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En el Evangelio de este sábado pasado ha comenzado el discurso parabólico de Jesús.

Cuenta Jesús la Parábola del sembrador, explica porque habla en parábolas y explica la
Parábola. Sólo si escuchamos la Palabra con fe, con un corazón noble y perseveramos en
medio de las tentaciones, seremos capaces de dar fruto. Ojalá quitemos todo obstáculo a la
Palabra. Ofreceremos a nuestros ambientes una Luz potente.
Evangelio de Lucas 8,4-15
Aquí empieza una nueva sección del Evangelio según Lucas. Con el sumario precedente se
pone fin a la llamada «interpolación menor», introducida por Lucas en el orden establecido por
Marcos -concretamente, después de Marcos 3,19 (“y Judas Iscariote, el mismo que lo
entregó”) -, y que comprende Lucas 6,20-8,3. De aquí en adelante, vuelve a empalmar con la
secuencia de Marcos, aunque con ciertas omisiones y transposiciones. Por ejemplo, Lucas
omite toda referencia a Marcos 3,20-21 (“Jesús regresó a la casa, y de nuevo se juntó tanta
gente que ni siquiera podían comer. Cuando sus parientes se enteraron, salieron para
llevárselo, porque decían: «Está fuera de sí»”), un pasaje en el que «los suyos», es decir, la
familia de Jesús, quieren echarle mano, porque creen que «está fuera de sus cabales». Esa
concepción no entra en los esquemas de Lucas, como se aprecia en Hechos 1,14 (“Todos
ellos, íntimamente unidos, se dedicaban a la oración, en compañía de algunas mujeres, de
María, la madre de Jesús, y de sus hermanos”), donde María y los «hermanos» de Jesús
forman parte del primer grupo de creyentes; de ahí la omisión de este pasaje. En cuanto a las
transposiciones menores, la controversia con los doctores de la ley sobre los poderes
diabólicos de Jesús (Marcos 3,22-30: “Los escribas que habían venido de Jerusalén decían:
«Está poseído por Belcebú y expulsa a los demonios por el poder del Príncipe de los
Demonios». Jesús los llamó y por medio de comparaciones les explicó: « ¿Cómo Satanás va
a expulsar a Satanás? Un reino donde hay luchas internas no puede subsistir, y una familia
dividida tampoco puede subsistir. Por lo tanto, si Satanás se dividió, levantándose contra sí
mismo, ya no puede subsistir, sino que ha llega a su fin. Pero nadie puede entrar en la casa
de un hombre fuerte y saquear sus bienes, si primero no lo ata. Sólo así podrá saquear la
casa. Les aseguro que todo será perdonado a los hombres: todos los pecados y cualquier
blasfemia que profieran. Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón
jamás: es culpable de pecado para siempre». Jesús dijo esto porque ellos decían: «Está
poseído por un espíritu impuro»”) queda aplazada hasta Lucas 11,14-23 (“Jesús estaba
expulsando a un demonio que era mudo. Apenas salió el demonio, el mudo empezó a hablar.
La muchedumbre quedó admirada, pero algunos de ellos decían: «Este expulsa a los
demonios por el poder de Belcebú, el Príncipe de los demonios». Otros, para ponerlo a
prueba, exigían de él un signo que viniera del cielo. Jesús, que conocía sus pensamientos, les
dijo: «Un reino donde hay luchas internas va a la ruina y sus casa caen una sobre otra. Si
Satanás lucha contra sí mismo, ¿cómo podrá subsistir su reino? Porque –como ustedes
dicen– yo expulso a los demonios con el poder de Belcebú. Si yo expulso a los demonios con
el poder de Belcebú, ¿con qué poder los expulsan los discípulos de ustedes? Por eso, ustedes
los tendrán a ellos como jueces. Pero si yo expulso a los demonios con la fuerza del dedo de
Dios, quiere decir que el Reino de Dios ha llegado a ustedes. Cuando un hombre fuerte y bien
armado hace guardia en su palacio, todas sus posesiones están seguras, pero si viene otro
más fuerte que él y lo domina, le quita el arma en la que confiaba y reparte sus bienes. El que
no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama”), donde aparecerá
en una versión un tanto diferente. Lo mismo sucede con el episodio sobre la madre y los
hermanos de Jesús (Marcos 3,31-35: “Entonces llegaron su madre y sus hermanos y,
quedándose afuera, lo mandaron llamar. La multitud estaba sentada alrededor de Jesús, y le
dijeron: «Tu madre y tus hermanos te buscan ahí fuera». Él les respondió: « ¿Quién es mi
madre y quiénes son mis hermanos?». Y dirigiendo su mirada sobre los que estaban sentados
alrededor de él, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos. Porque el que hace la voluntad de
Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre»”); Lucas no sólo modifica el pasaje, sino
que, además, lo transpone al final de esta sección, en la que recoge algunos elementos de
Marcos 4, es decir, del discurso de las parábolas. Aunque con ciertas diferencias, Lucas 8,4
(“Habiéndose congregado una gran multitud, y los que de varias ciudades acudían a Él, les
habló por parábola”) empalma con Marcos 4,1 (“Comenzó a enseñar de nuevo junto al mar; y
se llegó a Él una multitud tan grande que tuvo que subirse a una barca que estaba en el mar, y
se sentó; y toda la multitud estaba en tierra a la orilla del mar”); lo que sigue, en la redacción
de Lucas, es una versión particular del llamado «discurso en parábolas» (Marcos 4,1-34). Esta
denominación se ajusta perfectamente al Evangelio según Marcos, pero en Lucas parece más
bien artificial. Las parábolas conservadas por este último funcionan como ejemplos concretos
de la «predicación» de Jesús, a la que se hace referencia en Lucas 8,1 (“Después, Jesús
recorría las ciudades y los pueblos, predicando y anunciando la Buena Noticia del Reino de
Dios. Lo acompañaban los Doce”). Sin embargo, el gran énfasis de todo el pasaje recae sobre
la palabra de Dios; incluso los dos últimos episodios - parábola del candil (Lucas 8,16-18: “No
se enciende una lámpara para cubrirla con un recipiente o para ponerla debajo de la cama,
sino que se la coloca sobre un candelero, para que los que entren vean la luz. Porque no hay
nada oculto que no se descubra algún día, ni nada secreto que no deba ser conocido y
divulgado. Presten atención y oigan bien, porque al que tiene, se le dará, pero al que no tiene,
se le quitará hasta lo que cree tener”) y máxima de Jesús sobre su auténtica familia (Lucas
8,19-21: “Su madre y sus hermanos fueron a verlo, pero no pudieron acercarse a causa de la
multitud. Entonces le anunciaron a Jesús: «Tu madre y tus hermanos están ahí afuera y
quieren verte». Pero él les respondió: «Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la
Palabra de Dios y la practican»”) - están centrados en el gran tema de la palabra. En la
redacción de Marcos, el discurso admite varias subdivisiones, claramente señaladas por
frases convencionales (Marcos 4,10: “Cuando se quedó solo, los que estaban alrededor de él
junto con los Doce, le preguntaban por el sentido de las parábolas”; 4,13: “Jesús les dijo: «
¿No entienden esta parábola? ¿Cómo comprenderán entonces todas las demás?”; 4,21:
“Jesús les decía: « ¿Acaso se trae una lámpara para ponerla debajo de un cajón o debajo de
la cama? ¿No es más bien para colocarla sobre el candelero?”; 4,24: “Y les decía: « ¡Presten
atención a lo que oyen! La medida con que midan se usará para ustedes, y les darán más
todavía”). En cambio, en la redacción de Lucas, las acotaciones narrativas desaparecen casi
por completo, y el flujo de la predicación en parábolas resulta mucho más coherente y
sostenido. El último episodio, en el que el propio Jesús traza los rasgos de su verdadera
familia (Lucas 8,19-21: “Su madre y sus hermanos fueron a verlo, pero no pudieron acercarse
a causa de la multitud. Entonces le anunciaron a Jesús: «Tu madre y tus hermanos están ahí
afuera y quieren verte». Pero él les respondió: «Mi madre y mis hermanos son los que
escuchan la Palabra de Dios y la practican»”), corona todo el desarrollo con absoluta
rotundidad y confiere a toda la sección su tonalidad dominante: la palabra de Dios proclamada
y aceptada. Por nuestra parte, el hecho de que en la exposición introduzcamos tres divisiones
en la primera parábola (versículos 4-8: “Como se reunía una gran multitud y acudía a Jesús
gente de todas las ciudades, él les dijo, valiéndose de una parábola: «El sembrador salió a
sembrar su semilla. Al sembrar, una parte de la semilla cayó al borde del camino, donde fue
pisoteada y se la comieron los pájaros del cielo. Otra parte cayó sobre las piedras y, al brotar,
se secó por falta de humedad. Otra cayó entre las espinas, y estas, brotando al mismo tiempo,
la ahogaron. Otra parte cayó en tierra fértil, brotó y produjo fruto al ciento por uno». Y una vez
que dijo esto, exclamó: « ¡El que tenga oídos para oír, que oiga!»”, 9-10: “Sus discípulos le
preguntaron qué significaba esta parábola, y Jesús les dijo: «A ustedes se les ha concedido
conocer los misterios del Reino de Dios; a los demás, en cambio, se les habla en parábolas,
para que miren sin ver y oigan sin comprender” y 11-15: “La parábola quiere decir esto: La
semilla es la Palabra de Dios. Los que están al borde del camino son los que escuchan, pero
luego viene el demonio y arrebata la Palabra de sus corazones, para que no crean y se
salven. Los que están sobre las piedras son los que reciben la Palabra con alegría, apenas la
oyen; pero no tienen raíces: creen por un tiempo, y en el momento de la tentación se vuelven
atrás. Lo que cayó entre espinas son los que escuchan, pero con las preocupaciones, las
riquezas y los placeres de la vida, se van dejando ahogar poco a poco, y no llegan a madurar.
