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TRABAJO DEL EVANGELIO DE LUCAS.

Autor

Tanto el estilo como el lenguaje del Evangelio de Lucas y los Hechos de los Apóstoles
ofrecen suficiente evidencia de que la misma persona escribió las dos obras. El
«primer tratado» de Hechos 1.1 parece ser una referencia al tercer Evangelio, como si
fuera el primero de una serie de dos volúmenes, y la dedicatoria a Teófilo también
constituye un fuerte argumento en favor de una autoría común. Como la tradición de la
Iglesia atribuye unánimemente estas dos obras al médico Lucas, griego y cristiano
gentil. No fue apóstol ni conoció personalmente a Jesús. Es el único autor gentil
conocido en el Nuevo Testamento. Fue evangelista e historiador. Fue amigo personal y
un compañero cercano de Pablo (Col 4.14; Flm 24; 2 Ti 4.11). No vivio en Palestina y
conoce poco su geografía. Confunde Judea con Galilea (4: 44)

Las fuentes de este evangelio:

En grado considerable los otros evangelios también comparten el contenido de Lc.


Hay acuerdo general en que la fuente principal de Lucas fue Mr., y que igual que
Mateo, tomó la mayor parte de su narración sobre el ministerio y los hechos de Jesús
de ese evangelio más antiguo. Casi todo el contenido de Mr. fue incorporado a Lc.,
pero fue redactado en un estilo literario más pulido. Lucas incluye también buena parte
de las enseñanzas de Jesús que encontramos en Mt. (pero no en Mr.), y generalmente
se supone que ambos evangelios se valieron de alguna fuente común (o de alguna
colección de fuentes) escritas u orales. Es mucho menos probable que un evangelio
haya dependido del otro para este material Aunque todavía es incierta la relación entre
las fuentes de Jn. y los otros evangelios, resulta claro que Lc. y Jn. reflejan cierta
tradición común, especialmente en la historia de la pasión y la resurrección. Además,
mucha de la información sobre Jesús es exclusiva de Lc., buena parte de la cual
encontramos en la narración del viaje de Jesús a Jerusalén. En algunos lugares en
que a primera vista puede verse que Lc. depende de Mr., como el relato de la última
cena, es muy probable que Lucas haya tenido acceso a otras tradiciones también.

Todo esto significa que Lucas se valió de una diversidad de fuentes de información
para su evangelio, e ilustra su propia declaración (Lc. 1.1–4) de que muchas otras
personas habían tratado de preparar relatos de lo ocurrido. La misma declaración
sugiere que Lucas estaba al tanto, no solamente de los relatos escritos sobre el
ministerio de Jesús, sino también de personas que habían sido testigos presenciales.

Fecha

Los especialistas, que consideran que Lucas utilizó el Evangelio de Marcos como
fuente para escribir el suyo, fechan el tercer Evangelio en los años 70 d.C. Otros, sin
embargo, señalan que Lucas lo escribió antes que los Hechos, y que lo elaboró
durante la primera prisión romana de Pablo, alrededor del año 63 d.C. Como Lucas
estaba en Cesarea durante los dos años que Pablo permaneció encarcelado (Hch
27.1), habría tenido durante ese tiempo amplias oportunidades de llevar a cabo las
investigaciones que menciona en 1.1–4. Si este es el caso, entonces el Evangelio de
Lucas debe ser fechado alrededor de los años 59–60, pero nunca más allá del 75 d.C.
Algunos, siguiendo una conjetura que se halla en Eusebio y Jerónimo y que se deduce
del final de Hechos, fechan este segundo tomo ca. 63 y el primero, por tanto, ca. 58–
61. Otros, basándose en tradiciones que se remontan a Ireneo y el Prólogo a Lucas
contra los marcionitas, afirman que Lucas no compuso su obra sino hasta después de
la muerte de Pablo (ca. 65–67) y proponen una fecha entre 67 y 72. Esta opinión se
apoya en el hecho de que Lucas utilizó el texto de Mc como una de sus fuentes (®
EVANGELIOS). Debió de haber sido escrito en algún lugar de Asia o Grecia.

