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ANATOMIA Y FISIOLOGIA DEL APARATO REPRODUCTOR FEMENINO:

Órganos del sistema reproductor femenino


Órganos genitales internos
Aparato reproductor femenino. Órganos genitales internos
En donde distinguimos, entre otras, las siguientes estructuras:
Ovarios: Órgano par en el que se producen y maduran los
óvulos, el gameto femenino. Están en la zona de la pelvis (uno
a cada lado del útero). Su función es producir un óvulo cada
28 días (dependiendo del ciclo de la menstruación).
Trompas de Falopio: Conductos que comunican los ovarios
con el útero y en los que se produce la fecundación. Su
estructura es similar a los tubos que comunican el útero con
la parte interior del abdomen. Su función es guiar al óvulo
desde el ovario hasta el útero.
Útero: Órgano hueco y musculoso en el que se desarrollará el feto. Tiene tres capas que son el
endometrio, músculos lisos y tejido elástico. También lo conocemos como matriz, es el órgano
de la gestación y está situado entre la vagina y las trompas de Falopio.
Vagina: Canal que comunica con el exterior, conducto por donde entrarán los espermatozoides.
Está ubicada entre la uretra y el recto y termina en un orificio alrededor de los labios mayores.
Es un conducto que une la vulva con los órganos genitales internos
Órganos genitales externos
Aparato reproductor femenino. Genitales externos
En los que se observan, entre otras, las siguientes estructuras:
Labios mayores: Pliegues de piel cubiertos de vello.
Labios menores: Repliegues de piel sin vello, con muchas terminaciones nerviosas y
glándulas.
Clítoris: Órgano eréctil situado en la confluencia superior de los labios menores, con muchas
terminaciones nerviosas.
Himen: Membrana delgada y rosada que bloquea parcialmente la entrada a la vagina.
El sistema reproductor de la mujer cuenta con dos glándulas secretoras de leche, ubicadas en
el tórax, y que permiten una nutrición sana para el bebé durante los primeros meses de su vida.
A diferencia del hombre, la mujer no fabrica sus células sexuales, al nacer ya tiene alrededor
de 400 mil ovocitos (óvulos inmaduros), que son almacenados en unos folículos similares a
unos sacos. Alrededor de 400 madurarán durante la vida fértil de la mujer, que se inicia durante
la pubertad y concluye en la menopausia.
TIPOS DE HORMONAS
Los ovarios producen hormonas:
-Hormonas de estrógenos.- Estas hormonas desde la pubertad marcan la voz aguda, caderas
anchas, etcétera.
- Hormonas de progesterona.- Su función es agrandar la cavidad de los vasos sanguíneos
del endometrio uterino. Al liberar un óvulo fecundado, las paredes del útero están capacitadas
para alojarlo durante su desarrollo.
Los órganos, en su mayoría, están ubicados en la cavidad pélvica. Una de las tareas que este
sistema cumple es de recibir las células sexuales masculinas (espermatozoides), con los cuales
se puede dar el proceso de la concepción de la vida humana.

Fisiología del aparato reproductor femenino


En el sexo femenino, los futuros gametos están presentes desde el feto. Al nacer, en los ovarios
de una niña hay del orden de 400.000 futuros óvulos, de los que solamente madurarán unos
400 o 450 a partir de la pubertad, este periodo se denomina menarquia. Hacia los 50 años dejan
de madurar óvulos, y a esta etapa se le denomina menopausia.
El proceso de formación y maduración de los gametos se denomina Gametogénesis y en el
caso del gameto femenino se habla de Ovogénesis. Es un proceso que comienza en la etapa
embrionaria. Se detiene hasta que comienza la pubertad y posteriormente se reanuda y
continúa durante toda la vida fértil.
El esquema siguiente representa la Ovogénesis.
Como resultado de este proceso, se producen Óvulos, con
23 cromosomas, la mitad que la célula de la que procede
(ovogonia). Si el óvulo no es fecundado se destruye y
elimina. Este proceso se inicia en los Ovarios y continúa en
las Trompas de Falopio y en el Útero. Es un proceso que se
repite a lo largo de la vida fértil de una mujer y se denomina
Ciclo Menstrual, que estudiaremos más adelante. El
proceso está regulado y controlado por el Sistema
Endocrino y, a su vez, los ovarios funcionan como glándulas
endocrinas, como ya has visto al estudiar la unidad del
Sistema Endocrino.
