na ra bayu ge xi jamba ra hmi ‘bu mi dü, pe
xinga ge ‘a, ja ge’bu mi xifi ge di bunt’u yo mbeti i hoxpu ja ra hëts’i.

79
El cuento del hombre que hablaba con el diablo

Hace tiempo existió un hombre que hablaba con el diablo los días
martes y viernes. Un día el diablo le dijo al hombre:
—Si vas a invocarme hazme una ofrenda de pollo negro, en-
ciende una vela de cebo y en la orilla de la cama de tu esposa vas a
poner una jícara, y yo la llenaré de dinero.
Así hizo el hombre y se hizo muy rico. Tuvo muchas tierras,
ganados y muchos caballos. Pero cuando murió su sepulcro se
quebró y la gente se dio cuenta de que estaba vacío, no estaba el
cadáver.

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Al otro día, cuando sus amigos iban por el camino al tianguis
del pueblo, vieron al diablo que iba montado en su caballo y jalaba
con cadena al señor que había muerto, quien alcanzó decirle a uno
de sus amigos:
—Diles a mis hijos que tiren el dinero que está en el tapanco,
porque yo sufro mucho, esa es la causa de mi sufrimiento.
El amigo le respondió:
—Pero tus hijos no me van a creer lo que me has dicho.
El señor que hablaba con el diablo le contestó:
—Llévate mi pañuelo para que lo enseñes y te crean.
Le dio su pañuelo, con el que le habían tapado la cara cuando
murió, pero no le creyeron, sino hasta que señaló dónde estaba el
dinero que tenían guardado en el tapanco.

81
Totonaco
Totonac o

El totonaco es la segunda lengua


originaria más hablada en el esta-
do de Puebla, después del náhuatl,
pues, en el censo de 2010 (inegi),
se contabilizaron 106 559 hablantes.
En el norte de Puebla se habla en
la región Huasteca, principalmente
en los municipios de Pantepec, Jal-
pan, Huauchinango, Tlacuilotepec,
Zihuateutla, V. Carranza y Metlal-
toyuca. En estos municipios se con-
tabilizaron poco más de 14 mil hablantes. No obstante, el mayor
número de hablantes, y donde existe más vitalidad lingüística, es
en el Totonacapan poblano. Huehuetla, por ejemplo, tiene 12 758
hablantes, según el censo de 2010. En ese municipio los niños la
siguen adquiriendo como su lengua materna, y muchos adultos
son monolingües en totonaco.
El totonaco tiene variantes: a la de Huehuetla se le denomina
“totonaco central” o “totonaco de la sierra”, mientras que a la de los
pueblos de la Huasteca poblana, “totonaco del norte” o “totonaco
norteño”. La variante de Huehuetla tiene tres vocales a, i, u (largas

83
y cortas), y 19 consonates. Las que son diferentes al español son el
saltillo (‘), ts, q, lh, h y x. Las vocales largas, en los textos de esta
antología, se señalan dobles, ejemplo: kaakiwin, “monte”. Es nece-
sario mencionar también que la q se pronuncia más atrás que la k,
en la úvula, ejemplo: qawasa’, “niño”. La lh es una l sorda y se pro-
nuncia poniendo la punta de la lengua como si quisiéramos decir
una ele (l), pero sólo saliendo el aire, ejemplo: lhtawat, “hierba”; la
x es el sonido para pronunciar: xanat, “flor”; mientras que la j es
una aspiración suave, menos fuerte que la j del español.
Los relatos de Huehuetla fueron contados por don Bonifa-
cio Pérez Méndez (†) y Mateo de Luna Dorantes, de la comunidad
de Putaxcat. El primero se refiere al mito de Aktsiní, “El dueño
del agua”. En esta versión, Aktsiní se enfrenta en un combate con
Matanku (Estrella de la mañana), y logra derrotarlo. Mientras que
en la tierra se producen torrenciales lluvias, a Matanku lo llevan
de regreso al cielo, ayudado por 12 ángeles, y es cuando deja de
llover y la gente puede sembrar. La segunda narración integra al-
gunas creencias sobre el Sol, la luna y las estrellas. El tercer relato
trata sobre Kiwiqolo’, “El dueño del monte”; y el último es sobre el
intercambio de papeles entre el flojo y el gavilán.