Propósito

Debemos considerarnos afortunados de que Lucas haya declarado su intención al


principio de su evangelio. Es enfático en declarar que su propósito al escribir este
Evangelio es presentar «por orden» (1.3) «todas las cosas que Jesús comenzó a
hacer y enseñar» (Hch 1.1), de manera que Teófilo conociera las evidencias históricas
de las enseñanzas que había recibido (1.4). Aunque el Evangelio se dirige
específicamente a un individuo, aparentemente alguien en alta posición social, a la vez
intenta ofrecer a todos los creyentes la seguridad de que el cristianismo no es uno de
los muchos sistemas especulativos a la búsqueda de valores teológicos o éticos, sino
un movimiento vinculado a un acontecimiento histórico. Lucas basa la certeza y la
exactitud de su obra sobre cuatro argumentos:

1) Su preocupación por los orígenes del movimiento, otorgando prioridad a los testigos
presenciales (v. 2); 2) su deseo de hacer conocidas «todas las cosas»; 3) la secuencia
cronológica, o relato ordenado de los acontecimientos; y 4) la exactitud o veracidad de
las cosas (v. 4).

Para lograr este propósito, Lucas traza en sus dos volúmenes un cuadro del
movimiento cristiano desde sus orígenes con Jesús de Nazaret, hasta su
transformación en una comunidad universal que trasciende los límites de la
nacionalidad judía, y abarca a judíos y gentiles por igual. Lucas presenta a Jesús, no
como un mero Mesías judío, sino como el Salvador del mundo.

Visión lucana: El pasado: A.T. El presente: Jesucristo. El futuro: La Iglesia.

Destinatario:

Teófilo («ama a Dios»), los gentiles y el pueblo en general

TEÓFILO (amigo de Dios). Personaje ilustre a quien Lucas dedicó el Evangelio y los
Hechos de los Apóstoles (Lc 1.3; Hch 1.1).

Se dirige a las comunidades paulinas, que tienen las siguientes características.

a) Son comunidades urbanas diferentes de las comunidades rurales de Palestina.


(Ciudad: 40 veces se repite)

b) Comunidad formada por ricos y pobres.

c) Comunidades en las que hay cristianos convertidos pero que siguen ligados a
instituciones del imperio romano (Lc: 7: 1-10).
d) Se brinda mucha atención a las mujeres (Lc.: 7: 36-50; 8: 1-3; 10: 38-42; 13:
10-17; 15: 8-10)

e) Aparece una situación de desanimo, casi de rebeldía. Alrededor de los 80 d. C,


estaban confundidas, sin esperanza por causa de crisis que vivian

Algunos han pensado que denomina en forma general al lector cristiano, pero el título
de «excelentísimo» que se le da en Lucas implica un título de cortesía (cf. Hch. 23.26;
24.3; 26.25) o una persona definida y sugiere que era un hombre de elevada posición
(funcionario romano) a quien Lucas tenía en alto respeto, tal como Tito Flavio
Clemente, sobrino del emperador Vespasiano (así B. H. Streeter, The Four Gospels,
1924, pp. 534ss).Otros intentos de identificarlo con personas conocidas en la historia
carecen de base. Teófilo tenía información sobre el cristianismo, pero Lucas decidió
proporcionarle un relato más ordenado y confiable (Lc 1.1–4). Probablemente se haya
convertido del paganismo por el testimonio de Pablo o de Lucas en Roma.

Versículos clave: «Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto él
también es hijo de Abraham. Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que
se había perdido» (19.9, 10).

Personas clave: Jesús, Elisabet, Zacarías, Juan el Bautista, María, los discípulos,
Herodes el Grande, Pilato, María Magdalena

Lugares claves: Belén, Galilea, Judea, Jerusalén

CONTENIDO

El material lucano procede de Mc, de la fuente Q y de otras tradiciones propias de


Lucas, bastante abundantes. El hilo conductor lo ofrece Mc; el material de otra
procedencia se inserta en unos pocos puntos, prácticamente tres: la infancia (cc. 1-2)
[desempeñan también una función de tipo biográfico, obedeciendo al esquema tan
apreciado por los antiguos, según el cual la infancia de los grandes personajes deja ya
presagiar su futuro; pero, sobre todo, una función teológica, casi una “ouverture”, que
hace resonar de antemano todos los temas de la obra, entremezclando las notas
gozosas con las notas de dolor]; el llamado “pequeño inciso”, constituido sobre todo
por el sermón de la montaña (6,20-7,50), y el llamado “gran inciso” (9,51-18,14),
inserto en el viaje a Jerusalén.