Lo que cayó en tierra fértil son los que escuchan la Palabra con un corazón bien dispuesto, la
retienen, y dan fruto gracias a sus constancia”) no obedece a reservas sobre la unidad del
conjunto, sino a la problemática que encierra cada una de las secciones en su respectivo
funcionamiento sinóptico. Comenzamos estudiando los versículos 4-8 (“Como se reunía una
gran multitud y acudía a Jesús gente de todas las ciudades, él les dijo, valiéndose de una
parábola: «El sembrador salió a sembrar su semilla. Al sembrar, una parte de la semilla cayó
al borde del camino, donde fue pisoteada y se la comieron los pájaros del cielo. Otra parte
cayó sobre las piedras y, al brotar, se secó por falta de humedad. Otra cayó entre las espinas,
y estas, brotando al mismo tiempo, la ahogaron. Otra parte cayó en tierra fértil, brotó y produjo
fruto al ciento por uno». Y una vez que dijo esto, exclamó: « ¡El que tenga oídos para oír, que
oiga!»”). El versículo introductorio, en la redacción lucana (Lucas 8,4: “Habiéndose
congregado una gran multitud, y los que de varias ciudades acudían a Él, les habló por
parábola”), expresa con toda claridad que la parábola va dirigida a toda la muchedumbre, en la
que naturalmente hay que incluir a «los Doce» y a «las mujeres», de los que se ha hablado en
Lucas 8, 1-3: "Después, Jesús recorría las ciudades y los pueblos, predicando y anunciando la
Buena Noticia del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce y también algunas mujeres que
habían sido curadas de malos espíritus y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que
habían salido siete demonios; Juana, esposa de Cusa, intendente de Herodes, Susana y
muchas otras, que los ayudaban con sus bienes". Pero, más adelante, cuando «los
discípulos» piden a Jesús una explicación de la parábola (Lucas 8,9: “Sus discípulos le
preguntaron qué significaba esta parábola”), Lucas no dice expresamente que estén «solos»,
como lo hace Marcos (Marcos 4,10: “Cuando se quedó κατὰ μόνας, solo, sus seguidores junto
con los doce, le preguntaban sobre las parábolas”); sin embargo, el contexto exige esa
situación, ya que establece un contraste entre «vosotros» y «los demás» (Lucas 8,10: “y Jesús
les dijo: «A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de Dios; a los demás,
en cambio, se les habla en parábolas, para que miren sin ver y oigan sin comprender»”). La
agudeza de un comentarista como R. Bultmann le llevó a pensar que el verdadero significado
de la parábola era absolutamente irrecuperable: « ¿Trata de consolar al hombre, consciente
de que no todos sus trabajos son verdaderamente fructíferos? ¿Es, en este sentido, un
monólogo de Jesús entre la resignación y el agradecimiento? ¿Es una exhortación a los que
escuchan la palabra divina? ¿Es una verdadera predicación de Jesús?». A excepción de esta
última alternativa, las demás hipótesis son decididamente erróneas, ya que tienden a
interpretar la parábola en clave psicológica. En opinión de J. Jeremías, el planteamiento de la
parábola en Marcos encierra un incisivo contraste: a pesar de todos los obstáculos que
encuentra la sementera, ya que parte de la semilla cae en terrenos inadecuados, el trabajo del
labrador se ve coronado por el éxito en los tres niveles descritos. La parábola es una
ilustración de lo que sucederá en el período escatológico; a pesar de todos los obstáculos
humanos, la predicación de Jesús alcanzará sus objetivos finales: «Dios da el primer paso y
trae una inconcebible e inesperada cosecha de galardones. No hay oposición que resista;
porque, aun de comienzos poco halagüeños, Dios sabe sacar un final victorioso, según lo
prometido». También en la versión de Lucas se aprecia el mismo contraste, a pesar de su
formulación más sintética del resultado. El mensaje de la parábola es prácticamente idéntico,
incluso con la adición de «su semilla» en el versículo 5 (“El sembrador salió a sembrar su
semilla. Al sembrar, una parte de la semilla cayó al borde del camino, donde fue pisoteada y
se la comieron los pájaros del cielo”). La finalidad de ese detalle se verá en la explicación
subsiguiente (versículos 11-15: "La parábola quiere decir esto: La simiente es la Palabra de
Dios. Los de a lo largo del camino, son los que han oído; después viene el diablo y se lleva de
su corazón la Palabra, no sea que crean y se salven. Los de sobre piedra son los que, al oír la
Palabra, la reciben con alegría; pero éstos no tienen raíz; creen por algún tiempo, pero a la
hora de la prueba desisten. Lo que cayó entre los abrojos, son los que han oído, pero a lo
largo de su caminar son ahogados por las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la
vida, y no llegan a madurez. Lo que en buena tierra, son los que, después de haber oído,
conservan la Palabra con corazón bueno y recto, y dan fruto con perseverancia"); pero lo
importante es que, con esa adición, el pasaje entero queda polarizado hacia la semilla. De ahí
el título que damos en el epígrafe: «parábola de la semilla». Es frecuente catalogar esta
narración entre las llamadas «parábolas del Reino»; el resultado final constituiría un anuncio
de la realización escatológica del Reino de Dios, que es el gran tema de la predicación de
Jesús. Y, de hecho, tanto en el versículo 1 ("Y sucedió a continuación que iba por ciudades y
pueblos, proclamando y anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios; le acompañaban los
Doce") como en el versículo 10 (“y Jesús les dijo: «A ustedes se les ha concedido conocer los
misterios del Reino de Dios; a los demás, en cambio, se les habla en parábolas, para que
miren sin ver y oigan sin comprender»”) aparece explícitamente esa temática; pero falta la
comparación expresa de ambos términos. Por otra parte, ya que toda esta sección del
Evangelio según Lucas da una acusada relevancia a la predicación de la palabra de Dios,
parece preferible interpretar la parábola como una ilustración de la victoria definitiva que va a
alcanzar la predicación de Jesús. El escrito copto conocido como Evangelio según Tomás
recoge también esta parábola, aunque en una versión un tanto diferente: «Jesús dijo: 'Un
sembrador salió al campo, cogió un puñado de semillas y empezó a sembrarlas. Unas cayeron
en la vereda, vinieron los pájaros y se las comieron. Otras cayeron en terreno pedregoso y no
echaron raíces profundas ni produjeron espigas vigorosas. Otras cayeron entre zarzas; pero
las zarzas ahogaron las semillas y los gusanos se las comieron. Finalmente, otras cayeron en
buena tierra y dieron fruto abundante: el sesenta por uno y el ciento veinte por uno'»
(Evangelio de Tomás 9). J. Ménard no cree que esta versión dependa de ninguna de las tres
recensiones canónicas. Sin embargo, W. Schrage defiende - y, a mi juicio, con razón – que la
parábola de Evangelio de Tomás depende de la versión sahídica del Evangelio según Marcos.
El hecho es que, aunque representase una tradición independiente, no haría más que ratificar
lo que desde hace tiempo constituye una opinión común, es decir, que durante un cierto
período la parábola se transmitió en el ámbito de la comunidad cristiana, separada de su
interpretación alegórica (Marcos 4,13-20: “Jesús les dijo: « ¿No entienden esta parábola?
¿Cómo comprenderán entonces todas las demás? El sembrador siembra la Palabra. Los que
están al borde del camino, son aquellos en quienes se siembra la Palabra; pero, apenas la
escuchan, viene Satanás y se lleva la semilla sembrada en ellos. Igualmente, los que reciben
la semilla en terreno rocoso son los que, al escuchar la Palabra, la acogen en seguida con
alegría; pero no tienen raíces, sino que son inconstantes y, en cuanto sobreviene la tribulación
o la persecución a causa de la Palabra, inmediatamente sucumben. Hay otros que reciben la
semilla entre espinas: son los que han escuchado la Palabra, pero las preocupaciones del
mundo, la seducción de las riquezas y las demás concupiscencias penetran en ellos y ahogan
la Palabra, y esta resulta infructuosa. Y los que reciben la semilla en tierra buena, son los que
escuchan la Palabra, la aceptan y dan fruto al treinta, al sesenta y al ciento por uno»”; Lucas
8,11-15: "La parábola quiere decir esto: La simiente es la Palabra de Dios. Los de a lo largo
del camino, son los que han oído; después viene el diablo y se lleva de su corazón la Palabra,
no sea que crean y se salven. Los de sobre piedra son los que, al oír la Palabra, la reciben
con alegría; pero éstos no tienen raíz; creen por algún tiempo, pero a la hora de la prueba
desisten. Lo que cayó entre los abrojos, son los que han oído, pero a lo largo de su caminar
son ahogados por las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la vida, y no llegan a
madurez. Lo que en buena tierra, son los que, después de haber oído, conservan la Palabra
con corazón bueno y recto, y dan fruto con perseverancia"). El epifonema de la parábola: « ¡El
que tenga oídos para oír, que oiga!» (Lucas 8,8) es una reformulación de Marcos 4,9: “Y
decía: « ¡El que tenga oídos para oír, que oiga!»”. Es curioso que, en el Evangelio según
Tomás, ese versículo conclusivo se recoge en Evangelio de Tomás 8,24 (“Dijeron sus
discípulos: «Instrúyenos acerca del lugar donde moras, pues sentimos la necesidad de
indagarlo». Díjoles: «El que tenga oídos, que escuche: en el interior de un hombre de luz hay
siempre luz y él ilumina todo el universo; sin su luz reinan las tinieblas»”), mientras que se
omite en la narración propiamente dicha de la parábola (Evangelio de Tomás 9: «Jesús dijo:
'Un sembrador salió al campo, cogió un puñado de semillas y empezó a sembrarlas. Unas
cayeron en la vereda, vinieron los pájaros y se las comieron. Otras cayeron en terreno
pedregoso y no echaron raíces profundas ni produjeron espigas vigorosas. Otras cayeron
entre zarzas; pero las zarzas ahogaron las semillas y los gusanos se las comieron.