84
Aktsiní’

“Nikúkawa akxni’ kimpaskwa”.— Ninaxla’ nalaqchan tsanqay. Ni-


kjxni wanikán: “tsanqay xla’mimpaskwa. Parnixkatsi niku’ akxni’”.
—Luu xtalakatsuwilha’ kimpaskwa
—Kpuwan, a’kunina’, maqatkú tsanqay.— Aqsqawmimaka.
Kum nawanikán xla’ lapekwa xa’ natlaway sen. Lakaskima xa’
naway wantikú namuxtuqoy paks matwa, xlikana chipataxtoqma,
tiku muxtuy, tiku muxtuma luu xpaxuwat.
Chuntama’ akxni’ mat lapekwa xtalatlawama ayma’ Matanku,
xtala’lakatalh wilima, akxni’ pulha’. Akxni’ pulha’ uyma’ Matankú,
tsukulh taratlaway taralhkatalay, pii natna’ talatnán. Pusmaktilh,
maktika uyma’ Matanku anta’ laqchalh, xtlajakanit xmaqnimaka
tima’ Aktsini’ kaymat aktsitsiwa xtlawakanit, chu lata xtarakjtal-
hwilima.
Kitiyaqolh qalhkutuy jilinín, waxla’ matankiparqolh, limpar-
qolh mat nalhtu xlay, lapekwa ksenama’ maski kaskujti, nalhtu
xtamaqalanan, wantu nachána, lakum xawat, wa sen akxni’ tima
xmakataktanit Matanku taratlawalh. Chuntama’ akxni’ limparka
tima matankú linka, tsukupa lanán, taxlajalh sen, tsukupa lananan.
Wanqoy, chuna tama akit klichuwinan’.

Aktsini’

“¿Cuándo será mi fiesta?”. Es la pregunta que se hace Aktsini’.


—Todavía no es, aún no ha llegado, falta tiempo.
Nunca le dicen: “falta para tu fiesta. Quién sabe cuándo será.”
—Quisiera que fuera pronto mi fiesta.— Replica Aktsini’.
—Todavía no, falta mucho tiempo.— Y así lo siguen e­ ngañando.

85
Si le dicen enloquecerá y producirá un diluvio. Él necesita ayu-
dantes quienes le sirvan, y son los que se ahogan, es decir, se apo-
dera de los espíritus de los que mueren ahogados.
Cuando Aktsini’ estaba luchando con Matanku [estrella de la
mañana], le aventaba fuego en el momento en que Matanku res-
plandecía. Por las mañanas, cuando Matanku resplandecía, es
cuando Aktsini’ lo molestaba porque emite [fuego].
Aktsini’ derrotó a Matanku y lo bajó [del cielo], pero cayó en
el lugar donde estaba Aktsini’. Cuando Matanku recobra fuerzas
empieza a ganarle a Aktsini’, lo estaba matando, lo tenía bien de-
rrotado.
Matanku fue llevado de regreso al cielo por 12 ángeles del
trueno. Ya no se daban nada de cultivos, llovía mucho, aunque tra-
bajara uno en su tierra, no se daba nada de la cosecha.
Si sembraban maíz no se daba nada, porque estaba lloviendo
mucho, fue cuando Aktsini’ había derrotado a Matankú, es por eso
que no paraba de llover. Cuando los ángeles del trueno se llevaron
a Matanku al cielo, empezó a disminuir la lluvia, nuevamente la
cosecha se empezó a dar. Eso que platico es lo que cuentan los
antepasados.