El ministerio de Jesús se articula en tres partes: el anuncio del reino a todo Israel,
empezando por Galilea (4,14-9,50); el gran viaje a Jerusalén (9,51-19,28), y los
últimos días en Jerusalén, la pasión y la resurrección (19,29-24,53). Es interesante
señalar que todo ello va precedido de dos “preludios”, que culminan también en
Jerusalén: la infancia (1,5-2,52), con el episodio final del niño Jesús en el templo; y,
luego, el tríptico del “comienzo”:

Predicación del Bautista/bautismo de Jesús/tentaciones, que en la redacción lucana,


gracias a una inversión intencional, culmina en la tentación del pináculo del templo, en
Jerusalén.

Así pues, sorprende enseguida esta fuerte orientación hacia Jerusalén, reforzada
además por la eliminación casi completa de las salidas de Jesús a territorio pagano (cf
Mc 7,24-8,10), por el enorme desarrollo que se le presta al viaje (diez capítulos, frente
a los tres de Mc!) y por la eliminación de las apariciones pascuales en Galilea (Lc 24,6
con Mc 16,7).

Esta línea geográfica subraya fuertemente el carácter central del acontecimiento


salvífico que tuvo lugar en Jerusalén, con la pasión y resurrección de Jesús, y su
continuidad, por una parte, con las promesas veterotestamentarias ligadas a la ciudad
santa y, por otra, con la vida de la Iglesia primitiva, que tendrá en ella su primer centro
de desarrollo. Este carácter lineal refleja además la exigencia de no anticipar al
ministerio de Jesús la evangelización de los paganos, a la que se llegará -imuy
gradualmente!- y alcanzara su máxima expresión en el segundo volumen.

Sobre este fondo se entrecruzan continuamente las controversias de Jesús con los
adversarios incrédulos y sus instrucciones a los discípulos.

Siguen estando en primer plano las relaciones con Israel. Jesús se dirige a Jerusalén,
“endureciendo el rostro”, con la plena conciencia de lo que allí le aguarda (9,51): el
viaje comienza significativamente con la negativa a acogerlo por parte de una aldea
samaritana (9,52-56). A mitad del camino resuena la lamentación sobre Jerusalén que
mata a los profetas y hace fracasar el proyecto salvífico de Dios sobre ella (13,31-35).
Al final del viaje, Jesús narra la parábola del pretendiente real que es rechazado por
sus conciudadanos (19,11-27). Finalmente, al contemplar la ciudad, Jesús llora por su
suerte (19,41-44).

Por el contrario, a los discípulos Jesús les dirige toda una serie de enseñanzas sobre
los diversos aspectos de la vida cristiana: el amor al prójimo (10,25-37: diálogo sobre
el mandamiento supremo y parábola del samaritano), la escucha de la palabra (10,38-
42: Marta y María), la humildad (17,1-10: siervos inútiles); pero, especialmente y con
insistencia, sobre la oración (11,1-13: el padrenuestro y otras frases y parábolas sobre
la oración; 18,1-9: parábola de la viuda obstinada) y la pobreza, o mejor dicho, sobre el
amor práctico a los pobres.

La sección de Jerusalén se abre con la entrada triunfal (19,29-40) y con el llanto de


Jesús a la vista de la ciudad (19,41-44). La entrada en la ciudad forma una sola cosa
con la visita al templo y el gesto de autoridad de expulsión de los mercaderes (19,45s).
De este modo comienza un último período de prolongada enseñanza al pueblo en el
templo (19,47s; 21,37s), alternando con las controversias con sus adversarios (20,1-
47). Esta enseñanza pública culmina en el discurso escatológico (21,5-36), que no
está ya reservado -como en Mc- sólo a los discípulos, sino que se convierte en un
discurso profético dirigido a todo el pueblo, en una advertencia urgente sobre la suerte
de Jerusalén.