Finalmente, otras cayeron en buena tierra y dieron fruto abundante: el sesenta por uno y el
ciento veinte por uno'»). Una prueba más del carácter independiente de esta máxima
conclusiva. En el contexto del Evangelio según Lucas, este ejemplo de la predicación de
Jesús - la parábola de la semilla - muestra con un acusado grafismo la diversidad de
reacciones entre los oyentes. Pero lo importante es que, a pesar de todas las amenazas que
acechan a la implantación y al crecimiento de la semilla, la palabra terminará por encontrar
una escucha abierta y una aceptación generosa. La sementera, llevada a cabo por la
predicación, quedará definitivamente coronada por el éxito.) COMO SE JUNTABA MUCHA
GENTE (El participio presente, que se emplea en los dos genitivos absolutos de la frase
(ὄχλου πολλοῦ, mucha gente; τῶν κατὰ πόλιν ἐπιπορευομένων, venidos de cada ciudad),
indica la continua y progresiva afluencia de personas para escuchar el mensaje de Jesús. Los
versículos 4 ("Habiéndose congregado mucha gente, y viniendo a él de todas las ciudades,
dijo en parábola") y 8b ("Dicho esto, exclamó: «El que tenga oídos para oír, que oiga»")
forman el encuadre narrativo de la parábola propiamente dicha) Y DE CADA CIUDAD (Ya
encontramos anteriormente (Lucas 8,1: "Y sucedió a continuación que iba por ciudades y
pueblos, proclamando y anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios; le acompañaban los
Doce") la frase distributiva κατὰ πόλιν (y de cada ciudad). No se dan los nombres de las
ciudades, pero probablemente hay que pensar en las poblaciones de aquella comarca, ya
presentadas en el sumario precedente (Lucas 8,1: "Y sucedió a continuación que iba por
ciudades y pueblos, proclamando y anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios; le
acompañaban los Doce") ACUDÍAN A ÉL (El segundo genitivo absoluto va unido al anterior
por medio de la conjunción καὶ , que se puede entender como mera conjunción copulativa
(y )

(«y»), que es como lo presenta Fitzmyer en la traducción, o con valor explicativo («a saber, los
que acudían»). En este segundo caso, el genitivo absoluto dependería de «gente» y se podría
traducir: «incluso de los que acudían a él») LES HABLÓ, USANDO UNA PARÁBOLA
(Literalmente: εἶπεν διὰ παραβολῆς («les habló por medio de una parábola»), una
construcción que no aparece más que en este pasaje. Véase, por el contrarío, la redacción de
Marcos (Marcos 4,2: «Les estuvo enseñando muchas cosas con parábolas»), que es una
fórmula bastante más adecuada para introducir la serie de parábolas que se agrupan en este
capítulo (Marcos 4,2-34) UN LABRADOR SALIÓ A SEMBRAR SU SEMILLA (Literalmente:
Ἐξῆλθεν ὁ σπείρων τοῦ σπεῖραι τὸν σπόρον αὐτοῦ («Salió el sembrador a sembrar su
semilla»). El artículo definido (ὁ, «el») tiene aquí un valor de designación genérica y, al mismo
tiempo, colectiva, como en castellano: «el labrador», «el político», «el hombre de negocios»,
etc. La redacción de Lucas añade «su semilla» (τὸν σπόρον αὐτοῦ), posiblemente por influjo
de la parábola sobre la semilla que crece espontáneamente, sin que el labrador se dé cuenta
(Marcos 4,26-29: "Y decía: «El Reino de Dios es como un hombre que echa la semilla en la
tierra: sea que duerma o se levante, de noche y de día, la semilla germina y va creciendo, sin
que él sepa cómo. La tierra por sí misma produce primero un tallo, luego una espiga, y al fin
grano abundante en la espiga. Cuando el fruto está a punto, él aplica en seguida la hoz,
porque ha llegado el tiempo de la cosecha»"), una parábola omitida por Lucas) UNA PARTE
CAYÓ A LO LARGO DEL CAMINO (La frase correlativa de ὃ μὲν («uno», «una parte») es καὶ
ἕτερον («y otro», «otra parte»: versículos 6-8: "«otra cayó sobre piedra, y después de brotar,
se secó, por no tener humedad; otra cayó en medio de abrojos, y creciendo con ella los
abrojos, la ahogaron. Y otra cayó en tierra buena, y creciendo dio fruto centuplicado» Dicho
esto, exclamó: «El que tenga oídos para oír, que oiga»"). En cuanto al género, ὃ μὲν («uno»,
«una parte») es masculino porque se refiere a σπόρον («semilla); pero, en los versículos
siguientes, Lucas lo transforma en neutro, hasta el punto de que en el versículo 8 ("«Y otra
cayó en tierra buena, y creciendo dio fruto centuplicado.» Dicho esto, exclamó: «El que tenga
oídos para oír, que oiga»") el participio aparece en neutro (φυὲν, «creciendo», que Fitzmyer ha
traducido por «y creció»). Puede ser que el cambio se deba al propio ritmo de la narración o a
un condicionamiento mental del escritor por la palabra σπέρμα («semilla», «simiente»), que
pertenece al género neutro. En opinión de J. Jeremías, para entender correctamente esta
parábola hay que «tener en cuenta que en Palestina se sembraba antes de arar la tierra». Por
tanto, hay que imaginarse al labrador recorriendo todo el barbecho y diseminando sin más las
simientes; así se puede comprender que una parte cayera en el camino, otra en suelo
pedregoso, otra entre zarzas y otra en tierra fértil. Después de la sementera se araba el
campo, y así se enterraban las semillas, hasta que, con la venida de las lluvias, comenzara a
despuntar y a crecer) FUE PISOTEADA (Se refiere indudablemente a los transeúntes que
atravesaban el campo antes de ser debidamente labrado. La frase es una adición de Lucas a
los materiales procedentes de Marcos. Ese detalle complica la verosimilitud de que los pájaros
vinieran a comerse la semilla; pero, por otra parte, acentúa uno de los obstáculos para el
crecimiento, a saber: la dureza de una tierra pisoteada por los viandantes. Llama la atención
que, más adelante, en la explicación de la parábola, no se exploten las virtualidades de esa
adición precisa (versículos 11-15: "La parábola quiere decir esto: La simiente es la Palabra de
Dios. Los de a lo largo del camino, son los que han oído; después viene el diablo y se lleva de
su corazón la Palabra, no sea que crean y se salven. Los de sobre piedra son los que, al oír la
Palabra, la reciben con alegría; pero éstos no tienen raíz; creen por algún tiempo, pero a la
hora de la prueba desisten. Lo que cayó entre los abrojos, son los que han oído, pero a lo
largo de su caminar son ahogados por las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la
vida, y no llegan a madurez. Lo que en buena tierra, son los que, después de haber oído,
conservan la Palabra con corazón bueno y recto, y dan fruto con perseverancia") Y LOS
PÁJAROS DEL CIELO SE LA COMIERON (La expresión τὰ πετεινὰ τοῦ οὐρανοῦ («los
pájaros del cielo») es una frase típica de Lucas (Lucas 9,58: "Y Jesús le dijo: Las zorras tienen
madrigueras y las aves del cielo nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la
cabeza"; 13,19: "Es semejante al grano de mostaza que un hombre tomó y sembró en su
huerto; y creció, y se hizo árbol grande, y las aves del cielo anidaron en sus ramas"; Hechos
10,12: "había en él toda clase de cuadrúpedos y reptiles de la tierra, y aves del cielo"; 11,6:
"Cuando fijé mis ojos en él y lo observaba, vi cuadrúpedos terrestres, fieras, reptiles y aves del
cielo"), que, por una parte, imita el estilo de los LXX (Daniel 4,12: "Su follaje era hermoso y su
fruto abundante, y en él había alimento para todos. Debajo de él hallaban sombra las bestias
del campo, las aves del cielo hacían morada en sus ramas, y de él se alimentaban todos los
seres vivientes"; 4,21: "cuyo follaje era hermoso y su fruto abundante, y en el que había
alimento para todos, debajo del cual moraban las bestias del campo y en cuyas ramas
anidaban las aves del cielo"; Ezequiel 31,6: "En sus ramas anidaban todas las aves del cielo,
bajo su ramaje parían todas las bestias del campo, y a su sombra habitaban todas las grandes
naciones"; Salmo 104,12: "Sobre ellas los volátiles del cielo habitarán; de en medio de las
peñas darán voz"), y por otra, confiere a toda la parábola una tonalidad mucho más bíblica)
OTRA PARTE CAYÓ SOBRE LA ROCA (Fitzmyer traduce sobre terreno pedregoso. Pero,
literalmente es: κατέπεσεν ἐπὶ τὴν πέτραν («cayó sobre la roca»), es decir, sobre suelo poco
profundo, que apenas llegaba a cubrir la roca viva. Lucas ha abreviado notablemente los
detalles descriptivos, además de sustituir ἐπὶ τὸ πετρῶδες (sobre lo pedregoso) por ἐπὶ τὴν
πέτραν (sobre la roca) Y, DESPUÉS DE BROTAR, SE SECÓ POR FALTA DE HUMEDAD (La
esterilidad de la semilla se debe, según Lucas, a falta de humedad, mientras que Marcos
habla de que «no tenía raíces») OTRA CAYÓ EN MEDIO DE ABROJOS, Y CRECIENDO
CON ELLA LOS ABROJOS, LA AHOGARON (Nueva modificación introducida por Lucas:
συμφυεῖσαι ("Al crecer con ella"). Marcos no alude al crecimiento simultáneo de las espigas y
de las zarzas) OTRA PARTE DE LA SEMILLA CAYÓ EN TIERRA BUENA (Lucas, al igual que
Marcos (Marcos 4,8: "Y otras semillas cayeron en hermosa tierra, y creciendo y
desarrollándose, dieron fruto, y produjeron unas a treinta, otras a sesenta y otras a ciento por
uno"), conserva el doble artículo definido: τὴν γῆν τὴν («la tierra la»), pero sustituye el adjetivo
καλὴν (bella, buena) de Marcos, por ἀγαθήν (buena: εἰς τὴν γῆν τὴν ἀγαθήν, «hacia/en la tierra
la buena») Y DIO FRUTO AL CIENTO POR UNO (En vez de la expresión de Marcos: ἐδίδου
καρπόν (literalmente: «daba, iba dando fruto»), Lucas emplea una expresión de los LXX:
ἐποίησεν καρπὸν (literalmente: «hizo fruto»); Génesis 1,11-12: "Entonces dijo: «Que la tierra
produzca vegetales, hierbas que den semilla y árboles frutales, que den sobre la tierra frutos
de su misma especie con su semilla adentro». Y así sucedió. La tierra hizo brotar vegetales,
hierba que da semilla según su especie y árboles que dan fruto de su misma especie con su
semilla adentro. Y Dios vio que esto era bueno."; Lucas 3,8-9: "Por tanto, dad frutos dignos de
arrepentimiento; y no comencéis a deciros a vosotros mismos: ``Tenemos a Abraham por
padre, porque os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham de estas piedras. Y también el
hacha ya está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto es
cortado y echado al fuego". Además, ha simplificado la descripción progresiva del fruto. Ya el
escritor latino Varrón menciona el hecho de que las semillas sembradas «en territorio de
Gadara, en Siria», fructifican exuberantemente hasta el ciento por uno; de modo que la
apreciación evangélica no parece mínimamente exagerada. Génesis 26,12: "Isaac sembró en
aquella región, y ese año cosechó el ciento por uno, porque el Señor lo había bendecido")
DICHO ESTO EXCLAMÓ (Posiblemente haya que conservar en la traducción el sentido propio
del imperfecto ἐφώνει («Y decía repetidas veces»), o algo semejante) ¡EL QUE TENGA
OÍDOS PARA OÍR, QUE OIGA! (Esa misma fórmula conclusiva vuelve a aparecer en Lucas
14,35: "No es útil ni para la tierra ni para el muladar; la arrojan fuera. El que tenga oídos para
oír, que oiga". En la redacción de Marcos se encuentra en 4,9: "Y Él decía: El que tiene oídos
para oír, que oiga" y en 4,23: "Si alguno tiene oídos para oír, que oiga". También en el
Evangelio según Mateo aparece dos veces (Mateo 13,9: "El que tiene oídos, que oiga"; 11,15:
"El que tiene oídos, que oiga"). Ahora vamos a estudiar los versículos 9-10 (“Sus discípulos le
preguntaron qué significaba esta parábola, y Jesús les dijo: «A ustedes se les ha concedido
conocer los misterios del Reino de Dios; a los demás, en cambio, se les habla en parábolas,
para que miren sin ver y oigan sin comprender”) del capítulo 4 del Evangelio según san Lucas.