86
Papa’, staku’ chu chichiní’

Papa’ nawtiya’ kinkamakatlimán xa’tukawa tachanan, makatlima’


akxni’ xanay, tapalhiy, akxni’ saqaliparkan, yujqoy tachanan nawi
xtaratlawana’ laqapaxtoqkan.
Pakswa kinkamakatlimán, katsiy kinkapulhliman, xchatuykan
malana’. Wanchu kintlatkán chichini’, waxla’ kinkamalaqaxqaqa-
yán, pa pii nalh nakaxqaqay natatsuwiqoy laktsú chíwix, paks la-
panit nawan.
Pa pii natsiswán chunta’, lakum xpatimaw xapulh, titiswalh,
tapoqlhli, xaqchipananit kintlatikán. Pa pii maqtum wintu xlalh,
nalhtu lamawkawa, paks xkinkawaqon laktsu chiwix. Akxni’
tlawan stakú, talatnan pii tatsuwi chiwix, tasiyu taniku wilinikán
parpii nina’ talakan nakinkawayan lapanit nawán.
Namá xlanchu wilinit xlimapaqsin kintlatikan pakswa ma-
qtaqalhnan katsisní’, lakum wan tachuwin maqtum wantu nat-
siswan nalhkatilatamaw, natalhuwiy lapanit.

La luna, el Sol y las estrellas

La luna es la que hace madurar todo tipo de cosas, realiza mu-


chas funciones, pero cuando sucede un eclipse se caen las flores
de cualquier fruto, no se terminan de madurar. La luna es nuestra
guía porque nos hace saber cuándo madura todo fruto.
El Sol nos da luz y nos alegra el día, en caso de que no existiera,
recobrarían vida las piedras, serían animales feroces. En ese caso,
todo sería obscuro, como hace muchos años, cuando sucedió un
eclipse solar, todo era oscuro.

87
Si hubiera pasado a mayores, en este momento nosotros no
existiríamos, porque las piedras iban a recobrar vida y todos se-
ríamos devorados por piedras que recobran vida. Por ejemplo, las
estrellas, cuando bajan desde el cielo, quiere decir que las piedras
reviven, nos damos cuenta en las piedras, que dentro se ven como
oxidadas, con manchas. Si estas piedras no son golpeadas por las
estrellas, pueden recobrar vida, convirtiéndose en animales feroces.
De esta manera, existe un orden de mando en todas partes,
tanto como en el cielo, como en la tierra; en los cielos tenemos a
alguien quien nos protege por las noches.
Como se dice, si todo fuera obscuro, estaríamos en el abismo,
nuestra existencia no tardaría porque las piedras recobrarían vida.

88
Kiwiqolo’

Tima’ xlama parcha’ kapuklhni’, nitu’ xa’xlikana xlama’ kaa’pukl-


hni, chatuminíka xlanchu na’noqlhan par na’aqsqawmiyán. Pii
chixkú ya, mat xpunkanan xalhna’ mat nakay kiwi’, par xkulima
xaaxkuut, kilhya, naxa, pum, pum, nakay tanikú pukalanka kaaki-
win, nakanan par akxni’ tutsu wi puklhni’, natsuku mat punkanan.
Mat xlaqama chatum chixkú aymat wan:
—¿Tiku xanchu uyma kama kiwi’ —Tamat xlaya xkama kiwi’,
lanqa mat ya, naylhaqanan padre, kama kiwi’, xawmat xkulima.
Pum, pum, makawan kama kiwi’. Aymat malakanilh, aylaqchalh
chuyma chixkú “Tikunchu uyma kama kiwi’”. Xaqatlilh mat, par-
ni’xaqatlilh nalhtiya, kamanwa’ xaqatlilh, nalhtasiyulh, tikunchu
uyma’ kxaqatlilh mat puwán: “tikunchu kxaqatlilh kawa, nitiya’”.

El dueño del monte

Sí existió, pero era en forma de nube o neblina, no era cierto que


andaba en persona, sólo en forma de nube, se te presenta en perso-
na para engañarte. Te darás cuenta porque es un señor tumbando
árboles, de repente se escucha que tumba un árbol, está con su
tabaco en la boca fumando, haciendo pum, pum, cortando árboles
en montes muy grandes. Se dice que corta los árboles cuando la
neblina está muy baja.
Se cuenta que en una ocasión se le estaba acercando un señor,
y dijo:
—¿Quién será el que está tumbando los árboles?
Ahí estaba tumbando los árboles, se parecía a un sacerdote,
con su túnica blanca, cortaba y además estaba fumando. Hacía

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pum, pum, tumbando los árboles. De pronto se escuchó que cayó
el árbol, y el señor llegó hasta donde se escuchaba que tumbaban
los árboles y pensó: “¿Quien estará tumbando árboles?”. El señor
le habló al kiwiqoló’, pero cuando le habló ya no se encontraba, no
se dejó ver más, el señor pensó: “¿Quién será al que le hablé?, de
repente ya no lo vi, ya no está”.