El ciclo menstrual
Al alcanzar la pubertad, en el sexo femenino empieza el
proceso de maduración de los óvulos, menarquia, uno cada
mes aproximadamente. Si el óvulo no es fecundado comienza
un proceso de destrucción y expulsión que concluye con una
hemorragia. El conjunto de todos estos procesos se denomina
Ciclo Menstrual y comprende todos aquellos sucesos que se
dan entre una hemorragia, también llamada menstruación o
regla, y la siguiente. Este ciclo suele ser de 28 días, aunque se
puede acortar o alargar.
Es un proceso controlado por el sistema endocrino, tal como se
estudió en la unidad anterior.
FASES DEL CICLO MENSTRUAL
Fase folicular
Las hormonas de la hipófisis (FSH y LH) avisan a los ovarios que es el momento de comenzar
la maduración de un óvulo, en cada ciclo se desarrolla un sólo óvulo.
Cuando el óvulo madura, los ovarios producen hormonas (estrógenos y progesterona) que
viajan hacia el útero y inducen el desarrollo de la capa que lo reviste, el endometrio, que se
hace más grueso y rico en vasos sanguíneos.
Hacia la mitad del ciclo, un óvulo sale de uno de los ovarios, ovulación, y entra en la Trompa de
Falopio.

Fase lútea
Si el óvulo no se encuentra con el espermatozoide en la Trompa de Falopio muere (puede durar
de 1 a 3 días después de salir del ovario). Esto es lo que ocurre en la mayoría de los casos,
bien porque no ha habido copulación o porque el espermatozoide no se ha encontrado con el
óvulo (se han utilizado determinados métodos anticonceptivos que veremos más adelante o por
otras causas).
Aproximadamente 14 días después de la ovulación, los ovarios dejan de producir hormonas y
esto constituye la señal para que la capa que recubre el útero, el endometrio, se desprenda y
salga por la vagina al exterior, produciendo una hemorragia denominada menstruación. Puede
durar entre 3 y 4 días, pero su duración es variable en cada ciclo y en cada mujer.
El ciclo vuelve a empezar.
RELACIÓN CON LA FECUNDIDAD.
La fecundidad femenina está íntimamente relacionada con el ciclo menstrual. Como podrás
imaginar, hay determinadas etapas en la vida de una mujer en las que se la considera fértil, es
decir puede quedarse embarazada y otras en las que no.

Hasta que no se alcanza la pubertad y se produce la menarquia, es decir empiezan a madurar


los primeros óvulos, no hay posibilidad de embarazo. Como has visto anteriormente, esto ocurre
entre los 11 y los 14 años. Recuerda que a veces puede haber ovulación sin que haya aparecido
la primera regla.
A partir de la pubertad, una vez que aparece el ciclo menstrual, hay determinados días en que
no es posible la fecundación y otros días en que sí. Generalmente solamente existe posibilidad
de que se produzca la fecundación en la fase del ciclo menstrual en que se ha producido la
ovulación, a partir del día 14, aproximadamente, y solamente durante 1 a 3 días,
aproximadamente, después de la ovulación; el tiempo en que el óvulo puede sobrevivir antes
de degenerar. En los demás días del ciclo, generalmente el óvulo no ha madurado todavía o
bien está degenerando y por tanto no puede ser fecundado.
A partir de la menopausia, hacia los 50 años aproximadamente, cuando dejan de madurar los
óvulos, no es posible quedarse embarazada.
Fecundación, embarazo y parto
Fecundación
Una vez formados los gametos, para que se produzca un nuevo ser es necesario que el óvulo
y el espermatozoide se junten y fusionen, a este proceso se le denomina fecundación. En la
especie humana la fecundación es interna, es decir se produce dentro del cuerpo de la mujer,
concretamente en las Trompas de Falopio.
Para ello es necesario que se produzca la copulación o coito que consiste en la introducción del
pene en la vagina y la posterior eyaculación del semen (aunque, como veremos más adelante,
en la actualidad existen técnicas de reproducción asistida mediante las cuales pude darse una
fecundación in vitro, en el laboratorio).
Si no hay ningún obstáculo (algún método anticonceptivo) el semen pasará por la vagina,
atravesará el útero y llegará a las Trompas de Falopio. De los cientos de miles de
espermatozoides, solamente unos pocos llegarán hasta el óvulo y solamente uno podrá
atravesar la membrana plasmática del óvulo y producirse la fecundación. Todos los demás
espermatozoides son destruidos en el viaje. La razón de producirse millones de
espermatozoides es para garantizar que, al menos uno, pueda alcanzar el óvulo.