Como ya observábamos en el pasaje precedente, estos dos versículos (Lucas 8,9-10: “Sus
discípulos le preguntaron qué significaba esta parábola, y Jesús les dijo: «A ustedes se les ha
concedido conocer los misterios del Reino de Dios; a los demás, en cambio, se les habla en
parábolas, para que miren sin ver y oigan sin comprender”) no quedan, en el Evangelio según
Lucas, tan desvinculados de la parábola como en el Evangelio según Marcos. Efectivamente,
Lucas no da la más mínima indicación de que Jesús y sus discípulos se hayan quedado solos;
Marcos, en cambio, lo dice expresamente (Marcos 4,10: "Cuando se quedó solo, sus
seguidores junto con los doce, le preguntaban sobre las parábolas"). En el contexto de Lucas
parece que los discípulos plantean su cuestión allí mismo, en presencia de la gente que rodea
a Jesús (véase Lucas 8,4: “Habiéndose congregado una gran multitud, y los que de varias
ciudades acudían a Él, les habló por parábola”). Lucas no sólo abrevia la formulación de
Marcos, sino que la suaviza considerablemente; además, los discípulos preguntan a Jesús
únicamente sobre una - αὕτη («esa») - parábola. Estos dos versículos de Lucas conservan un
«dicho» de Jesús sobre el motivo de su predicación en parábolas. Como observa R.
Bultmann, su presencia en este contexto de la tradición evangélica no es un dato de la
tradición primitiva, sino una adición posterior, indudablemente del mismo Marcos; es posible
que, en el ministerio de Jesús, es decir, en el estadio I de la tradición, ese dato perteneciera a
un contexto totalmente distinto y no tuviera nada que ver con la parábola concreta a la que
ahora se aplica. V. Taylor ha querido ver en estos versículos una «declaración» de Jesús
posiblemente «relacionada con la existencia de los primeros cristianos». Pero esa
interpretación no es excesivamente convincente, ya que un encuadramiento narrativo tan
escaso como el que ofrece Marcos 4,10 ("Cuando se quedó solo, sus seguidores junto con los
doce, le preguntaban sobre las parábolas") difícilmente puede integrar una verdadera
«declaración» del protagonista. Por tanto, hay que inclinarse más bien por considerarlo un
«dicho» de Jesús. Teóricamente, podría ser un producto de la comunidad primitiva, como
muestra de sus esfuerzos por comprender el enigma de algunas parábolas de Jesús; pero,
como reconoce el propio Taylor, no hay ninguna razón para que el mismo Jesús no hubiera
podido citar esas palabras proféticas en orden a explicar el poco éxito de su predicación. Este
pasaje de Isaías (Isaías 6,9-10: « Y Él dijo: Ve, y di a este pueblo: ``Escuchad bien, pero no
entendáis; mirad bien, pero no comprendáis. Haz insensible el corazón de este pueblo,
endurece sus oídos, y nubla sus ojos, no sea que vea con sus ojos, y oiga con sus oídos, y
entienda con su corazón, y se arrepienta y sea curado») aparece también en otros libros del
Nuevo Testamento (véase Juan 12,40: “Él ha cegado sus ojos y endurecido su corazón, para
que no vean con los ojos y entiendan con el corazón, y se conviertan y yo los sane”; Hechos
28,26-27: “diciendo: ve a este pueblo y di: ``al oír oiréis, y no entenderéis; y viendo veréis, y no
percibiréis; porque el corazón de este pueblo se ha vuelto insensible, y con dificultad oyen con
sus oídos; y sus ojos han cerrado; no sea que vean con los ojos, y oigan con los oídos, y
entiendan con el corazón, y se conviertan, y yo los sane”) para explicar por qué los judíos
rechazaron la predicación cristiana. Pero los contextos en los que se encuentra esa cita no
tienen nada que ver con las parábolas; directamente relacionado con el discurso en parábolas,
el texto de Isaías aparece única y exclusivamente en este pasaje. Los versículos que
comentamos establecen una distinción precisa entre οἱ μαθηταὶ («los discípulos») de Jesús y
οἱ λοιποὶ («los demás»); a aquéllos, Dios mismo les ha concedido entender el significado
profundo de la predicación del Reino. Pero hay que notar las diversas formulaciones: en
Marcos, el don de Dios es «el secreto mismo del Reino», es decir, una verdadera participación
en esa nueva realidad y no meramente un «conocimiento» de su llegada; en cambio, en
Mateo y en Lucas, el don es precisamente un «conocimiento» de su profundo significado, una
penetración del «secreto», del misterio. Este cambio de perspectiva subraya con mayor
énfasis la percepción de la trascendencia, la comprensión del aspecto enigmático y misterioso.
Esta orientación cuadra perfectamente con el relieve que adquiere en Lucas la figura de Jesús
como predicador del Reino. Aunque la distinción planteada por estos versículos introductorios
parece reducirse a dos categorías: οἱ μαθηταὶ («los discípulos») y οἱ λοιποὶ («los demás»), la
explicación de la parábola, que viene inmediatamente después, multiplicará esas distinciones,
al mencionar cuatro grupos de oyentes de la palabra. El texto citado en el versículo 10 (“y
Jesús les dijo: «A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de Dios; a los
demás, en cambio, se les habla en parábolas, para que miren sin ver y oigan sin
comprender»”), es decir, Isaías 6,9-10 («Y Él dijo: Ve, y di a este pueblo: ``Escuchad bien,
pero no entendáis; mirad bien, pero no comprendáis. Haz insensible el corazón de este
pueblo, endurece sus oídos, y nubla sus ojos, no sea que vea con sus ojos, y oiga con sus
oídos, y entienda con su corazón, y se arrepienta y sea curado»), forma parte de la visión
inaugural, en la que el profeta recibe su misión de predicar la palabra a un pueblo que el
propio Isaías considera sordo y ciego. No cabe duda que hay una comparación implícita, que
es de por sí suficientemente elocuente. Lucas percibe un significado nuevo en las palabras de
Isaías; lo que antes se aplicaba con toda propiedad al pueblo de dura cerviz se ve ahora de
forma distinta: hay gente que se dejará seducir por la simplicidad y el encanto de las parábolas
de Jesús, pero que, sin embargo, no llegará a comprender su verdadero sentido) LE
PREGUNTABAN SUS DISCÍPULOS QUÉ SIGNIFICABA ESTA PARÁBOLA (οἱ μαθηταὶ αὐτοῦ
("sus discípulos"), tiene que referirse a los Doce y a las mujeres, ya mencionados en Lucas
8,1-3: "Y sucedió a continuación que iba por ciudades y pueblos, proclamando y anunciando la
Buena Nueva del Reino de Dios; le acompañaban los Doce, y algunas mujeres que habían
sido curadas de espíritus malignos y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que
habían salido siete demonios, Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes, Susana y
otras muchas que les servían con sus bienes". El pasaje paralelo de Marcos (Marcos 4,10:
"Cuando se quedó solo, sus seguidores junto con los doce, le preguntaban sobre las
parábolas") dice: οἱ περὶ αὐτὸν σὺν τοῖς δώδεκα («sus acompañantes y/con los Doce»). Éstos
son los que constituyen el primer grupo, distinto de «los demás», calificados por Marcos
expresamente como «los de fuera» (Marcos 4,11: "Y les decía: A vosotros os ha sido dado el
misterio del reino de Dios, pero los que están afuera reciben todo en parábolas") Y ÉL DIJO: A
VOSOTROS SE OS HA CONCEDIDO (Nueva presencia de la llamada «pasiva teológica»
(«Dios os ha concedido»). Las palabras de Jesús aluden a una actuación del Padre, que ha
elegido gratuitamente a los discípulos. Es el grupo de privilegiados, capaces de conocer lo que
verdaderamente describe la parábola. De manera implícita se puede ver aquí la concepción
lucana de lo que es ser discípulo de Jesús) ENTENDER LOS SECRETOS DEL REINADO DE
DIOS (En la redacción de Marcos, fuente de inspiración de Lucas, se afirma directamente que
a los discípulos se les ha concedido - Dios les ha concedido - «el secreto del Reino». En
coincidencia con Mateo (Mateo 13,11: "Y respondiendo Él, les dijo: Porque a vosotros se os
ha concedido conocer los misterios del reino de los cielos, pero a ellos no se les ha
concedido"), Lucas ha transformado el singular μυστήριον (misterio) en el plural μυστήρια
(misterios) y ha añadido el infinitivo γνῶναι («conocer», «entender»). De este modo, la
expresión de Lucas - y la correspondiente de Mateo - presentan el don de Dios a los
discípulos como una experiencia de orden intelectual y cognitivo con respecto al Reino. No se
trata de meros oyentes de la parábola, sino de oyentes cualificados que comprenden sus
implicaciones. Por supuesto que esa comprensión no es un conocimiento esotérico restringido
a un grupo de iniciados, sino una percepción de lo que es el Reino y de sus implicaciones para
la existencia humana, que exige imperativamente una proclamación, una manifestación
pública del misterio. Pero esa «inteligencia» de los discípulos no llega necesariamente a su