Por el contrario, en el curso de la última cena, Jesús dirige a los discípulos un


auténtico discurso de “despedida” (22,21-38), según el modelo de los “testamentos”
que la tradición del AT se complacía en poner en labios de los grandes protagonistas
en el momento de su partida, y en paralelismo con lo que ocurrirá en los Hechos con
Pablo (Hch 20,17-38). En ambos casos aflora el interés por el futuro de la Iglesia, con
una alusión al papel del ministerio y la exigencia de que los pastores se conformen con
la actitud de servicio que había animado a Jesús.
Un rasgo distintivo del Evangelio de Lucas es su énfasis en la universalidad del
mensaje cristiano. Desde la canción de Simeón, alabando a Jesús como «una luz... a
los gentiles» (2.32), al mandato del Señor resucitado de predicar «a todas las
naciones» (24.47), Lucas acentúa el hecho de que Jesús no es solamente el libertador
de los judíos, sino el Salvador del mundo entero.

Para apoyar esta tesis, Lucas suprime mucho material que es estrictamente de
carácter judío. Por ejemplo, no incluye el pronunciamiento de condena de Jesús contra
los escribas y fariseos (Mt 23), ni la discusión en torno a la tradición judía (Mt 15.1–20;
Mc 7.1–23).

Tampoco incluye las enseñanzas de Jesús en el Sermón del Monte que tienen
directamente que ver con la Ley judía (véanse Mt 5.21–48; 6.1–8, 16–18). También
omite las instrucciones de Jesús a los doce para que se abstuvieran de ministrar a los
gentiles y samaritanos (Mt 10.5).

Por otro lado, incluye muchas cosas que demuestran la universalidad del cristianismo.
Sitúa el nacimiento de Jesús en un contexto romano (2.1, 2; 3.1), a fin de demostrar
que los acontecimientos que relata tienen significación para todos los pueblos. En
tanto Mateo traza los ancestros de Jesús desde Abraham, Lucas se remonta hasta
Adán, vinculando al Señor con toda la raza humana.

Pero también destaca las raíces judías de Jesús. De todos los autores de evangelios,
él es el único que recoge la circuncisión y dedicación de Jesús (2.21–24), así como su
visita al templo cuando era un muchacho de doce años (2.41–52). Sólo él relata el
nacimiento y la infancia de Jesús en el contexto de un piadoso grupo de judíos:
Simeón, Ana, Zacarías y Elisabet, quienes se contaban entre el remanente fiel que
esperaba «la consolación de Israel» (2.25). A lo largo de su Evangelio, Lucas pone en
claro que Jesús representa la consumación de las expectativas del Antiguo
Testamento sobre la salvación.

Un versículo clave en el Evangelio de Lucas es 19.10, el cual afirma que Jesús «vino a
buscar y a salvar lo que se había perdido». Al presentar a Jesús como el Salvador de
todo tipo de personas, Lucas incluye material que no aparece en los otros Evangelios,
tal como el relato del fariseo y la mujer pecadora (7.36–50); las parábolas de la oveja
perdida, la moneda y el hijo pródigo (15.1–32); la parábola del fariseo y el colector de
impuestos (18.9–14); la historia de Zaqueo (19.1–10); y el perdón del ladrón en la cruz
(23.39–43).

Lucas hace resaltar las advertencias de Jesús sobre el peligro de las riquezas; y pone
de manifiesto su simpatía por el pobre (véanse 1.53; 4.18; 6.20, 21, 24, 25; 12.13–21;
14.13; 16.19–31; 19.1–10).

Este Evangelio hace más referencias a la oración que los otros. Lucas enfatiza
especialmente la vida de oración de Jesús, al relatar siete ocasiones en que Jesús ora
que no aparecen en ninguno de los otros Evangelios (véanse 3.21; 5.16; 6.12; 9.18,
29; 11.1; 23.34, 46).

Sólo Lucas contiene las lecciones del Señor sobre la oración que se ofrecen en las
parábolas del amigo inoportuno (11.5–10), el juez injusto (18.1–8) y el fariseo y el
publicano (18.9–14). Además, el Evangelio abunda en notas de alabanza y acción de
gracias (véanse 1.28, 46–56, 68–79; 2.14, 20, 29–32; 5.25, 26; 7.16; 13.13; 17.15;
18.43).