El óvulo fecundado es una nueva célula que vuelve a tener 46 cromosomas, ya que tendrá los
23 cromosomas del óvulo más los 23 del espermatozoide y se denomina Cigoto. El cigoto
comenzará un viaje hasta implantarse en el útero.
Durante este viaje comienza a dividirse y empieza a desarrollarse como embrión. A partir de las
16 células se empieza hablar de mórula, ya que su aspecto recuerda a una mora.
A continuación algunas células continúan dividiéndose y desplazándose y pasan a un estado
que se denomina blástula.
En este estado es como llega al útero y se produce la implantación o nidación.
Embarazo
La primera señal de que se ha producido un embarazo es que desaparece la menstruación. El
embarazo es la fase de desarrollo del óvulo fecundado, este proceso dura 9 meses y se realiza
en el útero.
Cuando la blástula se implanta en el endometrio uterino, se desarrolla el saco amniótico que
albergará al embrión. El saco amniótico está lleno de líquido amniótico que amortiguará los
posibles golpes que reciba.
Entre el útero y el embrión se desarrollará la placenta que permitirá alimentar al embrión y retirar
y eliminar los productos de desecho, también actuará como barrera defensiva. La comunicación
entre la placenta y el embrión se realiza a través del denominado cordón umbilical, por el que
pasan dos arterias y una vena.
A lo largo de los nueve meses de embarazo se van produciendo cambios morfológicos y
fisiológicos:
Primer trimestre: Implantación en el útero y primeras fases del desarrollo. En el segundo mes
ya están desarrollados todos los órganos y algunos comienzan a funcionar. Crece rápidamente
pero de forma desigual, crece sobre todo la cabeza que se distingue del resto del cuerpo. A
partir del tercer mes recibe el nombre de feto, mide aproximadamente 3 centímetros y pesa
unos 10 gramos.
Segundo trimestre: El vientre de la mujer crece al aumentar el tamaño del útero. Hacia el quinto
mes el desarrollo del vientre llega hasta el ombligo. Las mamas aumentan de tamaño y la mujer
nota los movimientos del futuro bebé. Todos los órganos están perfectamente desarrollados y
el feto crece. Al final de este trimestre mide cerca de 30 centímetros y pesa 1 kilo.
Tercer trimestre: El útero alcanza el máximo desarrollo. Los órganos maduran, sobre todo los
pulmones y el tejido adiposo bajo la piel. El feto cambia de postura y se sitúa boca abajo. A
partir del sétimo mes el feto ya sería viable y podría sobrevivir si naciera en ese momento. Al
final del embarazo el bebé puede medir entre los 45 y 50 centímetros y pesa entre 2,5 y 3 kilos.
Parto
Al final de los nueve meses se produce el parto o nacimiento.
Fase de dilatación: el útero y la pelvis se dilatan para permitir el paso del bebé. Se rompe el
saco amniótico y sale el líquido amniótico, lo que popularmente se conoce como "romper
aguas". Pude durar desde 3 a 14 horas. En mujeres primerizas es más largo.
Fase de expulsión: el bebé sale a través de la vagina. Se corta el cordón umbilical y a partir de
ese momento el bebé puede comenzar una vida independiente. Suele durar entre 15 y 30
minutos. Por último, se expulsa la placenta, unos 15-30 minutos después y termina el parto.
ANATOMIA Y FISIOLOGIA DEL APARATO REPRODUCTOR MASCULINO:
Órganos del aparato reproductor masculino
Testículos: Son los principales órganos del sistema reproductor masculino. Produce las células
espermáticas y las hormonas sexuales masculinas. Se encuentran alojados en el escroto o saco
escrotal que es un conjunto de envolturas que cubre y aloja a los testículos en el varón.
Pene: Está formado por el cuerpo esponjoso y los cuerpos cavernosos.
Cuerpo esponjoso
El cuerpo esponjoso es la más pequeña de las tres columnas de tejido eréctil que se encuentran
en el interior del pene (las otras dos son los cuerpos cavernosos). Está ubicado en la parte
inferior del miembro viril.
Su función es la de evitar que, durante la erección, se comprima la uretra (conducto por el cual
son expulsados tanto el semen como la orina). Cuando el pene se encuentra en dicho estado,
contiene solamente el 10% de la sangre; los cuerpos cavernosos absorben el 90% de la misma.