plenitud con la explicación de la parábola que les proporciona Jesús; más adelante, en
Hechos 1,3b ("durante cuarenta días se le apareció y les habló del Reino de Dios"), Jesús
resucitado dedicará un largo período -«cuarenta días» - a introducir plenamente a sus
discípulos en el auténtico significado del Reino de Dios. Por otra parte, esa comprensión de
los discípulos, esa penetración de los «secretos del Reino», aparece en incisivo contraste con
los doctores de la ley, que se han «guardado la llave del conocimiento» (Lucas 11,52: "¡Ay de
ustedes, doctores de la Ley, porque se han apoderado de la llave de la ciencia! No han
entrado ustedes, y a los que quieren entrar, se lo impiden"), pero no han sabido hacer uso de
esa prerrogativa. El uso del plural: «los secretos del Reino», puede ser un reflejo de la
expresión judía contemporánea «los secretos de Dios», que encontramos en varios textos de
la literatura de Qumrán. La construcción plural «los secretos», en Mateo y Lucas, no implica
un carácter escatológico más difuminado que el singular, «el secreto», de la redacción de
Marcos. Por otra parte, ninguna de las dos construcciones, ni el singular ni el plural, debe
entenderse en sentido gnóstico. Ni se puede pretender, como piensa H. Conzelmann, que «el
secreto escatológico» de Marcos 4,11 ("Y les decía: A vosotros os ha sido dado el misterio del
reino de Dios, pero los que están afuera reciben todo en parábolas") ha quedado sustituido
por un «secreto atemporal», al que corresponde una revelación, también atemporal, de los
misterios, en virtud de una gnosis. Lo único que podemos afirmar es que no hay datos
suficientes para postular este cambio de perspectiva) A LOS DEMÁS (La redacción de Marcos
(Marcos 4,11b: " pero los que están afuera reciben todo en parábolas") distingue entre los
discípulos (Ὑμῖν, «vosotros») y «los de fuera» (ἐκείνοις δὲ τοῖς ἔξω). Pero Lucas, al haber
eliminado la indicación de que Jesús está «solo» (κατὰ μόνας, Marcos 4,10: " Cuando se
quedó solo, sus seguidores junto con los doce, le preguntaban sobre las parábolas") con sus
discípulos, tiene que reformular aquí la expresión. El texto de Lucas dice literalmente τοῖς δὲ
λοιποῖς («el resto», es decir, «los demás») SÓLO EN PARÁBOLAS (La traducción literal sería
τοῖς δὲ λοιποῖς ἐν παραβολαῖς («al resto en parábolas». Lucas toma de Marcos ese «dicho»
concreto de Jesús, y no hay duda de que, en la fuente, esa máxima se refería a la parábola de
la semilla. Por tanto, parábolas hace referencia a ese tipo de ilustraciones ya mencionadas)
DE MODO QUE (Lucas, fiel a los datos de su fuente (Marcos 4,12: "a fin de que miren y no
vean, oigan y no entiendan, no sea que se conviertan y alcancen el perdón"), mantiene aquí la
conjunción ἵνα (de modo que), Mateo, en cambio, la transforma en ὅτι («porque») para
suavizar la expresión e indicar más bien el motivo de la incomprensión de la gente. No cabe
duda que el cambio se debe al trabajo redaccional del propio Mateo. El problema radica en el
significado de la conjunción ἵνα (de modo que). Normalmente se ha interpretado en sentido
final o teleológico, es decir, como expresión del motivo por el que Jesús predica en parábolas
«para que los demás miren pero no vean, escuchen pero no entiendan». Según eso, Jesús
habría predicado deliberadamente en línea con la actuación de Dios en el Antiguo
Testamento, donde se envía a ciertos personajes, como los profetas o el propio Moisés, para
endurecer el corazón del pueblo o poner terco al faraón. Pero esa interpretación en sentido de
finalidad siempre ha causado problemas, ya que parece estar en abierta contradicción con la
misma naturaleza de las parábolas, que es eminentemente ilustrativa y, en muchos casos,
pretende clarificar ciertos elementos de la predicación de Jesús. Por eso bastantes
comentaristas prefieren interpretar la conjunción ἵνα (de modo que) en sentido consecutivo, es
decir, no como expresión de una finalidad de la predicación de Jesús en parábolas, sino más
bien como una constatación de los resultados (Lucas 9,45: "Pero ellos no entendían estas
palabras: su sentido les estaba velado de manera que no podían comprenderlas, y temían
interrogar a Jesús acerca de esto"; 11,50: "Así se pedirá cuanta a esta generación de la
sangre de todos los profetas, que ha sido derramada desde la creación del mundo") MIRAN
PERO NO VEN, ESCUCHAN PERO NO ENTIENDEN (Con esta reducción, Lucas ha
suavizado la dureza del texto de Marcos: «Así, por más que miran, no ven, por más que
escuchan, no entienden, a menos que se conviertan y experimenten el perdón» (Marcos 4,12:
"a fin de que miren y no vean, oigan y no entiendan, no sea que se conviertan y alcancen el
perdón"). En cuanto al texto de Marcos, bien se puede considerar como una paráfrasis de
Isaías 6,9-10 («Y Él dijo: Ve, y di a este pueblo: ``Escuchad bien, pero no entendáis; mirad
bien, pero no comprendáis. Haz insensible el corazón de este pueblo, endurece sus oídos, y
nubla sus ojos, no sea que vea con sus ojos, y oiga con sus oídos, y entienda con su corazón,
y se arrepienta y sea curado»), en la versión de los LXX Ακοῇ ἀκούσετε καὶ οὐ μὴ συνῆτε καὶ
βλέποντες βλέψετε καὶ οὐ μὴ ἴδητε· ἐπαχύνθη γὰρ ἡ καρδία τοῦ λαοῦ τούτου… μήποτε ἴδωσιν
τοῖς ὀφθαλμοῖς καὶ τοῖς ὠσὶν ἀκούσωσιν καὶ τῇ καρδίᾳ συνῶσιν καὶ ἐπιστρέψωσιν καὶ ἰάσομαι
αὐτούς («Y Él dijo: Ve, y di a este pueblo: ``Escuchad bien, pero no entendáis; mirad bien,
pero no comprendáis. Haz insensible el corazón de este pueblo, endurece sus oídos, y nubla
sus ojos, no sea que vea con sus ojos, y oiga con sus oídos, y entienda con su corazón, y se
arrepienta y sea curado»). Ciertamente, Lucas no formula su propia versión de este «dicho»
sobre el texto de los LXX, en contraste con Mateo 13,13-15 ("Por eso les hablo por medio de
parábolas: porque miran y no ven, oyen y no escuchan ni entienden. Y así se cumple en ellos
la profecía de Isaías, que dice: "Por más que oigan, no comprenderán, por más que vean, no
conocerán, Porque el corazón de este pueblo se ha endurecido, tienen tapados sus oídos y
han cerrado sus ojos, para que sus ojos no vean, y sus oídos no oigan, y su corazón no
comprenda, y no se conviertan, y yo no los cure""), donde se cita expresamente la versión
griega del Antiguo Testamento. El punto de partida de Lucas es, indiscutiblemente, el texto de
Marcos 4,12 ("a fin de que miren y no vean, oigan y no entiendan, no sea que se conviertan y
alcancen el perdón"). Reproduce los dos participios de Marcos: βλέποντες (viendo) y
ἀκούοντες (escuchando), que corresponden a los dos determinantes Ακοῇ (escuchar) y
βλέποντες (ver), de la versión de los LXX. Pero esos dos participios que, tanto en Marcos
como en los LXX, equivalen a la construcción intensiva hebrea del infinitivo absoluto, quedan
transformados, en la redacción de Lucas, en dos participios circunstanciales con valor
concesivo, una construcción perfectamente griega («aunque miren, no ven, y aunque
escuchen, no entienden»). Además, Lucas omite la frase conclusiva que habla de conversión
y de perdón, sin duda, en su mentalidad, eso no cuadraba con la predicación de Jesús. Es
perfectamente razonable la idea de J. Dupont, cuando afirma que Lucas suprime esa frase
conclusiva para no dar la impresión de que el empleo de parábolas por parte de Jesús
pretendía deliberadamente poner obstáculos a la conversión; en consonancia con esa
mentalidad, el evangelista añade una precisión semejante, pero menos incisiva, en la
interpretación de la parábola cuando explica quiénes constituyen la primera categoría de
oyentes de la palabra (versículo 12: " Los de a lo largo del camino, son los que han oído;
después viene el diablo y se lleva de su corazón la Palabra, no sea que crean y se salven") .
Vamos ahora a estudiar los versículos 11-15 (“La parábola quiere decir esto: La semilla es la
Palabra de Dios. Los que están al borde del camino son los que escuchan, pero luego viene el
demonio y arrebata la Palabra de sus corazones, para que no crean y se salven. Los que
están sobre las piedras son los que reciben la Palabra con alegría, apenas la oyen; pero no
tienen raíces: creen por un tiempo, y en el momento de la tentación se vuelven atrás. Lo que
cayó entre espinas son los que escuchan, pero con las preocupaciones, las riquezas y los
placeres de la vida, se van dejando ahogar poco a poco, y no llegan a madurar. Lo que cayó
en tierra fértil son los que escuchan la Palabra con un corazón bien dispuesto, la retienen, y
dan fruto gracias a sus constancia”). En la redacción de Lucas, la interpretación de la parábola
de la semilla (Lucas 8, 11-15: “La parábola quiere decir esto: La semilla es la Palabra de Dios.