Cristo revelado

Además de presentar a Jesús como el Salvador del mundo, Lucas ofrece, en torno al
Señor, los siguientes testimonios:

1. Jesús es el profeta cuyo papel es equivalente con el de Siervo y Mesías (véanse


4.24; 7.16, 39; 9.19; 24.19).

2. Jesús es el Hombre ideal, el Salvador perfecto de una humanidad imperfecta. El


título «Hijo de Hombre» se halla veintiséis veces en este Evangelio.

El término no sólo destaca la humanidad de Cristo en contraste con la expresión «Hijo


de Dios», la cual subraya su deidad, sino que describe a Jesús como el Hombre
perfecto, ideal, el verdadero representante de la raza humana.

3. Jesús es Mesías. Lucas no sólo afirma la identidad mesiánica de Jesús, sino que
define cuidadosamente la naturaleza de su mesianismo. Jesús es fundamentalmente
el Siervo que con firmeza dirige su rostro hacia Jerusalén para cumplir su misión (9.31,
51). Jesús es el «Hijo de David» (20.41–44), el «Hijo del Hombre» (5.24), y el Siervo
sufriente (4.17–19) que fue contado con los inicuos (22.37).

4. Jesús es el Señor exaltado. Lucas se refiere a Jesús como «Señor» dieciocho


veces en su Evangelio (cincuenta veces en los Hechos). Aunque el título adquiere una
nueva significación tras la resurrección (véase Hch 2.36), destaca la persona divina de
Jesús aun durante su ministerio terrenal.

5. Jesús es el amigo de los desheredados. Es clemente hacia los que la sociedad ha


rechazado y marginado: pecadores públicamente reconocidos, samaritanos, gentiles y
pobres. Su actitud hacia la mujer en una era patriarcal es también positiva y sensible.
Lucas incluye mucho material que subraya el compromiso y la simpatía de Jesús hacia
estos grupos.

Esquema del Evangelio:

1. Introducción general:

Prologo.
Narracion de la concepción.
Preparacion del camino.
2. Mision de Jesus en Galilea.

Predicacion y programa inaugural de Jesus.

Ministerio de Jesus: Obras y Palabras.

Eleccion de los 12, bienaventuranzas, misericordia y curaciones.


Discipulos, discípulas y misiones. Transfiguracion.

3. La subida a Jerusalen.

Seguimiento y misión. Oracion y providencia.

Puerta angosta. Opcion por los pobres y misericordia.

Gratuidad, peligro de las riquezas. Anuncio de la pasión.

4. Jerusalen.

*Centurion: “Verdaderamente este hombre era justo”


*Mujeres camino al calvario.
*Los romanos no son culpables de la muerte de Jesus. (23: 34)
*Ultima aparición: Ascensión de Jesús.

Otros Puntos Importantes

Los escritos de Lucas revelan destreza literaria, tanto en su estructura como en su


redacción. Puede componer períodos griegos de sabor clásico (1.1–4), pero
generalmente escribe con sencillez y pureza de estilo y pinta fascinantes cuadros de
personas y circunstancias. Muestra simpatía, cultura, amor a la poesía y un interés de
médico en las aflicciones físicas. Incluye dieciocho parábolas que no se encuentran en
los otros Evangelios.

Destaca la pobreza y la riqueza en relación con la vida espiritual (6.20, 24). Muchas de
las parábolas tratan de asuntos financieros, y aun Juan Bautista se nos presenta
predicando sobre los pecados al respecto (3.13ss).

Las mujeres figuran con frecuencia en Lucas. Se mencionan trece que no aparecen en
los otros Evangelios. Son prominentes sobre todo en los relatos del nacimiento y de la
resurrección. Lucas conocía la degradación de la mujer y quiso hacer hincapié en la
actitud del Señor hacia ella. (7: 11-17, 36-50; 8: 1-3; 8: 43-56; 13: 10-17). Maria es
“llena de gracia”; Izabel: “llena del Espíritu Santo”; Mujeres que aman mucho, son
discípulas, hijas de Abraham. Es el evangelio de la fraternidad e igualdad entre
hombres y mujeres.