El glande (también conocido como cabeza del pene) es la última porción y la parte más ancha
del cuerpo esponjoso; presenta una forma cónica.
Cuerpo cavernoso
Los cuerpos cavernosos constituyen un par de columnas de tejido eréctil situadas en la parte
superior del pene, que se llenan de sangre durante las erecciones.
Epidídimo: El epidídimo es un tubo estrecho y alargado, situado en la parte posterior superior
del testículo; conecta los conductos deferentes al reverso de cada testículo. Está constituido
por la reunión y apelotonamiento de los conductos seminíferos. Se distingue una cabeza,
cuerpo y cola que continúa con el conducto deferente. Tiene aproximadamente 5 cm de longitud
por 12 mm de ancho. Está presente en todos los mamíferos machos.
Conducto deferente: Los conductos deferentes o vasos deferentes constituyen parte de la
anatomía masculina de algunas especies, incluyendo la humana. Son un par de conductos
rodeados de músculo liso, cada uno de 30 cm de largo aproximadamente, que conectan el
epidídimo con los conductos eyaculatorios, intermediando el recorrido del semen entre éstos.
Durante la eyaculación, el músculo liso de los conductos se contrae, impulsando el semen hacia
los conductos eyaculatorios y luego a la uretra, desde donde es expulsado al exterior. La
vasectomía es un método de anticoncepción en el cual los vasos deferentes son cortados. Una
variación moderna, que también es popularmente conocida como vasectomía aunque no
incluye cortar los conductos consiste en colocar un material que obstruya el paso del semen a
través de aquellos.

Vesículas seminales: Secretan un líquido alcalino viscoso que neutraliza el ambiente ácido de
la uretra. En condiciones normales el líquido contribuye alrededor del 60% del semen. Las
vesículas o glándulas seminales son unas glándulas productoras de aproximadamente el 3%
del volumen del líquido seminal situadas en la excavación pélvica. Detrás de la vejiga urinaria,
delante del recto e inmediatamente por encima de la base de la próstata, con la que están
unidas por su extremo inferior.
Conducto eyaculador: Los conductos eyaculatorios constituyen parte de la anatomía
masculina; cada varón tiene dos de ellos. Comienzan al final de los vasos deferentes y terminan
en la uretra. Durante la eyaculación, el semen pasa a través de estos conductos y es
posteriormente expulsado del cuerpo a través del pene.
Próstata: La próstata es un órgano glandular del aparato genitourinario, exclusivo de los
hombres, con forma de castaña, localizada enfrente del recto, debajo y a la salida de la vejiga
urinaria. Contiene células que producen parte del líquido seminal que protege y nutre a los
espermatozoides contenidos en el semen.
Uretra: La uretra es el conducto por el que discurre la orina desde la vejiga urinaria hasta el
exterior del cuerpo durante la micción. La función de la uretra es excretora en ambos sexos y
también cumple una función reproductiva en el hombre al permitir el paso del semen desde las
vesículas seminales que abocan a la próstata hasta el exterior.
Glándulas bulbouretrales: Las glándulas bulbouretrales, también conocidas como glándulas
de Cowper, son dos glándulas que se encuentran debajo de la próstata. Su función es secretar
un líquido alcalino que lubrica y neutraliza la acidez de la uretra antes del paso del semen en la
eyaculación. Este líquido puede contener espermatozoides (generalmente arrastrados), por lo
cual la práctica de retirar el pene de la vagina antes de la eyaculación no es un método
anticonceptivo efectivo.
FISIOLOGÍA DEL APARATO REPRODUCTOR MASCULINO.
A diferencia de lo que ocurre en el sexo femenino, la formación del gameto masculino no
comienza hasta la pubertad y luego dura toda la vida. El proceso de formación del gameto
masculino se denomina Espermatogénesis y se realiza en los testículos.
El esquema siguiente representa la Espermatogénesis:
Como resultado de este proceso, se producen Espermatozoides, con 23 cromosomas, la mitad
que la célula de la que se origina (espermatogonia). El espermatozoide es una célula muy
especializada, se reduce el tamaño de la célula eliminado gran parte del citoplasma y se
desarrolla una larga cola denominada flagelo, que le permitirá moverse hasta alcanzar el óvulo,
también presenta gran cantidad de mitocondrias que le proporcionarán la energía necesaria
para moverse.

