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JUAN BAUTISTA ALBERDI

SISTEMA ECONOMICO y RENTISTICO


DE LA
CONFEDERACION ARGENTINA

SEGUN SU CONSTITUCION DE 1853


JUAN BAUTISTA ALBERDI 2

INTRODUCCION

La Constitución Federal Argentina contiene un sistema completo de política económica, en


cuanto garantiza, por disposiciones terminantes, la libre acción del trabajo, del capital, y de la tierra,
como principales agentes de la producción, ratifica la ley natural de equilibrio que preside al
fenómeno de la distribución de la riqueza, y encierra en límites discretos y justos los actos que tienen
relación con el fenómeno de los consumos públicos. Toda la materia económica se halla comprendida
en estas tres grandes divisiones de los hechos que la constituyen.
Esparcidas en varios lugares de la Constitución, sus disposiciones no aparecen. allí como piezas
de un sistema, sin embargo de que le forman tan completo como no lo presenta tal vez constitución
alguna de las conocidas en ambos mundos.
Me propongo reunir esas disposiciones en un cuerpo metódico de ciencia, dándoles el sistema de
que son susceptibles por las relaciones de filiación y de dependencia mutuas que las ligan, con el fin
de generalizar el conocimiento y facilitar la ejecución de la Constitución en la parte que más interesa
a los destinos actuales y futuros de la República Argentina. La riqueza importa a la prosperidad de la
Nación. y a la existencia del poder. Sin rentas no hay gobierno; sin gobierno, sin población, sin
capitales, no hay Estado.
La economía, como la legislación, es universal, cuando estudia los hechos económicos en su
generalidad filosófica, y nacional o práctica, cuando se ocupa de las modificaciones que esos hechos
reciben de la edad, suelo y condiciones especiales de un país determinado. Aquélla es la economía
pura: ésta es la economía aplicada o positiva. El presente escrito, contraído al estudio de las reglas y
principios señalados por la ley constitucional argentina al desarrollo de los hechos que interesan a la
riqueza de aquel país, pertenece a la economía aplicada, y es más bien un libro de política económica,
que de economía política. En él prescindo del examen de toda teoría, de toda fórmula abstracta, de las
que ordinariamente son materia de los escritos económicos, porque este trabajo de economía aplicada
y positiva supone al lector instruido en las doctrinas de la economía pura; y sobre todo porque están
dados ya en la Constitución los principios en cuyo sentido se han de resolver todas las cuestiones
económicas del dominio de la legislación y de la política argentina.
Al legislador, al hombre de Estado, al publicista, al escritor, sólo toca estudiar los principios
económicos adoptados por la Constitución, para tomarlos por guía obligatoria en todos los trabajos de
legislación orgánica y reglamentaria. Ellos no pueden seguir otros principios, ni otra doctrina eco-
nómica que los adoptados ya en la Constitución, si han de poner en planta esa Constitución, y no otra
que no existe.
Ensayar nuevos sistemas, lanzarse en el terreno de las novedades, es desviarse de la Constitución
en el punto en que debe ser mejor observada, falsear el sentido hermoso de sus disposiciones, y echar
el país en el desorden y en el atraso, entorpeciendo los intereses materiales, que son los llamados a
sacarlo de la posición oscura y subalterna en que se encuentra.
Pero como la economía política es un caos, un litigio interminable y complicado en que no hay
dos escuelas que se entiendan sobre el modo de comprender y definir la riqueza, la producción, el
valor, el precio, la renta, el capital, la moneda, el crédito, - es muy fácil que el legislador y el
publicista, según la escuela en que reciban su instrucción, se desvíen de la Constitución y alteren sus
principios y miras económicas, sin pensarlo ni desearlo, con sólo adoptar principios opuestos en las
leyes y reglamentos orgánicos que se dieren para poner la Constitución en ejercicio.
Para evitar ese peligro, conviene tener presente a cuál de las escuelas en que se halla dividida la
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ciencia económica pertenece la doctrina de la Constitución argentina; y cuáles son las escuelas que
profesan doctrinas rivales y opuestas a la que ha seguido esa Constitución en su plan económico y
rentístico.
Veamos antes cuál es, para nuestro objeto, el punto principal que las divide.
Hay tres elementos que concurren a la formación de las riquezas:
1° Las fuerzas o agentes productores, que son el trabajo,
la tierra y el capital.
2° El modo de aplicación de esas fuerzas, que tienen tres fases, la agricultura, el comercio y la
industria fabril.
3° Y, por fin, los productos de la aplicación de esas fuerzas.
Sobre cada uno de esos elementos ha surgido la siguiente cuestión. que ha dividido los sistemas
económicos: - En e1 interés de la sociedad, ¿vale más la libertad que la regla, o es más fecunda la
regla que la libertad? Para el desarrollo de la producción, ¿es mejor que cada uno disponga de su
tierra, capital o trabajo a su entera libertad, o vale más que la ley contenga algunas de esas fuerzas y
aumente otras? ¿Es preferible que cada uno las aplique a la industria que le diere gana, o conviene
más que la ley ensanche la agricultura y restrinja el comercio, o viceversa? ¿Todos los productos
deben ser libres, o algunos deben ser excluidos y prohibidos, con miras protectoras?
He ahí la cuestión más grave que contenga la economía política en sus relaciones con el derecho
público. Un error de sistema en ese punto es asunto de prosperidad o ruina para un país. La España ha
pagado con la pérdida de su población y de su industria el error de su política económica, que resolvió
aquellas cuestiones en sentido opuesto a la libertad.
Veamos, ahora, cómo ha sido resuelta esta cuestión por las cuatro principales escuelas en que se
divide la economía política.
La escuela mercantil, representada por Colbert, ministro de Luis XIV, que sólo veía la riqueza en