90
Xa lhquitit chixkú chu Waya’

Uyma xla waya’ wan xa’ tachuwin. Tima chixkú kskujma, mat ni-
lay chu kskúja ka xtawilay mana maqstum Nataxtuyacha. Kaxman
anta’ lakanit, tanikú naliminikan xchuu. Xmawimaka, wa’ xmawi-
maka, ni tu xlipuwan, pii ayná tastunuy, akxni’ kunchú mat nataya’
akxni’ nalichanikan xchuu na tsuku skuja, nanchu wayan natawi-
lay kxpuway.
Akxni’ naminacha xmawina’, natawilaparay kachuna. chali,
chali chuna xtlaway,nipartu skujma, xalán chu tima talaqpalilh,
aykilhnilh chu uyma waya’ wani:
—¿Tulitasalawka tinu?, tasalawka, tutlawapat, kitkawa’ waya’
¡Uta! xakpulaqachipaqolh taqalhin, xakchipaqolh kanichipaputu-
na.
Mat wan chu waya:
—Parxlikana, natlawaya kmaxkiyán kilhaqat, mat wanikán
chixkú. —Tlan mat wan chixkú, maqlhtinalh klhaqat waya’ chu
wanikán:
—Parni tilaqalhiya, niti talaqxwilaqoy kilhaqat, kmaxkiyan,
—Tlan maqlhtinalh pus mat wanchu alh, qosli.
—Kum xlikana, nila’ chipakan maski nachipaputuna, nilay
mat wat xanchu uyma’ waya’
A pustlan, nachu nakan,
¡Uta! mat xlanchu lay, kitanuma, kxtampinin kalhtukunin, an,
an, xlanchu lay, pumpulu laqtlaqamilh chu uyma’ xpaqa, kstajan
paks kay sulawa tlawalh, par nitu chipalh, ni’stantum.
—Xlikana kana wana nila chipakán, taqalhin, kmaxkiparayan
milhaqat mat wan chixkú:

91
—Parnalh ktimaqlhtin, chunyachu pii kapit, lakum waya’ xli-
pan, wix kalatapa mat wanikán uyma’ chixkú, nalhtu kmaqlhti-
man.
Wanchu tima chixkú tichi kskujma wanchu waya’ xlipan lauku,
wanchu uyma waya’ xwanit latamalh katutsu wanchu tsukulh sku-
ja. ¡Uta! mat tsukulh skuja, chali, chali xan kaakiwin, lanka tsukulh
tlaway takuxtu. Aymat wani xpuskat, wanti chi xpuskat uyma’
chixkú:
—Chu pii nitna kskuja nayma, lakuntla tlawa chu lantla
kkimawitilayan, luu ninima skujpat.
Mat wanikán chu.
—A, chu pii xanqalhi kskujma. Parnixkatsiy puskat pii nalhwa
xalh kitit xchixkú. Axkni’ maqlhtaqska, nayma chu nachan kaqot-
nun kawayntitanchu, namaxkikan taxtikat anta’ matchu natawilay
kxakpun xtaxtikat, natsukuy chu wayán, parni kamat katitiyalh,
kamat xtujway xanchu.
—Lakuntla nayma wayana’ chu pii xapulh nitna xwayana’, mat
wanikán chu
—Pii lutna mat wan.
Ninchú natsiswan, katapatanchu aykmamilh mimputama mat
nawanikán
—Tlan, paxtakatsinilh uku naktamay, xwilinikan xakxtikat
wata kaxlaktawilay xakxtikat, tukunchu, anilhtatapat, pii klhtata-
ma mat nawanchu.
Lanchiyu chuna uyma lanit, wa xa’lhkitit chixkú xlipan waya’
litaxtulh. Chu wanti waya’ xwanit xlipan chixkú.