El espermatozoide sale de los testículos y se mezcla con los líquidos producidos por las
vesículas seminales y la próstata para formar el semen. Estos líquidos son imprescindibles para
la alimentación y supervivencia de los espermatozoides hasta alcanzar el óvulo. Solamente el
10% del semen está formado por espermatozoides (cientos de miles).
Al igual que con la formación de los óvulos, el proceso está regulado y controlado por el Sistema
Endocrino y, a su vez, los testículos funcionan como glándulas endocrinas, como ya has visto
al estudiar la unidad del Sistema Endocrino.
MUSCULATURA DEL SUELO PELVICO
El piso pélvico es una estructura de músculos, y tejido conectivo que entrega soporte y
estructuras de suspensión a los órganos pélvicos y abdominales. Su principal componente es
el músculo elevador del ano, un músculo que cubre la mayor parte de la pelvis. Los órganos
pélvicos pueden dividirse en 3 compartimentos: anterior (vejiga y uretra), medio (útero y vagina,
próstata y vesículas seminales) y posterior (recto, conducto anal y aparato esfinteriano).
Estas estructuras se encuentran en íntima relación con la musculatura del piso pélvico, el cual
tiene participación en las funciones de cada uno de éstos. Determinando no sólo un soporte
mecánico sino además participando en la continencia urinaria y fecal.
La musculatura del piso pélvico corresponde a un grupo de músculos estriados dependientes
del control voluntario, que forman una estructura de soporte similar a una “hamaca” para los
órganos de la pelvis. El músculo más importante es el elevador del ano. Descrito inicialmente
por Andreas Vesalius en el siglo XVI, ha sido objeto de múltiples estudios en cuanto a su
estructura y función.
Entre la séptima a novena semana del desarrollo intrauterino se observan los primeras esbozos
del músculo. Su desarrollo está determinado por una serie de interacciones moleculares y
celulares con las estructuras que lo rodean. Existe evidencia de cierto dimorfismo sexual
(desarrollo diferente según el sexo) de este músculo visto en estudios histológicos de recién
nacido, donde los individuos de sexo femenino presentan un músculo más laxo y con mayor
cantidad de tejido conectivo. El músculo elevador del ano en conjunto con un segundo músculo
del piso pélvico, el músculo coccígeo, forman el llamado diafragma pélvico, siendo el primera el
componente principal. Este diafragma se extiende hacia anterior desde el pubis, posterior hacia
el cóccix y lateral hacia ambas paredes laterales de la pelvis menor. Se extiende como un
embudo hacia inferior formando la mayor parte del suelo de la pelvis. Existe además otro grupo
muscular que conforma el diafragma urogenital, más inferior, es decir superficial al elevador del
ano que, al igual que éste, participa en la continencia urinaria.
El elevador del ano es el músculo más extenso de la pelvis. Está compuesto por tres fascículos
o haces: el haz puborrectal, pubococcígeo e iliococcígeo. El haz puborrectal se origina desde
la cara posterior de ambos lados de la sínfisis del pubis. Su origen es medial al origen del haz
pubococcígeo. El haz puborrectal es un fascículo muscular grueso que avanza hacia posterior
e inferior hasta detrás del recto a nivel de la unión anorrectal donde sus fibras se cruzan dando
la característica forma de “U”. El haz pubococcígeo se origina lateral al origen del haz
puborrectal, en la sínfisis del pubis, sobrepasando el recto e insertándose a nivel del cóccix. El
haz iliococcigeo se inserta en las regiones laterales a la sínfisis de pubis y en el arco tendinoso
de músculo elevador del ano (un engrosamiento ancho curvo y cóncavo de la fascia obturatoria)
y hacia posterior se inserta en el ligamento anococcígeo lateral a las dos últimas vértebras
coccígeas. La disposición de las fibras adopta una dirección hacia inferior y medial en dirección
al conducto anal, formando un “embudo” con forma de V o de “alas de paloma” al observar
cortes coronales a esta altura.
El control de este músculo está dado por inervación proveniente del nervio para el músculo del
elevador del ano proveniente del plexo sacra, ramas del nervio pudendo, perineal y rectal
inferior.
Sultán describió en 1994 que tras los partes vaginales existe la posibilidad de trauma sobre este
músculo, determinando una prevalencia de entre un 15 a 35% de alteraciones anatómicas en
esta población. Durante el parto además, pueden producirse lesiones a nivel de la inervación,
especialmente de los nervios pudendos lo cual provocaría una denervación y atrofia de este
músculo. Lo anterior determina una pérdida de la estructura y secundariamente descenso del
piso pélvico, especialmente de los compartimentes anterior y medio. Sin embargo, estas
alteraciones no siempre se asocian con la aparición de síntomas como incontinencia urinaria y
fecal así como sensación de bulto por prolapso uterino.