el dinero y no admitía otros medios de adquirirla que las manufacturas y el comercio, seguía
naturalmente el sistema protector y restrictivo. Colbert formuló y codificó el sistema económico
introducido en Europa por Carlos V y Felipe II. Esa escuela, perteneciente a la infancia de la
economía, contemporánea del mayor despotismo político en los países de su origen galo-español.
representa la intervención limitada y despótica de la ley en el ejercicio de la industria.
A esta escuela se aproxima la economía socialista de nuestros días, que ha enseñado y pedido la
intervención del Estado en la organización de la industria, sobre bases de un nuevo orden social más
favorable a la condición del mayor número. Por motivos y con fines diversos, ellas se dan la mano en
su tendencia a limitar la libertad del individuo en la producción, posesión y distribución de la riqueza.
Estas dos escuelas son opuestas a la doctrina económica en que descansa la Constitución
argentina.
Enfrente de estas dos escuelas y al lado de la libertad, se halla la escuela llamada physiocrática,
representada por Quesnay, y la grande escuela industrial de Adam Smith.
La filosofía europea del siglo XVIII, tan ligada con los orígenes de nuestra revolución de
América, dió a la luz la escuela physiocrática o de los economistas, que flaqueó por no conocer más
fuente de riqueza que la tierra, pero que tuvo el mérito de profesar la libertad por principio de su
política económica, reaccionando contra los monopolios de toda especie. A ella pertenece la fórmula
que aconseja a los gobiernos: - dejar hacer, dejar pasar, por toda intervención en la industria.
En medio del ruido de la independencia de América, y en vísperas de la revolución francesa de
1789, Adam Smith proclamó la omnipotencia y la dignidad del trabajo; del trabajo libre, del trabajo
en todas sus aplicaciones -agricultura, comercio, fábricas- como el principio esencial de toda riqueza.
"Inspirado por la nueva era social, que se abría para ambos mundos (sin sospechado él tal vez, dice
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Rossi), dando al trabajo su carta de ciudadanía y sus títulos de nobleza, establecía el principio
fundamental de la ciencia." Esta escuela, tan íntima, como se ve, con la revolución de América, por su
bandera y por la época de su nacimiento, que a los sesenta años ha tenido por neófito a Roberto Peel
en los últimos días de su gloriosa vida, conserva hasta hoy el señorío de la ciencia y el respeto de los
más grandes economistas. Su apóstol más lúcido, su expositor más brillante es el famoso Juan
Bautista Say, cuyos escritos conservan esa frescura imperecedera que acompaña a los productos del
genio.
A esta escuela de libertad pertenece la doctrina económica de la Constitución Argentina, y fuera
de ella no se deben buscar comentarios ni medios auxiliares para la sanción del derecho orgánico de
esa Constitucióna.
La Constitución es, en materia económica, lo que en todos los ramos del derecho público: la
expresión de una revolución de libertad, la consagración de la revolución social de América.
Y, en efecto, la Constitución ha consagrado el principio de la libertad económica, por ser tradición
política de la revolución de mayo de 1810 contra la dominación española, que hizo de esa libertad el
motivo principal de guerra contra el sistema colonial o prohibitivo. El doctor Moreno, principal
agente de la revolución de 1810, escribió el programa de nuestra regeneración económica en un
célebre Memorial, que presentó al último virrey español, a nombre de los hacendados de Buenos
Aires, pidiendo la libertad de comercio con la Inglaterra, que el desavisado virrey aceptó con un
resultado que presto nos dió rentas para despedirle al otro continente.
Nuestra revolución abrazó la libertad económica, porque ella es el manantial que la ciencia reconoce
a la riqueza de las naciones; porque la libertad convenía esencialmente a las necesidades de la desierta
República Argentina, que debe atraer con ella la población, los capitales, las industrias de que carece
hasta hoy con riesgo de su independencia y libertad, expuestas siempre a perderse para el país, en el
mismo escollo en que España perdió su señorío: - en la miseria y pobreza.
Luego la economía de la Constitución escrita es expresión fiel de la economía real y normal que
debe traer la prosperidad argentina; que no depende de sistema ni de partido político interior, pues la
República, unitaria o federal (la forma no hace al caso), no tiene ni tendrá más camino para escapar
del desierto, de la pobreza y del atraso, que la libertad concedida del modo más amplio al trabajo in-
dustrial en todas sus fuerzas (tierra, capital y trabajo), y en todas su aplicaciones (agricultura,
comercio y fábricas). Por eso es precisamente que la Constitución argentina ha hecho de su sistema
económico la facción que la distingue y coloca sobre. todas las constituciones republicanas de la
América del Sud. Comprendiendo que son económicas las necesidades más vitales del país y de Sud-
América, pues son las de su población, viabilidad terrestre y fluvial, importación de capitales y de
industrias, ella se ha esmerado en reunir todos los medios de satisfacer esas necesidades, en cuanto
depende de la acción del Estado.
¿ Cuál es la necesidad argentina de carácter público que no dependa de una necesidad
económica? El país carece de caminos, de puentes, de canales, de muelles, de escuadra, de palacios
para las autoridadesb. - ¿Por qué carece de todo eso? ¿Por qué no lo adquiere, por qué no lo posee?c.
Porque le faltan medios para obtenerlo, es decir, capital, caudales, riqueza. - ¿Por qué no se explotan
en grande escala las industrias privadas? Por la misma causa. - ¿Por qué duerme en sueño profundo y
yace en oscuridad tan próxima a la indigencia esa tierra que produce la seda. el algodón y la
cochinilla sin cultivo, que tiene vías navegables que no se harían con cientos de millones de pesos;