Este Evangelio se dirige al griego culto como Teófilo. Lucas fue compañero de Pablo,
quien fundó la iglesia en el mundo helénico, y seguramente los dos vieron la
necesidad de un Evangelio con carácter cosmopolita y cierta pretensión literaria. Por
eso contiene menos citas del Antiguo Testamento y menos referencias a la profecía;
evita el uso de palabras hebreas como rabino y amén.
Lucas se interesa en los niños. Solo él se refiere a la niñez de Juan y de Jesús. En
7.12; 8.42; y 9.38 menciona hijos (o hijas) únicos. Finalmente Lucas destaca más al
carácter repentino de la Segunda Venida que la cercanía del fin (17.20ss) y la
consecuente necesidad de la vigilancia (21.34).

El Espíritu Santo en acción

En Lucas, hay diecisiete referencias explícitas al Espíritu Santo que destacan su


actividad en la vida de Jesús y en el posterior ministerio de la Iglesia.

Primero, la acción del Espíritu Santo se ve en las vidas de varias personas fieles
vinculadas con el nacimiento de Juan el Bautista y Jesús (1.35, 41, 67; 2.25–27), así
como en el hecho de que Juan cumplió su ministerio ungido por el Espíritu Santo
(1.15). El mismo Espíritu permitió a Jesús llevar a cabo su papel mesiánico.

Segundo, el Espíritu Santo puso a Jesús en condiciones de cumplir su ministerio: el


Mesías fue ungido por el Espíritu. En los capítulos 3 y 4 hay cinco referencias
explícitas al Espíritu, utilizadas con fuerza creciente: 1) el Espíritu desciende sobre
Jesús en forma de paloma (3.22); 2) lleva a Jesús al desierto para ser tentado (4.1); 3)
después de su victoria sobre la tentación, Jesús retorna a Galilea bajo el poder del
mismo Espíritu (4.14); 4) en la sinagoga de Nazaret Jesús lee el pasaje mesiánico: «El
Espíritu del Señor está sobre mí...» (4.18; Is 61.1, 2), reclamando que en Él se había
cumplido la Escritura (4.21); y 5) abundan las pruebas de su ministerio carismático
(4.31–44), y ello se mantiene a lo largo de todo su ministerio de poder y compasión.

Tercero, el Espíritu Santo lleva a cabo el ministerio mesiánico a través de la oración.


En las coyunturas críticas de ese ministerio Jesús ora, antes, durante y después del
crucial suceso (3.21; 6.12; 9.18, 28; 10.21). El mismo Espíritu Santo que actuó
efectivamente a través de la oración de Jesús, infundirá poder a las oraciones de los
discípulos (18.1–8), y vinculará el ministerio mesiánico de Jesús al poderoso ministerio
de ellos a través de la Iglesia (véase 24.48, 49).

Cuarto, el Espíritu Santo impregna de gozo tanto a Jesús como a la nueva comunidad
cristiana. Las cinco palabras griegas que denotan gozo y júbilo se usan dos veces más
a menudo en Lucas que en Mateo o Marcos. Cuando los discípulos regresan llenos de
gozo de su misión (10.17): «En aquella misma hora Jesús se regocijó en el Espíritu, y
dijo...» (10.21). Cuando los discípulos esperaban el Espíritu prometido (24.49),
«después de haberlo adorado, volvieron a Jerusalén con gran gozo; y estaban siempre
en el templo, alabando y bendiciendo a Dios» (24.52, 53).
A través de este Evangelio, Lucas presenta a Jesús como Salvador de todo el mundo.
Ello es así desde la canción de Simeón sobre Jesús como «una luz... a los gentiles»
(2.32), hasta las instrucciones finales del Señor resucitado a sus discípulos, en las
cuales les dijo que «se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de
pecados en todas las naciones» (24.47). Lucas hace énfasis en el hecho de que el
evangelio no es sólo para judíos, sino para todos los pueblos: griegos, romanos,
samaritanos y todos los demás, sin atender a su raza o condición social. No sólo es
para hombres, sino también para mujeres, incluyendo a las viudas y a las prostitutas,
así como para los que son socialmente prominentes. No sólo es para hombres libres,
sino también para esclavos y todos los desheredados por la sociedad: los más pobres,
los que no pueden valerse por ellos mismos, el ladrón crucificado, el pecador
rechazado, el despreciado cobrador de impuestos.