El músculo elevador del ano es una estructura dinámica que en reposo presenta la forma de un
“embudo” o “domo”, que al contraerse se horizontaliza, elevando y llevando hacia anterior a la
unión anorrectal generando un ángulo que dificulta el paso de las heces desde el recto hasta el
ano por un cambio en los ejes de ambos, y finalmente se relaja y estira coordinadamente
durante la defecación descendiendo la unión anorrectal y alineando el recto con el conducto
anal para permitir la defecación. Este es parte del mecanismo tanto de continencia fecal, para
evitar la salida de la heces en un momento inapropiado, como de defecación adecuada. En
algunos pacientes puede producirse una descoordinación de este mecanismo y al momento de
la defecación se genera una contracción paradojal e inconsciente del haz puborrectal lo que es
causa de constipación por obstrucción defecatoria. Esta alteración funcional pude ser tratada
ya que al ser un músculo estriado dependiente del control voluntario, puede ser reeducado y
entrenado para devolver la coordinación inconsciente al acte defecatorio.
TRANSTORNOS DEL SUELO PELVICO
Los trastornos del suelo pélvico implican un descenso (prolapso) de la vejiga, la uretra, el útero,
el intestino delgado, el recto o la vagina causado por debilidad o lesión de los ligamentos, del
tejido conjuntivo y de los músculos de la pelvis.
Se puede sentir presión o una sensación de pesadez en la pelvis, o tener problemas con la
micción o las deposiciones.
Se realiza una exploración ginecológica mientras la mujer hace presión hacia abajo, como al
defecar, para hacer más evidentes los síntomas.
Los ejercicios de la musculatura pélvica y los pesarios son beneficiosos, pero puede resultar
necesaria una intervención quirúrgica.
Los trastornos del suelo pélvico solo se producen en mujeres y su frecuencia aumenta con la
edad. A lo largo de la vida, aproximadamente una de cada 11 mujeres necesita cirugía para
corregir un trastorno del suelo pélvico.
El suelo pélvico es una red de músculos, ligamentos y tejidos que actúan como una hamaca
para ofrecer soporte a los órganos pélvicos: el útero, la vagina, la vejiga, la uretra y el recto. Si
los músculos se debilitan o los ligamentos o tejidos se distienden o lesionan, los órganos
pélvicos o el intestino delgado pueden sufrir un descenso y protruir en la vagina. Si el trastorno
es grave, los órganos pueden sobresalir del todo por la abertura de la vagina al exterior del
cuerpo.
Por lo general, los trastornos del suelo pélvico se deben a una combinación de factores. Los
factores siguientes suelen contribuir a la aparición de estos trastornos:
 Tener un bebé, sobre todo si el bebé nace por vía vaginal
 Ser obesa
 Someterse a una histerectomía (extirpación del útero)
 Envejecimiento
 Realizar con frecuencia actividades que aumentan la presión en el abdomen, como el
esfuerzo durante la defecación o levantar objetos pesados.
El embarazo y el parto vaginal pueden debilitar o distender algunas estructuras que sirven de
soporte a la pelvis. Los trastornos del suelo pélvico son más frecuentes en caso de haber tenido
varios partos vaginales, y el riesgo aumenta con cada parto. El parto en sí puede lesionar los
nervios, lo que ocasiona debilidad muscular. El riesgo de desarrollar un trastorno del suelo
pélvico puede ser menor en un parto por cesárea que en un parto vaginal.
A medida que se envejece, las estructuras que sostienen la pelvis pueden debilitarse, lo que
aumenta la probabilidad de presentar trastornos en el suelo pélvico. Haberse sometido a una
histerectomía también debilita las estructuras en la pelvis, por lo que estos trastornos resultan
más probables.
Otros factores que pueden contribuir incluyen: acumulación de líquido en el abdomen (ascitis,
que ejerce presión sobre los órganos de la pelvis), trastornos de los nervios que inervan el suelo
pélvico, tumores y enfermedades del tejido conjuntivo. A veces hay defectos congénitos que
afectan a esta zona, o se nace con unos tejidos pélvicos muy débiles.
