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El profesor Iván Meini, ex procurador anticorrupción y miembro del IDEHPUCP, opina

sobre la promulgación de la Ley 29703 que modifica la tipificación de algunos delitos


contra la administración pública en el Código Penal. Aquí reproducimos el diálogo
que sostuvo con Punto Edu en el que señala las posibles consecuencias que traería
esta norma.¿Cuáles son los principales cambios propuestos por la ley 29703?

Los cambios más preocupantes se encontrarían en lo referido al delito de colusión,


pues favorecerían a las personas ya procesadas y condenadas, pero eso lo podemos
ver más en detalle en un momento. En general, esta ley pretende modificar algunos
delitos contra la administración pública cometidos por funcionarios públicos.
Básicamente, propone un aumento no muy significativo de penas, así como la
incorporación de una modalidad de soborno internacional no tipificada antes. Sin
embargo, también desaparece algunas penas de inhabilitación, por ejemplo, para el
delito de enriquecimiento ilícito. En este caso, la ley da unos márgenes de
interpretación tan amplios que este tipo de inhabilitación no se extendería lo
suficiente. Con ella se incorpora también un supuesto agravado al peculado en función
al monto o valor que pueda tener el bien.

¿Podría explicarnos en qué consiste la colusión y qué cambio acarrea la nueva ley al
respecto?

Históricamente, la colusión es un delito que sanciona al funcionario público que se


pone de acuerdo con un particular interesado en un contrato con el Estado. El
funcionario interviene y favorece al particular gracias al cargo público que posee, sin
importar si este acuerdo perjudicaba patrimonialmente al Estado o no. Es decir, era
un delito de los funcionarios públicos contra la administración pública, no contra el
patrimonio del Estado. La nueva ley modifica el delito pues, ahora, para que se
configure el delito, es necesario que además del acuerdo colusorio se produzca el
perjuicio patrimonial real al Estado.

¿Qué consecuencias genera esta modificación?

El problema es que no es sencillo probar un perjuicio patrimonial. Por ejemplo, en las


licitaciones o contrataciones públicas, normalmente, no es que el particular incumpla
totalmente sus deberes con el Estado, sino que cumple su contrato de manera
imperfecta, por lo que el Estado deja de ganar o deja de contratar al mejor postor o en
el momento adecuado. Esto es grave, sobre todo porque con la entrada en vigencia
de la Ley 29703, nos guste o no, las personas ya procesadas y condenadas por
colusión se verán favorecidas. Por ejemplo, algún funcionario corrupto de los
gobiernos anteriores que haya sido condenado por coludirse podrá solicitar que se
revise su caso para que se acredite si se produjo un perjuicio patrimonial contra el
Estado a partir del acuerdo colusorio que se le probó. Si no se llega a probar el
perjuicio patrimonial contra el Estado, podría pedir perfectamente que se le
excarcele y se le exonere de responsabilidad.

¿Qué sucede si se derogase la ley hoy mismo?


Una vez que la ley entra en vigencia, el Congreso puede derogarla o el Tribunal
Constitucional la puede declarar inconstitucional. En ninguno de estos dos casos, no
obstante, se puede desconocer los efectos de la ley una vez que entró en vigencia.
Entonces, algunos acusados por este delito podrán decir “Esos dos o tres días en que
estuvo vigente esa ley son suficientes para mi beneficio”. Ese es un principio general
del Derecho. Quienes lo desconocen, desconocen el Derecho. Los congresistas o
políticos que dicen lo contrario están engañándonos. La ley Wolfenson representa un
caso similar en el pasado, con matices más complicados. El Congreso dio una ley que
los benefició directamente. Dicha ley estuvo en vigencia solamente dos días, pero fue
suficiente para que pudieran acogerse. En ese caso, el TC necesitó sacar una sentencia
que indicaba que tanto la ley como sus efectos eran inconstitucionales e inaplicables.
Lo cierto con respecto a la ley 29703 es que está en vigencia y así se derogue hoy día,
diversas personas podrán acogerse a ella, y eso es bastante grave.

¿No hay ninguna salida viable frente a quienes quieran acogerse a esta ley para su
propio beneficio?

Eventualmente, cabría una contra-interpretación. Se podría decir que si la colusión


requiere coludirse y defraudar patrimonialmente al Estado, habría que definir
“defraudar patrimonialmente al Estado”. Este término no implica causar un perjuicio
patrimonial. “Defraudar” es sinónimo de “engaño”, no de “perjuicio” en el Código
Penal. La estafa es una defraudación, porque es un engaño. La primera posibilidad para
contestar a los condenados que quisieran acogerse a esta ley sería decir que el término
“defraudar patrimonialmente al Estado” en la Ley 29703 puede interpretarse como un
engaño sobre un negocio de contenido patrimonial, pero no necesariamente como la
causación de un perjuicio al Estado. La segunda posibilidad sería indicar que nuestro
sistema penal sanciona la tentativa, el intento de delinquir, ciertamente con una pena
menor, aun cuando se entendiese que “defraudar patrimonialmente al Estado” es
causarle un perjuicio patrimonial. Así, seguiría siendo delito el acuerdo entre un
funcionario público y un particular para defraudar al Estado, incluso si esa
defraudación no se concreta. Sin embargo, en la actual coyuntura de un gobierno de
salida con funcionarios investigados o procesados, lo ideal hubiera sido que el delito de
colusión no se tocase.

Todos los congresistas votaron a favor, ninguno votó en contra, ninguno se abstuvo…

Cuando se les pregunta, señalan que los sorprendieron, que no sabían, que no leyeron.
Eso demuestra la paupérrima calidad de legisladores que tenemos, gente que ni siquiera
se da el trabajo de leer ni entender aquellos proyectos de ley por los que votan a favor.
Ese es un insulto a la ciudadanía, pero ése es el lamentable nivel de legisladores que
tenemos.

¿Cree que esta ley tiene nombre propio como en el caso Wolfenson?

No tengo en la mente nombres particulares, pero lo cierto es que hay muchas personas
que trabajaron con Fujimori y Montesinos que están procesadas y condenadas por
colusión, y muchas personas del gobierno de Toledo y de García deberían ser
investigadas. La colusión es un delito que se comete más de lo que se puede creer. El
Estado celebra contratos de obras públicas con particulares todos los días, por lo que es
un delito que se comete con bastante frecuencia.

Por último, ¿ve algún cambio positivo en la ley?

Cambios positivos hay, ciertamente. Se aumentan algunas penas; se incorpora el


soborno internacional pasivo, que no estaba tipificado en el Perú; y se incorporan
algunos supuestos agravados del peculado. Esas son las tres cosas rescatables de la ley,
no todo es malo. El problema es la inserción de diversos aspectos negativos ya
mencionados. Además, el Congreso ha perdido la oportunidad de aumentar los plazos
de prescripción por delitos contra la administración pública. Esto se ha discutido y se ha
propuesto anteriormente, pero en la nueva ley no se menciona, por lo que no se ofrece
un marco jurídico adecuado para luchar contra la corrupción.Nota: Entrevista tomada de
Punto Edu.