a
"…de la Constitución Federal Argentina", dice la edición de 1814.
b
La edición del 54 dice así: Ella carece de caminos, de puentes, de canales, de muelles, de ejército, de escuadra, de
edificios para las autoridades, de hospicios, de iglesias, de colegios.
c
... "¿porque no 10 obtiene?" dice la edición de 1854.
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centenares de leguas de estas mismas Cordilleras de los Andes, que han dado nombre fabuloso a
Méjico, al Perú y Copiapó? Por falta de capitales, de brazos, de población, de riqueza acumulada.
Luego es menester que empiece por salir de pobre para tener hogar, instrucción, gobierno,
libertad, dignidad y civilización, pues todo esto se adquiere y conserva por medio de la riqueza.
Luego es económico su destino presente; y son la riqueza, los capitales, la población, el bienestar ma-
terial, lo primero de que debe ocuparse por ahora y por mucho tiempo.
Para -alcanzar el goce de esos bienes, ¿qué ha hecho la Constitución argentina? - Estudiar y darse
cuenta de los manantiales de la riqueza; y guiada por los consejos de la ciencia, que ha demostrado y
señalado la naturaleza y lugar de esos orígenes, rodear de garantías y seguridades su curso espontáneo
y natural.
En efecto, ¿quién hace la riqueza? ¿Es la riqueza obra del gobierno? ¿Se decreta la riqueza? El
gobierno tiene el poder de estorbar o ayudar a su producción, pero no es obra suya la creación de la
riqueza.
La riqueza, es hija del trabajo, del capital y de la tierra; y como estas fuerzas, consideradas como
instrumentos de producción, no son más que facultades que el hombre pone en ejercicio para crear los
medios de satisfacer las. necesidades de su naturaleza, la riqueza es obra del hombre, impuesta por el
instinto de su conservación y mejora, y obtenida por las facultades de que se halla dotado para llenar
su destino en el mundo.
En este sentido, ¿qué exige la riqueza de parte de la ley para producirse y crearse? Lo que
Diógenes exigía de Alejandro; que no le haga sombra. Asegurar una entera libertad al uso de las
facultades productivas del hombre; no excluir de esa libertad a ninguno, lo que constituye la igualdad
civila de todos los habitantes; proteger y asegurar a cada uno los resultados y frutos de su industria:
he ahí toda la obra de la ley en la creación de la riqueza. Toda la gloria de Adam Smith, el Hornero de
la verdadera economía, descansa en haber demostrado lo que otros habían sentido, - que el trabajo
libre es el principio vital de las riquezas.
La libertad del trabajo, en este sentido, envuelve la de sus medios de acción, la tierra y el capitalb
y todo el círculo de su triple empleo -la agricultura, el comercio, las manufacturas,- que no son más
que variedades del trabajo.
Según esto, organizar el trabajo no es más que organizar la libertad; organizarlo en todos sus
ramos, es organizar la libertad agrícola, la libertad de comercio, la libertad fabril. Esta organización es
negativa en su mayor parte; consiste en la abstención reducida a sistema, en decretos paralelos de los
del viejo sistema prohibitivo. que lleven el precepto de dejar hacer a todos los puntos en que los otros
hacían por sí, o impedían hacer.
Por fortuna la libertad económica no es la libertad política; y digo por fortuna, porque no es poca
el que jamás haya razón de circunstancias bastante capaz de legitimar, en el ejercicio de la libertad
económica, restricciones que, en materia de libertad política, tienen divididas las opiniones de la
ciencia en campos rivales en buena fe y en buenas razones. Ejercer la libertad económica es trabajar,
adquirir, enajenar bienes privados: luego todo el mundo es apto para ella, sea cual fuere el sistema de
gobierno. Usar de la libertad política, es tomar parte en el gobierno; gobernar, aunque no sea más que