TIPOS Y SÍNTOMAS
Por lo general, todos los trastornos del suelo pélvico son hernias en las que los órganos
sobresalen de manera anómala porque se ha debilitado el tejido. Los diferentes tipos de
trastornos del suelo pélvico reciben su nombre según el órgano afectado. A menudo se presenta
más de un tipo. En todos los tipos, el síntoma más frecuente es la sensación de pesadez o
presión en la zona de la vagina, como si el útero, la vejiga o el recto se estuvieran
desprendiendo.
Prolapso en la pelvis
Los síntomas suelen aparecer cuando se está en posición vertical, se hace presión o se tose, y
desaparecer a tumbarse y relajarse. A veces, el coito es doloroso. Puede que no se presenten
síntomas en los casos leves hasta que se envejezca.
El prolapso del recto (rectocele), del intestino delgado (enterocele), la vejiga (cistocele) y la
uretra (uretrocele) son particularmente propensos a ocurrir simultáneamente. Un uretrocele y
un cistocele casi siempre ocurren simultáneamente.
Los daños en el suelo pélvico a menudo afectan las vías urinarias. Como resultado, las mujeres
con un trastorno del suelo pélvico a menudo tienen problemas para controlar la micción, lo que
da lugar a escapes involuntarios de orina (incontinencia urinaria) o problemas para vaciar por
completo la vejiga (retención urinaria).
Rectocele
El rectocele aparece cuando el recto desciende y sobresale en la pared posterior de la vagina.
Es consecuencia del debilitamiento de la pared muscular del recto y del tejido conjuntivo que
se encuentra a su alrededor.
El rectocele puede dificultar la deposición y causar estreñimiento. Las afectadas pueden ser
incapaces de vaciar sus intestinos por completo. A veces es necesario colocar un dedo en la
vagina y presionar contra el recto para poder evacuar.
Enterocele
El enterocele aparece cuando el intestino delgado y el revestimiento de la cavidad abdominal
(peritoneo) sobresalen hacia abajo entre la vagina y el recto. Esto se produce con mayor
frecuencia después de la extirpación quirúrgica del útero (histerectomía). Un enterocele es
consecuencia del debilitamiento del tejido conjuntivo y de los ligamentos que sostienen el útero
o la vagina.
El enterocele no suele ocasionar síntomas. Sin embargo, a veces se experimenta una
sensación de pesadez, presión o dolor en la región pélvica. También puede sentirse dolor en la
parte inferior de la espalda.
Cistocele y cistouretrocele
El cistocele aparece cuando la vejiga desciende y sobresale en la pared anterior de la vagina.
Es consecuencia del debilitamiento del tejido conjuntivo y de las estructuras que sirven de
soporte alrededor de la vejiga. La aparición simultánea de un uretrocele y un cistocele se
denomina cistouretrocele.
Con cualquiera de estos trastornos se puede tener incontinencia urinaria de esfuerzo (escape
de orina durante un acceso de tos o de risa, o al realizar una acción que aumente de forma
brusca la presión dentro del abdomen), incontinencia por rebosamiento (escape de orina
cuando la vejiga está demasiado llena) o retención de orina. Después de la micción, puede que
la vejiga no se vacíe por completo. A veces aparece infección de las vías urinarias. Debido a
que es posible que los nervios de la vejiga o la uretra estén lesionados, algunas mujeres con
estos trastornos pueden desarrollar incontinencia de urgencia (un intenso e irreprimible deseo
de orinar que produce como resultado la salida de orina).
Prolapso del útero
En el prolapso del útero, este desciende dentro de la vagina. Generalmente se produce como
resultado del debilitamiento del tejido conjuntivo y de los ligamentos que sirven de soporte al
útero. El útero puede abultarse:
 Sólo hacia la parte superior de la vagina
 Por debajo de la abertura de la vagina
 Parcialmente a través de la abertura
 Durante todo el camino a través de la abertura, lo que resulta en prolapso uterino total
(procidencia)
El prolapso del útero produce dolor en la parte inferior de la espalda o sobre el cóccix, aunque
en muchas ocasiones no produce síntomas. El prolapso uterino total puede causar dolor al
caminar. Pueden aparecer úlceras en el cuello uterino prolapsado y causar sangrado, secreción
e infección. El prolapso del útero puede suponer un obstáculo para la uretra. Si existe
incontinencia urinaria, este obstáculo puede ocultarla o dificultar la micción. Las mujeres con
prolapso uterino total pueden presentar también dificultades para defecar.