Los que están al borde del camino son los que escuchan, pero luego viene el demonio y
arrebata la Palabra de sus corazones, para que no crean y se salven. Los que están sobre las
piedras son los que reciben la Palabra con alegría, apenas la oyen; pero no tienen raíces:
creen por un tiempo, y en el momento de la tentación se vuelven atrás. Lo que cayó entre
espinas son los que escuchan, pero con las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la
vida, se van dejando ahogar poco a poco, y no llegan a madurar. Lo que cayó en tierra fértil
son los que escuchan la Palabra con un corazón bien dispuesto, la retienen, y dan fruto
gracias a sus constancia”) se anuda sin interrupciones a la declaración de Jesús sobre el
motivo de su predicación en parábolas. De hecho, como ya indicábamos en el episodio
anterior, todo este pasaje (Lucas 8,4-15: “Como se reunía una gran multitud y acudía a Jesús
gente de todas las ciudades, él les dijo, valiéndose de una parábola: «El sembrador salió a
sembrar su semilla. Al sembrar, una parte de la semilla cayó al borde del camino, donde fue
pisoteada y se la comieron los pájaros del cielo. Otra parte cayó sobre las piedras y, al brotar,
se secó por falta de humedad. Otra cayó entre las espinas, y estas, brotando al mismo tiempo,
la ahogaron. Otra parte cayó en tierra fértil, brotó y produjo fruto al ciento por uno». Y una vez
que dijo esto, exclamó: « ¡El que tenga oídos para oír, que oiga!». Sus discípulos le
preguntaron qué significaba esta parábola, y Jesús les dijo: «A ustedes se les ha concedido
conocer los misterios del Reino de Dios; a los demás, en cambio, se les habla en parábolas,
para que miren sin ver y oigan sin comprender. La parábola quiere decir esto: La semilla es la
Palabra de Dios. Los que están al borde del camino son los que escuchan, pero luego viene el
demonio y arrebata la Palabra de sus corazones, para que no crean y se salven. Los que
están sobre las piedras son los que reciben la Palabra con alegría, apenas la oyen; pero no
tienen raíces: creen por un tiempo, y en el momento de la tentación se vuelven atrás. Lo que
cayó entre espinas son los que escuchan, pero con las preocupaciones, las riquezas y los
placeres de la vida, se van dejando ahogar poco a poco, y no llegan a madurar. Lo que cayó
en tierra fértil son los que escuchan la Palabra con un corazón bien dispuesto, la retienen, y
dan fruto gracias a sus constancia”) constituye una unidad de discurso mucho más
homogénea que su correspondiente en el Evangelio según Marcos. La interpretación
propiamente dicha (versículos 11-15: “La parábola quiere decir esto: La semilla es la Palabra
de Dios. Los que están al borde del camino son los que escuchan, pero luego viene el
demonio y arrebata la Palabra de sus corazones, para que no crean y se salven. Los que
están sobre las piedras son los que reciben la Palabra con alegría, apenas la oyen; pero no
tienen raíces: creen por un tiempo, y en el momento de la tentación se vuelven atrás. Lo que
cayó entre espinas son los que escuchan, pero con las preocupaciones, las riquezas y los
placeres de la vida, se van dejando ahogar poco a poco, y no llegan a madurar. Lo que cayó
en tierra fértil son los que escuchan la Palabra con un corazón bien dispuesto, la retienen, y
dan fruto gracias a sus constancia”) carece de una fórmula introductoria, en contraste con la
indicación de Marcos: καὶ λέγει αὐτοῖς («y les dice» o «y les dijo»); pero, en realidad, es una
respuesta a la pregunta planteada por los discípulos en el versículo 9: “Sus discípulos le
preguntaron qué significaba esta parábola”. Desde el punto de vista de historia de las formas,
la interpretación de la parábola se puede catalogar como «dicho» de Jesús. Aunque
determinados comentaristas defienden la autenticidad histórica de esa interpretación, es decir,
pronunciada por el mismo Jesús durante su ministerio público, la opinión más corriente en la
actualidad es que se trata de una interpretación elaborada por la comunidad primitiva, que ha
alegorizado la parábola y ampliado considerablemente su sentido. Un dato indiscutible es que
la interpretación proyecta la parábola hacia un nuevo horizonte; ya no se trata de la noción de
una abundante cosecha escatológica, sino de una auténtica exhortación a la perseverancia y a
la fe, como características del cristiano. Esa tonalidad de exhortación no es exclusiva de
Lucas, sino que ya es perceptible en la redacción de Marcos. Precisamente en esa redacción
hay ciertos detalles que apuntan hacia una composición posterior: 1) El empleo de ὁ λόγος
(«la palabra») en sentido absoluto. En realidad, esa terminología, en labios de Jesús, no
aparece más que en este pasaje (Marcos 4,14-20: “El sembrador siembra la palabra. Y éstos
que están junto al camino donde se siembra la palabra, son aquellos que en cuanto la oyen, al
instante viene Satanás y se lleva la palabra que se ha sembrado en ellos. Y de igual manera,
estos en que se sembró la semilla en pedregales son los que al oír la palabra enseguida la
reciben con gozo; pero no tienen raíz profunda en sí mismos, sino que sólo son temporales.
Entonces, cuando viene la aflicción o la persecución por causa de la palabra, enseguida
tropiezan y caen. Otros son aquellos en los que se sembró la semilla entre los espinos; éstos
son los que han oído la palabra, pero las preocupaciones del mundo, y el engaño de las
riquezas, y los deseos de las demás cosas entran y ahogan la palabra, y se vuelve estéril. Y
otros son aquellos en que se sembró la semilla en tierra buena; los cuales oyen la palabra, la
aceptan y dan fruto, unos a treinta, otros a sesenta y otros a ciento por uno”); mientras que en
el resto del Nuevo Testamento, ὁ λόγος («la palabra») significa habitualmente «el evangelio»
(véanse sus apariciones en algunos contextos narrativos del propio Marcos: Marcos 1,45:
“Pero él, en cuanto salió, comenzó a proclamarlo abiertamente y a divulgar el hecho, a tal
punto que Jesús ya no podía entrar públicamente en ninguna ciudad, sino que se quedaba
fuera en lugares despoblados; y venían a Él de todas partes”; 2,2: “Y se reunieron muchos,
tanto que ya no había lugar ni aun a la puerta; y Él les exponía la palabra”; 4,33: “Con muchas
parábolas como éstas les hablaba la palabra, según podían oírla”; 16,20: “Y ellos saliendo,
predicaron en todas partes, obrando con ellos el Señor, y confirmando la palabra con señales
que les seguían”; Véase Lucas 1,2: “tal como nos las han transmitido los que desde el
principio fueron testigos oculares y ministros de la palabra”; Hechos 4,4: “Pero muchos de los
que habían oído el mensaje creyeron, llegando el número de los hombres como a cinco mil”;
8,4: “Así que los que habían sido esparcidos iban predicando la palabra”; 11,19: “Ahora bien,
los que habían sido esparcidos a causa de la persecución que sobrevino cuando la muerte de
Esteban, llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, no hablando la palabra a nadie, sino sólo
a los judíos”; Gálatas 6,6: “Y al que se le enseña la palabra, que comparta toda cosa buena
con el que le enseña”; Colosenses 4,3: “orando al mismo tiempo también por nosotros, para
que Dios nos abra una puerta para la palabra, a fin de dar a conocer el misterio de Cristo, por
el cual también he sido encarcelado”). 2) Sólo en este pasaje (Marcos 4,14: “El sembrador
siembra la palabra”) se emplea el verbo σπείρω («sembrar») en sentido de «predicar». 3) Los
adjetivos compuestos πρόσκαιρος («inconstante», «efímero») y ἄκαρπος («estéril») carecen
de correspondientes en las lenguas semíticas (Marcos 4,17: “pero no tienen raíz profunda en
sí mismos, sino que sólo son temporales. Entonces, cuando viene la aflicción o la persecución
por causa de la palabra, enseguida tropiezan y caen”; 4,19: “pero las preocupaciones del
mundo, y el engaño de las riquezas, y los deseos de las demás cosas entran y ahogan la
palabra, y se vuelve estéril”). Estos detalles plantean la plausibilidad de que la interpretación
pueda provenir de determinados ambientes de la comunidad primitiva, en los que la parábola
original de Jesús experimentó un proceso de alegorización en un sentido mucho más amplio
del que poseía originariamente. R. E. Brown, critica las excesivas simplificaciones que han
caracterizado, en nuestro siglo, a la interpretación de las parábolas, comenzando por el propio
A. Jülicher; no cabe duda que la distinción entre parábola y alegoría ha sido demasiado
drástica. Es perfectamente admisible la opinión de Brown cuando afirma que muchas
parábolas contienen realmente elementos alegóricos, y, por consiguiente, no hay ninguna
razón para pensar que Jesús no podría haber utilizado tanto una alegoría como una parábola.