92
El señor flojo y el gavilán

Se habla de esta ave que es el gavilán. Estaba trabajando un señor,


pero solamente se quedaba sentado, con mucho trabajo y esfuerzo
terminaba un surco. Siempre estaba al pendiente de la llegada de
su itacate. Siempre le daban de comer, a él solo le preocupaba la
llegada del medio día. Cuando veía que ya iba llegando su itacate,
desde ese momento, según empezaba a trabajar, se acercaba para
buscar un lugar para sentarse y poder comer.
Cuando su mujer se regresaba, volvía a sentarse, diariamente
lo hacía, no trabajaba para nada. De repente se le ocurrió cambiar-
se en otro ser y le gritó al gavilán:
—¿Por qué tu canto es triste? ¿Lloras? ¿Qué crees que estás
haciendo? Si yo fuera gavilán me dedicaría a corretear a todas las
aves, las atraparía, pero tú no las quieres atrapar.

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Y el gavilán respondió:
—¿De verdad lo harías? Te entrego mis plumas.
Él solamente contestó:
—Está bien.
Inmediatamente recibió las plumas del gavilán y él entregó el
suyo, pero el gavilán le dijo:
—Pero no las vayas a maltratar ni desplumarlas. Te entrego
mis plumas.
El señor le respondió:
—Está bien.— Y las recibió. Pues el señor se convirtió en gavi-
lán y se fue volando.
Pero el gavilán, quien pasó a ser señor, le grito diciendo:
—Si en verdad crees atrapar las aves, para mí no es fácil, aun-
que quisieras atraparlos.
Fue la última indicación que le dijeron al señor que ya estaba
convertido en gavilán. Y él contestó:
—Pues voy a intentarlo.
El señor quien pasó a ser gavilán, emocionado se fue volando,
llegaba a meterse en los montes donde había muchas espinas, iba
y regresaba, se divertía mucho. Pero no se dio cuenta de que se
desplumó todo, quebró las alas y la cola, se quedó con poquitas
plumas, pero no atrapó nada.
—De veras era cierto lo que me decías, no se puede atrapar a
las aves, te voy a devolver tus plumas.— Es lo que dijo el señor al
gavilán.
El gavilán, quien pasó a ser señor, le respondió:
—Pero ya no te las voy a recibir, ahora vete para siempre como
un gavilán, así vas a andar, ya no te las voy a recibir.
Ahora, quien anteriormente era el señor, fue siempre gavilán, y
el que anteriormente era gavilán, se quedó en la tierra para traba-

94
jarla, pero él empezó a trabajar mucho, diario iba al rancho, empe-
zó a labrar la tierra de una manera sorprendente y muchísimo. De
repente le dice su señora:
—Pero si no trabajabas tanto como ahora. ¿Cómo le hiciste? Si
cuando venía a dejarte tu itacate me daba cuenta de que nomás no
avanzabas.
El señor respondió inmediatamente:
—Ah, pero yo siempre he trabajado.
Pero la señora no sabía que quien trabajaba ya no era su ma-
rido flojo. La señora se dio cuenta poco después, cuando el señor
llegaba por las tardes y le daba de cenar, le ofrecía un banco y él no
se sentaba, sino que se subía sobre el banco y empezaba a comer,
no tomaba las tortillas con las manos sino que las picoteaba.
—Pero, ¿por qué es que comes así?, antes no comías de esa
forma.
—Es que así es la forma de comer.
La señora se sorprendía mucho por el comportamiento de su
nuevo esposo. Cuando llegaba la noche, le decía:
—Ya duérmete, ya extendí tu cama.
Y él respondía
—Gracias, ahorita me acuesto.
Le colocaba su almohada, pero lo que él hacía era sentarse so-
bre la almohada, y le decía la señora:
—¿Qué haces que no te vas a dormir?
Es así de como sucedió que el señor flojo se convirtió para
siempre en gavilán y el que era gavilán se convirtió en señor.

95
Mitos y cuentos
del Totonacapan y de la Huasteca Poblana
En náhuatl, tepehua,
otomí, totonaco y español
compilado por Guillermo Garrido Cruz, se terminó de imprimir el 20 de febrero de
2015 en los talleres de El Errante Editor S.A. de C.V., privada Emiliano Zapata 5947,
San Baltazar Campeche, C.P. 72550, Puebla, Pue.

El tiraje consta de 1000 ejemplares.