por el sufragio, requiere educación, cuando no ciencia, en el manejo de la cosa pública. Gobernar, es
manejar la suerte de todos; lo que es más complicado que manejar su destino individual y privado. He
aquí el dominio de la libertad económica, que la Constitución argentina asimila a la libertad civil
concedida por igual a todos los habitantes del país, nacionales y extranjeros, por los artículos 14 y 20.
Así colocada esta libertad fecunda, en manos de todo el mundo, viene a ser el gran manantial de
a
"Igualdad civil" no está. en bastardilla: en la edición de 1854.
b
Las palabras "tierra y capital" no están en bastardilla en la edición de 1854.
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riqueza para el país; el aliciente más poderoso de su población por la introducción de hombres y
capitales extranjeros; la libertad llamada a vestir, nutrir y educar a las otras libertades, sus hermanas y
pupilas.
Pero la riqueza no nace por nacer: tiene por objeto satisfacer las necesidades del hombre, que la
forma. Así es que luego que existe, ocurre averiguar cómo se reparte o distribuye entre los que han
concurrido a producirla. Para esto es producida; y si el productor no percibe la parte que corresponde
a su colaboración, deja de colaborar en lo sucesivo, o trabaja débilmente, la riqueza decae y con ella
la prosperidad de la Nación. Luego es preciso que se cumpla la ley natural, que hace a cada productor
dueño de la utilidad o provecho correspondiente al servicio de su trabajo, de su capital o de su tierra,
en la producción de la riqueza común y partible.
¿Qué auxilio exige de la ley el productor en la distribución de los provechos? - El mismo que la
producción: la más completa libertad del hombre; la abstención de la ley en regular el provecho, que
obedece en su distribución a la justicia acordada libremente por la voluntad de cada uno.a
El consumo es el fin y término de la riqueza, que tiene por objeto desaparecer en servicio de las
necesidades y goces del hombre, o en utilidad de su propia reproducción: de aquí la división del
consumo en improductivo y productivo. Distínguense igualmente los consumos en privados y
públicos. La ley nada tiene que hacer en los consumos privados; pero puede establecer reglas y
garantías para que los consumos públicos o gastos del Estado no devoren la riqueza del país; para que
el Tesoro nacional, destinado a sufragarlos, se forme, administre y aplique en bien y utilidad de la
Nación, y nunca en daño de los contribuyentes. El conjunto de estas garantías forma lo que se llama
el sistema rentístico o financiero de la Confederación.
He ahí todo el ministerio de la ley, todo el círculo de su intervención en la producción,
distribución y consumo de la riqueza pública y privada: se reduce pura y sencillamente a garantizar su
más completa independencia y libertad, en el ejercicio de esas tres grandes funciones del organismo
económico argentino.
La Constitución argentina de 1853 es la codificación de la doctrina que acabo de exponer en
pocas palabras, y que vaya estudiar en sus aplicaciones prácticas al derecho orgánico en el curso de
este libro, que será dividido, como la materia económica, en tres partes, destinadas:
La Ia al examen de las disposiciones de la Constitución, que se refieren al fenómeno de la
producción de la riqueza;
La IIa a la exposición y estudio de los principios constitucionales, que se refieren a la distribución
de la riqueza;
Y, por fin, la IIIa al examen de las disposiciones que tienen relación con el fenómeno de los
consumos públicos; o bien sea de la formación, administración y empleo del Tesoro nacional.

a
A continuación dice así la edición de 1854: "La ganancia como el liquido tiende a nivelarse por una ley, que le es
Inherente y que se realiza por sí misma, siempre que no la estorba el despotismo de la ley o el crimen del particular" .