Por su parte, Brown reconoce que la interpretación de esta parábola «se ha adaptado a la
situación de la primitiva comunidad»; pero, al mismo tiempo, está convencido de que, en esa
misma interpretación, «se puede encontrar... una explicación alegórica atribuible al propio
Jesús». Es posible que sea así; pero lo cierto es que carecemos de pruebas fehacientes. En la
interpretación de la parábola según Lucas aparecen también dos de los elementos que ya
apuntamos anteriormente como indicativos de que la versión de Marcos daba la impresión de
ser tardía. El empleo de ὁ λόγος («la palabra»), en sentido absoluto (Marcos), se transforma
aquí en «la palabra de Dios» (Lucas 8,11: “La parábola quiere decir esto: La semilla es la
Palabra de Dios”) o simplemente se queda en «la palabra» (Lucas 8,12-13: “Los que están al
borde del camino son los que escuchan, pero luego viene el demonio y arrebata la Palabra de
sus corazones, para que no crean y se salven. Los que están sobre las piedras son los que
reciben la Palabra con alegría, apenas la oyen; pero no tienen raíces: creen por un tiempo, y
en el momento de la tentación se vuelven atrás”; 8,15: “Lo que cayó en tierra fértil son los que
escuchan la Palabra con un corazón bien dispuesto, la retienen, y dan fruto gracias a sus
constancia”). Igualmente -y a pesar de las explicaciones de G. Schneider -, la interpretación se
centra no tanto en la suerte que corre la semilla cuanto en los diversos terrenos que la
acogen, y que se describen como diversas clases de oyentes, con sus respectivas reacciones
ante la palabra de Dios. La explicación de la parábola, según la versión de Lucas, no comporta
una alegorización de todos los detalles. Por ejemplo, no se dice quién es el «labrador». ¿Se
refiere a Jesús?, ¿a los discípulos?, ¿a quién? No se explica el significado del «ciento por
uno»; como, por otra parte, tampoco lo hace Marcos. No se desciende a aplicaciones
minuciosas de la semilla «pisoteada» o de la «falta de humedad». Lo único que queda claro es
que la semilla es la palabra de Dios; los pájaros del cielo representan al diablo; las zarzas
agrupan tres clases de distracciones que tejen la existencia diaria, y los cuatro tipos de terreno
corresponden a cuatro categorías de oyentes de la palabra. En el ámbito de la literatura
extrabíblica se podría aducir un texto apócrifo, que guarda cierto paralelismo con esta
parábola y su interpretación. Es el siguiente: «Lo mismo que un labrador siembra en su campo
diversas clases de semillas y planta infinidad de esquejes, pero no todas las semillas se
salvan ni todo los esquejes echan raíces, así pasa con los seres humanos sembrados en este
mundo de Dios: no todos llegan a experimentar la salvación» (2 Esdras 8,41-44). Este pasaje,
tomado de la apocalíptica judía - concretamente, del llamado Cuarto libro de Esdras, escrito
hacia el año 100 d. C. -, ofrece un interesante paralelo con la parábola que estamos
analizando, y de manera especial con la versión de Lucas, por la presencia del tema de la
«salvación». En una perspectiva más bien genérica, se puede decir que la interpretación de la
parábola de la semilla presenta cuatro clases de oyentes de la palabra de Dios: 1) Los que
carecen de una fe que les lleve a la salvación. Lucas introduce en la interpretación atribuida a
Jesús sus propias ideas sobre la fe y la salvación. Si la «palabra de Dios» es una palabra
salvífica, la reacción frente a ella tiene que implicar necesariamente la fe. Pero, en el caso de
este primer grupo, la oportunidad de esa reacción de fe se desvanece y no precisamente por
una intervención del propio Jesús - como podría deducirse del final de Marcos 4,12: "a fin de
que miren y no vean, oigan y no entiendan, no sea que se conviertan y alcancen el perdón" -,
sino por una actuación del mal personificado, es decir, por el influjo perverso del que
constituye la realidad diametralmente opuesta a la palabra salvífica. 2) Los que desertan en el
momento de la prueba. La reacción de este segundo grupo es, en realidad, una actitud de fe,
pero por poco tiempo. Falla la perseverancia, sobre todo en la adversidad, y el desenlace es la
apostasía. La deserción, como resultado final de este segundo grupo, le asimila prácticamente
al primero; la consecuencia, en última instancia, es la misma. 3) Los que escuchan la palabra
de Dios, pero no llegan a conseguir una plena madurez en su vida cristiana. Los comienzos
son excelentes, ya que escuchan y abren el corazón a la palabra; pero enseguida vienen las
preocupaciones de la vida diaria y los atractivos de la existencia y ahogan esa actitud de
escucha, sin dejarla llegar a fructificar. 4) Los que escuchan la palabra de Dios con corazón
abierto y maduran en una plenitud de vida cristiana. En este grupo, la palabra de Dios produce
las más valiosas reacciones del ser humano: sincera nobleza, espléndida generosidad y
madurez cumplida. Dos son las características fundamentales de este último grupo: conservar
la palabra en su corazón y no interrumpir su crecimiento hasta producir un fruto abundante. No
basta escuchar la palabra de Dios «con alegría» (versículo 13: "Los de sobre piedra son los
que, al oír la Palabra, la reciben con alegría; pero éstos no tienen raíz; creen por algún tiempo,
pero a la hora de la prueba desisten"); a un cristiano maduro hay que exigirle mucho más.
Comparada con la versión de Marcos, la interpretación de la parábola en Lucas subraya con
mayor énfasis la actitud de fe y el esfuerzo de perseverancia. Por último, aunque la
interpretación no toca el punto central de la parábola originaria, es decir, la seguridad del éxito
de la cosecha escatológica, no se puede leer este pasaje como si quisiera decir que el fracaso
de la semilla - tres grupos - supera los logros de la maduración - un solo grupo -, ya que la
interpretación soslaya absolutamente cualquier explicación del resultado: «el ciento por uno».
Otro punto que no hay que pasar por alto es que, aunque la parábola pertenece a las llamadas
«parábolas de crecimiento», en la tradición sinóptica, y, consiguientemente, su interpretación
podría revestir determinadas connotaciones eclesiales, es muy discutible hasta qué punto
esas presuntas referencias eclesiológicas constituyen una finalidad de la parábola en sí
misma. No se puede negar que de los cuatro grupos que se presentan, el cuarto se concibe
como un modelo para la comunidad cristiana; pero todo esto no se afirma de manera explícita,
sino que sólo se insinúa indirectamente. B. Gerhardsson, en línea con L. Cerfaux y J. Dupont,
afirma categóricamente que la versión lucana de la interpretación de la parábola no reproduce
el ambiente de las escuelas rabínicas, sino que refleja las preocupaciones de una joven
comunidad misionera que lucha por su fe y reflexiona sobre esa misma fe. Lo que
verdaderamente se acentúa es la «fe», la «prueba», la «constancia», la «perseverancia». Por
supuesto que todas esas cualidades representan actitudes de grupo; pero aún no se habla
expresamente de «Iglesia». La conciencia explícita de esa realidad aflora únicamente en la
segunda parte de la obra de Lucas, es decir, en el libro de los Hechos; ahí es donde el énfasis
en la escucha de la palabra de Dios, dentro de una comunidad ya organizada, pasa a ser una
magnitud de primer plano) LA PARÁBOLA QUIERE DECIR ESTO (Literalmente: «Pues ésta
es la parábola» (ἔστιν δὲ αὕτη ἡ παραβολή). En rigor, la fórmula empleada por Lucas identifica
la interpretación con la propia parábola) LA SEMILLA ES LA PALABRA DE DIOS (La
identificación que establece Lucas es mucho más explícita que la de Marcos: «el labrador
siembra la palabra» (Marcos 4,14). La expresión τὸν λόγον τοῦ θεοῦ (la Palabra de Dios) es
típica de Lucas en todo el Nuevo Testamento, ya que fuera de los escritos lucanos sólo
aparece una vez en Marcos (Marcos 7,13: "Así anulan la palabra de Dios por la tradición que
ustedes mismos se han transmitido. ¡Y como estas, hacen muchas otras cosas!»"), otra en
Juan (Juan 10,35: "Si la Ley llama dioses a los que Dios dirigió su Palabra –y la Escritura no
puede ser anulada") y, probablemente, una vez en Mateo (Mateo 15,6: "Así ustedes, en
nombre de su tradición, han anulado la Palabra de Dios", aunque algunos manuscritos
cambian λόγον, palabra, por νὸμον, «ley»). Lucas, por su parte, emplea esa expresión cuatro
veces en su narración evangélica (Lucas 5,1: "Estaba él a la orilla del lago Genesaret y la
gente se agolpaba sobre él para oír la Palabra de Dios"; 8,11: "La parábola quiere decir esto:
La semilla es la Palabra de Dios"; 8,21: "Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la
Palabra de Dios y la practican"; 11,28: "Jesús le respondió: «Felices más bien los que
escuchan la Palabra de Dios y la practican»") y catorce en el libro de los Hechos (Hechos
4,31: "Cuando terminaron de orar, tembló el lugar donde estaban reunidos; todos quedaron
llenos del Espíritu Santo y anunciaban decididamente la Palabra de Dios"; 6,2: "los Doce
convocaron a todos los discípulos y les dijeron: «No es justo que descuidemos el ministerio de
la Palabra de Dios para ocuparnos de servir las mesas"; 6,7: "la Palabra de Dios se extendía
cada vez más, el número de discípulos aumentaba considerablemente en Jerusalén y muchos
sacerdotes abrazaban la fe"; 8,14: "Cuando los Apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron
que los samaritanos habían recibido la Palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan"; 11,1:
"Los Apóstoles y los hermanos de Judea se enteraron de que también los paganos habían
recibido la Palabra de Dios"; 12,24: "Mientras tanto, la Palabra de Dios se difundía
incesantemente"; 13,5-7: "Al llegar a Salamina anunciaron la Palabra de Dios en las sinagogas
de los judíos, y Juan colaboraba con ellos. Recorrieron toda la isla y llegaron hasta Pafos,
donde encontraron a un mago judío llamado Barjesús, que se hacía pasar por profeta y estaba
vinculado al procónsul Sergio Pablo, hombre de gran prudencia. Este hizo llamar a Bernabé y
a Saulo, porque deseaba escuchar la Palabra de Dios"; 13,44-48: "Casi toda la ciudad se
reunió el sábado siguiente para escuchar la Palabra de Dios. Al ver esa multitud, los judíos se
llenaron de envidia y con injurias contradecían las palabras de Pablo. Entonces Pablo y
Bernabé, con gran firmeza, dijeron: «A ustedes debíamos anunciar en primer lugar la Palabra
de Dios, pero ya que la rechazan y no se consideran dignos de la Vida eterna, nos dirigimos
ahora a los paganos. Así nos ha ordenado el Señor: "Yo te he establecido para ser la luz de
las naciones, para llevar la salvación hasta los confines de la tierra". Al oír esto, los paganos,
llenos de alegría, alabaron la Palabra de Dios, y todos los que estaban destinados a la vida
eterna abrazaron la fe"; 16,32: "En seguida le anunciaron la Palabra del Señor, a él y a todos
los de su casa"; 17,13: "cuando los judíos de Tesalónica se enteraron de que Pablo había