Prolapso de la vagina
En el prolapso de la vagina, la parte superior de esta desciende hacia la zona inferior, de tal
forma que se da la vuelta de dentro afuera. La parte superior puede descender parcialmente en
la vagina, o en su totalidad, sobresalir fuera del cuerpo y causar un prolapso vaginal total. Por
lo general también está presente un cistocele o un rectocele.
El prolapso vaginal total puede causar dolor al sentarse o al caminar. Pueden aparecer úlceras
en la vagina prolapsada y dar lugar a sangrado y secreción. El prolapso de la vagina puede
ocasionar una apremiante o frecuente necesidad de orinar, así como obstaculizar el recorrido
de la uretra. Si existe incontinencia urinaria, este obstáculo puede ocultarla o dificultar la
micción. También es posible que la defecación resulte dificultosa.

TRATAMIENTO FISIOTERAPEÚTICO
EJERCICIOS DE KEGEL
Los ejercicios de Kegel pueden ayudar a
fortalecer los músculos debajo del útero, la
vejiga y el intestino (grueso). Pueden ayudar
a hombres y mujeres que tengan problemas
con escape de orina o control intestinal.
Usted puede tener estos problemas:
A medida que envejece
 Si aumenta de peso
 Después de un embarazo y parto
 Después de una cirugía ginecológica (mujeres)
 Después de una cirugía de la próstata (hombres)
Las personas que tienen trastornos cerebrales y nerviosos también pueden tener problemas
con escape de orina o control intestinal.
Los ejercicios de Kegel se pueden hacer en cualquier momento cuando usted esté sentado o
acostado. Puede hacerlos cuando esté comiendo, sentado en su escritorio, manejando y
cuando esté descansando o mirando televisión.
Cómo encontrar los músculos correctos:
Un ejercicio de Kegel es como fingir que usted tiene que orinar y luego contenerse. Usted
relaja y aprieta los músculos que controlan el flujo de orina. Es importante encontrar los
músculos correctos que va a apretar.
La próxima vez que tenga que orinar, arranque y luego pare. Sienta los músculos de la vagina
(para las mujeres), la vejiga o el ano ponerse firmes y desplazarse hacia arriba. Estos son los
músculos del piso pélvico. Si los siente firmes, ha hecho el ejercicio correctamente. Sus
muslos, glúteos y abdomen deben permanecer relajados.
Si todavía no está seguro de estar apretando los músculos correctos:
Imagine que está tratando de evitar expulsar una flatulencia.
Mujeres: introduzca un dedo dentro de la vagina. Apriete los músculos como si estuviera
conteniendo su orina y luego suelte. Debe sentir que los músculos se tensan y se desplazan
hacia arriba y hacia abajo.
Hombres: introduzca un dedo dentro del recto. Apriete los músculos como si estuviera
conteniendo su orina y luego suelte. Debe sentir que los músculos se tensan y se desplazan
hacia arriba y hacia abajo.
Cómo hacer los ejercicios de Kegel
Una vez que usted sepa cómo es el movimiento, haga los ejercicios de Kegel 3 veces por día:
 Cerciórese de que la vejiga esté vacía, luego siéntese o acuéstese.
 Apriete los músculos del piso pélvico. Manténgalos apretados y cuente hasta 8.
 Relaje los músculos y cuente hasta 10.
 Repita 10 veces, 3 veces al día (mañana, tarde y noche).
 Respire profundamente y relaje el cuerpo cuando esté haciendo estos ejercicios.
Verifique que no esté apretando el estómago, los muslos, los glúteos ni los músculos
del pecho.
 Después de 4 a 6 semanas, debe sentirse mejor y tener menos síntomas. Siga
realizando los ejercicios, pero no aumente la cantidad que haga. El exceso puede llevar
a distenderse al orinar o defecar.
Algunas notas de precaución:
Una vez que usted aprenda cómo hacerlos, no practique los ejercicios de Kegel en el
momento en que esté orinando más de dos veces al mes. Hacerlo mientras orina puede
debilitar los músculos del piso pélvico con el tiempo o causar daño a la vejiga y los riñones.
En las mujeres, hacer los ejercicios de Kegel incorrectamente o con demasiada fuerza puede
llevar a que los músculos vaginales se tensionen demasiado. Esto puede causar dolor durante
las relaciones sexuales.
La incontinencia retornará si usted deja de hacer estos ejercicios. Una vez que usted empiece
a realizarlos, posiblemente necesite hacerlos por el resto de su vida.
Pueden pasar varios meses para que su incontinencia disminuya una vez que usted empiece
a hacer estos ejercicios.