anunciado la Palabra de Dios también en Berea, fueron allí a perturbar a la multitud
sembrando la agitación"; 18,11: "Pablo se radicó allí un año y medio, enseñando la Palabra de
Dios"). En este último libro, la expresión denota, por lo general, el mensaje cristiano predicado
por los apóstoles. Lucas pone las raíces de la proclamación cristiana en la propia enseñanza
de Jesús. Pero, como sugiere la expresión, la raíz última de esta actividad -proclamación,
enseñanza - está en el mismo Dios, ya que la frase encierra explícitamente esa referencia: «la
palabra de Dios» o «la palabra que procede de Dios». La adición introducida por Lucas en
Lucas 8,5: τὸν σπόρον αὐτοῦ («su semilla»), hace necesario la repetición aquí de ese mismo
término. En el texto correspondiente de Mateo, la formulación es «la palabra del Reino»
(Mateo 13,19: "A todo el que oye la palabra del reino y no la entiende, el maligno viene y
arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es aquel en quien se sembró la semilla
junto al camino "); una sustitución perfectamente adecuada a la temática general del capítulo
(Mateo 13). Sería interesante comparar esta formulación con 2 Esdras 9,31: «Mira, yo siembro
mi ley en ti y producirá fruto dentro de ti, y por su medio, alcanzarás gloria imperecedera»)
LOS DE A LO LARGO DEL CAMINO, SON LOS QUE HAN OÍDO (La interpretación debería
continuar lógicamente con «lo sembrado por el camino»; pero Lucas modifica inmediatamente
la frase, cambiándola al masculino de plural (οἱ δὲ, «los que»), porque piensa en el predicado
personal que viene a continuación: «(son) los que escuchan». Es indiscutible el influjo de
Marcos 4,15 ("Y οὗτοι δέ, éstos que, están junto al camino donde se siembra la palabra, son
aquellos que en cuanto la oyen, al instante viene Satanás y se lleva la palabra que se ha
sembrado en ellos") DESPUÉS VIENE EL DIABLO Y SE LLEVA DE SU CORAZÓN LA
PALABRA (En el texto paralelo, Marcos emplea el nombre semítico «Satanás» (Marcos 4,15: "
Y éstos que están junto al camino donde se siembra la palabra, son aquellos que en cuanto la
oyen, al instante viene Satanás y se lleva la palabra que se ha sembrado en ellos"); Lucas lo
sustituye por este apelativo griego ὁ διάβολος (El diablo). En el mundo contemporáneo se
atribuía al «diablo» un cierto poder sobre «el corazón» humano) POR MIEDO DE QUE
LLEGUEN A CREER Y SE SALVEN (Literalmente: ἵνα μὴ πιστεύσαντες σωθῶσιν («no sea
que, creyendo, se salven»). Se trata de una adición redaccional de Lucas; Marcos sólo
menciona la actuación de Satanás, que «se lleva la palabra sembrada en ellos». En la
presentación de Lucas, la yuxtaposición de las dos nociones: «fe» («creyendo», «lleguen a
creer») y «salvación» («se salven») cuadra perfectamente con el énfasis en «la palabra de
Dios». La idea de «fe» volverá a aflorar en el siguiente versículo 13 ("Los de sobre piedra son
los que, al oír la Palabra, la reciben con alegría; pero éstos no tienen raíz; creen por algún
tiempo, pero a la hora de la prueba desisten"). Una correlación semejante entre «fe» y
«salvación» aparecerá ulteriormente en Hechos 16,31 ("Ellos le respondieron: «Cree en el
Señor Jesús y te salvarás, tú y toda tu familia»") LOS DE SOBRE PIEDRA SON LOS QUE, AL
OÍR LA PALABRA, LA RECIBEN CON ALEGRÍA (La χαρά («alegría») se refiere
indudablemente al clima de entusiasmo que se crea en la conversión) PERO COMO NO
TIENEN RAÍCES (La expresión proviene de Marcos (Marcos 4,17: "pero no tienen raíz
profunda en sí mismos, sino que sólo son temporales. Entonces, cuando viene la aflicción o la
persecución por causa de la palabra, enseguida tropiezan y caen"), aunque Lucas omite la
determinación ἐν ἑαυτοῖς («en sí mismos»). Con todo, se puede detectar una incoherencia en
la redacción de Lucas, ya que, en la exposición de la parábola (Lucas 8,6: "otra cayó sobre
piedra, y después de brotar, se secó, por no tener humedad"), no ha hecho la más mínima
mención de las «raíces», limitándose a explicar el agostamiento de la semilla «por falta de
humedad») AUNQUE CREAN POR ALGÚN TIEMPO (En su redacción, Lucas vuelve a hacer
presente el tema de la «fe» (Lucas 8,12: "Los de a lo largo del camino, son los que han oído;
después viene el diablo y se lleva de su corazón la Palabra, no sea que crean y se salven").
Otro cambio, con respecto a Marcos, es la sustitución del adjetivo compuesto πρόσκαιροί
(«inconstante», «efímero») por una expresión más elegante, es decir, por la frase
preposicional πρὸς καιρὸν (por algún tiempo) EN EL MOMENTO DE LA PRUEBA (Hay que
considerar como decididamente deliberada la sustitución de dos términos de Marcos θλίψεως
(«tribulación» escatológica) y διωγμοῦ («persecución») por πειρασμοῦ (tentación)
habitualmente traducido por «tentación», pero que, en realidad, se refiere a una apostasía de
los principios cristianos, cuando lo que se exige es una inconmovible perseverancia)
DESERTAN (Nueva sustitución operada por Lucas. En vez del verbo usado por Marcos
σκανδαλίζειν («tropezar», «caer»), Lucas escribe ἀφιστᾰ́ναι («desertar», «desistir», apartar),
que, por su referencia a la defección, es mucho más enérgico y supone una ruptura mucho
más radical. La sustitución demuestra una decidida intolerancia por parte de Lucas con
respecto a los entusiastas pusilánimes y superficiales que abrazan una determinada causa
mientras les conviene para sus propios intereses y su comodidad personal) LO QUE CAYÓ
ENTRE LOS ABROJOS, SON LOS QUE HAN OÍDO (En la mentalidad de Lucas, la reacción
de «fe» comienza con la «escucha» de la palabra, pero la descripción tanto de este grupo
como del siguiente deja bien claro que, en su concepción, la verdadera fe supone un
compromiso mucho más serio. La formulación paulina de este momento inicial de la actitud de
fe puede verse, por ejemplo, en Romanos 10,17: " La fe, por lo tanto, nace de la predicación y
la predicación se realiza en virtud de la Palabra de Cristo") PERO A LO LARGO DE SU
CAMINAR, EN SU AFÁN DE VIVIR LA VIDA, SE AHOGAN DE PREOCUPACIONES POR
LAS RIQUEZAS Y LOS PLACERES (La traducción literal sería πορευόμενοι («mientras
progresan (¿en edad?), a medida que caminan en la fe), se ahogan por las preocupaciones,
las riquezas y los placeres de la vida». La interpretación de la parábola, en la versión de
Marcos, menciona tres categorías de obstáculos al verdadero compromiso con la palabra,
Lucas conserva esas tres instancias, aunque cambia ligeramente la formulación. Esos tres
capítulos de distracciones se pueden comparar con las «tres redes de Belial» en las que se
debate Israel, según el autor del Documento de Damasco (CD 4,15-5,13: "La interpretación de
esto se refiere a los tres lazos de Belial, de los cuales habló «Leví, el hijo de Jacob». Con ellos
Belial capturó a los hijos de Israel presentándoles tres atractivos. El primero es la lujuria, el
segundo el licor, el tercero la profanación del santuario. El que escapa del primero caerá en el
segundo, el que escapa del segundo caerá en el tercero. Los que corren detrás de charlatanes
(del charlatán se dijo: «Nunca deja de hablar») cayeron presos en los lazos de la lujuria, pues
desposaron dos mujeres estando las dos vivas, siendo que el principio de la creación es:
«Hombre y mujer los creaste». Los que entraron en el arca entraron por parejas, de dos en
dos. Del príncipe está escrito: «No tendrá varias mujeres». David no pudo haber leído el libro
de la ley porque entonces estaba todavía sellado y guardado dentro del arca de la Alianza.
Porque no había sido abierto para Israel después de la muerte de Eleazar y de Josué. Este
fue el motivo por el que los antiguos sirvieron a Astarté. [El libro] fue conservado oculto hasta
que se levantó Sadoc. Por eso se alaban las obras de David. Menos aquello de la sangre de
Urías, aun cuando Dios lo haya perdonado. Ellos profanaron también el santuario, pues no
guardaron la separación prescrita por la ley. Tienen comercio con aquella que ve correr su
sangre. Contraen matrimonio con la hija de su hermano y con la hija de su hermana. Sin
embargo, Moisés dijo: «No te aproximarás a la hermana de tu madre, porque es carne de tu
carne» (Levítico18, 13). La ley relativa a la impureza escrita para los hombres vale también
para las mujeres. Por eso, si la hija del hermano descubre la desnudez del hermano de su
padre, hace cosa prohibida. Mancharon el espíritu santo que está en ellos. Hablarán con
lengua burlona de los preceptos de la Alianza de Dios diciendo: «No son verdaderos»")
profanación del santuario, riqueza y disfrute de dos mujeres durante la propia vida) Y NO
LLEGAN A MADURAR (Todo ese dinamismo que caracteriza los comienzos de la actitud de fe
no sigue una línea de continuidad, sino que más bien queda raquítico y depauperado) LO
QUE EN BUENA TIERRA, SON LOS QUE, DESPUÉS DE HABER OÍDO, CONSERVAN LA
PALABRA CON CORAZÓN NOBLE Y GENEROSO (En esta nueva presencia del καρδία
(«corazón») resuena la ya enunciada anteriormente en el versículo 12 ("Los de a lo largo del
camino, son los que han oído; después viene el diablo y se lleva de su corazón la Palabra, no
sea que crean y se salven"). En la mentalidad veterotestamentaria, el καρδία («corazón») es la
sede de las reacciones humanas frente a la actuación de Dios. Lucas añade a esa noción
típica del Antiguo Testamento la expresión clásica del humanismo griego καλός καγαθός (el
hombre «noble y generoso»), de modo que la formulación resulta καρδίᾳ καλῇ καὶ ἀγαθῇ («un
corazón noble y generoso»). La combinación καλός καὶ ἀγαθός aparece únicamente aquí en
todo el Nuevo Testamento, pero ya tiene sus precedentes en la versión griega de los LXX
(Tobías 5,14: " Y díjole: «Bienvenido seas, hermano; y no te aíres conmigo por haber buscado
tu tribu y tu familia conocer; y tú eres hermano mío de hermoso y buen linaje; pues conozco yo
a Ananías y a Jonatán, los hijos de Semeí, el grande, como íbamos juntos a Jerusalén a
adorar, ofreciendo los primerizos y los diezmos de los frutos; y no se extraviaran en el extravío
de nuestros hermanos: de raíz hermosa eres, hermano»"; 2 Macabeos 15,12: " Y era la de
éste vista tal: Que Onías, el que fue sumo sacerdote, varón hermoso y bueno, venerable de
aspecto, suave de modo y habla profiriendo decorosamente, y, de niño, muy cuidadosamente
ejercitado en todo lo de la verdad propio; a éste las manos extendiendo orar mucho por toda la
congregación de los judíos "; 4 Macabeos 4,1: "Un tal Simón estaba enemistado políticamente
con Onías, sumo sacerdote vitalicio, hombre noble y honrado. Pese a haberlo calumniado de
todas las maneras posibles, no logró desacreditarlo ante el pueblo. De ahí que huyera con el
propósito de traicionar a la patria") Y CON SU PERSEVERANCIA PRODUCEN FRUTO (El
fruto se condiciona a una actitud constante (ἐν ὑπομονῇ, con perseverancia, Lucas 21,19:
“Con vuestra perseverancia ganaréis vuestras almas”) - o más bien decidida e inmutable -
ante la adversidad.